Es el tercer día de "stage", y la mañana se despereza los ojos con una preocupación latente en todo el grupo.

El tobillo de Saga.

Algunos de sus compañeros ni siquiera han esperado que acudiera al comedor para dar cuenta del sabroso y nutrido desayuno que les espera todos los días. La necesidad de llevar a cabo su propio parte médico les ha conducido a las puertas de su habitación, dónde el primer interesado en comprobar el estado del tobillo ha sido Aioros.

- Parece que la hinchazón se ha bajado...- dice con todas las ansias del mundo de querer convencerse a él mismo, inspeccionando el tobillo que Saga tiene tendido sobre la cama.

- ¿Te duele todavía?

Milo lo pregunta desde el umbral de la puerta, dónde le acompañan Aldebarán y el tranquilo y amable Mu, que empieza a pensar que si Saga no puede seguir jugando, no va a saber con quién narices colaborar con éxito en su apoyo a la delantera.

- Un poco...pero si lo pongo al suelo, la punzada de dolor se pasa enseguida - informa Saga, mostrando la intención de levantarse ante la repentina negativa de todos sus compañeros reunidos allí.

- ¡No te levantes aún! - exclama Milo.

- Esperemos que venga Dohko y te lo mire...- recomienda Aioros, con una madurez y calma que deja a todos sus colegas atrás.

- Voy a buscarle, que quizás se ha dormido - se ofrece Aldebarán, dispuesto a arrancar a su fisioterapeuta de la cama si hace falta, todo sea para la causa.

La llegada de Dohko no se hace esperar demasiado, y todos los muchachos se apartan como si le hicieran el pasillo para dejarle paso, y así poder salir de dudas de una vez por todas.

Las manos de Dohko son las únicas que tientan la zona inflamada, pero son varios pares de ojos los que se agolpan tras su espalda, robándole la luz, el espacio y el aire, exigiéndole con su angustiante inspección la única respuesta que el equipo está dispuesto a aceptar.

- ¡Apartaos, chicos! - exclama el fisio, enarbolando su mano como si espantara unas moscas de grandes dimensiones antes de regresar a la revisión de la articulación.- Tendré que vendártelo más rígidamente de lo habitual, y hoy no te esforzarás mucho...

- ¡¿Qué?!

- ¡Venga, tío! ¡No nos digas ésto!

- ¡¿Y ahora qué haremos con los partidos del fin de semana?!

- ¡Sin Saga no hay quién marque goles!

Las exclamaciones, quejas y reproches que escapan de las gargantas de los allí congregados enmudecen a Saga, que nunca hubiera imaginado tal grado de influencia en el equipo, pero consiguen desquiciar por completo al jovial fisioterapeuta, que acaba preso de sus propios gritos.

- ¡SILENCIO, MUCHACHOS! ¡Y APARTAOS DE UNA VEZ!

No es habitual ver a Dohko en ese estado de stress, y menos aún a primera hora del día, teniendo en cuenta que al ayudante de su entrenador el sueño no se le borra de los ojos hasta que no llega la hora de comer.

- ¡¿Acaso he dicho que no pueda jugar?! - sigue exclamando el fisio, que finalmente puede respirar algo de aire puro después del par de gritos que ha dejado en shock a los chavales, apartándoles definitivamente de sus espaldas.- Hoy entrenará suave...y mañana será otro día. ¿Entendido? - Todos los muchachos asienten, perplejos ante el derroche de energía de Dohko, que se voltea nuevamente hacia Saga y se toma el turno de advertirle a él. Al realmente interesado - Hoy nada de jugar a ser el héroe. Si te pasas con el esfuerzo, sólo te perjudicarás a ti mismo, así que tal y como se acostumbra a decir..."tranquilidad y buenos alimentos" ¿vale?

Finalmente Dohko consigue despejar la habitación de tempraneros intrusos, y se dedica a proceder con las atenciones sobre el tobillo de Saga, el cuál se siente hinchado en el orgullo por haberse dado cuenta de lo importante que es su rol en el equipo, pero sin poder evitar sentirse rabioso, porqué entre los congregados y preocupados por su estado no se hallaba él.

Creía que después de haber hablado un poco...sí, sólo un poco...y de haber escuchado la música de su padre hasta que Aioros irrumpió en sus legítimos dominios para ir a dormir...después de ese momento de inusual calma y proximidad entre los dos, creía que Kanon finalmente accedería a acercarse un poco a él, como mínimo, para mostrar alguna pizca del interés demostrado por sus amigos y compañeros.

Pero no.

Kanon no se ha atrevido a ir. Demasiada multitud abarrotaba la pequeña habitación, y Milo ha estado toda la noche aún enfadado con él. Desde anoche, cuando abandonó el juego de mesa que los tenía reunidos, que no le dirige la palabra, y Kanon ha tomado la decisión de ir a desayunar sin esperar al grupo.

En el comedor está Shaka. Solo como es habitual en él, pero parece que al extraño rubio hindú la soledad no le molesta.

A él sí que le molesta, y en estos momentos Shaka es la única compañía disponible que hay en el comedor, así que no duda en acercarse a él, aunque todavía no sabe con qué motivaciones y pretextos.

La bandeja con el desayuno de Kanon aparece frente a Shaka, que en silencio alza la mirada y le observa, pero no le rechaza. Aunque explícitamente tampoco le invita a quedarse con él, libertad que se toma Kanon por sí mismo.

- Oye...a Saga no le gustas. Que te quede claro - le espeta Kanon sin saber siquiera por qué lo hace, ni mucho menos sin controlar el desprecio que emplea contra alguien que, aunque no es muy dado a entablar amistades, tampoco le ha tratado nunca mal.

- Vale...No me importa - responde Shaka con un tono de voz neutral, detalle que enerva sin razón a Kanon.

- Te lo aclaro por lo que vi el otro día...no te confundas con mi hermano - vuelve a advertir, como si profiriera una terrorífica amenaza.

- Vale, Kanon. Yo no me confundo...

Shaka le responde encogiéndose de hombros, delatando así que para él, la conversación que se empeña en entablar Kanon no tiene razón de ser.

- ¿Te estás riendo de mí?

- ¿Y por qué debería hacerlo?

- Lo parece...- señala Kanon, achicando la mirada y observando a Shaka con aires de superioridad.- Eres raro, tío...muy raro...

- Bueno...a mí no me causa ningún problema. ¿A ti sí? - inquiere el hindú, mirando a Kanon directamente a los ojos antes de dar un bocado a su desayuno con toda la tranquilidad del mundo.

- ¿Tu hermano ciego también es tan raro como tú? - sigue Kanon, molestándole sin razón. Shaka le mira, y frunce su ceño al tiempo que detiene el masticar del bocado durante unos instantes en los cuáles inspecciona con descaro a Kanon y su artificial superioridad, volviendo al trabajo de masticar y tragar mientras el menor de los gemelos decide seguir incordiándole.- Es raro...¡no me lo puedes negar! Siempre viene a los partidos y no entiendo por qué...¡si no ve nada!

Kanon también muerde parte de su desayuno y casi se lo traga sin mascar. Y sin mirar a Shaka, que no puede eludir la sensación de sentirse herido de forma innecesaria y gratuita.

El menor de los gemelos sigue fingiendo devorar su primer ágape del día con fruición, pero la verdsd es que le cuesta un mundo traspasar el nudo de indescifrable rabia que le toma el pecho, le roba el raciocinio y le alimenta de un desprecio que sus hermanos mayores aborrecerían si lo vieran.

Pero Aspros y Defteros no están, y que su pequeño y herido mundo se tambalee tanto sin su proximidad es algo que también le duele. Y demasiado.

- Yo no te he hecho nada para que me trates así, Kanon...- dice Shaka en su defensa - y mi hermano mayor tampoco. ¿A ti qué te importa que vea los partidos o no? Según tú...¿por ser ciego debería no salir de casa como si estuviera maldito o qué?

El segundo bocado que toma Kanon se atasca en su garganta. Beber un copioso sorbo de zumo de naranja no acaba de ayudar a hacer que baje, aunque lo hace. Pero el nudo que siente en su interior cada vez se percibe más rígido. Más duro y tenso.

Está comportándose como un necio otra vez, y hoy su blanco de miedos y frustraciones es el rubio hindú. No porqué en realidad le caiga mal, sino porqué es un objetivo dócil y fácil, y además, el único a mano en ese momento.

Y Kanon piensa...en su idiotez...en Saga y su tobillo magullado...en las palabras de Aspros...en las tonterías de Defteros...

En la rabia que le nutre...y en su incapacidad de descifrar por qué le pasa ésto.

Es el tercer día de "stage" y pese a estar rodeado de compañeros y amigos, hoy Kanon se siente solo.

Más que Shaka...porqué el raro centrocampista lo elige, y está cómodo con su elección. Pero él no. Él no soporta la soledad, aunque le da vergüenza pedirle a Aioros un cambio de habitación para no sentirse tan solo, cuando fue él mismo el que se apresuró en buscar un compañero de sueños lejos de su gemelo.

Su mirada se ha perdido en los infinitos confines de la mesa, y Shaka no ha insistido en ofrecerle palabras vacías. O hirientes. Shaka ha proseguido con su desayuno con calma, sin articular más su voz, aunque sin echar a Kanon de su lado. Solamente una fugaz mirada de vez en cuando ha sobrevolado el compungido rostro del mejor central de su equipo, y una extraña empatía ha decidido hacerse con el corazón de alguien que a veces parece carecer de él, y de las emociones que únicamente éste sabe fabricar.

- Siento lo que ocurrió en vuestra familia hace medio año...- dice Shaka con voz tranquila, sin ánimos de ofender. Kanon simplemente chasquea la lengua como toda respuesta, y no se atreve a mirarle, pero el rubio callado parece haber descubierto el arte de enlazar más de una frase seguida, e insiste - ...pero ser tan idiota no te hará más fuerte. A veces, exponer la vulnerabilidad de uno mismo va bien para avanzar...

- ¡Joder, tío! Qué manera de hablar...lo que yo digo...eres raro de cojones...- replica Kanon mirándole de reojo.

- Ésto me lo dice siempre mi hermano. Tú te crees que porqué es ciego es tonto...o incapaz de hacer muchas cosas...

- ¡Muchas cosas no es que pueda hacerlas, la verdad!

- Pues le ayudamos. Nos ayudamos. Y no nos peleamos por tonterías...- sigue explicando Shaka - ...bueno...a veces sí que nos peleamos, pero no podemos estar más de un día enfadados.

Kanon está removiendo lo que queda de zumo en el vaso, y sigue observando de refilón a Shaka, pero no huye de él cuando no hay nada que se lo impida, aunque su cultivada rebeldía le demanda emerger de nuevo.

- ¡Y a mí qué me importa lo que hagáis en tu familia!

- Supongo que nada, pero está claro que te importa lo que se hace en la tuya - continúa Shaka, derrochando una madurez que a Kanon se le antoja hasta ridícula.- Y tranquilo...a mí Saga tampoco me gusta.

Shaka da por concluido su sermón, y se alza de la silla cargando con su bandeja, sin dar más importancia a una conversación que ha revivido la mezcla de sentimientos que Kanon saborea y no sabe diseccionar.

- ¡Oye, tú! ¡¿Qué quieres decir con ésto?! - le exige Kanon, que también se alza como si algo le hubiera pinchado el trasero y le detiene agarrándole del hombro - ¿¡Qué quieres decir?!

La mirada de Kanon mata, pero a Shaka simplemente le resbala, y se encoge de hombros cuando sus labios pronuncian su escueta respuesta.- Nada, Kanon. Nada.

Finalmente la mano de Kanon suelta el hombro del rubio, y Shaka se dirige a la zona donde se dejan las bandejas vacías, pero no desaparece del comedor, decidiendo juntarse con Mu y otros compañeros, para estar con ellos mientras se llenan los estómagos. Los chavales han llegado en tropel y se apresuran a cargar sus bandejas con todo lo que encuentran, prefiriendo el surtido dulce al salado.

Sus rostros parecen sonrientes, y Kanon sabe de donde vienen: de la habitación de Saga.

Todos estaban preocupados por su gemelo, y da la sensación que ahora todos saben algo sobre Saga que él todavía ignora. Y lo desconoce porqué no se ha atrevido a ir a preguntarle cómo se encontraba, cuando hubiera sido lo más normal, más aún después de haber sido él el causante de todo el alboroto alrededor de Saga.

Seguro que Defteros se hubiera preocupado más...

Seguro que Aspros hubiera hecho lo posible para arreglar el desajuste...

Sí...definitivamente hoy Kanon se siente solo.

Y envidia a Shaka. Porqué a Shaka la soledad no le duele...y porqué...porqué...

No sabe porqué razón le envidia más...o no lo quiere saber.

Pero le ha dicho que Saga no le gusta. Y ésto le reconforta. Saga también le aseguró que el rubio no le gustaba...y éso le reconfortó todavía más.

¿Pero por qué?

¿Por qué le ocurre ésto? Su gemelo es solamente ésto: su gemelo. Nada más.

Nada más...

Casi todos los compañeros han llenado el comedor, y los últimos en aparecer en su campo de visión son el entrenador Shion y Dohko, los cuáles tendrán que conformarse con la poca bollería dulce que ha quedado disponible para ellos.

Las mesas se vislumbran repletas, y hasta Shaka ha vuelto a sentarse, junto al tranquilo Mu, con quién también parece ser capaz de coser tres frases seguidas.

Hoy ni Shaka está solo...pero él sí.

Y duele. Mucho.

Con la cabeza gacha decide desaparecer...ir a fuera...quizás llamar a sus hermanos mayores...o no, mejor mandarles un whatsapp. A Defteros quizás...o a Aspros...o a los dos.

Es tal el abatimiento que gobierna sus pasos que no se da cuenta que su cuerpo choca de bruces contra otro, que insiste en privarle el paso.

Kanon resopla, suspira desánimo e impaciencia, y cuando se dispone a apartar el entrometido muro de su camino, sus ojos se fijan en los pies, calzados en chanclas. Y uno de ellos vendado.

- ¿Ya has desayunado? - Saga lo pregunta intuyendo la respuesta, y augurando que su gemelo menor no tiene mucha intención de seguir en el comedor.

- Sí, ya he acabado. No tenía mucha hambre hoy...- afirma cabizbajo, sintiéndose incómodo frente a su igual.

- ¿Te quedas conmigo mientras desayuno yo?

Finalmente Kanon le mira de frente, y sabe que a Saga no le ha gustado que no apareciera a interesarse por él, pero el mayor lo oculta, y trata de arreglarlo.

Otro encogimiento de hombros. Un intento de sonrisa que se queda a medio camino y un escueto asentimiento acompañado de la pregunta de rigor - ¿Podrás entrenar hoy?

- Sí, pero suave ha dicho Dohko. Sin forzar...- responde Saga, olvidándose de su momentáneo enfado por no haberle visto al umbral de su cuarto preocupándose por él.

Kanon vuelve a medio sonreír, y Saga le responde de la misma manera antes de acudir a por su porción de energía para empezar el día.

Cuando regresa con la bandeja llena, Kanon le espera en la misma mesa donde ha estado con Shaka, y sin saber cómo ni por qué formula una propuesta que descoloca a Saga.

- ¿Les llamamos?

- ¿A Def y Aspros?

- ¡¿A quién sino?! ¡¿Al Papa de Roma?! - exclama Kanon, forzándose a recuperar algún deje de su innato carácter, para hacer el momento más "normal".

- Vale...pero ¿por qué quieres llamarles?

- Para nada...bueno...para decirles que ya no estamos enfadados...¿no? Deben estar preocupados...

Saga no pregunta nada más. Saca el móvil y acciona el contacto de Aspros, por ser el primero en aparecer en pantalla, poniendo manos libres y dejando el chisme sobre la mesa.

Los tonos de llamada se suceden, y Saga no puede evitar mirar a Kanon y dejar salir una confesión que espera que invite a su gemelo a liberarse un poco de su auto-impuesta rebelión.

- Yo les extraño...¿Y tú?

Kanon no responde inmediatamente. Calla y desvía la mirada...la vuelve a perder sobre las migas que ahora adornan la superficie de la mesa, pero al fin se rinde. Y Confiesa.

- Yo también...