Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO VEINTINUEVE

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Una vez que llegaron a Los Angeles, Edward, Bella y Niklaus se dirigieron directo a la antigua casa de Edward. Niklaus estaba encantadísimo de que fuera de esa manera porque estaba emocionado por enseñarle a su mamá su antigua habitación, que estaba caracterizada totalmente con cosas de zoológico.

Ya le habían informado a Niklaus acerca de no decir nada en absoluto sobre el embarazo a cualquier persona porque no querían que los medios molestaran a mamá ni al hermanito. Él intentó comprenderlo, pero lo único que quería hacer era gritárselo a todo el mundo… aunque la frase: "voy a tener un hermanito" aun le quemara la garganta.

—Papi, ¿tendremos que ver a la abuela Elizabeth? —murmuró Niklaus, frotándose los ojos mientras caminaba hacia el baño con su pantalón de pijama. Allí encontró a su padre, afeitándose y dándole forma a su barba porque… a Bella le gustaba con un poco de barba.

—No, enano, no tenemos que hacerlo —le dijo, mirándole de reojo. Cuando Edward lo tomó, lo subió a la barra junto al lavabo. A Niklaus le gustaba verlo afeitarse.

— ¿Y ella va a venir de visita?

— ¿Quieres que venga de visita?

—No, no quiero verla porque ella ahora está fuera de mi corazón porque dijo que mamá no era mi mami, pero sí lo es.

Edward paró de afeitarse y miró a Niklaus unos momentos. La tenue luz sólo hacía que sus cejas provocaran sombras sobre sus ojos. El niño tenía un puchero en sus labios, mirando a su padre. Edward comprendió que Klaus estaba realmente molesto con su abuela por lo que había ocurrido la semana pasada. Y prácticamente él también estaba molesto por el numerito que había armado su madre junto con Renée. Además, Bella no estaba lista para comunicar a los demás acerca de su embarazo.

—Hijo, ella es tu abuela, no puedes simplemente decir que no la tienes dentro de tu corazón porque ella se va a sentir muy mal.

—No me importa —estiró su mano y tocó parte de la espuma de afeitar—. Yo quiero hacer eso.

—Pero tú no tienes barba.

— ¡Pero yo quiero hacerlo! Por favor, papi —su boca volvió a formarse con un puchero y Edward suspiró. Era su niño, y aunque se habían colocado algunas reglas gracias a Bella, Edward seguiría haciendo lo que Niklaus le pidiera.

—Vamos, entonces, quédate quieto.

Sonriendo, Niklaus se mantuvo quieto, salvo porque balanceaba sus pies mientras Edward le untaba la espuma de afeitar donde se suponía que había barba. Después, le dio el rastrillo y Niklaus comenzó a hacer lo mismo que hacía su padre, volteándose para poder mirarse en el espejo. Un segundo miraba como lo hacía su padre, y otro segundo se miraba a sí mismo en el espejo mientras le imitaba. Una vez que Edward terminó, Niklaus también dejó a un lado el rastrillo y se limpió con una toalla.

— ¡Ya huelo como tú! —Exclamó sonriente, mirándose al espejo—. ¿Crees que así pueda tener muchas chicas como tú las tenías antes?

Edward rio por lo bajo y le besó los cabellos.

—Claro que sí, enano, sólo cuida que Cara no se dé cuenta, ¿de acuerdo? —él asintió sonriendo y después bostezó—. ¿Vamos a dormir? ¿Quieres ir a dormir ya?

—Sí —murmuró, abrazándose a su padre mientras su mano iba a la parte donde Edward había afeitado—. ¿Puedo dormir contigo hoy como lo hacíamos antes de que nos mudáramos a Londres?

— ¿Quieres dormir con papá hoy? —le murmuró de vuelta, saliendo del cuarto de baño que estaba en el pasillo porque Bella había decidido tomar un larguísimo baño para ella en la enorme bañera. Al entrar a la habitación principal la encontró sola y fría. La puerta del baño estaba cerrada, pero por la rendija de abajo se filtraba claramente la luz tenue.

—Quiero dormir con papá hoy y el señor cara de papa.

— ¿Trajiste al señor cara de papa?

—Sí, el señor cara de papa está en mi habitación.

—Iré por él, tú mantente aquí, ¿de acuerdo? —dijo mientras lo colocaba en la cama, rápidamente Niklaus se metió debajo de las cobijas y le sonrió mientras Edward salía de la habitación. Una vez que tomó el juguete, apagó todas las luces de la casa, asegurándose de colocar las alarmas y volvió a la habitación, mirando como Niklaus luchaba por no quedarse dormido. La teta la había tomado mientras tomaba su baño con Bella, cuando hubo terminado salió y se vistió, así que no había nada que le faltara en esos momentos—. ¿Te gusta estar en esta casa otra vez? —preguntó mientras se acostaba junto a él, debajo de las mantas. El niño rápidamente fue a acurrucarse a su lado.

—Papi, no me gusta vivir en Londres —murmuró, enterrando su adormilado rostro contra el musculoso pecho desnudo de su padre.

— ¿Por qué no te gusta vivir en Londres, enano? —murmuró de vuelta, dejando que el niño le moviera su brazo para que también abrazara al señor cara de papa.

—Porque es aburrido, me gusta estar en las clases que tengo… y me gusta mi escuela… pero allí no hay sol y tampoco playas como aquí, papi. Allá no podemos surfear, tampoco podemos estar con la bicicleta por la acera y comer un helado.

—Enano, ya sabes que estamos en Londres porque es mi trabajo.

—Pero casi nunca te veo —dijo con la voz aguda, mordiéndose el labio para no echarse a llorar—. Siempre llegas en la noche… sólo miro a mamá.

Edward tragó pesado y bajó la mirada hacia los cabellos rubios de su hijo. No le iba a mostrar el rostro porque al niño realmente le molestaba llorar frente a su padre. Y a Edward no le gustaba que su hijo se sintiera de esa manera. Él también estaba comenzando a estresarse, como siempre sucedía cada año que era el mundial. Los entrenamientos todos los días… y en poco tiempo comenzaría la temporada y eso significaba que tenía que viajar todo el tiempo. De hotel en hotel…

— ¿No te gusta que no esté contigo? —murmuró contra sus suaves y brillantes cabellos rizados de las puntas. El niño agitó su cabeza varias veces y entonces Edward sintió una caliente lagrima sobre su pecho.

—No me gusta cuando viene el mundial… y no me gusta cuando viajas.

—A mí tampoco me gusta estar lejos de ti, posh, pero es mi trabajo, ya lo sabes. También quiero pasar tiempo contigo y con mamá. Y cuando nazca tu hermanito, también quiero estar con él todo el tiempo, con ambos. Voy a querer jugar con ambos.

—Entonces no viajes.

—No puedo hacer eso, enano.

— ¡Si puedes! —su pequeño puño golpeó el fuerte pecho de Edward y éste suspiró.

—Haremos esto: hablaremos con mamá sobre esto… escúchame. Mi contrato con el Manchester termina el próximo año, justo cuando tú terminas el primer año del colegio, para entonces, el mundial ya habrá pasado. LA Galaxy me está ofreciendo un contrato aquí… y si lo acepto entonces podremos venirnos aquí a vivir otra vez con la playa y el surf y el helado, ¿Qué dices? ¿Te gusta la idea?

Niklaus despegó su rostro del pecho de su padre y le miró a los ojos. Edward alcanzó a limpiarle las lágrimas y le besó la frente.

— ¿Qué opinas de eso, enano? ¿Puedes soportar lo que te queda del año escolar? Te voy a buscar escuelas de batería y una de futbol, un año estarás allí y cuando termines podrás meter ficha en la academia juvenil del Arsenal en dos años, con suerte.

— ¿Y volveremos a Los Angeles? ¿Y voy a jugar futbol como tú?

—Sí, claro. Aunque lo debemos de hablar con mamá primero…

— ¿Y si ella dice que no?

—Vamos a discutirlo, enano, no te preocupes —le volvió a besar la frente—. Ahora debes dormir porque es bastante tarde.

—No me dejes en mi cama cuando me duerma.

—No, enano, hoy vas a dormir con papá —apretó su abrazo alrededor de él e inspiró el aroma de su shampoo de niño, el cual era importado de Francia, al igual que casi todos los productos que ellos ocupaban para su persona—. Como antes.

—Sí, como antes —murmuró, acomodando su cabeza entre el cuello y hombro de Edward. Edward suspiró y metió su gran mano debajo de la camiseta de pijama de Niklaus y paseó sus dedos por la piel de su espalda, arrullándolo—. Papi, eres el mejor papi de todo el mundo.

— ¿Y el más guapo? —sonrió Edward con cierta simpatía y los ojos cerrados.

—El más guapo después de mí.

Soltando una risita, Edward le besó otra vez y volvió a su trabajo.

—Duerme, posh.

Niklaus sonrió, alegrándose de que su padre usara de nuevo su apodo cuando estaba bebé.

—Te quiero, papi.

—También te quiero, hijo.

—Buenas noches —murmuró justo cuando bostezaba.

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—Realmente necesito que te alejes de mi para que pueda vestirme y asistir a la cita que tenemos, Edward —dijo Bella en un tono bajo mientras miraba la gran cabeza que estaba recargada en su estomago que ni siquiera estaba abultado. Edward se había arrodillado frente a ella y se aferraba su estómago con todo lo que podía.

—No quiero que te vistas… En poco tiempo te van a tomar fotos en donde muestres poca ropa sobre ti y en doce semanas todo el mundo las va a ver… ¿Cuál es la diferencia?

—No quiero ser una nudista, Edward. Mis hormonas de embarazada van a salir a flote y te voy a golpear si no te alejas de mí.

Con una suave risa, Edward se apartó de ella después de darle un sonoro beso en el estomago plano. Se puso de pie y fue a colocarse la ropa al igual que ella. Niklaus aún no despertaba (por suerte), y la idea de tener una niñera no le iba a caer muy bien. Bella aún seguía insegura sobre la persona que lo cuidaría, pero cuando Edward le dijo que ya sabía de ella le hizo sentirse un poco mejor. Pero sólo un poco.

Cuando Bella terminaba de preparar el desayuno para Niklaus, su pequeña voz de niño se hizo escuchar por toda la casa.

— ¡Mamá! —exclamó y ella supo que estaba molesto.

—Buenos días a ti también, Niklaus —le dijo ella con calma, mientras abría una silla para que él se sentara.

— ¿Por qué estás vestida así y yo sigo con mi pijama?

—Porque iré a la sesión de fotos con tu papá se había comprometido hacer. Ya te lo había dicho, por eso viajamos a Los Angeles.

—Yo voy a ir contigo —murmuró mirándola, sin importarle que su desayuno que estaba frente a él.

—No, claro que no. No es un lugar para niños. Tu papá llamó a una niñera y no tardará en llegar.

Niklaus abrió en grande los ojos, poniéndose rápidamente de pie, haciendo que la enorme silla de madera golpeara con fuerza el suelo. Su rostro se puso rojo.

—No, ¡Yo no quiero niñera otra vez! —Gritó, totalmente enfadado— ¡Las niñeras son terriblemente tontas y no saben lo que a mí me gusta porque están locas! Eso.

—No te estoy preguntando si quieres niñera o no, Niklaus —le dijo Bella con el mismo tono de voz tranquilo, mientras servía el jugo de naranja para ella. No podía ir a la sesión de fotos con el estómago vacío, además, necesitaba comer ahora que sabía que estaba embarazada. Volvió la mirada a Niklaus con los brazos en las caderas—. Toma tu desayuno. Cuando llegue ella nos iremos.

—No voy a tomar nada —dijo Niklaus gruñendo y con los brazos cruzados.

—Bueno, no lo tomes —se encogió de hombros—. Hay muchos niños en el mundo que tienen hambre, se lo llevaré a ellos.

— ¡No! ¡Es mío! —se apresuró a decir acercándose a la mesa sin dejar de gruñir.

—Levanta la silla y come.

— ¡No quiero niñera! —gritó apretando el tenedor con su mano.

Bella no volvió agregar nada y se volvió para servir el desayuno de Edward, quien estaba bajando las escaleras con el entrecejo fruncido, realmente disgustado con el hecho de que le gritara a Bella. Arremolinando las mangas de su camiseta hasta sus antebrazos, llegó donde estaba si hijo.

— ¿Por qué tantos gritos, Niklaus?

—Yo no quiero una jodida niñera.

Bella miró a Edward con desaprobación cuando le escuchó decir a Niklaus la mala palabra. Edward simplemente siguió mirando a Niklaus, sabiendo que era su culpa que dijera eso y en ese momento no quería discutir con Bella sobre el mal lenguaje de Niklaus.

—Niklaus, no le llames así de nuevo. Tendrás niñera porque mamá y yo vamos a trabajar unas largas horas.

— ¡Yo quiero ir con ustedes!

—No puedes venir con nosotros —se sentó frente a él, comenzando a comer su desayuno.

—Sí puedo, ¡ya he ido antes! ¡Voy a ir!

—No, no vas.

— ¡Papá! —gritó y lanzó el tenedor en la mesa, haciéndolo rebotar y caer en el suelo. Niklaus estaba comenzando a respirar de manera agitada y tenía los puños apretados por el enojo—. ¡Yo quiero ir con ustedes!

Justo cuando Niklaus terminó su exclamación, a la cual Bella quería ponerle fin con una contestación rápida, el timbre de la casa se hizo escuchar y, dejando su sándwich a medias, Bella fue directo a atender. Sus tacones resonaron por el suelo con paso firme y dejándole claro a Edward que estaba molesta por no poder manejar la situación.

Al abrir la puerta se encontró con una adolescente que rondaba alrededor de los dieciséis y diecisiete años. Cabello negro, completamente negro, tez blanca, ojos de color avellana y anteojos que parecía que tenían mucho aumento. La niña le sonrió a Bella con un poco de nerviosismo. Ella estaba mirando a la chica del gran Edward Cullen. Bella miró como se limpiaba las manos en sus shorts de mezclilla. Le sonrió de manera agradable.

—Hola, tú debes ser Susan, ¿no?

—Sí, Susan Montgomery —le tendió su mano, la cual Bella se la tomó firmemente y se inclinó a darle un beso en la mejilla en forma de saludo.

—Isabella Swan —se presentó y comenzó a moverse para dejarle entrar—. Buenos días, pasa, por favor.

Con pasos vacilantes, Susan entró a la enorme casa bastante iluminada por todos los ventanales. Con una breve mirada a Bella supo que ella una mujer que si algo pasaba con Niklaus… iba a hacerse cargo sin importarle a quien dañara. Eso y que también tenía mucho estilo para vestir. Se quedó embobada con los zapatos que estaba utilizando. ¡Que bellos! Y lucían tan caros. Se obligó a seguirla con la mirada en alto. Inmediatamente llegaron al enorme comedor, donde estaba una moderna mesa para doce. Sus ojos se abrieron aún más al ver al espécimen de hombre que estaba sentado allí, mirando directamente a los ojos de su hijo. Una copia de él, excepto por sus cabellos y ojos.

Cuando Edward las divisó, una agradable sonrisa se formó en dirección a Susan. Ella sintió un cosquilleo en toda su piel porque Edward Cullen le estaba sonriendo. Era la primera vez que trabajaba para otras personas que no fuera su familia. ¡Y la primera vez era con una súper estrella de la cual ella estaba totalmente enamorada! Le devolvió la sonrisa un poco tímida.

—Edward, ella es Susan —presentó Bella colocándole una mano en su espalda—. Susan, nena, él es Edward, y el joven de allí es Niklaus.

Niklaus ni siquiera alzó la mirada para verla, algo que estaba comenzando a molestar a Bella. Odiaba que Niklaus se pusiera en ese plan. Edward le había asegurado que tenía todo bajo control, pero nada parecía así.

—Niklaus, ven a saludar a Susan —ordenó Bella, y a regañadientes, Niklaus apartó su plato y se puso de pie para caminar donde estaba Susan, sintiéndose aun cohibida.

—Hola —murmuró enojado y estiró la mano hacia a ella. Susan, sintiéndose incómoda por la manera en que Niklaus se dirigía a ella, se la estrechó.

—Hola, Niklaus, es un placer conocerte —le dijo con la voz más simpática que tuvo. Se sentía abrumada con tanta belleza a su alrededor.

— ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? —preguntó de golpe.

—El tiempo que tenga que quedarse, Niklaus —contestó Bella. Niklaus dirigió sus ojos azules y suplicantes hacia su mamá—. Vas a portarte bien con Susan porque ella será con quien compartirás las siguientes horas.

—Pero yo no quiero, mami —lloriqueó Niklaus, yendo rápidamente hacia a ella y le abrazó las caderas con sus brazos—. Yo quiero ir contigo.

Tomando una respiración, Bella se agachó para poder cargarlo. Niklaus inmediatamente le rodeó el cuello con sus brazos.

—No puedes venir con nosotros. Allí no se permiten niños mientras nosotros estamos allí, ¿de acuerdo? Aquí puedes jugar con Susan… puedes ir a jardín, y también en la piscina… puedes jugar videojuegos. Puedes invitar a Susan a jugar contigo —Bella le dedicó una mirada a Susan—. ¿Verdad que jugarás con mi hijo?

—Claro que sí. Vamos a jugar todo lo que quieras, Niklaus —dijo Susan con una sonrisa amigable.

— ¿Lo ves? Incluso puedes ver películas con ella.

— ¿Y hacer palomitas? —murmuró Klaus jugando con el escote del vestido de Bella.

—Sí, también palomitas. Pero no muchas porque te va a doler el estómago.

— ¿Y podemos pedir pizza para comer?

—Sí, puedes pedir pizza para comer. Si quieres alguna otra cosa, puedes decirle a Acher. Pero hay mucha comida en la nevera, ¿de acuerdo? —Bella miró como de reojo Edward se ponía de pie y se dirigía a la cocina—. Vamos a venir pronto.

—No, la sesión de fotos se tarda mucho —murmuró Niklaus con la cabeza baja.

—Si me prometes que te vas a divertir voy a venir pronto. Papi y yo estaremos aquí pronto, pero sólo si me prometes que te vas a divertir, ¿sí?

—Me voy a divertir mucho para que vengas temprano —prometió Niklaus dándole un sonoro beso en la mejilla.

—Nena —llamó Edward entrando en su zona de visión mirando el reloj en su muñeca—. Ya es hora de irnos.

El pánico inundó el rostro de Niklaus y se aferró más a Bella con brazos y piernas hasta el punto de hacerlo doloroso para ella.

—Es muy pronto —dijo Niklaus mirando a su padre—. Todavía no.

—Nos tenemos que ir, enano —Edward fue a tomarlo de los brazos y lo desprendió de Bella rápidamente—. Dale un beso a mami y dile que te vas a divertir —Klaus simplemente volteó el rostro sintiendo como sus ojos se llenaban de lágrimas. Con una mirada cómplice, Edward se alejó de allí, llevándoselo.

—Bueno, Susan —comenzó Bella—, hay suficiente comida en la nevera por si alguno de los dos tiene hambre. Siéntete libre de tomar lo que quieras de allí. Al principio se pondrá un poco pesado pero con el tiempo cederá. Puede estar en cualquier parte de la casa, sólo supervisa que no tome algo peligroso como cosas filosas o vidrio… ya es grande para saber lo que eso causa —siguió explicando—. No sé en qué tiempo vendremos nosotros pero espero que sea pronto —suspiró—. Siéntete en tu casa, cariño. No te preocupes, por nada… si Niklaus quiere entrar a la piscina cuida que no venga a la casa con la ropa mojada porque ya ha pasado que se resbala y se golpea… Por otro lado, los números de emergencia están junto al teléfono, también está allí el mío y el de Edward… no sé si podremos estar al tanto de todo porque estaremos trabajando —miró su reloj—. Si sucede alguna emergencia… que espero que no sea así, dile a Acher, él es nuestro chofer… y es de gran ayuda aquí. Siempre está rondando por la casa o en su habitación, está junto al cuarto de juegos. ¿Vas a poder con esto?

—Por supuesto que sí, señorita Swan —sonrió Susan, un poco abrumada por todas las cosas que le dijo Bella—. Niklaus estará bien, no hay nada de qué preocuparse.

— ¿Nena? —Llamó Edward, quien estaba indicándole algunas cosas a Acher—. Se hace tarde.

—Lo único que tienes que tener con Niklaus es paciencia. Es un niño con bastante ingenio. Algunas veces le gusta leer… cuando eso pase sólo no le molestes porque se enoja muchísimo —sonrió levemente y tomó su bolso y anteojos—. Volveremos más tarde.

Susan y Acher les siguieron hasta la puerta principal, Edward le abrió la puerta del auto a Bella para que suba y se apresuró a llegar la puerta principal otra vez.

—Susan, gracias por hacer esto. Cualquier cosa… Acher estará allí para eso —asintió hacia a Acher y Susan asintió también—. Niklaus está en su habitación —pasos se escucharon bajar por las escaleras y Edward se apresuró—. Volveremos en unas horas, Bella llamará de vez en cuando. Hasta luego.

Trotó bajando las escaleras hacia el auto deportivo justo cuando Niklaus llegaba a la puerta y era detenido por Susan. Los ojitos azules de Niklaus miraron con pánico como el auto se encendía. Su mirada estaba sobre Bella, quien tenía la ventanilla abajo y lo miraba con un nudo en la garganta. El cuerpo de Niklaus comenzó a retorcerse y a gritar por su mamá cuando el auto se alejaba.

— ¡No! ¡Mami, vuelve! —gritó mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas sonrojadas. Se zafó de los brazos y corrió detrás del auto que se estaba comenzando a alejar para salir de la propiedad. Niklaus era veloz, pero el auto ya llevaba una gran ventaja— ¡Mami, espera! ¡Yo voy contigo! —gritó con la voz agitada. El enorme portón negro se cerró detrás del auto y Niklaus se dejó caer de rodillas mientras se aferraba al portón intentando salir por allí.

Bella se mordió el labio mientras miraba por el espejo retrovisor a su bebé gritar por ella. Observó cómo Susan y Acher lo recogían de allí mientras él seguía gritando.

—Odio dejarlo de esa manera, Edward —murmuró, tragando pesado y mirando al frente ya que lo habían perdido de vista.

—Eso sucedía las primeras veces que lo dejaba con las niñeras. Supongo que ahora que te tiene vuelve a sentirse así.

—Se veía tan pequeñito allí…

Edward le colocó la mano en la pierna, dándole un suave apretón tranquilizador.

—No iba a dejarte venir, Bella…

—Dijiste que le ibas a decir sobre eso en la noche y no lo hiciste —le dijo ella cruzando sus brazos.

—Hablamos sobre otras cosas. Me dijo que no le gusta vivir en Londres… y quiere regresarse a Los Angeles. Mi contrato con Manchester termina en un año, estaba pensando en renovar el contrato pero… aún siguen esperando una respuesta del Galaxy… viviríamos de nuevo aquí, y estarías más cerca de tu mamá.

— ¿Estás pensando en mudarte aquí de nuevo?

— ¿No es una buena idea?

—Apenas estás ajustándote en Londres, Niklaus aún no se acostumbra a ese lugar, dale tiempo. Una vez que se haya sentido en casa allá, lo vas a volver a mover y se sentirá de la misma manera. Son muchos cambios, Edward, va a tener siete años entonces pero es demasiado pequeño.

Edward suspiró, volviendo su mano a la palanca de cambios.

—Ya habremos pasado el mundial… que es lo que me preocupa de mi carrera ahora. Y luego tú y el bebé, ¿quieres que nazca en Londres?

—Es demasiado pronto para pensarlo en estos momentos, Edward, tranquilo. Pero piensa las cosas antes de prometérselas a Niklaus porque no es de los que olvidan algo tan fácil.

Hicieron el camino en silencio después de eso. Cuando llegaron al estudio, todo el mundo los recibió con una sonrisa y varias frases de bienvenida. Inmediatamente los encargados, Iker y Samanta (con los que se había encontrado Edward en el desfile de la semana de moda), fueron con ellos a darle a ambos besos en las mejillas. Bella se sentía un poco abrumada y agradeció el no comer demasiado en casa. Era la primera vez que haría algo como eso, y aunque no se sentía asustada, sentía que se abrumaría un poco por tantas cosas a su alrededor.

— ¡Hola! —Exclamó Iker, mirando de arriba abajo a Bella, dándole una mirada de aprobación con las cosas que llevaba puestas—. Cariño, tú sí que sabes cómo vestirte —halagó con una voz que dejaba claro que era más gay que la propia bandera homosexual—, voy a divertirme contigo, cariño.

Edward entrecerró los ojos ante sus palabras y se acercó a Bella, rodeándole la cintura con su enorme y musculoso brazos, haciendo reír a Samanta y a Iker.

—Simplemente di que vas a divertirte fotografiándola. Especifica más, por favor.

—Ash, te tomas las cosas muy en serio, Edward —Iker hizo un gesto con su mano y lo empujó a un lado, jalando a Bella con él—. Me llevaré a esta muñeca divina y buenísima para poder vestirla y prepararla y darle el concepto de cómo serán las cosas, ¿de acuerdo? —No esperó que nadie le diera respuesta—. Tú, Samanta, hazte cargo del hombre posesivo, por favor.

Con una sonrisa llena de diversión, Bella le hizo un gesto a Edward en forma de despedida mientras era arrastrada por Iker hacia un extraño camerino donde estaban un montón de personas con muchas prendas de ropa en todas partes. Había unas grandes computadoras donde se estaban diseñando algunas cosas, algo que a Bella le llamó bastante la atención.

—Bueno, querida, soy Iker, encargado de esta deliciosa y sexi sesión de fotos para Calvin Klein, como ya sabes. Encontramos a tu caliente novio en La Semana de la Moda junto con su también sexi pequeño hijo.

Bella sonrió con simpatía

—No puedo creer que hayas llamado a un niño de seis años sexi.

Iker bufó rodando los ojos.

—Lo es, y el pequeño lo sabe. Ahora, nena, comenzaremos a hacerte un montón de cosas, agradezco que no te hayas puesto nada de maquillaje encima. Y déjame decirte… ¡estás guapísima sin maquillaje! Cuidas mucho tu cutis… ¿no es así? No puedes tener simplemente ese bonito cutis así como así.

—Sí, claro, lo cuido bastante —asintió Bella, colocando su bolso en una de las mesas libres que estaban allí.

— ¡Y tu precioso cabello! ¿Utilizas un tratamiento en especial?

—Sí… también utilizo productos para eso.

— ¡Y ni como negar que no te ejercitas! —Iker se apresuró a alzar su vestido para dejarle ver sus largas y torneadas piernas—. ¡No hay nada de aguado allí! Oh por dios… eres la chica perfecta. Creo que dejaré de ser gay sólo por ti.

Bella fue a reír un poco fuerte y las demás personas que estaban cerca también rieron ante el comentario de Iker.

—No, no es cierto, jamás dejaría de ser gay. Me encantan los hombres… ya sabes… ¿Cómo no me encantaría un Edward? —se acercó hasta colocarse muy cerca del oído de Bella—. ¿Es bueno en la cama? —susurró—. Dímelo, necesito saberlo, ¿está bien dotado? Te prometo que nunca le diré a nadie. Tampoco lo venderé a ningún lugar de cotilleo.

Sintiendo como sus mejillas estaban un poco sonrojadas, Bella buscó ayuda con alguna persona, sin embargo, mientras sonreía de manera confiada, respondió:

—Por supuesto. Me atrevo a decirte la verdad. Sí lo es.

Iker soltó un grito bastante agudo y comenzó a dar varias palmadas, muy emocionado.

— ¡Lo sabía! Es que mira —sacó rápidamente su teléfono celular—, Edward es así como… no sé, el hombre de mis sueños, sólo que ya está tomado por ti pero yo tengo el mío… No es tan caliente como el tuyo pero me satisface muy bien —le empujó hasta dejarla caer en una silla—. Y tengo esta fotografía donde está en la playa con su pequeño, ¡pero está sentado! y se le marca algo muy grande allí… —le entregó el teléfono celular, donde Bella pudo mirar solamente la entrepierna de Edward… donde estaba realmente algo que se miraba grande. Ella se tiró a reír porque era precisamente lo único que podía hacer en esos momentos. Después le entregó el teléfono a Iker sin dejar de reír—. ¿Qué? ¿No hace justicia? ¡¿Es más pequeño?! ¡ ¿O más grande?!

—Iker… eso sí que no lo puedo decir —dijo Bella aun riendo un poco y se recargó en el respaldo de la silla—. ¿Vamos a hablar de Edward todo el tiempo?

—Qué más quisiera yo… —suspiró acomodándose el copete de su cabello y después sonrió—. Pero me voy a divertir contigo. El único defecto que tienes es tu tez… muy pálida.

— ¿Vas a broncearme?

— ¡Claro! Prepárate para desnudarte y broncearte, nena.

—Tengo mucha suerte de traer bragas… si no…

— ¿Acaso nunca usas?

Bella se encogió de hombros, fingiendo tener seriedad.

—De vez en cuando.

Iker se tiró a reír mientras se ponía de pie, jalándola con él.

—Me encantas, cariño, me encantas. Ahora ¡manos a la obra!

Durante las siguientes dos horas Bella las pasó bronceándose con aerosol. Fue la cosa más desagradable que pudo haber experimentado en esos momentos. No quería hacer eso, y aunque le gustara mirar su piel bronceada… es algo que no volvería a hacer pronto. En definitiva. Una mujer comenzó a rociarla desde la punta de los pies, fijándose que no dejara mara del bikini que tenía puesto, y fue subiendo por todo su torso y pechos, ya que también alcanzaría a mostrar algo de ellos en la sesión. Una vez que terminaron el ligero bronceado (porque Bella se negaba a que fuera muy pronunciado), fueron al maquillaje que le colocarían. Después, la única prenda que le tendió Iker fue un modelo de jeans oscuros. Recordándose que tenía que hacer esto, Bella suspiró y fue a colocárselos para después salir del probador con los pechos al aire.

Sabía que todos los que estaban allí eran profesionales, y la mayoría de los hombres eran homosexuales. Además, Bella no tenía por qué preocuparse de su cuerpo, al contrario, le encantaba y estaba más que contenta con él.

Con una mirada de pies a cabeza, Iker mandó a algunas personas a mojarle el cabello y llenarla de aceite. Ella dijo que lo haría por su cuenta. Si Edward miraba que alguien le untaba el aceite se pondría un poco loco. Con una sonrisa lo hizo sin chistar, dejando que lo hicieran por ella en la espalda, porque era el único lugar que no alcanzaba demasiado bien.

— ¡Muy bien!, Bella, colócate de este lado, por favor, haremos unas fotos para ti sola, y después Edward —señalo a un lado.

Bella se quedó mirando a Edward con una sonrisa que dejaba claro que no estaba pensando en cosas buenas para los niños. Él estaba con unos jeans colgando de sus caderas… y nada más. Iba descalzo, igual que ella y su cuerpo tenía aceite también. Su perfecto torso musculoso llamaba mucho la atención.

—Vaya… sí que hace calor aquí —bromeó Iker riendo mientras miraba a ambos—. Bueno, Edward, deja de comerte a Bella con los ojos, la tendrás para ti sólo más tarde.

Riendo otra vez, Bella fue a colocarse donde le indicaban y donde estaban todas las luces y cámaras enfocadas. Detrás de ella estaba una pared impecablemente blanca. Ella movió su cabello un poco, intentando darle algo de gracia e Iker sonrió. Cuando le dieron las indicaciones, Bella comenzó a hacer lo que se suponía que tenía que hacer: lucir de manera profesional y sexi, como le había dicho Iker. Así que dio todo lo que se suponía que tenía que dar.

Edward, mirando como ella se movía para ser fotografiada, estaba tratando de controlar sus impulsos de lanzarse sobre ella y devorarla allí mismo. Mierda, Bella estaba jodidamente caliente. Siempre, cada vez que disparaban un flash, Bella cambiaba de posición, cuidando cubrir adecuadamente sus pechos pero… se miraba totalmente genial. Después fue su turno; el fondo que tendría él sería de color negro así que simplemente se dedicó a hacer lo suyo. Mirar a la cámara y enviar esas miradas que sabía que mojaban las bragas de las mujeres que lo apreciaban. Bella tuvo que rodar varias veces los ojos por los guiños que él le enviaba de vez en cuando.

— ¡Y ahora! ¡Ustedes dos! —Dijo Iker aplaudiendo mientras cambiaban el fondo otra vez a blanco—. Dios… ya quiero verlos juntos, ¡Rápido, rápido!

Con una sonrisa, Edward abrió sus musculosos brazos para poder recibir a Bella, quien sólo estaba negando con la cabeza. Cuando logró colocarse entre sus brazos, Edward la estrechó con fuerza para darle un beso en la frente, aprovechando que todavía estaban organizaban unas cosas para ellos.

—Estás totalmente apetecible en estos momentos, nena —murmuró Edward cerca del oído de Bella. Ella inmediatamente le dio un golpe en el hombro, apartándolo de ella, sin embargo, Edward puso resistencia con una brillante sonrisa—. No puedes negarme eso.

—Estoy ofendida porque sólo piensas que soy apetecible en estos momentos —dijo ella en voz baja también, pasando sus brazos por la cintura de Edward hasta pegar sus erectos pezones al duro pecho de Edward. Él pasó los brazos por ella hasta que sus cortas uñas se clavaban levemente en la delicada y delgada espalda de Bella—. Y yo siempre estoy de esa manera.

Edward rio, mostrando su blanca dentadura.

—Tú siempre estás de esa manera, nena, sólo que… hoy simplemente se lo estás mostrando a más gente.

—Sólo tú tienes la dicha de ver el paquete completo—ella guiñó al mismo tiempo que le sonreía con arrogancia.

— ¡Alto allí! —gritó Samanta, llamando la atención de Edward y Bella—. Allí están perfectos. Alguien acomode el cabello de Bella, por favor —indicó con voz firme mientras tomaba la enorme cámara profesional—. Y también el de Edward… perfecto, así está perfecto. Ahora, Edward, Bella, junten sus frentes y envíense esas miradas tan apasionantes que me hacen querer a mi marido aquí conmigo ahora.

Después de sonreír brevemente, Bella miró a Edward a los ojos, sin sonreír, igual que él. Sentía sus entrañas contraerse gracias a la mirada que él le estaba enviando y ella trató de que la suya hiciera lo mismo con él. Después de algunas otras fotos y cambios de posiciones, llegó el momento en el que Edward estaba acostado bocarriba y Bella sobre él. Ella podía sentir todo su cuerpo resbaloso y eso de alguna manera le encantó.

—Ahora, querido Edward —llamó Iker mirándolos desde arriba, de pie junto a ellos—. Tú le taparás a Bella con tu mano aquí —llevó su mano al pecho de Bella, donde Edward lo sostuvo demasiado gustoso. Bella llevó su brazo al otro pecho, tapándolo y tomando una posición bastante provocadora—. Muy bien, Bella, ahora pon la otra mano en el bolsillo de Edward… perfecto —cuando Samanta llegó a su lado Iker suspiró—. Se ven demasiado calientes allí ambos.

Samanta rodó los ojos y se lo llevó para poder tomar las fotografías. Hicieron eso y mucho más. Cuando le colocaron la camiseta a Bella, ella pudo sentirse con más confianza. Primero, ella estaba tumbada en el suelo, con Edward entre sus piernas, entrelazados de alguna manera que les hacía ver algo eróticos. Según Iker, esa sería la última fotografía de ambos allí. Sin embargo, cuando terminaron e Iker gritó que era el fin, Bella empujó a Edward hasta dejarlo boca abajo sobre el suelo mientras ambos reían a carcajadas.

—Bella, va contras mis derechos que me muerdas —dijo Edward riendo de manera nerviosa mientras Bella lo sostenía con fuerza de las piernas.

—Vamos, no seas niña. Sólo será una mordida pequeña… —dijo Bella intentando sonar casual, pero su voz estaba llena de diversión mientras intentaba bajarle los jeans a Edward para dejar al descubierto sus nalgas.

— ¡Bella! —gruñó Edward sonriendo mientras dejaba caer su rostro contra el suelo con los ojos apretados, sabiendo que Bella sí se atrevería a morderlo.

Iker y Samanta miraban embobados lo que ellos estaban haciendo con una sonrisa balándole en los labios. Nadie, en todos sus años de trabajo, había actuado de esa manera.

—Mierda, esta chica tiene un ingenio bastante genial —murmuró Samanta, colocándose en un Angulo perfecto para poder fotografiarlos—. ¡Allí! ¡Quédense justo así! Bella, sólo pega tu cuerpo más a la pierna de Edward… Muy bien, ahora, Edward, álzate un poco para que se pueda mirar tu rostro. Bella, baja un poco más los jeans de Edward y acércate a su bonita nalga… ¡Perfecto! —exclamó sonriente—. Ahora, iluminación, por favor… Iker, coloca la camiseta de Bella… exacto, así es, ¡Perfecto!

Después de que Samanta les fotografiara alrededor de seis veces, Bella volvió a reír junto con Edward y se agachó para darle un fuerte mordida, logrando que Edward maldijera bastante. De un salto, Bella se puso de pie riendo todavía mientras miraba como Edward se retorcía en el suelo.

—No seas una nena, cariño, levántate —dijo ella entre risas.

Con un gruñido, Edward se puso de pie para acercarse a ella, y cuando Iker miró que tenía intenciones de morderle el brazo lo detuvo.

— ¡Alto allí! Aún no hemos terminado, no le puedes dejar ninguna marca —ordenó, enviándole miradas asesinas a Edward, quien sólo gruñó y alcanzó a rodearle con sus brazos a Bella—. Ahora, traerán la comida pronto, tienen un descanso de veinte minutos antes de comenzar con las tomas de la playa.

Cuidando de no quitarse demasiado el aceite, Bella fue a sentarse en una de las sillas altas y tomó su teléfono celular, mirando como Edward hacia lo mismo.

—No hay llamadas de Susan —comentó Edward, examinando su teléfono celular—. ¿Crees que todo esté bien?

Bella suspiró, haciendo lo mismo.

—Espero que todo esté bien realmente. No me gusta que Niklaus llore demasiado sólo porque nosotros salimos… bastante inseguridades tiene con la noticia que le dimos apenas y que se ponga de esa manera lo hace peor —ella miró como Edward hacia una mueca al sentarse en la silla a su lado y sonrió con cierta diversión—. ¿Enserio te dolió?

—Joder, claro que me dolió. Tienes los colmillos bastantes filosos. Me vas a dejar una marca horrible.

—No seas niña, mi amor —ella se puso de pie para colocarse entre las piernas de Edward y recargar sus brazos en los bordes de la silla—. Cuando lleguemos a casa me haré cargo de ello, ¿sí? Ahora… Iker es un gran admirador tuyo —dijo con burla.

Edward arrugó la nariz, colocando sus dedos en la aceitosa piel del brazo de Bella.

—Lo sé. He trabajado algunas veces más con él, y es demasiado divertido, pero saber que le gusto y que soy el hombre que desea, da un poquitito de miedo.

—Es inofensivo —dijo Bella sonriente—. No creí que venir aquí iba a ser tan divertido.

—Es mucho más divertido contigo, definitivamente —asintió Edward con su sonrisa ladeada—. Cuando lo hacía solo o con otra personas eran demasiados serios… aun con el entusiasmo de Iker. Creo que le caíste bastante bien.

—Sí —suspiró ella con una sonrisa mirando a Iker caminar de un lado a otro—. Es una persona realmente agradable. No tiene pelos en la lengua para hablar…

—Igual que tú —rio Edward y ella le secundó.

—Sí, igual que yo.

Justo en ese momento llegó un chico de dieciséis años con una bandeja de comida que Edward había encargado antes.

—Aquí tiene su pedido, señor Cullen —dijo sonriente y le envió otra mirada a Bella.

—Gracias —dijo Edward—. Puedes ponerlo en la mesa —murmuró mientras miraba su teléfono celular. Bella frunció el ceño ante la forma de reaccionar de Edward y se separó de él.

—Está bien, yo lo tomaré. Muchas gracias —le dedicó una sonrisa amable mientras se retiraba de allí. Ella lo colocó en la mesa y llegó de nuevo donde estaba Edward para darle un golpe en el brazo—. Eres bastante grosero.

—Pero ¿Por qué? Le dije gracias —el rostro de Edward estaba en desconcierto, pareciendo un adolescente.

—Sigues siendo grosero. Llama a Nik, dile que si no se está divirtiendo no vamos a llegar pronto —ella miró el reloj de su celular. Había pasado alrededor de seis horas—. Iré con Samanta un momento para mirar algunas cosas —sonrió y se apartó de él antes de que volviera a rodearla con sus brazos—. Y dile que lo amo.

Resultó que los veinte minutos que eran de descanso de aplazaron a sesenta gracias a Bella. Había ido directo con Samanta donde estaban buscando diseñar algunas cosas más para la temporada de invierno… y Bella, sintiéndose un poco en el lugar que le encantaba estar, comenzó a aportar ideas. Incluso tomó algunas hojas y dibujó las prendas para darles las ideas de lo que estaba diciendo. Samanta quedó totalmente hipnotizada, e Iker parecía que no le pararía la boca en mucho tiempo sobre lo genial que resultaban las prendas. Bella estaba sonriendo, y les había confesado que era un cliente sin excepciones cuando de la ropa interior y jeans de Calvin Klein se trataba. Cuando finalmente logró entregarles quince diferentes diseños de jeans, chaquetas y overoles se recordó que tenía que terminar con la sesión —de la cual Iker y Samanta se habían olvidado—, porque tenía que ir a casa con Niklaus.

Cuando volvieron a trabajar en la sesión, Iker le dijo que fuera él quien le frotara el aceite en el cuerpo de Bella sólo por puro placer pero tanto como Bella y Edward se negaron a eso porque comenzaba a ponerse algo personal. En esa ocasión estaba una gran cantidad de arena blanca esparcida por un gran cuadrado de al menos doce metros de perímetro con extraños utensilios. Había también un montón de iluminación que le daba un toque de luz solar. A Bella le colocaron una falda que le llegaba un poco más arriba de la mitad del muslo y una nueva camiseta. La luz le daba mucho calor y eso —según Iker—, era lo que estaban buscando. Se divirtieron otra vez, Bella sacaba su lado sensual frente a las cámaras cuando estaba sola al igual que Edward, y cuando ambos estaban juntos era un poco más divertido, aunque ella estaba comenzando a extrañar a su pequeño. Llevaba más de diez horas fuera y sin saber de él.

—Perfecto, chicos —Iker se acercó a ellos luciendo exhausto pero totalmente complacido—. Ha sido un placer trabajar con ustedes, por no mencionar que fue divertido —Edward y Bella le sonrieron con simpatía mientras se sacudían la arena de los cuerpos—. Les llamaremos para que sepan cuando será publicada la revista. Bella, estaremos en contacto contigo —le tomó la mano y le besó el torso para después besarle la mejilla—. Me alegra mucho saber que nosotros somos los primeros en hacerte una sesión fotográfica solamente para ti.

—Al contrario, Iker —respondió ella sonriéndole de manera cálida sintiendo la gran mano de Edward colocarse en su espalda baja—, gracias a ustedes por darme la oportunidad de ello.

— ¡Eres divina! —Exclamó yéndole a dar un fuerte abrazo mientras miraba a Edward—. Juro que si dejas ir a esta mujer iré a buscarte y yo mismo te voy a golpear. Te has ganado la lotería con ella.

Edward sonrió orgulloso de sí mismo y de Bella.

—Eso lo tengo más que claro —respondió y le extendió la mano—. Gracias otra vez, amigo.

—No hay nada de qué agradecer, Edward —dijo Iker sin dejar de sonreír y después fue a darle un beso en cada mejilla—. Iré a terminar con las fotografías, ustedes pueden tomar una ducha y quitarse todo ese aceite —miró a Bella tomándole las manos—. Samanta quiere hablar contigo de algo importante, estará en el camerino. Espero que te agrade la idea —le besó ambas mejillas—. Nos veremos pronto.

Una vez que Edward y Bella se ducharon en los buenos baños que estaban instalados en el estudio, se cambiaron con las prendas que Bella había auxiliado para ellos y se dirigió al camerino donde estaba Samanta esperando, mirando los dibujos de las prendas que había realizado para ellos.

— ¿Querías verme? —Llamó entrando—, Iker me dijo que querías hablar conmigo. Estamos a punto de irnos.

— ¡Oh, sí! Pasa, por favor, toma asiento —Bella lo hizo de inmediato—. Estaba mirando estos diseños… y son realmente buenos, Bella. Me agrada lo que haces. ¿Alguna vez has pensado en comenzar a diseñar tu propia línea de ropa?

Bella se sonrojó un poco mientras miraba los diseños que ella había hecho horas atrás.

—En realidad… tengo innumerables de esos en casa. Lo hago… —frunció el ceño—, lo hacía en mis tiempos libres, cuando era adolescente y antes de trabajar como manager y publicista —Una pequeña vocecilla en la cabeza le recordó que también lo hacía antes de ser mamá pero le ignoró porque no se arrepentía de eso—. Es de diferentes temporadas… inviernos, verano, primavera. Para niños, bebés… Adultos, hombres, y mujeres. Claro que todos tienen características de lo que a mí me gusta y he diseñado.

Samanta le miró ciertamente fascinada.

— ¿Y aun así eres manager y publicista de la estrella de futbol más reconocida de estos tiempos? ¿Y dibujas? Y, por lo que he visto, tienes una relación muy buena con el hijo de Edward… y lo llevas a dar un paseo, y al colegio. ¿Eres la mujer maravilla?

—Bueno… tengo que servir para algo —bromeó mirándola y después se encogió de hombros sin saber muy bien qué es lo que debía decir con todo eso—. El futbol y la moda es algo que me ha apasionado desde que era pequeña.

Samanta la contempló por unos momentos con esos ojos azul brillante.

— ¿Qué te parece si vienes mañana de nuevo y hablamos sobre esto? Apuesto a que no viajas con todos tus diseños… pero podríamos comenzar con algo pequeño. Mañana puedes venir y ayudarnos con nuestra nueva colección. Eres realmente buena. Y en una ocasión, la cual espero que sea muy pronto, puedes traer contigo tus diseños, y cuando demos nuestro desfile de moda te daremos un especio a ti para darte a conocer, ¿Qué dices?

Bella se quedó en blanco. ¿Realmente le estaba casi diciendo que le ayudaban con su propia línea de ropa? ¿En un desfile de Calvin Klein? Eso estaba para morirse, sin embargo, era algo que necesitaba pensar demasiado bien. Aunque estaba claro que no dejaría ir una oportunidad como esa así que le sonrió.

—Estaré aquí mañana.

Samanta se puso de pie rápidamente y le rodeó con sus brazos.

—Te esperaremos aquí mañana a las once y cuarto. Iker estará lleno de felicidad cuando se entere de que aceptaste esto.

—Yo estoy realmente contenta por esto. Muchas gracias —Bella le devolvió el abrazo y se puso de pie también—. Y ahora tengo que irme, se hace demasiado tarde.

—Ah, claro no hay problema. Gracias por darnos una de las citas más divertidas que hemos tenido —rio Samanta mientras miraba como Bella se alejaba para dirigirse a la salida—. Hasta mañana.

—Hasta pronto, Samanta.

.

Cuando Edward cerró la puerta principal detrás de ellos, Bella se apresuró a dejar su bolso en la pequeña mesa de color negro que estaba a un lado y miró alrededor. Estaban encendidas las luces de los pasillos y la de las escaleras también. No había casi nada de ruido pero Bella logró divisar dos cajas enormes de pizza en la mesa que estaba en la sala, junto con los cojines totalmente desordenados. Después de que Edward le informara que iría a hablar con Acher, Bella asintió y se dirigió hacia la habitación de juegos, desprendiéndose de los zapatos en el proceso.

En la enorme habitación encontró a Susan y a Niklaus. La chica estaba demasiado ocupada leyendo su libro junto a una lámpara que le proporcionaba la luz suficiente para poder leer. No notó la presencia de Bella cuando se colocó en el umbral de la puerta. Y en el sillón principal, frente a la enorme televisión de pantalla plana estaba Niklaus, con sólo su short de traje de baño, dormido, con los cabellos revueltos y el control de la consola Wii sobre su estómago. La televisión seguía encendida en la pantalla del menú.

—Susan —llamó Bella, haciendo sobresaltar a la adolescente.

—Señorita Swan —se apresuró a ponerse de pie y a guardar el libro en su bolso—. Lo lamento, no le escuché llegar. ¿Qué tal todo?

Bella sonrió mientras caminaba donde estaba ella, dejando los zapatos en la mesa de billar.

—Nos fue perfectamente, gracias. ¿Cuánto tiempo lleva dormido?

Susan miró a Niklaus en el sillón, un poco sorprendida. No se había dado cuenta de cuando se durmió el pequeño por lo que sus mejillas se sonrojaron por completo. Comenzó a balbucear pero Bella le cortó con una sonrisa.

—Está bien, entiendo que algunas veces nos perdemos en la lectura. Pero supongo que no lleva mucho tiempo dormido, el videojuego no se ha puesto en invernando —extendió una mano hacia la salida—. ¿Cómo se portó?

—Bueno, al principio no dejaba de llorar, pero logré convencerlo que debía divertirse para que llegaran pronto. Quiso ir a jugar afuera y después a la piscina. Cuando el señor Cullen llamó estábamos comiendo un poco de pizza… Y después volvimos a estar en la piscina hasta que quiso venir a jugar aquí. Intenté hacer que se cambiara por algo seco pero comenzó a gritar y a golpear.

Bella hizo una mueca ante eso último.

—Me disculpo por eso. No está muy acostumbrado a esto —suspiró—. ¿Pero no dijo malas palabras? ¿Te agredió intencionalmente?

—No, no —se apresuró a decir, ajustando sus gafas sobre su nariz—. Se portó bien.

—De acuerdo. Muchas gracias por cuidarlo, Susan, te lo agradezco mucho —Bella miró de reojo a Edward entrar a la habitación otra vez—. El señor Cullen va a llevarte a tu casa.

Susan miró a Edward, quien tenía las manos dentro de sus bolsillos y le sonreía agradablemente, como un adolescente malditamente caliente y arrogante. Bella casi quería rodar los ojos.

— ¿Lista? —le preguntó alzando las cejas. Susan sólo pudo asentir, un poco embobada y caminó hacia la salida. Edward miró a Bella, dándole una breve sonrisa—. Vendré en unos momentos, ¿está dormido?

—Sí, lo llevaré a su cama. Conduce con cuidado —alcanzó a decirle mientras le miraba alejarse hacia la puerta principal.

—Lo haré —contestó y después cerró la puerta detrás de él.

Bella fue a cambiarse por sus cortos shorts de seda a juego con la pequeña camisa de botones color azul marino, trenzó su cabello ahora que ya estaba seco y, después de asegurarse que la habitación de Niklaus estaba en orden y con la cama despejada, bajó de nuevo a la habitación de juegos. Apagó la televisión y la consola para después tomar a su pequeño en brazos, colocándole su cabeza dorada en su hombro. Ella le dio un suave beso en la mejilla y el niño, aun dormido, envolvió sus piernas alrededor de la estrecha cintura de Bella.

—Hola, mi amor —le habló en voz baja, mientras pasaba la suave palma de su mano por la bronceada espalda de Niklaus—, llegó mami.

Reconociéndola entre sueños por el aroma, Niklaus inspiró y apretó su brazo alrededor de su cuello, murmurando algo que Bella no pudo descifrar.

— ¿Quieres dormir con mami? —le volvió a preguntar con voz baja, besándole su hombro mientras comenzaba a subir las escaleras, ayudándose con el pasamanos. En respuesta, Niklaus alzó la mano que colgaba y buscó uno de los senos de Bella debajo de la camisa, logrando meter su pequeña mano en uno de los espacios entre cada botón—. ¿Quieres teta? —Klaus le dio un pequeño apretón y Bella rio mientras se dirigían a la habitación del niño, que estaba recordaba con muchos animales alrededor. Niklaus estaba comenzado a tener la manía de tomarle el pecho que no estaba mamando mientras se arrullaba para dormir y aunque Bella intentaba entrelazar sus dedos con los de él para mantenerlo quieto, Niklaus encontraba la forma de hacerlo. Se inclinó para dejarlo en la cama y el niño se aferró a ella—. Shh, sólo voy a acostarte.

—No —murmuró adormilado, apretando las piernas alrededor de la estrecha cintura de Bella.

—No me voy a ir a ninguna parte —se inclinó a besar sus cabellos mientras lograba sentarse en la cama. Se acomodó de manera que ambos quedaran de costado y cara a cara—. Ya está.

Aun no era demasiado tarde por la noche, pero ella supuso que no había tomado su pequeña siesta de descanso de la cual él estaba acostumbrado. Además de que probablemente tanto lloriqueo y nadar le había dejado exhausto. Le colocó las mantas encima para cubrir su pecho desnudo mientras le acariciaba la mejilla.

Sus parpados se movieron un poco hasta que se abrieron y dejaron ver esos preciosos y adormilados ojos azules. Niklaus le miró mientras un puchero se formaba en sus labios.

—Dijiste que vendrías pronto.

—Es pronto.

—No, es noche, no es pronto…

— ¿Te divertiste?

—Lo intenté pero no pude porque sólo me divierto contigo y papá.

—Por eso no llegué pronto, porque no te divertiste —ella apartó sus rizos dorados de su frente—. Pero mañana vas a estar con papi todo el día y después iremos a la paya, ¿Qué dices?

— ¿Me prometes que iremos a la playa los tres?

—Te lo prometo —ella le besó la frente sonriendo después recargó su cabeza en su puño, con su brazo doblado para mantenerla cabeza alzada.

Niklaus asintió, con sus hoyuelos marcados y se estiró a besarle la barbilla a Bella. Después, con las mejillas infladas, bajó su mirada a la camisa de dormir de Bella y sus dedos comenzaron a jugar con el primer botón de la prenda.

— ¿Teta? —preguntó alzando la mirada a ella, quien le respondió con otra sonrisa burlona.

—Te estabas tardando en pedirlo, ¿no es así? —preguntó mientras el rostro de Niklaus se sonrojaba hasta las orejas. Bella se desabotonó los dos primeros botones de la camisa, dejando al descubierto sus pechos y se apresuró a tomar la mano de Niklaus que iba directo a uno—. ¿Susan fue buena contigo? —comenzó a preguntar mientras Niklaus pegaba su boca a ella.

—Sí, y es divertida también algunas veces —dijo el pequeño con la piel de Bella en su boca mientras sus azules ojos miraban la mano de Bella contra la suya, intentó estirarla para poder llenar la mano de su madre pero se rindió cuando se dio cuenta de que no podía hacerlo, así que terminó por entrelazar sus dedos—. Y le gusta leer.

—Sí, eso lo sé —comentó mientras sentía como Niklaus comenzaba a mamar—. Cuando llegamos ella estaba leyen… —pegó un brincó cuando Niklaus le mordió— ¡Auch! ¡Niklaus!

Los ojos de Niklaus estaban abiertos como platos.

—Sale leche, mami —dijo separándose un poco de ella mirándola con sus ojitos brillantes—. ¡Ya tienes leche, mami! —exclamó entusiasmado. Pero ni siquiera le dio tiempo de que Bella dijera algo porque ya tenía de nuevo su boca pegada a ella, intentando obtener más y eso le causaba un poquito de molestia a Bella, pero nada que no pudiera soportar.

— ¿Enserio? —preguntó aun sin poder creérselo. Levaban casi dos semanas haciendo eso, el doctor y el pediatra de Niklaus le habían dicho que ocurriría después de la semana de estimulación, pero no se lo esperaba realmente esa noche. Niklaus sólo asintió mientras intentaba tomar todo de ella. Bella le miró con cierta curiosidad. ¿Enserio estaba tan buena?—. ¿Y sabe bien? —Niklaus alzó un pulgar en forma de afirmación—. Bueno, eso es lo más importante —dijo con una sonrisa mientras le acariciaba los cabellos.

Las pulsaciones de dolor fueron calmándose rápidamente conforme Niklaus casi la devoraba. Se recordó que a partir del día de mañana tenía que comer demasiado bien para poder darle los nutrientes necesarios al bebé en su vientre, como le habían dicho los doctores ahora que ya estaba comenzando a lactar. Media hora después, Niklaus se calmó por completo y se cansó hasta quedarse dormido de nuevo.

Esperaba que eso lo tuviera emocionado durante las primeras horas de la mañana siguiente, porque no le iba a gustar saber que no estaría con ella otra vez hasta la tarde.


AHHH. Muchas cosas en este capítulo. Parece que Nik quiere de vuelta sus playas y el helado y la chicas en bikini... y su papi está dispuesto a darle lo que quiere. ¡Y el berrinche de Niklaus! a mi me rompió el corazón mientras lo escribía :c ... ¡Finalmente llegó la sesión de fotos! ¿Qué les pareció? Realmente necesito saber lo que les pareció. Bella tiene una nueva oferta... ¿será que la aceptará realmente? ¿o seguirá con la gran responsabilidad de ser la agente de Edward? Mmm... ¡Mami Bella ya tiene leche! ¡Wujuu! Alguien no se va a querer separar de ella...

Me he dado cuenta de que muchas de ustedes no leen lo último en negritas así que aquí se los pondré: El grupo del fic se llama Daddy 23 ( /groups/170869393079182/ ), allí se publican cuando habrá actualización, también adelantos e imágenes del fic.

Gracias a: NoeLiia, marieisahale, Nana Back Star, Carolina Cullen Pattinson, ValeWhitlockGrey, Tecupi, torposoplo12, majo z, Danny Der D' Rathbone, AlwaysMoon, Vero Grey Cullen, zonihviolet, zuleyma24cullen, Naye15, yolabertay, MONELITA CULLEN, ANDY-DEEP-ALEXANDER, AleLupis, jessica acevedo, maferpatts, bel20, Manligrez, alldy aguirre, Mia, AleCullen, whit cullen, Ilse Masen, dracullen, lunanelisce, anita, Nadiia16, Beastyle, Nessie Joan Pattinson Stewart, vale-potter, karenava, Babi, Ari Fallen Archangel, Karliie7, cary, Acqua Cullen Potter, aea7, Manue Peralta, Angelus Cullen, Melania, jupy, Fran Cullen Masen, PottericaTwilighterVictoria, Vani, Brenda-Cullen-Ivashcov, Nyx-88, Angel Twilighter, Aylin, saraygarcia08, SalyLuna, Melygr94, mariana, AdriLopez, Nandita21unexplained, liduvina, PRISGPE, DarkWardObsession, amanecer2601, Tata XOXO, Annaniicolle, ProudyTwihard, Edidi, andre102, theparadise, solecitopucheta, floriponcio, OrizMartha, pera l.t, isakristen, Cristina Rey, Jane Bells, , AnglaeeCullen810, Mon de Cullen, aguabellisima, jadecullen7, lokaxtv, belkis lagos vasquez, EmDreams Hunter, Emily, Gretchen CullenMasen, yoo, Narraly, Maria, joiitahlaloquii, Twilight Raquel-Carolay, panchi, daya-001, Lia Puerta, mellark12, CC, DiAnA FeR, jubyed, catrina00, gisela, Team Niklaus, Fabi Cullen O, Dulceksrp.

Es la cantidad más grande de reviews que he recibido, y creo que es porque tardé en actualizar... jeje, pero deben acostumbrarse porque entraré al colegio pronto y me será un poco difícil.

MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEWS, enserio se los agradezco, son lo mejor que pueden hacer por mi c: Me encanta leer sus comentarios.

¡Niklaus ganó como mejor protagonista infantil! ¡Y yo como mejor historia original! Y todo gracias a ustedes. Se los agradezco mucho.

Ahora sí... ¿reviews? Diganme lo que piensan sobre el capítulo.