Cap. 28
Candy seguía llorando en el despacho. Albert entró y al verla llorando, se acercó y la abrazó. No pudo preguntar hasta que ella se volvió frente a él y sin más, se desahogó junto a él.
- Albert…voy a perder a Terry definitivamente.
- ¿Qué te dijo el duque de Grandchester?
- Albert…dice que…Terry está comprometido en matrimonio en Londres.
Albert se sorprendió demasiado.
- ¿Te había dicho él algo al respecto?
- No…nada…hablamos de Karen y lo que la gente creía respecto a esa supuesta relación con ella, pero no dijo nada sobre un matrimonio. El duque lo dijo con sumo convencimiento.
- El duque debe estar detrás de todo esto. Nadie me quita de la cabeza que el duque intentó socavar la carrera de su hijo para que cumpliera con lo que él quiere. Seguramente se trata de algún matrimonio arreglado por su padre.
- Quizás tengas razón, eso debe ser. Terry no quiso decirlo porque no estaba de acuerdo.
- ¿Qué piensas hacer, Candy?- preguntó Albert.
- No lo sé exactamente. Tendría que hablar con él. Pero…es que eso no es lo peor. El duque de Grandchester dice que ha conseguido que a Terry no lo vuelvan a contratar como actor.
- Eso es algo grave.
- Y peor aún…dice que si insisto en seguir con él, conseguirá que me armen un escándalo y pierda mi licencia como enfermera de suerte que ningún hospital me contratara.
Albert movió la cabeza.
- Estoy harto de ese hombre. Cree que sus influencias sólo sirven para bloquearle caminos a los demás. ¿Qué tiene en la cabeza? No le ha bastado hacer infeliz a su hijo…no te preocupes, no permitiré que te haga daño. No podrá dañarte.
- Sí, pero ya lo ha hecho con Terry. ¿Qué será de él ahora que le ha bloqueado la carrera de actor?
Albert consideró que era delicado el asunto y que Candy sólo pensaba en el bienestar de Terry.
- Será mejor que localicemos a Terry para que puedan hablar a solas.
- Pero, ¿dónde podrá estar?
Terry caminaba sin rumbo aparente. Estaba cansado.
Había averiguado la dirección de la casa Andley en Nueva York pero no tenía mucho dinero. Tomó un carruaje y al fin consiguió llegar a las puertas de la casa.
Inmediatamente lo hicieron pasar.
- Señor William- dijo Dorothy.- Un joven lo busca…Terry Grandchester.
Albert se levantó y respondió.
- Hazlo pasar inmediatamente a la sala, Dorothy.
La mucama lo hizo entrar. Terry apenas podía dar un paso.
Albert lo sostuvo y lo abrazó.
- Tranquilo, Terry. Ven conmigo. Dorothy, prepare una habitación para el señor Grandchester y llévele la cena, por favor.
- Sí, señor- dijo Dorothy.
Terry le preguntó.
- Por favor, Albert. Yo sólo quiero saber si está aquí Candy.
- Por supuesto, Terry. Candy está aquí y está bien. Pero tú no. Por favor, no te preocupes. Ella ahora ya está dormida. Ha sido muy difícil para ella también. Ve a descansar, cena tranquilo, que mañana tendrás fuerzas para hablar con ella.
- Gracias, Albert.
Albert se quedó en la sala un rato leyendo, tratando de pensar qué hacer para ayudar a los muchachos. Especialmente a Candy. Podía sacrificar sus sentimientos lo suficiente como para ver feliz a Candy. Pero cuando ésta seguía sufriendo aun cuando se suponía que estaba al lado de quien significaba su verdadera felicidad, ya no podía dejar de cuidarla.
En tanto Terry acompañó a Dorothy a su habitación.
- Dorothy…dígame…¿cuál es la habitación de Candy?
- ¿Candy?
- Sí…yo soy Terry, ella y yo nos queremos. Sólo quiero verla dormir y darle un beso en la frente.
Dorothy sonrió. Había escuchado hablar sobre él.
Lo llevó a la habitación de la enfermera. Entreabrió la puerta y dijo:
- Sea breve, por favor…
- No se apure…no tardaré.
Terry se acercó a la cama. Contempló el rostro de Candy y le dio un ligero beso en la frente.
- Mi pequeña pecosa…te amo demasiado…tanto que, si tuviera que alejarme de ti para que tú estuvieras bien…lo aceptaría.
Salió despacio y siguió a Dorothy hasta su habitación.
Al día siguiente, Terry despertó un poco tarde. Se incorporó y vio que ya estaba el desayuno en la habitación.
Luego, vio junto a él algo de ropa limpia para cambiarse.
Se arregló y bajó las escaleras.
Salió hacia el jardín. Albert estaba mirando hacia ahí.
- Buenos días, Terry. ¿Descansaste bien?
- Sí, gracias. Has sido muy generoso conmigo.
- No digas eso. Somos amigos…
Terry pensaba:
"No sabes mentir, Albert…tus ojos denotan que también la amas tanto como yo y que te duele que ella me haya elegido a mí. Pero no te culpo. Es entendible que la ames…"
- Gracias de nuevo.
- Cuéntame…¿podemos hablar ahora, mientras ella está en el jardín?
Terry asintió.
Ya en la oficina, Albert lo escuchaba.
- El día del estreno, Karen me fue a ver al departamento, con el pretexto de que quería limar asperezas. Nos habíamos llevado sumamente mal, porque ella le dijo a la prensa que entre nosotros había una relación sentimental. Pero no era así. Sólo recuerdo haber bebido una copa para brindar…luego, nada. Desperté en el hospital.
- Entonces, Karen te narcotizó.
- Seguramente…pero estoy seguro que no fue sólo ella…mi padre tuvo que ver.
Albert hizo silencio y luego señaló.
- Terry…tu padre estuvo aquí…e hizo llorar a Candy.
- ¿Qué dices? ¡Maldita sea! No se cansa de hacer daño- dijo Terry apretando los puños y a punto de soltar el llanto de rabia en los ojos.
- Entre otras cosas le dijo que se alejara de ti…que arruinaría su carrera de enfermera como ha arruinado la tuya.
- No pienso permitir que lo haga. Primero muerto que permitir que mi padre la siga dañando. Una vez no quiso ayudarme. No será ahora quien la perjudique por mi causa.
- Terry…dime algo. ¿Es cierto que…estás comprometido en matrimonio?
Terry entreabrió los ojos.
- No exactamente. Es un matrimonio que mi padre se ha encargado de arreglar por su cuenta. Yo ni siquiera conozco a la muchacha. Ya le he dicho que no pienso acceder a su compromiso. Es un absurdo que no pienso secundar. No aceptaré ese matrimonio arreglado.
- Eso supuse. Ya entiendo todo. Tranquilo…ya pensaremos qué hacer. ¿Has pensado en algo en particular?
- Traté de pensar en algo mientras dormía pero estaba demasiado cansado. Sólo pude encontrarme con mis fantasmas…pesadillas perturbaron mi mente toda la noche.
- En un rato más hablarás con ella.
- Candy…no puedo dejar que mi vida le siga haciendo daño. Pero tampoco puedo dejar de hacer nada. Nunca la he podido defender como se debe. No me culparía si ella desistiera de estar conmigo. Sin embargo, no puedo vivir sin ella. ¿A eso puede llamársele egoísmo?
Albert negó.
- No…claro que no. Es sólo que la amas mucho...pero debes estar consciente que las cosas han salido mal para los dos todo el tiempo. Primero, el colegio San Pablo. Luego, lo de Susana…y ahora esto. Son demasiadas cosas…
Terry lo pensó. Albert tenía razón. No había argumentos aparentes a los cuales asirse para defender su amor. Sólo tenían ese amor que los hacía resurgir de las cenizas.
Terry dijo.
- ¿Ya sabe que estoy aquí?
- No…aun no…díselo tú mismo…
El actor asintió.
Candy recorría el rosal. En aquel jardín, se levantaban las rosas Dulce Candy que Anthony sembrara en Lakewood. A Albert también le gustaban.
- Dulce Candy también aquí…-dijo la enfermera.- Albert es muy sensible para haber hecho sembrar aquí…
Entrecerró los ojos cuando sintió dos brazos que cercaban suavemente su cintura. Reconoció su calor y también la voz que escuchaba cerca de sus oídos…
- Pequeña pecosa…
Candy se volvió frente a él y se arrojó en sus brazos sin más. Terry la abrazó con fuerza.
- Candy, mi amor…perdóname por todo lo que ha pasado.
- No digas eso, Terry…no ha sido tu culpa.
- Fue Karen, Candy. Ella me narcotizó para que no llegara a la obra…
- Lo sé…no tienes que explicármelo. Sabía que había algo malo detrás de todo eso. Por favor, Terry…sólo quiero saber si estás bien.
- Lo estoy gracias a Albert. Llegué anoche y lo que hizo fue recibirme y darme una habitación. Yo también pasé la noche en esta casa, Candy.
- Con razón soñé contigo…
Un beso suave en los labios de Candy interrumpió temporalmente aquella conversación. Pero el beso más que dulce, fue también cargado de dolor.
- Conocí a la doctora Kelly. Ella me dio un tónico para que tuviera más energía. Seguramente está preocupada por ti.
- Ojalá la pueda ver cuanto antes.
Hubo una pausa. Terry la estrechó por la cintura, olisqueando su pelo dorado.
- Candy…ya supe que mi padre estuvo ayer aquí…y sé qué te dijo también…
Candy se volvió frente a él.
- Terry…¿es cierto que te comprometiste en matrimonio?
- No, Candy. Mi padre está arreglando un matrimonio en Londres con el que no estoy de acuerdo y él lo sabe. Yo se lo dije. Le hice saber que no lo aceptaría…pero eso es lo que menos me preocupa. Con no ir ya está…
- Pero…según tu padre, tú has arrastrado su apellido por los suelos.
- ¡Para lo que me ha servido su apellido! Aquí en América su apellido no tiene el mismo peso que tiene en Londres. Sin embargo, no puede disponer de mi vida.
- Él cree que sí…dice que ya no tienes nada que hacer aquí…que tu carrera está terminada. Que tu última alternativa es irte con él a Londres…
- No, Candy. Aún cuento con el apoyo de mi madre. Y aún sin él, yo jamás te abandonaré y permitiré que nos separen.
Se abrazaron con fuerza. Sin embargo, Candy le dijo.
- Terry…¿qué va a pasar con tu carrera de actor?
- No lo sé…quizás ya nadie me contrate…no sé qué decida el señor Stratsford.
- Podrías pedirle ayuda a Eleonor Baker.
Pero Terry negó.
- No…para eso no pienso pedirle ayuda a mi madre. De ser posible, prefiero mendigar y empezar de nuevo como cuando llegué, que dejar que mi madre resuelva ese asunto.
Candy asintió. Sabía que Terry siempre había sido muy orgulloso en eso.
- Podríamos pedirle a Albert…
- No, tampoco…no pienso permitir que Albert haga más de lo que ya ha hecho…
Terry la miró dulcemente y luego le pidió.
- Candy…estoy pensando en…considerar que…nos separemos temporalmente.
Candy quedó seria. La idea le parecía triste pero no descabellada.
- ¿Puedo saber qué tienes pensado?
- Antes que todo…voy a devolverle a mi padre el escándalo que ha fraguado aquí pero en su dichoso compromiso. Voy a demostrarle delante de sus amistades que no transijo con ese matrimonio arreglado…que no soy un muñeco de mi padre para que haga de mi vida lo que se le antoje. Y también, para exigirle que te deje en paz.
- Pero, Terry…
- Aguarda, aún no termino. Una vez que consiga eso, volveré, buscaré trabajo…y nos casaremos, si tú aceptas…
Candy asintió con lágrimas.
- En lo que sucede todo eso…pueden pasar meses…
- No importa, si eres capaz de esperarme. Mientras tanto, te escribiré todos los días. Te haré saber cómo va todo y te haré saber cuando haya vuelto…para reunirnos y casarnos como debe ser. Volveré para pedir formalmente tu mano a Albert y sé que no me la negará…
La enfermera lo abrazó.
- Terry…es demasiado duro lo que ha sucedido. Yo quisiera saber que vas a estar bien…tengo miedo. No quiero que tu padre te haga daño.
- No lo hará, no si ahora accedo a seguirlo. Si me rehúso, será peor. Insistirá hasta hacerte la vida imposible y evitar que sigas ejerciendo como enfermera en cualquier hospital. Y a mí me arruinaría, y no sólo a mí: también arruinaría la carrera de mi madre…
Candy se dio cuenta que había mucho más en juego que sólo la tranquilidad de ellos dos.
- Ven, Terry…vamos con Albert. Él seguramente querrá saber qué hemos decidido y puede darnos un consejo.
- Tienes razón- dijo Terry.- Albert siempre tiene la palabra precisa para darnos aliento…es más que un hermano…
