Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.

RECOMENDACIÓN MUSICAL: Aeon de L'Orchestra Cinematique (al menos durante la primera mitad del capítulo).


-Capítulo 28-

Agosto de 1970

Como Alice y yo no éramos religiosos en exceso pero sabíamos que nuestras madres se morirían si no nos casábamos en una iglesia, decidimos llevar a cabo nuestro enlace en una pequeña capilla situada en Brooklyn, bastante cerca del mar que tanto amaba Alice. Yo ya me encontraba en el altar, al lado de Emmett, mi padrino, quien no dejaba de sonreírme con burla a causa de mis nervios. Mi prometida ya llevaba veinte minutos de retraso y yo sentía que empezaba a temblar, una mezcla de nervios y emoción que no desaparecería hasta que ella llegara. Kate, la madrina de Alice, se encontraba al otro lado, y cada vez que la miraba me sonreía en un intento de darme ánimos. Todos nuestros seres queridos estaban allí, acompañándonos en ese momento tan especial, a pesar de que iba a ser una ceremonia de lo más sencilla e íntima. En ningún momento habíamos hablado de nuestro enlace con la prensa porque no queríamos que se amontonaran en la puerta de la capilla así que terminaría diciéndose que nos habíamos casado en secreto. Y más o menos así era.

Repasé con la mirada la capilla y le dediqué una sonrisa nerviosa a mis padres y a Rosalie, que estaban sentados en la primera fila. A su lado estaban Edward y Bella con las manos entrelazadas, seguramente soñando con el día que decidieran dar ellos ese gran paso. Detrás se encontraba Marcus con su esposa Didyme y algunos otros músicos conocidos con los que habíamos trabado amistad y que se habían mostrado encantados de venir al enlace. El doctor Cullen también había aceptado mi invitación y se encontraba en el tercer banco sentado junto a su esposa, Esme, a quien no había conocido hasta ese día. En el lado de Alice estaba su madre y su hermana, que se encontraban charlando animadamente aunque también nerviosas. Imaginaba que su padre estaba llevando en esos momentos a la novia a la capilla, y empezaron a temblarme las piernas sin que pudiera evitarlo. Garret se encontraba al lado de Cynthia guiñándole un ojo a Kate, que no dejaba de sonreírle desde el altar, y detrás de ellos había algunos de los compañeros de trabajo de Alice, así como Eleazar acompañado de su esposa Carmen.

No éramos muchas personas, pero todas las que me interesaban se encontraban allí deseando compartir con nosotros aquel momento tan mágico y tan especial, por lo que siempre les estaría agradecido.

Entonces se hizo el silencio en la capilla y a mí se me encogió el corazón cuando vi que entraban por la puerta el padre de Alice llevando a su hija del brazo. Como se encontraban a contraluz no la vi hasta que empezó a sonar la marcha nupcial y ambos comenzaron a caminar despacio hacia delante. Escuché que alguien sorbía por la nariz a mi lado y por el rabillo del ojo vi a Kate secarse una lágrima fugaz con la punta del dedo, pero cuando finalmente vi a Alice avanzando por el pasillo de la capilla solo fui capaz de prestarle atención a ella.

Llevaba un vestido blanco muy sencillo, largo, con un poco de cola, pero nada exagerado, y que tenía el escote en forma de pico. Las mangas eran largas y hacia la mitad de las mismas se estrechaban gracias a una pequeña porción de encaje transparente para después ampliarse hasta las muñecas. Aparte de eso, la zona del pecho estaba adornada con el mismo encaje que el de las mangas pero sin las transparencias, dándole un detalle precioso al vestido. Alice había escogido una tela muy vaporosa y suave que no se le pegaba al cuerpo, pues ya se le empezaba a notar el embarazo y no había querido llevar un vestido demasiado ceñido. Sin embargo, lo había escogido de maravilla, porque estaba preciosa con su cabello corto y oscuro que resaltaba por encima del blanco del vestido y con esa delicada corona de pequeñas flores blancas rodeándole la cabeza. No obstante, cuando llegó hasta mí y se volteó para entregarle el ramo de flores a Kate, me di cuenta de que el vestido dejaba una franja de su espalda al descubierto hasta la cintura para después terminar hasta abajo en una ristra de diminutos botones blancos.

Sentí que se me atoraba el aire en la garganta cuando finalmente estuvo frente a mí y me tendió sus manos para que las tomara y para que pudiera empezar así la ceremonia. La vi sonreír con ternura cuando se percató de que mis manos temblaban sin que pudiera controlarlas y se mordió el labio inferior justo antes de acercarse a mí para regalarme un beso muy suave en la comisura del labio.

—Te amo —me susurró antes de separarse, y fui capaz de escuchar las risitas y los suspiros de los invitados en la capilla.

—Y yo a ti —le respondí en voz muy baja, justo cuando el sacerdote empezó a hablar.

Lo cierto es que no escuché apenas nada de lo que dijo, solo era capaz de mirar a Alice y de admirar lo hermosa que estaba con esa sonrisa serena y sus ojos brillantes. La habían maquillado de manera muy natural, destacando sus ojos con un delineado muy fino y elegante que, a pesar de todo, dejaba paso al brillante de sus labios rosados. Mientras escuchábamos las palabras del sacerdote Alice me sonrió y apretó mis manos entre las suyas, dándome a entender lo feliz y emocionada que estaba. Le devolví la sonrisa y le guiñé un ojo haciéndola sonreír más ampliamente, hasta que el capellán nos dio paso para que dijéramos nuestros votos. Tomé aire, nervioso aunque feliz, y sin poder dejar de sonreír comencé a hablar:

—Desde este momento, yo, Jasper William Whitlock, me entrego a ti no solo como tu esposo, sino como tu amigo, tu amante y tu confidente. Prometo serte fiel y compartir y apoyar tus sueños y esperanzas. Cuando caigas te levantaré, cuando llores te confortaré, cuando rías compartiré contigo todo tu gozo. Todo lo que soy y todo lo que tengo es tuyo desde este momento hasta la eternidad.

A Alice se le llenaron los ojos de lágrimas a medida que iba hablando, y cuando fue su turno para recitar sus votos lo hizo con la voz temblorosa y entrecortada:

—Yo, Mary Alice Brandon, me entrego a ti, sabiendo que la magia de nuestro amor es caminar juntos en la prosperidad y en la adversidad. Yo quiero ser tu compañera y que tú seas mi compañero todos los días de mi vida. Te elijo como la persona con la que compartir mi futuro.

Nos pusimos los anillos cuando Emmett nos los entregó y después respiramos hondo, sabiendo que ya casi estábamos. Que ya éramos marido y mujer.

—Que lo que el amor ha unido no lo separe el hombre —decretó el sacerdote para después mirarme—. Puedes besar a la novia, muchacho.

Sonriendo ampliamente me acerqué a Alice, quien se puso de puntillas sin pensárselo y me rodeó el cuello con los brazos para salir al encuentro de mis labios. En cuanto tocaron los suyos la capilla entera estalló en vítores y aplausos acompañados de lágrimas de felicidad y emoción. Yo solo era capaz de notar el cuerpo de Alice contra el mío, sus labios besándome y sus manos acariciándome el cabello. Era mi esposa y yo era su marido al fin.

Nuestros familiares y amigos se acercaron para felicitarnos, para abrazarnos y besarnos llenos de una inmensa alegría. Abracé a mis compañeros de grupo, a mis hermanos, agradeciéndoles en silencio que me hubieran acompañado todo el camino, y después vi a Alice rodeando a Kate del mismo modo, ambas hechas un mar de lágrimas. Tanto mi madre como la suya estaban igual, ambas con el pañuelo en la mano y con los ojos húmedos, pero dejé que me abrazaran y besaran todo lo que quisieron.

Cuando Alice y yo salimos de la capilla cogidos de la mano nos lanzaron pétalos de flores y todo el mundo se tomó su tiempo para tomarnos fotos. En un momento dado vi que Rosalie había tomado prestada la cámara que le regalé a Alice el año anterior y nos pidió que nos abrazáramos. Mi esposa se colocó frente a mí y, volviendo a ponerse de puntillas, dejó que su nariz tocara la mía mientras me dedicaba una amplia y preciosa sonrisa que no pude más que imitar. Mi hermana tomó la fotografía en ese instante, y yo aproveché para robarle un beso a Alice.

El banquete se llevó a cabo en una carpa que se había dispuesto para nosotros cerca del mar. Tras comer, Alice y yo abrimos el baile sin dejar de dedicarnos tiernas miradas y suaves caricias típicas de unos recién casados, dándole paso a las demás parejas para que hicieran lo mismo. En uno de los momentos en que el padre de Alice decidió sacarla a bailar, yo me senté al lado de Edward y Bella, que parecían muy divertidos con algo que sucedía en la pista.

— ¿Qué pasa? —pregunté con el ceño fruncido.

—Dicen que de una boda sale otra boda. Creo que en breves vas a tener a Emmett como cuñado —me explicó Edward consiguiendo que frunciera el ceño.

— ¿De qué hablas?

Me señaló algo con el dedo, y cuando vi lo que me indicaba por poco se me salieron los ojos de las cuencas. Mi hermana estaba bailando con Emmett y a pesar de que no dejaba de mirarlo mal, tenía sus manos alrededor de su cuello y su cuerpo casi pegado al de él.

— ¿Qué diantres…?

—Se han pasado todo el banquete lanzándose pullas, pero poco a poco tu hermana ha empezado a reírse con las tonterías de Emmett —me explicó Bella—. Hasta que él la ha convencido para bailar y… fíjate. Parece que la cosa mejora por momentos.

No estaba entendiendo nada de nada, pero me dije que Rosalie tenía derecho a divertirse con cualquiera, aunque fuera con su archienemigo.

Un rato después me excusé con Alice, pues tenía una sorpresa para ella junto a mis compañeros. Me quité la chaqueta del esmoquin y la sustituí por mi guitarra para interpretar Miss, la canción con la que, de alguna manera, empezó todo. Alice se echó a llorar cuando terminamos de cantarla y se levantó para correr a abrazarme, consiguiendo que todos volvieran a aplaudirnos. Al cabo de un rato el encargado de la música nos informó de que podíamos pedir canciones para dedicárselas a quien quisiéramos, y todos nos sorprendimos a más no poder cuando el primero en pedir una fue Emmett. En unos segundos empezaron a sonar los acordes de la canción Without you de Badfinger, y al poco nuestro amigo tomó el micrófono para decir:

—Creo que no habrá mejor momento que este, así que me gustaría dedicarle esta canción a mi querida Rosalie —un montón de ojos se dirigieron a mi hermana, quien se había quedado inmóvil en su asiento y a la que empezaron a coloreársele las mejillas, mientras que Alice soltaba una risita y se apoyaba en mí. Yo continuaba sin dar crédito a lo que estaba viendo—. Porque esto es lo que siento.

—No puedo creerlo —susurré entre anonadado y emocionado. Quería muchísimo a Emmett, y a pesar de que se me hacía raro, sabía que si finalmente conseguía a mi hermana la trataría como ella se merecía. Siempre y cuando dejara su etapa mujeriega en el olvido, claro, aunque ya me encargaría de dejárselo claro en cualquier momento.

—Señor Whitlock —prosiguió mi amigo pidiendo la atención de mi padre—. Si su hija me acepta, ¿me permitirá salir con ella? —Me eché a reír sin poder evitarlo al ver el rostro lívido de mi padre, quien asintió poco conforme—. Sé que Rosalie me matará si le pido salir aquí, delante de todo el mundo, (si no me mata por lo que estoy haciendo ya), así que dejaré que mi dama me dé una respuesta cuando a ella le parezca bien. Se acabó mi discurso, señores; gracias por su atención.

Emmett dejó el micrófono y todos los invitados lo abucheamos en broma por dejar lo más interesante en privado, pero en ese instante miré a mi hermana, quien me devolvió la mirada y se limitó a sonreírme encogiéndose de hombros. Estaban todos locos.

Cuando empezó a ponerse el sol le dije a Alice que era el momento de marcharnos, pues había comprado dos pasajes para salir esa misma noche de luna de miel. Ella no sabía dónde íbamos pero estaba seguro de que le encantaría. Sin embargo, antes de nada mi esposa les pidió a todas las mujeres no casadas que se reunieran tras ella porque iba a proceder a lanzar el ramo. Cynthia, Bella, Rosalie, Kate y las demás comenzaron a dar saltitos de emoción justo cuando Alice sonrió y se dio la vuelta para después tirar el ramo hacia atrás, que cayó con mucha facilidad en los brazos de mi hermana. Emmett se puso en pie aplaudiendo como un poseso consiguiendo que todos los invitados lo imitásemos después entre risas. Rosalie se puso más roja que un tomate pero sonrió con el ramo en la mano sin poder ocultar su alegría.

Al lado de la carpa había un pequeño edificio en el que nos iban a dejar cambiarnos de ropa para poder viajar más cómodos y como mi esposa se estaba cambiando en la habitación contigua a la mía y yo estuve listo antes que ella, me colé en su habitación. Se estaba terminando de abrochar un vestido verde lima y cuando escuchó el ruido de la puerta volteó la cabeza y me sonrió. Me acerqué a ella y la abracé por detrás dándole un beso en el cuello.

—Tenía tantas ganas de quedarme a solas contigo —murmuré contra su piel.

—Bueno, ahora vas a estar una semana a solas conmigo —se rio ella acariciando mis manos, que se habían colocado en su abdomen.

—Y eso me hace muy feliz, pero necesitaba tenerte para mí un segundo.

Alice se dio la vuelta hasta que estuvo frente a mí y me abrazó antes de darme un beso en los labios.

—Ya eres mi esposo.

—Y tú mi esposa.

Ambos sonreímos y después coloqué mis manos en las mejillas de Alice para darle otro sentido beso. Un golpe en la puerta nos sobresaltó y un segundo más tarde entró mi hermana acompañada de Cynthia en la estancia.

—Menos mal que hemos venido, sino habríais sido capaces de adelantar aquí vuestra luna de miel —me riñó Rosalie fulminándome con la mirada, haciéndome rodar los ojos.

—Solo quería estar un momento a solas con mi esposa —repetí sin dejar de abrazar a Alice, quien se reía con diversión igual que su hermana.

—Como si no fueras a tenerla para ti a partir de ahora.

—Bueno, ¿cuándo va a ser tu boda con Emmett? —la pinché yo, consiguiendo que se callara y se sonrojara a la vez.

—Chicos, ya tenéis el coche preparado —anunció Cynthia antes de que estallara una guerra entre Rose y yo.

—Perfecto, gracias.

Tras despedirnos de todos (mi madre se echó a llorar de nuevo, cómo no) Alice y yo nos subimos en el coche y nos marchamos al aeropuerto, donde nos esperaba un vuelo en dirección a Grecia para después dirigirnos, en concreto, a la preciosa isla de Santorini.


Bueno, bueno, buenoooo, ya los tenemos casados :D He de reconocer que me emocioné muchísimo escribiendo este capítulo y que parecía que estaba dentro de la boda, incluso solté alguna que otra lagrimilla, jejejeje. La canción que os he recomendado escuchar es de la banda sonora de la nueva versión que hicieron de la Cenicienta, pero es que es tan mágica que me pareció perfecta para la escena :3

Para el vestido de Alice me inspiré en unos de inspiración setentera que encontré en una página concreta, pero si queréis verlo entrad en la página oficial de: Elise Hameau - Collections - Archives - Mariée 2014 - Alice, Emmanuelle & Manon. Espero que os guste y que os haya gustado muchísimo el capítulo :D

¡Nos leemos el sábado! Xo