Capítulo 29
«Por el amor de Dios, Regina…deja de humillarte de esa manera» decía Zelena, tras tomar conocimiento del encuentro y la conversación entre ella y Emma
«¡Me humillaría mil veces si fuera preciso! Con tal de que no me despreciara…» murmuró Regina, enjugándose las lágrimas que seguían bañándole el rostro.
«No te ama, Regina. Si no eres feliz con David, pídele el divorcio, pero olvida a esa…»
«¡No! ¡Nunca! Solo la muerte me hará rendirme en recuperar su amor… Emma es mía y yo soy de ella. Y esta vez, no voy a perderla…»
Mientras Zelena intentaba convencerla para que hiciera otra cosa que no fuera insistir en una posible reconciliación con Emma, Ruby criticaba a su amiga por dejarse conmover por el llanto de Regina.
«¡Ella sabe que eres de corazón blando y por eso te montó todo aquel drama!» decía
«Me costó mucho decirle todo aquello porque yo la amo como nunca imaginé que fuera posible» dijo Emma
«Hiciste bien…quizás así deje de buscarte»
«No me gusta verla sufrir…eso me duele»
«Vas a olvidarla…y yo te ayudaré con eso»
«Ruby, por favor…tú me gustas mucho, pero no quiero cometer los mismos errores de antes. No quiero usarte para olvidar a Regina»
«No me estarías usando porque soy consciente de que aún la amas»
«¡Eso no está bien! Después tú saldrías herida y…»
«Estoy dispuesta a intentarlo…¿por qué no lo intentas también? Y si después de todo, aún insistes en que la amas, lo aceptaré» dijo ella, y en respuesta Emma solo bajó la mirada.
Al final de la tarde, al lado de Ingrid y Anna, Emma se dirigió a la aldea de pescadores donde alrededor de un año vivió bajo los cuidados de Leopold y Ariel.
«¡Allison! ¡Has venido!» exclamó Ariel
«¿Allison?» preguntó Ingrid
«Fue el nombre que me dieron, mamá» explicó Emma
«Bonito nombre, pero prefiero Emma» dijo Ingrid, arrancando sonrisas a todos los presentes.
«Siéntense como en su casa…es humilde, pero está limpia» dijo Leopold
Tras las felicitaciones, Leopold sirvió el pequeño pastel preparado por su nieta. Al final, Ingrid pudo conocer el lugar donde su hija había pasado más de un año alejada de la familia, desprovista de sus recuerdos. Algunas horas después, el equipo responsable de transportar la barca llegó, trayendo consigo el regalo del cumpleañero.
«¿Es para mí? ¿Esa barca de pesca es para mí?» preguntó él, sus ojos desorbitados denotaban la sorpresa y la incredulidad sentida en aquel momento.
«Sí, es su regalo» dijo Emma
«No puedo aceptar…es demasiado para mí, yo…»
«Eso no es nada comparado con lo que usted y su nieta hicieron por mi hija. Además, le será de gran utilidad en su trabajo, ¿no? Así que, acepte el regalo y mi eterna gratitud» dijo Ingrid, y extremadamente emocionado, él se lo agradeció
Ya estaba oscureciendo cuando la familia se despidió y volvió a casa. En el camino, Ingrid se preguntaba cómo era posible que la policía y un detective particular contratado por ella no hubiesen encontrado a su hija, ya que la aldea de pescadores estaba localizada en las proximidades del puerto. Con ese pensamiento, llegó a la mansión y se dirigió derecha a su despacho, al lado de la biblioteca, y al comprobar sus emails, revisó los informes sobre la búsqueda que habían sido enviados por David.
«Tanto dinero se gastó y ni siquiera una pista…» murmuró, mientras anotaba el teléfono de la empresa que, según su hijo, fue la responsable de las pesquisas. Al ir a marcar el número, Granny la interrumpió
«Señora, tiene visita» dijo el ama de llaves.
«¿Quién es Granny?»
«Dice que es el propietario de la casa que la señorita Emma quiere comprar»
«¡Ah, sí! Me había olvidado de la hora que le dije que viniera…dígale que ya salgo» dijo, levantándose en seguida
Mientras Ingrid cerraba los detalles de la compraventa con el propietario de la casa, Emma le contaba a Ruby como había sido la visita de su madre a la aldea de pescadores, así como la emoción del anciano Leopold cuando recibió el regalo.
«¡No es para menos! Una barca de 200 mil dólares…tu madre es una mujer muy generosa» dijo ella
«Generosa y agradecida…admiro muchas esas cualidades en ella»
«Una pregunta que no quieres contestar…»
«Bah, ya vuelves con esas…»
«En serio, dime…esa tal Ariel…¿Tuviste algo con ella?»
«¿Qué te hace pensar que todas las mujeres son lesbianas y que todas se interesan por mí?»
«¡No creo que todas las mujeres sean lesbianas, sobre todo porque ciertas personas decían gustarle una cosa, y acabaron con otra bien diferente!» exclamó, y en respuesta, Emma movió la cabeza negativamente «Eso no viene al caso ahora…pero lo que ocurre es que eres así, tan irresistible que ni la más "super hetero" se resistiría a ti»
«¿"Super hetero"? Nunca he oído eso» dijo Emma, sin contener una carcajada
«No huyas el asunto y responde a mi pregunta»
«No sucedió nada entre nosotras…ella quería, pero yo no…no sé, la miraba y veía a una muchacha que podría ser mi hermana, solo eso»
«¡No me lo creo! ¡Mereces unas bofetadas, Emma! ¡Hasta amnésica le fuiste fiel a aquella hija de puta!»
«Para con eso, Ruby»
«Ok, disculpa» dijo, pasando sus brazos por su cuello «Es que estoy super jodida de rabia con eso…¡yo aquí, toda guapa, mucho más joven y mucho más buena que ella, y tú ni caso, suspirando y sufriendo por aquella…mujer!»
«Deja de ser boba…»
«No dejo…» murmuró Ruby, distribuyendo besos por los labios de Emma «Quiero un beso de verdad…» dijo, y al ir a forzar el paso de su lengua, la puerta de la biblioteca se abrió y Regina interrumpió aquel contacto.
«Disculpen…no sabía que había alguien aquí» dijo Regina, entrando sin ceremonias en la estancia
«Generalmente las personas educadas llaman a la puerta antes de entrar» dijo Ruby
«¡Eso no se aplica a todas las estancias de una casa, querida!» rebatió ella
«¡Mejor nos vamos al cuarto, Emma!»
«¡Muy bien…pero para ti, sería más adecuado un motel de quinta!»
«Escúchame, pedazo de…»
«¡Para, Ruby!» exclamó Emma, pronunciándose finalmente
«¡Ah, he encontrado mi libro! ¡Permiso!» dijo Regina, marchándose enseguida
En cuanto cerró la puerta de su cuarto, Regina lanzó el libro contra la pared, furiosa y celosa por la escena que acababa de presenciar. El desespero parecía avanzar cada vez más, dejándola al límite de la locura, con miedo de sobrepasar ese límite.
«No voy a perderte otra vez, Emma…no puedo perderte otra vez…» decía, caminando de un lado a otro, imaginando que en breve Emma dejaría la casa y de esa forma le sería más difícil estar cerca e interrumpir sus momentos idiotas con Ruby «¡Estoy segura de que esa ofrecida no se irá de ahí tan pronto! ¡Pero no lo voy a permitir…no lo voy a permitir!» añadió, y al mirar la hora en su reloj de muñeca, se dio cuenta de que esa noche David llegaría más tarde y por esa razón, le hablaría del divorcio al día siguiente.
A la mañana siguiente, al despertarse, Regina se dio cuenta de que David no había vuelto a casa, cosa que fue un alivio para ella, ya que dormir y despertarse al lado de aquel hombre se estaba volviendo insoportable.
Antes de dirigirse a la Mills Export, Regina recorrió la casa entera con la mirada, y como si adivinase sus pensamientos, Granny le informó que Emma había salido a correr como todas las mañanas, y eso solo aumentó sus ganas de estar con ella. Parecía que todos en aquella casa deseaban su reconciliación con Emma, excepto David, claro. Y con ese pensamiento, Regina desvió su camino y se dirigió a las oficinas donde seguramente estaba él.
«¡Mi amor, qué sorpresa! ¡Nunca vienes a visitarme!» dijo David, apartándose para que ella pasara.
«No he venido a visitarte, David» dijo Regina
«¿No? ¿Y qué has venido entonces a hacer aquí?»
«He venido a pedirte el divorcio»
«¿Qué has dicho?» preguntó frunciendo el ceño
«¡Exactamente lo que has escuchado! ¡Quiero el divorcio!» dijo ella, y en respuesta, recibió una sonora carcajada.
«Quieres el divorcio…muy bien. Pero ahora siento curiosidad…¿cuáles son las razones para pedírmelo?»
«¡Creo que sabes perfectamente la razón, pero si tanto quieres escucharla, a mí no me importa decirla! ¡Porque solo existe una razón, David…y esa razón se llama Emma!»
«No pensé que fueras tan ingenua, querida…¿crees de verdad que te voy a conceder el divorcio por lo que me estás diciendo?»
«Si no es por las buenas, será por las malas»
«Te aconsejo que te olvides de mi hermanita…te ahorrarás muchos dolores de cabeza, tú y ella, claro»
«¿Qué quieres decir con eso?»
«¡Quiero decir que nunca te concederé el divorcio!» gritó, extremadamente exaltado «¡Y piensa bien antes de hacer nada, porque no pretendo que me tachen de cornudo por ahí!» añadió, y esta vez, fue Regina la que respondió con una carcajada.
«David, querido…¡ya eres un cornudo desde el día en que cometí la estupidez de casarme contigo! ¿Y sabes por qué? ¡Porque Emma nunca salió de mi cabeza, tampoco de mi corazón…y en las pocas veces que hemos mantenido relaciones, era a ella a quien imagina sobre mí!» exclamó Regina
«¡Puta!» dijo él, dándole una violenta bofetada.
El ardor en su piel y el gusto de la sangre proveniente del corte en su boca, provocado por la bofetada, no fueron suficientes para hacerla retroceder. Todo lo contrario, Regina esbozó una sonrisa irónica acompañada de una mirada desafiante, y aunque sintiera deseos de devolverle el bofetón, no lo hizo.
«Puedes golpearme, puedes insultarme, puedes patalear, puedes hacer lo que quieras…pero lo es que de Emma nunca será tuyo» tras decir eso, Regina se marchó.
Tras su conversación nada amigable con David, Regina siguió derecho para su casa y solo entonces se permitió llorar. Delante del espejo, observó el hematoma en el labio inferior, y al ir a esconderlo con maquillaje, Cora entró en su cuarto sin anunciarse y al contrario de lo que Regina imaginó, no le dio ningún sermón, solo le dio un abrazo.
«¿Dónde está Regina, David? Ya vamos a cenar y aún no ha llegado» dijo Ingrid
«Ah, olvidé avisar…se quedará esta noche con su madre» dijo, y discretamente, Emma lo miró
«¿Ha pasado algo con Cora?»
«Nada grave, mamá…una gripe si no me equivoco»
La cena transcurría de forma tranquila cuando el timbre sonó, y minutos después, Granny, acompañada de Cora Mills, apareció en el comedor.
«¿Señora Mills? ¿Ha pasado algo con mi esposa?» preguntó David, levantándose inmediatamente
«¡Mal nacido!» exclamó Cora a la vez que le asestaba un bofetón. Todos los ocupantes de la mesa, al momento, se levantaron con miradas asustadas ante aquella escena «Cínico maldito…¡Esa fue y será la última vez que le levantas la mano a mi hija! Porque juro que si vuelve a suceder, serás hombre muerto…¡aunque sea lo último que haga! ¡O mejor, aunque sea lo último que ordene que hagan porque nunca me ensuciaría las manos con un tipo como tú!» tras decir eso, Cora se marchó a paso apresurado.
Aún desconcertada con lo que acababa de presenciar, Ingrid se acercó a su hijo, perpleja con el cinismo del que él daba muestra.
«¿Golpeaste a Regina?» preguntó Ingrid, en un tono que denotaba un claro enfado
«¡Se lo mereció!» gritó, e inmediatamente, Emma quiso abalanzarse sobre él, pero fue contenida por Anna que le agarró el brazo.
«¿Cómo has sido capaz de levantarle la mano a una mujer?»
«¡Ahórrame esa cantinela, mamá!» dijo David, y de nuevo, vio su rostro marcado por una bofetada. Esta vez, por parte de Ingrid.
«Tu padre nunca me levantó la mano…¿por qué eres así? ¿Por qué te comportas como un canalla?»
«¡Lo hice y no me arrepiento! ¡Si Regina se cree que me va a hacer pasar por un cornudo manso, está muy equivocada!» exclamó, mirando a Emma, y enseguida, se retiró.
El silencio reinó en el comedor por algunos instantes. Anna continuaba agarrada al brazo de su hermana como si temiese alguna actitud impulsiva por su parte. Emma, por su lado, no logró esconder la rabia que sentía ante aquella revelación. Solo de imaginar que su hermano había sido capaz de agredir a su amada, su sangre hervía en sus venas.
«Anna, déjame a solas con tu hermana» pidió, y sin rechistar Anna se retiró «¿Está pasando algo entre tú y Regina?» preguntó Ingrid, sacándola de sus devaneos
«Claro que no, mamá» respondió ella
«Emma, sé perfectamente que aún amas a Regina, y que ella también te ama. Pero por favor, resuelvan las cosas antes de…»
«Mamá, no ha pasado nada entre Regina y yo. ¡Pero necesito saber por qué él se atrevió a levantarle la mano!»
«¿Emma, a dónde vas?»
«A casa de los Mills…necesito ver a Regina» dijo, marchándose inmediatamente.
