Nota previa: He dudado bastante en incluir este breve o no aquí, porque, como vais a ver, es bastante distinto al tono que han tenido hasta hora la mayoría de drabbles (quizás está más en la línea de "Su vida y su muerte"), pero al final me he decidido a subirlo aquí porque por sí sólo tampoco le veía suficiente cuerpo como para constituir un one-shot.
Una recomendación que os hago es que si queréis, lo leáis con la canción "Blue Eyes" de Within Temptation de fondo (no exactamente por la letra, más bien por la melodía), que en esencia ha inspirado este breve (podréis encontrarla en Youtube poniendo el nombre de la canción y el grupo en el buscador).
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Promesa
"—Ne, hagamos una promesa, Fate-chan.
—¿Una promesa?
—Sí, que pase lo que pase, siempre volveremos la una junto a la otra.
—De acuerdo.
—Es una promesa".
Es la promesa más importante que ha hecho, la única que siempre quiere cumplir y por eso se esfuerza en permanecer consciente, en no cerrar los ojos y dejar que el sueño la invada, porque si lo hace tal vez no vuelva a despertar. El viento aúlla con voz de lobo hambriento, las gotas de lluvia asemejan agujas que hieren su piel sin misericordia, ni siquiera tiene fuerzas para levantar un simple campo mágico que la proteja del aguacero. Aprieta los dientes, intenta moverse para guarecerse mejor bajo un saliente de roca, pero no puede, los huesos rotos se quejan dolorosamente dejándola sin aliento, la vista se le nubla y la nausea sube a su boca, tose con esfuerzo, no puede verlos, pero sabe que hilos de sangre manchan las comisuras de sus labios, siente su regusto a óxido en la boca. Su cuerpo no puede más, pero no está dispuesta a rendirse, dio su palabra, hizo aquella promesa con ella y no piensa romperla, no ahora, ni nunca, volverá a su lado como siempre, como lleva haciéndolo desde hace doce años.
Los relámpagos rasgan el cielo que se abre sobre sus ojos, blancas ramas que deslumbran su vista agotada, los conoce, cuántas veces ha jugado con ellos, manejándolos a su antojo y sin embargo ha sido uno de ellos el que la ha mandado allí abajo; su cuerpo aún recuerda la descarga, el calor abrasador atravesándola y la noche haciéndose en sus sentidos. Y después la caída, larga, interminable hacia las piedras y la nada. Es un milagro que recuperara la consciencia o un castigo, porque con la consciencia vino el dolor, tan agudo, tan terrible que ni siquiera sabe cuántos huesos tiene rotos, cuántos órganos internos aún le funcionan… Lo que si sabe es que su vida pende de un hilo muy fino, el de su determinación por no rendirse, por seguir luchando contra la guadaña que se cierne sobre ella. Tiene que aguantar un poco más, sólo un poco más hasta que vengan a buscarla y la saquen de allí. Sólo un poco más…
—Mou, no te duermas, Fate-chan.
—Tengo mucho sueño…
—Pero si te duermes, te lo vas a perder.
—Sólo son fuegos artificiales, todos los años es igual.
—No es verdad, este año es distinto.
—¿Por qué?
—Mou… Baka…
—No te enfades, dime, ¿por qué es distinto?
—… Porque es la primera vez que los vemos juntas como pareja…
—Gome ne, tienes razón, esta vez es distinto… ¿Te he dicho alguna vez lo mucho que me gusta tu sonrisa?
—Hm. Sé que estás cansada, que llegaste ayer de esa misión, pero trata de no dormirte… No te duermas, Fate-chan…
Sus ojos se abren de golpe, jadea tomando aire y agua de lluvia, maldice, ha estado a punto de dormirse, no debe dejarse vencer por el agotamiento, tiene que permanecer consciente, aunque le duela, aunque le cueste respirar cada vez más, sus ojos no pueden cerrarse, aún no. Tiene que mantener su palabra y hay tantas cosas que todavía quiere decirle y también está esa pequeña de ojos bicolor que tan pronto se hizo un hueco en su corazón. Es su batalla más difícil, pero no está dispuesta a rendirse, luchará como nunca antes ha luchado por volver con ellas.
Mueve los dedos de su mano derecha con cuidado, punzadas de dolor recorren su brazo hasta el hombro, pero sigue hasta que topan con algo sólido y cilíndrico, apoya la mano sobre ello.
—Baradiche…
El nombre apenas es un susurro sin fuerzas en sus labios ensangrentados, pero el dispositivo no responde, vuelve a llamarlo y un débil "sir" llega a sus oídos, suspira tanto como sus pulmones y costillas lastimadas le permiten, al menos no lo ha perdido.
Su mente divaga bajo la cortina de agua que empieza a aterir su cuerpo de frío; no debió separarse de los demás, tendría que haber sido más precavida y haber anticipado aquella emboscada, pero había volado directa a la trampa y ahora ya no podía más que lamentarse y auto reprocharse su estupidez, mientras sus compañeros luchaban con los enemigos y venían a buscarla. Sabía que lo harían, nunca dejaban a nadie atrás.
Comienza a tiritar y el dolor se intensifica con cada sacudida de su cuerpo empapado, el agua la cala por completo, su barrier jacket chorrea y se enfría sobre su piel, está helada y el sueño se vuelve más intenso aún, la tienta, con sólo cerrar los ojos se sentirá mucho mejor, dejarse caer en el olvido de la inconsciencia donde no hay dolor, ni frío, ni culpas, ni reproches. Tiene tanto frío…
—Fate-chan, ¿qué te pasa? ¿Te encuentras mal?
—Mmm…, no sé, tengo mucho frío.
—Ya lo veo, no dejas de temblar, por eso me he despertado.
—Gomen, no quería molestarte.
—No digas tonterías. Déjame ver… ¡Estás ardiendo!
—Puede que cogiese un poco de frío el otro día…
—Esto es algo más que un poco. Espera, voy a traerte un par de pastillas para la fiebre y algo de agua.
—No te preocupes, puedo yo…
—Ya veo cómo puedes, si ni siquiera eres capaz de levantarte. ¿Te has mareado, verdad?
—Mmm…
—Quédate en la cama y deja que te cuide. Será mejor que no te arropes tanto, no es bueno para bajar la fiebre.
—Pero es que estoy helada.
—Aguanta un poco…
Puede verlos, los ojos azules sonriéndole en su rostro, tan cerca, si tan solo pudiera alargar una mano y acariciarlo… Está delirando y lo sabe, el miedo comienza a latir en sus venas; la cabeza se le va, respirar se torna más difícil por momentos, cada bocanada de aire es más débil que la anterior, el frío insensibiliza ya sus extremidades, sabe que está al límite de su resistencia… Un pensamiento atraviesa su mente, no quiere morir, las lágrimas arden en sus ojos y se derraman por sus mejillas heladas, quiere mantener su promesa, quiere volver con ellas, con la mujer que ama y con la hija que tanto quiere. No quiere rendirse, pero las fuerzas le fallan, su cuerpo se apaga, su corazón late cada vez más débil, los sentidos se pierden en un mar de nada y vacío, la noche viene a llevársela. Quiere gritar de pura rabia, no quiere irse, no aún, hay tanto por lo que vivir junto a ellas y a todos aquellos a quien quiere y aprecia, pero no tiene voz, su garganta apenas emite un sordo quejido que se lleva el viento. La luz se va, la oscuridad llega, los relámpagos en lo alto del cielo semejan la hoja de la guadaña que esta vez su mano no empuña… En su mente no hay más que dos rostros amados y unas palabras grabadas a fuego que la destrozan más que las heridas que siembran su cuerpo, "es una promesa" que ya no podrá cumplir… Susurra sus nombres, al menos se irá con su recuerdo. Una mano ignorando el dolor se alza con esfuerzo hacia el cielo, allí donde sus ojos ciegos ven dos ojos azules en un rostro que le sonríe, aquella sonrisa cálida que es sólo para ella, pero sabe que esta vez no habrá mano que tome la suya.
—Perdóname…
La voz no sale, pero oye la palabra reverberando en cada rincón de su alma.
—Fate-chan.
Su nombre en sus labios, sólo ella la llamaba de aquella manera, no por el diminutivo, sino por el cariño y el amor que sentía en su voz cada vez que la oía pronunciar su nombre. La mano cae sin fuerzas, sus ojos se cierran viendo llegar la sombra…
—¡Fate-chan!
Despierta de golpe, los ojos abiertos de par en par, deslumbrados por una luz blanca, no tenía que haberse dormido, dejarse vencer por el sueño equivalía a morirse en aquel saliente de roca bajo la intensa lluvia.
—Fate-chan…
No puede ser, su voz suena demasiado cercana, tal vez aún esté soñando, entonces su vista se aclara, sobre su cabeza no hay cielo abierto, sino un techo blanco, su cuerpo no yace sobre dura roca, sino sobre un lecho, a sus oídos llega el sonido mecánico de las máquinas y siente algo que invade su garganta.
—Fate-chan.
Una mano cuyo tacto reconoce toma la suya con suavidad, se gira temiendo estar aún en un sueño cruel, sus ojos se encuentran con aquellos azules que tanto ha anhelado volver a ver una vez más, hay lágrimas en ellos, pero también el eco de una sonrisa. Quiere sonreírle también, decirle que todo va bien, pero no puede y se angustia. La mano de ella aprieta la suya.
—Cálmate, Fate-chan, estás entubada, por eso no puedes hablar. En seguida viene un médico.
¿Entubada? ¿Tan mal ha estado?, quiere incorporarse y mirar su maltrecho cuerpo, pero de alguna manera sabe que ella no le va a dejar hacerlo. Aprieta su mano, la mira de nuevo y se pregunta ¿quién ha hecho el milagro?, ¿quién la ha llevado de vuelta con ella?
—Ya has despertado.
Es la voz de Shamal y, mientras que con ayuda de una enfermera le retiran el tubo que atraviesa su garganta, piensa que la guardiana ha debido hacerse cargo de ella personalmente. Cuando el tubo sale, siente un dolor agudo, pero le dicen que es normal, que se le irá pasando con las horas hasta no ser más que una molestia. Quiere hablar, quiere decirle tantas cosas, pero sobre todo quiere pedirle perdón.
—Na… o… ha.
No es más que un débil graznido, pero ella le sonríe y acaricia su frente retirándole algunos mechones de pelo.
—Nos has tenido muy preocupados a todos.
Es Shamal quien lo dice, Nanoha asiente, pero no le hace falta ver su gesto para saber que es así y que ella es la que más ha sufrido.
—¿Có… o?
—No te esfuerces en hablar. Ten, bebe un poco de agua… Eso es.
Sorbe a través de una pajita del vaso que sostiene Shamal y siente que el agua le arrasa la garganta, pero de alguna forma le alivia el escozor dejado por el tubo.
—Signum te encontró —le explica la guardiana—, te llevó de vuelta a la nave, donde te atendieron de inmediato, pero tus heridas eran muy graves, hubo un momento terrible en que pensaron que tal vez…
Se para, la ve mirar a Nanoha un segundo, sabe que es lo que va a decir a continuación y la razón por la que la mira a ella.
—… Pensaron que tal vez morirías, tenías varias costillas, las piernas y los brazos rotos por varios sitios y heridas internas que te habían provocado una grave hemorragia. Además de varias quemaduras. A muchos médicos no dejó de sorprenderles que llegaras aquí con vida. Has estado en coma una semana.
—Luchaste hasta el final, ¿verdad? No te rendiste.
Una sonrisa se forma en sus labios y quiere decirle que la razón de su fuerza, de que ahora estuviera allí era ella. Quizás Nanoha lo ve en sus ojos, porque se inclina y besa sus labios, algunas lágrimas rozan su rostro.
—Ahora lo que tienes que hacer es descansar, Fate, dar tiempo a que tus heridas terminen de sanar y recuperar las fuerzas.
—Vivio y yo nos ocuparemos de que se porte bien.
Mira a Nanoha, quiere preguntarle por la pequeña.
—No te preocupes, ha llevado todo esto bastante bien —le dice ella, como si hubiese leído su muda pregunta—. Ha venido con tu madre a verte todas las tardes. Al principio pensé que no sería bueno que te viera así, con los tubos y las máquinas, pero es una niña muy fuerte y no dejó de insistir en que quería venir. Todos estos días ha estado contándote lo que ha hecho en la escuela. Podrás verla esta tarde, se pondrá muy contenta al verte despierta.
Sonríe anticipando el encuentro con el resto de su familia, sabe lo mucho que les ha preocupado, lo duro que esos días han tenido que ser para todos ellos, sin saber si saldría o no adelante, sólo con la esperanza puesta en que todo fuera bien, en que finalmente volvería con ellos. Siente las lágrimas en sus ojos, no puede retenerlas y se precipitan por su cara.
—¿Fate-chan?
—Ah…
Pero no logra expresar todo lo que siente en ese momento, culpa, felicidad, amor, gratitud, alegría… son tantas emociones que siente su corazón desbordarse. Con suavidad unos brazos la envuelven en un cálido abrazo y muy quedamente le susurra palabras que logran tranquilizarla.
—Ya está, Fate-chan, estás con nosotros, estás en casa. Has vuelto a nuestro lado.
—Promesa…
Logra mustiar al fin, mientras refugia el rostro en el pecho de Nanoha.
—Sí, has mantenido tu promesa.
Ella le sonríe de nuevo, siente que la calma la envuelve, Nanoha deshace el abrazo y la deja recostar la cabeza en la almohada. Tiene sueño, pero esta vez sabe que puede cerrar sus ojos con la seguridad de que volverá a abrirlos y encontrará de nuevo aquellos azules que siempre reflejan su mirada.
—Eso es, descansa, Fate-chan, yo estoy aquí a tu lado.
Y se deja llevar por el sueño, acunada por esas palabras y sintiendo la mano de ella apretando la suya.
