Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.


Capítulo beteado por Esmeralda Cullen.

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Capítulo 29

Aquella noche, Isabella no logró conciliar el sueño hasta que escuchó a Jessica llegar e irse a dormir a su habitación. Pensó en llamar a Edward para preguntarle directamente si le ocultaban algo, pero no lo hizo, quería esperar a que él se lo contara, a pesar de que sentía mucha curiosidad. No pudo evitar recordar que en los últimos días los había visto hablar en secreto, ponerse nerviosos cuando ella se acercaba y pasar más tiempo juntos, esto último era lo que más le molestaba, tal vez porque estaba acostumbrada a recibir toda la atención de su amigo.

Por un momento pensó en lo que dijo Rose: podrían formar una linda pareja. Sabía que tanto Jessica como Edward merecían encontrar a alguien que los amase de verdad y ser felices, sin embargo, la sola idea de que estuvieran juntos no terminaba de agradarle, en especial porque aún recordaba el día en el que él le dijo que estaba enamorado de ella, era imposible que se hubiera olvidado tan rápido de ese sentimiento.

En algún momento de la noche se quedó dormida, el sueño que tuvo no fue precisamente bonito, le parecía mejor describirlo como una pesadilla que por nada del mundo quería que se volviera realidad. Los rayos del sol que se filtraban por su ventana, le indicaron que ya amaneció. Podía escuchar a lo lejos las voces de sus amigas, pero lo que menos le apetecía era levantarse temprano, en especial porque era domingo. El ruido de la puerta al abrirse llamó su atención, se mantuvo quieta para que nadie notara que estaba despierta.

—Si no te levantas en este instante, no te contaré nada —le advirtió Jessica antes de salir de su habitación.

Isabella se imaginaba lo que ella quería decirle, sin embargo, no estaba segura de querer escucharlo. La noche anterior no hubiera dudado en oírlo, pero después de todas las opciones que consideró… ¿Y si le decía que eran novios? Jamás podría felicitarla sinceramente, al menos no en ese momento, y no deseaba parecer una mala amiga.

Lentamente se levantó y tardó en arreglarse tanto como pudo, sabía que era probable que Jessica se molestase por su tardanza y que quizá ya no quisiera contarle nada, por lo que caminó hacia la cocina tratando de hacer el menor ruido posible. Las escuchó hablar; al principio, las palabras no eran claras, pero cuando estuvo lo suficientemente cerca como para oír bien, se mantuvo oculta, necesitaba saber de qué se trataba todo antes de aparecer.

—¡No puedo creer que haya hecho eso! —exclamó Rose con evidente sorpresa—. Todo eso de la cena romántica, flores y el anillo suena muy extraño.

—Imagínate mi sorpresa cuando dijo que, después de pensarlo bien, había llegado a la conclusión de que no podía vivir sin mí y me propuso matrimonio —contestó Jessica y empezó a reírse—. Ya te imaginarás mi respuesta.

—Por supuesto, y estoy feliz por cómo resultaron las cosas —dijo contenta al imaginarse la sorpresa que se habría llevado James—. Entiendo que no nos hayas dicho nada, aunque me hubiera gustado estar presente.

Al escuchar eso, Isabella se alejó de inmediato y regresó a su habitación tratando de no hacer ruido, no entendía a qué venía la risa de ambas, aunque, si estaban contentas era porque Jessica había aceptado. Estada desconcertada, no podía creer que sus dos amigos fueran a casarse, tampoco sabía cómo reaccionar ante tal noticia, por lo que creyó que era mejor mantenerse alejada de ambos hasta saber qué hacer. Sin duda estaba enojada con Edward por no haberle contado sobre su relación con Jessica, especialmente porque meses atrás él le había dicho que la amaba y era evidente que fue una mentira. Las lágrimas empezaron a caer por su rostro mientras sentía un fuerte dolor en el pecho.

Al darse cuenta de que su amiga no pensaba salir, Jessica volvió a tocar la puerta de su habitación un poco preocupada, junto con Rose. Isabella corrió al baño para calmarse y lavarse la cara, no quería que se dieran cuenta de que había llorado y mucho menos que las había escuchado. Minutos después salió y les aseguró que se encontraba bien. Jessica intentó hablarle de lo que sucedió la noche anterior con James, pero ella no quiso escuchar, solo dijo que tenía algo importante que hacer y se fue. Tanto Rosalie como Jessica se quedaron confundidas por su actitud, pero la dejaron ir.


Después de una fuerte discusión con James por su incapacidad para conseguir dinero, Irina finalmente buscó a Jasper. Estaba convencida de que él la extrañaba; después de todo, ya había pasado mucho tiempo desde su última visita. Y, de no ser así estaba segura de que podría volver a conquistarlo. Tomó la llave del departamento que aún conservaba y sonrió satisfecha cuando se dio cuenta que al entrar todo estaba en silencio. Caminó hacia la habitación y lo encontró durmiendo, se acercó a él y se metió en la cama para besarlo.

Jasper, que había regresado a media noche después de un viaje de negocios, se encontraba todavía cansado, pero al sentir los labios de alguien, de inmediato se despertó y al ver a Irina se apartó molesto.

—¿Qué haces aquí? —exigió saber.

—Vine a buscarte, no puedes apartarme de tu vida sin darme ninguna explicación —respondió y se acercó a él—. Yo te amo, Jasper, y quiero seguir siendo parte de tu vida.

La imagen de Irina besando a James, de inmediato, apareció en su mente, no iba a permitir que lo volviera a engañar.

—Yo ya no te quiero, así que es mejor que te vayas y no regreses. —No quería decirle que había descubierto que lo engañaba.

En ese momento, alguien tocó el timbre y Jasper se apresuró a abrir, esperando tener la oportunidad de deshacerse de Irina, pero lamentó haberlo hecho cuando se encontró frente a él a Alice y sus hijos, quienes al ver a Irina a su lado no se atrevieron a acercarse.

—Lamento llegar en mal momento, pero ellos insistieron en venir a verte —se disculpó Alice muy incómoda por la situación. Sabía que Irina, tarde o temprano, regresaría a la vida de Jasper, pero no pudo evitar sentirse mal por eso—. Creo que puedes ir a verlos más tarde, con permiso.

—No, quédense, Irina es quien se va —aseguró y se dispuso a sacarla de ahí.

—Pero… —Empezó a quejarse ella, no deseaba perder la oportunidad de volver a acercarse a Jasper, tampoco que él la dejara por ir con esos niños y mucho menos por Alice.

—No queremos interrumpirlos, nosotros nos vamos —replicó Alice y tomando la mano de sus hijos se marchó sin voltear a ver a nadie.


Al salir del departamento, Isabella se sintió aliviada, no quería lidiar con el tema del matrimonio entre sus amigos. En ese momento, necesitaba calmarse, meditarlo y hallar alguna manera de sentirse feliz por ellos. Caminó por la ciudad sin dirigirse a ningún lugar en particular, no sabía a quién acudir para hablar, con sus mejores amigos no contaba y tampoco podía ir con sus padres.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Emmett mientras se acercaba a ella.

La había visto hacía varios minutos y le pareció que algo le sucedía, ya que se veía preocupada y afligida. En un inicio, dudó en acercarse, estaba convencido de que no querría verlo, sin embargo, no podía dejarla sola, pues a pesar de todo, siempre sintió aprecio por ella. Además, en una de sus visitas a Andrew le prometió cuidarla.

Isabella lo miró sin saber qué responder, jamás había pensado en hablar con él, pero en ese momento era su única opción.

—¿Tienes tiempo para hablar? —preguntó en un susurro, todavía no estaba segura de poder hacerlo.

—Por supuesto —contestó, aunque un poco desconcertado, lo último que esperaba era que le dijera eso.

Caminaron en silencio hasta una cafetería y después de ordenar un par de bebidas ella empezó a hablar sin pensar bien en lo que decía. Emmett lucía confundido por la velocidad con la que ella hablaba, pero poco a poco fue comprendiendo todo.

—¿Lo que te molesta en realidad es que estén juntos y no te hayan dicho nada? —preguntó para estar seguro de haber escuchado bien.

—Sí, creo que es eso —contestó no muy segura de sus palabras, sabía que era por algo más, pero no quería admitirlo—. Se supone que son mis amigos, no deberían ocultarme algo tan importante.

—Me parece que Jessica iba a decírtelo y no le has dado oportunidad.

—Bueno, sí, pero… me lo han estado ocultando mucho tiempo. —Se puso a pensar en cuántos días o meses la mintieron, y eso le causó mucho dolor.

—Eso no lo sabes; además, si son tus amigos y los quieres mucho, ¿por qué no estás felices por ellos?

Isabella se quedó en silencio sin saber qué responder, ya había pensado en ello y no le agradaba mucho la respuesta.

—Quizá porque no quiero que ninguno de los dos sufra —dijo, eso era lo que más tenía sentido para ella—. Edward no está enamorado de Jessica, y no quisiera perder a ninguno.

—Por todo lo que me has contado, a mí me parece que al que más temes perder es a Edward —respondió con total sinceridad, ganándose una mirada confusa de su amiga—. Mira, Isabella, no te conozco mucho y tampoco somos cercanos, pero puedo asegurarte que estás enamorándote de él, si es que no lo estás ya —añadió finalmente.

Isabella desvió la mirada y, por un momento, parecía muy concentrada en las personas que pasaban por ahí.

—Eso no puede ser, él y yo solo somos amigos —respondió después de varios minutos sin apartar la vista de la ventana.

—A los amigos no los besas en los labios, y sé de buena fuente que tú lo has besado —aseguró.

En una de las visitas a la cárcel, Andrew le contó sobre su último encuentro, aquel beso y su certeza de haber perdido a Isabella, le había tomado algo de tiempo aceptarlo y por cómo le pidió a él que la cuidara, era más que evidente que su amigo nunca dejaría de amarla.

—No sé por qué lo hice —admitió sintiéndose triste, pensó que a causa de eso Edward empezó a alejarse y terminó por acercarse a Jessica—. No quería lastimar a nadie, bueno, quizá a Andrew sí, pero jamás a Edward, a él lo quiero mucho.

—Puedo darme cuenta de eso, lo quieres mucho, posiblemente más de lo que estés dispuesta a admitir.


La noche anterior, Edward quedó satisfecho por el resultado. Jessica le dejó claro a James que no tenía cabida en su vida a pesar de todo el teatro que él había armado en el restaurante. Él sabía con antelación que ella ya no tenía ningún interés en su exprometido, pero verla actuar tan tranquila le alegró muchísimo. En ningún momento entendió para qué quiso volver a verlo, sin embargo, la acompañó por si acaso necesitaba apoyo. Lamentó no poder decírselo a Rosalie e Isabella, en especial a la última, ya que era evidente que sentía mucha curiosidad.

En el trayecto de regreso, Jessica le había aconsejado he insistido en que buscase a Isabella y, por fin, hablaran de aquel beso que él siempre recordaba. A pesar de los innumerables motivos que le dio, todavía no se sentía seguro de hacerlo, había prometido no tocar ese tema y quería cumplirlo.

—Si no hablas con ella, vas a terminar volviéndome loco —aseguró Seth. Edward lo había despertado temprano para hablar sobre todo lo que podría suceder si él decidía volver a confesarle su amor a su mejor amiga.

—Esto es importante y como eres mi amigo, es tu deber escucharme —respondió de inmediato mientras sostenía el teléfono en sus manos.

—Llámala de una vez y díselo, no puede ser tan malo.

—¿No puede ser tan malo? —cuestionó molesto—. ¿Acaso no has escuchado nada de lo que te dije en las últimas horas?

—Lo hice y por lo mismo insisto en que lo hagas —dijo mientras bostezaba, no le gustaba madrugar un día en el que podía darse el lujo de dormir toda la mañana—. Eres muy valiente para otras cosas, pero cuando se trata de Isabella no sé qué te sucede.

Edward lo fulminó con la mirada sin saber qué responderle. En los últimos meses había actuado con mucha cautela frente a ella, hizo todo lo posible por estar a su lado, siempre procurando no incomodarla con su presencia.

—Si hablas con ella, se acabarán todas tus dudas y todos podremos dormir más tranquilos —aseguró Seth mientras caminaba de regreso a su habitación, pero antes de entrar y cerrar la puerta añadió—: Y si te rechaza sin darte ninguna esperanza, quizá podrías empezar a conocer y frecuentar a otras personas.


Hablar con Emmett le sirvió de mucho, pudo expresarse libremente sin temor a ser cuestionada; si bien en ningún momento aceptó tener interés por Edward más allá de la amistad, sí aceptó que no lo quería perder, que lo necesitaba a su lado, y por eso se sentía celosa de cualquier relación que pudiera tener con Jessica o con cualquier otra persona.

Después de salir de la cafetería, Emmett la invitó a dar un paseo, lo cual ella aceptó, necesitaba despejar su mente y regresando al departamento no lo haría.

—¿Has hablado con Andrew? —preguntó de pronto. Sentía la necesidad de saber cómo estaba.

—Sabes la respuesta. A pesar de todo él es mi mejor amigo —respondió un tanto molesto al recordar ciertos acontecimientos.

—¿A pesar de todo?

—Sí, digamos que hizo algo que no debía, sin embargo, no puedo dejarlo solo en estos momentos. —Ella quiso preguntar qué le había hecho, pero no pretendía ser indiscreta—. Le dijo a Rosalie que yo únicamente quería jugar con ella, entre otras cosas que no vale la pena mencionar.

Isabella no conocía por completo todo lo que sucedió entre Emmett y Rosalie, pero sí ciertos detalles, en ningún momento quiso interferir, pero no podía dejar de dar su opinión. Esperó a que Emmett le diera más información, ya sabía que Andrew era capaz de estafar, pero no se imaginó que fuera a hacer nada en contra de su mejor amigo.

—No sé cómo has podido perdonarlo —dijo ella en cuanto él acabo su relato.

—No puedo pasar el resto de mi vida guardando rencor —explicó encogiéndose de hombros—. Entiendo por qué lo hizo, pero no lo justifico, sé que está arrepentido y también que eso no arregla nada, sin embargo, tampoco puedo desechar todos nuestros años de amistad.

—¿Y si vuelve a hacer algo que te lastime, o dañe de alguna manera?

—Confío en que ha aprendido su lección —contestó afligido. A pesar de todo, ver a su amigo en prisión no era algo que deseaba—. No puedo olvidar lo que hizo y quizá nuestra relación no volverá a ser la misma, pero no podemos cambiar nada, solo tomar lo que tenemos y seguir. Y, para mí, guardar rencor no está en mis prioridades, eso solo me dañaría.

Isabella se quedó pensando en lo que él dijo y tuvo que aceptar que estaba de acuerdo, recordó las ocasiones en que había ido a visitar a su padre y en la tensión que siempre estaba presente en el ambiente. También pensó en Vanessa y en que quizá si ella estaba dispuesta podrían tener una relación más cordial.

—¿No quisieras volver a verlo? —preguntó Emmett de repente—. Hoy pensaba ir a visitarlo y tú podrías acompañarme.

Volver a hablar con Andrew jamás estuvo en sus planes, sin embargo, ahora que le planteaban esa posibilidad, la idea no la molestaba por completo.

—No lo sé —admitió luego de pensarlo—. Es solo que sería un poco complicado.

—Él realmente se enamoró de ti, pero no supo cómo actuar y demostrártelo —comentó Emmett—. Te puedo asegurar que a pesar de todavía amarte, él sabe que no regresarás con él.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Porque él está convencido de que estás enamorada de otra persona.

No le apetecía volver al tema de Edward, le era complicado asimilar todo lo que podría sentir por su amigo.

—Está bien, no hablaremos más de eso, pero sabes que si de algún modo puedo ayudarte, siempre contarás conmigo.

Ella pudo notar la sinceridad en las palabras de Emmett, por lo que le sonrió agradecida.

—Gracias, y si me permites darte un consejo, creo que podrías hablar con Rosalie y explicarle todo. Tal vez puedan intentar salir. —Él iba a replicar algo, pero no le dio la oportunidad—. Solo piénsalo, quizá los resultados te puedan sorprender.


Luego de considerar todas las posibles consecuencias de lo que iba a hacer. Edward fue al departamento de sus amigas para hablar con Isabella y al no encontrarla salió a buscarla. No tenía idea sobre dónde hallarla, pero estaba dispuesto a dar con su paradero. Si no le hablaba en esos momentos, no se sentiría con el valor de intentarlo otro día.

—Tú eres amigo de Isabella, ¿cierto? —preguntó Vanessa cuando chocó con él.

Edward iba demasiado apurado como para prestar atención a todo lo que ocurría a su alrededor, por lo que apenas sintió que tropezó con alguien, pensó en disculparse y seguir su camino, pero al escuchar el nombre de Isabella, se detuvo para poner atención a lo que le decían.

—Sí, soy su amigo y creo recordar que tú eres su hermana —afirmó enseguida.

La había visto un par de veces cuando acompañó a Isabella a realizar los trámites para cederle el departamento, aunque nunca le había hablado.

—Se supone que sí —dijo afligida, jamás se había sentido tan sola como en esos momentos y tenía que aceptar que vivir por su cuenta le estaba resultando bastante difícil.

En la única ocasión que fue a visitar a Charlie, él le había insistido en que buscara a su hermana, pero si era sincera consigo misma, no sabía cómo hacerlo. Llevaba años odiándola, le repitió varias veces que no quería volver a verla, sin embargo, cuando le regaló el departamento empezó a pensar que no era tan mala, aunque jamás lo admitiría frente a ella.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó él no muy seguro.

Ella empezó a hablarle con mucha confianza y algo de desesperación, por lo que Edward decidió ayudarla. Sabía que Isabella, aunque no lo reconociera, siempre pensaba en su hermana y deseaba poder acercarse.


Por la tarde, Jasper fue a casa de Alice, deshacerse de Irina le había tomado más tiempo de lo que esperaba, pero estaba seguro de que valió la pena, ya que le dejó muy claro que nunca regresaría con ella y que no quería que lo volviera a buscar. Le quitó la llave del departamento pese a todos sus reclamos y, finalmente, la acompañó a la salida. Carmen le abrió la puerta y le permitió pasar hasta donde estaban sus hijos jugando, preguntó por Alice y quiso verla, pero no se lo permitieron, ya que ella había dicho que tenía un fuerte dolor de cabeza y no quería ser molestada.

Él no pudo evitar pensar que ese malestar se debía a la presencia de Irina e insistió en pasar a verla para aclarar todo. Lo que menos quería era volver a alejarse de su familia, aunque estaba convencido de que tendría que hacer muchos méritos para recuperarlos a todos.

….

Emmett terminó por convencerla de ir a visitar a Andrew. Isabella, aún con algo de duda, lo acompañó. No era la primera vez que visitaba la cárcel, aunque sabía que jamás podría sentirse bien al hacerlo. Verlo después de tanto tiempo, le causó una gran impresión, no se veía como el Andrew que recordaba y sus sentimientos hacia él habían cambiado. Desvió la mirada muy incómoda por la situación, pero al ver que le sonreía se quedó un poco más tranquila.

Emmett estuvo con ellos por unos minutos y luego se excusó para dejarlos solos.

—Asumo que no estás feliz de verme —dijo Isabella al darse cuenta del tenso silencio que los envolvía.

—Todo lo contrario, me alegra verte mejor —respondió con una pequeña sonrisa—. Te he extrañado mucho.

—Mentiría si dijera que pienso en ti todos los días —admitió ella fríamente—. Pero, en ocasiones, echo de menos nuestras conversaciones.

Andrew no esperaba que ella le dedicase ningún pensamiento, por lo que se sorprendió al oír lo que dijo.

—Me comporté como un imbécil.

—Lo hiciste, y no solo conmigo —le reprochó, mirándolo por primera vez a los ojos.

—Lo sé, pero a la única que lamento haber lastimado es a ti. —No tenía intención de mentirle y, realmente, no quería volver a hacerlo.

—¿Y a Edward?

—Jamás me sentiré orgulloso de mi proceder —contestó firmemente, intentó tomar la mano de Isabella, pero ella se apartó—. Si me preguntas si lamento haberle hecho daño, quizá lo haga, aunque es únicamente porque a través de él también te lastimé a ti.

Ella se quedó pensando en la respuesta y no supo qué decir; Andrew había hecho mucho daño.

—A pesar de todo, Edward debe de estar bien, se ha quedado contigo, ¿no? —agregó Andrew.

—Bueno, sí, seguimos siendo buenos amigos.

Él la miró con duda, ya que no parecía muy segura de sus palabras. Necesitaba comprender qué sucedía entre ellos, había asumido que después del tiempo que había pasado, ya estarían juntos.

—Lamento haberte lastimado a tal punto de que no quieras darte la oportunidad de estar con alguien a quien amas.

Isabella quería decir que solo lo veía como amigo, pero en el fondo sabía que era mentira. Además, después de haberlo hablado con Emmett y de lo mucho que insistió en que evaluara sus sentimientos, ya no tenía la certeza de nada.

—Cuando me di una oportunidad contigo, las cosas no resultaron bien, y yo te quería mucho —contestó con cierta reticencia.

—Pero no llegaste a enamorarte de mí —la contradijo, a pesar de lo mucho que eso le dolía. Ella sintió el deseo de disculparse pero no pudo, no tenía motivos para hacerlo—. Fue mi culpa por no saber enamorarte, no tuya; de todos modos, espero seas muy feliz con él, sé que te quiere mucho.

Eso era algo que ya había escuchado antes, meses atrás, el mismo Edward le había dicho que la amaba.

—Tal vez antes, ahora se casará con alguien más —respondió, tratando de evitar que cayeran las lágrimas que empezaban a cumularse en sus ojos.

Andrew se mostró incrédulo, lo que ella decía no tenía sentido, le parecía imposible que justo cuando Edward tenía la oportunidad de salir con Isabella, la dejara por otra.

—Que la persona que amas no corresponda a tus sentimientos duele bastante —comentó él, e Isabella no pudo evitar pensar en lo mucho que había lastimado no solo a Edward, sino también a Andrew con su comportamiento. Se recriminó mentalmente por lo mal que había actuado con ambos.

Sin embargo, el que más le preocupaba era Edward. Comenzó a recordar cómo fue su relación desde el día que se conocieron, lo feliz que se sentía cuando estaba a su lado, la manera tan natural como se daban las cosas, sus pequeñas peleas y constantes alegrías. No podía creer que había permitido que él se apartara sin ni siquiera luchar por su amistad. El tiempo que pasaron separados, sin dirigirse una sola palabra, lo pasó fatal y tenía que aceptar que fue la época en la que tomó las peores decisiones. Solo volvió a ver un rayo de luz cuando él regresó a su vida y se mantuvo a su lado a pesar de todo. Edward era su amigo y confidente más fiel, lo quería tanto que no podía evitar sentirse celosa cuando se enteró de su relación con Jessica. Cuando llegó a ese momento, se detuvo a preguntarse: ¿en realidad solo lo quería como amigo?

Andrew continuó presionándola, recordándole algunos momentos en los que él había pensado que jamás tendría alguna oportunidad con ella debido a su cercanía con Edward, la manera en que la cuidaba y la miraba, el modo en que ella se comportaba cuando estaban juntos.

—¿Lo amas? —preguntó finalmente Andrew para sacarla de sus pensamientos, conocía la respuesta, pero de algún modo se sentía con la responsabilidad de hacerle ver la verdad.

Él le estaba preguntado algo que sin duda cambiaría su vida, no sabía qué tan preparada estaba para aceptarlo después de haberlo negado tanto.

—Sí —admitió con tristeza, y empezó a llorar porque esa respuesta llegaba demasiado tarde.