XXIX.
Tu estómago se sacude violentamente cuando te enteras, un mes después (y de pura casualidad), que los editores de El Quisquilloso organizan otra expedición al extranjero. Experimentas una dolorosa conmoción, una conmoción exactamente igual a aquella que sentiste cuando supiste que Luna viajaría a Portugal.
Pero no puede repetirse otra vez la misma situación. ¿O sí?
Vuelves a tu casa con un estado anímico que raya en la desesperación; por eso tratas de recuperar la calma cuando llegas y, efectivamente, compruebas que Luna ya está esperándote. Se encuentra parada en el umbral, con los ojos cerrados y la cabeza algo inclinada, contemplando el atardecer. Risueña, distraída. Y apagada.
Te acercas con cautela. Ella te oye venir, pero no aparta la mirada del cielo.
Es mejor acabar con esa tortura ahora. Te paras a su lado y vas directo al grano:
—¿Es cierto?—musitas.
Luna se gira a verte. Se ve confusa.
—¿El qué?
—Que te vas de viaje otra vez.
Entrecierra los ojos con recelo. El estómago te sigue dando esas salvajes sacudidas en tu interior.
—No, no me iré.—dice lentamente.
Jamás dudas de que habla con la verdad, pero no te incomoda. Prefieres que te diga las cosas de frente, como en este caso.
—¿Por qué no?—Suenas asombrado, y es que lo estás.
—Porque abandoné el proyecto. Ya no voy a viajar más. Quiero quedarme aquí…
—… Conmigo.—terminas la oración por ella.
Ella sonríe vagamente como respuesta.
Esa noche, sin embargo, no puedes dejar de pensar en su sonrisa. En esa sonrisa con vestigios de tristeza, en esa sonrisa que no era feliz del todo.
Le rodeas la cintura por debajo de las sábanas y acercas tu rostro a su rubia melena, dejándote embargar con su olor.
Su vida es viajar por el mundo, buscar bichos raros, estudiar la naturaleza e incluso más allá de ésta. Luna vive de sueños, para ella es casi tan necesario como respirar. No obstante, sacrifica todo por ti.
No consigues alegrarte por ello. Comienzas a cuestionarte si vale la pena quitarle parte de su felicidad para que esté contigo.
Sólo quieres que sea feliz. Feliz por completo.
Te prometes a ti mismo que lo conseguirás. Sea cual sea el precio.
