- ¡No puedo hacerlo!

Rachel estaba perdiendo la paciencia. Era el día previo a las seccionales y todos los chicos del coro estaban en el auditorio. El Señor Schue había conseguido permiso para que todos pudieran faltar a sus respectivas clases y practicar la coreografía del número grupal hasta caer desmayados. Pero Finn se estaba dando por vencido antes de tiempo con la coreografía y esa actitud, le estaba poniendo los pelos de punta a Rachel. Desde un rincón Blaine observaba, sentado, con un brazo en cabestro, pensando que lo haría mil veces mejor que Finn y deseando poder participar del número grupal.

- ¿Mercedes cómo hiciste para que Finn bailara? – consultó Rachel con exasperación, a su amiga que trataba de ayudar a Puck con sus pasos de baile

- Con mucha paciencia y corriendo el riesgo de perder algunos dedos de los pies. – bromeó la morena

- ¿Te importaría si…? – Rachel apuntó con la cabeza a Finn que estaba sentado con la cabeza entre las manos, y Mercedes entendió. Soltándose del agarre de Puck, llamó a Kurt para que ayudara al judío mientras ella se encargaba de Finn.

Kurt miró con duda hacia Puck, pero de pronto se encontró con la inquisidora mirada de Quinn y la loca idea de que la rubia estaba muy al pendiente de él, le cruzó por la mente. Tomando aire, Kurt se acercó a Puck, a quien había evitado desde el día que hablaron en la habitación de las partituras.

- Volvemos a estar juntos – Dijo Puck tomando a Kurt por la cintura y situándose detrás de él para comenzar a practicar.

- Bien, tienes que dar un paso atrás, al mismo tiempo que yo – El castaño seguía ignorando a su nuevo compañero de baile.

- ¿Nunca más piensas hablarme? – susurró Puck en el oído de Kurt – pensé que nuestras diferencias habían quedado saldadas.

Kurt se había puesto furiosamente rojo. La cabeza le daba vueltas y nuevamente, la imagen de ellos dos besándose en la camioneta del judío lo atormentaba. A lo lejos oía la voz de Mercedes dándole órdenes a Finn y pudo distinguir entre todos sus pensamientos, la mirada de Sam.

- ¿Te sientes bien?

El castaño volvió la cabeza y de pie a su lado, estaba el rubio. ¿En qué momento había llegado ahí?

- Sí, claro, es solo que… el aire está muy viciado – Kurt bajó la mirada.

- Si algo ocurre me avisas. Puck, cuida de él.

- ¡Como usted diga capitán! – bromeó el judío

Y guiñándole un ojo a su novio, Sam volvió a bailar con Tina. Noah volvió a tomar a Kurt por la cintura y lo atrajo hacia sí.

- ¿Serías tan amable de guardar un poco más de distancia?

- Ya escuchaste a tu novio, tengo que cuidarte.

- Estoy seguro de que él no hubiera dicho eso, si supiera que me siento mal por…

- ¿Por mi culpa? Pfff – Noah reprimió una carcajada – Hasta donde yo sé, los besos son de a dos…además, pensé que ya habías superado eso.

- Yo…tú… - Kurt no supo que decir. Se sonrojó más aún y al final, siguió guiando a Puck en la coreografía.

Luego de seis horas de práctica, una pausa para almorzar y otra práctica de dos horas, ninguno de los chicos podía mover un músculo. Las chicas masajeaban sus pies, mientras que los chicos llenaban el piso, con sus cuerpos casi inertes.

- Bien chicos, son las seis de la tarde, quiero que vayan directo a sus casas a descansar. Mañana nos encontramos en el estacionamiento a las ocho en punto de la mañana. Recuerden que vamos a…

- Ganar las seccionales – dijeron todos, con tono de cansancio.

- ¡Exacto! – El señor Schue dio un gancho al aire y despidiéndose de todos, salió del auditorio.

Poco a poco, los chicos fueron saliendo del lugar. Unos casi arrastrándose, otros abrazados a sus compañeros más fuertes y Sugar, montada sobre las piernas de Artie, gesto que arrancó una que otra carcajada.

Rezagado junto al piano, como últimamente había sido su costumbre, se quedó Kurt. Acarició con suavidad las teclas blancas y suspiró largamente. Las imágenes del ensayo pasaron por su mente e inconscientemente, llevó una de sus manos al lugar donde Puck lo había tocado. Acarició su cintura y notó que ese lugar quemaba, al igual que la culpa que tenía en el corazón. ¿Qué pasaría si en un ataque de sinceridad le contaba todo lo ocurrido a Sam? Tembló al imaginarse la reacción del rubio; lágrimas, dolor y ruptura. No, no podía hacerle eso a su novio… debía guardar ese secreto a como dé lugar.

- ¿En qué piensas, precioso?

La voz de Sam irrumpió en su soledad y del susto, golpeó la cubierta del piano, haciendo que ésta se cerrara.

- ¡Hey! Que asustadizo señor gacela.

Avergonzado, Kurt escondió su rostro en el pecho de Sam. El rubio rodeó con sus brazos al castaño y parados en medio del escenario, se quedaron en silencio un buen rato.

- Estoy cansado – suspiró Kurt

- Yo también, pero estoy seguro de que mañana ganaremos – Respondió Sam, apartándose de Kurt para verlo a los ojos, como si le hiciera una promesa.

- ¿Y si no ganamos?

- Nos tendremos el uno al otro… eso es bueno ¿no?

Kurt sonrió y acercó su rostro al del rubio. Éste cerró los ojos esperando un beso por parte del castaño.

- ¿Qué te hace creer que te daré un beso?

Sam abrió los ojos y sonrió.

- Te estabas acercando a mi… - se excusó el muchacho.

- Y lo primero que haces es cerrar los ojos… - bromeó Kurt, poniendo su índice en los labios del rubio

- Porque confío en ti. Por eso los besos se dan a ojos cerrados, para demostrar la confianza que se tiene en la otra persona.

- Pensé que la confianza se demostraba mirándose a los ojos…

- Si quieres te beso con los ojos abiertos – propuso Sam

Kurt pasó sus manos por el cuello del rubio, se puso en puntillas y mirándolo directamente a los ojos, lo besó. Un mar de sensaciones le removió el corazón y al tener la mirada de Sam sobre él, Kurt supo que lo amaba como a nadie… y que no podría hacerle más daño.

- Tus besos son lo mejor… - Dijo Sam, rompiendo el contacto, al tiempo que se relamía los labios.

El castaño sonrió de manera cansada, tomó la mano de Sam y la besó.

- Te amo Sam.

El rubio sonrió, pero no pudo dejar de notar que algo ocurría con Kurt. Lo miró durante un momento y atribuyendo esa extraña actitud del castaño, al cansancio, lo tomó de la mano y juntos salieron del auditorio.

- ¿Cómo te sientes?

El frío se colaba aún por entre la gruesa ropa que cada uno de los miembros del coro llevaba puesta. Las últimas hojas del otoño eran arrastradas por una insistente ventisca y todos esperaban que de un momento a otro, rompiera a llover. Sorprendido por la pregunta, Blaine se volteó y se encontró de frente con una tímida Harmony. El azul de sus ojos parecía combinar perfectamente con el frío estival y de pie, a un metro de distancia del moreno, esperaba nerviosa una respuesta que no fuera "muérete" o "púdrete"

- Tengo frío – respondió Blaine de manera cortante.

- Sabes que no me refiero a eso – Harmony entornó levemente la mirada y arrugó la frente. Parecía que estaba punto de llorar.

- Bueno pues, por lo menos el brazo no me duele, si a eso te refieres.

Blaine hizo como que miraba por sobre el hombro de la muchacha y a lo lejos, distinguió el autobús que los llevaría a la competencia.

- Blaine, perdóname – soltó de pronto Harmony.

El moreno la miró sorprendido y poco a poco su mirada fue suavizándose. Tenía el corazón dividido. Por un lado, quería perdonar a Harmony, pero sus palabras le resultaban realmente hirientes. ¿Cómo podía estar con alguien si ese alguien no confiaba en él?

- Harmony yo…

- No me respondas ahora. Sé que te puede resultar difícil perdonar, pero yo te amo...

Las última palabras de la ojiazul, hicieron que Blaine sonriera de manera incrédula.

- Y no quiero que esta relación se termine por una tonta discusión…

- ¿Una tonta discusión? – Blaine se sonrojó de rabia – Harmony, me acusaste de querer quitarle el novio a Puck…o Sam… a quien sea que esté con Kurt en este momento.

- ¡Lo sé pero…!

- ¡Chicos llegó el autobús! – La voz del señor Schue marcó un final a esa conversación. Ambos chicos se miraron en silencio y se formaron para abordar el vehículo. Una vez arriba, Blaine se acomodó junto a Puck y Harmony junto a Rachel y evitaron mirarse durante todo el trayecto.

Luego de una hora de viaje hasta el lugar donde se realizaría la eliminación, el coro llegó a un espectacular auditorio. Un inmaculado vestíbulo, con un alto cielo decorado con un hermoso vitral los recibió, y la sensación de sobrecogimiento invadió al coro en pleno. Como niños de primaria, todos siguieron al señor Schue, que fue directo a registrar al coro en la competencia y una vez que les hubieron asignado uno de los camarines, comenzaron a cambiarse.

- ¿Alguien sabe a quién pertenece este auditorio? – consultó Artie, mientras abotonaba su camisa

- Sociedad Rotari de Lima – dijo Kurt – mi padre dijo que aquí sería la competencia… tiene muchos amigos en esa sociedad.

Los chicos miraron en silencio al castaño y siguieron cambiándose. Había algo en el lugar que no los dejaba tranquilos.

Cuando todos los coristas se cambiaron de ropa, el señor Schue los llamó a una habitación que quedaba justo en medio de ambos camarines.

- Bien, somos el tercer coro en presentarse, lo que nos dará tiempo de ver las presentaciones de los otros dos coros. ¿Alguna pregunta?

- ¿Cómo se siente un ataque de pánico? – consultó Sam, más blanco que de costumbre

El señor Schue sonrió de manera conciliadora y le puso una mano en el hombro.

- Tranquilo Sam, sé que lo harás bien…

- Eso espero – logró articular el rubio. A su lado Kurt deseaba tomarlo de la mano y asegurarle que todo estaría bien, pero de nuevo la mirada de Quinn estaba sobre él, paralizándole.

El coro fue hasta el auditorio y tomó sus ubicaciones. A su alrededor se oía un intenso murmullo y de pronto, las luces comenzaron a parpadear. La competencia estaba a punto de empezar.

- Creo que necesito ir al baño – alcanzó a decirle Sam a Puck antes de correr por el pasillo y perderse entre la multitud que comenzaba a aplaudir la presentación de los tres jueces.

Sam llegó hasta el baño, abrió con violencia la puerta de uno de los cubículos y todo el miedo que sentía, lo llevó a inclinarse para hacer un amago de vomito… vomito que nunca llegó. Con náuseas y los ojos llorosos, se apoyó contra la pared del pequeño compartimento y procuró respirar lentamente.

En ese mismo momento, se escuchó que alguien más entraba al baño. Rápidamente el rubio cerró la puerta de donde estaba y rogó porque nadie lo viera en ese deplorable estado. Escuchó que un par de pasos se dirigían hasta el lavabo, escuchó el agua correr y la inconfundible voz de Blaine tarareando parte de su dueto con Kurt. Aún en su estado, el rubio, no puedo dejar de sentirse celoso ¿Acaso Blaine no se sabía otra canción? La habitación volvió a darle vueltas y otro amago de vomito le subió por la garganta. Blaine hubiera escuchado el sonido de las arcadas de Sam, si no fuera porque justo en ese momento, la puerta del baño se abrió, dejando entrar al mismísimo Sebastian Smythe. Blaine dejó de peinarse, dejó de tararear y enfrentó la mirada que Smythe le dirigía a través del espejo. Delatándose, Blaine comenzó a temblar de pies a cabeza, sin poder apartar su vista de la cínica sonrisa que Sebastian traía dibujada en la cara.

- Pero miren a quien tenemos aquí…

- …

- No sabía que fueras tan aficionado a las competencias corales, Blaine, o ¿Tal vez viniste a oírme cantar? Aún recuerdo como te ponías cuando te cantaba al oído – Sebastian apoyo su pecho contra la espalda del moreno y lo aprisionó contra el lavabo, poniendo sus manos en el borde de éste.

Encerrado en el cubículo y recuperándose aún, Sam no daba crédito a sus oídos ¿Por qué ese tipo le hablaba de manera tan familiar a Blaine? Y peor aún ¡¿Por qué Blaine no contestaba?! Armándose de valor, Sam se enderezó, se aseguró de no tener la cara manchada y salió de donde estaba, para encontrarse con Sebastian pasando su nariz por todo el cuello del moreno, mientras éste, temblaba, con la mano empuñada sobre el lavabo y los ojos empañados en lágrimas.

- ¿Sabías que eso puede considerarse como acoso a la competencia? – dijo Sam, mientras se cruzaba de brazos.

Sebastian dio un respingo y levantando la vista, se apartó de Blaine, quien se quedó paralizado mirando a Sam a través del espejo. Smythe miró a Sam de pies a cabeza y luego volvió su mirada a Blaine y al verlos vestidos de la misma forma, comprendió que Blaine sería su competencia. Recuperando su natural aplomo, Sebastian sonrió de manera cínica.

- ¿No me digas que tratarás de derrotarnos? – se burló el castaño, mirando a Blaine

- No trataremos. Lo haremos – aseguró Sam, mientras se acercaba a Blaine, lo asía del brazo sano y lo llevaba a la salida.

- ¡Aah pero que tierno! Aparte de ser compañeros de coro, también son novios – habló Sebastian, antes de que el rubio y el moreno salieran del baño – veo que hallaste con quien reemplazarme…

- Si, ya se olvidó de ti – contestó Sam con tono cabreado – y te advierto, si vuelves a tocarlo, tu cara de suricato estreñido probará mis puños.

Y antes de que Sebastian pudiera responder, Sam y Blaine ya habían desaparecido de su vista.

Caminando en silencio por los pasillos del auditorio, Blaine no se atrevía a mirar a Sam.

- ¿Estás bien? – dijo Sam por fin, rompiendo el silencio

- No – contestó Blaine, muy despacio y volteándose a ver a Sam, rompió a llorar.

Incómodo por la situación, el rubio se detuvo en medio del pasillo y se paró de frente a Blaine. ¿Qué es lo que tenía que hacer? ¿Abrazarlo? ¿Tratarlo como trataría a Kurt?

Pero Kurt era su novio, no podía tratarlos igual.

Sintiéndose como la persona más incompetente de la tierra, Sam le puso una mano en el hombro al moreno y le dio un par de suaves palmadas. Levantando la vista, Blaine le agradeció con la mirada, al tiempo que se secaba las lágrimas. Tomó aire profundamente y volvió a secarse la cara.

- Gracias Sam… perdón por ponerte en una situación tan comprometedora pero…

- No te preocupes – le cortó el rubio. – al fin y al cabo, somos compañeros de equipo…

Ambos chicos se miraron a los ojos y sonrieron de manera sincera. Se dieron un apretón de manos y continuaron su camino hasta llegar al auditorio. Cuando abrieron la puerta una poderosa voz sostenía una aguda nota. Subía y bajaba, hacía exquisitos fraseos, y más importante que todo, transmitía una incontenible emoción. Tomando asiento, Sam notó que Kurt tenía cara de pánico y volviéndose hacia Puck, notó que estaba en las mismas condiciones que su novio. Mirando al escenario, Sam no tardó en poner la misma cara que el resto del coro.

Interpretando una inolvidable versión de "All by myself" estaba Sunshine de pie, sola, en medio del escenario. Cada una de las notas de la canción, hacía que se le pusieran los pelos de punta a Sam y, seguro de que la canción iba dedicada a él, se hundió en su asiento.

- Estamos jodidos – murmuró Rachel y en un inconfundible gesto de desesperación se daba pequeños cabezazos contra el hombro de Finn, que seguía mirando a Sunshine con la boca abierta.

- Bien hecho Sam, ahora esta niñata acaba de destruirnos – murmuró Quinn al oído del rubio.

- ¿Y yo que culpa tengo? – alegó Sam, mientras la gente rompía a aplaudir

- La rechazaste, cuando era más que obvio que la chica estaba hasta los huesos por ti – y sin aceptar replicas, Quinn se acomodó de brazos cruzados en su asiento.

El resto de la presentación de Sunshine y su coro, Sam permaneció con la cabeza gacha, deseando que hubiera un huracán para que se suspendiera la competencia.

Cuando el coro de la Academia Dalton pasó al escenario, Sam y Blaine no pudieron evitar cruzar significativas miradas. El chico moreno seguía con los ojos vidriosos y parecía más menudo de lo que en realidad era. Sam se limitó a sonreírle de manera conciliadora y luego volteó a ver al escenario. Frente a ellos se erigía una verdadera pared humana. Vestidos con inmaculados uniformes, los chicos de Dalton dirigían miradas asesinas a los coros contrincantes. El coro de niñas sonreía coqueto, mientras que los chicos de New Directions los miraban con la barbilla en alto.

Luces, humo y de pronto los acordes de un clásico, comenzaron a sonar. "I want you back" de Michael Jackson invitó a todo el público a ponerse en pie y corear la canción. Blaine, al igual que Sam en un principio, se hundió en su asiento, jurando que esa canción iba dedicada a él y deseando estar en cualquier otro lugar del mundo. Y como si estuviera conectado mentalmente con él, una vez más, el señor Schue lo salvó de su sufrimiento.

- Chicos, es hora de que nos vayamos tras bambalinas – dijo, mirando la cara de angustia que tenía todo el coro.

En fila, todos dejaron sus asientos y comenzaron a salir del auditorio para ir por una entrada lateral tras bambalinas. Antes de dejar el lugar, Blaine volteó para mirar su antiguo coro y juró que daría lo mejor de sí para derrotarlos. Si había algo que de verdad heriría el orgullo de Sebastian, sería sufrir una derrota en una competencia de canto.

Llegando tras bambalinas, Rachel soltó por fin toda su tensión.

- Señor Schue… ¡los demás coros son muy buenos!

El docente miró a su estrella y luego miró al resto del coro y habló.

- Si, pero ellos no tienen los pasos de baile de Finn, ni la voz de Mercedes, ni la gracia de Mike o el encanto de Quinn… ¡chicos! Somos únicos, no se desanimen.

Todos se miraron entre si y tímidas sonrisas asomaron en los rostros de todos.

- No se olvide de los agudos de Kurt, señor Schue – dijo Rory

- Ni de los bajos de Rory – acotó Sam

- Olvidan la actitud de Santana y los pies voladores de Britt – apoyo Rachel, abrazando a ambas chicas que sonrieron felices.

- Todos tenemos algo que aportar a este coro y eso es lo que nos hace especiales. – Finalizó Finn – Es hora de demostrar quienes somos chicos. Vamos a ganar – aseguró el grandulón, llevando una mano al centro del círculo que se había formado. Con un grito de ánimo, cada uno fue a tomar su posición. La presentación de los Warblers estaba acabando y el dueto de Rachel y Sam cantando "Lo mejor de mi vida eres tú" sería la primera carta a jugar en esta eliminatoria.

Acomodados al centro del escenario, Rachel esperaba ansiosa que el telón se levantara, mientras que Sam temblaba a su lado.

- No me cantes a mí – dijo Rachel de pronto.

- Pero si tú eres mi pareja de …

- Cántale esta canción a Kurt. Yo se la cantaré a Finn. ¿No tienes la sensación de que Kurt es lo mejor que te ha pasado en la vida? Yo siento eso cada vez que beso a Finn…

Sam miró a Rachel y le sonrió. Se volteó para mirar el telón que seguía abajo y su corazón fue llenándose poco a poco, de todos los momentos que había pasado con el castaño y sonriendo para sí, Sam tuvo la seguridad de que su novio era lo más preciado que tenía en la vida. Llenó sus pulmones de aire y volteó fugazmente para ver a Kurt, acomodado detrás de ellos con el resto del coro. Le guiñó un ojo y justo en ese momento se abrió el telón, el coro comenzó a armonizar, mientras que Sam y Rachel se movían al ritmo de la música. La competencia había iniciado.

- Luego de una hora de deliberación, el jurado de esta honorable competencia, ha llegado a tomar una decisión.

Reunidos sobre el escenario, New directions, Los Warblers y los Santos griales esperaban saber cuál de los tres coros había ganado el segundo lugar. En primera fila, Sunshine le dirigía miradas asesinas a Mercedes, por enfrentarse a ella en los solos de la competencia y por quitarle al chico que ella quería. Sebastian mantenía su gesto de suficiencia, seguro de que Los Warblers ganarían.

- El segundo lugar va para…

La tensión tomaba control del ambiente. El señor Schue cruzaba miradas con los chicos del coro, mientras apretaba entre sus manos el respaldo de la silla de Artie.

- ¡Los Santos griales!

La multitud prorrumpió en un sonoro aplauso. Uno de los jueces dio un paso adelante y procedió a entregarles un trofeo mediano a las chicas del coro, que no podían disimular su cara decepción. Luego de hacer una reverencia, el coro en pleno se retiró del escenario, dejando a los Warblers contra New Directions. Solo había una oportunidad para ganar, y era difícil saber cuál de los dos coros deseaba más el primer lugar.

- El primer lugar va para…

Un redoble de tambores imaginario llenó la cabeza de todos los coristas.

- ¡New Directions!

Fue una explosión. El auditorio en pleno se puso en pie para aplaudir a los coristas que pasaban a las regionales. New Directions saltaba con furor, abrazándose entre sí, mientras el señor Schue pasaba adelante a recibir el tan anhelado trofeo. Entre la celebración, Blaine miró a Sebastian y la mirada que éste le devolvió, lo inquietó. Sabía que Smythe no se daría por vencido tan fácilmente, y ese gesto de suficiencia en su rostro, se lo dejaba claro. Lentamente, Los Warblers abandonaron el escenario, dejando a los recién coronados campeones, disfrutar su triunfo.

En el camino de vuelta a casa, Rachel se puso de pie en medio del autobús y llamó la atención de sus compañeros coristas, mientras trataba de mantener el equilibrio, estando el vehículo en movimiento.

- Chicos – dijo con tono y mirada de niña traviesa – he llamado a mis padres, anunciándoles nuestra obvia victoria en las seccionales y …

Todo el coro se inclinó hacia ella para escuchar bien lo que iba a decir.

- ¡Han decidido prestarme la casa para celebrar esta noche!

Los coristas rompieron a aplaudir, mientras se miraban unos a otros de manera cómplice.

- Usted también está invitado Señor Schue – Agregó Rachel

- Por mí no te preocupes Rachel, esta celebración es de ustedes… además no tengo edad para ganar una competencia y salir a celebrar el mismo día – se disculpó el docente.

Todos rieron y poco a poco volvieron a sus asientos. El resto del viaje transcurrió en silencio, a pesar de la latente emoción que se sentía en el aire por la celebración que tendrían esa noche. Cerca del mediodía, el autobús aparcaba en el estacionamiento del instituto McKinley, y todos los chicos descendían del vehículo, algunos con cara de cansancio, otros con cara de satisfacción y otros sosteniendo un hermético silencio, disimulando sus ansias de fiesta.