Trucos de Salón
Cap. 28
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-Hey chicos, estamos aquí.
Katara miró a su alrededor después de bajar desde la parte trasera del camión. Estaban en la parte alta de nuevo y Katara podía ver hasta la colina donde se hallaba la mansión del coleccionista; sintió un calor inundar sus mejillas con sólo verlo hacia allí así que rápidamente desvió la mirada. Sokka había estacionado el camión delante de un restaurante, el único edificio entre la estación de policía y el Hotel Laogai.
-Eso es algo inusual, ¿no es cierto?- comentó Aang mientras todos se amontonaban en la acera -¿Tener un hotel tan cerca de una estación de policía?
-Insólito es la palabra correcta- dijo Katara, pensativa y evitando por todos los medios mirar a Jet.
-Bueno parece que aquí nos separamos, adiós.
Y sin más preámbulo se dirigió hacia la estación de policía.
-Hey Cara de muñeca, espera- dijo Aang.
Katara se detuvo y lo miró.
-Tal vez podemos ayudarnos los unos a los otros.
Pero ella sólo frunció el ceño y subió los escalones de piedra, entrando en el primer set de puertas en la estación de policía. Aang parpadeó varias veces, pareciendo completamente perplejo.
-¿Ella me acaba de pasar por alto?- preguntó, incrédulo.
-Genio- se rió Toph.
Aang no parecía oírla, tenía los ojos pegados al ladrillo de la estación.
-Olvídalo Aang- suspiró Sokka, sacudiendo la cabeza.
Luego le echó un vistazo a Jet.
-Aang tiene razón, tal vez podamos ayudarnos…
Aang sin embargo, no estaba escuchando; él ya estaba siguiendo a Katara.
-Hey, ¡espera!
Sokka gritó su nombre un par de veces en tono preocupado, pero fue ignorado, así que se limitó a negar con la cabeza y terminar con los acuerdos.
-Katara- ella se dio la vuelta con calma.
Había dos juegos de puertas en la estación de policía, y ella sólo había pasado a través de uno cuando Aang la atrapó, por lo que ambos quedaron aislados en el área pequeña de en medio.
-¿Qué pasa? ¿Y Sokka y Toph?
Aang frunció el ceño. Su tono era ligero pero no lo creyó.
-¿Me escuchaste?- preguntó, un poco más tranquilamente de lo que pretendía.
-Sí, te he oído- contestó ella, al tiempo que sus ojos se estrechaban ligeramente.
Al chico le sorprendido esa respuesta tan brusca, pero no perdió la calma y se dispuso a llegar al fin del asunto.
-Pero no me hiciste caso.
-Obviamente- Aang enarcó una ceja.
Katara sólo mantuvo una estrecha mirada en él, como si lo desafiara para responder. Y él se atrevió.
-¿Por qué actúas así?
-¿Cómo que por qué? Así es como soy.
-No, no lo eres. Estabas bien hace unos minutos.
-Sí, hace unos minutos… cuando no estabas sugiriendo ayudar a ese idiota de ahí- dijo mientras sacudía el pulgar hacia las puertas que Aang acababa de pasar.
La sola mención de Jet hizo que el chico perdiera el piso. ¿Qué tenía de malo ofrecer ayuda si, ésta vez, la ocasión lo ameritaba? Era natural que no les hiciera gracia la idea de ayudarlo especialmente a él, pero aun así…
-Tú no lo odias Katara- murmuró Aang oscuro, luego de unos minutos de reflexión.
Ella se removió en su lugar, como una especie de gato salvaje preparándose para rasgarlo en pedazos, pero él se aferró imprudentemente.
-No tanto. Sólo estás evitando algo… ¿Qué es?
Katara se cruzó de brazos sobre el pecho, con los ojos entrecerrados peligrosamente y una expresión fría. Aang reconoció la postura. Sus paredes estaban levantándose a su alrededor, ella lo estaba bloqueando. Y no quería dejar que eso sucediera.
-¿Crees que me conoces tan bien como para sólo venir y decirme lo mucho que odio o no a alguien?
No podía estar pasando. Aquella pregunta la había hecho con una voz inexplicablemente escalofriante. Ella. Katara. Aang sabía lo mucho que esas paredes podían durar, pero nunca habían estado en su contra y esta nueva sensación de rechazo lo aterraba.
-Sí.
-Error- dijo Katara al instante, aunque prácticamente gritaba -¡Si lo odio tanto!
-Aún sientes algo por él, ¿no?- explotó Aang, al tiempo que sentía su estómago revolverse.
Katara se echó hacia atrás como si la hubiera golpeado. Un silencio cayó sobre él y de repente sintió, que realmente necesitaba ser mucho más valiente para sobrevivir a esa mirada que ella le estaba dando.
-¿Qué?
-No lo odiarías tanto si no hubiera todavía algo allí- disparó Aang.
Sabía que la conversación estaba cada vez más lejos de serlo, pero no podía controlarse… algo se lo impedía. Y ya había llegado demasiado lejos para detenerse ahora, mejor dejaría que todo saliera.
-El odio… no es lo contrario al amor, ya lo sabes.
-Yo nunca lo amé- le espetó Katara, con los ojos oscuros de ira -Y no tengo sentimientos por él.
-¿Entonces por qué...?
Pero Aang se detuvo, respiró hondo por la nariz y se alejó de ella. Demasiado lejos. Katara frunció el ceño y lo presionó sin piedad.
-¿Qué?- se burló, gruñendo -¿Qué pasa, Sparky? ¿Por qué que?
Él tomo nota del tono en su voz y de la inconfundible intención, al interrogarlo de ese modo, así que su enfado creció para armarlo de valor. No había nada más, era hora de tirar los dados. Aang se volvió hacia ella bruscamente, tomándola firmemente por los brazos y llevándola a callar por la sorpresa.
-¿Por qué seguir fingiendo que no hay nada entre nosotros?- siseó.
Katara lo miró con los ojos muy abiertos. Él la soltó, dio un paso atrás y miró hacia otro lado en plena ebullición.
-Eso... eso fue tu idea, en primer lugar- señaló Katara con frialdad, al tiempo que su propio temperamento quemaba por salir de nuevo, en modo de autodefensa.
No soportaría esas paredes otra vez. No. Aang sintió su enfado quemándole por dentro y éste era difícil de manejar cuando se salía de control, por lo que la siguiente cosa que dijo, salió de sus labios antes de que la idea se hubiera formado realmente.
-Sí, porque de haberlo hecho de cualquier otra forma, hubieras salido huyendo- disparó, todavía sin mirarla –Y yo sabía que si quería una oportunidad, tenía por lo menos que seguir siendo tu amigo.
Los ojos de la chica se abrieron desmesuradamente y sus mejillas se tornaron rosas, pero parecía que acababa de ser golpeada en el estómago.
-¿Quieres decir que sólo eres mi amigo porque deseas…?- empezó, levantando la voz.
Aang, pronto se dio cuenta de su error y se volvió hacia ella, levantando sus manos en gesto conciliador.
-No, no Cara de muñeca, eso no es lo que yo...
-¿Cómo te atreves?- gritó, golpeándolo en el pecho con su dedo índice -No puedo creer esto. Pensé... pensé que eras diferente.
-Yo… Katara por favor...
-¡Pero eres igual que todos! ¡Igual que él!- siguió ella.
Aang se quedó paralizado. Eso había dolido. Dio un paso hacia adelante para tratar de llegar a ella, de calmarla… pero Katara puso una mano en su pecho y lo empujó lejos. Ella nunca lo había alejado antes.
-¡Eres igual que todos los demás!
Y con eso, lo pasó de largo. Volvió a la calle echando chispas y la puerta se cerró atrás de ella. Aang se quedó clavado en el suelo. ¿Cómo se había salido todo de control tan rápido? Sacudió la cabeza y corrió tras ella.
-Katara- la llamó, mientras le tomaba el brazo para detenerla.
Pero ella se arrancó de su agarre y se volvió hacia él con una mirada iracunda.
-Aléjate de mí- le gruñó.
Él se detuvo en seco, asustado por aquel panorama que comenzaba a formarse en su mente. Aun así se mantuvo frente a ella en un intento de hacer que lo enfrentara.
-No. Por favor, simplemente escucha...
-No quiero escucharte- le gritó, empujándolo nuevamente.
Sokka y los demás los miraron con sorpresa.
-Tú... tú has estado mintiéndome todo el tiempo. No eres mi amigo- susurró con un tono extraño.
-No es así. Katara...
-Realmente me habías engañado- rió ella, con amargura.
Aang intentó hablar de nuevo, pero ella negó con la cabeza.
-No, yo me engañe a mí misma. Todo lo que siempre voy a ser es una cara bonita, ¿verdad?
Ella le lanzó una mirada que podría, literalmente, haber congelado la sangre en sus venas.
-Incluso para ti.
La acera se quedó en silencio, todo el mundo estaba mirándolo a él. Pero no Katara. Ella se hallaba decididamente lejos suyo, con los brazos cruzados sobre el pecho y unos cristalinos ojos, que a pesar de ello seguían distantes y fríos.
-Katara...
Fue consciente del tono doloso que había empleado aun contra su voluntad. Y todos lo oyeron claramente a pesar de haberla llamado en voz baja, por lo que se tomó unos momentos para dominar el temor del que había caído presa y la llamó de nuevo, pero ella ni siquiera se inmutó. Y de repente, se sintió enojar.
-Bien... ¡bien!- gritó -Si no quieres escucharme, si no quieres creerme… ¡al menos yo lo intenté!
Y con eso, se marchó rumbo a la estación de policía. Katara miró por encima de su hombro, debatiéndose en el más difícil conflicto interno.
-Bueno. ¿Qué demonios ha pasado?- dijo Sokka en voz alta, lanzando sus manos al el aire con exasperación.
-Um, ¿hola?- intervino Toph en voz alta, señalando con firmeza a la estación -Él va allí para hablar con Long Feng, ¿No deberíamos… no sé... ir con él?
-Bien- dijo Katara en voz baja, moviendo la cabeza como si saliera de un trance.
-Bien.
Los seis jóvenes encontraron a Aang en el mostrador principal, siendo algo grosero con el Oficial en turno.
-¿Es necesario que lo escriba para usted?- Aang le decía enfadado -Quiero ver a Long Feng. Ahora.
-Mira chico- comenzó el oficial, señalando un dedo amenazador hacia él.
-No soy un niño- estalló Aang – ¡Soy el maldito puente entre dos mundos!, ahora llévame a ver a Long Feng.
-Perdónelo- dijo Toph en voz alta, agarrando a Aang por el cuello de la camisa y tirando de él hacia atrás. Él se atragantó y empezó a toser, lo que le permitió empujarlo detrás de ella y Sokka -Está de mal humor a esta hora del día.
-¿Medio día?- le preguntó el oficial con escepticismo.
-No pregunte- Toph se encogió de hombros -No puedo leer un reloj, soy ciega- dijo señalándose a sí misma.
-Mira amigo, no queremos problemas- comentó Sokka -Es sólo que...
-A través de algún tipo de malentendido, mi perro lazarillo fue vendido al comisario- terminó Toph.
-Bien- dijo el oficial lentamente, luego sacudió la cabeza, exasperado -Voy a ver que puedo hacer.
-Gracias- dijo Toph con una sonrisa.
Ella lanzó una mirada en blanco al lugar donde estaba Aang.
-¿Ves?... Te dije que el buen hombre sería capaz de ayudarnos.
Aang frunció el ceño y se dio la vuelta, de espaldas a todos ellos. Jet miraba divertido entre él y Katara, ambos tratando de estar tan lejos como podían.
-¿Cuál es el problema?- le preguntó a Katara en voz baja.
Ella le lanzó una mirada, que claramente significaba que no podía entender el por qué estaba hablando con ella, así que suspiró y se quedó en silencio. El oficial había desaparecido por el pasillo detrás del escritorio cuando Toph se volvió hacia los demás.
-Hay un túnel debajo de la estación- susurró -lleva al lago Laogai.
Todos la miraban perplejos.
-¿Hablas en serio?- preguntó Sokka, mientras la miraba sin poder creer su suerte.
Toph lo señaló con un dedo amenazador.
-¿Me estas cuestionando, muchacho?
-No lo hacía- comenzó Sokka con indignación, pero Toph no le hizo caso.
-No estoy bromeando, va justo al edificio de a lado. Directamente a la planta baja del Hotel Laogai… Y hablando del sótano...
Ella golpeó el suelo con el pie un par de veces.
-A mí no me parece un hotel.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Jet.
-Bueno, yo no creo que haya estado alguna vez en un hotel con un grupo de células de metal en los niveles más bajos.
Todo el mundo la miró de nuevo, con escepticismo.
-¿Estás segura de que no es parte de la estación de policía?- preguntó Sokka dubitativo. Toph le lanzó una mirada vacía y él suspiró.
-Bueno, ¿qué se supone que debemos hacer con esto?
-Jet se lío con los oficiales y por eso le lavaron el cerebro- dijo Aang sin rodeos.
Jet le miró con cautela.
-Sabemos que el Laogai está conectado a ti y también a la estación. ¿Qué otra conclusión podemos extraer exactamente?
Todos parecieron captar el mensaje y se sumieron en sus propios pensamientos hasta que Jet rompió el silencio.
-Supongo que estarás atada a mí un poco más- le dijo a Katara, intentando una sonrisa amistosa.
Ella no le hizo caso, pero otro de los presentes hundió las manos en sus bolsillos para ocultar la palidez de sus puños apretados. Minutos después el oficial volvió a aparecer detrás del mostrador. Y se veía molesto.
-Lo siento, pero como le dije al malhumorado de ahí- señaló en tono cansado -Long Feng no está aquí ahora. Pueden dejar un mensaje para él o pueden esperar. Eso es todo lo que puedo hacer.
-No será necesario- dijo Toph cortésmente -Gracias por su tiempo.
Con eso, ella salió de la estación y los demás la siguieron, desconcertados.
-¿Ahora qué?- preguntó Aang enfadado.
Toph lo fulminó con la mirada.
-Ahora iremos al Hotel Laogai, cabeza de aire- espetó ella -No me importa lo que pasó contigo y la Reina de Azúcar, pero es mejor que te calmes si es que quieres mi ayuda.
Aang suspiró cabreado, pero se esforzó por conseguir un tono más neutro.
-Bien. Tienes razón, lo siento.
Toph frunció el ceño.
-No es exactamente lo que pensaba, pero está mejor- sentenció -Vamos.
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Los siete entraron en el Hotel Laogai y encontraron el vestíbulo en completo silencio. Después de todo, era apenas medio día. El joven acomodado descuidadamente tras el mostrador, levantó la vista de su periódico y suspiró con cansancio.
-¿Puedo ayudarles?- preguntó, en tono aburrido.
Katara y Sokka sonrieron. Nunca habían conocido a este muchacho, pero sabían quién era. Era un refugiado, infiltrado en ese trabajo. Lo podrían decir por instinto. Los hermanos se acercaron al escritorio con paso lento y más pulcro que de costumbre.
-Buenas tardes señor- dijo Katara.
Ella usaba una voz baja y dulce, mientras se inclinaba sobre el mostrador. De repente, el chico estaba prestando mucha más atención. Aang frunció el ceño y Jet le sonrió con ironía.
-Hola nena- respondió su interlocutor con una sonrisa -¿Buscas una habitación?
Sokka se aclaró la garganta.
-Veo que has conocido a mi hermana pequeña- gruñó, con un tono afilado.
El joven se puso pálido y Katara rió suavemente.
-Oh Sokka, no seas…
-Sokka- exclamó con asombro -Espera- dijo entrecerrando los ojos -¿Acabas de llamarle Sokka?- Los dos le sonrieron -¿Así que eres quien creo que eres?
-Eso depende- respondió Katara de forma restrictiva -¿Es usted quien creemos que es?
Él le tendió la mano y fue Sokka quien se la estrechó.
-Por la alta traición- dijo el joven en voz baja, sonriendo.
Sokka le dio una palmada amistosa en el hombro.
-Por la prohibición.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Toph sin comprender.
-Los refugiados y los corredores tienen esta extraña manera de averiguar quiénes son sus compañeros y quienes no- respondió Jet sin mucho interés -No pueden simplemente salir y preguntar por ellos a todos esos funcionarios.
-Inteligente- reconoció Toph. Aang no parecía estar prestando atención.
-Katara- dijo la chica, señalándose a sí misma. Luego sacudió su pulgar hacia su hermano -Sokka- él hizo un gesto con la cabeza.
-Los hijos de Hakoda- señaló él.
-Ben- dijo -Uh... sólo Ben.
-Necesitamos tu ayuda, Ben- dijo Katara con una dulce sonrisa que dejó a Aang rechinando los dientes -¿Hay un sótano en este hotel?
-Lo hay, pero es vigilado y necesitas las llaves- dijo Ben humildemente, inclinándose un poco más a Katara -Yo no puedo ayudarte en este momento- murmuró en voz baja.
Katara sonrió.
-¿En este momento?... Benjamín, mi interés alcanzó su punto máximo- dijo a la ligera.
Sokka suspiró un poco. Odiaba admitirlo, pero su hermana era buena en este tipo de cosas. En cambio Aang, no estaba tan bien; él se paseaba cerca de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho y unas ganas terribles de enviar al tipo volando 100 metros en el aire.
-Hay una excavación de lujo esta noche- dijo Ben, con una sonrisa.
¡Y ella sonrió de vuelta!... Aang se burlaba de sí mismo pero todo el mundo le ignoró.
-Mezclarse va a ser... mucho más fácil para ti, mientras hagan el brindis. Todo el mundo estará distraído- Katara rió, una risa baja, musical, que hizo que el corazón de Aang saltara un par de compases.
-Usted ha sido más que útil Ben- dijo amablemente, para después empujarse bruscamente, lejos del mostrador. Ben también se incorporó, sorprendido.
-Bueno, maldita sea… sería simplemente grosero de mi parte permitirle salir de aquí sin preguntarle. ¿Me dejaría ser su escolta esta noche?- dijo, poniéndose de pie, con una sonrisa.
De repente, todo el mundo estaba observando muy de cerca a Katara. Ella se mordió el labio durante unos segundos, pensativa. Luego se inclinó hacia delante y le dio unas palmaditas en el hombro.
-Eso es muy dulce de tu parte- dijo con sinceridad -Pero francamente, tengo un montón de chicos con que lidiar en este momento.
Y con eso, salió del edificio. Toph sonrió y la siguió.
-Gracias de nuevo, Ben- dijo Sokka rápidamente.
El resto del grupo lo siguió, dejando a un apagado Ben atrás.
-Bien manejado, Dulzura- estaba diciendo Toph, cuando todos las alcanzaron en la acera -Parece que vamos a asistir a otra fiesta.
-¿La misma historia de cubierta funciona para todos?- preguntó Sokka.
Aang y Katara compartieron una breve mirada antes de desviarla furiosamente.
-Muy bien, muy bien- sentenció Sokka -Ahora sólo tenemos que establecer algo para ellos tres.
-¿Bueno cuáles son las historias?- preguntó Smellerbee -Tal vez podamos entrar en ellas de alguna manera.
Toph se irguió en toda su estatura.
-Yo soy Sai Bei Fong- dijo en voz alta.
Tomó a Sokka por sorpresa y lo siguiente que dijo se lo gritó al oído.
-Este es mi guardaespaldas, Lee- luego señaló a Katara -Ella es Kaya Dao, hija de un rico comisario de la policía del sur, y mi dama de compañía. Kuzon es su escolta- finalizó señalando a Aang.
-Genial- dijo Jet con una sonrisa -Voy a ser tu primo- le dijo a Katara -Jin Dao. Smellerbee será mi hermanita um... Yin Su.
-Llámame Su- dijo ella, encogiéndose de hombros.
-Y Longshot será mi compañero de la universidad, Tai Long.
Longshot lo palmeó en el hombro y se miraron uno al otro unos momentos.
-Me alegro de que lo apruebes- comentó Jet.
-Bueno, debemos conseguirnos ropas más agradables- señaló Smellerbee -¿Nos encontramos de nuevo aquí a la puesta de sol?
-Suena bien- respondieron Toph y Sokka.
Los dos grupos se separaron y Sokka suspiró.
-Supongo que tenemos que volver a la casa de huéspedes para recoger nuestra ropa de fiesta- dijo en tono cansado.
-Vamos Lee- bromeó Toph -¿No te divertiste la última vez?
Sokka solo se quejó en voz baja y se fue a buscar el camión. Toph le siguió, salpicando comentarios sarcásticos al mismo tiempo, por lo que Aang y Katara se quedaron solos en la acera. Ambos compartiendo una mirada iracunda.
-¿Crees que puedes mantener a raya tus gritos toda una noche?- preguntó él voz baja.
Katara le frunció el ceño.
-Ya veremos.
-Vaya, gracias por el beneficio de la duda- espetó Aang.
-¿Por qué estás tan enojado?- le preguntó ella con frialdad -Tu mejor amiga no resultó ser una mentirosa.
-Ya veremos- respondió con el mismo tono.
-¿Qué quieres decir?- siseó Katara -¿En qué te he mentido a ti?
-¡¿Y en qué te he mentido yo a ti?!
-Tú mismo lo dijiste- susurró ella con fiereza -Sólo eres mi amigo porque te gusto.
Aang explotó, agitando los brazos en respuesta.
-¡No es por eso demonios!... y aunque lo fuera, bueno... ¿no es eso un cumplido?
Si las miradas mataran, Aang habría muerto en ese momento. Pero por si las dudas, Katara se marchó hacia el camión de Sokka y cerró la puerta del pasajero detrás de ella.
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