Capítulo 27: Anoia (Necedad)
-"Es horrible."
Milo carraspeó, lanzando un pequeño grillo a la pecera en la que guardaba a su nueva mascota.
-"Quiero decir, todos los bichos son horribles pero éste se lleva las de ganar. ¿Por qué tenemos qué tener uno de estos? ¿No podemos comprar un perro? O un gatito. Siempre quise tener un gatito."
-"¿Un gatito?"- Respondió el hermano mayor, tapándose los ojos con la mano derecha. –"¡Claro! ¡Yo, un Santo Dorado, criando a un pequeño y tierno gatito! ¿Cuándo se ha escuchado algo así? ¡Aioria no terminaría de burlarse de mí!"
-"No seas ridículo. A nadie le importaría. Además, a todos les gustan los gatos."
-"¡Pues a mí no! Además, ¿hay algún animal más orgulloso que un escorpión? Siempre al acecho, siempre dispuesto a capturar a su presa. ¡Prefiere morir antes de verse acorralado!"
-"Eso es puro cuento. No hay animal tan estúpido que se quiera suicidar."
-"¿Tú qué sabes? ¿Nunca has escuchado de las ballenas? ¡Esas van y se estrellan contra las rocas! ¿Cómo lo explicarías?"
-"¿Qué sé yo? ¿Tienen algún problema en la cabeza?"
-"Lo que pasa es que tú no entiendes nada."
-"Sólo digo que eso de suicidarse es algo tan estúpido que un animal sano no lo haría."
-"No estás muy relacionada con el romanticismo, ¿verdad? Habrá qué hacer algo al respecto."
Hubo una larga pausa. Sólo se escuchaba el sutil crujido de las patas del arácnido sobre la arena que lo soportaba.
-"¡Está bien feo!"
-"Temo decirte que tú no eres un regalo para los sentidos."
-"¿Cómo le llamarás?"
-"¿Si es niña? Scarlet. ¿Si es niño? Scarlet."- Le miraron con el ceño fruncido. –"¿Qué? No es como si los demás se fueran a dar cuenta de la diferencia."
-"¿Scarlet?"
-"Aye."
-"¿En serio?"
-"¿No te estoy diciendo?"
Maias se separó de la pecera y comenzó a salir de la habitación de su hermano.
-"Eres demasiado, ¿sabías?"
-"Claro que lo soy."- Murmuró.
Cuando Maias salía del cuarto se tropezó con alguien. Miró hacia arriba, apenada, y bajó la mirada al reconocer al invitado. –"Con permiso."
Escurriéndose por una de las esquinas de la puerta, se perdió de vista.
-"Buenos días."
-"Hyoga."- Saludó el mayor sin alzar su rostro y admirando el cómo su mascota desayunaba.
-"¿Qué haces?"- En realidad la respuesta no le interesaba. Tan solo pensó que esa pregunta sería un modo interesante de iniciar la conversación. Milo no pareció notar la diferencia.
-"Ven, quiero presentarte a alguien."- El rubio miró hacia la pecera por un par de segundos. Concluyendo que lo mejor era fingir que aquel monstruo no se encontraba en la misma habitación que él, permaneció en silencio tomándose la libertad de sentarse en la orilla de la cama, justo al lado del mayor. -"¿Ya desayunaste?"
-"Ya, gracias."- Escorpio supo que mentía pero, sin humor para insistir, asintió y dejó pasar la hospitalidad de lado.
-"Tú siempre igual: siempre desesperado, siempre con prisas. Al menos es así conmigo."- Se puso de pie y caminó hacia su escritorio, el cual estaba repleto de hojas arrugadas y descoloridas. Parecía tener mucho más trabajo que el de costumbre. –"Debo de admitir que me es bastante irritante el tener qué tratar con tus visitas. Me molesta mucho tu rudeza."- Parecía estar hablando más para sí mismo que para Hyoga. Entre sus manos rebuscaba la hoja en la que se quedó la noche anterior. –"No sé ni por qué te tomas la molestia de venir. Es obvio que no te sientes a gusto."- Se sentó, preparando su pluma fuente y mirándolo de reojo. –"¿Será acaso que este lugar te trae malos recuerdos? Quizá te sientas atrapado."- Bajó la mirada hacia su trabajo y comenzó a escribir. –"Igual que un grillo."
Hyoga quiso negar su nerviosismo pero no se atrevió. No confiaba en ser tan buen actor como para mentir sin ser descubierto. ¿Por qué ese hombre parecía poder leerlo como a un libro abierto?
-"Algo así."- Rascó su mejilla, indeciso de qué era lo que tenía qué decir a continuación. –"¿Mucho trabajo?"
-"No veo el por qué tengas qué tomarte la molestia de fingir interés en lo que hago, muchacho. ¿Qué es lo que te trae aquí? ¿Has venido a despedirte?"
-"Lo siento por ti pero no."- Burlas y sarcasmos. Ese era el único modo en el que podía lidiar con él. El único modo en el que se sentía cómodo. Al menos le consolaba el hecho de que Milo parecía sentirse del mismo modo.
-"Claro, no tengo tanta suerte."- Se alzó de hombros. –"Pensé que sería así porque Dragón y Andrómeda se fueron esta mañana. No sé por qué me imaginé que tú no tardarías en irte."
-"En realidad me iba a quedar sólo este tiempo pero creo que esperaré un poco más."
-"Me figuro que…"- Una gruesa gota de tinta negra cayó por accidente sobre la hoja, extendiéndose por casi dos renglones. Gruñó, se deshizo del papel y comenzó nuevamente. –"Me imagino que tu cambio de opinión es debido a algún evento inesperado."
-"Mi maestro…"- Decidió no terminar su oración. Suponía que eso sería suficiente para darle a entender a Milo lo que ocurría.
-"¿Qué? ¿Te ha pedido que te quedes más tiempo?"
El rubio negó con la cabeza, suspirando para darse el valor que necesitaba para no salir corriendo del Octavo Templo.
-"¿Has hablado con él?"
Milo dejó sus deberes y giró su silla hacia él, mirándolo como diciendo '¿realmente me estás hablando de esto?'.
-"Te dije que lo haría, ¿no es así? ¿Por quién me tomas?"
-"¿Y bien?"
-"Mal no fue."
-"¿Qué fue lo que te dijo?"- Insistió, molesto por el desgane con el que el mayor trataba el asunto.
-"Cosas."- Arqueó la ceja y se cruzó de brazos, queriéndole dar a entender que no diría más que eso.
-"¿Qué cosas, exactamente?"
-"Camus estará bien. Sólo pasa por un momento complicado. Ya se le pasará. Es un hombre fuerte, tú deberías de saberlo."
-"Creo que tengo derecho a saber más del respecto."
-"Eso no te lo debato."
-"¿Entonces?"
-"Te lo voy a decir sólo una vez, ¿entiendes? Yo no tengo la obligación ni el derecho de decirte lo que pasó esa mañana. Si quieres saber más del asunto, habla con él."
-"Sabes que no me dirá nada."
-"Más a mi favor: si él quiere mantenerte en la oscuridad creo que es mi deber mantenerte en tal lugar."
-"Sólo quiero ayudarlo."
-"Lo siento, Hyoga. No puedo."- Tal vez desalentado por la sinceridad de aquellas palabras, el menor aceptó que no obtendría más de él. Se tomó su tiempo, sin embargo, sentado en la acolchonada superficie y preguntándose a sí mismo cómo es que podría ayudar a su maestro a resolver cualesquiera que fuesen sus preocupaciones.
Milo adivinó sus pensamientos y dio nuevamente la vuelta, finalmente concentrándose en su trabajo.
En algún momento de la mañana, Hyoga decidió que era demasiado temprano como para llegar a una conclusión. Dirigió su mirada hacia el recipiente de vidrio en cuyo interior dormitaba la amarillenta criatura (¿acaso esos animalejos dormían?).
-"¿Eso es lo que me querías presentar?"
-"Eso se llama Scarlet y deberías de tratarla con más respeto."
-"¿Es hembra? ¿Cómo lo reconoces?"
Milo sonrió de lado y sacó el pecho con orgullo.
-"Tal vez si abrieras algún libro de cuando en cuando aprenderías algo, Cicno."
-"¿Cicno?"
-"¿Ves? No eres más que un ignorante. ¿Has oído hablar de Ovidio? Te recomiendo que le eches un ojo. Leer sabes, ¿no?"
Hyoga apretó los labios y, sabiendo que perdería discutiendo sobre literatura, decidió retomar su asalto inicial.
-"Es horrible. No sé cómo puedes dormir con eso a lado."
-"Afrodita tiene razón."- Carraspeó y siguió hablando con un tono agudo y ligeramente femenino. –"La gente en el Santuario tiene un pésimo gusto."
-"No hables así."
-"Lo que pasa es que el ratoncito ha pasado demasiado tiempo cerca de malas influencias. No que él mismo sea una muy buena, por cierto."
Hyoga pareció sorprenderse por la llegada de Kanon. Si bien ya se había hecho a la idea de que, a final de cuentas, lograron hacerse amigos, no se esperaba encontrarlo en el Octavo Templo. Siendo sinceros, no podía imaginarse a nadie visitando aquel lugar por convicción propia.
-"La única mala influencia de aquí eres tú, Kanon."- La primera reacción de Hyoga fue la de sonreír pero pronto se dio cuenta de que las palabras de Milo no tuvieron aquella intención. –"Estoy muy ocupado. Por favor vete."
-"¿Ocupado? ¿No estás recibiendo visitas? No veo por qué no puedas tener a alguien más."
-"Hyoga ya se iba."
El susodicho asintió y se impulsó para ponerse de pie. Sin embargo, una fuerte mano lo mantuvo en su lugar.
-"No seas grosero. No porque me quieras correr a mí lo tienes qué correr a él."
-"No me está corriendo."- Afirmó Cygnus, medio por no querer desmentir a Escorpio, medio por querer escaparse de tan incómoda situación. Era casi como si el aire se hubiese vuelto espeso. –"Ya me iba pero su nueva mascota me llamó la atención."
Kanon alzó ambas cejas y volteó lentamente hacia la mesa de cama de su anfitrión. Un rápido escalofrío recorrió su nuca cuando identificó la repugnante criatura dentro de la pecera.
-"¿Ya tienes otro de esos? ¿No podrías comprarte un gato o algo así?"
Milo suspiró pesadamente, frotándose los ojos con las manos. Accidentalmente dejó en su nariz una pequeña pero notoria mancha de tinta.
-"Hyoga, por favor déjanos solos."
Aquel emitió un rápido 'sí' y finalmente fue capaz de salir corriendo. Kanon no pudo evitar notar el enorme entusiasmo con el que el muchachillo obedeció las órdenes de Milo.
-"Dijiste que te conseguirías uno y lo cumpliste."
-"Aunque te cueste trabajo creerlo, soy de esas personas que cumplen lo que dicen."
-"Ah…"- Estiró los brazos hacia arriba y movió su cuello, provocando que un par de huesos de su nuca crujieran. –"Pues si mal no recuerdo, tenía tu palabra de cierta apuesta por ahí y luego me dijiste que me olvidara del asunto. Eso no me parece algo muy honorable de tu parte."
-"Debes de sentirte afortunado. No suelo hacer muchas excepciones."- Escuchó los pasos de Kanon acercándose a él. Deseó levantarse y seguir el camino que acababa de recorrer Cygnus pero no tuvo el valor de admitir aquella derrota. Después de todo, aquella era su habitación. Si alguien tenía que irse, sería él.
-"Tengo suerte, supongo. Porque, y dime si me equivoco, también me dijiste que ya no querías saber nada de mí; y después del exabrupto que fuiste a hacer a Géminis el otro día, yo diría que estás muy al pendiente de mi persona."
-"Me es imposible no estar al pendiente de ti cuando yo estoy involucrado en el asunto. Además, yo no dije que no quisiera saber nada de ti."
-"Ah, deja trato de recordar."- Miró hacia el techo y rascó su barbilla. –"Fue más bien algo como que ya no ibas a jugar conmigo."
-"Y bien, yo no creo estar jugando con nadie en este momento."- Un par de manos se posaron en sus hombros. El agarre era fuerte y firme. De no ser por la errónea posición de aquellos pulgares (tenían que estar un poco más hacia arriba), hubiese pensado que era una sensación agradable. –"Deja eso."
-"No."
-"¿Por qué haces esto? ¿Qué no entiendes que estoy encabronado contigo?"
-"Entiendo, entiendo. También entiendo que te es muy difícil mantenerte enojado conmigo. Admítelo: te parezco adorable. Tanto que hasta me dejas acercarme así."
Milo rió quedamente. Aquellas palabras eran ciertas. Decir que Kanon le parecía adorable era poco y por eso mismo le resultaba casi imposible no perdonarlo de todas sus estupideces. A pesar de esto, su posición era firme. Aún no sentía que Kanon hubiese recibido suficiente escarmiento y aunque le costara toda la fuerza de voluntad con la que contaba, no dejaría que se saliera con la suya.
Aún no.
Esperaría un poco más. A final de cuentas, lo había ido a buscar, ¿no? Después de lo que le dijo, si él no sintiera al menos un poco de curiosidad, habría desaparecido por completo. Aquella le parecía una maravillosa señal. Deseaba convertir aquella curiosidad en algo más pero aún no era tiempo.
Además, le tomaría tiempo perdonarlo por haberle contado su secreto a Saga. Alguien que guardaba tan celosamente su vida privada como Milo no podía permitir algo como eso. Después de todo, ayer fue eso, al día siguiente, ¿qué sería? No se le puede dar a alguien la mano porque enseguida te toman el brazo. En el caso de Kanon… él tomaba el brazo, las piernas y la billetera.
-"Si no fueras tan adorable, ya te habría roto la cara en mil pedazos. Ahora vete."
-"Anda. ¿Qué quieres que haga? ¿Qué te ruegue? Si es eso te advierto que nunca va a pasar."
Milo giró un poco la cabeza, lo suficiente como para verlo a la cara. Arqueó la ceja y chasqueó la boca.
-"¿Rogar? Si. Deberías de hacerlo."
Dispuesto a defender su orgullo, Kanon decidió que había tenido suficiente por esa mañana. Tendría que ir a otro lugar en búsqueda del desayuno.
-"Deja. Prefiero esperar a que se te pase el berrinche."- Agachó un poco su rostro y señaló al del menor. –"Y por cierto, tienes cosa negra en la nariz."
Abochornado, Milo escondió la mancha tras un grueso mechón de cabello.
Cuando estuvo seguro de que Kanon estaba lejos de su Templo, salió corriendo al baño.
Comentario de la Autora: Yo uso pluma fuente y una vez la tinta se atoró. No pensando muy bien en lo que hacía, agité la pluma hasta que oí un muy enojado "¡OYE!". Cuando volteé, vi que había manchado la camisa de un amigo. No saben cuánta pena me dio. Jaja! Me acordé de eso cuando hice este capítulo.
El personaje de Cicno es muy curioso. Hijo de Apolo y de una mujer llamada Hirie, Cicno era pretendido por muchos jóvenes pero él siempre los desairó a todos. Con el paso del tiempo sólo uno, llamado Filio, insistió y Cicno le dijo que estaba dispuesto a cederle su amor si cumplía con tres 'simples' pruebas: domar a un león con las manos desnudas, atrapar a un montón de buitres devoradores de humanos y llevar un toro hacia el templo de Zeus utilizando solo las manos. Filio cumplió con las dos primeras pruebas pero la tercera no la concluyó por consejo de Heracles. Enfurecido, Cicno hizo berrinche y... pues... se lanzó por un precipicio hacia un río. Sin embargo, antes de caer Apolo lo convirtió en cisne. Ignorante de que su hijo se había salvado, Hirie decidió seguir el destino de su hijo y también se lanzó al precipicio. Apolo también la transformó a ella en ave.
Hmmm... me pregunto si Kurumada sabía esa historia cuando creó a Hyoga?
Mmmm... mmm... creo que eso es todo por hoy. Hyoga está teniendo más protagonismo del que me gustaría pero ya ni modo jaja!
¡Muchísimas gracias por sus reviews! ¡Me hacen muy feliz! n.n
