Incomplete

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Capítulo Veintinueve
No Vale la Pena


A la mañana siguiente, Sakura se despertó con el sonido del celular chillando fuertemente sobre su mesa de noche, rompiendo el silencio que había acobijado previamente la habitación. Con un pequeño gruñido de descontento al ser despertada tan brutalmente después de la que pareció ser la noche de descanso más pacífica que había tenido en un rato, rodó y con ojos soñolientos entreabiertos, luchó por alcanzar el molesto aparato.

No era la primera vez que se despertaba para encontrarse en el lado de la cama de su esposo después de que él se fuera a trabajar en las mañanas, pero ciertamente sí era la primera vez que encontró eso ser un inconveniente (en vista de que la almohada de él siempre era más suave y más acolchonada—y olía a él más que la de ella).

Extendida horizontalmente sobre el colchón, sus dedos finalmente agarraron el celular, y sin cuidado alguno presionó el botón de aceptar, trayéndolo a su oído mientras su cabeza caía cansadamente sobre su ahora fría almohada.

—¿Hola? —masculló, no teniendo la fuerza necesaria para siquiera importarle quién estaba del otro lado de la línea.

La familiar voz alegre que la saludó, sin embargo, hizo que se espabilara al instante, todos los rastros de sueño disipándose de su sistema. —¡Hola, Sakura!

—¡Naruto! —exclamó, una sonrisa feliz iluminando su rostro mientras subía la cabeza, dejando que sus codos soportaran su peso—. ¿Dónde has estado? ¡No me has hablado en una eternidad! ¡No tienes idea de lo mucho que te he extrañado!

Por supuesto que me has extrañado —Naruto rió—, pero realmente no he tenido mucho tiempo para hacer algo últimamente. He estado muy ocupado.

—Sí, claro —bufó, las palabras escapando de su boca antes de que su cerebro pudiera procesarlas—, ¿muy ocupado para llamarme?, ¿a mí? ¡Soy como tu hermana, por el amor de Dios!

El rubio se mantuvo callado por un momento. —Err… Sakura, ¿te encuentras bien? —preguntó, ligeramente vacilante.

La pelirrosa lanzó un suspiro al escucharlo, una mano levantándose para masajear su frente. Durante los últimos días, había descubierto que uno de los inconvenientes de estar embarazada —aparte de las náuseas matutinas, la fatiga y los irritantes dolores de espalda— era que sus emociones parecían estar en una constante montaña rusa.

Había estado irritable y era fácil de enojar en todo el tiempo que no estaba llorando o atormentándose con los peores escenarios, así que ahora podía ver claramente de dónde estaba partiendo su mejor amigo. Después de todo, nunca había sido el tipo de persona que se enojara con alguien simplemente porque no se pusiera al corriente con ella durante un periodo de tiempo; ella no exigía atención—ella se la ganaba.

—Lo siento, Naruto —se disculpó—. Es sólo que… bueno, estoy en un periodo de mi vida bastante delicado justo ahora y cualquier cosa, por mínima que sea, me afecta.

¿Un periodo de tu vida bastante delicado?—repitió, y ella fácilmente se imaginó la ceja fruncida arruinando su rostro—. ¿De qué estás hablando, Sakura? ¡No me digas que estás enferma!

—No, Naruto —rió—, no estoy enferma. A decir verdad… —rodando sobre su espalda, observó el techo de una forma soñadora mientras una de sus manos llegaba a acariciar su estómago todavía plano—. Esta es la cosa más bella que alguna vez me haya ocurrido. Naruto… —se detuvo por un segundo, insegura de cómo darle la noticia, antes de decidir rápidamente que —al menos en el caso de él— el simple acercamiento era lo mejor—. Estoy embarazada.

Un momento de silencio le siguió a su inesperada declaración, el cual fue pronto roto con un fuerte chillido—. ¿Qué?

Sakura rió. —Sí —confirmó.

¿P-pero tú y el bastardo, Sakura? —tartamudeó, en shock.

—Sí —sonrió, mordiéndose el labio—. Yo y el bastardo. ¿Quién lo hubiera pensado, cierto?

Sí, bueno… pobre bebé, Sakura —dijo y ella rió una vez más al escuchar la seriedad en su voz—. Con semejante padre…

—No seas malo —reprendió con suavidad—. Sasuke es… bueno, pienso que estoy comenzando a conocer al verdadero él, ¿entiendes? Y es bastante asombroso.

Claaaro —bufó, pero por suerte, se detuvo en presionar el tema antes de que sus emociones ya fuera de control hicieran que ella perdiera los estribos y comenzara a gritarle—. ¿Qué dijo sobre el bebé?

—Yo… —comenzó, pero se detuvo, incapaz de encontrar las palabras. Un suave suspiro salió de sus labios al darse cuentade que una vez más se enfrentaba con el mismo problema de siempre—.No le he dicho todavía —confesó finalmente—. Eso… no es tan fácil como inicialmente había pensado. Sólo tú y TenTen saben.

Sak, sabes que teamo y que haría lo que fuera por ti, ¿cierto? —preguntó.

Sakura frunció el entrecejo, confundida con el repentino cambio de tema. —Ya sé —respondió—. Yo también te amo.

Si él te lastima de nuevo… lo mataré —advirtió, hablando lentamente, como si quisiera asegurarse deque ella entendiera que él iba enserio con cada una de las palabras que salía de sus labios—. Sin importar las circunstancias —o tus sentimientos por él— lo mataré esta vez.

—No seas así —murmuró con desaprobación—. Las cosas están mejorando entre nosotros. Pronto, ya no tendrás que preocuparte de él nunca más. Lo prometo.

Un profundo suspiro resonó a través del teléfono—. Bueno, espero que mantengas esa promesa, Sakura.

—Yo siempre lo hago —le recordó.

Bien —dijo, y con otro suspiro, dejó ir el tema—. ¿Cenas conmigo hoy en la noche?

Sakura se mordió el labio mientras pensaba la respuesta. —No sé —dijo, la incertidumbre manchando su voz—. Sasuke podría vernos, y ya sabes cómo se pone.

Ven a mi departamento —respondió, fácilmente encontrando una solución—. Tenemos mucho de qué hablar.

—Muy bien, entonces —accedió —no obstante un poco vacilante— con una sonrisa—. Te veo hoy en la noche. ¡Adiós!

¡Adiós! Ohh, y enciende tu celular para mí, ¿sí? —agregó de forma apresurada, antes de terminar la conversación.

Con otro suave suspiro y una ligera negación, todavía no convencida por completo de que aceptar la invitación de su mejor amigo había sido una buena idea, la pelirrosa rodó sobre su estómago, sus ojos fijos en la pequeña pantalla de su teléfono mientras marcaba el número ya memorizado de TenTen.

No había nada que la detuviera de decirle la verdad a Sasuke esa noche—y ya que tenía algo de tiempo en sus manos, supuso que podía usar algo de 'inspiración'.

~•~

—¡Sasuke-kun! —un chillido demasiado familiar resonó por la mansión, casi sobresaltándolo, el sonido de tacones golpeteando la madera dura del piso que le siguió, rompiendo el silencio que pacíficamente había incluido su ambiente.

El joven Uchiha, quien se había encerrado en su oficina justo después del desayuno, suspiró y dejó la pluma en la mesa, sus manos levantándose para cubrirse el rostro mientras luchaba contra la necesidad de gruñir —o más bien, lloriquear— inútilmente. De dónde sacaba estar mujer tanta determinación y perseverancia estaba por encima de su comprensión, en serio.

Pero una vez más, su papá le había puesto el mundo a sus pies desde el momento en que ella nació, así que supuso que ella tenía los suministros —toneladas de suministros— esperando sin problemas a ser usados.

Reclinándose en su cómoda silla de cuero, la observó aparecer en la entrada de la oficina, ataviada con el más corto y ceñido vestido rojo que él hubiera visto alguna vez, y un par de tacones negros.

Había decidido quedarse en casa esa mañana y esperar a que su esposa despertara, queriendo darle la oportunidad de decir lo que había querido decir la noche anterior, cuando él la había interrumpido de forma poco ceremoniosa —no es que creyera que alguien pudiera culparlo— pero con la inesperada aparición de la pelirroja, se encontró peligrosamente cerca de arrepentirse de su decisión.

—¡Sasuke-kun! —exclamó de nuevo, su voz más moderada, ahora que lo había encontrado.

Sasuke la observó de forma inexpresiva. ¿Cómo se suponía que tenía que decirlo para que Yuki entendiera que él ya no quería a esta mujer merodeando por su casa?

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, exasperado—. ¿Realmente eres incapaz de captar la indirecta—y desaparecer?

Era difícil de admitir, pero él se estaba desesperando. Parecía como si ella siempre estuviera ahí, teniéndolo en la mira, lista para soltar insultos sobre su esposa cada vez que él se daba la vuelta. Sasuke no era de ninguna manera una persona con una personalidad débil, una que no se pudiera adherir a una opinión propia, pero la duda que ella infundía en él a diario… era demasiado, incluso para él.

Habían dos opciones plausibles: o ella tenía una imaginación muy activa o estaba diciendo la verdad, y aunque él no quería nada más que creer que la última era justo un resultado de su mente enferma y su naturaleza desconfiada y paranoica, él no podía estar seguro—no podía. Su forma de ser intensa se lo impedía y temía que, pronto, él colapsaría y espetaría—y no con Karin, sino con su esposa. Y esa era la última cosa que necesitaban a esas alturas. Había tenido suficiente con los cambios de humor de su esposa, sus repentinos malestares, su extraño comportamiento misterioso… con todo lo que estaba ocurriendo últimamente en su relación.

—¡Sí! —exclamó ligeramente molesta—. ¡Soy incapaz de desaparecer sólo así! ¿Quieres saber por qué? Porque me importas, Sasuke-kun, y porque no puedo permitir que te sigas haciendo esto por más tiempo. Si continúas permaneciendo con ella y creyendo en sus mentiras, vas a terminar lastimado, ¡y no quiero eso!

—Karin —siseó lentamente—, nadie va a lastimarme—e incluso si lo hicieran, no sería tu problema en lo más mínimo. ¡Métete en tus asuntos y lárgate!

—Ella te está siendo infiel, Sasuke-kun —continúo como si él ni siquiera hubiera hablado, lentamente avanzando por la habitación.

Sasuke se aguantó las ganas de levantarse, agarrarla del brazo,sacarla a rastras de su oficina —su espacio personal— y echarla de la casa, decidiendo en cambio apretar la mandíbula y fulminarla peligrosamente, amenazantemente.

Por desgracia, ella no pareció notarlo. —Estás siendo muy amable con ella, ¡y todo lo que quiere es venganza! Todo este tiempo, ella se mantuvo a tu lado por tu físico y tu dinero, ¡y por esas malditas apariencias que a todos ustedes les importan tanto! Pero ella no te ama. Ella sólo es una pequeña zorra que le gusta hacer de las suyas con cada hombre que es lo suficientemente desafortunado para cruzarse en su camino. Y por supuesto, en la noche, ella regresa a ti. Ya sabes lo que dicen: guarda lo mejor para el final —se detuvo en frente de su mesa y se mordió el labio mientras le daba un meticuloso vistazo, la mirada en sus ojos tornándose de una de preocupación —falsa preocupación, pero preocupación de todo modos— por una salvaje, casi predatoria—. Supongo que no es tan estúpida después de todo, ¿huh? —agregó, aparentemente para ella.

—Karin —comenzó, su voz calmada y firme, no traicionando al enojo que se disparó por su cuerpo luego de escuchar su discurso—, te voy a pedir —muy amablemente— que te largues de mivista antes de que me harte y te eche de la casa yo mismo —sus ojos ónices perforaron los de ella mientras hablaba—. ¿Estás segura deque quieres pasar por la misma experiencia de nuevo?

La pelirroja rodó los ojos, un mohín en su rostro. —Bien, Sasuke-kun —cedió—. Me iré. Pero no estaba jugando. Cuando finalmente te des cuenta con qué tipo de mujer te obligaron a casarte, ven a mí. Te estaré esperando… —y con eso, ella se fue, dejando atrás un rastro de un costoso perfume y palabras que flotaron en al aire durante un largo rato después de que la casa estuviera despejada de su presencia.

Apretando la mandíbula, Sasuke se cubrió los ojos con su mano y trató de luchar contra la ira que se disparó por sus venas, no queriendo colapsar de la nada y comenzar a aventar cosas por todos lados. No, eso sería inaceptable. Especialmente ya que Sakura todavía seguía durmiendo pacíficamente en el segundo piso. Porque ahora a ella le gustaba dormir hasta tarde, se recordó. Estaba cansada y enferma y necesitaba descansar.

La última semana había sido frenética para ambos, y cuando la vio la noche anterior, riendo de forma tan despreocupada, mostrando ese lado infantil que él tanto amaba en secreto, sus ojos brillando como gemas relucientes, como él solía verlas brillar… cuando la vio la noche anterior, sentada ahí, con un bol de helado en sus manos, y sin signo alguno de la enfermedad que la había atacado en la mañana… bueno, él pudo haber estado un poco demasiado feliz,un poco demasiado ansioso para mostrarle lo mucho que ella había llegado a significar para él—un aspecto que incluso él había subestimado.

Así que por supuesto ella estaba exhausta; era tan sólo normal, se dijo a sí mismo.

Pero incluso así, no podía negar la persistente sensación de que algo estaba mal, que algo —y él no tenía de qué tan importante, qué tan peligroso ese algo podía ser— no estaba bien sobre el hecho de que ella hubiera cambiado sus hábitos de alimentaciones y sus horas de dormir tan fácilmente y tan repentinamente. Y pensar que eso sólo era una de las tantas cosas extrañas que parecían rodearla hoy en día.

Con un suave suspiro y una ligera negación de cabeza, el joven Uchiha trató de dirigir su atención de regreso al contrato que había estado estudiando. Para su desagrado —y añadiéndose ya al mal humor en el que lo había obligado la pelirroja a ponerse— pronto descubrió que eso era imposible. Pensamientos de su esposa invadían continuamente su mente y retenían su atención, y aunque ver su rostro sonriente calmaba al enfadado dragón dentro de él, pensar en los últimos días no lo hacía—sólo servía para confundirlo aún más. Y cuando Sasuke estaba confundido, pensaba—y pensaba y pensaba, hasta que llegaba a algunas conclusiones que, tenía que admitirlo, resultaban estar equivocadas la mayoría de las veces. Pero ella había estado actuando de forma tan extraña… ¡y maldita Karin y sus estúpidas, estúpidas ideas!

Sasuke una vez había pensado que esa mujer era inofensiva. Nunca la había considerado estúpida, pero nunca había pensado que pudiera lastimarlo—o a la familia que él estaba tratando de construir con Sakura. Apenas ahora es que se daba cuenta de lo equivocado que había estado. Porque ahora no podía evitar pensar: ¿y si ella tenía razón? ¿Y si Sakura realmente no era lo que él pensaba que era? ¿Y si ella sólo estaba tratando de vengarse de él por todos los años de sufrimiento por los que la había hecho pasar?Había muchas, muchas cosas que a él todavía le faltaban por conocer sobre ella, cosas que debió haber descubierto antes de casarse con ella—lo cual obviamente no era el caso.

Le dolía considerar siquiera las palabras de la pelirroja, pero su naturaleza de pensar y analizar las cosas en demasía lo dejaban indefenso contra la constante arremetida de dudas que ella se mantenía mandándole. Sus ojos se entrecerraron hasta convertirse en una mirada fulminante al darse cuenta de que la perra probablemente sabía eso, que esa la razón por la cual ella hacía todo eso, en primer lugar.

Pero Sasuke no era alguien que les permitiera a otros manipularlo de ninguna manera posible. La fina línea que mantenía a su paciencia se rompió, y se acercó al teléfono, totalmente dispuesto a llamar a su abogado y llenar una orden de restricción contra ella; exagerado o no, ya no quería seguir teniéndola cerca—y si ella no podía entender eso de buena manera y por voluntad propia, entonces no había nada más que él pudiera hacer al respecto.

Demasiado tarde se dio cuenta de que la línea estaba ocupada—Sakura estaba hablando con alguien. Su primer instinto fue regresar el teléfono en su lugar, ya que no tenía intención —o interés, si vamos al caso— de involucrarse en sus asuntos personales, en su vida. Pero luego escuchó su voz y todo se perdió.

—Yo… no le he dicho todavía. Eso… no es tan fácil como inicialmente había pensado. Sólo tú y TenTen saben.

—Sak, sabes que te amo y que haría lo que fuera por ti, ¿cierto?

—Ya sé. Yo también te amo.

—Si él te lastima de nuevo… lo mataré. Sin importar las circunstancias —o tus sentimientos por él— lo mataré esta vez.

—No seas así. Las cosas están mejorando entre nosotros. Pronto, ya no tendrás que preocuparte de él nunca más. Lo prometo.

—Bueno, espero que mantengas esa promesa, Sakura.

—Yo siempre lo hago.

—Bien. ¿Cenas conmigo hoy en la noche?

—No sé. Sasuke podría vernos—y ya sabes cómo se pone.

—Ven a mi departamento. Tenemos mucho de qué hablar.

—Muy bien, entonces. Te veo hoy en la noche. ¡Adiós!

—¡Adiós! Ohh, y enciende tu celular para mí, ¿sí?

Su visión su nubló mientras la conversación se repetía en su mente mucho después de que la señal de llamada lo hubiera interrumpido. "Yo también te amo", había dicho ella. Y no se lo había dicho a él. No, nunca a él. Con los pensamientos nublados por la ira, la voz de Karin sonó en su cabeza—"Ella sólo es una pequeña zorra que le gusta hacer de las suyas con cada hombre que es lo suficientemente desafortunado para cruzarse en su camino". Ella había estado en lo cierto. Todo este tiempo, él había estado defendiendo a la persona equivocada—y lo había hecho como nunca antes había defendido a otra persona, con una ferocidad y una pasión que ni él había creído ser capaz de tener.

Saliófurioso de su oficina antes de que su cerebro pudiera siquiera registrar la acción, antes de que pudiera encontrarle sentido a lo que había ocurrido—antes de que pudiera analizar la situación y alcanzar otras conclusiones menos dañinas y más lógicas. No pudo saber a ciencia cierta cuánto tiempo había pasado encerrado en su oficina, dejando que su ira aumentara, pero se dio cuenta, por la cantidad que había reunido, que había pasado un buen rato.

Ella se encontró con él en la base de las escaleras, vestida con un par de pantalones negros ajustados, tacones y una blusa holgada sin mangas. Bajo otras circunstancias, hubiera notado la forma en que sus ojos destellaban cuando recaían en él, o la hermosa sonrisa que se esparcía en su rostro cuando de sus labios salía su nombre. Hubiera notado lo feliz que ella era al verlo, y hubiera llegado a la conclusión de que quedarse en casa por más tiempo durante las mañanas, para que ella lo encontrara ahí cuando se despertara, era una alternativa apropiada para su ya monótona rutina —lo que sea, si la hacía resplandecer de esa forma.

Pero estas no eran circunstancias normales, así que todo lo que él vio cuando la observó fue sus labios formar esas dos palabras —"te amo"— y todo lo que él recordó fue cómo ella no se las había dicho a él, sino a otro hombre con quien había hablado con su teléfono, en su casa, después de haber compartido la cama con él durante toda una noche.

—Sasuke —respiró, sorprendida. Con una amplia sonrisa en su rostro, se movió para envolver sus brazos alrededor de su cuello, sólo para tenerlo a él deteniéndola, sus manos envolviendo sus muñecas severamente mientras la mantenía a distancia.

—¿Con quién estabas hablando? —siseó, su voz baja y peligrosa, sus ojos negros perforándola por completo.

Sakura frunció el entrecejo, su sonrisa ya desaparecida. —¿Qué…? —se detuvo, insegura de qué pensar de su comportamiento.

¿Qué estaba haciendo él ahí? ¿Por qué la estaba tratando así? ¿Y de qué rayos estaba hablando? ¿Qué era lo que él quería saber con tanta desesperación?

—¡No, no me digas! —se burló, casi una mueca de desdén malvada tirando de sus labios mientras la ira continuaba estallando en sus ojos—. ¿Con ese hombre afortunado que tanto amas?

Su ceja fruncida se intensificó, y un breve momento de recuerdos se proyectó en su mente, recordándole de una época —no hace mucho— cuando él hubiera hecho lo que fuera para reemplazar la arruga entre sus cejas rosas con una brillante sonrisa. Pero rápidamente lo hizo a un lado, antes de que tuviera la oportunidad de desarrollarse en algo más. Eso estaba en el pasado. Él ya había abierto los ojos ahora.

—¿De qué estás hablando? —preguntó, sonando genuinamente confundida.

Pero Sasuke se negó a seguir dejándose engañar por su facha de inocencia. —¡Deja de actuar! —espetó, permitiéndole tirar sus manos de su apretado agarre mientras ella se estremecía por su tono enojado y daba un paso para atrás—. ¡Te escuché, Sakura! ¡Te escuché hablando con él! ¡Te escuché diciéndole lo mucho que lo amas! Ahora dime: ¿en dónde estuviste ayer durante todo el día?

—Sasuke… —murmuró su nombre, sus ojos inundados con decepción.

—Estabas con él, ¿no? —exigió.

—No —dijo, negando con la cabeza—. No, Sasuke. Ayer, yo estaba… yo estaba—

—¡Deja de mentir, maldita sea! —la interrumpió, agarrándola de los brazos y forzándola abruptamente a acercarse—. ¿Por qué sigues actuando? ¿Por qué, cuando estoy justo aquí, dándote la oportunidad para hablar de una jodida vez?

—¡No estoy mintiendo, maldita sea! —espetó, soltándose por la fuerza de su agarre, sus ojos jade encendidos con renovada ira—. ¡No lo captas! —lo acusó—. ¡Nunca lo hiciste y probablemente nunca lo harás! ¡Estoy harta de ti!

—¡Bueno, yo estoy harto de ti! —sus ojos negros recorrieron de pies a cabeza todo su cuerpo, el desprecio fluyendo por sus venas—. Recién ahora me doy cuenta —dijo—, que he tenido a mi lado a una actriz muy buena. Pero tu actuación ya terminó.

Y con eso, le dio la espalda y salió furioso del lugar, la puerta principal estampándose detrás de él, haciendo que las paredes repiquetearan, dejando a la pelirrosa observándola con una mezcla de confusión, incredulidad y sufrimiento nadando en sus ojos. La larga puerta de caoba se abrió de nuevo tan sólo un momento después, y su mejor amiga entró a la casa, sus confundidos orbes chocolate buscando en la habitación hasta que la encontraron.

—Cariño —susurró, angustia fluyendo en sus ojos al ver la expresión grabada en sus rasgos—, ¿qué ocurrió? —abandonando descuidadamente su bolsa y chaqueta en el piso, se dirigió rápidamente hacia donde ella estaba de pie en la base de las escaleras—. ¿Le dijiste?

—¡No! —espetó, su respuesta siendo más dura de lo que quiso, mientras se tambaleaba hacia atrás para sentarse en las escaleras. Con las manos escondidas en su cabello, un pesado suspiro escapó de sus labios mientras los eventos que tuvieron lugar hace no más de un minuto eran asimilados por completo en su mente—. No tuve la oportunidad de hacerlo.

—Entonces, ¿qué demonios acaba de ocurrir? —exigió la castaña, tomando asiento junto a ella.

—¡Estaba furioso! ¡No creo que lo haya visto alguna vez así de enojado!

—¿Qué crees que ocurrió? —siseó, irracionalmente furiosa con su incitación, mientras se giraba para fulminarla, sus manos todavía enredadas en su cabello, los codos descansando sobre sus rodillas—. ¡Él comenzó a gritarme de nuevo! ¡Probablemente me escuchó hablando con Naruto y se puso como loco, como siempre! —su voz se quebró y ella maldijo—. ¡Ya no lo soporto más, maldita sea!

—Cariño, cálmate —aconsejó TenTen, pasando una mano reconfortante sobre su espalda—. Recuerda lo que el doctor te dijo. Sé que duele, pero piénsalo de esta forma —ofreció—. Él podrá ser un poco demasiado posesivo para tu gusto, pero todo lo que él hace o dice es porque está celoso. ¿Y qué mejor prueba de su amor que sus celos?

—No necesito sus malditos celos, TenTen —escupió la pelirrosa—. Lo necesito a él. E incluso después de todo este tiempo, no he conseguido obtener un vistazo de lo que hay debajo de su estúpida fachada. Voy por la vida diciéndole a la gente que él es dulce e increíble y todo lo que yo posiblemente podría querer, ¡pero no lo es!Él muestra preocupación por un momento y luego de repente se esfuma, y regresa a ser el mismo hombre frío y distantede siempre. ¡Él no es coherente, TenTen! No lo puedo entender—¡y algunas veces, siento como si él ni siquiera quisiera que yo lo entendiera! Él está constantemente rechazándome, nunca dejándome entrar…

—Sakura, él lo está intentando —le recordó—, realmente lo está. Neji me dijo que nunca antes lo había visto tan metido en una relación, tan entusiasta en hacer las cosas de la manera correcta. Él sólo… simplemente no sabe cómo lidiar con este tipo de situaciones… está completamente despistado.

—Bueno, ¡yo también lo estoy! —gritó, angustiada—. ¡Sólo porque estoy acostumbrada a mostrar afecto más abiertamente no significa que tenga mucha experiencia con las relaciones! Pero lo estoy intentando, TenTen; lo estoy intentando y sabes perfectamente bien que estoy lidiando con mucho más que él. Además, si alguien entre nosotros dos tiene el derecho de estar celoso, esa soy yo. Porque él ha sido el primero en mi vida y el único, y él ha estado con numerosas mujeres antes de mí. ¿Cómo sé que él no está en la cama con alguna de ellas mientras afirma estar en el trabajo? ¿Cómo sé que no está haciendo exactamente lo mismo que hacía cuando no estábamos juntos?

—¿Cómo puedo conseguir no pensar en eso? ¿Cómo es que eso nunca se me haya cruzado por la mente? ¿Cómo es que puedo confiar tanto en él? —su voz se suavizó mientras sus ojos se inundaban de lágrimas, su voz cortándose—. ¿Y qué hace falta para que él haga lo mismo…?

—Sakura… —se detuvo por un momento, luchando por encontrar las palabras—. Los hombres son unos idiotas—Sasuke más de lo normal. Pero tú ya sabías eso desde el inicio. Ya sabías en lo que te estabas metiendo. Ahora tienes que tragártelo y lidiar con esto. La realidad es… que ustedes dos tienen algunos problemas personales que tienen que resolver antes de que piensen en tener una relación perfecta. Uno que tú tienes claramente es la confianza que tienes en tu matrimonio, la falta de confianza que te ha estado acosando por días. Sé que las condiciones actuales no son ideales, ¿pero te has detenido a pensar cómo ha sido la semana pasada para él?

Sakura sollozó y negó con la cabeza, viendo su punto. Había estado tan absorta en sus propios problemas, que incluso cuando ella vio la preocupación escrita por todo el rostro de su esposo, ella no se había detenido a considerar, ni por un momento, los efectos que su comportamiento debió haber tenido en él, en ellos. Y a pesar de que una parte de ella aseguraba que su embarazo era una excusa viable, Sakura sabía que en realidad nada de eso valía. Ellos estaban en esto junto—se suponía que ella debía preocuparse por él, por cómo se sentía y por lo que pensaba. Y últimamente, no había hecho nada de eso.

—Has estado tan reservada, tan misteriosa… y Sasuke es así—él no confía en la gente fácilmente; uno tiene que trabajar realmente duro para ganarse su confianza y su respeto. Esta es probablemente la primera vez que él se ha abierto con alguien sólo porque sí—sólo porque pensó que alguien podría merecérselo, podría eventualmente demostrar valer la pena correr el riesgo. Podrá parecer frío e insensible, pero puedo apostar lo que sea que esto realmente es difícil para él—y tu comportamiento no lo ha hecho nada fácil.

Apartando la mirada de su amiga, la pelirrosa miró sus pies, su mente trabajando para procesar sus palabras.

—Y pienso que… pienso que ha llegado el momento para que aclares las cosas —continuó, una de sus manos llegando a descansar en el estómago de ella—, para que le digas la verdad.

~•~

Para el momento en que llegó a su oficina, Sasuke estaba lívido. Uno pensaría que ir como loco por toda la ciudad en el coche más rápido que él tenía alivianaría en cierto modo su enfado; él también había creído eso cuando agarró las llaves de su Aston Martin. Sin embargo, obviamente había estado equivocado, porque todo lo que consiguió fue encender aún más la rabia que había dentro de él. Él no sólo estaba enfadado, ¡estaba furioso!

¿Cómo pudo ella? No, olviden eso. ¿Cómo pudo él? ¿Cómo pudo haber confiado en ella?¿Cómo pudo haber sido tan jodidamente estúpido, tan ciego?¿Cómo pudo haber pensado que, después de todo lo que le había hecho, ella conseguiría encontrar dentro de sí el perdonarlo, el darle otra oportunidad, el querer pasar el resto de su vida con él? Era imposible—y debió haberle hecho caso a su instinto cuando se lo dijo.

Caminando furiosamente por los pasillos, el mundo alrededor de él lo ignoró por completo. Con las personas sabiendo que era mejor no meterse en su camino, entró a su oficina y estampó la puerta detrás de él, su ira fallando en refrescarse incluso cuando él impulsivamente pasó su brazo a lo largo de la superficie de su escritorio, enviando varios artículos a estrellarse contra el piso.

Todo este tiempo, él había creído en ella. Se había abierto al verla vulnerable y decepcionada. Se había puesto histérico porque un hombre o alguien la abrazó en la boda, y luego se había disculpado por la escena, porque ella aseguró que él estaba siendo estúpido—y porque él se sentía como un cretino por decepcionarla. Siempre desde que se habían juntado, todo —absolutamente todo— había sido sobre ella y sólo hasta ahora se daba cuenta qué tan grande había sido ese error.

Nunca debió haberse involucrado con ella. Debió haber sabido que era una mala idea, debió haber sabido que sólo complicaría su vida. Debió haber sabido que nunca funcionaría. Debió haberse mantenido alejado de ella, justo como lo había hecho desde el principio.

Un gruñido se abrió pasó en su garganta mientras se desplomaba en su silla, sus manos tirando de su cabello. ¿Cómo pudo haber sido tan jodidamente estúpido? Confiando en ella de esa forma—ella, de todas las personas, ¿y con la historia que ellos tenían?

La puerta a su oficina se abrió, haciendo que se detuviera de enviar el resto de los objetos que residían en el escritorio al suelo. Un simple vistazo en la dirección correcta le dijo que Katya había acabado de entrar en el lugar, pero no se molestó en correrla de su oficina. Se iría cuando hubiera finalizado lo que tenía para hacer o decir—ella nunca lo cuestionaba, nunca exigía su atención. Ella entendía de alguna manera cuando él preferiría que lo dejaran solo—y eso, para Sasuke, importaba más que nada.

El tenue sonido de sus tacones repiqueteando a lo largo de la alfombra llegó a sus oídos, pero él se negó a girarse para mirarla de nuevo; recostándose en su silla de cuero, observando en sus ventanales, no reaccionó a su presencia hasta que sintió las pequeñas manos sobre sus hombros. Al instante, su cuerpose tensó, sus músculos endureciéndose ante la inesperada acción.

Katya había parecido dispuesta y lista para mostrarle todo lo que tenía para mostrar, pero nunca había sido lo suficientemente atrevida como para tocarlo.

Parecía que ella, también, sabía perfectamente bien cuándo actuar, reflexionó con amargura.

—Sabes… —su voluptuosa voz susurró en su oreja, su cálido aliento chocando contra la piel de su cuello—. Pareces un poco tenso.

Pero, ¿por qué tendría que preocuparse por eso? ¿Por qué importaría? Todas ellas eran iguales—ella era igual.

Sus manos bajaron por su pecho, desabrochando los botones superiores de su camisa, acariciando sensualmente la piel expuesta. Sus labios rojos presionándose gentilmente en su cuello, sus dientes arañándose la superficie de su piel.

—¿Quieres que te ayude a relajarte?

Esta vez, Sasuke no la rechazó. Habían pasado meses desde que ella comenzó a tentarlo, comenzó a usar los atuendos más reveladores, a enviarle miradas voluptuosas y vistas indecentes—y todo este tiempo, él se había mantenido alejado por ella, por Sakura. Pero ella estaba fuera de escena ahora, y él se obligó a olvidarla, a permitirse sentir.

Resultó ser más difícil de lo que inicialmente había estimado.

Su cuerpo se relajó por instinto cuando las manos de ella continuaron con la exploración de su pecho. Eran suaves y pequeñas, con largas uñas cuidadas, pero no eran las manos correctas.

Labios carnosos se presionaron contra su mejilla, luego bajaron, cerca de la comisura de sus labios, tan cerca que si él ladeabasu cabeza ligeramente, él la estaría cuando lo hizo, sintió nada. La chispa a la que se había acostumbrado no estaba ahí, y su corazón no comenzó a latir de repente más rápido; ninguna emoción se manifestó dentrosuyoy había algo en el fondo de su mente que le decía que se detuviera, que no permitiera que una repetición de esto ocurriera. Pero lo hizo de todos modos, incluso si lo volvía loco.

Abruptamente girándose, la agarró de las caderas y duramente la jaló hacia él, su boca estampándose con la de ella, sus acciones siendo alimentadas por ira pura recorriéndolelas venas, nublándole el juicio.

Cerró los ojos y la vio—vio su preciosa sonrisa, sus brillantes ojos jade. Sus uñas se clavaron en las caderas de Katya, sus manos sujetándolas tan fuertemente que estuvo seguro que tendrían moretones después, pero no le importó, porque esas no eras las caderas de ella—esa no era su piel, no era su carne. Sus labios se movieron lentamente sobre los de ella, sus manos soltaron sus caderas sólo para subir y agarrar puñados de su cabello. Pero los mechones no eran tan suaves como a los que él estaba acostumbrado, y cuando abrió los ojos, descubrió que tampoco eran del color correcto.

Gruñendo profundamente, Sasuke apretó los ojos y apartó su boca de la de ella, rápidamente atacando su cuello. Katya se aferró a él, medio sentándose sobre su regazo, las manos en su cabello, su cabeza hacia atrás con placer. Los primeros botones de su blusa de seda ya estaban abiertos, revelando el inicio de su sostén de encaje, sus pechos prácticamente desbordándose sobre las copas, y el Uchiha encontró fácil enfocarse en eso mientras desgarraba el resto de la ropa, enviando a volar los costosos botones y dejando a la mujer encima de él en un desastre.

Por un momento, la imagen de su esposa sonriente desapareció de su cabeza. Pero luego él escondió el rostro en su cuello, y pilló un olorcillo de su perfume. No era el que había esperado.

Apretando los ojos, Sasuke le besó de nuevo, furiosamente, tratando de liberar toda la frustración acumulada, todo el enojo, tratando de sacarla de su cabeza, de olvidar todo lo relacionado con sus labios, su aroma, sus caricias, su voz, y esos malditos ojos de ella que parecían perseguirlo.

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Sakura se obligó a sonreír cuando sus ojos captaron los de Neji en el pasillo que —le habían dicho— dirigía a la oficina de su esposo. TenTen había conseguido convencerla de que la mejor cosa que podía hacer en esta situación era darle una explicación de la conversación que él obviamente había escuchado por casualidad, y decirle la verdadera razón detrás de su extraño comportamiento. Había venido todo el camino hasta su oficina en un impulso, queriendo quitarse esto de encima tan pronto como fuera posible, y aunque las palabras "mientras más rápido, mejor" resonaban en su mente, la pelirrosa estaba seriamente comenzando a arrepentirse de su imprudente decisión.

No había duda de que Sasuke todavía seguía lívido a estas alturas y tenía miedo de que verlo sólo empeorara las cosas aún más. Sin mencionar que había una alta posibilidad de que las noticias que tenía para compartirle sólo alimentaran su enojo. Brevemente se preguntó si simplemente debía darse la vuelta y esperar pacientemente a que él regresara a casa en la tarde, pero se deshizo del pensamiento con tanta determinación como pudo exhibir. Ya había llegado así de lejos y no se daría por vencida ahora—no de nuevo. Le iba a decir.

TenTen tenía razón—con Sasuke no habían secretos y el romper esa regla era culpa de ella. Debió haber tenido más confianza en él, en ellos, o de otro modo, su relación nunca funcionaría. Su reacción y las posibles consecuencias de repente dejaron de parecer tan importantes. Lo que realmente importaba era que ella diera este paso, el abrir finalmente la boca y decirle lo que le tenía que decir. Luego la decisión quedaría en él, y ella se libraría de esta responsabilidad, de este terrible peso con el que había estado cargando por tanto tiempo. Entonces en cualquier caso, se dijo a sí misma, si ella todavía seguía de alguna manera enojada con él por ser un idiota y decirle todas esas cosas, entonces esto era algo que ella tenía que hacer por ella y no por él—no para demostrar que estaba equivocado o para provocarlo aún más.

Con el corazón en la garganta, latiendo tan frenéticamente que temía que pudiera explotar, ella le pidió a sus pies que se mantuvieran avanzando hasta que llegó a la elegante puerta de madera que los separaba. Tomando un profundo suspiro—y enviando una rápida oración al cielo para avivar el coraje dentro de ella que parecía haber muerto hace mucho— agarró el pomo y lo giró, abriendo la puerta.

—Sasuke… —comenzó a hablar de inmediato, pero las palabras murieron en su garganta cuando su mirada cayó sobre la escena desarrollándose frente a ella.Él estaba sentado detrás de su escritorio, su camisa blanca medio abierta, y una mujer castaña que no pudo reconocer sobre su regazo, en el mismo estado de desnudo que ella. Ellos se habían separado al escucharla hablar, pero no había forma de negar lo que había estado ocurriendo.

Los labios de Sasuke estaban rojos e hinchados mientras la observaba boquiabierto, pero pudo haber jurado que la mujer en sus brazos le estaba sonriendo con arrogancia. Sin embargo, no pudo estar segura porque sus ojos estaban observando fijamente los orbes oscuros de su esposo. Por un momento, pensó en gritar, en hacer una escena—en darle una paliza a la mujer y darle a él lo que se merecía. Pero luego las lágrimas inundaron sus ojos, y se dio cuenta deque no habría punto en eso. Con o sin reacción de su parte, las cosas nunca iban a cambiar. Ella sabía eso ahora.

—No importa —susurró, agitando la mano con un débil gesto de indiferencia, antes de que saliera. No miró atrás para ver a Sasuke quitarse a la mujer de encima, no lo escuchó decir su nombre y no se dio la vuelta para verlo salir de su oficina, tratando desesperadamente de alcanzarla.

No recordó cómo llegó al estuvo borroso. Había tomado el elevador; la gente había entrado y salido, algunos incluso asintiendo en su dirección, pero fue como si ella hubiera estado en trance todo el tiempo. Su mano pasó por su cabello mientras se dirigía a las hileras de coches, sus ojos jade perdidos mientras trataba de encontrarle sentido a lo que había acabado de presenciar. ¿Durante cuánto tiempo había estado ocurriendo eso? ¿Había estado él mintiéndole todo el tiempo o era esto sólo una reacción a las conclusiones equivocadas a las que él había llegado?

—¡Sakura! —su nombre resonó por todo el estacionamiento y ella se dio cuenta que eso no importaba.

Este —este Sasuke— no era el padre que ella quería para su hijo. Desde hacía mucho había entendido que las cosas ya no se trataban sólo de ella; ella ya no seguía sola en esto, y si había tenido que aguantar toda la mierda de Sasuke en el pasado, no permitiría que su hijo pasara por la misma tortura. Él no viviría ni por un segundo en el mismo ambiente que ella.

Dando un breve vistazo detrás de ella, no realmente buscándolo, aceleró el paso, adentrándose en su coche tan pronto como llegó a él; sus manos temblando mientras giraba la llave para encenderlo y salía de su lugar de estacionamiento, en ningún momento dándole un vistazo al espejo retrovisor mientras salía de la instalación subterránea.

Sabía que debía estar enojado, pero sorprendentemente, descubrió que no lo estaba. Parecía que los años de sufrimiento la habían hecho inmune a este tipo de situaciones. De alguna enfermiza y dolorosa manera, se dio cuenta deque había estado esperando eso—esperando que él la traicionara, que él la decepcionara.

Su cerebro continuó trabajando a un paso lento para procesar lo que había ocurrido mientras el coche serpenteaba a lo largo del tráfico de mediodía. Vagamente, notó un familiar Aston Martin detrás de ella; sin embargo, la idea de lo que eso podría significar falló en ser registrado en su mente. Ola tras ola de preguntas inundaron su ya punzante cabeza, su cerebro teniendo problemas para captar la realidad de la situación.

¿Qué estaba haciendo? ¿Qué haría después? ¿Tendría el poder para abandonarlo después de todo lo que había acontecido entre ellos? ¿Lo aceptaría él con tanta facilidad? ¿A dónde iría ella? ¿Qué haría? ¿Conocería su hijo alguna vez a su padre? Ya nada tenía sentido. El mundoa su alrededor se había reducido a un gran revoltijo de palabras, imágenes y sonidos.

La imagen de él detrás de su escritorio, con esa mujer sobre su regazo la persiguieron, pero también lo hacían la imagen de su rostro, de su sexy y relajada sonrisa socarrona, o la sonrisa genuina que él le ofrecía sólo a ella escasamente.

¿Qué estaba ocurriendo? ¿Cuándo se había vuelto la situación tan complicada?¿Cuándo había cambiado todo para mal? Justo esta mañana, ella estaba planeando en cómo decirle a Sasuke que iba a ser papá, que ellos iban a tener una familia. ¿Cuándo había ocurrido todo esto? ¿Y por qué? ¿Qué es lo que ella había hecho mal?

Un fuerte claxon la sacó abruptamente de sus pensamientos, trayéndola de nuevo a la realidad. Ella miró hacia atrás, segura de que el sonido había venido de esa dirección, antes de girarse para mirar la calle de nuevo.

Los siguientes segundos no fueron más que borrosidad para ella. El espantoso sonido familiar de metal colisionando contra metal resonó en sus oídos como un disco rayado. Claxons retumbando, gente gritando, los sonidos se agregaron al caótico fondo. Sus manos sujetaron el volante de manejo fuertemente mientras un grito suyo escapaba de sus labios, sus instintos abriéndose paso mientras pisaba el freno de pie hasta el fondo.

Una brillante luz que vagamente recordó haber visto antes envolvió el lado de su coche, haciéndola apretar los ojos con irritación.

Luego no hubo nada.


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Pues... atrasado todo. :D

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Hoy es un día x2. Ya verán, ya verán. Hahaha.

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Sasuke-glamour off!