XXIX. Al borde de un ataque de nervios.
Sengo paseaba por Hueco Mundo, dando patadas a una pequeña piedra, mientras pensaba en cómo arreglar el entuerto que él mismo había causado –y por mucho que le habían explicado, aún no sabía bien cómo.- Cuando la piedra se hundió en ese desierto de arena que el hogar de tantos hollow. Se agachó a buscarla, al fin y al cabo le estaba ayudando a pensar, pero la piedra, sin saber bien cómo le salió disparada a la cabeza, con tal fuerza que lo tiró para atrás. Se toco la pequeña cabecita y otro pequeño trozo de máscara se le cayó, haciendo que Sengo sonriera enseñando los pocos dientes que les quedaban.
En ese instante y de la nada, la arena comenzó a removerse, haciendo que el pequeño hollow se arrastrara a gatas intentado salir, algo quería comérselo –otra vez- y no, ahora no podía ser comida de nada, ni nadie.
De la arena, y de manera triunfal por el susto que le había propinado, salió un ser enorme, con forma de gusano gigante y dos cuernos. Al verlo, Sengo, comenzó a saltar y a bailar, era a él a quien estaba buscando.
-¡Buwa-buwa! –gritó el pequeño autoproclamado arrancar.- ¡A ti te quería yo ver!
-¿Buwa? ¿buwa? –dijo el recién llegado en su idioma, a lo que Sengo entendió: "¿a mi para qué? ¿en que podría ayudarte?" bueno, eso mas o menos.
-¿Hola? –preguntó Tatsuki al entrar a la tienda.
-¡Voy! –ese era el grito inconfundible de Rika, que estaba en el aseo, al estar sola las cosas no podían ser de otra manera.
-¡Vale! –gritó la chica, mientras se apoyaba en el mostrador junto con Karin.
Al poco tiempo se escuchó la puerta del baño, y un par de maldiciones, ya que al parecer la embarazada se había tropezado con algo. Al salir no se fijo mucho en ellas, sólo sonrió. De lo poco que pudo darse cuenta Tatsuki es de que estaba mucho más grande que la última vez que la vio.
-¿Qué se… -Rika comenzó a mirar a Tatsuki fijamente- …¡tú! –le sonaba, le sonaba ¿pero de qué?- ¡¡eres amiga del pelirrojo!! –por fin se dio cuenta.
-Así es –dijo la morena haciendo un gesto de gracia.
-¿Le ha pasado algo a Miyako? –le preguntó rápidamente mientras se apoyaba en la mesa.- ¿Y a Rukia?
-Miyako está bien –dijo la más joven de las dos.- Soy Kurosaki Karin, hermana de "el pelirrojo", creo.
-Un placer –la embarazada iba a seguir cuando Karin la cortó.
-Necesitamos saber si alguien ha venido a preguntarte por Rukia-chan o mi sobrina.
-Si, ¿por qué? ¿dónde está el pelirrojo?
-Pues –Karin suspiró, la embarazada loca hacía muchas preguntas- Ichi-nii está con Rukia-chan y…
-¿¿Cómo?? ¿Y dónde está la niña? ¿la ha dejado sola? –le gritó, ahora su instinto maternal estaba muy acentuado.
-No, no –comenzó a mover las manos en el mismo sentido- está con nosotros, somos su familia.
-¡Pero no os conoce! –dijo con el ceño fruncido al puro más estilo Kurosaki- estará asustada, tengo que traérmela aquí, yo…
-Rika, Rika –le dijo Tatsuki- tranquila, siéntate –la embarazada le hizo caso- está bien, se lo pasa muy bien con su abuelo y sus tías ¿vale?
-¿De verdad?
-Si, pero –siguió la ex boxeadora- necesitamos saber si alguien te ha preguntado por ellas.
-Si, si, vino un hombre muy simpático, parecía militar como Byakuya-sama –ambas chicas se miraron entre sí, tras lo dicho por la embarazada ¿alguien militar como Byakuya? Sin lugar a dudas era un shinigami.
-¿Qué te preguntó?
-Pues, básicamente dónde estaba Miyako, aunque dio muchos rodeos.
-¿Y qué le dijiste? –preguntó Karin.
-Qué estaba con su padre –sonrió levemente la embarazada, mientras Karin comenzaba a sacar su móvil para llamar a su padre y avisarle.- Pero realmente, creo yo, sólo quería saber quien era "su padre" y como hasta hace poco Rukia no lo había dicho, no se lo dije.
-Bien, Rika –sonrió Tatsuki- hiciste muy bien.
-¿Qué más le dijiste? –siguió preguntando Karin.
El Capitán del escuadrón doce contestó que "no" a la pregunta de la Cámara de los 46: "¿se sabe el paradero de la niña?", a lo cual Rukia suspiró, al igual que su hermano, y su Teniente. En este instante Byakuya se comenzó a impacientar.
-¿Dónde está Kurosaki, Renji?
-No lo se, hace poco estaba conmigo, pero se fue corriendo antes de entrar.
-¿No se le habrá ocurrido abandonar a Rukia?
-Espero que no –dijo con sinceridad el Teniente.
Tras intentar sacar todo lo posible a la Capitana Unohana sobre las pruebas efectuadas a Rukia, llegó el momento más temido para la pequeña Kuchiki, le tocaba a ella las preguntas. Las primeras eran fáciles, sobre dónde había, estado, el porqué de su huida y demás, de hecho parecía que la cámara estaba bastante conforme con lo sabido, ya que debían aceptar que dictaminar la interrupción del embarazo fue algo precipitado teniendo en cuenta las circunstancias. Y, además, si la niña tenía cinco años y había podido pasar desapercibida, posiblemente no fuera tan peligrosa como se imaginaban. A la mayoría les parecía un crimen matarla, pero había uno en concreto que no estaba conforme con aceptarla en su familia, aquel hombre con voz de ultratumba: Kuchiki Haru, que no estando conforme, como el resto de la Cámara tenía que seguir preguntando.
-Entonces –continuó Haru- ¿dónde se encuentra en este momento la niña?
-No lo se.
Un murmullo se escuchó en la sala, y varías preguntas la asaltaban ¿por qué Rukia mentía ahora? Parecía que no tenía ningún problema con las preguntas anteriores. Y sino mentía ¿cómo era posible que no supiera donde estaba su hija? Así, todos los shinigamis de la sala se dividieron en dos: los que pensaban que mentía y los que no.
-¿Cómo es posible? –preguntó Haru.
-No lo se, ella se fue… se fue –tartamudeó, aún no había llegado Ichigo, y no sabía si podía o no decirlo todo. Él le dijo que asumiría su papel, que podría con toda la responsabilidad, pero no estaba allí.
-¿Con quien? –Rukia suspiró y no tuvo otra.
-Con su padre –murmullos y más murmullos en la sala.
-Eso nos lleva a otra pregunta –sonrió maliciosamente Haru.- ¿Quién es el afortunado padre?
Isshin andaba nervioso por su casa, y Miyako parecía su sombra, hiciera lo que hiciese su abuelo, ella iba detrás, pero escondiéndose para que él no la viese. La niña se sentía segura con su abuelo y echaba de menos a su madre, y todo sea dicho de paso, también a su padre. Pero él necesitaba un tiempo a solas, las pastillas que le daban a su nieta se estaban acabando y la única opción era acudir a Urahara, pero claro, con la niña así tampoco podía. Entonces, tras un largo rato de saber que le seguían, el médico tuvo una buena idea.
-¿Miyako? –dijo al aire sin mirar donde estaba, quería hacerle pensar a la pequeña que no la había visto, así estaría más contenta. Ella se comenzó a reír en silencio y se escondió.
¿Dónde estás? –se puso a buscarla debajo del sofá.- Bueno, si no sales no podré ponerte los dibujos…
-¡Aquí estoy! –salió corriendo, y con Takara en una mano.
Así, la dejó sentada en el sofá y con unos dibujos algo extraños de unos conejos que salvaban la vida de unos bichos extraños. Isshin se preguntaba qué le veía su nieta a eso, pero su sorpresa fue mayúscula cuando le dijo que eran los favoritos de su madre.
"¡Conejos! –pensó el médico- Rukia-chan nunca cambiará."
Ahora, era el momento para que Yuzu cuidara de ella, y él fuera, discretamente a ver su viejo amigo Uraraha, aunque realmente miedo le daba comprarle algo al "sexy tendero".
