Una historia original de NikkaFuza y LuenePetris
Traducida por Asideilogica21 y Vaana.
Capítulo 29 - November Rain
If we could take the time
To lay it on the line
I could rest my head
Just knowin' that you were mine
All mine
So if you want to love me
Then darlin' don't refrain
Or I'll just end up walkin'
In the cold November rain
Guns N Roses
Dimitri POV
Entonces eso es todo. Ella realmente se va...
Entré al cuarto de Rose y me senté a su lado, mirando esas malditas maletas listas. Realmente conseguí arruinar la única cosa buena que sucedió en mi vida desde el nacimiento de Claire.
No tenía derecho de pedirle a la morena que se quedara, no la vi sonreír más desde que cometí aquella estupidez y ella siempre estaba tan triste. Sólo le estaba haciendo daño. En realidad, me gustaría ser el motivo de su felicidad, pero como parece ser imposible, no puedo ser el que la haga infeliz. Rose merece ser infinitamente feliz, incluso si eso la lleva lejos de mí...
Tomé fuerzas para levantarme después de una rápida conversación. Si no lo hacía ahora, no lo conseguiría jamás.
- Perdóname, Rose. Sé que estás cansada de oír lo mismo, pero me equivoque y siento mucho lo que hice. Claire va a extrañarte mucho… Y yo también. -
Le dije todo lo que podía decir y ahora era el momento de aceptar la derrota.
- También te extrañare. - la escuché susurrar cuando estaba yendo hacia la puerta.
Frené por un instante, cerrando los ojos con fuerza ¿Va a echarme de menos? ¿Debería intentarlo una vez más? ¿Será que ella está sintiendo por mí lo mismo que yo siento por ella?
No... Eso es imposible. Y si intento algo a estas alturas, sólo voy a empeorarlo todo. En realidad, no quiero hacer que me odie aún más.
Con ese pensamiento salí del cuarto, sintiendo que acababa de dejar un pedazo de mí allí atrás. Sólo de pensar que jamás volvería a oír su voz desafiándome y llamándome camarada o que nunca más vería aquella sonrisa fácil y sincera sentí algo dentro de mí morir. Estaba seguro de que ninguna mujer volvería a despertar en mí los mismos sentimientos que Rose hacía que afloracen. Ella era única y la perdí.
Claire estaba jugando con el Capitán Willy en su cuarto cuando fui hasta allí para despedirme. Ella parecía haber aceptado un poco más la partida de Rose, a pesar de dormir con la morena todas las noches desde que descubrió que se iba. En cierto modo era bueno que mi niña pasara unos días con Tasha en casa de sus abuelos, ella se apartaría de aquí y olvidaría un poco toda esta tristeza.
Fui directo al aeropuerto para encontrarme con el equipo y, durante todo el vuelo, Stan nos dio aquella tradicional conversación motivadora, pero apenas si la escuche. Mi mente estaba totalmente ocupada por Rose.
Me encerré en mi habitación tan pronto como llegamos al hotel en Philadelphia, y traté de contener mis ganas de llamarla para oír su voz… No puedo hacer esto más.
Y por primera vez me sentí completamente solo. - Dimitri. - oí a Mikhail golpear mi puerta unas horas más tarde y le abrí. Él entró a la habitación con una bandeja en la mano y la colocó sobre una mesita que había allí. - No te vi en la cena así que decidí traerte algo para comer. -
- Gracias, Mikhail, pero no tengo hambre. - dije negando la comida, y volviendo a sentarme en la cama.
- Necesitas alimentarte un poco, Dimitri. No sirve de nada ponerte así. - él me regañó evaluándome por un instante. - ¿Ella realmente se marcha? -
- Se va mañana. - suspiré. Mikhail sabía que Rose y yo habíamos discutido y ella había pedido la dimisión, pero no sabía el motivo.
- ¿Por qué no intentas llamarla una vez más? - él sugirió.
- No es tan simple... Y, de todos modos, ya lo he intentado todo. No está más en mis manos. -
- Todavía puede cambiar de idea. Ten fe. - Mikhail dio una palmadita en mi hombro antes de dirigirse hacia la puerta. - Y come un poco. Tenemos un juego importante mañana y contamos contigo. -
Sólo asentí mientras observaba cómo salía de la habitación.
Me acosté en la cama de nuevo y dejé que mis pensamientos tomaran un rumbo ya conocido en los últimos días. Antes no había considerado seriamente esto, porque creí que aún podía convencer a Rose de quedarse, pero ahora realmente necesito tomar esta decisión.
Definitivamente este va a ser mi último partido. No puedo dejar que Claire sufra de nuevo encariñándose con otra persona que pueda abandonarla. Personalmente me encargaré de la crianza de mi niña.
Será una situación muy complicada y probablemente me enfrentaré a muchas críticas, además de tener que pagar una multa millonaria al equipo por romper el contrato en medio de la temporada, pero no podía esperar hasta enero. Si hubiera tomado esta decisión hace meses no tendría este problema y podría haber evitado mucho sufrimiento.
Por otro lado, si hubiera sido así, no habría conocido a Rose y, a pesar de todo, no me arrepentía de haberla tenido en mi vida, aunque fuera por poco tiempo. Ella me mostró tantos sentimientos que creía que era incapaz de sentir y con toda seguridad la tendría para siempre en mi corazón. Rose es simplemente inolvidable.
Acabé por dormirme en algún momento, pero no conseguí tener un sueño tranquilo y el día siguiente no comenzó mucho mejor.
Traté de llamar a Rose para cerciorarme de que Tasha haya pasado a buscar a Claire, pero el teléfono daba ocupado. Bueno, si algo estuviera mal ya lo sabría a estas alturas ¿No? Es por eso que dejé mi celular en el hotel y me dirigí al calentamiento.
Apenas si escuché las palabras que Stan dijo en el vestuario antes del inicio del juego, estaba completamente distraído y eso acabó haciéndome cometer muchos errores durante el partido.
Simplemente no podía creer lo que estaba pasando. Cada pase que lanzaba, terminaba saliendo mal o siendo interceptado. Eso cuando no me alcanzaban antes de que pudiera apenas pensar en lanzar la pelota a alguien. Y por lo general ni siquiera veía al jugador que lograba derribarme.
Nuestro técnico parecía a punto de colapsar en la orilla del campo. Stan andaba de un lado a otro y le gritaba a cualquiera que se le acercara demasiado.
Sabía que necesitaba concentrarme y arreglar ese marcador, no puedo terminar mi carrera con una derrota. Pero, aun teniendo conocimiento de ello, todo el tiempo mi mente me seguía recordando que, a estas horas, Rose ya habría desembarcado aquí en Pensilvania. Probablemente ella todavía no había llegado a casa de sus padres ¿O tal vez sí? ¿Sería posible que ella estuviese viendo el partido y viendo el fracaso que yo era?
Fuimos al entretiempo y estábamos perdiendo por una diferencia de dos touchdowns. Me quedé sentado en el asiento mirando al vacío. No puedo creer que este vaya a ser mi último juego ¿Por qué de repente empecé a fallar en todo?
Fue cuando una conmoción se inició entre los aficionados del Bucs. Algunos gritaban y otros aplaudían y quedé sin entender el porqué de eso hasta que Mikhaíl tocó mi hombro con una sonrisa en el rostro ¿Por qué está sonriendo cuando estamos siendo humillados?
El jugador no dijo nada, apenas sí apuntó a la pantalla y seguí con mi mirada en aquella dirección encontrándome de inmediato con una enorme imagen de Rose. Ella estaba sentada en uno de los camarotes con Claire en su regazo que saludaba frenéticamente hacia la cámara.
¿Qué está pasando? ¿Por qué Rose está aquí y no con su familia? ¿Y por qué Claire no está con su madre?
Entonces, mi corazón empezó a golpear más fuerte cuando Rose sonrió. Ella simplemente dio esa sonrisa hermosa y abierta que solía estar presente en su rostro antes de toda esta confusión. Esa sonrisa que era capaz de hacerme olvidar como respirar durante minutos enteros.
En ese momento me di cuenta de que no importaba por qué ella estaba aquí. Lo que importa es que está aquí. Me está viendo, está animándome a mí. Rose se preocupaba lo suficiente como para venir aquí a apoyarme. El motivo lo descubriré luego. Ahora tengo que esforzarme para ganar este juego por ella y, tal vez, pueda hacer que me escuche después del partido. Aunque no vuelva conmigo a casa, si al menos pudiera perdonarme por mis errores sería el hombre más feliz del mundo.
Una sonrisa empezó a surgir en mis labios con esos pensamientos. La imagen de ella fue sustituida por la mía en la pantalla y los aplausos aumentaron aún más. Normalmente me incomodaba tal exposición, pero, en este momento, lo único que me importa es que está aquí. Ella realmente está aquí.
Enfocándome en la nueva esperanza que se encendió en mi pecho, volví al juego. No voy a perder esta oportunidad, daré lo mejor de mí. Si hay una ínfima posibilidad de que las cosas se resuelvan, me aferraré a ella hasta el final.
Y por un increíble milagro, logramos dar vuelta el juego y vencer de forma abrumadora. Todos los jugadores estaban en éxtasis, conmemorando la victoria como si fuera la final del campeonato.
- Belikov. - Stan me llamó cuando iba apresurado hacia el vestuario, sin prestarle atención a los reporteros que se encontraban en el campo, incluyendo a Christian que intentó entrevistarme. Todo lo que quería en aquel momento era salir de allí y encontrarme con Rose.
- Entrenador. - respondí, interrumpiendo mi trayecto.
- Traiga a su niñera a los próximos partidos si eso garantiza que usted continúe con este rendimiento. - comentó. - Seguramente puedo arreglar un lugar para ella en el avión, por más irritante que sea la muchacha. -
Contuve las ganas de reír ante eso y sólo asentí, continuando mi camino. Pedí a uno de los auxiliares que encontrara a Rose y Claire y las trajese hasta donde estaba. Realmente necesitaba entender lo que estaba pasando.
Ni me quité el uniforme, me quedé esperando impaciente en el pasillo de acceso a los vestuarios, gastando energías mientras caminaba de un lado a otro. Ellas parecían no llegar nunca. Sólo unos minutos más tarde me vi tomando a Claire en mis brazos mientras ella hablaba del partido. Observé un poco dudoso hacia la morena sin saber cómo proceder, entonces simplemente disparé las preguntas que rondaban en mi mente:
- Rose ¿Qué pasó? ¿Cómo vinieron a parar aquí? -
- Siento el susto - ella dio una sonrisa avergonzada, evaluándome. - Tasha está en Grecia y no sabía qué hacer con Claire, entonces la traje conmigo. -
- ¿Tasha está dónde? - gruñí ¿Grecia? ¿Cómo que Grecia? Claire estaba ansiosa por ver a sus abuelos en Miami ¿Cómo puede simplemente estar en Grecia cuando debería estar con su hija?
- Después te explico. - Rose observó a Claire que parecía un poco triste con ese asunto y asentí para demostrar que comprendía. Una vez más Tasha consiguió decepcionar a la niña y una vez más a Rose le preocupó más el bienestar de Claire que a su propia madre.
- El equipo va a hacer un almuerzo de Acción de Gracias en el vestuario. - dije lo primero que se me vino a la cabeza. Con certeza ella trajo a Claire hasta aquí para entregármela y va a seguir viaje a la casa de sus padres. Si al menos pudiera convencerla de que se quedara un poco más conmigo... - Puedes quedarte, si quieres… -
- ¿Tú realmente tienes que ser partícipe? - preguntó un poco insegura. Eso me confundió ¿Qué podría hacer que no fuera eso? ¿Estar en el hotel con Claire?
- Bueno... No, pero ¿A dónde más iría? El resto de mi familia está en Tampa. - dije con la esperanza de que ella se diera cuenta de que forma parte de la familia que está aquí presente.
- Un almuerzo con un montón de jugadores no es lo ideal para Acción de Gracias. - Rose dijo denotando una timidez inusual en ella. - Mi familia está a menos de dos horas de aquí en coche y podríamos ir allí. -
- ¿Estar con tu familia? - pregunté un poco tenso para confirmar si eso era lo que había escuchado. La invitación en sí era perfecta, excepto por el hecho de que tendría que enfrentar a su padre. Él fue muy explícito sobre lo que haría conmigo si le hacía daño y... Bien... Fue exactamente lo que hice. - Yo no sé… -
- Vamos, papá - Claire pidió. - Quiero quedarme con Rose. -
Ah, yo también quiero... Más de lo que puedes imaginar...
- Vamos, Dimitri. - ella sonrió para mí y sentí una sonrisa nacer espontáneamente en mi rostro al oírla llamarme por mi primer nombre nuevamente. Extrañé eso. A mí me gustaba el sonido de mi nombre en su voz.
- Nosotros tenemos que tomar un avión al caer la noche... - acabé comentando a pesar de saber que no le negaría nada más a ella. No podría.
- Eh, es el día de Acción de Gracias. Es tu tiempo de descanso. - Rose insistió haciendo aflorar una gran felicidad dentro de mí. - ¿Por qué no os quedáis conmigo hasta el domingo? -
Mi corazón falló por algunos segundos ¿Por qué os quedáis conmigo hasta el domingo? Me encantaría quedarme con ella por el resto de la vida, eso sí.
- Te prometo que no voy a dejar que mi padre te muerda. - la morena me provocó, tal vez interpretando mi silencio como vacilación o incluso miedo de su padre.
No niego que le temía un poco a Abe, él era una fuerza que no podía ser despreciada. Pero por ella me enfrentaría a cualquier riesgo.
Está bien, acepto. - acordé, poniendo a Claire en el suelo. - Pero primero realmente necesito un baño.
- Te esperamos en el estacionamiento, entonces. - dijo antes de salir con mi hija.
Seguí directamente al vestuario que estaba extrañamente vacío y me duché rápidamente. Tomé mi mochila luego de cambiarme, estaba tratando de salir discretamente para evitar preguntas o insinuaciones cuando me choqué con Mikhail en el pasillo aún de uniforme y con el casco en las manos.
- Eh ¿A dónde piensas que vas? - preguntó evaluándome con diversión. - Fuiste elegido el mejor en el campo, todos están esperándote para la entrevista. -
- ¡Mierda! - exclamé en ruso.
Había olvidado esa tradición idiota. En todos los partidos de Acción de Gracias el elegido mejor en el campo participaba en un almuerzo o cena, dependiendo del horario, con un reportero y después de eso le entregaban la comida al resto del equipo. Probablemente era eso lo que Christian intentó hablar conmigo cuando corrí a los vestuarios.
Me quedé dividido por un instante. Esto seguramente iba a tardar y terminaría retrasando el viaje con Rose. Pero, por otra parte, mi ausencia en este momento no sería fácil de justificar.
- Ve. Lo resolveré por ti. - Mikhail pareció leer mis pensamientos, decidiendo por mí. - Imagino que hay algo más importante que te aguarda afuera. -
- Sí, así es. - estuve de acuerdo sonriéndole a mi amigo al pasar por su lado. - Gracias por esto. Te debo una. -
- Trata de arreglar las cosas esta vez, Dimitri. - dijo mientras me iba disparado por el pasillo. - No siempre ganamos una segunda oportunidad. -
- Avísale a Stan que no vuelvo en el vuelo con el equipo. - grité sin mirar atrás.
Mientras seguía hasta el estacionamiento me quedé pensando en lo que dijo Mikhail ¿Será que realmente Dios me dio una segunda oportunidad? Si es así, tengo que aprovecharla. Si para el domingo Rose no me perdona, volveré a casa y me ajustare a la situación, siguiendo mi plan de cuidar de mi hija solo. Pero, hasta que eso suceda, intentaré todo lo que esté a mi alcance.
Antes de seguir el viaje con las chicas, pasamos por el hotel en el que estaba alojado para recoger mis pertenencias y le pedí a Rose hacer una pequeña visita a una tienda donde elegí rápidamente algunas prendas para mí, ya que, solo había llevado ropas suficientes para una noche y necesitaría algunas más.
Después de eso continuamos nuestro viaje hasta las montañas Poconos. El clima en el coche era ligero a comparación con los últimos días. Claire pasó un buen rato comentando las principales jugadas del partido mientras Rose conducía tranquilamente. Ella insistió en tomar el volante y ni siquiera pensé en discutir.
En algún momento, mi hija terminó dormida y me giré para acomodarla de la mejor forma en el asiento. Cuando volví a mi posición anterior, vi a Rose sonriendo de forma indulgente.
- Ella se despertó realmente temprano. - comentó en un tono bajo. - Durante el vuelo estaba súper excitada, pero creo que su energía finalmente se terminó. -
- Rose ¿Me explicas lo que pasó? - pedí. Aún quería entender qué es esa historia de que Tasha está en Grecia.
- No sé con certeza. - ella me lanzó una rápida mirada. - Tasha no apareció a la hora acordada y sólo llamó poco antes de mi vuelo avisando que tenía un desfile y que ya estaba en el avión. -
- ¿Simplemente así? - sentí la rabia crecer en mí. - ¿Cómo pudo ser capaz? -
- Bueno, No tuve cómo exigir explicaciones. - Rose se encogió de hombros. - Como ella misma observó, no soy nada más que la niñera de Claire. Sólo un medio para que el servicio social no golpee tu puerta. -
- ¿Te dijo qué? - pregunté completamente indignado ¿Cuándo aquella loca le dijo eso a Rose?
- Eso es pasado. - la morena afirmó sin quitar los ojos de la carretera, pero sentí por su tono que no le eran tan indiferentes aquellas palabras. - No viene al caso. La cuestión es que Claire no paraba de llorar después de hablar con su madre hoy, entonces le dije que la traería conmigo. No sabía qué más hacer. -
Respiré profundamente y miré a la ventana del lado opuesto, viendo el paisaje pasar rápidamente por el exterior ¿Cuál era el problema de Tasha?
Quitando el final de nuestro matrimonio, con las malditas peleas a causa de sus celos, y los últimos desentendidos, nuestra relación fue buena. Tasha era mi amiga por encima de todo y siempre la admiré por su inteligencia y templanza. Claro que algunas veces me incomodaba el hecho de que ella antepusiera su trabajo a nuestra familia, pero ¿Quién era yo para reclamarle con la profesión que tengo?
Sólo que nunca imaginé que ella era capaz de mentir y ofender a la gente de esta manera. De hecho, nunca la vi haciendo estas cosas antes, es por ello que acabé creyendo tan fácilmente en sus palabras, que alimentaban los malos sentimientos que se nutrían dentro de mí debido a la relación de Rose e Iván.
Es cierto que, tal vez, debería haber estado más alerta después de aquel episodio durante el huracán, pero asumí esa situación como un error comprensible, ya que, aún no conocíamos tan bien a Rose. Pero ahora nada justificaba estas últimas actitudes. Tasha había cruzado todos los límites, y sólo me quedaba intentar arreglar todo aquello.
- Rose. - volví a hablar después de un largo período de silencio. - Tú sabes que lo que dijo Tasha no es cierto ¿Verdad? -
- No exactamente... - ella mantuvo la mirada fija en el camino. - Al fin y al cabo, realmente soy sólo la niñera de Claire. -
La observé por un momento, recordando el día en que ella me escuchó decir que era sólo eso lo que ella significaba para mí. No era casualidad que Rose intentara apartarse.
- Eres más que eso. - afirmé con convicción, con la esperanza de deshacer por lo menos este mal entendido. - Bueno... más que 'sólo una niñera'. Eres parte de nuestra familia. -
- Dimitri… -
- Estoy diciendo la verdad. - interrumpí sus protestas. - Cuando tengo que viajar debido a los partidos, no sólo extraño a Claire. Te extraño a ti, extraño nuestra familia. -
Rose dio una pequeña sonrisa quedando inmediatamente ruborizada, haciendo que la encontrara aún más bonita. Nunca había provocado esa reacción en ella y deseé verla así más veces. Es perfecta.
- Apuesto a que te has arrepentido muchas veces de haberme contratado. - dijo con esa sonrisa tímida en el rostro, mirándome de soslayo.
- No me arrepiento de ningún día que pasaste en mi casa. - respondí, a pesar de ser una pequeña mentira. Al principio, pensé muchas veces en despedirla, pero ahora veo que tomé la mejor decisión de mi vida al mantenerla cerca. - Has llenado nuestros días con felicidad. -
- Cállate. - Rose murmuró aún más roja, haciéndome reír.
- Sólo estoy diciendo la verdad, Roza. - completé, dándome de hombros como si no estuviera diciendo nada importante.
Seguimos el viaje en un silencio cómodo por algunos minutos. Quería decirle muchas otras cosas. Declarar cuánto la amaba y la necesitaba en mi vida, pero decidí ir con calma. Estar allí y tener esa conversación ya fue una gran victoria y necesitaba avanzar con cuidado y deliberación. Ganar una yarda a la vez, como en el fútbol.
Cuando estábamos cerca de Poconos, Rose volvió a hablar un tanto vacilante:
- Dimitri, yo... Yo quería pedirte que no le comentaras nada a mis padres sobre lo que sucedió... Principalmente sobre... Sobre él… -
- Nathan. - concluí al verla vacilar y sentí que mi corazón se apretaba al presenciar el miedo de ella por sólo pronunciar el nombre de ese desgraciado. Ahora le encontraba sentido a su reacción en la boda de Adrian después de ser presentada a mi tío. - No te preocupes. Iván me dijo que no saben lo que pasó. -
- ¿Iván te contó? - me di cuenta de que su voz falló un poco. - ¿Todo? -
- Lo necesario. - respondí de forma natural, buscando ser cuidadoso con las siguientes palabras. Era la primera vez que ella tocaba ese asunto conmigo y no quería hacerla cerrarse de nuevo. - Lo necesario para hacerme entender la extensión de mi estupidez. Perdóname por haber creído en las palabras de Tasha, no tenía la menor idea… -
- Dimitri, yo nunca... Nunca te conté... - se detuvo por un instante respirando profundamente, completamente incómoda.
- No necesitamos hablar de eso. - comenté inmediatamente. Rose no necesitaba sentirse obligada a darme ninguna explicación. Era yo quien debía dárselas a ella. - Si un día me quieres contar, todo bien. Si no, no es necesario. -
- Gracias. - ella suspiró un tanto aliviada y hasta me dio una pequeña sonrisa, aunque todavía estaba un poco pálida.
Luego, entramos en una alameda particular y Rose condujo un tiempo por aquella pequeña carretera hasta llegar a una gran puerta que se abrió tan pronto como el coche se acercó. Siguió hasta un garaje que contenía algunos coches deportivos. A lo lejos podía observar una construcción rodeada por un enorme jardín. Al salir del auto, cogí a Claire en mis brazos y Rose dijo que le pediría a los empleados que busquen las maletas después.
Seguimos caminando hasta la entrada de aquel jardín que estaba extremadamente bien cuidado. El césped era increíblemente verde, a pesar de estar a un mes del invierno, y había canteros con flores, fuentes y estatuas esparcidas por todo el lugar. Había varias escaleras y accesos posibles, pero Rose continuó caminando en línea recta, hacia un pequeño muro de piedra. Al pasar por él, el césped se abrió, dando vista a un gran lago que quedaba de frente a la casa. Y era una señora casa.
Miré sorprendido a la morena al constatar el tamaño y la suntuosidad de aquel lugar. ¿Realmente fue aquí donde ella creció? ¿Cómo consiguió vivir sin todo este lujo en Florida cuando decidió mudarse a vivir allí?
Paré para observar el sol que se estaba poniendo del otro lado del lago y pude observar una piscina de borde infinito que iba hasta el límite con las aguas cristalinas. Esa era realmente una hermosa vista.
- Dimitri, necesito prevenirte. - Rose habló desde su posición unos pasos delante de mí, mirándome un tanto avergonzada. - Mi padre puede ser un poco... Extravagante. -
¿Podría algo ser aún más extravagante que todo esto?
Volví a seguirla, subimos algunas escaleras y nos dirigimos hacia una pomposa puerta que fue abierta por una mujer de mediana edad que Rose trató de abrazar tan pronto como la vio.
- ¡Alberta, te extrañe! -
- Bienvenida, Rose. - la mujer sonrió de forma condescendiente, librándose del abrazo de ella y mirándome enseguida. - Usted debe ser el señor Belikov. Abe está muy ansioso con su llegada. -
- ¿Qué? - pregunté confundido ¿Él sabía que yo estaba en camino?
- Soy Alberta Petrov, la ama de llaves. - ella indicó que avanzáramos dentro de la casa y sentí a Claire moverse incómoda en mis brazos, aunque aún sin despertarse. - Lo que necesite, estoy a su disposición. -
Entramos en un pequeño hall que daba a un comedor que parecía estar preparado para un verdadero banquete. Algunos empleados arreglaban las cosas allí y Rose los saludó brevemente, siguiendo hacia una habitación adyacente mientras me quedé petrificado mirando el escenario frente a mí.
La habitación estaba llena de adornos y detalles dorados en las paredes que eran coronadas por unas lujosas lámparas de araña, además, de las estatuas que bordeaban la puerta. Encontré a Abe totalmente excéntrico cuando lo conocí, pero nunca imaginé que fuera más allá de ello. Ciertamente aquella casa reflejaba bien su personalidad.
- ¿Dimitri? - Rose me llamó desde la otra sala. - ¿No vienes? -
- Claro. - la seguí y, en cuanto entré una mujer pelirroja vino en nuestra dirección.
- Rosemarie, llegas tarde. - la regañó.
- ¿No puedes sólo llamarme Rose, madre? - la morena hizo una mueca mientras abrazaba a la otra. Observé a las dos con curiosidad. Ellas tenían muy pocas similitudes físicas a no ser que fuese por la altura. - Y es bueno verte también. -
- Escogí tu nombre y voy a llamarte por él. - la pelirroja replicó de una forma tajante antes de mirarme. Creo que las semejanzas estaban más en el aspecto de la personalidad allí. - Hola se bienvenido. Yo soy Janine, la madre de Rose. -
- Es un placer conocerla, señora Mazur. - la saludé de forma torpe por tener a Claire en brazos. - Soy Dimitri Belikov. -
- Por favor, llámame sólo Janine. - ella me lanzó una breve sonrisa. - Abe estaba ansioso por tu llegada, Dimitri. -
- ¡Por el amor de Dios! - Rose soltó, girando los ojos. - Antes de que este viejo comience a tramar algo, voy a llevar a Dimitri a una habitación ¿Ok? Claire no parece que vaya a despertarse pronto. -
- Creo que después de Ambrose aprendimos una importante lección sobre que tu lleves a cualquier persona del sexo opuesto a una habitación ¿No es así, Rosemarie? - Abe surgió en la sala con una sonrisa presuntuosa en los labios y se dirigió a su hija para abrazarla. Él usaba un traje marrón con una bufanda de color vino en el cuello.
- No empieces, viejo. - Rose lo censuró.
- ¿Quién es Ambrose? - pregunté ya que aquello empezó a gritar en mi mente al ver la vergüenza de la morena. Incluso la amenazante figura de su padre fue olvidada por un instante.
- Un amigo. - ella explicó. - Nadie importante. -
- Por la situación en que los encontramos él era más que un amigo. - Janine comentó con una mueca y sentí aquella conocida puntada de celos aparecer...
- Hace menos de cinco minutos que pasé por aquella puerta ¿Y ustedes ya quieren exponer mi pasado? - Rose se quejó de forma dramática.
- Papá ¿Dónde estamos? - Claire murmuró con la cabeza acostada en mi hombro, desviando mi atención de la conversación.
- Estamos en la casa de los padres de Rose, Claire. - expliqué y vi a la morena acercándose a mí, quedando delante de mi hija.
- ¿Dormiste bien? - Rose sonrió, quitando un mechón de cabello que había caído sobre la frente de la niña cuando ésta levantó la cabeza.
- Un poco. - ella bostezó y la puse en el suelo. - Tengo hambre. -
- Nosotros vamos a cenar enseguida, bajita. - la morena se rio, cogiendo la mano de Claire. - ¿Vamos a lavarnos la cara primero? -
Las dos salieron de la sala y me quedé un poco incómodo al notar que Abe y Janine observaban toda la escena atentamente. Mi móvil comenzó a sonar y pedí permiso para atender a mi hermana.
- Ey Vika. - hablé mientras los padres de Rose se dirigían al comedor.
- Creo que estás de muy buen humor, hermanito. - la chica dijo animada.
- Imagino que has visto el partido. - dije al dirigirme a una ventana para observar el lago.
- Pues claro. Y me imagino que te ha gustado la sorpresa. - sentí una sonrisa en su voz.
- ¿Tu lo sabias? -
- Fui yo quien preparó eso, Dimka. - Vika se rio.
- ¿Cómo es eso? -
- Rose me llamó desesperada diciendo que accidentalmente había secuestrado a Claire, ya que ella no avisó a nadie que iba a salir del Estado con la niña. - me contó.
- ¿Creyó que había secuestrado a Claire? - empecé a reír.
- Exactamente. Rose me pidió ayuda, así que preparé todo para que entrasen al estadio y para que tú descubrieras que estaban allí. -
- Gracias por organizarlo, Vika. - sonreí. Esa fue la mejor sorpresa que tuve.
- Sólo no me esperaba que tu reacción en el campo sería tan rápida. - ella provocó. - Rose es realmente la dueña de tu corazón. -
- Vika... - dije en tono de aviso.
- No sirve de nada tratar de ocultarlo más, Dimka. - mi hermana volvió a reír. - ¿O crees que los aplausos de la hinchada fueron porque sí? Ya lo saben todos. Parece que los únicos que aún no lo percibieron son ustedes dos. -
- Tengo que colgar. - comenté para huir de aquella conversación.
- Sólo aprovecha que estás con ella y arregla las cosas ¿Ok? - Vika pidió.
- ¿Y quién dijo que estoy con Rose? -
- ¿Qué más te haría perder el almuerzo de Acción de Gracias? - ella especuló. Probablemente había notado mi ausencia en la entrevista. - No se habla de otra cosa… -
- Sólo tuve algo más importante que hacer. - respondí de forma evasiva, evitando pensar en el nuevo torrente de chismes que iban a surgir. En el fondo, no me importan tanto esas cosas desde que logré hacer que Rose me escuchase.
- ¿No me digas que están encerrados en la habitación del hotel haciendo cosas prohibidas para menores? No te olvides que Claire está ahí. -
- Graciosa... En realidad, estoy en la casa de los padres de Rose. - comenté sabiendo que me arrepentiría de haberle contado eso. - Voy a quedarme aquí hasta el domingo. -
- Ay. Dios. Mío. - Hice una mueca con el grito excitado de la chica. - ¿La cosa avanzó tanto así que decidiste ir ya a conocer a los suegros? -
- Voy a colgar, Viktoria. - le informé.
- ¡Usa condón! Ya basta con Karo repoblando el mundo. - oí que aconsejaba con diversión antes de cortar la llamada.
Mientras guardaba el móvil de vuelta en el bolsillo, mi mirada fue atraída hacia un aparador que contenía algunas fotos de la familia. Me acerqué y acabé concentrándome en un portarretratos en específico con la imagen de una niña sonriente con una flor en el sombrero.
Aquella sólo podía ser Rose. Ella tenía un rostro extremadamente inocente, con sus ojos oscuros tan llenos de vida. ¿Quién diría que esa niña se convertiría en la mujer hermosa, sexy y fuerte que es hoy?
- Ella tenía la edad de tu niña en esa foto. - la voz de Abe venida de detrás de mí me sobresaltó ¿Cuánto tiempo estuvo allí? - Es mejor que aproveches el tiempo, Belikov. Cuando menos te lo esperas, tendrás que perseguir y amenazar a los chicos que no dejan de aparecer por todos lados. -
El hombre se colocó a mi lado mirando la foto con un aire de nostalgia, entonces observó las otras y tomó uno de los portarretratos.
- Esa fue en Halloween. - me pasó el objeto en el que se veía una fotografía de Rose vestida como una princesa de Disney. Aquella de la película con el genio. - Ella se empeñó en que quería que yo le encontrara una alfombra voladora y quedó completamente decepcionada cuando no lo conseguí.
- ¿Y usted realmente intentó encontrar una? - pregunté con algo de diversión.
- Ah sí. Dios sabe que intenté hacerme con una. Pero al parecer eso no existe. - dijo él girando los ojos.
Me quedé observando aquellas fotos, imaginando a Rose como una niña de la edad de Claire, corriendo por aquella casa y escondiéndose detrás de los árboles en el jardín. Esa imagen me hizo sonreír.
- Entonces ¿Me vas a contar por qué mi hija me llamó llorando en medio de la noche diciéndome que quería volver a casa o voy a tener que descubrirlo por mis propios métodos? - el tono de Abe cambió completamente y él me miró con el rostro serio.
- Yo... - me refiero sin saber exactamente lo que iba a hablar. De hecho, obviamente yo no podía contarle lo que sucedió...
- No me mientas. - él abrió una sonrisa depredadora. - Sabría decir si lo estás haciendo. Puedo ser muy tolerante con las ligerezas de mi hija, pero tú no vas a tener la misma suerte. -
- Señor Mazur… -
- No necesita tanta formalidad, chico. - a pesar de la gentileza, su tono aún era intimidador. - Puedes llamarme Abe. -
- Abe... - empecé, pensando con cuidado en mis próximas palabras. - Rose y yo tuvimos una discusión. La culpa fue completamente mía. Actué con la cabeza caliente y dije algunas cosas que ella no merecía oír. En realidad, estoy arrepentido por todo y he intentado disculparme, pero ella ha sido reticente a escucharme… -
- Mi hija puede ser increíblemente terrible cuando quiere. - Abe se regocijó como si hallara aquello extremadamente divertido y, de la nada, se contuvo, volviendo a encararme. - Creo que necesitamos una nueva conversación, Belikov. Aparentemente no te dejé lo suficientemente claro lo que sucedería si mi niña salía lastimada. -
Sentí un escalofrío atravesarme con esas palabras, pero Janine apareció en la puerta, rescatándome de aquella situación.
- Los estamos esperando para cenar. - ella anunció y Abe volvió a sonreír como si nada estuviera sucediendo.
- ¿Mi invitado llegó ya, Janie? - el hombre cuestionó ¿Invitado? ¿Quién sería?
- Olvídate de eso, Abe. - Janine giró los ojos de forma exasperada.
- Es una pena... Pero ven, hijo. - me indicó, pasando su mano por mi hombro y guiándome hasta el comedor. - Tendremos mucho tiempo este fin de semana para una larga conversación. -
Abe tomó su lugar en la cabecera con Janine y Rose a un lado de la mesa. Me senté al otro lado junto a Claire. Noté que, a pesar de que el invitado no apareció, su lugar permanecía puesto al lado de la morena.
- ¿Sobre qué estaban hablando? - Rose preguntó con desconfianza.
- Sobre la preciosidad de tener hijos. - Abe explicó arrojándome una rápida mirada. - Algo que espero descubras dentro de muchos años. Y sólo cuando estés debidamente casada. -
Antes de que Rose pudiera responder, el timbre sonó y Abe abrió una sonrisa mientras Alberta atendía la puerta. Un hombre de pelo oscuro y rizado entró a la habitación pareciendo un poco desplazado, pero luego sonrió al avistar a la morena.
- ¿Ambrose? - Rose preguntó totalmente sorprendida levantándose ¿Ese es el tal Ambrose? ¿Por qué está él aquí?
- Señor Summers. - Abe se levantó igualmente y fue hasta el muchacho para saludarlo. - Estábamos esperándote. -
- ¿Estábamos? - Rose continuó sorprendida.
- Buenas noches, señor Mazur. - el tal Ambrose saludo, a pesar de parecer un tanto intimidado por el padre de Rose, el cual no le concedió la misma gentileza de llamarlo por el apodo.
- Siéntate, siéntate. - Abe indicó el lugar vacante al lado de Rose e irracionalmente sentí mi sangre hervir con eso.
El muchacho rodeó la mesa, yendo primero a Janine y le dio un breve beso en el rostro antes de tirar a Rose a un abrazo apretado. Peor que ver que realmente estaba feliz de verlo, era la sonrisa de satisfacción que Abe lanzó al observarme.
- Ambrose, este es Dimitri Belikov. - Rose me presentó así que se separaron - Y la bajita allí es Claire. -
- Es un placer, Dimitri. - él me extendió la mano y devolví el apretón con un poco más de fuerza de lo necesario, entonces miró a Claire. - Hola ahí princesa ¿Cómo está? -
Ella inmediatamente soltó una carcajada para el muchacho por haberla llamado de aquella forma.
- Me pareció que estarías en Massachusetts. - la morena comentó mientras ambos se acomodaban.
- Vine a visitar a mis padres y el señor Mazur me avisó de que vendrías después de ver el partido de los Buccaneers entonces no pude dejar escapar la oportunidad. - él le sonrió antes de dirigirse a mí. - Por cierto, menudo partido el de hoy. -
- Gracias. - murmuré.
- ¿Tendremos un Super Bowl entre los Bucs y los Pats¹ este año? - Ambrose cuestionó como si fuera cierta la clasificación del Patriots.
- Si eso ocurre apuesto que mi padre va a humillar a Brady. - Claire devolvió presuntuosa y el hombre se rio.
- Ella es divertida. - él me comentó haciéndome tener ganas de patearlo.
- El señor Summers es el antiguo novio de Rose, Belikov. - Abe interrumpió la conversación con una sonrisa exultante. - Tuve mucho trabajo con él. -
- Él no era mi novio, papá. - Rose trató luego de aclarar. - Nosotros sólo éramos amigos. -
- No por falta de intentos. - Ambrose pasó el brazo por el hombro de la morena y la tiró cerca, haciéndole girar los ojos. - Sabes que te adoraba, no es así, Rosie. -
- Yo y más de la mitad de la escuela, Summers. - se rio y dio un falso codazo en sus costillas. Abe pareció incomodado con la proximidad de los dos, pero creo que se divertía más con mi propia incomodidad ante aquella escena.
- ¿Eres uno de los amigos extraños de Rose? - Claire preguntó de repente, haciendo que el muchacho soltase una carcajada.
- No sé ¿Soy raro, Rose? - preguntó con una sonrisa galante.
- Rose me dijo una vez que ella tiene amigos extraños que la llaman de madrugada. - Claire aclaró de forma pensativa. - Y que no pueden bañarse solos ¿Usted es uno de ellos? -
- ¡Claire! - llamé su atención, conteniendo la voluntad de pellizcarla para que se callara la boca. Rose me miró con una mezcla de diversión y aprehensión en su rostro.
- ¿Qué? Sólo quiero saber si es uno de ellos. Porque es una cosa muy fea, papá. Hasta yo puedo bañarme sola. - la chica no paraba de hablar.
- No, pequeña. - Ambrose sonrió, claramente divirtiéndose. - No tuve esa suerte. -
- Y es en este momento en el que alguien me explica esta historia. - Abe gruñó, mirándome directamente.
- Abe, mi hija seguramente está imaginando cosas. Rose nunca le diría algo así a una niña de siete años. - intenté una última carta, aprovechando que la chica estaba con la boca llena.
- No, papá. - ella trató enseguida de tragar y tuve ganas de meter su rostro en el plato que estaba delante de mí - ¿No lo recuerdas? Tú también estabas allí. Fue aquel día que Rose vino a ver la película con nosotros y tu tenías un gran dolor de cabeza. -
- Claire, creo que ya entendimos. - Rose dijo entre dientes con una sonrisa nerviosa.
- Será mejor que no hayas bañado a nadie de los presentes aquí en esta sala, Rose. - Abe vociferó todavía observándome con una mirada ni un poco amigable. - Con excepción de la chica, por supuesto. -
- Eh, yo no necesito a nadie para darme un baño. - Claire se quejó. - Ya soy bien grande. -
- Si, me doy cuenta. - Janine, que hasta entonces sólo nos observaba a todos con curiosidad, abrió una sonrisa alentadora para mi pequeña. - Apuesto a que eres capaz de hacer todo por ti misma. -
- Lo soy. - Claire declaró orgullosa.
- Todavía quiero saber quién te llamó, Rosemarie. - Abe insistió.
- Fue Liss, papá. - Rose dijo con naturalidad como si fuera aquello mismo lo que sucedió. - Ella y el idiota de su novio bebieron demasiado y tuve que salir en medio de la madrugada para cuidar de ella.
- Ahh, la chica Dragomir. - Abe dio una sonrisa aliviada. Rose definitivamente sabe manipular a su padre. - Ella es una buena chica, quien diría que haría cosas como esas. Pobre Eric. -
- ¿Sabes que Lissa destrozó el corazón del pobre de Aaron cuando se fueron? - Ambrose comentó.
- Él siempre supo que ella se iba a ir. - Rose se encogió de hombros. - No fue como si ella hubiera desaparecido de su cama de un día para otro. -
- Al contrario de ciertas personas. - Janine comentó, haciendo que la morena girase los ojos.
- Ah sí ¿Tu amigo ya sabe la historia de tu audaz fuga? - Ambrose preguntó cogiendo la mano de Rose. Todo el tiempo daba con una manera de tocarla y mi humor empeoraba a cada minuto.
- No hui. - Rose murmuró.
- ¿Ah no? - Janine la fusiló con la mirada. - Entonces supongo que es natural que un día recibiera una llamada telefónica de mi hija simplemente diciendo 'Hola mamá, me he mudado a Florida'. -
Claire observaba a todos con desconfianza y podía decir que ella estaba con cara de que iba a tramar algo en cualquier momento.
- Rose siempre fue buena en ocultar las cosas. - el chico habló dándole un beso en la frente a la morena. Sentí la inmediata voluntad de golpear su cabeza con una de las bandejas que estaban sobre la mesa hasta que se desmayara. Eso sí sería una escena muy buena de ver.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por un pequeño sollozo de mi hija. Todos se congelaron y miraron sorprendidos a la chica en pleno llanto.
- Claire ¿Qué pasó? - pregunté, frotando su rostro para limpiar las lágrimas.
- Echo de menos a Rose. - respondió entre hipos ¿De qué está hablando?
- Pero, bajita. - Rose habló. - Estoy aquí mismo. -
- Pero estás lejos. - Claire continuó lloriqueando mientras Janine miraba sorprendida a ambas. - Y no te voy a ver más después. -
- Claire, todavía vas a tener bastante tiempo con ella hasta el domingo. - expliqué. Realmente eso fue inesperado. Mi hija nunca ha sido muy sentimental.
- Rose, siéntate al lado de la chica. - Janine ordenó.
- Pero Rose está bien aquí. - Ambrose protestó. - Está sentada delante de la niña. -
- Ella es una niña pequeña, Ambrose. - Janine regañó con impaciencia mientras la morena se trasladaba al lugar vacante al lado de Claire.
- Esa sí que fue una jugada maestra. - Abe murmuró al ver la sonrisa inocente de mi hija y sólo entonces me di cuenta ¿Ella realmente fingió eso? Bueno, no sería yo quien se fuese a quejar.
El resto de la cena transcurrió tranquilamente con Rose dándole total atención a Claire y sentí a Janine observándonos atentamente durante todo el tiempo.
- Fue un placer estar con ustedes, pero necesito marcharme. - Ambrose dijo levantándose después del postre. - Quedé en visitar a mi tía Rhonda por la mañana. -
Entonces él fue a Rose volviendo a darle un fuerte abrazo mientras le decía algo al oído. La morena se rio con lo que él había dicho y le dio un beso en la mejilla, lo que casi hizo que un gruñido se escapara de mis labios.
- Debería volver mañana por la tarde, señor Summers. - Abe se adelantó hasta el muchacho, dándole un fuerte apretón a su hombro, alejándolo de su hija. - Por cierto, hace tiempo que no corremos juntos ¿No es así? Tal vez podamos repetirlo. -
Eso suena algo extraño. Los dos no parecían tener una relación lo suficientemente cercana como para compartir ese tipo de actividad. En verdad Ambrose aparecía tenerle un poco de miedo al padre de Rose.
- Pero, nosotros nunca hemos salido a correr juntos. - observó mirando con duda hacia el hombre mayor.
- ¿Como que no? - el padre de la morena preguntó. - Sé que fue hace unos siete u ocho años, pero recuerdo perfectamente haber corrido contigo. Fue una tarde agradable. -
- Papá. - Rose se entrometió - correr alrededor de la casa persiguiendo a mi amigo con un bate de béisbol mientras gritabas que ibas a matarlo no cuenta. -
- Correr detrás de él, correr con él. - Abe se dio de hombros apretando aún más el hombro del muchacho, guiándolo hacia la salida. - Es prácticamente la misma cosa ¿Quién sabe quizás esta vez te alcanzo? -
- Te veo mañana, Rose. - Ambrose gritó antes de que Abe cerrarse la puerta en su rostro y se volviese hacia mí.
- Vamos, Belikov. - él declaró desde el comedor y me levanté en ese mismo instante para acompañarlo y evitar recibir el mismo trato que el otro hombre. - Te voy a llevar a tu cuarto. -
- ¿En qué habitación vas a ponerlos, papá? - Rose preguntó desconfiada mientras nos seguía de cerca.
- En el cuarto azul. - Abe explicó y entonces dio una rápida mirada en mi dirección. - Está bien cerca de la habitación de Rose ¿Sabes? Para llegar hasta allí sólo tendrías que pasar por la puerta de mi habitación.
- Papá... - Rose gimió cuando nos acercamos a un pasillo con varias puertas.
- Como usted puede ver, Belikov, el piso en esta parte de la casa cruje bastante. - él comentó pisando fuertemente el piso de madera que protestó y entonces frenó al frente de una de las puertas. - Y tengo un sueño extremadamente ligero. -
Rose se limitó a girar los ojos y se alejó balbuceando que iba a buscar a Claire que se había quedado en la mesa con Janine repitiendo el postre.
El hombre abrió la puerta de una habitación que no decepcionó en nada en comparación con el resto de la casa. Era igual de extravagante, con paredes en un tono azul oscuro adornadas con varios detalles en dorado, además de la pomposidad de los muebles. Vi que nuestras maletas ya habían sido llevadas allá y estaban sobre la cama.
- Recuerde, Belikov. Siempre estoy vigilando. - Abe advirtió antes de cerrar la puerta y dejarme solo en la habitación.
Me fui a la cama y me senté soltando un suspiro cansado. Este va a ser un largo fin de semana.
¹ New England Patriots, o sólo Pats, es el equipo con sede en Foxborough, Massachusetts cuyo estratega es Tom Brady (conocido también por ser el marido de la modelo Gisele Bündchen). El equipo fue cinco veces campeón del Super Bowl, todos con Brady al frente.
