Capítulo 29: "¿Alguna vez deseaste que las cosas fueran diferentes?"
Resumen:
Scully sucumbe ante el dolor, pero encuentra algo de confort. Mulder dice mucho "Nosotros".
Notas:
Depeche Mode – "I Am You"
You have bound my heart with subtle chains
So much pleasure that it feels like pain
So entwined now that we can't shake free
I am you and you are me
No escaping from the mess we're in
So much pleasure that it must be sin
I must live with this reality
I am yours eternally
There's no turning back
We're in this trap
No denying the facts
No, no, no
No excuses to give
I'm the one you're with
We've no alternative
No, no, no
Dark obsession in the name of love
This addiction that we're both part of
Leads us deeper into mystery
Keeps us craving endlessly
Strange compulsions that I can't control
Pure possession of my heart and soul
I must live with this reality
I am you and you are me
I am you and you are me
I am you and you are me
I am you and you are me
There's no turning back
We're in this trap
No denying the facts
No, no, no
No excuses to give
I'm the one you're with
We've no alternative
No, no, no
Scully lentamente abrió los ojos para ver a Mulder durmiendo a su lado, la luz de la mañana del domingo 3 de octubre brillaba a través de la ventana de su dormitorio. Sonrió mientras lo miraba, pero de pronto su mente se inundó de miedo. En algún momento durante los últimos seis años, Scully se había permitido enamorarse de Mulder, dejándola vulnerable al dolor y a la pérdida. Esto era lo que había estado tratando de evitar toda su vida. Sabía que algún día iba a perderlo, y el temor de que eso ocurra pronto se apoderó de ella.
Un caso podría salir realmente mal. Había temido recibir tantas veces esa llamada. Tantos momentos en los que casi lo había perdido. ¿Cuándo iba a agotarse la suerte? Podía llegar el día en que no lo pudiese salvar, la idea la llenaba de pavor. Incluso si eso no sucedía, Mulder iba a envejecer y morir. Se habría ido. Scully no comprendía del todo por qué el concepto de su muerte la asustaba tanto. Las personas nacían, vivían sus vidas, envejecían y morían desde el principio de los tiempos. Era el círculo de la vida, era lo que ocurría cada día en todo el mundo, pero su muerte la aterrorizaba.
Pero ahora ella sabía lo que era estar en manos de Mulder, ser besada y acariciada por él, y lo que se sentía al llegar al éxtasis en sus brazos. Sabía que no había vuelta atrás. Si algo llegara a sucederle, si ella fuera a perderlo, su vida habría terminado. ¿Cómo iba a estar sin él? A veces no sabía dónde terminaba ella y comenzaba él. La mitad de su corazón, su mente y alma habría sido arrancado de ella. ¿Cómo podría soportar tal dolor? Scully se quedó allí mirando a Mulder dormir, había estado haciendo inconscientemente lo que siempre había hecho en sus relaciones pasadas: dar por encima de su cuerpo y mente tratando de desenganchar su corazón. Estaba tratando de mantener a Mulder alejado de ella tanto como fuera posible.
Un minuto o dos después, Scully notó una sensación diferente: una humedad incómoda entre sus piernas y una sensación nauseabunda creció en el fondo de su estómago. Oh no. No, no, no, no, no, no, no, no. ¡No ahora! Comenzó a entrar en pánico, y rodó rápidamente de la cama lo más silenciosamente posible. Bajó la mirada hacia la zona donde había estado durmiendo, pero no vio ningúna mancha. Gracias a Dios. Caminó por encima de su tanga y medias de nylon y, con rapidez, pero en silencio, hizo su camino hasta el baño, cerrando la puerta tras ella.
Después de sentarse en el inodoro, vació su vejiga y sus ojos confirmaron lo que su cuerpo ya le había dicho. Recordó que el Dr. Parenti le había dicho el viernes que su período llegaría en cualquier momento, pero lo había alejado por completo de su mente. Mulder había servido como una distracción útil de su pena, que ahora empezaba a dominarla. Los embriones se habían ido. Su vientre sin vida había destruido y expulsado a los hijos de Mulder. Los ojos se le llenaron de lágrimas, y ahogó un sollozo contra sus manos, como su interior comenzó a sacudirse en agonía.
Mulder se despertó lentamente con el sonido de la ducha. Se quedó allí escuchando el ruido del agua, a la deriva entre el sueño y la conciencia hasta que un sonido completamente diferente viniendo del baño lo hizo sentarse y mirar hacia la puerta. Podía oír su llanto, y para su consternación, se dio cuenta que sus gritos sonaban más como sollozos desgarradores. Mulder saltó de la cama, se puso los boxers negros, y se acercó a la puerta del baño.
No había trabado la puerta, Mulder abrió y aceleró al oírla sollozar más fuerte. La habitación estaba llena de vapor caliente. Avanzó hacia ella pisando algo que se le clavó en el pie. Una horquilla oscura, al mirar hacia abajo, vio que había horquillas esparcidos por todo el suelo del baño, como si hubieran sido arrojadas con descuido. Mulder se acercó a la mampara deslizándola despacio, para encontrarse con Scully llorando sentada en el suelo de ducha, con los brazos envueltos alrededor de sus piernas y la cabeza inclinada sobre sus rodillas, con el agua caliente cayéndo sobre la espalda.
- ¿Scully? - Dijo, con la voz llena de preocupación, mientras se agachaba para mirarla.
- Vete, Mulder. - Sollozó.
Él sintió su corazón hundirse en su estómago. - Scully, ¿qué te pasa? ¿Qué sucedió para que estés así?
- ¡Mulder, solo déjame en paz! ¡Por favor!
No sabía qué hacer. ¿Qué pudo haber pasado para que estuviese así, angustiada y tan molesta? Ella estaba bien cuando se fueron a dormir la noche anterior.
- Scully, dime... ¿Qué está mal? ¿Sucedió algo?
Ella levantó la cabeza para mirarlo, su maquillaje oscuro de la noche anterior corriendo por su rostro. - ¡TE DIJE QUE TE VAYAS, MULDER! ¡LARGATE!
Mulder suspiró agotado, se levantó cerrando la mampara mientras el rostro de Scully regresaba a sus rodillas. Salió del baño, cerrando la puerta detrás de él, se dejó caer, se hundió en el suelo de la habitación, manteniendo la espalda contra la puerta del baño, sentado con los codos apoyados en las rodillas. Se sentó a escuchar los sollozos de Scully, sintiéndose completamente impotente.
Después de unos minutos de revolcarse en su miseria, se levantó, se puso las medias, fue hasta la sala por su camisa y los pantalones del smoking. Tomó la pajarita guardándosela en el bolsillo y se puso los zapatos despacio. Abrió la puerta del departamento, y después de vacilar al escuchar su continuo llanto, salió y cerró tras de sí.
Mediante se acercaba al auto, comenzó a reprenderse a sí mismo por dejarlo fuera del edificio de Scully por segunda noche consecutiva. Al acomodarse en el asiento del conductor, notó que su abrigo y la chaqueta del smoking estaban tirados en el asiento trasero. Recordó quitárselos antes de ingresar al edificio de Scully. Se preguntó por qué lo hizo. ¿Sabía lo que pasaría cuando subió allí anoche? ¿O sólo esperaba que algo así sucediera? Mulder se revolvió en el coche y decidió marcharse, antes de comenzar a analizar su subconsciente demasiado.
Camino a su casa en Georgetown, Mulder paró en el Dunkin 'Donuts más cercano por un poco de café y un bagel. Al girar con su pedido, notó que la agente Natalie Black estaba en la fila del local con algunos amigos y lo miraba fijamente. Llevaba un par de pantalones de yoga negros y una chaqueta rosa, y lo recorría con la mirada nuevamente, sin duda notando que aún llevaba la ropa de la noche anterior. Abrió grandes los ojos color chocolate, una expresión pétrea se le dibujó en la cara como si acabara de comprender algo desagradable, y se giró para darle la espalda. Mulder suspiró y rodó los ojos mientras caminaba hacia la puerta.
15 minutos después Mulder entraba por la puerta de su apartamento, se dio una larga ducha, se puso unos jeans y una camisa gris. Se sentó en su escritorio y le dio play al contestador automático. Titilaban dos mensajes.
"Hola, Fox. Soy tu madre. No he sabido nada de ti desde que te fuiste de casa. Llámame cuando tengas oportunidad, si no estás demasiado ocupado".
Mulder suspiró con fuerza, cuando la voz de Langly llenó la habitación.
"Mulder, no hemos sabido nada de ti en un largo tiempo. ¿Dónde has estado? No hemos encontrado nada más sobre los grupos MUFON; parece que esto es un callejón sin salida, hermano. Te llamamos porque tendremos un maratón de Star Wars el domingo, si estás interesado ven. Vamos a hacer enchiladas de pollo. Ah, y trae a la agente Scully contigo. No la hemos visto en mucho tiempo. Creo que Frohike está sintiendo la abstinencia. Asegúrate de eliminar este mensaje después de escucharlo".
Mulder se dio cuenta que nunca le había explicado a Scully lo que había estado haciendo durante el verano. Pensaba que le había dicho sobre Diana y la realización de experimentos en los miembros de MUFON, pero nunca había explicado a Scully lo que esos experimentos realmente eran. De repente, la idea de decirle sobre esas mujeres a las que continuamente embarazaban solo para sufrir abortos involuntarios tras abortos involuntarios le revolvía el estómago, y sentía que ese conocimiento se volvería mucho más grave al ir avanzando.
No podía dejar de pensar en Scully, y en la imagen de ella sentada en el piso de la ducha llorando a los gritos. Aún no tenía ni idea sobre lo que le había causado tal angustia a su compañera. Sólo sabía que lo estaba alejando, y él era ajeno a los mecanismos de defensa de Scully. La voz dentro de su cabeza le dijo que tal vez esa era la forma en que debía ser, que lo que estaba sucediendo entre ellos no podía conducir a algo bueno, que ponían en peligro la vida de ambos al estar cada vez más involucrados siendo algo más de lo que ya eran, y que lo que había pasado las últimas dos noches solo había sucedido simplemente por culpa de las hormonas y la tensión, y que Scully nunca podría de verdad querer a un trozo inútil de mierda como él.
Pero entonces Mulder le dijo a la voz: ¡Cierra esa puta boca! Le gustaba demasiado lo que estaba pasando entre ellos y quería que continuara, no importaba lo mucho que sus dudas y temores trataran de convencerlo de que era una idea terrible. Ella le había dicho que se fuera, pero él no había querido hacerlo. Quería estar allí con ella, y en el fondo creía que Scully lo quería allí también, aunque no quería admitirlo. Así que si él debía esforzarse para que Scully finalmente aceptara su presencia en su vida personal, entonces que así fuera.
Mulder miró su reloj, 11:21 horas. Se dirigió a su habitación rápidamente, tomó las llaves y la billetera de los bolsillos del pantalón del smoking que yacía en la cama. Mientras lo hacía, la nota y la tarjeta de ubicación del banquete escritas por Scully cayeron del bolsillo delantero derecho. Se agachó para recogerlas, y sonrió a la nota antes de tirarla sobre la cama. Luego miró de nuevo la tarjeta de ubicación con el "Sra. Spooky" escrito de su puño y letra. Sonrió para sí mismo con ternura antes de ponerla dentro de su billetera.
Arrancó su coche, salió acelerando y en menos de 15 minutos estaba de vuelta en el apartamento de Scully.
Llamó a la puerta, pero no hubo respuesta. Volvió a llamar; nada. Suspiró y sacó las llaves, abrió la puerta. Todo estaba tranquilo dentro y no había señales de Scully en la sala o la cocina. Se acercó al dormitorio, Scully estaba acurrucada sobre la cama en posición fetal vestida con su bata de baño. Estaba profundamente dormida.
Mulder cerró la puerta suavemente, a último momento decidió dejarla parcialmente abierta para poder escucharla. Luego caminó al salón, encendió el televisor, y silenció el volumen. Acomodó los pies en la mesita de café, anticipando una larga tarde de domingo de fútbol de la NFL.
Después de varias horas, Scully finalmente parpadeó despertándose. Se quedó echada allí en su habitación tranquila pensando, deseó no haberle gritado a Mulder. Deseó no haberlo obligado a abandonarla. ¿Por qué demonios había hecho eso? Quería a alguien que la amara y cuidara de ella, pero no podía permitirse aceptar ese cuidado amoroso, y especialmente si venía de Mulder. Así que lo rechazó, porque eso era mucho más fácil que hablar de lo que sentía o sobre lo que estaba pensando. Eso hizo por dos mañanas seguidas, ella completamente se había cerrado a él bloqueando sus sentimientos. Lo había alejado por miedo a que él leyera en ella con esa facilidad con la que solía hacerlo.
¿Qué estaría pensando? ¿Y si lo había arruinado todo? ¿Qué sucedería ahora? ¿Y si él prefería alejarse para no que aguantar esas escenas? ¿Qué pasaría si las cosas volvían a la normalidad y él no deseaba volver a tocarla? Los ojos de Scully se llenaron de lágrimas. Pero entonces lo oyó, ese sonido, y de repente las lágrimas que corrían por su rostro no se producían por la angustia. Reconocería ese sonido en cualquier lugar: el crujido de las semillas de girasol. Mulder había vuelto.
Scully se levantó caminando rápidamente hacia la sala, él estaba despatarrado en su sofá viendo la televisión mientras hacía estallar semillas de girasol dentro de su boca.
- ¡Estás aquí!
Mulder giró para mirarla sorprendido. No la había escuchado levantarse. Ella estaba de pie junto a la puerta, en bata, con los ojos rojos y el rostro hinchado por las lágrimas. ¡Carajo! Había estado llorando otra vez.
- Estoy aquí. - Suspiró.
- Pero... te fuiste...
- Síp, lo hice. - Respondió Mulder. - No esperabas que me sentara todo el día aquí llevando un smoking, ¿verdad?
Ella se echó a reír, y luego desvió la mirada, mirando sus manos. Se sentía avergonzada por lo que había sucedido en el baño esa mañana. Quería pedirle disculpas.
- Mulder, yo...
- Scully, ¿vas a quedarte parada allí toda la tarde o vas a venir a sentarte conmigo en el sofá? - Preguntó, interrumpiéndola.
Ella le dedicó una pequeña sonrisa, acercándose para sentarse junto a Mulder, mientras él desactivaba el mute del televisor y subía el volumen. Luego puso su brazo en el sofá detrás de la cabeza de Scully.
- ¿Qué equipos están jugando? - Preguntó.
Mulder la miró, levantando las cejas. - ¿Honestamente importa?
- Nah. - Susurró ella, sonriendo. Mulder se rió.
Scully miró la bolsa casi vacía de Spitz. - Espero que no estés haciendo un lío enorme con esas cosas.
Mulder sonrió. - Si hay un desastre, voy a limpiarlo.
Scully le dedicó una mirada escéptica. Luego suspiró; se sentía enferma, y a pesar de eso podría comerse un caballo. Se deslizó despacio, alejándose de Mulder, pero antes de que él pudiera pensar demasiado, preocupándose por esa acción, Scully se había echado de costado, poniendo la cabeza sobre su regazo. Mulder sonrió, y su mano fue directamente al pelo de su compañera, lo acariciaba por todo su largo desde la frente, la peinaba con sus dedos para volver a rozarla con delicadeza.
- ¿Quieres hablar, Scully? - Le preguntó suavemente.
Scully suspiró. - No, en realidad no.
Mulder dudó; no estaba muy seguro de cómo hacer esto. Todo era tan extraño y nuevo, y sin embargo, de alguna manera se sentía completamente natural, como si no hubiese cambiado mucho entre ellos en absoluto. - ¿Quieres... que hagamos... algo más?
Ella se sonrojó y se mordió el labio inferior. - Mmm no…
- Bueno, tal vez más tarde... si quieres... - Mulder respondió.
Scully suspiró. Sólo debía decirle. - Bueno... yo... tuve mi período esta mañana.
Mulder parpadeó. - ¡Oh! - Después de haber vivido con una mujer durante casi cinco años, sabía lo que eso significaba. El cuerpo de Scully estaba fuera de los límites. Suspiró.
- Es sólo por unos días, Mulder. - Se rió. - Podremos tener sexo otra vez cuando esto acabe.
Él giró dedicándole una mirada sorprendida, su cabeza estaba en su regazo de frente a la televisión, no lo estaba mirando. Una sonrisa poco a poco comenzó a dibujarse en el rostro de Mulder. ¿Realmente acababa de decir...? Sí, sí lo hizo. Por lo tanto, esta... cosa... llegó a la conclusión que era algo real ahora. Sólo iban a continuar haciendo eso que habían comenzado. Bueno... está bien, entonces.
Recordó la escena en el baño. - Scully... ¿es por eso que estabas llorando esta mañana?
Ella suspiró. - Digamos que... algo así...
- ¿Por qué no me lo dijiste?
- No quería hablar sobre ello, Mulder.
Mulder suspiró. ¿Alguna vez iba a querer hablar sobre alguna cosa?
Scully quería preguntarle algo, pero no quería parecer débil y necesitada. - Um... ¿estás planeando pasar la noche otra vez aquí?
Él sonrió, pero luego se acordó de su coche aparcado en la calle. - No creo que pueda. Conduje hasta aquí.
Scully estaba confundido. - ¿Y?
- Bueno, esta sería la tercer noche consecutiva que mi coche queda estacionado afuera de tu apartamento.
- ¿Cuál es tu punto? - No pensaba que esa era una explicación.
- El punto es que alguien puede verlo ahí, Scully.
Ella se rió entre dientes. - ¿Como quién?
- Alguien del FBI. O del Departamento de Defensa (DoD). O, no sé... ellos.
Scully suspiró. - Pero, Mulder, todos están muertos.
Él la miró. Su mano volvió una vez más a sus cabellos, pasando sus dedos a través de las ondas rojas desordenadas, y pensó en el diablo que rondaba sus sueños convirtiéndolos en pesadillas.
- No todos ellos, Scully. - Dijo en voz baja.
- Mulder, dudo mucho que el Departamento de Justicia se preocupe aún por nosotros. A menos que terminemos siendo la causa de algún tipo de vergüenza pública para el Bureau. Y creo que al Departamento de Defensa dejamos de importarle una mierda en el momento que te abrieron la cabeza dejándote morir. - Scully podía sentir la ira elevándose dentro de su cuerpo mientras recordaba como casi lo perdía hacía sólo unos pocos meses atrás.
No sabía qué decir a esto. Pensó que debería cambiar de tema. - Scully... Quiero hablar sobre el Dr. Parenti.
Ella frunció el ceño.
- Dime lo que te dijo, Scully.
Ella suspiró. - Parenti dijo que la mayoría de las mujeres pasan por varios ciclos de fecundación in vitro antes de que uno realmente funcione, y piensa que yo debería intentarlo de nuevo.
Mulder vaciló. - ¿Quieres intentarlo de nuevo?
No dijo nada. no sabía qué decir. Scully quería probar otra vez, claro, pero no se atrevía a preguntarle a Mulder para que pasara por ese proceso por segunda vez. Las cosas habían cambiado ahora, y esto podría dar lugar a conversaciones incómodas sobre el futuro, sobre lo que eran y lo que querían, y no quería pensar en todo eso.
- Scully, ¿Cómo vamos a conseguir un milagro si ni siquiera tratamos?
Ella suspiró. Milagros. Si la ciencia no podía arreglarlo, entonces no entendía cómo un milagro podría.
Mulder no quería que Scully abandonara. - No vas a renunciar, ¿verdad?
Ella no contestó.
- Scully, si existe la posibilidad de que esto pudiese funcionar, debemos tomarla. No me importa ir allí y depositar otra muestra.
Ella se mordió el labio y frunció el ceño de nuevo.
- Scully, mírame...
Giró su cabeza sobre su regazo para que ella lo mirara a la cara.
- ¿Quieres intentarlo de nuevo?
Scully pasó saliva y después de mirar a Mulder a los ojos, dijo: - Sí.
- Bien. ¿Cuándo podemos empezar? - Preguntó.
Ella suspiró. - Después de mi próximo ciclo menstrual, siempre que lo tenga. - Maldijo sus períodos irregulares.
Mulder asintió. - Bueno... está bien, entonces.
Scully quería cambiar de tema desesperadamente. - Mulder, me muero de hambre. Vamos a pedir una pizza.
Más tarde esa noche, Scully aún seguía acostada despierta mucho después de que Mulder se hubiese dormido a su lado. Las cosas estaban cambiando, y ahora que estaba empezando a conseguir lo que quería, el miedo iba brotando. Todavía no se atrevía a abrirse a él, compartir sus sentimientos reales, y decir lo que pensaba. Se encontraba siempre a punto de decir lo que deseaba decir, pero luego se paralizaba elevando la guardia.
Había tantas cosas que deseaba decirle a Mulder. Ella nunca se había sentido así antes. Claro, que había sido golpeada por hombres diferentes antes, y había estado encaprichada por otros varias veces. Pero estar completamente enamorada, eso era totalmente diferente. El amor era diferente. A veces podía sentirlo latiendo dolorosamente debajo de sus costillas. Finalmente se dio cuenta la razón por la cual la lujuria, el sexo y el amor podían llevar a la locura. Por qué los imperios se habían construido y destruido, y las guerras libradas. No había nada más aterrador, o más maravilloso, que estar enamorado.
Hubo muchos momentos durante la noche, mientras estaban en el sofá o ya habían ido a la cama juntos, por primera vez desde que tenían sexo, con el único propósito de dormir y nada más, que tuvo el abrumador deseo de dejar escapar las palabras. Momentos en que sintió las palabras justo en la punta de la lengua, pero entonces su viejo amigo el instinto de conservación le daba una patada haciéndola reaccionar.
Ella se sentiría como una tonta si lo decía antes de que Mulder lo hiciera. Bueno... si él llegaba a sentirse de esa manera alguna vez. Podía imaginar la mirada de asombro en su rostro, y la torpeza para seguir. No había manera en el infierno de que alguna vez se pusiera en esa situación. Cuando su mente comenzó a rendirse y estaba a punto de caer dormida, recordó algunas de las cosas que Mulder había dicho antes: "¿Cómo vamos a conseguir un milagro si ni siquiera tratamos?"; "Si existe la posibilidad de que esto podría funcionar, debemos tomarla"; "¿Cuándo podemos empezar?". ¿Qué quiso decir exactamente con nosotros? Pero mientras observaba el rostro dormido de Mulder, supo que nunca tendría el coraje de preguntarle.
CONTINUARÁ…
