Un demonio con cara de ángel

Por

The Ladycat69

Capitulo 29

Ajenos a los sucesos que sucedían en el primer piso de la casa. Albert camina con la rubia por los enormes pasillos hacia su habitación. En el proceso el rubio se mantenía callado, solo mirándola de reojo una que otra vez.

Mientras Candy miraba asombrada cada detalle que había mientras caminaba. Cada cosa desde las cortinas, estatuas y hasta las hermosas obras de artes que adornaban las paredes. Aquello era irreal en lo real. No pudo evitar pensar en la película de Disney La bella y la bestia. Porque en esos momentos así se sentía. Caminando por unos pasillos con una enorme bestia que era su esposo.

-Llegamos a nuestra habitación—dijo abriendo una doble puerta…-Adelante—dijo invitándola a entrar.

En cuento la rubia entro una O se formo en sus labios. Estaba en lo que parecía una pequeña salita de estar. Era cómoda con un pequeño juego de muebles antiguos, una mesita con dos sillas cerca de las ventanas y encima de la chimenea un televisor plasma equipado. La decoración de aquella primera habitación era exquisita y única. Parecía haber sido creada para la realeza o solo sacado de alguna revista famosa.

El rubio camino hacia otra puerta abriéndola. Enseguida la invito a entrar a la habitación matrimonial de ambos. En cuanto la rubia entro se quedo con la boca abierta. Su habitación era sumamente amplia y acogedora. Todo lo que tenía desde las cortinas, alfombra, mesitas, lámparas, cojines etc…etc estaba impecable y cuidadosamente colocado.

En la habitación había una enorme cama con dos mesitas a cada lado. Un hermoso tocado con espejo antiguo. La chica miro al rubio que con un gesto de mano la invito a acercarse al tocador. Así que parada frente a este, pasaba con cuidado sus dedos por el hermoso espejo de mano que tenia tallado una CA en platino y oro. Candy camino hacia unas puertas que en seguida el rubio le dijo que era el armario de ambos. En donde estaban sus cosas y todo lo que necesitara y la otra era el baño.

La chica después de reconocer cada detalle que había en su habitación. Se acerco a unos bellos jarrones con rosas que le daban ese aroma único a la habitación. Sonrió al ver la chimenea encendida dándole ese toque de romance. Haciendo que todos los colores se le subieran a la rubia. Era increíble para ella que todo eso era una misma habitación. Su habitación.

Con una sonrisa dulce camino hacia los enormes ventanales que daban hacia un balcón. Como niña pequeña trataba de mirar lo que parecía ser un enorme jardín a distancia. Pero la noche se lo dificultaba un poco anhelando que llegara el amanecer.

Mientras Albert solo la observaba en silencio pegado a la puerta cerrada. En una que otra ocasión sonrió al verla tan bella caminando por toda la habitación. Deseaba besarla y hacerle el amor como nunca. Pero el solo recordar lo pasado lo volvía en encender como una llamarada. Tomando enseguida la postura anterior.

-Albert esto es hermoso…nunca vi algo parecido. En serio es nuestra habitación—dijo con una sonrisa que se fue al mirar a su esposo serio…-¿Que sucede?—

-Quítate la ropa—dijo tajante.

-Disculpa…creo que no te escuche bien—

-Lo que oíste. Que te quites la ropa—dijo mientras se quitaba el gabán y la corbata tirándola en una butaca que estaba cerca de la chimenea.

-Albert pero me gustaría darme un baño primero—dijo con una sonrisa pero rápido se fue al ver a su esposo más serio…-¿Albert que pasa? ¿Porque me miras así?—

-No me hagas repetirlo otra vez—

-No me voy a quitar nada hasta que me expliques qué diablos te pasa—dijo la chica molesta…-Albert si es por lo que pasó con Terry yo…—

-¡CON QUE TERRY…TAN INTIMOS SON AHORA!—grito lleno de celos al escuchar como su amada tuteaba al maldito Ingles.

-¿Íntimos? ¿Pero qué rayos pasa contigo?—

-Pasa lo que tiene que pasar. Yo soy quien soy esposa mía. Ahora…quítate la ropa—

-No…hasta que me expliques que pasa contigo. ¿Porque estas así?—

-Te juro que te la quitare yo mismo sino lo haces tú. La arrancare con mis manos sino te la quitas—dijo llegando a la joven tomando fuertemente por los brazos…-Tú decides—

-¡Bien! Estas desquiciado Albert Andrew—dijo ella empujándolo.

Una vez que lo empujo hasta lastimarse los brazos. Candy empezó a quitarse la ropa de mala gana tirándosela en la cara al rubio. Una por una fue desapareciendo hasta solo quedar en ropa interior. Albert cogió la ropa saliendo de la habitación en donde ya en el pasillo empezó a llamar a gritos a Emily Watson.

-¡SEÑORA WATSON…SEÑORA WATSON!—gritaba el rubio casi descontrolado.

-¿Puedo ayudarlo señor?—

-¿Que haces aquí? No te quiero en esta parte de la casa. Las cosas de mi tía están en el primer piso…es ahí en donde tú debes estar…ya te lo había dicho—le dijo molesto.

-Lo sé señor…yo solo quería decirle que su tía…—pero el rubio la interrumpió.

-¿Donde está la señora Watson?—

-Venia a decirle que su tía hablo conmigo esta noche y me pidió que la llamara cuanto antes…es importante que le hable señor—

-¿Donde está la señora Watson?—pregunto ignorando lo que había dicho la muchacha…-Dile que venga…ahora—

-No escucho lo que le dije señor…Lady Elroy lla…—

-Si te escuche… ¿En dónde está la señora Watson?—volvió a repetir apretando los dientes.

-Pues se fueron a dormir…como usted dijo. ¿Puedo ayudarlo en algo?—pregunto algo temerosa por la forma tan intensa de mirar de aquel hombre.

Maritza se le quedo mirando fijamente a los ojos retrocediendo varios pasos. Algo había en la mirada de Albert que era de temer. Aquellos hermosos ojos zafiros que a ella le gustaba mirar, se veían esa noche más intensos y letales. Que por primera vez en su vida sintió miedo de ese hombre que tenia frente a ella.

Mientras Albert estaba que se lo llevaba el mismo diablo de lo enojado que estaba. Que no lo pensó ni dos veces al entregarle la ropa de la rubia a la muchacha que lo miraba sin entender nada. Solo deseaba que eso saliera de su vista y de su casa.

-¿Señor?—

-Deshazte de eso—

-¿Que me deshaga de esto?—dijo mirando la linda ropa que tenía en las manos.

-¡SI…ACASO ESTAS SORDA!—grito asustándola.

-¿Que…que quiere que haga?—

-Vótala…quémala…no me importa. Solo no quiero volver a verla—dijo girándose.

La chica iba a responderle pero el rubio se había ido cerrándole la puerta en la cara. La morena que estaba asustada, ahora estaba que rabiaba con la actitud del rubio. Iba a bajar las escaleras preguntándose el porqué de la actitud del rubio cuando algo llamo su atención. Solo tuvo que oler la ropa para que una sonrisa maliciosa se asomara en sus labios.

-Ya sé lo que tengo que hacer…mas leña al fuego y me desharé de ti zorra—dijo mientras planeaba como destruir a la rubia…-A mi madrina le encantara saber esto—dijo bajando las escaleras.

Albert había llegado cerrando la puerta de la habitación con un fuerte portazo. En cuanto entro vio a la rubia más hermosa que nunca que se cubría con una manta que había encontrado. La chica lo miraba entre molesta y desconcertada. En realidad no entendía que pasaba.

Con toda la furia que sentía empezó a quitarse la camisa haciendo que varios botones de esta salieran disparados al suelo. Se deshizo de lo demás con violencia quedando desnudo ante su esposa.

-Pero que…Albert—dijo sonrojándose al ver a su esposo desnudo.

La rubia sentía como las mejillas se encendían con la sola presencia de su esposo. Que a pesar de estar enojado se veía tan pero tan sensual. La luz del fuego, el aroma de la habitación le daba ese aire de…bueno quizás no había forma de explicar ese aire. Pero lo que sentía en ese momento tampoco tenía explicación cuando debería estar enfada por la actitud de su esposo.

Candy podía entender que estuviera celoso con lo que paso en el estacionamiento con Terry Grandchester. Pero algo había en la mirada de ese hombre que no podía explicar. Aquello era más que unos simples celos. Había temor en el. Pero temor a que. Todos los pensamientos o preguntas se fueron en cuanto lo escucho hablarle.

-Necesito quitarte ese olor…ese maldito olor—dijo acercándose a la rubia.

-¿Que olor?… ¿De qué estás hablando?—

Pero el rubio no respondió llegando a la joven en dos zancadas. Como si fuera la pluma más liviana la tomo en hombro. Más bien como si fuera un saco de papas llevándola hasta el baño. La chica pateaba y gritaba que la bajara pero el continuo con su camino. Una vez allí abrió el grifo dejando caer el agua caliente. Candy a pesar de la posición pudo apreciar el enorme baño de mármol blanco de pie a cabeza.

La bajo al suelo suavemente. Entrando con ella en la bañera comenzó a mojar su cuerpo. Aun con las protesta de la rubia el comenzó a enjabonarla de arriba abajo murmurando y maldiciendo.

-Nadie volverá a tocarte…nadie—repetía mientras llenaba el cuerpo de la chica con jabón perfumado.

-¡Albert basta…ya basta!—decía tratando de detenerlo en vano.

-Tu eres mía…mi mujer—

-Albert por favor…ya basta—dijo sintiendo ahora el agua caer en su cuerpo.

Una vez que termino con el baño la envolvió en una toalla saliendo con ella de la bañera. Él ni siquiera se molesto en secarse jalándola hacia la habitación que estaba a una temperatura agradable.

-Ningún hombre tocara lo que es mío… ¡MIO!—dijo tomando por los hombros para besarla.

-Yo soy tu esposa…no algo de tu propiedad—dijo esquivando el beso.

-Dime te gustaría que te besara otro—

-¿Que dices?—

-¡Contéstame!—

-Por supuesto que no Albert—

-Pues no te creo—

-¿Que no me crees?…pues ese es tu problema—dijo la rubia ya enfadada.

-Es mas, el que te gustaría tiene nombre y apellido. Déjame adivinar… ¿Grandchester?—

-Eres un patán. No voy a escuchar más tonterías—dijo tratando de llegar al baño pero el rubio se lo impidió.

-¡NO!…me vas a escuchar. Dime preciosa…contéstame te gustaría —

-Albert ya…te lo pido. ¿Qué te pasa? Sé que estas celoso…pero no es motivo para…—trato de decir pero un grito del rubio le cayó la boca.

-¡CELOSO…NO TIENES IDEA DEL COMO ME SIENTO!—grito fuera de sí mismo.

-Pues explícamelo…hablemos. Albert yo te a…—

-Es lo que estamos haciendo Candy…hablar—dijo interrumpiéndola otra vez…-Respóndeme…es otro el que deseas. Deseas que te haga suya Terry. Dime lo haría mejor que yo. Dime te gustaría que estuviera aquí y te…—pero no termino la oración al recibir una buena cachetada de la rubia.

-Eres un maldito y te odio por cada palabra. Como puedes hablarme de esa forma…cuando te he demostrado de muchas formas que te amo—dijo agitadamente y herida como mujer.

-¡ODIAME TODO LO QUE QUIERAS PERO DEMUESTRAMELO AHORA…SIENDO MI MUJER…MÍA!—grito fuera de sí mismo.

-No estaré contigo mientras tengas esa actitud Albert… ¡NO ESTARE!—grito la rubia.

-Una actitud que has provocado…me estas volviendo loco. Así que quieras o no estarás conmigo…tú eres mi esposa y te deseo ahora—

-¡No!—dijo alejando.

-Puedo obligarte—dijo tomándola por los brazos acercándola a su cuerpo.

-Te atreverías a algo así. A obligarme a estar contigo…hacer algo que no deseo—dijo mirándolo a los ojos que estaban encendidos por la ira.

-Si no puedo tenerte por las buenas…entonces por las malas—dijo cegado por los celos.

El rubio la tiro a la cama arrancándole de un jalón la toalla de su cuerpo. Antes de que la chica pudiera hacer algo tenía al rubio encima de ella besándola al extremo de lastimarla. Ella trataba de sacárselo de encima pero él la sujeto por las muñecas apretándola hasta hacerla gemir de dolor.

-Albert detente me lastimas…por favor para—pedía la rubia forcejeando.

-Eres mía…solo mía—dijo tratando de besar sus labios.

Los celos que sentía en ese momento no lo dejaban pensar ni escuchar con claridad. Unos celos jamás sentidos lo habían cegado al tal punto de no ver el daño que le estaba causando al ser que más amaba. Unos celos que lo llevarían a cruzar la línea del no retorno. A una acción que si no reaccionaba sería difícil que una mujer pudiera perdonar.

-Porque no quieres estar conmigo…preferirías que fuera Grandchester—decía besando su cuello con rudeza.

-¡Albert me lastimas…detente!—tratando de sacárselo de encima.

-Eres mi esposa y tu deber es corresponderme. Vas a ser mía—decía tratando de abrir las piernas de la chica para poseerla.

-¡NOOO!—grito la rubia…-No así mi amor…no así—dijo con un nudo en la garganta.

Albert al escucharla se detuvo mirándola a los ojos. El ver sus hermosos ojos verdes cristalinos por las lágrimas los golpeo duramente. Lentamente se fue apartando de ella hasta quedar parado frente. El rubio la miro fijamente sin decir nada. El ver aquel hermoso cuerpo marcado por la brusquedad de sus manos y labios hacia mas difícil que hablara.

-Porque Albert…porque eres así conmigo. Si yo te amo con toda mi alma—el rubio quiso dar unos paso hacia adelante pero ella levanto la mano…-Vete por favor—dijo sin mirarlo cubriéndose con lo primero que encontró.

-Candy…—dijo el rubio queriendo pedir perdón pero esa simple palabra no salía de su boca.

-Vete…déjame sola—dijo mientras las lagrimas comenzaban a salir.

-Candy yo lo…—

-¡QUE TE LARGES!—grito mientras las lagrimas ya mojaban sus mejillas.

En cuanto el rubio se vistió salió por la puerta sin ni siquiera mirar atrás. Candy se tiro a la cama a llorar como niña. Tanta felicidad que había sentido hace un par de horas atrás se habían ido. Poniéndose en forma de ovillo lloro como nunca pensó que lloraría no por el dolor físico, sino por tener el alma rota en pedazos.

-Abuelita que hice mal…que hice mal—repetía llorando.

Mientras Albert que se había quedado pegado de la puerta la escucho llorar. Quiso por un momento entrar y pedir de rodillas perdón pero no pudo. No encontró el valor ni las fuerzas para hacerlo. Maldiciéndose a si mismo salió de aquella habitación como alma que lleva al diablo.

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Una vez que llego a la planta baja de la casa se encerró en su oficina. Rápidamente se sirvió un vaso de whisky tomándolo de un solo sorbo. Con botella en mano caminaba de un lado a otro como león enjaulado mirándose los nudillos lastimados. Gritándose, odiándose y maldiciéndose mentalmente por todo lo que había hecho o por lo que estuvo a punto de hacer.

Iba a tomar otro trago cuando miro a su escritorio en donde estaba en un hermoso marco de fina plata la foto que una vez se llevo de la habitación de la joven. Camino despacio hacia el escritorio hasta dejarse caer en la butaca. Allí sus dedos acariciaban la fotografía de la rubia.

-Que estuve a punto de hacerte. Dios mío que iba a ser—se repetía bebiendo otro trago…-Que soy…en que me he convertido—dijo mirando la foto en donde ella sonreía abrazando a un poni.

No supo cuanto tiempo estuvo así perdido en aquella sonrisa. Tomando la botella se sirvió otro vaso de whisky. No podía quitarse de la cabeza lo que había echo. Como si sintiera vergüenza dejo de mirar la fotografía para caminar hacia la chimenea. Iba a llevarse el vaso a los labios cuando por su mente volvió a pensar en el rostro lleno de lágrimas de la mujer que amaba. Unas lágrimas que el mismo había provocado cuando había jurado no causarlas.

Sintiéndose asqueado consigo mismo el vaso con licor que tenía en las manos lo estrecho contra la chimenea rompiéndolo en mil pedazos. Cayendo de rodillas al suelo llevando las manos a la cabeza se repetía una y otra vez.

-Soy un monstro…soy un maldito monstro. No merezco que me ames…no lo merezco—se repetía arrodillado en el suelo.

Mientras en la habitación una rubia lloraba desconsolada. Preguntándose si todo lo sucedido con Terry había sido su culpa. Quería entender que había pasado esa noche. Que había hecho mal para que el hombre que amara se portara de esa forma tan cruel con ella.

La rubia lloro por muchas razones más. Lloro por amor y desamor. Lloro por la alegría y tristeza que su corazón sentía. Lloro porque lo hubiera perdonado si se lo hubiera pedido. Lloro porque lo amaba con toda su alma y lloro hasta que el cansancio la venció.

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A la mañana siguiente los rayos del sol iluminaban la habitación. Candy despertaba con los ojos hinchados y rojos por el llanto. Deseaba con toda su alma que todo hubiera sido una horrible pesadilla. Pero sintió unos deseos enormes de llorar otra vez al encontrarse sola en aquella enorme habitación.

Aun sintiendo el dolor físico quiso levantarse pero aquellas nauseas mañanera la azotaron haciéndola correr hacia el baño. Ya más tranquila se dio un baño caliente, queriendo que el agua caliente se llevara las marcas de su cuerpo o de su ser.

Una hora después la rubia estaba vestida mirando por la ventana. Estaba tan metida en sus pensamientos que ni cuenta se dio cuanto Emily entro con el desayuno. Emily en cuanto vio al rubio hace unas horas atrás supo que algo estaba muy mal. Él le había pedido que atendiera a su esposa y que se asegurara que estuviera bien antes de volver a encerrarse en su oficina.

Ahora ella estaba ahí parada con bandeja en mano viendo la misma tristeza que tenia Albert en el rostro. Casi sonrió al ver que la cama estaba arreglada. Pero en cuanto noto algunas marcas en el cuello de la joven sintió coraje con el rubio y al mismo tiempo pena. Porque lo que haya pasado lo estaba llevando al mismo infierno de la culpabilidad.

-Buenos días señora…señora. Me escucha señora—volvió a repetir al no recibir respuestas.

-Buenos días señora Watson…le pido disculpas no la escuche entrar—dijo girándose hacia la mujer.

-No tiene que disculparse…entre porque usted no respondía. Por favor venga a desayunar…esta calientito—

-Gracias pero no tengo apetito—dijo sintiendo otra vez nauseas con el olor del desayuno.

La rubia al caminar además de las nauseas sintió un mareo que tuvo que aguantarse de una de las butacas. Enseguida Emily puso la bandeja en la mesita llegando donde la rubia ayudándola a sentarse.

-Se siente mal…por favor venga y siéntese—pregunto preguntándose si ese mareo era por motivos específicos…-¿Lleva tiempo sintiendo así señora?—

-Solo en las mañanas…algunos mareos o nauseas—dijo pero al ver la bandeja se sintió culpable…-Gracias por el desayuno…se ve rico. Bueno comeré un poco o chocolate caliente si tiene—

-Por supuesto señora. El señor Andrew nos informo lo que a usted le gusta desayunar—

-Señora Watson usted ha visto a Albert hoy. ¿Está en la casa?—

-El señor está en su oficina aquí en la casa. El me pidió que la atendiera en todo lo que usted necesitara—dijo sirviéndole un poco de chocolate caliente.

-Ohhh…muchas gracias—dijo tomando la taza.

-Hace un hermoso día…le gustaría conocer su casa o los jardines—

-Gracias pero no me siento bien…quizás otro día—

-Como guste. Desea que llame al señor. Se ve muy pálida…tal vez debería ver a un medico—

-No…no estoy bien—

-Bueno le hare un té para las nauseas, pero no debe descartar ver a un ginecólogo—dijo esperando alguna reacción de la joven pero ella solo le sonrió…-Ahora me retiro…trate de comer algo en lo que le traigo su té. Si me necesita solo presione el intercomunicador y yo vendré enseguida—dijo señalando el aparatito en la pared.

-Así lo hare…gracias—Emily iba a salir por la puerta cuando la rubia la llamo…-Espere señora Watson—

-Si señora—

-Quería preguntarle… ¿Usted lleva mucho tiempo trabajando en esta casa?—

-Muchos años…antes de que el señor Andrew naciera. ¿Porque lo pregunta?—

-Bueno yo quería saber algo…—

-Si conocí a tu abuela Penélope—dijo sorprendiendo a la rubia.

-Pues si… ¿Conocía a mis abuelos o a mis padres?—pregunto la chica.

-Así es, yo ya trabaja aquí cuando tu bisabuelo llego con tu abuela. Ellos se encargaban de los jardines y el invernadero de la casa…sus manos crearon belleza natural…magia diría yo—dijo haciendo reír a la rubia…-Fui a la boda de tus abuelos…sabes se conocieron aquí mismo. También conocí a su padres…Damián era muy brillante e inteligente y permítame decirle que es tan hermosa como su madre. Lamente mucho cuando supe la muerte de ambos—dijo tomando asiento cerca de la joven.

-Gracias—

-Bueno dejemos temas tristes. Señora cuando Penélope nos visitara. Tenemos tanto de que hablar. Además estoy segura que le encantara saber que sus rosas siguen creciendo hermosas y cada flor sembrada por ella—

-Si le encantara saberlo. Espero que pronto estén aquí...cuando mejore—

-¿Mejore? ¿Estuvo enferma?—pregunto preocupada.

-Tuvo un ataque al corazón reciente—dijo pero rápido continuo al ver la expresión de angustia de la mujer…-Pero descuide ya está mejor…mi abuela es tan fuerte como un roble—

-Gracias a Dios—dijo llevándose la mano al pecho…-¿Pero hay algo más que desea preguntar…no es así?—pregunto al ver a la chica.

-Señora Watson usted sabe si paso algo entre los Andrew y mi familia—pregunto la rubia sorprendiendo a Emily.

-Muchas cosas pasaron señora…pero eso quedo en el pasado—

-Pero pregunto… ¿Algo en particular paso…algo malo que usted recuerde?—

-¿Pero porque la pregunta?—

-Es que se que algo malo pasó…algo que no desean que yo sepa. He visto la expresión de Albert cuando habla de mi padre…de mi familia. Por eso le pregunto si usted sabe algo—

-Lo siento señora…pero no soy la indicada para hablar de ciertas cosas. Eso es algo que solo le toca a Penélope decirle…no yo—dijo al recordar ciertos sucesos pasados.

-Entiendo…le pido disculpas si la incomode con mis preguntas—

-No se disculpe…las cosas siempre se saben a su debido tiempo—dijo con una amable sonrisa…-Ahora le pido que coma un poco…en un momento regreso con su té—

-Señora Watson…gracias—

-Estoy a su servicio…con su permiso—dijo saliendo de la habitación.

La rubia que se había quedado sola trato de comer unas tostadas con su chocolate caliente. Apenas lo estaba saboreando cuando sintió otra vez las horribles ganas de vomitar. Otra vez estaba en el baño vomitando. Cuando al fin se pudo refrescar, se miraba en el espero lo pálida y ojerosa que estaba. Cuando algo paso por su mente. Algo que había dicho Emily Watson…Ir al ginecólogo.

-Dios mío será posible…como es que no me di cuenta. Aun no he menstruado—dijo saliendo de la habitación para buscar en su cartera un pequeño calendario.

La rubia se sentó en la cama con la libretita en la mano. Enseguida se puso a sacar cuentas y no podía creer que algo tan importante se le hubiera pasado. Tenía los síntomas normales de un embarazo.

Cuando termino de revisar los días se dio cuenta que en verdad no le había llegado su menstruación y tenía un mes y algo de atraso. Según las cuentas era posible que tuviera casi cinco semanas de embarazo. Una sonrisa se reflejo en sus labios con la sola idea de esperar un hijo de su amado demonio.

-Un hijo. Un hijo tuyo y mío—dijo llevándose las manos a su vientre.

Bueno chicas hasta aquí el capitulo 29

Se lo que piensas…lo siento. Pero espero que no odien a nuestro bello demonio por ser el patán más grande de la historia. Créanme las cosas serán mejores para nuestros protagonistas después de este suceso tan desagradable. Aunque aún faltan algunas cosillas más.

Pero no les cuentas mas…será sorpresa.

Bueno gracias por seguirme y espero que les siga gustando esta historia de amor.

Será hasta el próximo capitulo

Abrazos

Ladycat