No.

Cuando Avril abrió los ojos de nuevo, le sorprendió la luminosidad del lugar y que hacía tiempo que no veía la enfermería desde esa perspectiva. La perspectiva que se tiene al estar tumbada sobre una de las camas. Soltó un suave quejido, sintiendo todavía el dolor de cabeza. Sentía algunas partes de su cuerpo entumecidas, pero por lo demás, estaba bien.

En su campo de visión apareció una melena ensortijada negra y unos ojos castaños detrás de unas gafas redondas. Tenía una amplia sonrisa en la cara, pero Avril aún confundida, pareció ver otra cosa.

- ¿Harry? ¿Qué ha pasado? – se llevó la mano a los ojos y los frotó, intentando recordar algo.

- No soy Harry – dijo confundido -. Soy James, ¿recuerdas? – de repente dejó escapar un ligero chillido - ¡Oh no! ¡Ha perdido la memoria!

Inmediatamente, cuatro rostros más hicieron acto de presencia frente a ella, que se pusieron a murmurar deprisa y hacerle un montón de preguntas.

- ¿Recuerdas tu nombre?

- ¿En qué año estamos?

- ¿A qué sabe el puré de calabaza?

- ¡No puedes olvidarte de mí!

Avril gruño en respuesta a todo, sintiendo como el dolor de cabeza aumentaba. Inmediatamente Lily quiso poner orden. Aunque bien podría habérselo ahorrado.

- ¡Basta! – gritó. Los cuatro callaron de inmediato – La estáis agobiando.

Se fijó en todos los que estaban allí. Remus, que a dos días de la luna llena ya presentaba un aspecto cansado y enfermizo. A Sirius, James y Peter y por supuesto a Lily, que rodeaban su cama de la enfermería con miradas preocupadas. Sonrió perezosa y pensó muy bien las preguntas antes de contestarlas. No fuera a cometer otro fallo como el de antes.

- Me llamo Avril, estamos en 19...¿75?, el puré de calabaza sabe a calabaza, menuda pregunta más estúpida Peter y no me he olvidado de ti, sólo te he confundido. Y por favor - dijo antes de que nadie pudiera hablar de nuevo - no habléis tan alto.

Todos le sonrieron, ya más calmados y contentos de que hubiera despertado. Fue la profesora McGonagall quien les informó de que Avril había tenido un "accidente" y llevaban allí todo el tiempo. Ni siquiera bajaron a comer, sino que James y Sirius mandaron a Peter a por comida para todos. Tuvo que cargar con todo él solo.

Sirius subió a la cama de un salto y gateó hasta colocarse encima, arrinconándola allí, con él a cuatro patas sobre ella. Colocó las manos a ambos lados de la cabeza y apoyó las rodillas cada una a un lado de su cadera, dejándola completamente atrapada.

Nadie se lo impidió, aunque Lily hizo una mueca en desacuerdo, temiendo por la integridad de Avril.

- ¿Estás bien? – preguntó viéndola desde arriba, con una mueca preocupada.

- Sí – contestó sincera con una ligera sonrisa, tratando de tranquilizarle.

Y él sonrió dejando escapar un jadeo, como si se quitara un peso de encima. Mientras ella pensaba que se le pararía el corazón en ese instante. Su pelo negro como el ala de un cuervo le caía hacia delante, enmarcando su perfecto rostro y destacando la plata líquida de sus ojos, que no apartaban la vista de los azules de ella. Pero fue su sonrisa lo que la hipnotizó, perfilada por sus labios carnosos, tan diferente a las que normalmente le mostraba. Enseñaba esos dientes blancos y perfectos y su rostro transmitía todo el alivio que sentía en su interior. Nunca lo había visto así. Era la primera vez que lo veía sonreír así. Sin arrogancia, sin tanta seguridad en sí mismo, solo aliviado.

Intentó apartar la vista al ver que se ponía colorada y que empezaba a quedarse embobada mirándolo. Vio a su alrededor como todos observaban la escena, curiosos por la actitud tan impulsiva de Sirius.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó ella finalmente al darse cuenta de que Sirius no pensaba bajarse tan pronto.

- ¿No lo recuerdas? - frunció el ceño.

- Sí, pero ¿cómo llegué aquí?

- No te lo vas a creer... - empezó Remus tras una pausa en la que nadie hablaba - ... pero fue Filch quien te encontró.

- ¿Bromeas? – agachó un poco la cabeza para mirarlo por el hueco que dejaba Sirius entre su cuerpo y el brazo.

Negó con la cabeza, verdaderamente serio de repente. Echó un vistazo a los demás y todos tenían la misma cara.

- Avril, ¿qué pasó? - preguntó delicadamente Lily.

Sintió su mano cálida cuando se la sujetó y con Sirius sin moverse un ápice de encima de ella, mirándola sin perderla de vista. Estaba empezando a incomodarla tenerlo ahí arriba.

- Venía hacia aquí y... - dudó sobre lo que podía contar o no. Al fin de al cabo, no sabía cuánto sabían ellos y no quería que se lanzaran a por Dolohov sin que ella tuviera las fuerzas suficientes para controlarlos.

- Sabemos que fue Dolohov - gruñó Sirius. Crispó las manos en la sábana, a ambos lados de su cabeza -. Así que nada de guardarte cosas, Avril. La verdad ¿recuerdas?

Cierto, no podía mentirle, se lo había prometido y aquello que acababa de pasar no tenía nada que ver con su pasado, así que no había escusas. Suspiró quedamente antes de comenzar a contarlo todo, mirando a Sirius a los ojos mientras lo hacía, como si solo estuviera él. Tampoco es que le diera mucho campo de visión para ver a los demás.

- Llegó por detrás y me encerró en una clase cuando venía hacia aquí. Por lo visto llevaba bastante tiempo buscando pillarme sola – escuchó la maldición que James soltó por detrás -. La cerró e hizo un hechizo silenciador. Forcejeamos, peleamos y en uno de los golpes me dejó inconsciente. No recuerdo nada más.

- Filch dice que te escuchó gritar, por eso se acercó - dijo James con gravedad. Avril asintió, todavía mirando los impasibles ojos de Sirius que no dejaban traslucir todo lo que por su mente pasaba.

- En una de las que veces intenté escapar, logré abrir la puerta. Ahí se rompería el hechizo silenciador – explicó.

Sirius y Remus gruñeron a la vez. No pudo ver al licántropo, pero los ojos plateados del mago que tenía encima brillaron con odio contenido. Que intentara escapar y no lo lograra sólo los enfureció, puesto que quería decir que Dolohov realmente quiso ensañarse con ella.

- ¿Y Dolohov? - preguntó ahora ella, buscando saber qué pasó con él.

- Ahora mismo está en el despacho del director - contó Lily, con un tono entre preocupación por ella y odio hacia el Slytherin -. Filch no podía ignorarlo. Ojalá lo expulsen.

- No lo harán - dijo la bruja al tiempo que intentaba incorporarse. Cosa difícil con Sirius todavía encima de ella.

- Mejor. Así yo me encargaré de darle lo que se merece - gruñó el animago no apartando los ojos de los azules de ella.

Todo ese tiempo, mientras contaba lo ocurrido, lo hizo como si hablara de un paseo entre las flores, como si el ataque no le hubiera ocurrido a ella. Como si no tuviera todavía varios cortes por el cuerpo o hasta hace unas horas no tuviera la cara hinchada de los golpes. Odiaba esa forma impersonal y fría de contarlo, cuando estaba tan pálida. Cuando él había pasado uno de los sustos más grandes de su vida al enterarse de lo que le había pasado. Igual al día que vio a James caer de la escoba. ¿Por qué parecía que no era consciente del peligro al que había estado expuesta?

- ¡Aparta de una vez chucho! - exclamó, harta de intentar levantarse y no poder por tenerlo ahí arriba. El "chucho" parpadeó varias veces confundido.

Los cuatro la miraron con los ojos abiertos, repentinamente tensos. Sirius le hizo caso, bajando de la cama despacio pero quedándose a su lado muy pegado y sin saber qué hacer o decir. Le había sorprendido tanto la orden, que ni se atrevió a no hacerlo.

- ¿Cómo me has llamado? - preguntó más curioso que dolido una vez fue capaz de hablar.

Avril le devolvió la mirada y de él la fijó en Remus, que la miraba de igual modo que los demás. Lily era la única que no terminaba de entender el repentino cambio de todos. Supo que Remus no les había contado nada todavía y la verdad es que ella tampoco afirmó en ningún momento que supiera que los demás son animagos.

- Chucho - contestó Lily por ella sin cortarse -. No te quejes. Te han dicho cosas peores.

Ninguno hizo algún otro comentario al respecto, pero se quedaron con la mosca detrás de la oreja, por decirlo de algún modo. Sobre todo Remus, que ya no sabía que pensar sobre ella. Lo de él era fácil de averiguar si eres observador, pero lo de los chicos… Con ellos no había ningún síntoma con el cual descubrir que eran animagos a menos que lo viera con sus propios ojos.

Lily se apresuró a ayudarla a incorporarse. Le colocó bien las almohadas en la espalda mientras Avril aguantaba la respiración. Ahora que se movía, notaba los cortes. El hombro lo sentía bien, sin daños, al igual que notaba que los golpes que Dolohov le provocó sin magia, habían desaparecido. Era evidente, que las heridas hechas con encantamientos tardarían más.

- ¿Cuándo puedo irme? – preguntó a quien supiera la respuesta.

- Todavía no – repuso Lily arrugando la nariz –. Madame Pomfrey ha dicho que esas heridas tardarán un poco más en cicatrizar porque se hicieron con…

- …magia negra – completó Avril al ver que a su amiga pareció atragantársele las palabras.

James, Sirius y Remus se tensaron, gruñendo cabreados y con los nervios cada vez más crispados.

- Y bueno, - continuó después de asentir – esas tienen que curar primero y no puede darte la pócima para el catarro porque no se deben mezclar unas con las otras. La de las heridas es muy potente y podría hacerte daño si se mezcla.

Eso explicaba el dolor de cabeza y que se sintiera tan floja. Todavía tenía el catarro. Miró a Sirius a su otro lado, quien dudaba si sentirse culpable o no por pegarle el resfriado. Le sonrió para tranquilarlo.

- Te lo dije – recordó Sirius.

- Y yo que me daba igual – rió al ver su bufido y como no era capaz de esconder la sonrisa que pujaba por salir -. ¿Y? ¿Habéis hecho las paces?

Entonces el animago y el licántropo se miraron con una sonrisa cómplice. Remus se acercó unos pasos más a la cama, colocándose al lado de Sirius, que terminó por abrazarlo con un solo brazo.

- Sí, las hemos hecho – respondió el hombre lobo en nombre de los dos.

- Bien. ¿Me vais a decir por qué fue la pelea?

- No – contestaron a la vez.

Lily dejó escapar una risilla a su otro lado. Se giró para verla, pero para entonces esta ya había parado.

- Tú sabes algo – acusó. Ella volvió a ampliar la sonrisa, enseñando todos los dientes.

- Sí. Pero no te voy a contar nada.

- ¡No es justo! ¡Todo el mundo lo sabe menos yo!

- Ni hablar. ¡Lo que no es justo es el susto que nos has dado y que encima te comportes como si nada hubiera ocurrido! – regaño Lily.

La pelirroja daba miedo cuando se enfadaba. Y lo peor era que pasaba de normal y risueña a enfadada en menos de lo que uno tarda en aparecerse.

- ¿Cómo puedes ser tan insensible? – continuó – Podría haberte matado. Tuviste mucha suerte de que Filch te escuchara. ¡Y tú ni siquiera estás llorando!

- Ya lo haces tú por las dos – y efectivamente a Lily se le habían escapado las lágrimas que rápidamente trató de limpiar con la manga de la túnica.

- ¿Por qué ni siquiera estás asustada? – preguntó entre un sollozo y otro -. Deberías estar aterrada por lo ocurrido. Estabas tú sola y esos cortes… - fijó sus acuosos ojos verdes en donde las sábanas escondían las vendas con las heridas al tiempo que hacía una mueca de dolor -… la magia con la que han sido hechos...

- Bueno, la verdad es que he estado en peores condiciones – todas las miradas se clavaron en ella -. Además, puede que todavía esté en shock.

Eso era cierto, normalmente después de un ataque o accidente de ese tipo, ella reaccionaba normal e incluso indiferente… hasta que se quedaba sola o se paraba a pensar en todo lo ocurrido. Y era cuando se hinchaba a llorar. Pero el tener a cinco personas alrededor, no ayudaba a una a relajarse lo suficiente.

Finalmente, Madame Pomfrey hizo acto de presencia y los dispersó un poco, con la escusa de que debía revisarla. Avril pidió a Lily que fuera a buscarle algún libro para entretenerla mientras pasaba los dos días más en la enfermería que Poppy le obligaba. Su pelirroja amiga le sugirió que sería mejor si aprovechaba para estudiar un poco de Astronomía que tan mal se le daba, pero Avril se emperró en que quería otro tipo de lecturas y su amiga terminó por complacerla.

...

..

.

Cuando llegó la mañana del día siguiente, Lily pasó temprano a verla, antes de las clases y el desayuno, para dejarle el libro solicitado más el de Astronomía. "Solo por si acaso". Esa chica nunca cambiaría. Vino acompañada de Marlene y Mary. La primera se puso a parlotear acerca de lo preocupadas que se habían quedado y que ni siquiera fue capaz de darle un beso decente a Andrew Gage cuando se lo pidió por culpa de ella.

- ¿Qué tendrá que ver una cosa con la otra?

- Sí, sí. Tu hazte la loca – respondió Marlene señalándola con un dedo -. Pero cualquier día de estos nos matas de un susto.

- ¡Pero si no ha sido culpa mía! – exclamó tratando de defenderse.

- ¡Claro que no! ¡Todo el mundo está en contra tuya! – espetó sarcástica.

Todas allí sabían que todo aquello era una broma. Marlene solo lo hacía para aligerar el ambiente y como una forma de desahogo por el susto.

Después de que se marcharan, los cuatro alumnos más problemáticos del mundo hicieron su aparición, con la clara intención de quedarse absolutamente toda la mañana, faltando a clases. Incluso Remus se encogió de hombros cuando le preguntó si le daba igual faltar. Pero sus planes fallaron estrepitosamente cuando Albus Dumbledore acudió a verla a la enfermería, justo en el mismo momento en que Poppy Pomfrey se resignaba a tener que aguantarlos allí. Se fueron con las cabezas bajas, a dar la clase de Pociones.

- ¿Cómo se encuentra? – preguntó el profesor con una sonrisilla al tiempo que se sentaba en un banquillo a su lado.

- Mucho mejor – contestó de igual forma -. Si por mí fuera, ya habría salido de aquí.

El director asintió con la cabeza, entendiendo que aquello eran los deseos de la enfermera. Se sacó del bolsillo de la túnica dos caramelos de limón y le ofreció uno a Avril.

- Me alegra verla tan recuperada – hizo una pequeña pausa mientras se comía su caramelo y cambió radicalmente de tema -. La semana que viene no será posible reunirnos ya que estará en medio de las vacaciones, como ya comentamos en la sesión anterior – Avril asintió, recordándolo perfectamente -. Pero no acordamos la fecha de la siguiente, así que he querido aprovechar este momento para informarla.

Albus corrió las cortinas que la rodeaban con un movimiento de varita y silenció la zona. Después volvió su atención a ella y acordaron quedar nada más volver de las vacaciones.

- ¡Ah y otra cosa! – añadió el director -. Bathilda me ha comentado que estas navidades le ha surgido un pequeño imprevisto. Parece ser que deberá viajar al sur de Inglaterra para informarse de ciertos datos para su libro. Supongo que también se lo avisará en la próxima carta.

- Oh – Avril frunció el ceño un poco, pensando en lo que debería hacer a partir de entonces -. Supongo que me quedaré en el castillo entonces. Aprovecharé que no habrá mucha gente para ir en busca la diadema.

Dumbledore asintió de acuerdo con su plan. Realmente iban muy atrasados respecto a los horrocruxes y Albus había logrado conseguir todos los datos que necesitaba acerca del anillo y su localización. Pero no quería ir a por él, sabiendo que el castillo tenía uno entre sus paredes en esos momentos.

- ¿Qué ha pasado con Dolohov? – preguntó finalmente, presa de la curiosidad. Dumbledore le sonrió amigablemente, pero su respuesta no le agradó del todo.

- Me temo que no ha habido expulsión, si es a lo que se refiere. Tendrá un gran castigo y se le abrirá un expediente disciplinario, pero nada más. Su padre ha intercedido por él… - tuvo un momento de duda que Avril no pasó por alto -. Doy gracias de que el señor Filch la encontrara a tiempo.

- ¿Qué ha pasado en realidad? – preguntó preocupada de repente.

- El señor Avery ha acudido en su defensa también – explicó.

- ¿Avery? – le extrañó - ¿Qué pinta él en todo esto?

- No me refiero a su compañero, sino a su padre – Avril palideció notablemente, entendiendo a lo que se refería -. Y tiene muy buenos contactos en el ministerio…

- Y con Voldemort – finalizó ella. El director asintió.

- Parece que usted no teme pronunciarlo como los demás.

- Solo es un nombre. No es a eso a lo que hay que temer, sino aquel que lo porta.

- Llevo tiempo tratando de explicárselo a la profesora McGonagall y al resto de la Orden, pero se niegan a escucharme – dijo en tono alegre -. Tal vez debería insistirle usted también.

Avril rió con suavidad, pero al mismo tiempo negaba con la cabeza.

- Se escandalizaría si así lo hiciera. Entonces… ¿cuánto poder ha adquirido ya?

Llevaba un buen tiempo que no se fiaba de las noticias que aparecían en el periódico. Una mañana casi se atraganta cuando descubre que el anterior columnista principal había sido sustituido por esa maldita de Rita Skeeter. Le dio tanto coraje que dejó de leer el periódico casi por completo.

- Bueno, tiene bastante poder entre el consejo escolar, al menos cinco de doce miembros – Albus no se molestó en tratar de ocultárselo.

- ¿Cinco? – exclamó sorprendida -. ¡Eso es casi la mitad!

- Así es. Varios de ellos trabajan en el Ministerio. Y muchos más me temo, cada día consigue reclutar a más gente, ya sea por las buenas o por las malas. Pero no se preocupe Grimm, yo también tengo mis contactos y afiliados allí.

Avril se llevó la mano al pelo a la vez que suspiraba. No quería creerlo, pero el tiempo se le acababa y aquello solo era el principio. No pasaría mucho antes de que esos ataques dispersos que son cada vez más continuados, incrementaran hasta un punto peligroso.

- Hay que darse prisa. Me quedaré en Navidad y encontraré esa maldita diadema de una vez por todas – de repente recordó algo -. ¡Profesor!

- ¿Sí? – él ni siquiera se había sorprendido, sino que parecía concentrado en sacar otro caramelo de su plastiquito.

- Los Weasley me han invitado a ir de visita… - parecía preocupada porque se lo negara.

- ¡Oh sí! Soy conocedor de este hecho. Podemos arreglarlo para que use la chimenea del despacho de McGonagall para trasladarse.

- ¿De verdad? – sus ojos azules se iluminaron de alegría.

Albus asintió con actitud similar, siempre contagiado por las buenas noticias y alegrías de los demás y se llevó el caramelo a la boca.

- Soy un buen amigo de Arthur Weasley, aunque eso ya lo sabe. Además, él ya pertenece a la orden al igual que su familia y los Prewett. He visto en sus recuerdos lo importantes que fueron ellos para usted y no veo ningún inconveniente en que los frecuente, pero…

- Sí. No diré nada, lo prometo – se apresuró a contestar.

Continuaron hablando de numerosas cosas que apenas tenían ya nada que ver con sus planes. Albus Dumbledore era un hombre algo excéntrico pero realmente gracioso. Para cuando quiso darse cuenta, ya había llegado casi la hora de comer y fue entonces cuando el anciano director se despidió y le deseó una pronta recuperación.

...

..

.

Horas antes, nada más salir de la enfermería, cuatro magos se fueron camino a la clase de pociones algo molestos porque su plan no les hubiera funcionado. Molestos en realidad no era la palabra. La clase de Pociones tampoco era el destino precisamente. Antes de que Dumbledore los mandara a paseo, Remus tuvo el tino de preguntarle por el destino de Dolohov. No les gustó la respuesta, no les gustó el castigo y no les pareció justo. Por ello, fueron a aplicar su propia justicia.

Sirius apenas podía parar quieto. La sangre le hervía por dentro y solo las imágenes de Avril inconsciente y pálida en la cama era las que se le venían a la mente. Cuando la vio aquella mañana, Dolohov ya había sido atendido y estaba en el despacho del director. Madame Pomfrey no había hecho nada más que curarla en el momento que entraron. Tenía varios moratones en el rostro además de una buena brecha en la frente. El resto del cuerpo, había sido vendado, pero la sangre de los distintos cortes había traspasado las vendas. Al ser heridas producidas por magia oscura, estas no cicatrizaban del todo y la sangre no se coagulaba con facilidad. Poco antes de que despertara, la enfermera había tenido que cambiarle los vendajes de nuevo y darle otra dosis de la poción.

No era justo. No era justo que la única sanción para el imbécil de Dolohov fuera un expediente disciplinario y un castigo. Ellos mismos, sin ir más lejos, tenían una gran colección de esos, pero nunca por haber usado magia negra. Se supone que los enseñaban a defenderse de ella, no a ponerla en práctica. Claro que él sabía quién se la había enseñado. Una nueva oleada de rabia se abrió paso en su interior.

Lo encontraron acompañado por otros dos alumnos de su misma casa, también de séptimo, en un pasillo cerca de las mazmorras y de su Sala Común. Cuando los vio venir, a Sirius Black el primero, inmediatamente seguido por James Potter y Remus Lupin a cada lado y algo más atrasado a Peter Pettegrew, que le costaba seguir el ritmo o no quería seguirlo, simplemente sonrió. Una sonrisa sardónica y burlesca, como si los estuviera esperando y supiera que tarde o temprano vendrían por él. Una mueca de ira se implantó en el rostro de Sirius que siguió avanzando sin detenerse.

Nadie lo vio venir, exceptuando a James Potter, que al fin de al cabo era quien mejor lo conocía. A Remus no le sorprendió. Todo el mundo esperaba que sacara su varita e intentara maldecirlo, por ello ni Dolohov ni sus dos compañeros tuvieron idea de cómo enfrentarse al puño que impactó directo en la quijada izquierda del Slytherin, con tal potencia, que lo mandó al suelo. Los otros dos quedaron tan sorprendidos, que ni siquiera actuaron a tiempo para detener al primogénito de los Black.

Este ya se había lanzado encima de Dolohov, colocado a horcajadas encima de él y agarrándole del cuello de la camisa con una mano, golpeó fuerte con la otra, impactando por segunda y tercera vez en el mismo lugar.

James y Remus mandaron a los otros dos Slytherins a volar contra las paredes e inmovilizarlos con un hechizo petrificador antes de que pudieran darse cuenta de algo.

- ¡Haz guardia en el pasillo! – ordenó James a Peter.

En el tiempo que Sirius agitaba la mano con la que lo había golpeado por el dolor, Dolohov aprovechó para sacárselo de encima de un empujón. Se arrastró un poco por el suelo, con una mano sujetándose la mandíbula, para intentar alejarse, pero no llegó muy lejos.

- Levicorpus – murmuró Remus y el Slytherin se elevó bocabajo de inmediato, colgado del aire por un tobillo. Escupió un poco de sangre antes de hablar.

- ¡Asquerosos traidores a la sangre! – gritó a todo pulmón Dolohov -. ¡Bajadme ahora mismo!

- ¿O qué? – preguntó James en un tono entre la mofa y el odio.

- ¡No vais a saliros con la vuestra! ¡Rosier! ¡Lestrange! – gruñó de rabia al ver que ambos estaban petrificados en el suelo - ¡Estúpidos Gryffindors, no sabéis con quien os estáis metiendo!

- Eres tú quien no tiene la menor idea Dolohov – habló James -. No vuelvas a tocarla, ¿me entiendes?

- ¿Te refieres a esa pusilánime que no fue capaz de aguantar una simple maldición decente? – dejó escapar una risa burlona -. La próxima vez me encargaré de que toda su linda cara quede irreconocible.

Con fuerza, Remus lo sujetó del pelo para girarlo hacia él y colocarle la varita en el cuello, clavándosela. Inspiró con fuerza, controlando las ganas de matarlo allí mismo. Con la luna llena a un día estaba más irascible que nunca. Sentía al lobo clamando por sangre y ese maldito Slytherin no ayudaba en lo absoluto a calmarse.

- A esta distancia, cualquier e inofensivo hechizo de desarme podría matarte – su voz salió ronca y amenazante. Apenas se reconocía a él mismo.

- Hazlo – la sangre continuaba saliendo de su boca y nariz bajándole hasta los ojos y el pelo, goteando de allí al suelo, pero apenas parecía importarle -. Hazlo, porque sino la próxima vez que pille a esa zorra seré yo quien la mate.

Remus gruño, pero este sonido ni siquiera salió humano, sino que sus cuerdas vocales vibraron como si de un animal fueran. Estaba a punto de atravesarle la garganta con la varita en el cuello en vez de hechizarlo cuando la voz de Sirius lo detuvo.

- Bájalo – ladró en voz baja. Remus no se movió siquiera -. Bájalo Remus.

- ¿Por qué? – no lo miraba a él, sino que tenía sus ojos verdes tirando al ámbar fijos en los negros de Dolohov, que lo miraban con cierto temor.

- Hazlo.

Sirius recogió la varita de Dolohov del suelo, la cual se había caído cuando lo golpeó la primera vez y se la entregó a James para que la mantuviera con él. Con reticencia Remus se alejó dos pasos y con un movimiento de su varita dejó caer a Dolohov al suelo, que dejó escapar un grito de dolor por el golpe.

- Levántate – ordenó Sirius.

- Tú no me das órdenes.

- No estás en condiciones de negarte – recordó James, que al ver que no se movía lo sujetó del brazo con cierto asco y de un tirón lo incorporó.

- Voy a darte la paliza de tu vida – aseguró Sirius.

- ¿Un chiquillo de quinto?

- No sabes cuándo callar, ¿verdad?

Y tras esas palabras, Sirius se lanzó a golpearlo de nuevo. Logró alcanzarlo en el estómago cuando Dolohov intentó defenderse por arriba, pero mientras estuvo encogido, tiró a Sirius de una patada. Se lanzó sobre él y le atinó dos golpes en la cara, cuando el menor golpeó de vuelta, castigando otra vez la mandíbula del Slytherin y cambió las tornas. Golpeó varias veces más, hasta que sintió los puños tan castigados que no pudo seguir.

Se levantó de encima de él, mirándose las manos llenas de sangre tanto suyas como las del engendro que había en el suelo. Era increíble lo que un buen par de puñetazos lo relajaban. Aquella forma muggle de pelearse simplemente era una maravilla que le gustaba poner en práctica a la mínima oportunidad que tenía. Y como el resto de magos no acostumbraban a usar los puños para pelear, simplemente él salía beneficiado.

- Este es el último aviso Dolohov – le dijo Sirius -. No la toques, no la mires. Si me entero de que tan siquiera te has acercado a ella, te mato, ¿has oído?

Dolohov no contestó, sino que se quedó mirando desde el suelo y con la respiración agitada y la cara tan llena de sangre que era imposible evaluar los daños producidos en esta. James le dejó caer la varita cerca para después acercarse a coger a Remus por la nuca, que miraba a Dolohov como si fuera a lanzarse a su yugular y morderlo, y tirar de él hacia donde Peter se encontraba, varios metros lejos de ellos, vigilando que nadie fuera por el pasillo.

Sirius se acercó a los otros dos Slytherin que se encontraban petrificados en el suelo y viéndolos desde arriba, les sonrió indulgente.

- ¡Evan! ¡Rabastan! – exclamó con cierta burla – Lamento todo este teatro y me temo que tendréis que esperar a que Dolohov se reponga un poco. Sé que somos familia y todo eso, pero no me interesaba que interfirierais. Por supuesto, el aviso va para vosotros también, ¡pero eh¡ - Sirius alzó las palmas de las manos, en modo conciliador -, desde el cariño. Bueno, dale saludos al tío Rosier, Evan; no le veo desde… - Sirius pareció meditarlo unos instantes - ¿la fiesta de compromiso de Cissy? – se encogió de hombros, como si no le importara -. Y Rabastan, recuerda decirle a tu hermano que mi prima Bella ya sabe lo que hace en el bar el Dragón Verde. Dile que tenga cuidado y que me debe una por avisarle. En fin, - echó una mirada atrás, viendo como Dolohov se movía para alcanzar la varita a su lado -, tengo que irme. ¡Ah sí! Casi lo olvido. Contadle a quien queráis lo que ha pasado hoy, será un honor que todo Hogwarts sepa que habéis sido humillados por unos "chiquillos de quinto" – Sirius hizo las comillas con los dedos para remarcar las palabras que Dolohov había dicho antes -. ¡Me alegra veros!

Al darse media vuelta para marcharse, aprovechó para darle una patada a la mano de Dolohov y lanzarle la varita lejos. Después se metió las manos en los bolsillos, con su buen humor ya recuperado y caminó hasta donde estaban los otros tres esperándolo.

...

..

.

Lily llegó después de la hora de la comida, seguida de cerca por James Potter que se cambiaba de sitio continuamente, se adelantaba para abrirle las puertas, caminaba a su derecha y después a su izquierda tratando de llamar su atención, luego volvía a la derecha y después se colocaba delante con los brazos abiertos, esperando recibirla entre ellos. Entonces Lily lo esquivaba con un comentario mordaz y vuelta a empezar toda la historia. Varios metros atrás, tres chicos veían la escena con diversión.

- Evans, sal conmigo – pedía James.

- No.

- Venga, te daré una vuelta en escoba – insistía.

- No.

- No sé por qué te resistes tanto, si estás deseándolo. Sal conmigo.

- No.

- Lily te daré lo que tú quieras, lo que necesites – prometió James.

- A veces necesito lo que solo tú me puedes dar – a James se le iluminó el rostro de repente -. Tu ausencia.

- ¿Eso es un sí?

- No.

Con un suspiro cansado, Lily se dejó caer con pesadez en el banquillo al lado de su amiga, suplicando internamente que alguien la liberara de aquella tortura. A su lado en la mesilla, colocó los apuntes que había tomado de aquel día e inmediatamente le entregó una carta que había llegado para ella en el desayuno.

- Es de tu madrina, ha llegado hoy y pensé que querrías leerla.

- Gracias, pero ya sé lo que dice.

- ¿Qué es? – preguntó James curioso, colocándose detrás de Lily y acercándose un poco a su pelo para olerlo. Suerte que Lily no lo notó.

- Que se va en vacaciones por el trabajo. Así que a mí me toca pasar aquí las navidades.

- ¿Qué? – inquirió Lily algo disgustada - ¡No, ni hablar! ¡No vas a pasar aquí sola las Navidades! ¡Me niego! ¡Te vienes conmigo!

- No.

- ¿Por qué? – hizo un puchero muy mono con los labios.

- Porque no va a pasarme nada por quedarme aquí unas Navidades.

- ¡Pero vas a estar sola! – entonces comenzó a mover la cabeza con energía, negándose a ello -. Ahora mismo voy a escribir a mis padres para decirles que tú también vienes.

Antes de que nadie la pudiera detener, Lily se levantó y salió corriendo de la enfermería, camino a su cuarto para hacer lo que acababa de decir. Se cruzó con los tres merodeadores que quedaban sin apenas dirigirles una mirada.

- ¿A dónde va?

- A escribirme una carta de amor, Lunático.

- Sencillo y personal. Típico de Evans – dijo Sirius.

- Lily no es precisamente… ¡Por Merlín Sirius! ¿¡Qué te ha pasado!?

Sirius tenía el labio partido y un buen moretón en el pómulo. Él se limitó a sonreírle, feliz de que ella lo notara.

- No es nada, estoy bien – se encogió de hombros como si nada.

- Acércate – ordenó.

- Ya te he dicho que…

Avril apartó las sábanas que la tapaban y se levantó de la cama de un movimiento. Tenía el pijama puesto, uno gris con las letras "See you in your dreams" en grande en la parte de arriba y de cuadros la de abajo. Iba descalza, pues los calcetines los había perdido durante la noche, pero ignoró el frío de la piedra que pisaba. Alzó la mano para tocarle la cara, justo donde tenía el corte, pero se detuvo antes de hacerlo, pensando en que podía dolerle.

- ¿Te duele? – preguntó preocupada.

- No.

- Mentira.

Sirius suspiró con una media sonrisa, ya que le molestaba si la hacía por completo. Llevó su mano a la cabeza de ella y le removió todo el pelo, que se lo había cepillado antes de que llegaran porque sabía que tendría visita.

- Vuelve a la cama – dijo Sirius cuando ella retrocedió unos pasos para evitar que continuara.

- Cuando me digas lo que ha pasado.

- Avril vuelve a la cama – pidió esta vez James -. Vas a resfriarte otra vez.

- Cuand… ¡Ah!

De repente Remus se había acercado a ella, pasando sus brazos por su espalda y detrás de las rodillas, para después alzarla en brazos como si no pesara nada bajo la estupefacta mirada de todos. Sin pararse a quejas o reproches, la acercó a la cama y la subió de nuevo, dejándola con suavidad y tapándola hasta el cuello. Avril lo miraba sorprendida, muda y por supuesto, sin habérselo esperado.

- ¿Cómo te encuentras? – preguntó como si no hubiera pasado nada.

- Anonadada. Nunca pensé que serías capaz de hacer algo así.

Y tras un pausado silencio, sin poder aguantarlo más, todos echaron a reír con fuerza. Así olvidaron y dejaron pasar todo.

Porque Remus había sentido verdadero odio y rabia hacia Dolohov, porque ni él mismo se había reconocido entonces, ni tampoco cuando sintió los celos recorrerle por todo el cuerpo al ver a Avril tan cerca de Sirius. Simplemente se había movido por instinto, queriendo verla lejos de él.

Porque Sirius olvidó cualquier dolor físico que sintiera y dejó pasar el cómo su corazón había comenzado a latir nervioso, al verla tan cerca, al sentir el calor de sus dedos por la cercanía, pero no lo olvidó.

Porque James quiso olvidar todas las negativas de Lily y simplemente se preparó para el siguiente asalto.

Porque tenía miedo, Peter dejó pasar las miradas de odio y deseos de venganza de los Slytherin a los que se habían enfrentado antes. Porque tenía miedo de ellos, sí, pero más de sus propios amigos.

Y porque Avril ya apenas se reconocía a ella misma.

...

..

.


Bien, aquí tenemos el siguiente episodio. ¿Qué os ha parecido?

En fin, hagamos un pequeño recuento: Personas que acertaron quien era la persona que abrió la puerta de la clase... 0

Nadie imaginó que fuera Filch.

Es divertido que de vez en cuando la historia no sea tan predecible, pero me han encantado todas vuestras conjeturas, no sabéis cuanto disfruto leyendo vuestros comentarios.

¿Qué os ha parecido la paliza que le ha dado Sirius a Dolohov? ¿Ha aplacado las ansias de venganza?

Por cierto, como dato curioso, Evan Rosier y Rabastan Lestrange, son familia de Sirius, tal y como él dice.

Evan Rosier es el posible hermano (la wiki de Harry Potter no lo confirma a ciencia cierta) de Druella Rosier. Esta mujer, se casó con Cygnus Black III, ambos son los padres de Bellatrix, Andrómeda y Narcissa. Si os fijáis, la diferencia de edad entre Evan y Druella, es una barbaridad (como cálculo mental rápido algo así como cerca de treinta y pico años de diferencia). Ya que en el mundo mágico se menciona que los magos viven muchos años, yo me he imaginado que simplemente los padres de Druella y Evan lo tuvieron a él años más tarde o que simplemente el padre se volvió a casar y tubo a Evan con otra mujer. Aquí cada cual que imagine ya lo que quiera.

En cuanto a Rabastan, es el hermano de Rodolphus Lestrange, el que está casado con Bellatrix.

Ni uno ni otro comparten sangre con Sirius, pero por uniones matrimoniales, ambos acaban siendo algo así como "primos".

Cuando tuve que pensar en quién poner para que acompañara a Dolohov por los pasillos, hice un poco de investigación y descubrí esto. La verdad es que la familia Black es enorme hasta límites que nunca llegué a imaginar.

Fue divertido investigarlo y espero que os haya este pequeño dato.

Nos vemos en el siguiente episodio el miércoles.

Un kiss.

Debyom.