Disclaimer: Harry Potter y sus respectivos personajes corresponden a J. K. Rowling y empresas asociadas a su producción y distribución. No tengo fines de lucro con ese fic ni pretendo tenerlos, así que no me demanden.
¡Disfruten del fic!.
Logró escapar a duras penas de un ataque casi certero de Bellatrix, quien le perseguía como una demente obsesionada. Los rayos verdes y escarlatas le rozaban el rostro, mientras se esforzaba por convocar un hechizo protector, a la vez que corría esquivando los ataques de los demás duelistas.
Quería ganar el tiempo necesario como para poder defenderse y a la vez atacar, pero con lo descuidados que estaban siendo todos los que peleaban en la entrada de Hogwarts, era muy difícil realizar cualquier encantamiento, ya que los hechizos volaban de un lado a otro. Además, su propio estado mental le estaba jugando una mala pasada, la reciente muerte de Remus calaba hondo en su mente y sólo se aferraba a los recuerdos de su recién nacido hijo, Teddy, para encontrar un resquicio limpio de dolor.
-¡Maldita niña!- gritó Bella, y su cabello oscuro y ondulado se meció con una ráfaga de viento que pasó-, eres una cobarde, ¿sabes?. ¿Acaso estas corriendo para intentar llegar a las faldas de mi querida hermanita traidora de la sangre?, ¿Andrómeda sabe que su hijita no quiere pelear?.
-¡Cállate!- respondió Tonks, esquivando a Molly, quien peleaba con Rodolphus.
-¡Oh, lo cobarde debes de haberlo heredado de tú padre, ese asqueroso muggle!.
-¡Petrificus Totalus!- recitó la chica, deteniéndose casi a la entrada del Bosque Prohibido, el lugar perfecto para empezar con su venganza.
La risa aguda e infantil de la mujer resonó contra los árboles, provocando un eco indeseado, a la vez que esquivaba el rayo con facilidad.
-Peleemos como adultas, querida- le dijo, juntado los labios sensualmente-. Demuéstrame que eres mejor que el inservible mestizo de tu marido.
-¡Crucio!.
Bella se agachó, evadiendo por poco.
-Yo te enseñaré lo que es una maldición imperdonable. Tienes que sentirla… con fuerza…- apretó la varita, apuntando directamente a Tonks-. ¡Avada Kedavra!.
No alcanzó a conjurar el hechizo "Protego", cuando el rayo verde le pegó de lleno en el pecho. Sintió calor al comienzo, y después una sensación helada, como si la sangre fluyese fuera de su cuerpo, aunque no tenía ninguna herida.
Pensó que, a pesar de que el encantamiento había sido lanzado con furia, morir no dolía tanto, así que, en el último segundo antes de abandonar el mundo de los vivos, en sus labios rosados, se formó una sonrisa suave.
Aún sabiendo que dejaba totalmente huérfano a su pequeño, ella iría donde estaba su padre y el hombre que amaba, desde el lugar en el que estaba empezando a entrar; cuidaría de su hijo y sería feliz, porque aún antes de morir, no dejó de sentir la seguridad de que Harry acabaría con la oscuridad.
-¡Vaya, no te esperábamos tan pronto!- le dijo una voz conocida, pero que hacía tan sólo unos años que no escuchaba.
-¿Sirius?.
Unas manos grandes y fuertes la tomaron por los hombros, ayudándola a incorporarse.
-¿Qué haces aquí, Dora?.
La chica se giró y reconoció a quien le había puesto de pie; Remus.
-Lo siento…- murmuró, y sus ojos se llenaron de lágrimas-. Bellatrix… ella me venció. Remus… nuestro niño…
-Él va a estar bien- dijo el hombre lobo, abrazándola-. Sé diste lo mejor de ti.
-Yo no…
-¡Maldita bruja hija de su puta madre!- escupió Sirius, pateando la nada que los rodeaba-. Sólo espero que alguien la mate y caiga acá; ella y yo tenemos cuentas que arreglar.
Lupin y Tonks le miraron, asintiendo en silencio. Aunque los tres ya no podían escapar de la muerte; seguían conservando las esperanzas en el futuro.
