Buenas buenas buenas! Adivinen quien volvió... Siiii, yooo! Su escritora lemon favorita (?)! Me extrañaron? Porque yo sí los extrañé u.u

En esta oportunidad mis queridos lectores, les vengo a traer otro especial (como prometí hace mucho tiempo atrás, pero las promesas se cumplen).

Lo que quiero avisarles es que no es un episodio con mucha comedia, sino que relata básicamente un hecho muy importante en la vida de nuestros personajes. Salta un poco más allá del hilo de la historia (más que nada por el salto del tiempo), pero aún así espero que les resulte entretenido de leer. Más que nada, quería avisarles que está lleno de LEMON, así que lean bajo su propia responsabilidad, ja ja ja...

Aguardaré sus comentarios y les agradezco por anticipado que se detengan a leer! Yo disfruté mucho escribiendo este episodio que me llevó varios días de "trabajo" ya que me había oxidado un poquito jajajja.

Como sea, disfruten!


Mamá siempre me cuenta la historia de cómo conoció a papá. Creo que me la ha contado tantas veces que hasta podría repetir las mismas palabras que ella usa, de memoria. Es tan cursi que de a momentos me da nauseas. Ellos son cursis. Todo el tiempo. El otro día, cuando llegué de la práctica de danza de la escuela, estaban sentados en el sofá (mamá arriba de papá) besándose como si no hubiera un mañana. A veces, por las noches... Los escucho. Gracias mamá, gracias papá, por traumarme por el resto de mi vida. Nadie quiere escuchar a sus padres hacer esas cosas, por favor...

- Hija... Estudiaste para tu exámen de mañana? - Mi mamá preguntó acercándose detrás de mi. No la escuché entrar y ahora estaba tratando de espiar lo que había escrito en mi diario online.

- Sii... - Respondí girando rápidamente hacia mi madre.

- Segura? Hace rato que estás en la computadora y... -

- SI MAMÁ, SI - Comencé a empujarla suavemente hacia fuera de mi habitación y una vez que había salido cerré la puerta tras de ella.

- No se a quién habrá salido con ese carácter que tiene - Mamá dijo en el tono indicado, del cual es especialista, para que yo escuchara del otro lado.

- AAAAAAAHh pero acá estabas pelirroja de mis sueños! - Ok. Llegó papá. Se terminó la paz. Se viene la hora de ruidos molestos.

- Ah, Isse! No me agarres así... Acá no... Acá no! - Mamá gritaba y reía como una adolescente. HEY! La adolescente aquí soy yo!

Antes que nada: Soy Ophis, tengo 15 años y vivo en casa con mis padres Rias e Issei y mi hermanito Vali, que tiene 9 años. Todo el mundo dice que me veo igual a mi mamá. Soy pelirroja, tengo ojos azules y mido 1.70. No es para fanfarronear, pero... Tengo un muy lindo cuerpo para mi edad, lo sé, y me encanta! Hago danzas desde pequeña y según lo que dice mi madre, eso ayudó a modelarme aún más. Papá siempre me llama "la segunda mujer más linda del mundo, porque la primera es tu mamá". Y Vali... El me llama "niña infernal". No hay caso, soy su hermana mayor y su objetivo en esta vida es molestarme todo el tiempo. Aún así, lo adoro. Mi familia y amigos mas cercanos me dicen Fifi.

Mi pasión es bailar y llegar a la competencia nacional. Soy la vicepresidenta del club de danza de mi escuela y todos los días me quedo después de hora para practicar la coreografía que este año me va a hacer ganar en el evento deportivo interescolar, estoy convencida de eso!

No tengo novio. Me gusta alguien pero... no puede ser. Es imposible. Es como algo "prohibido". Aunque debo confesar que en una de las fiestas familiares simulé estar un poco ebria (del aire porque no tomo alcohol), como él, para acercarme. Creo que yo tambien debo gustarle, porque sino no nos hubieramos besado en la manera en que lo hicimos esa vez detrás del cuarto de herramientas de mi abuelo... Ni al otro día, ni el fin de semana siguiente en su habitación, ni hace unos días en la piscina de mi casa... Igualmente son solo besos, juro que no hicimos nada más! Si alguien de mi familia se enterara de que estoy haciendo eso con mi primo Mili, no se que pasaría... Creo que no dejarían que nos volviéramos a ver. Mi papá es muy celoso de mi, no quiere verme con ningun otro hombre que no sea el. Lo que sucede es que Milicas es tan hermoso... Es el chico más popular del equipo de Rugby, y aunque ya terminó la escuela (tiene 19 años), sigue yendo como instructor y todas las chicas se vuelven locas por él. Alto, musculoso, con su cabello rojo y sus ojos azules (si, es mi primo, se parece a mi), con su cara perfecta, su voz profunda, ese perfume tan masculino que siento cada vez que se me acerca... AH! Ok, creo que me mojé. Esto no está bien, pero no puedo evitarlo. Debo mentalizarme en que es mi primo. No estaría deseando perder mi virginidad con el, claro que no... FIFI NO SUENAS NADA CONVINCENTE!

El ruido de mi teléfono celular me acaba de cortar los pensamientos lascivos, menos mal.

* Fifi, estudiaste para mañana?* Mi amiga Karin me acaba de mandar un mensaje. Debe haber recordado el examen de mañana.

*Algo. Vos? No me digas que recién te acordás...*

* Exacto *

* Estas en apuros? *

* Creo. *

* No se como ayudarte! *

* Podrías pasarme el teléfono de tu primo? *

Me acaba de hervir la sangre. * Para qué lo querés, que tiene que ver con el exámen de mañana? *

* Y quizás el me podría ayudar a estudiar... *

No. No te voy a dar el teléfono de MI primo. Ni en sueños. * No bromees, Karin. Tomá el libro y empezá a estudiar YA *

Ahora, en qué estaba? Ah, si, el exámen... Mejor me pongo a estudiar...

*.*.*.*

- Fifi, despertate hermosa, o tengo que besarte hasta que te levantes? -

- Mmnmmmnmhhhm, Mili... - Un gemido suave se escapo de mi boca mientras sonreía mirando a mi primo.

- Ya que no te querés levantar, querés que probemos algo nuevo? Te prometo que te va a gustar... - Mili iba recorriendo con sus dedos mi pecho que se inflaba y desinchaba agitadamente con mi respiración.

- Mili, no podemos... Somos primos... - Decía yo sin creer mis propias palabras.

Comenzó a acercarse más y más a mi boca para lamerme los labios enérgicamente y llenarme de baba...

DE BABA?

Abri los ojos para ver el hocico de mi perro Ruff sobre mi cara, sus patas sobre mis pechos y su aliento volándome los mechones de cabello que estaban rozando mi frente. - Ruffiiiiiii! Salí de acá!... - Hice fuerza para correrlo de mi cama - Me acabás de arruinar un sueño hermoso T_T Ahhhh... - Dije en voz alta suspirando muy fuerte.

- Qué estabas soñando que suspirás así? - Papá se asomó por la puerta de mi habitación.

Me ruboricé al instante - Nada, nada... -

- Fifi... Estas toda roja... No estarías soñando cosas obscenas, no? - Dijo papá apoyándose en el marco de la puerta con los brazos cruzados y su molesta sonrisa burlona, con Rufi entre las piernas.

Mi cara se volvió un tomate y podría jurar que me salía humo de la cabeza - PAPÁ! - Tomé un almohadón y se lo revoleé con todas mis fuerzas a modo de descargar mi vergüenza - Las cosas obscenas son las que hacés vos todas las noches con mamá y no me dejan dormir! - Grité envolviéndome con el cobertor de la cama con la cara en la almohada.

Papá soltó una carcajada - Eso lo decís de envidiosa! - Se acercó hasta los pies de mi cama y se sentó - Igualmente, esas son cosas que vos hasta que no tengas 30 años como mínimo no vas a hacer porque papi no te deja - Sonrió irónicamente.

- Eso lo voy a decidir yo - Me destapé y le saqué la lengua, volviendo a cubrirme con la sábana.

Papá soltó un bufido - Dale, levantate que tenes que ir a la escuela - Se puso de pie y tomó el cobertor para retirarlo bruscamente y dejarme destapada cola para arriba. - OPHIS, qué es esa ropa interior! - A la vista había quedado mi pequeña tanga.

Si ya estaba roja, creo que pasé a estar morada de la vergüenza - PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! Dejame en paaaaaaaaaaaz! -

- Tu mamá sabe que usas eso? Yo no te lo voy a permitir! Sos una nena! - Se lo veía enojado con sus muñecas apoyadas en su cadera.

- Qué pasa acá? Ya tanto grito a la mañana? - Mami, mami! Viniste a salvarme, verdad?

- Rias, a vos te parece que esta mocosa tiene que estar con esa microtanga puesta? - Papá señaló mi trasero.

- Qué problema hay? la compró conmigo! Es una señorita y puede usar lo que ella quiera - Mamá me tapó nuevamente con la sábana. Gracias mamá! Te amo! - Además... - Se acercó al oído de mi papá y le dijo algo en voz baja que obviamente pude escuchar - Las mías son más chiquitas y no te molestan... -

Papá se ruborizó y con voz fuerte dijo - PERO NO ES LO MISMO! -

Mamá lo golpeó en el hombro para callarlo - Vamos, dejá que se cambie. Hija, dale, arriba, no quiero que vuelvas a llegar tarde. Además me dijo tu tío que Mili salió para pasarte a buscar en un ratito por casa para acompañarte a la escuela que hoy tiene práctica - Comenzó a empujar a mi padre fuera de la habitación.

Mili? Oh por dios SI! Me levanté de un salto en ese mismo momento. Mamá me miró levantando una ceja. - Qué enérgica... -

Solo podía reir de forma muy nerviosa. Fifi, no dejes que se den cuenta de lo que te pasa con tu primo!

Me levanté, cambié, peiné, maquillé y desayuné en 10 minutos. Que mamá me dijera eso fue el motor que necesitaba para empezar el día de la mejor manera! Tomé mi maletín y mi bolso conlas cosas de danza y me quedé parada al lado de la puerta esperando ese glorioso sonido que sería el de mi primo tocando el timbre de mi casa. De hecho, ni siquiera le di tiempo a tocarlo porque salí ni bien lo vi pasar por la ventana. - ME VOY! -

- Hija, adios! - Mamá me saludó desde la cocina asomándose al living.

Salí corriendo por el sendero del jardín al encuentro de mi hermoso primo. - Hola... Mili - Le dije ruborizada y agitada por la corrida.

- Hola Fifi - Me dió un beso en la mejilla pasando su mano por mi cintura - No hace falta que te apresures tanto, te iba a esperar de cualquier manera... Dame ese bolso, se ve pesado - Estiró la otra mano para tomar mi bolso de danza y colgarlo en su hombro sin dejar de sostenerme por la cintura.

Yo no dejaba de sonrojarme y excitarme con ese pequeño contacto de su mano en mi espalda.

- Quería pasar a saludar a los tíos - Dijo mirando hacia la puerta.

- Están ocupados, dale, vamos vamos! - Le dije con pequeños saltitos que hacían que mis pechos se movieran, a propósito. Él sonrió. Qué sonrisa más seductora que tiene por favor...

Delicadamente me soltó de la cintura y pasó su brazo por mis hombros y detrás de mi nuca, comenzando a caminar. - Cómo estás hoy, Mili? - Pregunté todavía sonrojada.

- Ahora que te veo, mejor - Me contestó mirandome y sonriendo nuevamente, cerrando ligeramente sus ojos - Vos? Cómo dormiste? -

Sabrá que soñé con el y por eso me está preguntando? Qué vergüenza! - Eh.. Bien, bien. Me despertó el perro lamiéndome la cara, pero creo que dormí bien, jeje - Conteste nerviosa mientras caminabamos camino a la escuela.

- Ojala yo hubiera sido ese perro... -

- Eh? - Pregunté tratando de procesar lo que había escuchado.

- Que ojalá ese perro, hubiera sido yo - Desgraciado, sigue sonriendo seductoramente - Pero en vez de lamerte te hubiera besado de forma muy dulce, como se que te gusta, no? - Presionó mi hombro con su mano, acercándome a él sin dejar de caminar. Cualquiera que nos viera pensaría que somos pareja.

Yo no se que decir... No es que me esté haciendo la inocente, pero escuchar estas cosas a esta hora de la mañana y después de haber tenido ese sueño, es muy... Shockeante! Así que solo me remito a sonreir como una tonta.

- Fifi... - Milicas dijo mi nombre deteniendo el paso.

- Si? - Lo miré extrañada por haber dejado de caminar.

- Y si no vamos a la escuela? - Me preguntó con una sonrisa pícara bajando su mirada hacia mi (él es más alto que yo).

- Qué decís? Hoy... Tengo un exámen y vos tenes que trabajar con el club de Rugby, además después tengo que ir a danza y... -

- Dale... No entremos... Vayamos a otro lado... - Se paró frente a mi con sus manos en mis brazos - En todo caso, después volvés para danza... -

Ok. Se me acababa de helar el cuerpo. - A dónde querés ir? -

- Vos no querés estar conmigo? - Clavó sus ojos azules en los míos. Un chispazo de electricidad recorrió mi interior. Qué debo responder a esto?

- Me gusta estar con vos, Mili, pero - ya me estaba riendo de forma nerviosa otra vez - no entiendo lo que me querés decir -

- A ver si así me entendés... - Me tomó de la mano y dimos vuelta a la esquina, me empujó suavemente contra el tronco de un árbol con muchas hojas, que ocultaba todo estratégicamente. Dejó mi bolso en el suelo y se fue acercando hacia mi cara y... Me besó. Yo tenía mis ojos abiertos como dos huevos duros debido a la sorpresa, de la cual salí en solo dos segundos y pasé mis manos por su cuello, entregándome a la situación. Sus manos se colocaron en la base de mi espalda, acercándome más a él, presionando mis senos contra su pecho. Introdujo su lengua en mi boca, moviéndola muy lento. Adoro sus labios tan suaves, su perfume, su... Un segundo. Esto que siento en mi ombligo es... UNA ERECCIÓN? OH POR DIOS! Mi primo está teniendo una erección por mi? No es que nunca haya hecho esto con otros chicos pero jamás me imaginé que él se iba a poner así por mi! Y lo peor de todo es que se siente GRANDE! De todas las veces que nos besamos nunca estuvimos así de cerca... Ay no... creo que me estoy excitando...

Cortó el beso separándose de mi y mirándome a los ojos habló - Seguís con ganas de entrar a la escuela? -

- La verdad... no. Pero a dónde vamos a ir? - Le dije acomodándome el uniforme con las manos.

- Te animás a ir a un hotel? - Me guiñó el ojo.

- A un ho... ho... tel? Pero Mili, vos sabes que yo nunca... Que nosotros... Somos primos! - Miré hacia un costado toda sonrojada.

- Nadie tiene que enterarse de esto, no? - Me tomó de la cadera y ladeó su cara para buscar la mía.

- Mili, yo soy...soy... v... - mi voz bajaba cada vez más el volumen.

- Virgen? Ya lo se. No te gustaría dejar de serlo? -

Debo estar soñando todavía. En realidad nunca me desperté y todo esto es una de mis locuras mientras duermo, verdad? Me pellizqué la pierna con mis uñas y me dolió mucho. Ok, no estoy soñando. Milicas extrañado levantó una ceja. Yo me quedé en silencio y me limité a mirarlo a los ojos sin decir una palabra.

- No querés? -

- Eh... Esto es tan... Repentino, no se que contestarte... - Tengo que admitir que sentí miedo.

Milicas me soltó de repente y retrocedió un paso. - Perdón, "prima" (nunca me llamaba así)... Creo que maliterpreté todo, no? Mejor vamos a la escuela - Se agachó para levantar mi bolso de danzas del suelo y colgarlo en su hombro, se dió la vuelta pero lo tomé con los dedos de la espalda de su sweater. El giró y me miró.

- E... es...tá bien... - Voy a ser sincera, es lo que vengo soñando hace rato!

- Si? Querés? - Me cogió de las manos sonriendo.

- S..i, si, si! - Asentía con mi cabeza y los ojos cerrados.

- Genial! - Me abrazó muy muy fuerte - Te va a gustar... Te cuento un secreto... Hace ya un buen tiempo que no puedo dejar de pensar en vos - Acariciaba mi mejilla derecha con su mano - Se que somos primos, pero, no puedo evitarlo, cada vez que te veo... - Me volvió a abrazar hasta quedar a un cm de mi cara - Se me para el corazón... -

Creo que me voy a derretir! O a orinarme encima, lo que ocurra primero.

- Además... qué mejor para una chica tan hermosa y cuidada como vos - Comenzó a besar mi cuello - que tener su primera vez con alguien de confianza - Basta, me hacés cosquillas con todos esos besos!

- Jejeje... Si... - Contesté con poco convencimiento entre risas - Igual tampoco te la creas tanto, eh? - Lo separé de mi cuerpo con mis manos. Serviría de algo hacerme la dificil en este momento?

- Bueno, vamos - Me tendió su mano y la tomé - Esta vez, invito yo - Me sacó la lengua de manera burlona.

Caminamos por unos 15 minutos a través de una calle poco transitada hasta que llegamos a la puerta de un lugar. "Nocturno". Mi cara ya se había puesto roja sin siquiera haber entrado y estaba clavada al piso. ¡Nunca había venido a un lugar así! Principalmente porque soy virgen! Milicas tironeó de mi mano mientras mi cabeza estaba llena de preguntas - Fifi, dale, entremos... o te arrepentiste? -

- N..o...no... no... es que... me da mucha vergüenza - Estaba completamente sonrojada y bajé mi mirada hacia el suelo.

- Pero si no pasa nada! Es algo super normal - apoyó su mano en la puerta para comenzar a abrirla mientras que con la otra seguía sosteniendo la mía, incitándome a entrar - Dale, te va a gustar, "primita" -

Pasé de un calor infernal a un frío que recorrió mis huesos - No me digas así! - Solté su mano de repente y me miró levantando una ceja. Milicas se acercó hasta mí y entrelazando sus dedos con el cabello que caía sobre mi nuca me besó tiernamente.

- Primita... - Suspiró en mi oído - Me encanta decirte así... Me excita... - Nuestas caras quedaron separadas por solo unos pocos centímetros, cruzando las miradas de nuestros ojos azules - Me vas a decir que a vos no te gusta hacer cosas prohibidas? -

Sentí una gran humedad en mi ropa interior. No podía negarlo, estaba agitando mi respiración cada vez más y mordí mis labios inconcientemente para reprimir ese deseo que crecía a niveles inimaginables para mí - Entremos - fue todo lo que me permití decir.

Después de un vergonzoso e interminable momento de elección de habitación, unos dedos deslizaron por una pequeña ranura debajo de un vidrio negro una llave con un llavero que tenía el número 42 escrito en él. Caminamos por un oscuro y alfombrado pasillo hasta la puerta del elevador.

- Dijo cuarto piso, verdad? - Mili me preguntó mirando la llave.

- Si... Cuarto piso al fondo... - La chicharra que indicaba la llegada al cuarto piso había sonado. Descendimos del elevador y buscando a través de los carteles pegados en las puertas llegamos a la número 42. Milicas introdujo la llave en la cerradura sonriendo hacia mí. Al abrir la puerta, la luz del interior se encendió repentinamente, junto con una música funcional bastante desagradable y la televisión comenzó a reproducir una película porno a muy alto volúmen. Ese conjunto de ruidos hizo que me escondiera detrás de mi primo instintivamente.

- Jajajajaj, te asustaste, tonta? - Milicas ingresó a la habitación y arrojó nuestros bolsos a un costado de la puerta, se acercó hasta una pequeña mesa en donde estaba el control remoto de la TV y la apagó. - Listo. Un problema solucionado - Tocó una perilla que estaba en la pared y la música funcional dejó de oirse - Segundo problema, solucionado - Me sonrió entrecerrando sus ojos, extendió su mano hacia mí, que todavía seguía parada en la puerta de la habitación, para que entrara con confianza. Avancé tímidamente sobre esa alfombra color azul oscuro que se tragaba el sonido de mis pasos, mirando lo que había a mi alrededor mientras mi primo se quitaba su sweater. Una mesa con dos sillas a los lados, sobre la cual había unos folletos que no me detuve a leer, pero las imágenes de traseros me sugerían su contenido. Había un pequeño refrigerador incrustado en una de las paredes, abrí la puerta y vi que estaba lleno de bebidas.

- Esto se puede tomar? - Pregunté a Mili con una botella de agua mineral en mi mano.

- Como poder, se puede, pero nos la van a cobrar después... -

- Ah... - Volví a colocarla dentro del refri. Escuché cómo Mili se arrojó sin cuidado sobre algo que crugió suavemente: la cama. Giré mi cabeza hacia él y ahí lo vi. Sentado sobre la cama, con las piernas abiertas apoyándose con sus brazos levemente inclinados hacia detrás de su espalda, observándome. Con una de sus manos dió golpecitos sobre el colchón a un lado suyo, como invitándome a sentar junto a el. La curva de su sonrisa lasciva me hizo sentir cosas en el estómago. Mariposas? Mmmm... Mariposas prendiéndose fuego, mejor dicho. Me quité mi abrigo del uniforme y lo colgué en un perchero que sobresalía de la pared.

- Veni, linda primita... - volvió a golpetear el colchón. Me acerqué hasta él y me senté a su lado, cruzando mis muslos, sonrojadísima, no podía ni mirarlo a los ojos de la vergüenza. - Qué te pasa que estás tan tímida? - Con su mano en mi mentón levantó mi cara para quedar justo frente a la suya - Acabo de notar lo hermosa que sos así de ruborizada - Su pulgar acariciaba mis labios, abriéndolos sutilmente cuando lo deslizaba de arriba hacia abajo. En uno de esos movimientos lamí delicadamente su dedo, clavando mis ojos en los suyos. - Ah, bueno, estás entrando de nuevo en confianza, Fifi? - Milicas preguntó sonriendo y colocando su otra mano sobre mi muslo descubierto, acariciando un poco por debajo de la falda de mi uniforme.

- Puede ser - dije mordiendo de forma sensual la punta de su pulgar, aún sonrojada. Descrucé mis piernas y me acomodé de forma de quedar apoyada sobre mis rodillas para pasar mis brazos por detrás de la cabeza de Milicas. El puso sus manos en mi cintura y me acercó hacia él, pegandome a su pecho. Reposé mi frente en la suya, para dejarme hechizar por esos profundos ojos azules que conocía tan bien. Tengo que admitir que se sentía muy raro estar tan cerca de alguien que, haciendo a un lado las diferencias de contextura y género, se parecía tanto a mí. Mismo color de cabello, mismo color de ojos, mismo color de piel, las mismas pecas sobre las mejillas... Pero no podría evitar sentir esa atracción que tengo por él desde que tengo 10 años. Con la punta de mi lengua chupé sus labios. Sentí un cambio repentino en su respiración y en la presión de sus manos sobre mi cintura, me levantó un poco y me posicionó sobre él con cada una de mis rodillas a cada lado de su cadera, aún sentados.

- No te imaginás el tiempo que hace que quiero tenerte así, sabiendo que nada nos va a interrumpir - Sacó sus manos de mi cintura y de un suave tirón, desenlazó el moño de mi cuello, arrojando la cinta sobre la cama. Uno a uno comenzó a desprender los botones de mi camisa, hasta dejarla completamente abierta sin quitármela. Suerte que ese día me había puesto uno de mis sostenes más bonitos junto con... TENGO LA PEQUEÑA TANGA! Qué vergüenza! Va a pensar que.. que... que estaba esperando esto! No, no me quites la falda, no me la quites...
Inconscientemente llevé mis manos a mi cadera tratando de retener la falda de mi uniforme en su lugar. Me ruboricé el triple al ver su simpática expresión de sorpresa.

- Qué te pasa? Qué tenés ahí abajo que no querés que vea? - Tomó mis manos entre las suyas y las separó de mi falda.

- Nada, nada! - Comencé a reir de forma nerviosa.

- Nada de "nada, nada"! Ahora quiero ver... - Con la punta de sus dedos caminó sobre mi muslo hasta tomar el borde de mi falda y levantar la tela para mirar debajo. Miró, soltó la tela, sonrió y llevandose la mano a la frente dijo - Me vas a matar... Ésto es lo que provocás en mi - Llevó mi mano hasta su entrepierna para que tocara algo muy... duro. Tragué saliva. Los nervios me estaban atacando de nuevo. - Ahora, yo pregunto: usás estos "trapitos" todos los días? - Me preguntó al mismo tiempo que estaba comenzando a bajar el cierre de mi falda. - Porque si es así, no se si voy a poder aguantar el hecho de saber que debajo de tu ropa llevas estas maravillas puestas -

- Sos un tarado! Y si las uso, qué tiene? Qué problema hay? - Lo abracé y apoyé mi cabeza en su hombro.

- El problema es que voy a querer ver como te quedan puestas, siempre - Terminó de quitarme la falda que puso a un lado de mi desarmado moño, acarició mi largo cabello rojo y con su nariz en mi cuello me hizo cosquillas - Amo tu perfume - mordisqueó mi piel haciendo que soltara un pequeño gemido. Se separó de mí y deslizó por mis brazos hacia abajo mi camisa - Qué precioso sostén. Muero por ver que hay dentro de él - Me volvió a acercar a él y besó mi clavícula.

- No es justo que solo yo esté sin ropa - me quejé cruzando los brazos.

- Tenés razón - Suavemente me levantó para poder pararse y me colocó nuevamente en la cama. Se quitó su camiseta levantando sus brazos y tuve una vista de primera fila de ese abdomen trabajado por el deporte. No me resistí y con la punta de mis dedos acaricié la piel desde su pecho hasta su ombligo. Sonrió en silencio y se revolvió el cabello con una mano. Increíble. Solo me remití a observarlo desde la cama con mi boca llenándose de saliva y sintiendo cómo me humedecía cada vez más. Mis ojos se clavaron en la hebilla de su cinturón al mismo tiempo que comenzaba a desprenderlo para... BAJARSE EL PANTALÓN. En solo unos segundos que me parecían pasar en cámara lenta, con una mano a cada lado deslizó la prenda hacia abajo, con la pequeña complicación de que quedó trabada donde estaba su... su... su hombría... que se movió violentamente hacia arriba cuando el pantalón logró pasar hacia abajo, quedando solamente en boxer. GUAU. Solamente GUAU. No se notaba que ESO estaba debajo de su pantalón. Una erección enorme apuntaba hacia adelante bajo la tela negra de su ropa interior. Me quedé con la boca abierta. No me salían las palabras.

- Si la seguís mirando así de fijo se va a intimidar... - Mili dijo hablando de su... ya saben, acercandose hacia mí para recostarme suavemente sobre la cama mientras yo cambiaba del rojo al bordó por el rubor. Reposado sobre mí con delicadeza de no aplastarme, se ladeó levemente hacia mi derecha y con sus dedos recorrió dando toquecitos desde mi muslo, pasando por mi ingle, mi vientre, la copa de mi sostén, mi clavícula, mi cuello, hasta llegar a mis labios y luego quitarme unos mechones de cabello que estaban sobre mi frente. - Sos increiblemente hermosa, Fifi - Dijo antes de tocar mis labios con los suyos y sumergirnos en un beso francés que llevó mi cabeza a cualquier lado. Me acariciaba como si quisiera recordar cada parte de mi piel, de manera muy tierna, mientras nuestras entrepiernas se rozaban y presionaban con cada movimiento de nuestros cuerpos. Yo ya estaba sintiendo como la humedad de mi zona más intima se derramaba hacia atrás. Milicas llevó su mano hasta mi intimidad y con uno de sus dedos comenzó a hacer ligera presión sobre mi ropa interior. Dí una pequeña descarga como electricidad de la que él se rió entre besos.

- Sí que sos sensible acá abajo - Pasó sus manos por detrás de mi espalda para incorporarme y desprender el broche de mi sosten que cayó sobre mis muslos como si alguien se lo hubiera ordenado. Mis pechos quedaron totalmente expuestos ante un maravillado muchacho, rebotando sutilmente ya que, como es de familia, eran grandes... Más que nada para una chica de mi edad, totalmente acentuados por lo pequeño de mi cintura. Di un vistazo al boxer de mi primo y noté que se veia mojado alrededor de su... de la... bueno... de la punta de su erección...

- Por favor, Fifi, tus tetas! son perfectas! - Mili me recostó nuevamente y apoyó su cara entre mis pechos, diciendo cosas que no entendía porque su boca estaba completamente tapada entre ellos.

- No digas esas cosas, me haces avergonzar! - Le dije sonriendo y acariciando sus rojos cabellos con mis uñas.

Levantó su cabeza sin dejar de apoyar su menton entre mis pechos y me fulminó con sus ojos cielo. - Esto no es un sueño, verdad? - Sus manos acariciaban mi cintura.

- No lo sé... - Mordí mis labios - Lo que me pregunto es qué pasaría si alguien se entera de esto - Suspiré.

- Yo no le pienso decir a nadie. Es nuestro secreto, no? - Mili se reincorporó y avanzó apoyándose sobre sus codos hasta besar mi mentón.

- Si... Pero... -

- Pero? - Volvió a quitarme unas mechas de cabello de la frente mientras ladeaba su cabeza sin dejar de mirarme.

No podía decirle lo que estaba pensando porque iba a quedar como una idiota. Me moría de ganas de decirle que me ponía un poco triste saber que lo nuestro no iba a pasar nunca a dejar de ser "un secreto", que nadie lo podía saber, que si volvíamos a hacer algo así siempre sería ocultándolo del resto. Es un círculo vicioso del que nunca iba a poder salir. Pero... De verdad quería hacer esto con él. - Pero... - Inventé - Espero que nadie se entere -

Besó mis pezones antes de responderme y comenzar a retroceder sobre mi cuerpo - Quedate tranquila... En el peor de los casos, yo asumo toda la responsabilidad de esto porque... Vos sos una nena inocente, no? - Sonrió y mordió el elástico de mi tanga con sus ojos clavados en los míos.

- Algo así... - humedecí mis labios con mi lengua.

- Una nena inocente que usa esta ropa interior y nunca hizo nada pervertido, no? - Descendió aún mas y presionó mi intimidad con su nariz, sobre mi tanga.

- Nunca... - Empecé a respirar un poco agitada y sentía muchas ganas de retorcerme.

- Que nunca se masturbó pensando, por ejemplo, en su primo? - Deslizó su lengua desde abajo hacia arriba haciendome soltar un pequeño gemido.

- No... Nun...cahhh ahh - terminé mi frase suspirando muy fuerte al mismo tiempo que sus lamidas sobre mi ropa interior se hicieron repetitivas.

- Y sabe, esta nena inocente, todas las veces que su primo se masturbó imaginandosela así, desnuda y entregada? - Con un dedo hizo a un lado la tela y besó directamente mi clítoris. Gemí.

- No! No lo sé! - Estaba con los ojos cerrados descubriendo un placer que nunca había sentido. Mili había pasado su lengua desde mi vagina hasta mi clítoris, haciendo presión a traves de mis labios - Ahh... - Mis gemidos eran suaves y terminaban con un suspiro largo.

- Qué delicia sos - Seguía lamiéndome haciendome sentir cosas que no sabía que existían... Si bien me gustaba explorar mi cuerpo, no es lo mismo que cuando me tocaba sola... Sentí como una pinchazón repentina por lo que levanté la vista y ví que con su dedo estaba jugando en la puerta de mi vagina - Tranquila, no te voy a hacer doler, pero tratá de acostumbrarte porque sino ¿que vas a hacer cuando te meta la que tengo abajo? - Se sumergió nuevamente en mi intimidad y lamió intensamente mi punto más sensible mientras que con su dedo trataba de entrar en mí. Era algo raro, entre cosquillas y dolor y presión. Creo que al ver mi cara extraña Mili se dió cuenta y siguió solamente lamíendome acariciando mis muslos. Mi cadera comenzó a querer moverse sola y una sensación como fuego se estaba apoderando de mi, y él lo notó, por lo que aceleró el ritmo de las lamidas sosteniéndome bien fuerte de las nalgas y sumergiendo su cara en mi entrepierna no se detuvo hasta que grité. Grité fuerte. Había tenido un orgasmo! Qué genial! No es que nunca había tenido uno, pero... Nunca había sido con alguien más...

Mili sonrió como si estuviera orgulloso y se limpió con la mano su cara, que estaba empapada de mis líquidos. - Hermosa que sos - Se acercó y me beso en los labios con fuerza. Sentí mi propio olor y saboreé mi propio gusto. Al ver mi cara de extrañada, Mili me preguntó - Te parece raro besarme después de que te comí toda? -

Reí timidamente y le contesté - Si, un poco, igualmente me sorprende más que nada el olor y el gusto que tengo - Pensé y agregué - Parece sudor -

- Riquísimo - Lamió mis labios y se echó a reir junto a mi. Nuestras risas fueron deteniéndose lentamente pero seguíamos sonriendo. - Bueno - Dijo al mismo tiempo que se sentaba y pude echar un vistazo a su entrepierna y seguía igual de dura y erguida. - Vos no me pensas tocar ni hacer nada? Voy a tener que ocuparme de todo yo solo? - Me preguntó señalando su boxer y guiñandome un ojo.

- Mili, no se como se hace eso, no quiero hacerlo mal... - La verdad es que si bien había mirado porno alguna que otra vez... Bueno... Varias veces... Nunca había intentado satisfacer a un hombre.

- No es mucha ciencia, mientras no me muerdas... - Dijo al mismo tiempo que se bajó de la cama y parado en el suelo de la habitación se colocó a mi lado y deslizó su ropa interior hasta sus rodillas.

OH POR DIOS UN PENE. Nunca vi uno en vivo. Miré a Mili desde abajo y pregunté - Qué hago? - No es que no supiera lo que tenía que hacer pero de repente tenía la mente en blanco.

Acarició mi cabeza y sonriendo de forma burlona dijo - De verdad tengo que explicarte lo que tenés que hacer, mi amor? -

Mi amor. Mi amor. Mi amor? Me dijo "mi amor"? Tenía que confirmarlo. - Mi amor? - Pregunté.

- Es en forma cariñosa, Fifi, no pienses nada raro - CLAAAAAAAARO. El señor me dice "mi amor" en medio de esta situación que no tiene NADA de raro y no quiere que me confunda! Es mi primera vez. En un hotel. Con un hombre. CON MI PRIMO. CON UN PENE EN LA CARA, y éste no quiere que piense nada raro? - Podés... Lamerlo, acariciarlo, besarlo... Pensá en un helado - El desgraciado se reía.

- Ok, Ophis, es hora de tomar las cartas en el asunto y hacerte mujer - me dije a mi misma.

Acerqué mi mano y tomé suavemente ese pedazo de carne que tenía enfrente mío. Estaba caliente. Mi primo se mordió los labios sin dejar de mirarme un segundo. Comencé a moverlo hacia adelante y hacia atrás, observando como la piel se retraia y volvía a su lugar. Era mucho más suave de lo que me imaginaba. Del orificio que tenía en la punta estaba saliendo un líquido cristalino con cada movimiento de mi mano. Con uno de mis dedos lo toqué y llevé hasta mi boca: tenía un sabor entre agrio y salado. Levanté mi vista hasta los ojos de Mili y estaba sonrojado, elevó las cejas y me hizo un gesto para que continuara. Algo desconfiada, acerqué mis labios hasta él y lo lamí varias veces. Me aventuré y lo introduje en mi boca acompañando el movimiento con mi mano, como lo venía haciendo. Mili gimió y cerró los ojos unos segundos, en susurros me pidió que siguiera así. Mi cabeza iba hacia adelante y hacia atrás mientras mis pechos se sacudían con el mover de mi cuerpo, ya le había agarrado el ritmo a esto, es más, me estaba gustando. Me gustaba ver al chico que me encanta así, gimiendo por lo que yo le estaba haciendo. Dentro de mi boca mi lengua se movía con cada entrar y salir de su miembro, envolvíendolo en saliva. Me detuve un momento a tomar un poco de aire y Mili gruñó. Me acarició la cabeza, entrelazando sus dedos con mis cabellos - Para ser la primera vez que lo hacés, está genial, seguí dale, seguí... -

Un celular estaba sonando y el mío no era porque ese no era mi ringtone. - Uf es mi teléfono... Perdón Fifi, olvidé silenciarlo, dame un segundo - Fue hasta donde estaba su bolso y tomó su teléfono móvil - FUCK! Me llaman de la escuela - Me miró como preguntando que debía hacer.

- Y atendé... - Le dije apoyada en la cama sobre mis rodillas.

- Ok - Deslizó su dedo por la pantalla y atendió el llamado - Hola? Si, si, entrenador Hagase - Silencio de parte de Mili - Sí, es que hoy... la verdad no me siento muy bien y no creo que llegue a dar la práctica de la mañana... Pero... - Silencio nuevamente mientras hablaban del otro lado - Lo sé, lo sé... - Se rascaba la cabeza mientras daba vueltas en la habitación, su pene rebotaba de arriba hacia abajo, aún duro, lo que me hizo reir. Mili se dió vuelta y con una cara de "no hagas ruido" se acercó hasta mí y me indicó con una seña que continuara con lo que estaba haciendo.
Me pareció divertido por lo que introduje nuevamente el miembro dentro de mi boca y seguí masturbandolo con más fuerza que antes. Hice que Mili inspirara profundamente y perdiera la concentración en su charla telefónica. - Ehh entrenador, si, entiendo, pero puedo ir a la tarde si le parece bien, si puede AgghhH, ehem ehem - toció de mentira para simular un gemido - digo, que si puede comunicarse con alguno de los otros chicos para que de la práctica del segundo año yo le hago el doble turno a la tarde - noche... Si, ya se! - Me puso su mano en mi frente para que me detuviera e hizo el gesto de que esperara - Listo, a las 2 de la tarde estoy ahi. Si entrenador, si. Hasta luego. - Cortó, puso el celular en silencio y lo revoleó sobre la cama - Te detuve porque sino te iba a llenar la boca - Sonrió acariciándome la mejilla.

- Me ibas a... En la boca? PUAJJJJ - Exclamé haciendo cara de asco.

Rió con unas carcajadas fuertes y se sentó en la cama a mi lado. - Sabés? Fifi... Quiero que hagas algo... - Con su mano derecha me estaba amasando un pecho.

- Mmm... Qué? Qué queres que haga? -

- Quiero que me masturbes con tus tetas - Me juntó los pechos clavando suavemente sus dedos en ellos - son tan... suculentos mmmm - Parecía divertirse sobándomelos.

- Uhmm... está bien - contesté y me puse de rodillas en el suelo para quedar a la altura de su cadera. Él tomó su miembro y lo colocó entre mis pechos mientras yo los presionaba de costado. Ahí es cuando noté de verdad lo grandes que eran, aplastados contra su pene y me sonrojé: Sobresalía un poco más de la cabeza. Los movía de arriba hacia abajo, lamiendo la punta de la cabeza cada vez que aparecía de entre mis pechos. Mili estaba extasiado, gemía, gruñia, balbuceaba cosas que no estaba entendiendo...

- Pará, pará, pará - Me dijo repentinamente y echándose ligeramente hacia atrás para separarse de mí, colocó su mano derecha sobra la cabeza de su miembro y, acompañado de un gruñido, un líquido blanco y algo espeso salió de el y chorreó cayendo al suelo. - Aghh.. aghh... - Su respiración estaba agitada y me miraba sonriendo - No te quería manchar toda... Pero solo por esta vez - Sonrió curvando sus preciosos labios. Se levantó y fue hasta el baño para lavarse las manos y limpiarse con papel higiénico, yo lo seguía con la mirada, totalmente embelezada. Sus nalgas y músculos de la espalda parecían de piedra. Arrancó un poco más de papel y limpió el piso en donde se había derramado semen. - Ahora viene la mejor parte - Me miró agachado en el suelo mientras limpiaba y volvió a sonreir. Se paró y me extendió su mano para que la tomara (yo seguía arrodillada en el piso). Me abrazó y besó tiernamente en los labios, al mismo tiempo que con una mano comenzó a deslizar hacia abajo mi pequeña tanga fucsia. Colaboré levantando primero una pierna y luego la otra. Ya está. Estaba completamente desnuda al igual que él. Bajó su mano hasta mi entrepierna y con dos dedos acarició mi intimidad, para luego llevárselos hasta la boca y lamerlos. Me sonrojé y una electricidad recorrió mi espalda. Qué sensual!
- Estás mojada todavía... No puedo desperdiciar este momento... - Me alzó levantandome del piso y apoyándome suavemente sobre la cama, se recostó sobre mi. Una de sus manos estaba detrás de mi nuca, profundizando los besos que nos estábamos dando; la otra acariciaba mis pechos, mi cintura, mi entrepierna, mis mejillas... Me estaba recorriendo toda. Incorporó solamente su cadera hacia arriba y acomodó su miembro en mi intimidad, jugando con mi clítoris. Su pene resbalaba debido a lo mojada que estaba yo y se corría hacia mi entrada. Estaba toda roja. Tenía miedo, tenía ganas, estaba excitada, tenía calor, mucho calor, mi respiración iba a mil por hora y gemía junto con suspiros que me costaba soltar porque Mili no dejaba de besarme. De repente se detuvo y llevó su boca hasta mi entrepierna para volver a lamerme. Inconscientemente presioné su cabeza contra mi pelvis. Se levantó mordiendo sus labios y exhalando muy fuerte. - Dame dos segundos - Lo seguí con la mirada. Fue hasta su bolso, tomó su billetera y sacó de un bolsillo un pequeño paquetito color plateado. Cierto. "Protección".

Mamá siempre me dijo que ella no tenía problema en que tuviera sexo siempre y cuando me cuidara. Y heme aquí, olvidándome de lo primordial solo por estar excitada. Gracias querido primo por pensar en mi y en vos, obviamente... Perdón mami por no hacerte caso en este momento, ahora entiendo por qué me tuviste a los 18 años... Milicas volvió a la cama. De rodillas, se puso entre mis piernas. Abrió el paquetito y se colocó el condón. Yo prestaba mucha atención porque fuera de lo que me explicaron en la escuela cuando era más pequeña nunca había intentado colocar uno. - Bueno... Estás lista? Estás segura? - Me preguntó con la cabeza de su miembro apoyada en mi entrada.

- Creo que si... Igualmente, si te dijera que no, ya no hay vuelta atrás, verdad? - Contesté con un poco de miedo.

- Mirá Fifi, no se qué clase de imagen tenés de mí pero yo respeto mucho a las mujeres, sabés? Mi viejo me enseñó eso, y lo que dice mi viejo es palabra santa... Y si me decís ahora que no querés, bueno, no hay problema, quedaré duro como un hierro hasta que me canse de masturbarme pensando en vos. Pero a las chicas se las respeta. Y vos, además de una chica, sos mi prima, crecimos juntos, cómo no te voy a cuidar? -

Ok, me derretí. Haceme tuya. Ya.

- Quiero, estoy segura. Quiero que sea con vos, Mili - Le dije suspirando de emoción y excitación.

- Entonces... Ahi voy, avisame si te duele o si querés que pare, si? -

Asentí con mi cabeza al mismo tiempo que se iba apoyando sobre mi cuerpo. Su cadera comenzó a hacer presión hacia adelante para poder entrar en mí y sin querer apreté las piernas por las dudas de que me fuera a doler mucho.

- No te tenses Fifi, así va a costar más, quedate tranquila que lo hago despacio - No dejaba de darme pequeños besitos en toda la cara y con su mano acarició mi mejilla - Es un segundito de dolor nada más, después te va a gustar - Trataba de "consolarme"?

- Si ya se, pero no puedo evitarlo! - Me ruboricé y me puse nerviosa.

- Relajate, dale, hermosa - Seguía besándome y volvió a hacer presión con su cadera y miembro. Su cabeza estaba apoyada en mi hombro mientras yo miraba el techo de esa habitación que olía raro con mis ojos entrecerrados. Tuve una sensación extraña... Era como que me dolía y tiraba ahi abajo, como que había algo tratando de entrar por un lugar pequeño a la fuerza. - No se si será que no te quiero lastimar de más pero me está costando entrar, jajaj - Mi primo también estaba nervioso, y aunque suene raro, eso me relajó. Se estaba preocupando por mí o quizás tenía miedo de quedar mal conmigo, pero a pesar de tener experiencia previa, estaba intranquilo sobre como iban a salir las cosas. Medité por un segundo en mi interior y aflojé mi cuerpo. En ese momento, es cuando sentí que algo se abrió paso dentro mío y un ardor colmó mi intimidad. Cerré muy fuerte los párpados para aguantar el dolor y no emitir ningún sonido. Mili no se movía, pero al abrir mis ojos, me encontré con los suyos mirándome para comprobar que yo estaba bien. - Cómo estás? Te duele mucho? -

La verdad pensé que me iba a doler mucho más, pero solamente fue un tirón y ardor - Bien, Mili, no me dolió tanto como pensaba -

- Que bueno! - Me besó en los labios - Voy a seguir, si? - Su cadera retomó de forma muy lenta el movimiento. Entró un poco más en mí y luego se retiró hacia atrás para volver a repetir la secuencia. Se sentía raro, de a ratos me dolia y de a ratos me daba como cosquillas o, no se como explicarlo! El gemía suavemente, soltando su respiración tibia sobre mi hombro izquierdo. Yo tenía mis manos apoyadas en su espalda y dependiendo de la sensación que me daba, le clavaba un poco las uñas. Creo que eso le gustaba. Sentí que su ritmo cambió y aceleró un poco, su piel estaba volviéndose apenas resbalosa por la transpiración. Así que esto es estar con un hombre!? Es maravilloso... El dolor ya casi había desaparecido, y estaba asomando lo que era el placer, haciendo que soltara pequeños sonidos de mi boca que le llamaron la atención a Mili. - Ay, Fifi, sonás muy sensual, te gusta? - Me preguntó al mismo tiempo que lamía mis labios.

- Si... de a poco se está sintiendo bien y me está gustando... Podés hacerlo mas rápido? Quiero ver si lo puedo aguantar - Le pedí muy ruborizada hablando entre pequeños gemidos que se tragaban mis palabras.

- Por supuesto y más si me lo pedís así - Bajó sus manos hasta mi cadera y elevándome un poco, retomó las embestidas que tenían un ritmo mucho más acelerado y más intensidad que antes. Esto sí que estaba bueno, ya casi no había rastros de dolor y sin darme cuenta ya estaba entregándome al placer. Mis gemidos estaban totalmente sueltos y hacían sonreir a Mili que también gemía, gruñia y respiraba con mucha fuerza. - Por favor, sos hermosa, me estas volviendo loco... ahh... tan... apretadita y... ahhhg - Estaba yendo cada vez más rápido, golpeando su pelvis contra la mía hasta que se quedó quieto totalmente dentro de mí y con su cabeza apoyada entre mis pechos. Acaricié su rojo cabello y esperé para preguntarle por qué se había detenido. Levantó la cabeza y sonriendo de una manera muy feliz me dijo - Esto es mucho mejor de lo que me había imaginado, sos mejor que cualquier chica con la que haya estado antes, qué problema... - Se retiró de mi y se sentó en la cama, mirando hacia abajo se quitó el condón, lo anudó y lo arrojó en un pequeño cesto que había a un costado de la habitación - Sangraste un poco - Comentó al mirarse las manos ligeramente enrojecidas y tomar un pañuelo para limpiarse.

- Eso está bien? - Pregunté desconfiada. No tenía ni la menor idea de que pasaría algo así. Qué tonta.

- Si, a veces pasa, a veces no. Igual, lo que me alegra es que no te haya dolido tanto, tenía miedo de que la pasaras mal por culpa de eso - Esa sonrisa me mata. Es hermoso.

Me incorporé en la cama y sobre mis rodillas me erguí para mirarme en uno de los espejos que había en la pared. Tenía unas pequeñas manchas de sangre en la parte interior de mis muslos. Mili se levantó y fue otra vez por su billetera para sacar otro paquetito plateado. Inocentemente le pregunté - Por qué agarrás otro más? -

Con su mano en su miembro, moviéndolo de adelante hacia atrás y abriendo el sobrecito con los dientes me dijo - Porque esto recién empieza - Se colocó el condón con más facilidad que antes, se acercó nuevamente hasta la cama y se recostó boca arriba, tendiendo su mano derecha hacia mí - Ahora te toca a vos -

Me ruboricé como una nena idiota y le pregunté - Qué hago? - respondiendo al llamado de su mano me posé a su lado.

- Vení arriba - Me guiñó un ojo - Bueno, solo si tenés ganas... Quizás ya te cansaste... - Me sacó la lengua en forma burlona.

- No me desafíes! Maldito pervertido abusador endogámico de menores - Pellizqué su mejilla al mismo tiempo que pasaba una de mis piernas a un costado de su cuerpo, quedando mi cadera sobre su pelvis. Toqué su miembro envuelto en latex y traté de ubicarlo en mi entrada para luego descender suavemente sobre él y soltar un pequeño gemido al sentirlo entrar lentamente en mí.

- Vos, me venis a decir esas cosas? Cuando fuiste la que me buscó ese día en el cumpleaños de la abuela, haciéndote la borrachita, tirándote sobre mí para que te ayude porque estabas mareada... Dale Fifi, no te hagas la nenita conmigo cuando estás a punto de saltar sobre mi amigo... - Me tomó de las muñecas y embistió de abajo hacia arriba con fuerza. No pude evitar soltar un grito y retorcerme hacia atrás - Ah... te gustó? querés más? - Volvió a hacerlo, una, dos, tres veces. Yo no dejaba de gritar de placer. - Ahora movete vos, dale, nenita buena -

Posé mis manos sobre su pecho e inicié unos movimientos hacia arriba y hacia abajo, mecedores, la verdad es como me salían... Mili extendió su mano para acariciar mi clítoris con sus dedos al mismo tiempo que cabalgaba sobre él. No podía moverme muy rápido pero intentaba hacerlo con intensidad. Mordía mis labios debido a la excitación que tenía de tan solo mirarlo a los ojos, con esa sonrisa lasciva, con el morbo de que estaba teniendo sexo con mi primo, que era mi primera vez, que él estaba super bueno, que me había escapado de la escuela, que estaba en un hotel... De repente mis caderas se movían solas, en realidad, ayudadas con los movimientos de las manos de mi primo que estaban a cada lado de mis nalgas, haciéndome subir y bajar con un poco más de velocidad sobre su pelvis. Me estaba gustando y mucho, de verdad. No me imaginaba que se iba a sentir así de rico, más que nada por las vagas experiencias que he escuchado de algunas compañeras de escuela que ya se habían iniciado en el tema.

- Levantate - Me pseudo-ordenó Milicas quitando sus manos de mi cadera. Le hice caso y me senté a su lado en la cama - No, no te acomodes... - Me abrazó de atrás, colocando sus brazos en mi abdómen y elevando mi cadera hacia arriba me dijo - Yo se que así te va a gustar más - Me puso literalmente "en cuatro patas", lamió su mano para pasarla de adelante hacia atrás en mi intimidad y así humedecerme un poco y me penetró muy suavemente. Solté un gemido largo cerrando mis ojos y mordiendo mis labios. El dolor ya ni existía, era todo placer, era increíble, cada vez iba más adentro y esta posición me encantaba! Sus manos estaban nuevamente clavadas en mis nalgas guiando el ritmo de sus embestidas, el choque de su pelvis contra mi intimidad era demasiado seductor, y cada vez aceleraba más...

- OUCH! - Sentí una nalgada muy fuerte y voltée mi cabeza para enfrentarme a esos ojos azules.

- Perdón, pero... Tenía que hacerlo, tu colita estaba demasiado blanca - Sacó la lengua para burlarse de mi al mismo tiempo que apoyó su pecho en mi espalda para alcanzar con sus manos mis pechos y seguir moviéndose. La cama, toda desarmada y revuelta chirriaba con cada empujón que recibía mi cuerpo. Llegó un punto en el que no podía dejar de gritar. El ritmo de las embestidas aceleró todavía más hasta que se detuvo bruscamente dentro mío con un gruñido de Milicas. - Guau, mi tercer "alegría"..." - Dijo mientras salía de mí y observaba el condón lleno de semen, quitándoselo. Yo me dejé caer y recosté boca abajo sobre la cama, con la cabeza apoyada sobre mis brazos, mirando a mi primo secarse la transpiración de su frente con su antebrazo. Se posicióno a mi lado, boca arriba, y me hizo señas para que descansara sobre su pecho. Me acomodé en esos pectorales que aún se agitaban por la reciente actividad, cálidos, húmedos debido al sudor. Se divertía moviendo con sus dedos los pequeños mechones de cabello rojo que caian rebeldes sobre mi frente, mientras intercambiábamos miradas de lujuria, satisfacción y complicidad totalmente en silencio. Yo solamente podía sonreir, al igual que él. La yema de su dedo índice recorría el borde de mis labios que yo de forma juguetona intentaba morder.

*.*.*.

- No habrás venido a las clases de la mañana pero al menos vas a llegar al taller de danza - Mili me dijo al oído en la puerta de la escuela - Si alguien te pregunta por qué no viniste, qué vas a decir? - Sonreía de manera pícara al mismo tiempo que atravesábamos el portón.

- Que me sentía mal, y que como con el pasar de las horas me sentí mejor, decidí venir a danza - Caminaba con mi bolso al hombro.

- Y cómo vas a explicar el uniforme? -

Cierto, tenía el uniforme puesto. Si hubiera venido directamente a danza no tendría que tener éste, sino el de deportes. - Eh... Estaba sucio el uniforme de deportes así que para no romper del todo el protocolo de la escuela me traje el de todos los días - Le saqué la lengua a mi primo ganándole el reto. Me quedé en silencio unos segundos, pensando en nada, hasta que Mili me preguntó algo.

- Por qué ese cambio de cara tan repentino? - Estaba frente a mí, mirándome a los ojos.

Evidentemente algo que me preocupaba se me cruzó por la cabeza. Levanté la vista y traté de meditar qué era lo que me pasaba. - Mili... -

- Si? -

- Tengo miedo -

- Miedo a...? - Me preguntó elevando una ceja. Se veia confundido por lo que le acababa de decir.

- Qué va a pasar si alguien se entera? - Miré hacia un costado y mordí mi labio inferior.

- Como te dije antes, si vos no decis nada, yo no voy a decir nada... Nadie tiene por que saber lo que hicimos, y de última, todo quedará en familia - Con un dedo me pockeó la frente y se dió media vuelta en dirección al gimnasio, para comenzar a caminar hacia allá. A una distancia considerable me gritó - Quedate tranquila, primita! -

Vi como se alejaba revoleando las llaves del cuarto de útiles deportivos, despertando suspiros en las chicas que le pasaban a los costados, que cuchicheaban entre sí al ganar una ligera separación. Yo me quedé parada en el mismo lugar, pensando, tocando mis labios con mi dedo índice hasta que hablé en voz baja - Mi mayor miedo, es que quiero hacerlo otra vez... -


*.*.*.

Ojala les haya gustado, y espero poder escribir pronto un nuevo especial :)

Qué les parece, qué les gustaría leer?

No olviden dejar mi pequeño pedacito de alegría que son sus reviews, queridos lectores!

Un beso grande,

Lu *o*