Aquellos que buscan venganza:

Zero acababa de entrar a la diminuta y poco acogedora habitación que compartía con Yuki cuando el timbre del móvil lo sobresaltó. Un suspiro de alivio escapó de sus labios al ver en la pantalla quien lo llamaba… Por fin.

—Ichiru, ¿por qué demonios no me has cogido las llamadas? —le espetó a su hermano nada más pulsar la tecla de aceptar la llamada—. He estado muerto de preocupación por ustedes.

—Lo mismo digo, Zero Kiryu. Yo también he estado muy preocupado por ustedes dos. Incluso un mensaje de vez en cuando me habría dejado un poco más tranquilo, ¿sabes? La verdad es que no pido mucho, ¿no crees? Soy por lo general un padre bastante benevolente.

Maldición, Kaien. Había sido tanta su desesperación por tener noticas de su desaparecido hermano que había olvidado por completo todas las precauciones que él mismo se había impuesto y ahora tendría que enfrentar las consecuencias; porque cortar la llamada a aquel hombre simplemente no era una opción. Por lo menos sino quería considerarse hombre muerto cuando volviera a casa.

—Yo… lo siento mucho —le dijo a su padre sintiéndose terriblemente mortificado por aquel sutil regaño. Hubiera preferido que le gritara y le recordara lo inconsciente que era, cosa que Kaien por supuesto no haría, quizás porque sabía que lograba afectarlo mucho más a base de la culpa—. Sé que las excusas que pueda darte ahora no bastaran, pero tenía mis motivos para desaparecer de ese modo con Yuki.

—Me lo suponía, pero no creas que olvidaré esto tan fácilmente —le dijo Kaien con tono claramente cansado, como si durante los últimos días hubiera tenido que pasar por mucho. Y probablemente así había sido, pensó Zero—. ¿Cómo está Yuki? ¿Cómo estás tú?

Durante una fracción de segundos pensó en mentirle. Decirle a su padre que todo estaba bien con ambos y que pronto regresarían a casa. Podía hacerlo, Zero lo sabía con total convicción. ¿Acaso durante años no se había convertido en un experto en ocultar lo que sentía canalizándolo siempre a través de su sed de venganza? Sí, podía hacerlo, pero simplemente las mentiras no acudieron a sus labios con la facilidad pasada y supo en ese instante de segundo que no podría lograrlo ni aunque su vida dependiera de ello.

Sin detenerse a pensar mucho en lo que hacía ni como aquello podía afectarlos a ellos o a todos, se dejó llevar por un impulso infantil y le contó a Kaien la mayor parte de lo que le preocupaba en aquel momento. La advertencia de Shizuka sobre la seguridad y el bienestar de Yuki y su seudo alianza con Kaname Kuran para protegerla. Le explicó sobre cual era la información que estaban buscando Kaito y su hermano y como la ausencia de comunicación en los dos últimos días lo tenía intranquilo. Se permitió explayar su miedo por lo que le había ocurrido a Yagari y lo molesto que se sentía porque no le hubieran dicho nada, porque aunque comprendía el motivo, eso no hacía que doliera menos. Tenía miedo de lo que les pudiera pasar a ellos mientras él estuviera lejos. Y finalmente dejó salir fuera lo que más angustiado lo tenía desde hacía dos días atrás: el visible estado nervioso de Yuki y sus pesadillas.

El cambio que había notado en ella no había sido un hecho paulatino que hubiera ido aumentando en intensidad a lo largo de su estancia en aquel lugar, algo que incluso podría considerar lógico dadas las circunstancias; pero no, el cambio de Yuki se había producido de la noche a la mañana, como si algo hubiera provocado un quiebre dentro de ella dejándola… extraña. En esencia, seguía siendo la misma chica que él conocía, incluso parecía contenta de que estuvieran allí, juntos; pero algo estaba mal. Su instinto se lo decía y no estaba dispuesto a arriesgarse restándole importancia.

Había intentado diversos modos de hablar con Yuki, pero ella siempre terminaba quitándole importancia al asunto, intentando convencerlo de que sus preocupaciones eran infundadas… Y sin embargo cada vez que lo miraba parecía angustiada, como si temiera que algo malo pudiera llegar a ocurrirle y él terminara por dejarla sola.

Kaien lo escuchó con paciencia infinita. No lo interrumpió para nada, aunque Zero sabía por experiencia que prestaba completa atención a todo lo que le decía, como había hecho siempre desde que él era un chico lastimado y furioso que solo deseaba estar solo. Por primera vez en días sentía que parte de la tención creciente que lo atenazaba se iba aligerando un poco.

Como siempre, pensó. Porque por mucho que su mundo se desmoronara, habían cosas que nunca cambiaban y eso lo reconfortaba.

—Deberías haberme dicho lo que ocurría con Yuki —le dijo Kaien cuando él había terminado de explicarle todo—. No me gusta que hayas llegado a tal extremo guardándote todo esto para ti solo. Además, aunque creo que Kaname no es un mal hombre, me inquieta que los dos hayan aceptado tan fácilmente trabajar juntos. ¿Sabes por qué te pidió que te fueras con Yuki por un tiempo? ¿Te explicó algo más?

Zero se tumbó en la cama y cerró los ojos mientras se devanaba los sesos pensando en que decirle, como explicarle aquel lío. Kuran solo le había dicho que se ocuparía del asunto para que Yuki pudiera estar a salvo, pero a pesar de que él tenía sus sospechas sobre lo que planeaba hacer no contaba con pruebas que lo respaldaran. Todo indicaba a que Rido Kuran había sido y era el marionetista que manejaba las cuerdas, pero, ¿Kaname lo haría regresar al sitio de donde había venido? ¿Era realmente eso lo que planeaba hacer? Su instinto le decía que probablemente sería algo mucho más siniestro que eso.

No podía decirle aquello a Kaien, o este se vería obligado a intervenir en los problemas que tuvieran tío y sobrino. Su moral no le permitiría hacer otra, Zero lo sabía, y temía que su padre terminara siendo otro daño colateral.

—Nada —respondió finalmente—. Pero le dije que regresaríamos pronto ya que Yuki está preocupada por ti. Por todos.

—¿Crees que pueda ser eso lo que la esté afectando? Hay que considerar que no lo ha pasado muy bien después de lo que Shizuka y que hayas sido herido… Además, ¿por qué no me habían dicho nada acerca de sus pesadillas? Sin en verdad estaba recordando… —maldijo por lo bajo, algo que casi nunca hacía—. Ha estado sometida a mucho estrés en poco tiempo, Zero. Eso puede estar resintiendo su salud.

—Quizas el problema es que tú nunca le has dicho nada de su pasado —le espetó enojado. De inmediato se arrepintió de su arrebato e intentó calmarse un poco antes de proseguir—. Tú sabes quienes son sus padres, ¿verdad? Conoces el motivo por el que llegó a ti. ¿También fueron asesinados como los míos? ¿Se debe a eso que te hayas quedado con nosotros dos?

No iba a obtener respuesta por parte de Kaien, o por lo menos eso fue lo que pensó Zero. Si había estado ocultando aquella información durante dieciocho años, ¿qué motivos reales tenía para revelarla ahora? Quizas por eso mismo se impresionó tanto al oír su respuesta:

—Cuando regresen a casa se los contare todo. A los dos —su voz sonó tranquila y formal. Un tono que él siempre había asociado a los regaños serios y las situaciones verdaderamente importantes. De inmediato se sintió inquieto—. Todo es… demasiado complicado para explicártelo por teléfono. ¿Cuándo regresan?

—No lo tengo muy claro, pero creo que pronto. Te llamaré para ponerte sobre aviso —Zero se puso de pie al oír al sonido de la puerta de la casa abrirse y se asomó a la ventana para ver que ocurría. Yuki estaba en el yermo jardín intentando regar las pocas plantas que allí había. Un esfuerzo inútil, pensó. Por más que trabajara, no conseguiría nada—. ¿Cómo sigue Yagari? Solo me enteré a través de Kaname que estaba herido, pero no sabía nada más.

Un leve sonido se percibió al otro lado de la línea, como si Kaien se hubiera puesto de pie y estuviera paseando de un lado a otro por alguna habitación. Casi podía verlo en su mente, imaginando su expresión de concentrada preocupación y disgusto ante sus palabras.

—Estable. Hoy ha estado consciente aunque aún se agota con facilidad y no es conveniente que abandone el hospital de momento. He tenido que recurrir a muchos favores para conseguir que lo ingresaran con una identidad falsa y que todo quedara en completo secreto. Para mayor seguridad, ya me comprendes —Kaien suspiró, cansado—. Pero quien me preocupa un poco es tu hermano, Zero. Estos últimos días Ichiru no ha estado muy bien.

Aquella pequeña punzada de malestar que había estado sintiendo al pensar en su gemelo pareció intensificarse de repente, hasta al punto de volverse dolorosa. Lo había presentido, se dijo, como algo casi físico. A Ichiru le pasaba algo malo, y él lo sentía como si le estuviera ocurriendo a si mismo.

—¿Qué le pasa? —le preguntó con evidente urgencia—. Lo he llamado, pero ni él ni Kaito…

—No lo sé muy bien. Parece un poco desanimado, quizás enfadado por algo. Estoy seguro de que Kaito lo sabe o por lo menos lo sospecha, pero tampoco me ha querido decir nada. Solo ha estado así un par de días, así que quizás solo sea el hecho de que te extrañe.

Zero lo dudaba, pero se guardó de hacer aquel comentario al hombre que era como su padre. ¿Tendría algo que ver la investigación que estaban haciendo con el silencio de los chicos? No podía asegurarlo ni tampoco podía descartarlo. Entre todo lo que le estaba pasando se sentía como bombardeado con sucesos para los que no tenía todavía respuesta.

Y estaba agotado.

—¿Por ese motivo le has requisado el móvil? —le preguntó a Kaien, aún sorprendido por haber caído en ese truco tan simple—. Aunque debo reconocer que ha sido una buena técnica si querías contactar conmigo. Muy inteligente de tu parte.

Por primera vez durante toda aquella conversación oyó la risa de Kaien al otro lado de la línea. Un sonido feliz y seguro que siempre había asociado a las cosas buenas que le habían ido ocurriendo en los últimos años su vida. Se preguntó, sorprendido, en que minuto algo que siempre había dado por seguro se había convertido en un bien tan escaso. Su padre últimamente reía poco, tal vez porque no existían muchos motivos para que lo hiciera.

—No me subestimes, Zero Kiryu. Soy mucho mayor que tú, y los años que he vivido me sirven de algo, ¿sabes? —le regañó con cariño—. Aún así, no soy tan listo. Se le ha quedado en casa y solo aproveché la oportunidad —reconoció—. No te preocupes por tu hermano, yo estaré pendiente de él. Aunque sí me gustaría que regresaran pronto, hijo.

—¿Estás enfadado con nosotros? —le preguntó notando otra vez el aguijonazo de la culpa—. No tienes que culpar a Yuki por esto. Yo soy el único responsable.

Oyó que Kaien respiraba hondamente, como si de esa forma meditara sobre sus palabras antes de responderle.

—Claro que no estoy enfadado con ustedes, Zero, quizás solo un poco nervioso y asustado al comprender que ya toman sus propias decisiones y no dependen por completo de mí para respaldarlas —guardó silencio durante unos segundos, como si no supiera como proseguir—. ¿Sabes? No deberías cargar con la responsabilidad de todo lo que ocurre tú solo. Aunque te cueste creerlo, Yuki no es tan manipulable como al parecer piensas que es. Si ella no hubiera estado de acuerdo con tu idea y hubiese deseado ir contigo, no lo habría hecho, te lo aseguro. Al igual que a mí, no deberías subestimarla o podrías terminar llevándote más de una sorpresa. Y no siempre son agradables, lo sabes muy bien.

—Lo tendré en cuenta —respondió. Haciendo acopio de valor, tomó aire profundamente antes de decirle—: Gracias por todo lo que has hecho por nosotros, papá. Y me refiero a todo lo que has hecho, desde que nos conociste.

La risa y las palabras un poco nerviosas y avergonzadas de Kaien siguieron a la breve despedida que prometía un pronto reencuentro. Al oír el tono de llamada finalizada, Zero se sintió repentinamente solo, como si de algún modo que no pudiera comprender, la presencia de aquel hombre se hubiera sentido casi tangible durante los minutos que habían estado platicando.

Era patético. Siempre había creído que podía arreglárselas bien solo, pero aquel destierro voluntario le estaba demostrando que seguía necesitando desesperadamente a las personas que habían cuidado de él durante años.

Sus padres, Kaien, Yuki, Yagari, Kaito, Ichiru… Se peguntó cuantos nombres más se irían añadiendo a esa lista. Le aterraba un poco llegar a conocer la respuesta.

Con paso sigiloso salió al casi inexistente jardín donde Yuki se afanaba en quitar plantas muertas mientras murmuraba para ella misma. Se quedó apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho mientras la veía trabajar, con las manos metidas en la tierra humedecida artificialmente y al parecer una necesidad imperiosa de conseguir resultados.

Y era la misma, aunque a la vez no lo era.

Para él siempre sería difícil mirarla y no ver a la vez todas las Yukis a las que había conocido. La niña de doce años que había cuidado de él la noche que sus padres habían muerto y la chica de veintitrés que esa mañana intentaba aprender a hacer de forma infructuosa lo que él le estaba enseñando a cocinar. Sí, era la misma y a la vez no lo era, porque cada instante que habían pasado juntos los había hecho cada vez más dependientes del otro. Sabía que con el paso de los años, los sentimientos entre ellos fueron creciendo y fortaleciendo la relación hasta hacer que se necesitaran en extremo, pero a la vez también dejó cada vez más expuesto el punto débil de ambos, el que había nacido a causa de sus miedos infantiles: el perder a quienes amaban y quedar nuevamente solos.

Tan despacio como había llegado, se acercó a Yuki que, sin percatarse de su presencia aún, le daba la espalda. Apoyó ambas manos en la desvencijada barandilla de madera astillada dejándola así atrapada entre esta y su cuerpo. Ella no protestó, simplemente abandonó lo que estaba haciendo y se dejó caer pesadamente contra su pecho.

—Todo esto que estás haciendo será infructuoso, ¿sabes? —Zero rodeó su cintura con los brazos y dejó descansar su barbilla sobre su cabeza—. Ni siquiera tiene sentido que aquí haya un jardín. Nos marcharemos dentro de tres días, Yuki. ¿Qué pasara con todo esto después? Tanto trabajo por nada.

Ella negó con un gesto.

—No será en vano —le aseguró con convicción—. Siempre hay algo que queda, por muy ínfimo que sea. En algún momento lloverá y puede que alguna de estás plantas crezca, aunque solo sea un poquito. El tiempo y el cariño que dedicamos a las cosas que queremos jamás resulta una perdida de tiempo, Zero. Por ese motivo se dice que las relaciones que tenemos con las personas se cultivan. No importa lo que pase entre ellas, aunque se distancien, siempre quedará aunque sea un pequeño brote que puede germinar de nuevo si lo cuidamos de la manera adecuada —ella posó sus manos sobre las suyas, sin importarle al parecer lo más mínimo el hecho de que lo estaba dejando manchado de barro—. Es un pensamiento bonito, ¿no crees? Muy esperanzador.

¿Era así como se sentía Yuki?, se preguntó Zero. No estaba completamente seguro ni mucho menos apostaría su vida en ello, pero durante una fracción de segundo había tenido la idea de que ella estaba refiriéndose a la relación de ellos con toda esa plática. Si era así, creía que Yuki tenía razón. Pasara lo que pasara entre los dos, jamás podría dejar de quererla. Lo más probable es que terminara odiándose más a si mismo por no poder hacerlo, pero para él, ella siempre representaría la mano cálida que había sostenido la suya en sus noches plagadas de pesadillas; la sonrisa que había iluminado un poco sus días; las lágrimas que él se había negado a derramar a pesar de su profundo dolor.

El único modo en que podría dejar de quererla sería arrancándose el corazón.

—Te quiero —le dijo Zero. Sus palabras rápidamente fueron atrapadas por el sonido constante del mar y el viento—. Te quiero —repitió, y en esa ocasión sintió como las manos de ella se aferraban a las suyas con fuerza. Como si de ese modo le estuviera diciendo que no lo dejaría escapar jamás. Por él, estaba bien—. ¿Sabes? Hace un rato he hablado con Kaien. ¿Quieres oír noticias de casa?


Ichiru dio un respingo cuando notó el peso de una mano posándose sobre su hombro. Se giró de inmediato y con el corazón latiéndole a mil para ver quien estaba interrumpiendo su práctica: Kaito.

Debería habérselo imaginado.

—No lo haces nada mal, pero te aconsejo no mantengas el brazo tan rígido. El retroceso te puede lastimar el hombro a largo plazo —le comentó el chico cuando él se hubo quitado los cascos protectores.

—¿Cómo sabías que estaba aquí? —le preguntó un poco molesto. Aquella tarde había salido de casa a toda prisa luego de decirle a Kaien donde iba. Incluso había dejado su móvil en casa porque no quería seguir evitando las llamadas de su hermano, ya que eso lo hacía sentir muy culpable pero tampoco estaba de humor para hablar con él. Kaito estaba de acuerdo en que era mejor que guardaran silencio durante unos días hasta tener todo más claro y así no preocupar a Zero.

—Bueno, ya sabes. Tengo mis contactos —el chico le sonrió burlón y se dejó caer a horcajadas sobre una de las sillas plásticas que habían en la sala de práctica de tiro—. No me gustaría que te desmayaras nuevamente como una delicada princesa y no tuvieras un caballero andante que te socorriera. Soy muy buen tipo.

Ichiru le lanzó una mirada furiosa.

—No voy a volver a desmayarme. Lo del otro día…

—Sé lo que pasó el otro día. Solo estaba bromeando, chico idiota. No te lo tomes tan seriamente —Kaito se puso otra vez de pie. Ichiru se sorprendió un poco cuando colocándose a su lado le sujetó el brazo con él que sostenía el arma poniéndolo en la posición adecuada—. No piense mucho en todo lo que tienes que hacer y que no. Disparar requiere técnica, pero también es algo instintivo. Terminarás acostumbrándote.

El peso del arma en su mano pareció duplicarse cuando el amigo de su hermano lo soltó para volver a ocupar su asiento. Ichiru disparó, haciendo un gesto de dolor al notar el ensordecedor estruendo que pareció retumbar en la habitación y sintiendo como el olor de la pólvora quemada le impregnaba las fosas nasales. No creía que pudiera acostumbrarse a eso, se dijo. Tampoco quería hacerlo.

Los dos últimos días habían sido muy duros para él, de un modo extraño. Temía la reacción de Zero al enterarse de quien era la familia de Yuki, pero a la vez el pensar que la perdonara fácilmente lo molestaba tan bien. Dios, sabía que era injusto culparla a ella por la muerte de sus padres, que dicho sea de paso ni siquiera recordaba bien, pero acaso, ¿no habían sido ellos también inocentes cuando todo eso se puso en marcha? Lo habían separado de su hermano. ¡Lo dieron por muerto, maldición! La familia de ella había destruido la suya. Los culpables de la muerta de Shizuka… Y aunque su cabeza pudiera comprender los motivos y las razones, algo dentro de él se negaba a hacerlo y solo se alimentaba de más y más rabia.

—¿Cómo se siente matar a alguien?

Kaito lo miró enarcando una ceja y se encogió de hombros. No parecía enojado ni sorprendido por su pregunta. De hecho, solo se mostraba un poco curioso.

—¿Planeas matar a alguien, Ichiru? Porque no te lo aconsejaría. Hasta donde recuerdo, eso sigue siendo un crimen y es penado por la ley.

—Tú mataste a tu hermano —le recordó, mordaz—. ¿Tienes moral para aconsejarme?

A pesar de la dureza de sus palabras, Kaito no mostró señales de molestarse por ello a pesar de que la intención de él había sido provocarlo. Quizas se debiera a aquella rabia nueva que parecía estarse acrecentando en su interior o tal vez simplemente por el hecho que desde el día de su desmayo el chico lo trataba de forma diferente, como si temiera que fuera a romperse de un momento a otro. Como fuera, Ichiru no deseaba que lo siguiera mirando con aquella especie de lástima.

—Sí, bueno, un hecho desafortunado. Y recuerdo haberte comentado que fue en defensa propia —se acodó en el respaldo de la silla y apoyó la barbilla en las manos para mirarlo. En esa ocasión, su leve sonrisa estaba cargada del mismo pesar que se apreciaba en sus ojos—. No lo hice porque deseara hacerlo, Ichiru. De hecho, quería mucho a mi hermano y no hay día que eso no me duela. Matar a alguien es la parte más fácil, lo que sientes después: el remordimiento, la culpa, el dolor; eso, es la parte difícil y la que te va matando poco a poco a ti.

Definitivamente, no era la respuesta que esperaba por parte de Kaito, a quien siempre parecía importarle bien poco lo que el resto del mundo pensara de él. Hubiera deseado que le dijera algo más radical. Algo que lo alentara a seguir adentrándose en su naciente rencor en vez de mitigarlo.

—Odio a la familia Kuran —murmuró para si, pero al encontrarse con la mirada inquisitiva del otro clavada en él supo que lo había oído—. No me mires así, Kaito. ¿Acaso no crees también tú que son personas horribles y que deberían pagar por todo lo que han hecho? —negó con un gesto apesadumbrado y se sentó en la silla que estaba junto a la del chico—. Solo saben hacer daño.

—Probablemente —reconoció Kaito—, pero eso no nos da derecho a ser jueces y verdugos. Bueno, puede que lo de jueces no esté tan mal —le dijo con una sarcástica sonrisa dibujada en los labios—. No entiendo muy bien lo que pasa realmente con esa familia, pero sí sé que hay más tras todo lo que aparentemente hay. ¿Qué pasó con los padres de Yuki? Es una pregunta para la que no tenemos respuesta, pero si ella ha estado viviendo con Kaien todo este tiempo creyendo que era una chica sin nombre a pesar de tener una familia biológica es algo que da para pensar, ¿no crees?

—Quizas alguien se aburrió de los sucios juegos de los Kuran y decidió cobrar venganza y los mató —sugirió con acritud—. No creo a mi padres haya sido a los únicos que amenazaran.

—Podría ser, pero también existe la posibilidad que haya sido un Kuran quien haya matado a otro Kuran, ¿no has pensado en eso? —al ver su cara de pasmo, Kaito soltó una carcajada—. ¡Claro que no lo habías pensado! Tendrías se tener una mente tan retorcida como la mía o haber crecido con Yagari para llegar a sacar esa clase de conclusiones. Y te aseguro que ninguna de las dos alternativas son muy recomendables —chasqueó con la lengua en clara negación—. Tu idea es buena pero la mía es simplemente mejor. Creo que a Haruka Kuran lo mató alguien de su misma familia. No sé mucho sobre ellos, pero aunque creo que Kaname es lo suficientemente inteligente y despiadado para hacer algo así, por ese tiempo debe haber sido solo un niño, ¿no? La única opción viable que tenemos de momento es Rido Kuran a menos que haya más de ellos dando vueltas por ahí.

—Rido fue el responsable de mandar a matar a mis padres —dijo Ichiru, sombrío—. Y fue quien manipuló por años la vida de Shizuka. Creo que ella le tenía miedo.

—Y tratándose de una asesina despiadada eso es decir bastante… —Kaito se calló de golpe y le lanzó una mirada compungida—. Lo siento, eso estuvo fuera de lugar.

A pesar de que hubiera querido protestar por aquel comentario, Ichiru no fue capaz de hacerlo. ¿Cómo podía rebatirse la verdad? La misma Shizuka había reconocido que tenía las manos manchadas de sangre. Había sido una asesina, aunque a él le doliera reconocerlo.

—Da igual —murmuró restándole importancia al asunto—. Así que Rido, ¿eh? ¿Crees que Kaname sepa algo de lo que hiso su tío? Él y Yuki, ¿Qué serian? ¿Primos, primos lejanos? Es que como estuvieron prometidos…

Kaito entrecerró los ojos, pensativo.

—No lo tengo claro. No he podido averiguar mucho sobre esa familia pero creo que Rido lo crió. Supongo que sus padres deben haber muerto. Quizas también los hayan asesinado. A lo mejor es un sangriento juego familiar, algo así como "Sólo el más fuerte mata a los otros y sigue vivo" o que sé yo.

El comentario mordaz que pensaba hacer al respecto de aquella idea macabra murió en sus labios cuando un presentimiento repentino se apoderó de él. Por un lado parecía imposible, sin embargo…

—¿Qué edad tiene Kaname Kuran? —le preguntó a Kaito, sorprendiéndolo por el abrupto cambio de tema.

—No lo sé. Mayor que Zero, supongo. ¿Entre veintiocho y treinta años? —Ichiru lo miró con impaciencia, algo que el otro simplemente ignoró—. Hey, no soy su amigo, chico idiota. No recuerdo mucho sobre él, solo algunas cosas que me ha comentado tu hermano.

—¿Qué edad tenía el hijo de los Kuran que sobrevivió? —preguntó—. Recuerda, el que no iba en el coche la noche del accidente de los Kuran.

—Once años, ¿pero eso qué tie…? —Kaito lo miró boquiabierto—. No, es imposible. Ichiru, no seas tonto, ¡si ese idiota iba a casarse con Yuki! ¡Eran novios, no pueden ser hermanos! Eso sería… eso sería… —se quedó callado como sino pudiera encontrar palabras para describir su desagrado ante aquella posibilidad—. No lo creo. Incluso para un Kuran sería demasiado amoral. Puedo creer que Yuki en verdad no recuerde a su familia y por eso se haya embarcado en esa… relación, pero él… —negó con un gesto—. Obviamente es un error. Es ridículo solo pensar que quisiera casarse con su hermana. Su hermana.

Ichiru clavó sus ojos en él, sintiéndose de repente extrañamente convencido de tener razón. No sentía euforia o disgusto por eso. No sentía nada, solo aquella convicción de estar en lo cierto.

—Después de todo lo que ha hecho y de lo que has averiguado sobre su familia —le dijo a Kaito—, ¿dudas que Kaname pueda ser capaz de eso? Pues yo no. Ese sujeto está tramando algo, y lo ha hecho durante años.

El otro chico no dijo nada más, y sin embargo su silencio fue respuesta suficiente para Ichiru. Kaito estaba aceptando de algún modo sus ideas como posibles, tal vez no sin albergar ninguna duda, pero ya era un avance entre ellos que no las rechazara de plano. Por lo menos, pensó, no se había echado a reír en su cara.

—Bien, Kiryu, recoge tus cosas para que nos pongamos en marcha. Al parecer nuestro trabajo no ha terminado y tenemos mucha información que buscar.

Ichiru se quedó sorprendido al oírlo.

—¿Cómo me has llamado? —le preguntó mientras lo veía levantarse de la silla con agilidad y dirigirse con paso rápido hacia la puerta de salida.

Kaito volvió la cabeza para mirarlo con gesto burlón.

—Kiryu —repitió—. Ichiru Kiryu, ese es tu nombre, chico idiota. Y es quien eres, con todo lo que has ganado y perdido; lo que has aprendido y lo que aún te falta por saber. El primero que debería tenerlo claro y recordarlo siempre eres tú mismo. No lo olvides.

Era extraño, pensó Ichiru, como una simple palabra, un simple nombre podía lograr lo que no había conseguido aceptar durante semanas.

Que era alguien. Que pertenecía a un sitio.


Durante los tres últimos días Kaname había hecho lo posible para evitar a Rido. Apenas había ido a la casa, y cuando se había visto obligado a hacerlo esperaba las ocasiones en que este estaba fuera. Para ninguno de ellos era rara la reticencia que sentían a pasar tiempo con el otro

Pero ese día las cosas cambiarían para mejor, se dijo mentalmente mientras entraba a su cuarto y se quitaba la chaqueta. Como había dicho a Kiryu, su plan estaba en marcha y solo necesitaba un poco mas de paciencia. En menos de veinticuatro horas al fin podría...

El golpe que recibió en el hombro lo pilló desprevenido, consiguiendo que perdiera pie y cayera directo al piso de su habitación. Soltó un gruñido bajo a causa del dolor, y al levantar la vista se encontró con los ojos de Rido clavados en él. No había burla en ellos, ni siquiera un mínimo de la superioridad que mostraba siempre. No, en ese momento su tío lo observaba con la calma fría y letal que caracterizaba a los asesinos. Claramente estaba furioso por algo.

—No sabes cuanto me alegro de poder al fin hablar contigo, querido sobrino —le dijo con tono casi cordial, aunque seguía fulminándolo con la mirada—. Desde hace dos días que he intentado contactarte, pero al parecer has estado mucho más ocupado de lo que esperaba; pero ya que has venido voluntariamente hasta aquí me gustaría que respondieras algunas de mis preguntas.

Rido lo sabía, se dijo Kaname. De algún modo aquel hombre se había enterado de lo que planeaba hacerle y estaba decidido a acabar con él. ¡Maldición! Un enfrentamiento directo con su tío jamás había estado en sus planes, aunque siendo más joven era probable que tuviera ventaja sobre él, pero evidentemente sería mucho más engorroso a la hora de hacerlo pasar por un accidente, aún así...

El otro hombre atenazó su brazo con fuerza brutal, obligándolo a ponerse de pie. Kaname sabía que no debía precipitarse en actuar y aprovechar las ventajas que se le presentaran, y aquel repentino ataque de furia de su tío era un evento afortunado. Cuando Rido le sujetó el rostro con una mano para asegurarse que lo mirara, no intentó apartarlo ni hiso señas de dolor al notar como sus dedos se me clavaban cruelmente en la piel.

—Me has mentido durante dieciocho años, Kaname —le susurró Rido. Su voz en aquella ocasión destilaba veneno—. Siempre tuve mis dudas, ¿sabes? Pero quería creer en ti y suponer que me estabas diciendo la verdad. Llegué a convencerme de que eras como yo: despiadado, nada sentimental y dispuesto a hacer lo que fuera con tal de salvar tu propio pellejo pero esta claro que me equivoqué, ¿verdad? ¡¿Verdad?!

Con verdadero espanto notó como a causa del miedo que sentía la bilis le subía hasta la garganta y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para recuperar nuevamente la compostura. Su peor pesadilla se había hecho realidad: Rido sabía la verdad acerca de Yuki.

Intentó encontrar alguna mentira convincente. Idear una salida plausible para justificar el hecho de haberle ocultado esa información, pero sabía que no existía ninguna. Le había jurado a Rido que su hermana se encontraba escondida en el mismo coche en el que fueron encontrados los restos calcinados de sus padres. Fingió todo lo que fue necesario, culpándolo, amenazándolo y exigiéndole que confesara su culpa por lo que le había hecho a su familia, hasta que finalmente aquel hombre le había creído. Decidido ha obligarlo a mantenerse a su lado y a guardar silencio; cegado ante el hecho de que era el miedo lo que lo controlaba. Kaname estaba seguro de que Rido jamás imaginó que aquel a quién crió y moldeó para convertirse en su sucesor aceptaba gustoso aquel destino por un motivo muy distinto a lo que él esperaba.

Venganza.

Eso era lo que él deseaba y por lo que había esperado pacientemente durante los últimos dieciocho años. Había sacrificado la mayor parte de su vida por conseguirla.

Un atisbo de sonrisa cargado de ironía asomó a sus labios. Los ojos de Rido se entrecerraron convirtiéndose en dos peligrosas rendijas llenas de furia contenida.

—No sé de que hablas, tío. Sabes que yo jamás te mentiría, ¿no? ¿Como podría hacerlo cuando me has adiestrado tan bien?

—Tu hermana sigue viva —siseó lleno de frustración y... algo más. Un sentimiento que Kaname no fue capaz de identificar—. Y no te atrevas a negarlo, bastardo mentiroso. He visto fotografías de ella en casa de Kaien Cross. Es igual a tu madre, ¿no lo crees? —soltó una carcajada siniestra—. La escondiste prácticamente frente a mis ojos y nunca me di cuenta. Lo has hecho muy bien, muchacho. Eres todo lo que siempre pensé que serías y mucho más, pero es una lástima que las cosas entre nosotros tengan que terminar así.

Los dedos de Rido que aferraban su rostro se desplazaron hacia su garganta presionando de forma implacable. Kaname lo sujetó de la muñeca intentando que lo soltara y se debatió frenético para intentar liberarse de su agarre aunque sin mucho éxito. Estaba perdiendo las fuerzas rápidamente. Le ardían los pulmones y la falta de oxigeno lo estaba sumiendo en una especie de aletargamiento.

Hasta que Rido lo soltó de golpe.

Cayó al suelo, desmadejado y jadeando, sintiendo un sabor acido y un dolor sordo quemándole la garganta como si la tuviera en carne viva.

—¿Donde está tu hermana? —le preguntó su tío, nuevamente por completo dueño de si mismo—. He intentado localizarla durante estos dos últimos días y no he tenido suerte porque incluso Kaien ha desaparecido. Pero estoy seguro de que tú si lo sabes, ¿verdad, Kaname? —se arrodilló a su lado, acercando su rostro al suyo hasta que solo los separaban un par de centímetros—. Voy a terminar encontrándola tarde o temprano, así que será mejor que cooperes conmigo… —una sonrisa mordaz se dibujo despacio en sus labios—. Quizás sea clemente contigo. ¿Donde esta Yuki?

Una súbita idea se le ocurrió en ese momento. Era un plan precipitado y existían muchas posibilidades de que fallara pero era prácticamente la última opción que le quedaba. Miró con disimulo el antiguo reloj que colgaba en la pared. Casi las nueve de la noche. Solo debía ganar algo más de tiempo. Con veinte minutos o media hora bastaría.

—¿De verdad crees que sería tan tonto como para confiar en tus palabras? —sonrió a penas, algo que le supuso un esfuerzo enorme—. Puedes matarme si gustas, la verdad es que ya me da igual. Sino lo haces tú, lo hará Kiryu. Y seguramente también acabará contigo de paso, sobre todo si quieres lastimar a Yuki. Como sea, los dos ya estamos muertos, tío.

Rido se rió desdeñoso.

—¿Ese chico? —curvó los labios en una mueca despectiva—. Me deshice de la molestia que era su padre y de paso le quité a su familia. ¿Quiere venganza? Me parece lo justo, pero me temo que terminará compartiendo el mismo destino de sus padres y su hermano.

Esta vez fue el turno de Kaname se sonreír.

—Pues buena suerte, porque tendrás que enfrentarte a los dos —le dijo. Sus palabras lograron que Rido lo mirara confundido antes de volver a su habitual gesto altanero—. Ya no es solo uno de ellos.

—Tu hermana no será un problema. Una vez que la tenga...

—No me refiero a Yuki, sino a los chicos Kiryu —le aclaró con fingida amabilidad—. Shizuka no mató a ninguno de los dos, ¿quizás un repentino ataque de buena consciencia? Una verdadera lástima, pero al parecer estás rodeado de muy buenos mentirosos… o eres muy estúpido —Kaname se rió—. Como sea, ambos gemelos están vivos. Los he visto —se aparto del lado de su tío y se puso de pie a duras penas. Le dolía todo—. Saben lo que has hecho y quieren venganza. ¿Crees que después de lo que hemos hecho nos permitirían seguir viviendo?

Durante un instante fugaz un leve atisbo de miedo asomo a los ojos de Rido, pero este desapareció casi tan rápido como había aparecido, siendo reemplazado otra vez por su habitual máscara de suficiencia.

—¿Que pueden hacer dos mocosos contra mí? ¡Son solo un par de chicos de los que puedo encargarme con los ojos cerrados!

—Yo no estaría tan confiado —Kaname se sentó pesadamente a los pies de su cama, observando como la tensión que dominaba a Rido le otorgaba un aire duro y maligno. Hacia años que no le veía así, desde que era un niño—. Todos dicen que se parecen mucho a su padre, por lo menos Zero. Es un verdadero incordio, te le aseguro, pero es endiabladamente inteligente. ¿No te ha servido la muerte de Shizuka como ejemplo suficiente de que no puedes jugar con él? Encontrará el modo de hacerte pagar por lo que le hiciste, créeme.

Sabía que provocar a Rido de esa manera era casi una apuesta a lo loco. Su tío podía perfectamente perder el control de un momento a otro y terminar matándolo en un arranque de furia, pero quizás, solo quizás lograra ganar unos cuantos minutos más para poder poner su plan en marcha. Haber ido a casa tan temprano había sido un error de cálculo, pero todavía podía solventarlo. Un poco más, solo un poco más...

—Así que le tienes miedo al chico de Kaien, ¿eh, Kaname? —aún arrodillado en el mismo sitio que lo había dejado, aquel hombre le lanzó una mirada llena de profundo desprecio—. Me da igual lo que digas, incluso si solo es uno o dos de ellos. Esa familia debió haber dejado de existir hace tiempo, y voy a encargarme de que sea así con mis propias manos.

Rido se puso nuevamente de pie con los movimientos lánguidos y despreocupados que siempre lo habían caracterizado, como si tuviera todo el tiempo del mundo y nada que pudiera inquietarlo. En un par de largas zancadas estuvo frente a él, con su mano derecha extendida como si deseara asirlo otra vez, sin embargo dejó que esta cayera antes de tocarlo siquiera. Aún así, Kaname no pudo evitar que un escalofrío lo recorriera por completo.

—Estoy furioso contigo —le dijo Rido. Sus palabras trasmitían una calma pasmosa—, no te quepa la menor duda de eso, pero aún así seguimos siendo familia y creo que podría perdonarte unos o dos errores. Bueno, creo que este sería en verdad el segundo si tenemos en cuenta el completo fracaso que fuiste en lo relativo a Shizuka Hiou —se rió por lo bajo—. Quiero que me oigas bien, Kaname, porque no volveré a repetir esto. Estoy dispuesto a ofrecerte un trato. Serán mis reglas y estas serán absolutas. Así que, puedes aceptar mi generosa oferta y volver a ser el muchacho obediente que nunca debiste dejar de ser o simplemente lo rechazas y no vas a salir vivo de esta habitación. ¿Que eliges, sobrino?

No podía mentirse diciéndose que no había esperado algo así por parte de Rido, sin embargo la inquietud que lo embargó no era agradable. La sonrisa en sus labios parecía sincera, realmente muchos podrían pensarlo al verlo, pero Kaname lo conocía demasiado bien como para saber que estaba a punto de asestarle una estocada mortal con la oferta que fuera a hacerle. Aquel hombre no le estaba dando opción, porque sabía cual sería su respuesta.

—Lo acepto. ¿Qué es lo que deseas, Rido?

Un brillo de eufórico triunfo brilló en los ojos de aquel despiadado hombre.

—Quiero que me digas donde está tu hermana y como puedo encontrarla —le dijo. Sonrió al ver la inconformidad que se había dibujado en su rostro—. Tranquilo, te juro que no la lastimaré, por lo menos no físicamente. Es cierto que en un comienzo me vino muy bien el hecho de que estuviera muerta, como también lo deseaba contigo, pero creo que ya que está viva nos puede ser útil. ¿No crees que ha llegado el momento de que le demos una cálida bienvenida a nuestra familia?

—¿En verdad prometes no lastimarla? —le preguntó Kaname, presionándolo un poco más—. No quiero que la mates. Yuki es...

—Sé lo que es para ti, sobrino. Y voy a dártelo —durante unos breves segundos lo miró pensativo, como si de ese modo pudiera escrutar que era lo que se escondía dentro de su cabeza—. Me sigue pareciendo extraño, pero no voy a oponerme, aunque me pregunto que habrían pensado tus padres de eso. No creo que la idea les haya gustado mucho.

Mitigó la oleada de vergüenza que amenazó con apoderarse de él. No podía explicarle a Rido cuales habían sido sus planes. Había trabajado muy duro por conseguirlo y por culpa de Kiryu había estado a punto de fallar. Pero todavía no se había dado por vencido en su venganza.

Sí, se vengaría de Rido por él, pero sobre todo lo haría por Yuki y por lo que le habían arrebatado. Le devolvería lo que era suyo por derecho, tal cual había jurado hacer dieciocho años atrás.

Dispuesto a hacer su mejor actuación, le contó a Rido lo que sabía del sitio donde estaban escondiéndose Yuki y Zero. Le dio las indicaciones pertinentes y se aseguró de hacerle prometer a su tío hasta el hartazgo de que no la lastimaría.

Una farsa completa, pensó mientras lo veía desde la ventana de su habitación subirse a su coche y partir en la dirección que él le había indicado. Si Rido supiera que no tenía ni idea del sitio a donde Kiryu se la había llevado… Sonrió satisfecho y buscó su móvil para enviar el mensaje que sería su salvación o su perdición, aún no lo sabía. Ya solo le quedaba esperar.

La siguiente hora la pasó tumbado en la cama, adolorido y ansioso, observando como un segundo se arrastraba tras otro como una lenta y agónica condena. Podría haber llamado a Ichijo y contarle lo que había hecho, pero no quería involucrarlo más de lo que estaba en aquel asunto, así que simplemente prefirió castigarse en su soledad.

El sonido de un mensaje recibido lo hiso sentarse de golpe en la cama y coger el móvil mientras el corazón le martillaba con violencia en el pecho, casi al punto de hacerle daño. Conteniendo el aliento le leyó una y otra vez, como si las palabras no fueran capaces de penetrar en su cerebro y mucho menos ser procesadas por este. Finalmente, algo pareció romperse dentro de él y antes de que pudiera advertirlo algo como un torrente pareció abrirse paso en su pecho. Estaba riendo estruendosamente.

¡Lo había hecho, lo había conseguido!

Ojo por ojo, se dijo mientras la euforia que sentía se mitigaba y daba paso al dolor agudo que provocaban los recuerdos del pasado. Se tumbó otra vez en la cama sintiéndose físicamente enfermo.

Ojo por ojo. Su deuda ya estaba saldada.


Zero lanzó por lo bajo una maldición cuando el timbre del móvil lo despertó. Estiró la mano y tanteó medio dormido en la oscuridad hasta dar con él mientras oía a Yuki murmurar molesta en sueños y darse la vuelta. Era casi medianoche, ¿quién demonios podía estar llamando a esa hora?

—¿Qué ocurre? —preguntó somnoliento sin siquiera ver quien lo llamaba, dando por hecho que sería Kaito o su hermano—. Eh, ¿diga?

El móvil se le resbaló de la mano cuando su interlocutor terminó de hablar y le cortó la llamada. Solo cuatro palabras, se dijo. Cuatro palabras que lo cambiaban todo.

Se tumbó en la cama de espaldas mientras dejaba que su antebrazo reposara sobre su frente. Sabía que ya no se podría volver a dormir.

"Está hecho. Puedes volver"

Mientras observaba como el techo en penumbras del cuarto se iba haciendo poco a poco visible ante sus ojos, pensó en el nuevo lío en el que se había metido mientras las palabras se repetían una y otra vez en su cabeza.

¿Qué era lo que había hecho realmente Kaname Kuran? Aunque no lo quisiera, acababa de convertirse en su cómplice.

En verdad era un completo idiota y temía que fuera a pagarlo muy caro.


Bueno, ya está el capítulo 29 subido y con esta ya doy aviso a que después de bosquejar lo que resta de historia, esta concluirá en un total de 35 capítulos más un epílogo, así que solo quedan siete más para llegar al final, así que ahora comienza la cuenta regresiva.

Esta semana y a diferencia de la anterior que no existió un punto de vista de Zero porque casi todo se centró en Yuki, tenemos un capítulo que se centra casi por completo en él. Sé que no parece muy equitativo, pero es necesario para el avance de la historia así que puede que otros capítulos resulten del mismo modo.

Como siempre, gracias a todos los que se dan el tiempo de leer o de dejar algún mensaje. También por supuesto, gracias por la paciencia que tienen de esperar las actualizaciones que sé no son todo lo rápidas que deberían ser.

Y si Dios quiere, nos leemos en dos semanas más.

mariflausino: Muchas gracias por seguir leyendo la historia y espero que siga siendo de tu agrado. Por lo menos espero que lo sea para las que como a mi les gusta la idea del zeki.

Liz Asakura: Me alegra saber que la historia te sigue gustando y la verdad es que ya no falta mucho para el final, que claramente será zeki. Muchas gracias por seguir leyendo y la paciencia por las actualizaciones.

ShadowDancer: Gracias por seguir pendiente de la historia y también lamento un poco que no haya tanto de Yuki con Zero en este capítulo, pero es necesario para el avance de la misma. Espero que este capítulo también te haya gustado.

HANA NO NAMIDA: Muchas gracias por tu comprensión, y es verdad. Hay días en que por más que tengo la idea de lo que quiero escribir en mi cabeza, al momento de pasarla al pc es imposible y termino escribiendo y borrando mil veces, pero cuando llega la inspiración todo se hace en un rato. Espero que la historia siga siendo de tu agrado.

Taormina: No tienes por qué discúlpate, como siempre he dicho si tienes dudas no tengo ningún problema en aclarárselas, de hecho es la idea.

Sobre lo que ocurrió en verdad con los padres de Yuki, es algo que hasta el momento solo he dado algunas ideas. ¿Estuvo Rido en verdad involucrado? ¿Qué pasó después de que Kaname y Yuki se fueran? Esas son incógnitas que aún quedan abiertas pero que de aquí al final se aclararan, lo prometo.

Referente al hecho de cómo sabe Yuki lo que hiso la familia Kuran con la de Zero, es cierto que Zero nunca lo habló con ella y su intención era no decírselo, pero luego de la muerte de Shizuka todo el asunto terminó llegando a oídos de Yuki sobre todo porque Kaien y Yagari se enteraron durante el transcurso de ese incidente. Es cierto que la parte que lo explica puede ser confusa, y pido disculpas por ello pero esta se encuentra en el capítulo 21, la cita textual es esta "Dios, todos le habían hecho tantas preguntas. Había dado tantas respuestas… Ni siquiera la supuesta implicación de los Kuran con el asesinato de su familia pudo mantenerse mucho tiempo en secreto aunque nadie parecía deseoso de hablar de ello. Yuki no había hecho preguntas sobre ese tema y él tampoco había tenido el valor de hablarlo cara a cara. ¿Sospecharía que había sido a Kaname a quién había estado a punto de disparar días atrás?". En ese momento, Zero e Ichiru solo tenían claro lo que habían encontrado en la nota que había dejado su padre (Familia Kuran), y la implicación de Rido en esta no era algo que pudieran saber seguro a pesar de lo que Shizuka le había dicho. Fue después que lo descubrieron (con los documentos, etc), y eso sí es algo que Yuki no sabe, porque descontando a Kaname ella no conoce a nadie más de esa familia, y en ese momento él aún era muy joven para involucrarse en algo así por lo que nunca lo ha considera como sospechoso (supuestamente). Espero haber aclarado tu duda.

Y por ultimo, en lo referente a Kaien, tal como Rido piensa en un momento, sabe que lo ha llevado a un lugar donde él tenga el control (su casa), por eso no lo cita en la academia. Pero esto es algo que solo ha hecho de forma temporal, no es que haya vuelto a vivir allí. De hecho, en este capítulo durante la discusión de Kaname y Rido este le dice que Kaien ha desaparecido y no puede dar con él, y el motivo es precisamente ese, que ya no está viviendo en su casa ni ha ido a la academia que sabe son los sitios donde primero lo buscarían.

Espero haberte sido de ayuda y muchas gracias por tomarte la molestia de pensar en esos puntos, pues demuestra con creces que la historia te interesa lo suficiente como para que te llamen la atención, y eso me hace muy feliz, así que gracias nuevamente.

LylyanneBlack: Muchas gracias por seguir con la historia y me alegro que te siga gustando. La verdad es que ya falta poquito, así que de aquí en adelante todo se ira sabiendo bastante rápido. El reencuentro Yuki-Kaname será pronto y este acarreará algunas consecuencias, pero algo que si es seguro, es un final zeki. Para mi digan lo que digan, eso es lo que más me vale del final del manga, que como sea Yuki y Zero se quedaron juntos, el resto mi mente simplemente lo borró de manera selectiva.

Terrylover: Me alegra saber que la historia sigue siendo de tu agrado y como puedes ver poco a poco todo se va aclarando. Ya falta poco para que Zero se entere de lo que pasa pero el como reaccione ante ello es algo que tendrán que leer. Y descuida, como siempre he dicho, habrá un final zeki y por supuesto, feliz. A mi personalmente Yuki nunca me desagrado. Me hubiera gustado claro que actuara de forma diferente ante algunas cosas pero para mi ella siempre fue más victima de las circunstancias que otra cosa. Muchas gracias por seguir leyendo.

cristina swift: Muchas gracias a ti por seguir pendiente de la historia, y claro que no pienso nada raro sobre ti. A mi por lo general también me agradan las historias que tengan algunas escenas más apasionadas, pero en mi caso reconozco que soy muy mala escribiéndolas. Me cuesta mucho llevar las ideas que tenga en la cabeza a palabras así que mejor las limito a situaciones en las que ustedes puedan imaginar que sucede luego. Esta semana habrás visto que no hay nada desde el punto de vista de Yuki, pero solo dices, es lo que de momento necesito para hacer avanzar la historia. Espero que siga siendo de tu agrado.

lirilara1993: Me alegra saber que la historia te sigue gustando y muchas gracias por seguir pendiente de ella, ya falta poquito así que paciencia. Y bueno, sobre el final del manga, supongo que en mi caso fue lo contrario. Después de leerlo y a pesar de que no me pareció malo (porque esperaba algo peor), me dieron más ganas de terminar la historia con el final que yo quería. Ojala sea uno que también les guste a ustedes, claro.

MagicFaerie: Me alegra saber que la historia te sigue gustando. Las dudas que se han generado respecto a si Kaname es o no hermano de Yuki, bueno, habrá que esperar un poquito más para saberlo con certeza. Muchas gracias por seguir leyendo y pendiente de mi historia.