-¡Esos cabrones lo han matado!
Una freljordana de pelo trenzado entró en la Arquera de Hielo con dos hachas ensangrentadas. Nadie levantó la cabeza. Ni siquiera los miembros de su cada vez más escasa banda. Ya estaban hartos de malas noticias. Una más no les suponía mucho.
La mujer que acababa de entrar reaccionaría igual que ellos, si no fuera porque el fallecido era su marido.
-¿Dónde está Stein? ¡Tenemos que ir tras ellos!
-Se ha largado.-le respondió uno de los miembros sin apartar la mirada de su bebida.
La freljordana de nudos rubios se acercó a él despacio, y sin terminar de creerle.
-¿Qué?
-Que se ha largado. Cuando ha visto que no volvíais, decidió que le merecía más la pena agachar la cabeza ante Raekt.
-¡Ese traidor hijo de puta!-clavó su hacha sobre la mesa, sin siquiera asustar a sus tres ocupantes.
-No es un traidor. Solo quiere vivir. Y aunque a ninguno nos guste, quizás sea hora de que empecemos a trabajar para él, Fegora.-dijo otro colocándole una mano en el hombro a la mujer.
A lo que solo recibió una nariz rota de respuesta.
-¡No te atrevas a sugerirlo!-dijo al fin logrando una reacción de los otros, que comenzaron a sujetarla de los brazos.-¡No después de lo que le han hecho a Hans! ¡No te atrevas a sugerir eso!
-Fegora, Vergur no tiene la culpa de lo que ha pasado.-le dijo el que le había hablado el primero cuando entró.
-Pero... Hans...
-Lo siento, muchacha.
La joven pasó a derrumbarse llorando entre sus brazos.
-Lo siento.
Durante casi 5 minutos, el lugar se mantuvo en silencio, solo con los lloriqueos y el pronunciamiento ocasional del nombre de su amado con tono lastimero.
-Hans...
Cuando por fin se recompuso un poco, Hugrakkur le trajo una silla para que se sentara junto a Vergur, Grannur y él, y poder llorar a su último camarada caído en paz. ¿En cuanto a Stein? Bueno. A eso no le llorarían si le pasase algo.
-¿Y ahora qué?-preguntó Grannur, golpeando con el codo el carcaj que colgaba tras su silla.-¿Cuál es nuestro próximo movimiento? Porque si alguien entre los hombres de Raekt reconoce a Fenora...
-Lo sé.-le respondió Hugrakkur frotándose los ojos.-... Creo que lo más inteligente que podemos hacer, es o comprar pasaje, o colarnos en el próximo barco del matadero con destino a Zaun.
-¡Y una mierda!-gritó Vergur tirando su gran hacha al suelo.-Puede que Bilgewater sea también un estercolero, pero al menos no vivo con el miedo de que me crezca un ojo en el agujero del culo por beber del suelo.
-¿Qué otra opción tenemos?-dijo Hugrakkur.-Si volvemos a Freljord, nuestras tribus nos colgarán por traición y deserción. Si vamos a Shurima, nos arriesgamos a que en cualquier momento una incursión noxiana prenda fuego a la ciudad con nosotros dentro. Y no me hables de la propia Noxus. Aquí ya tenemos suficientes problemas con la esclavitud.
-Lo que más me jode es lo que ha hecho la puta de Fortune.-dijo Fegora.-Acaba con Gangplank, mata a todos los que le son leales, casi da su vida por Bilgewater durante el Harrowing, y ahora va y se mete en la cama de un tipo peor que él. Que la jodan.
-Je. Por lo que tengo entendido, eso es algo que ella le gusta demasiado.-dijo Vergur.-He oído algunas historias por ahí.
-Pues me encantaría escucharlas.
Parado tras la silla de Hugrakkur, se encontraron con hombre con kilt de melena rubia, el tatuaje de Avarosa en el pecho, la constitución de un roble, y el atractivo de un demaciano.
-Lo siento, amigo. Normalmente, no me importa compartir mesa con cualquiera dispuesto a pagar una bebida.-le contestó Hugrakkur.-Pero nos pillas en un momento excepcionalmente malo.
-Sí. Lo que tu amiga y vuestro difunto amigo han hecho contra Raekt, no os ha salido muy bien.-dijo cogiendo una silla para sentarse.
Fegora se puso de pie, apretando los puños alrededor de los mangos de sus hachas enfundadas.
-Lo siento. No era mi intención insultar.-dijo Hallr con tono más sereno.
-Entonces será mejor que te marches.-le dijo Hugrakkur.
-Hmf. Entiendo que ahora mismo queráis llorar a vuestro amigo. Pero imaginaba que gente como vosotros, dos de la Garra Invernal.
Señaló al barbudo y bajito Vergur, y a la salvaje y apasionada Fegora.
-Un compatriota avarosano.
Señaló al grácil y delgado Grannur.
-Y un miembro de la Guardia de Hielo.
Señaló al de heroico porte Hugrakkur.
-Estarían más interesados en la venganza.
-¡Ja!-le respondió Vergur de una carcajada.-Y dices que no te burlas de nosotros. ¿No ves por lo que acaba de pasar Fegora? Y como no nos larguemos pronto, nosotros seremos los siguientes.
-Ya. La diferencia conmigo, es que yo he sido jodido tanto por Fortune, como por Raekt.-dijo bebiendo de la jarra que acababan de servirle.-Con la diferencia añadida, de que he tenido la oportunidad de joder a Fortune, tanto en el sentido literal, como en el metafísico.
-Bravo. Eres más hombre muerto que nosotros.-le dijo Grannur.
-No. Lo que soy, es un gran conocedor de como funcionan sus bandas. Sus negocios. Sus organizaciones. Tal como yo lo veo, estáis desesperados. Y teniendo en cuenta de que casi la totalidad de la Ciudad de las Ratas y los Muelles del Matadero están bajo el control de ambos, dudo que podáis salir. Así que o bien morís apuñalados por la espalda como cobardes, o morís gloriosamente luchando. Pero la cuestión es, vais a morir. Conmigo, al menos, tendréis una oportunidad.
El grupo agachó la mirada y se mantuvo en silencio, bien con rencor hacia su invitado inesperado, o bien con rencor hacia la realidad. El único que le respondió, fue Hugrakkur.
-¿Cuál es tu trato?
No tuvieron tiempo de oírlo. Pues el ambiente fue interrumpido por un gran portazo del exterior. Antes de que pudieran preguntarse porque no entraba más luz, se dieron cuenta del porque: dos ursine bloqueaban la entrada.
-¡Fegora!-gritó el humano que los comandaba.-¡Fegora! Ya hemos acabado con tu pequeño juguete. Mi amigo Krull dice que estaba delicioso. ¡Ahora te toca a ti!
Hallr observaba la situación despreocupadamente, todavía saboreando su bebida, pero con los ojos fijos en la entrada, y en las sombras que se proyectaban fuera.
Fegora se puso de pie y se dirigió hacia ellos antes de que sus aterrorizados amigos pudieran impedírselo. Más temerosos por lo que pudieran hacerle a ella, que por sus propios destinos.
-¿Qué has dicho, perro?-le retó, desenfundando sus hachas dobles.
-Lo que has oído. Pero puede que tú no tengas que compartir el mismo destino. Una carne como la tuya se puede aprovechar de otras formas. En cambio, tus amigos...
-¡Púdrete!
-Una mujer osada, vuestra compañera.-comentó Hallr.
-¡Fegora! Basta.-dijo Hugrakkur interponiéndose entre ella y los hombres de Raekt.
-Antes de que hagáis nada estúpido, que sepáis que hay otros 9 de los míos esperando tras estos dos.-dijo el hombre de Raekt señalando a los osos pensantes.-Así que yo que vosotros lo haría de buenas. O no. Vais a sufrir igual, pero al menos no destrozaremos este bonito local.
-Suena bien.
Todos se giraron hacia Hallr tras oír su extraño comentario.
-¡¿Tan pronto nos traicionas, perro?!-le dijo Fegora furiosa.
-¡Ya tardaba! Dejadme, que yo...
Hugrakkur detuvo a Vergur con un gesto.
Lo hizo porque tenía claro que el rubio debía tener algún plan.
-Perdona. A ti no te conozco. ¿Estás con estos idiotas?
-Acabo de conocerlos. Pero estaba negociando con ellos.
El atractivo freljordano se puso de pie, caminando hacia el hombre de Raekt hasta quedarle de frente.
-Así que os agradecería que los dejarais en paz, si es posible.
El hombre, incrédulo, miró a los ursine tras él, para luego comenzar a reír los tres.
-¿Y porqué deberíamos hacer eso?
-Porque supongo que querréis salir vivos de aquí.
Las carcajadas cesaron de inmediato. El hombre de Raekt desenfundó su espada.
-No te convienen las amenazas.
-Lo que a vosotros os convendría es haber estado prestando más atención a lo que pasaba fuera.
-¡Ja! ¿Realmente pretendes que vaya a darte la espalda?
-De hecho, me viene mejor que sigas así, dándole la espalda a ella.
El vikingo sintió un dolor punzante en la nuca.
Fue lo único que sintió jamás.
Aunque fue el último en morir, tardó menos en caer al suelo que los ursine. Los tres tenían clavada una daga en la nuca.
-No había nadie más fuera. Debería estar jactándose para evitar que intentarais nada.-dijo una mujer arrancando las dagas de sus nucas, para luego limpiarlas en sus pieles.
La joven llevaba dos espadas enfundadas a la espalda, y varias ristras de dagas en cartucheras en la pierna y en la cintura. Su pelo era blanco como la nieve, su ojo izquierdo estaba marcado por una cicatriz, siendo este tan verde como su chaqueta, bajo la cual solo llevaba un top negro, y unos ajustados pantalones negros.
Hallr caminó hacia ella, a lo que solo se dieron un rápido y corto beso como saludo.
-¿Eres tan profesional normalmente?-le preguntó el norteño a Katarina en un susurro, temeroso de que pudieran escucharles.
-La profesionalidad es lo único que conozco.-le respondió con una sonrisa.
Hallr volvió a dirigirse hacia el grupo que acababa de conocer.
-¿Y bien? ¿Seguís queriendo escuchar mi proposición?
-¡¿Qué quieres decir con muertos?!
Parece que Fortune había escogido el momento adecuado para visitar a su "prometido". Le acababan de llegar las noticias de lo que había ocurrido en la Arquera de Hielo. Parece que aquello iba de acuerdo al plan.
-Los... Los han encontrado canal abajo. Fue una suerte que los tiburones no los devoraran.
-¡¿Te burlas de mi, muchacho?!-agarró por el cuello al mensajero.
-No... no señor.-decía intentando respirar.
-¡¿Dónde están?!
-Sabemos donde fue... pero cuando fuimos a mirar... ya no había nadie... Señor, no puedo...
Raekt lo acabó dejando caer sentado en el suelo, y volcando la mesa en la que él y Miss Fortune cenaban.
-Iba a comerme eso...
-¡No te burles de mi, mujer!
-No lo hago.-dijo limpiándose los labios con finura, con un pañuelo de tela, sin dirigirle la mirada.-¿Querías dirigir Bilgewater? Ya lo haces. Pero no esperes que sea un reinado tranquilo.
Raekt volvió a su asiento, ya sin la mesa entre ellos. Fortune se puso de pie, y mientras Raekt se lamentaba, le indicó al chico que se marchase. Luego de que este lo hiciera, ella se colocó tras el asiento del jarl de Bilgewater, y comenzó a masajearle los hombros.
-No es que me desafíen lo que me preocupa.-dijo acariciándole una mano.-Es el hecho de que he perdido a dos ursine. ¿Hombres? Puedo conseguirlos en cualquier parte. ¿Trolls y ursine? Solo en Freljord.
-Tienes una nave grande.-dijo susurrándole al oído, resaltando la última palabra.-¿Porqué no vas a reclutar más?
-¿Y dejar mi ciudad en manos de otro? ¡Ni hablar!-se frotó los ojos.-No me fio de ninguno de esos perros lo suficiente. Además, solo yo tengo el don para someterlos a mi voluntad.
-¿No te fías de mi para dirigirlos en tu ausencia?
-¿Fiarme de ti?
El hombre le apartó las manos, y se puso de pie, tirando la silla a un lado. Se quedó viéndola de frente, desde arriba, dando un paso hacia ella. Miss Fortune no retrocedió, ni se mostró intimidada. Ni siquiera perdió la sonrisa.
-Aún no hemos llegado a eso. Lo que me hace pensar, ¿cómo es posible que no haya perdido un ursine en meses, y poco después de prometernos pierda a dos?
-Eso es porque aquellos que iban a por mi, ahora van a por ti. Y tengo enemigos más peligrosos de los que crees. Además, ¿porqué te preocupas?-comenzó a acariciarle el pecho con sus manos enguantadas.-Tienes un dragón.
Aquella palabra se la susurró al oído, como si le excitara. Parecía estar funcionando. Raekt parecía más cansado y relajado, agarrándola de la cintura con las manos.
-Porque esa bestia es la más bestial de todas. La tengo encadenada por un buen motivo. Aún no he conseguido domarla del todo. Si la dejase suelta, temo que escapase a mi control por completo, y echara la ciudad acantilados abajo.-dijo intentando mantener los ojos abiertos.
-Suena peligroso.
-Lo es. Pero no hay que preocuparse de ello. Al menos, no por ahora.-la agarró del trasero con ambas manos.-Me gustaría hablar de nuestra boda.
-Ya te lo he dicho.-le colocó un dedo sobre los labios.-Entrégame la ciudad como ofrenda, y lo haremos. Pero mientras tanto...
Le rodeó el cuello con los brazos, y acercó los labios a su oído.
-... no significa que no podamos divertirnos.
Raekt resopló, insuflado con nuevas fuerzas brevemente. La agarró por los muslos, y la cargó con sus brazos, besándola hambrientamente, mientras ella le devolvía el beso intentando parecer los más convincente posible, aguantando las arcadas a duras penas.
Algunas piezas de la ropa de ambos fueron cayendo por su camino hasta la habitación del jarl. Cuando la puerta se abrió violentamente, Raekt la lanzó sobre la cama, y se giró para dar un portazo, y cerrar los tres pestillos de la puerta.
Cuando se giró para verla, ella le esperaba con la camisa abierta, que apenas daba para cubrir sus obscenamente voluminosos pechos sin el corsé.
Raekt gritó como un lunático, y se lanzó encima de ella. Enseguida, se comenzaron a escuchar los... ronquidos.
-Al fin.-se escuchó la ahogada voz de Miss Fortune bajo el cuerpo del freljordano.
No sin algo de esfuerzo, consiguió quitárselo de encima y dejarlo durmiendo sobre la cama, para dirigirse inmediatamente al lavabo y lavarse la boca.
Menos mal. Comenzaba a pensar que tendría que acostarse con él, al final. Pero las hierbas cumplieron su función. Lo que pasa es que con un tipo tan grande, no debían ser tan efectivas. Y eso que le dio una dosis más fuerte de la que le dijeron. Lo que probablemente significaba que tardaría menos en despertar de lo esperado. Sea como fuese, él estaba dormido, ella todavía tenía los pantalones puestos, y ya había anochecido. Podría inmiscuirse en sus negocios sin que nadie sospechase.
Cuando se dispuso a descorrer los cerrojos, le pareció escuchar cuchicheos al otro lado. Se detuvo, y pegó la oreja la puerta.
-Yo no oigo nada.
-Te digo que la he escuchado gemir.
Hombres.
Tendría que habérselo esperado. Guardias que espiaban a su señor cada vez que se traía a una mujer hermosa. Bueno. Eso solo significaba que tendría que ser más silenciosa, y esperar un rato antes de salir. Y también montar un poco el paripé.
Se arrodilló sobre el lado de la cama en el que no estaba Raekt, y comenzó a botar ligeramente. Era de muelles. Bien. Miró a su "prometido". No parecía notarlo. Perfecto. Podía empezar.
Se aclaró la garganta, y comenzó a gritar. Primero ligeramente.
-Ooooh... Ooooh...
Luego con más intensidad, a la vez que botaba con más fuerza.
-Oooooh... Oooooh... ¡Oooooh! ¡OOOOOH! ¡SÍ! ¡AAAAAAH! ¡Más mi amor! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍ! ¡SÍIIII...! ¡AAAAAH...! ¡RAEKT...! ¡AAAAAAAH...!
Seguiría así por lo menos media hora, para que pareciera convincente, y los guardias no pudieran hacer chascarrillos contra Raekt sobre su varonilidad que pudieran levantar sus sospechas.
Después, ya podría ir hasta su despacho sin preocuparse.
