Disclaimer: Hetalia no me pertenece.


Gracias por su paciencia. He aquí el nuevo capítulo:


-De…desastre en el paraíso nórdico… -leyó Finlandia las letras gigantes del artículo de primera plana del periódico que tenía en la mano. Entonces, pasó las páginas varias veces con desesperación, hasta encontrar la información relacionada con el país del cual tanto le urgía enterarse… -I… inundaciones… inundaciones anegan la zona costera de Estocolmo… -era el título de aquella sección. -Pintorescas casas, prósperos negocios y antiguas construcciones históricas quedan sepultadas bajo las heladas aguas bálticas… El gobierno acusa pérdidas millonarias… El frío extremo no hace más que complicar la situación de los sobrevivientes y complicar las labores de rescate… -daban a conocer los titulillos con información adicional. -¡E…es una broma, ¿verdad…?! –exclamó, mientras arrojaba el noticiario a un lado, incapaz de dar crédito a lo que acababa de leer.

-D…Dinamarca atraviesa… ¿la peor ola de frío de su historia…? –le imitó por su parte un afectado Islandia, ocupándose de su propio ejemplar. -Durante las últimas tres horas, intensas tormentas de nieve han venido azotando diversas zonas del territorio danés... Con los principales aeropuertos cerrados, numerosas carreteras bloqueadas y los sistemas de comunicación inoperativos, el país entero ha quedado repentinamente aislado y, de prolongarse la situación por varios días, como han previsto los climatólogos, es probable que la falta de recursos empiece a hacer mella… en uno de los lugares más prósperos del mundo. Para colmo de males… 'la ayuda externa es inviable en cuanto las condiciones climáticas se mantengan igual de agresivas…', ha declarado hace pocos minutos el representante de las Naciones Unidas… Y, como si la situación no pudiera empeorar más, se temen fallas en el fluido eléctrico durante las próximas horas, que privarían a los ciudadanos daneses de la vital calefacción artificial de la cual, con temperaturas que hasta el momento ya arrostran los treinta grados bajo cero, tanto dependen… -interrumpió su temblorosa lectura, mientras apretaba el periódico y se mordía el labio inferior con fuerza… -No… no me lo creo… -balbuceó entre dientes, mientras sacudía la cabeza de aquí para allá.

-Este terrible temporal no ha hecho más que volver casi insufribles los trágicos sucesos… que… ¿que el país escandinavo apenas… apenas empezaba a asimilar…? -terminó el inconcluso párrafo el finés, estirando el cuello por detrás del hombro del menor. -¿Trágicos sucesos? ¿De... de que está hablando…? -preguntó entonces, confundido.

-Me temo que… que la respuesta está en el periódico de Nor… que fue impreso… que fue impreso una media hora antes que este… -dio a conocer el británico, mientras señalaba el impreso que el islandés todavía arrugaba entre las manos.

Noruega, que antes se había mostrado ansioso por oír las noticias, ahora, tras haber escuchado la lectura de los otros dos nórdicos con suma atención, no se atrevía ya a abrir su periódico. Más bien, con la vista fija en la pared del frente, los labios apretados y las manos estrujándose entre sí, parecía estar haciendo un esfuerzo sobrehumano por hacer frente a todas las emociones que de pronto parecían haber empezado a brotar en su interior…

Al darse cuenta de aquello, Inglaterra decidió intervenir.

-No…Nor… -llamó su atención, como ponerle la mano sobre el hombro. –Sé… sé que es difícil para ti… pero tú debes… tú debes…

-Sé lo que debo hacer… -le interrumpió el noruego, tratando, en lo posible, de ponerse esa máscara de seguridad que, a través de los siglos, tantas veces le había funcionado. Entonces, tratando de controlar su pulso tembloroso, abrió el periódico… -Ola… ola de atentados terroristas… devasta el centro de… Copenhague… -leyó, tras lo cual, casi sin poder evitarlo, se llevó la mano a la parte superior izquierda del pecho, casi a la altura del corazón…

De repente, vinieron a su mente las imágenes de aquel 22 de julio, que hace poco Finlandia le había traído a colación…


Eran las tres de la tarde de un viernes normal. Después de haber almorzado en su restaurante favorito, cerca del centro de la ciudad, el callado rubio se dirigía hacia su casa, a paso lento, pasando, como de costumbre, por aquel tranquilo parque que tanto le gustaba, uno en donde, como todos en la capital noruega, parecía no haber ni una mota de polvo maculando el reluciente piso, tan reluciente que hasta reflejaba el intensísimo sol de verano, que pasaba a través de las hojas de los majestuosos árboles, como si de un espejo se tratara...

Entonces, su vecino pasó por su lado, con un pequeño perro sujeto de una correa. Al reconocerse, ambos se limitaron a dirigirse una amigable mirada, a esbozar una media sonrisa y, como buenos noruegos, a saludarse en el tono más tenue que pudieron, tras lo cual sencillamente siguieron su camino…

El país había avanzado un par de pasos más cuando, de repente, el timbre de su celular vino a romper la idílica calma…

-Hallo… Ah… es usted, señor… Sí… recuerdo que debo ir a su oficina mañana por la tarde para la reunión prevista… Descuide, estaré ahí las tres en punto… ¿Eh? ¿Que si puedo ir ahora a firmar un documento…? Bien… pues… estoy a solo dos cuadras del distrito gubernamental, así que… supongo que no tengo ningún problema… -aseguró su neutra voz, que camuflaba a la perfección su frustración interna. El noruego ya tenía planes para aquella tarde, y lo último que le gustaba era que algo o alguien alterara su tranquila rutina -quizás era por eso que no podía soportar las ocasiones en que su amigo 'el archipiélago' de repente aparecía, recostado en el mueble de su sala, sin haber dado el más mínimo aviso previo…

Deteniéndose de golpe, giró sobre sus pies, dispuesto a regresar por donde había venido…

-Sí, sí…. Estoy yendo para allá… Sí, usted no está allí, pero su secretaria me espera, entiendo…

Súbitamente, un ruido ensordecedor, seguido del estrépito de varias ventanas quebrándose y de gritos desgarradores, rompió bruscamente el aparentemente inalterable e idílico silencio que caracterizaba a la capital noruega, y dejó ver a las claras que algo terrible acababa de suceder…

Sin embargo, Noruega no necesitaba escuchar aquello, ni la alarma de las sirenas de las patrullas policiales y de las ambulancias, ni el humo ascendiendo en una densa columna hacia el cielo, para saberlo…

Una indescriptiblemente dolorosa punzada a la altura del corazón le había dejado sin aliento, obligándole a caer de rodillas contra el pavimento, a llevarse las manos al pecho y a dejar escapar un alarido estremecedor, que se perdió entre todo el caos en el cual de pronto se había sumido toda la zona…

-'¡Norge! ¡¿Has escuchado eso?! ¡Norge… Norge…! ¿Estás ahí…? ¡Norge! ¡Respóndeme…!' -se una oía la desesperada voz del primer ministro, casi siempre calmo, proviniendo del celular, que acaba de dar con fuerza contra el suelo…

Pero el noruego no prestaba atención a nada. Para él, todo a su alrededor había dejado repentinamente de ser, todo, excepto aquel punzante dolor, que le quemaba, le laceraba y le desgarraba internamente, casi hasta el punto de la agonía…

De repente, un agudo e ininteligible ruido llegó a sus oídos y, paulatinamente, pareció acercarse más y más hasta que, en determinado momento, cobró forma…

Guauh~ guauh~ auuh~ auuuh~

-¡Bondevik…! ¡Bondevik…! ¿Estás bien, Bondevik…? -resonó de repente la voz de un hombre.

La nación, con las facciones contraídas por el dolor, la frente bañada en sudor y la respiración agitada, abrió los ojos con dificultad… Y entonces, pudo ver, a duras penas, la borrosa imagen de su vecino quién, con una expresión de espanto que jamás le había visto antes en su apacible rostro, parecía estarlo sosteniéndolo por los hombros, salvándole así del desplome que, de otro modo, habría sido inminente…

A ambos costados, personas corriendo, llorando y lamentándose llenaban de confusión el ambiente eternamente sosegado de un parque que nunca había sido profanado más que por el ocasional llanto de un bebé, el jolgorio de un grupo de niños jugando o las risas de un par de adolescentes paseando por allí…

Hasta el pequeño perro, siempre educado y disciplinado, ahora parecía haberse contagiado del caos común, y aullaba, ladraba y trataba desesperadamente de soltarse de la correa y salir huyendo…

Al igual que todos…

-H…Her…man…sen… -balbuceó el país a duras penas.

-¡Bondevik…! -exclamó el aludido, aliviado de que el otro al fin lo reconociera.

-Al…cán…ce…me… el… ce…lu…lar… -solicitó la nación, como señalar hacia el piso, a uno o dos metros de distancia de ambos.

-El… ¿el celular…? -titubeó por un instante el hombre.

-S..sí…

-D…de acuerdo…

-S…señor…

-¡Norge…! ¿Qué… qué es lo que ha…?

-No… podré… ir a su oficina… señor… -fue lo último que pudo decir, antes de que todo a su alrededor se volviera negro…


-Dammit! ¡No tenías que hacerle leer precisamente ese titular a él! ¡Tú sabes perfectamente lo sensible que es a esa clase de temas desde lo que pasó en Oslo! ¡¿Es que acaso eres estúpido?! -estalló de repente el islandés, rojo de la ira, mientras tomaba al inglés por la camisa, al darse cuenta de que el impacto de la noticia sobre su hermano había sido tan intensa que le había hecho entrar nuevamente en estado de delirio.

-¡Pero esa… esa es la realidad…! ¡Tenía… tenía que enterarse de alguna u otra manera…! ¡Además… él mismo lo solicitó…! -argumentó en su defensa Inglaterra.

-¡PERO NO JUSTO AHORA…! -le recriminó Islandia, fuera de sus casillas.

-¡Ya, cálmense ambos! -les interrumpió Finlandia, interponiéndose entre los dos y separándoles con rudeza, a tal punto que el inglés terminó estrellándose contra la pared más cercana y el islandés, contra el velador.

Inglaterra, adolorido, iba a reclamárselo, cuando se fijó en las finas lágrimas que empezaban a asomar por los ojos del finés que, cabizbajo, con la mirada clavada en el piso, el labio inferior apresado por la fila de dientes superiores y los puños apretados de impotencia, temblaba sutilmente, anunciando así su cercano quebrantamiento.

Entonces, giró los ojos hacia el islandés que, ahora sentado sobre el velador, con la vista perdida, las facciones contraídas y los brazos envueltos sobre su propio torso, había pasado repentinamente de ser la viva imagen de la ira a la del desconsuelo…

El noruego, por su parte, hecho un ovillo sobre la cama, con el mentón pegado al pecho y los ojos cerrados, temblaba periódicamente y no dejaba de sudar a raudales…

El inglés, sintiéndose más culpable que nunca, se disculpó nerviosamente y se dispuso a salir, con la excusa de tener que ir a buscar a la enfermera para que atendiera a Noruega…

-No necesito a ninguna enfermera… estoy bien… -reaccionó de repente este último. -Quiero saber los detalles… -añadió, como extenderle el periódico a su hermano menor.

-Pe…¡Pero No~r…! -se rehusó este último.

-¡He dicho que quiero saber los detalles…! ¡Ahora, lee…! -le ordenó, con la expresión desencajada y el tono más autoritario que Islandia le hubiera visto jamás.

-N…Nor… -balbuceó, algo incrédulo. Entonces, todavía dubitativo, accedió, al fin.

-Ú…último minuto…. Día… día negro… para el país escandinavo… Tras Francia y Bélgica… Dinamarca sufre… ¡sufre los peores atentados terroristas de toda su historia… con tres explosiones simultáneas en el centro de la capital… y dos más en el Palacio de Christiansborg…! ¡La cifra de muertos… es incierta… pero se calcula en varios cientos…! ¡Se presume… además… que algunas víctimas podrían ser… miembros del parlamento… y… de la familia real…! -exclamó Islandia, parando su lectura de golpe por la impresión.

-¡No bromees! -vociferó el finés, fuera de sí-. ¡El Palacio de Christiansborg es el corazón del gobierno danés! ¡Un ataque de esta magnitud bien podría desatar el caos nacional…! -aseguró en tono alarmado.

-Prosigue… -exigió el noruego, que mantenía una expresión indescifrable.

El islandés, tras tomar aire, obedeció, con la voz temblorosa.

-La… la agresiva tormenta de nieve… que se desató poco después de los ataques… no ha hecho más que complicar la labor de rescate de los bomberos… y entorpecer la búsqueda y captura de los responsables por parte de la policía…

En aquel momento, el celular del inglés empezó a sonar.

-He…hello…! ¿Eh? ¡¿E…estás seguro de lo que dices…?! -preguntó Inglaterra a los gritos. Entonces, con expresión sombría, puso fin a la llamada, miró a los tres nórdicos con mucha seriedad y, tras tomar aire, se dispuso a hablar. -Supongo que para ustedes esto no es ninguna novedad… pero… dadas las circunstancias… voy a recalcárselo… Una nación como nosotros… tiene un vínculo muy estrecho con su territorio… su población… su economía… y su gobierno... Esto significa que… si alguno de estos cuatro elementos sufre algún tipo de daño… el país lo siente... Dependiendo de la gravedad… las consecuencias podrían ir desde un simple resfriado… pasando por una hospitalización… como el caso de Nor… hasta… hasta algo muchísimo peor… -titubeó, tratando de evitar mencionar el desagradable tema.

-La muerte… -afirmó Noruega, sin rodeos.

-E…exacto… -le dio la razón un nervioso británico. -Ahora bien… ustedes saben que… si invertimos la situación… es decir… si asumimos que es el país el que sufrió el daño…

-¡El territorio, la gente, la economía y/o el gobierno sentirían los efectos…! ¡Eso ya lo sabemos…! -exclamó Islandia, exasperado.

-Como le pasó al Imperio Romano… cuando… cuando Germania…

-Cuando Germania le cortó la yugular… -completó el noruego la oración de Finlandia. Entonces toda su civilización se vino abajo…

-A…así es... Ahora… me gustaría saber… por… ¡por la reina…! ¡¿QUÉ DIABLOS LE HA PASADO A DENMARK…?! -preguntó Inglaterra, obviamente alterado.

-¿Qué te han dicho por ese celular? -preguntó Noruega con ansiedad.

El inglés, tras inspirar profundamente, se sirvió temblorosamente algo del café que había sobre la pequeña mesita junto a la cama del noruego, en un desesperado intento por calmar sus nervios, a falta de té. Entonces, tras hacer una mueca de desagrado al probarlo, su mirada sombría se clavó en la del finés… entonces en la del islandés… y, por último, en la del noruego…

Al mirar aquellos ojos, aquellos ojos celestes, aquellos ojos celestes que casi siempre se fingían inexpresivos, y que ahora, de alguna manera parecían cristalizar toda aquella angustia dolorosamente reprimida… se le rompió el corazón…

Pensó en sí mismo, y en la persona que más que quería…

-U…United States… -balbuceó, mientras los ojos se le mojaban al recordar al norteamericano…

Tal vez era un egocéntrico arrogante con aires de superioridad que lo sacaba de quicio a cada momento, pero aun así…

-No podría vivir sin él… -gimoteó, mientras una lágrima le rodaba por la mejilla…

-¿England? -preguntó Noruega, observando su inusual comportamiento con una ceja arqueada.

-Nor… -susurró el británico, sin poder evitar identificarse con el nórdico, y maldiciendo ser quién era en aquel momento, y tener la triste tarea que tenía por delante… -Nor… lo lamento mucho… -pudo decir al fin a duras penas.

-Lo… ¿lo lamentas…? -replicó el noruego, sintiendo que se le hacía un vacío en el estómago y que el mundo se le venía encima… -Qué… qué… ¡¿qué te han dicho por ese celular…?! -estalló histérico, en cuanto fue capaz de hilvanar algo coherente...

-Daño… irreversible…


El sueco, habiendo perdido la cuenta del tiempo que llevaba caminando con el danés a cuestas y sin fuerzas para dar un paso más, miró con desconsuelo el último rayo de sol ponerse en el blanco y desolado horizonte. Entonces, se detuvo junto a lo que quedaba de un árbol, cuyas últimas hojas otoñales parecían haber sido arrebatadas por el repentino y violento temporal y que, en aquella condición, parecía una metáfora irónicamente apropiada de ambos…

Jadeante, con las extremidades congeladas y sin dejar de temblar, acomodó al otro nórdico lo mejor que pudo a su costado…

-Dan… -musitó débilmente, mientras lo empujaba con delicadeza, con la esperanza de oír alguna palabra suya tras de un larguísimo e interminable periodo de silencio sepulcral…

Sin embargo, no hubo más reacción que la que ocasionó la fuerza de gravedad al inclinarle la cabeza a un lado. Ni un quejido. Ni un balbuceo inarticulado. Ni la agridulce expresión nostálgica que traía en un comienzo. Ni siquiera una mueca de dolor. Nada…

De repente, como sumido en el sueño más profundo de todos, con el rostro inerte, los ojos contraídos y la sonrisa desaparecida, Dinamarca no parecía más Dinamarca… Y Suecia sintió un sudor frío recorrerle la espalda, al recordar las palabras que su hermano nórdico había pronunciado esa misma tarde…

'Si… para colmo… complicas la situación… con ochenta kilos de peso muerto… sobre tu espalda…'

-Mu…muerto… -balbuceó temblorosamente, del estremecimiento que le producía solo pensar…

Con la poca energía que le quedaba estiró su dedo índice hacia la carótida del danés, y ejerció presión…

-No… no… ¡no…! -gimoteó dolorosamente el sueco, al no sentir ni el más leve golpeteo indicando que la sangre del corazón todavía bombeaba…

Entonces, lo tomó por los hombros y empezó a sacudirle vehemente y casi violentamente de aquí para allá, en un intento desesperado por obtener respuesta alguna…

-¡Dan! ¡Dan! ¡Dan! ¡Despierta! ¡Despierta! ¡DESPIERTA, MALDITA SEA…! ¡DA~N! -vociferó desgarradoramente, de la impotencia que le producía el hecho de que el danés, frío, pálido y con los labios azulados no movía un solo músculo y sencillamente se había dejado caer sobre la helada nieve en cuanto él, ya sin fuerza, le quitó las manos de encima…

-No… no… ¡NO…! ¡Por favor, no! -exclamó Suecia, mientras se cubría la cara de la pura impresión y sentía que la garganta se le secaba, que los labios le temblaban y que las lágrimas salían a borbotones de sus ojos… -Cómo… ¿CÓMO PUEDES HACERNOS ESTO…? ¿CÓMO PUEDES ABANDONARNOS…? ¿QUÉ VOY A DECIRLES A ELLOS…? -le preguntó con exacerbación, sin obtener contestación alguna. -A… a… a tus hermanos… -añadió, completamente devastado. -¡DA~N! -vociferó, una vez más, llenando el lugar con el eco de su grave voz quebrada, y espantando a las escasas criaturas que, sí tal vez, por allí se hallaban…

¡DA~N!

El estoico sueco se quebró como nunca antes lo había hecho en toda su historia, de solo pensar que… de solo pensar que…

-P…peso muerto… -balbuceó, casi sin aliento-. Peso… muerto… muerto… muerto… ¡MUERTO…! -balbuceó, una, y otra, y otra vez, como obsesionado con aquella palabra… de solo pensar que... de solo pensar que… -Cuánto… ¡¿Cuánto tiempo…?! -inquirió entre sollozos.- ¡¿Cuánto tiempo te he llevado así… sin saberlo…?! -gimoteó temblorosamente, del estremecimiento que le producía solo pensar que…

Solo pensar que había estado llevando aquel 'peso muerto' por quién sabe cuánto tiempo…

Y sin saberlo…


-Se… acabó… -murmuraba a duras penas Suecia, al borde del congelamiento, rodeado por la más negra de las penumbras y habiendo perdido absolutamente toda esperanza… -Se acabó… se acabó… se… acabó… -no cesaba de repetir, mientras que, aquella lágrima que acababa de asomar por su ojo derecho… se cristalizó casi de inmediato…

El sueco, sin poder resistir más, sintió que todo a su alrededor se volvió negro…

Entonces cerró los ojos…

Y todo se sumió en el más absoluto de los silencios…

Hasta el viento helado que silbaba junto a su oído… de repente pareció enmudecer…

-Lo… siento…

Aquella débil y fantasmal voz hizo que Suecia abriera los ojos de golpe. Y toda la piel del cuerpo se le erizó, en cuanto giró la cabeza, y vio que Dinamarca movía, a duras penas, los labios…

-D…¿Dan…? ¡Dan…! -exclamó el sueco mientras, haciendo uso de la última descarga de energía que le quedaba, se acercaba al danés y le tomaba por las rígidas y heladas mejillas… -¡Dan! ¡Dan! ¡Dan! -repitió frenéticamente una y otra vez, mientras volvía a estallar en llanto… -¡¿Qué es lo que dices… Dan…?! -inquirió, mientras acercaba exageradamente su rostro al suyo…

Dinamarca, entreabriendo agonizante los ojos, miró directamente a Suecia y le dejó así ver la última y casi extinguida chispa brillándole en el fondo de las pupilas azules…

Entonces, en un esfuerzo sobrehumano, le dirigió su sonrisa final...

Quien sabe, la más dolorosa de todas…

-Sve… me… cansé… de… luchar…


*Al invadir Roma, pueblos germanos destruyeron los acueductos y, prácticamente, le 'cortaron la yugular' a la ciudad al desproveerle de un líquido tan vital como la sangre: el agua. Sin agua, Roma cayó en poco tiempo.


Y mientras tanto…

Estados Unidos, 26 de junio del 2016…

-Ladies and Gentlemen! ¡Al fin, después de tantas semanas de competencia, tenemos un ganador, y…!

-¡A un lado, gringo! -empuja el chico de la camiseta roja al país anfitrión y, le quita la copa que sostiene en las manos. -¡Po' pa' qué tanta palabrería! ¡Si al final… YO SOY EL CAMPEÓ~N! -exclama jubiloso, y se oyen vítores y aplausos de todos lados, mientras que cientos de flashes empiezan a brillar…

Al siguiente día…

-¡Ja! ¡Estoy que corto las huinchas por que digas quién es el mejor… ¿EH?! ¡DILO! ¡¿QUIÉN ES EL MEJOR?! -le saca en cara el chileno, copa en mano, al argentino, literalmente tirado por los suelos y con expresión de desconsuelo absoluto.

-Pe…perdí… por… tercera vez consecutiva… -balbucea el rubio, tras lo cual rompe a llorar.

-Sí, eso, eso, ¡ESO…! ¡Así te quería ver, $&%$! ¡Argentina, 'decíme que se siente', &%$#$! -se burla de él Chile, imitando su manera de hablar tras lo cual estalla en una sonora carcajada.

-¡Chilecito! ¡¿Por qué me odiás tanto…?! ¡¿Pero qué te he hecho sho…?! -gimotea Argentina, sin despegar la cara del piso.

-Pos órale… lo mismo… vengo preguntándome yo… desde hace casi una semana… -interviene un desalentado México, con su sombrero de mariachi y su taco en la mano. -Pos mira que el chileno es cruel… -gimotea, como limpiarse las lágrimas de los ojos.

-¿Qué el chileno es qué…? -aparece a su espalda una sombra que, poco a poco, va tomando la forma de Chile, y, al mismo estilo de Rusia, es decir, de película de terror, esboza mirada malévola y sonrisa torcida.

El mexicano, lentamente, gira la cabeza, y, al cruzar la mirada con la del sudamericano, un grito se le ahoga en la garganta.

-¿Po' qué? ¿Acaso has veni'o a pedir cinco goles más?

-¡GYA~H! ¡CHI…LE…! ¡E…E…ES CHILE~! ¡A…AUXILIO…! -chilla el mexicano, corriendo primero en círculos para luego huir despavorido.

-Pero mira que correr así… y solo porque le metí cinco golcitos… -se encoge de hombros el chileno.- El 'cuate' se ha tomao esta broma demasiao en serio…

-¡Vos nunca bromeás! ¡Y sho… sho… fa…fallé… el penal… fallé… FALLÉ EL PENAL…! ¡BUA~H! ¡CANEJO! ¡SOY UN MALDITO PECHO FRÍO…! ¡ME ODIO~! ¡A~HHHHH! -chilla el rubio, con los ojos rojos de tanto llorar.

-Ya, ya, causa… yo entiendo lo que se siente perder por penales… -interviene de repente Perú, más cabizbajo que nunca. -¡Y todo es tu culpa! -señala entonces al colombiano, parado a un par de metros.

-Oiga, peruanico, ¿es que acaso ya se le corrió el champú? -pregunta Colombia, más desubicado que nunca.

-¡No te hagas el loco! ¡Tú me eliminaste de la copa, &$%#&! -lloriquea el aludido.

-Ya, ya… Perú está que moquea porque le quitaste su copa de bronce a la que tanto está acostumbra'o… ¿Por qué no se la regalas… solo por lástima…? -le pide el chileno al colombiano, en son de burla, haciendo que al peruano le salgan humo por las orejas.

-¡Así que ya te achoraste, solo por ganar la segunda copa de toda tu historia, &%$#%! -estalla en ira.

-¡Mira quién habla! ¡El que también tiene dos copas, y no gana la última desde hace cuarenta años! ¡Cua…ren…ta… a…ño~s…! -reitera entonces, con maliciosa lentitud que logra sacar a Perú de sus casillas…

...

-Sea como sea, y aunque está vez me eliminaron primero, yo sigo siendo el 'Rey de Copas'… -interviene Uruguay, apareciendo repentinamente. -¡¿Pero qué les pasá a estos?! -pregunta, alarmado, al ver que el peruano y el chileno, envueltos en una nube de golpes, pasan rodando delante suyo.

-Se están peleando… otra vez… -suspira Colombia.

-¿Y por qué Argentina está besando el suelo?

-Creo que la pregunta está demás… ¿Quiere usted un cafecito, parcerito…? -le ofrece el colombiano al uruguayo, como sacar una jarra con café y una taza de quién sabe dónde.

-¿Por qué de repente me lo ofrecés? –pregunta Uruguay, mientras parpadea varias veces, desubicado.

-Pues… no lo sé… Será la costumbre…

-¡Pues claro que la pregunta estaba demás…! ¡Ché! ¡Qué yo llorando mi derrota y vos, Uruguay, venís a recordarme que, además de perder el partido y la copa, también eché al desagüe la oportunidad de igualarte como máximo campeón! ¡GYAH~! -continúa llorando el argentino, sin despegarse del suelo.

-Que te digo… habremos tenido nuestras diferencias… pero… verlo así es tan… deprimente… -comenta el uruguayo, mirando con lástima a su desolado primo. Colombia le da la razón, asintiendo con la cabeza.

-De todas maneras, parcerito, estoy seguro que lo va a superar… Después de todo, si Brasil se ya sobrepuso a la humillación del mundial…

-Cruel! ¡Você no tenía que hacéirmelo recordair! -lloriquea un chico trigueño, de cabello rizado y ojos claros que ha aparecido de repente.

-Ah… pensándolo bien… quizás no pasé a semis… pero me contento con haberle ganado al carioca… -asegura Perú, que ha dejado de pelear con Chile por un momento.

-Você, Peru! Você é ruim! -lloriquea el brasileño.

-¿Lo escuchastei, Perú? 'Você é ruim!' ¡Tanto que no puedes ganar sin meter gol con la mano! -insiste Chile en fastidiar al peruano, que vuelve a abalanzarse sobre su vecino sureño...

...

-'Una cerveza voy a tomar... una cerveza quiero tomar y así olvidarme... de aquella derrota~ de aquella derrota mortal... Otra cerveza voy a pedir... otra cerveza para brindar y no quedarme... sin esperanzas... sin esperanzas tal vez... Porque vos, Chile… se nota que no me querés… se nota que te gustá verme llorar… entonces ya no hay más que hacer… y yo me dedico a tomar…' -canta entre gimoteos un desolado Argentina, bebida de cebada en mano. -A tomar…

-Ya, a la firme Chile… eres malo… mira que dejarlo en este estado… -le reprocha el peruano al chileno, un rato después de haber terminado su 'acalorada' pelea.

-¡Que no te metas en mis asuntos! ¡Mejor, vete a comer palomas...

-¡Por centésima vez! ¡Qué los peruanos no comemos palomas, $%&$#$!

...

...

Mientras tanto, en Francia…

-Ja! ¡¿En serio crees que te tendré compasión solo porque tu bandera se parece a la del gran United Kingdom y porque te ves muy tierno con ese frailecillo en el hombro?! -provoca Inglaterra a Islandia, que, con el balón de fútbol debajo del pie y expresión de concentración absoluta, va ofuscándose a medida que escucha las palabras del inglés, a tal punto que empieza a salirle humo de las orejas y hasta el cabello plateado empieza a tornársele rojizo. -¡TE HARÉ PEDAZOS, PUFFIN BOY, Y LUEGO…!

¡PUM!

El británico, tirado sobre el césped y con la enorme marca roja que el balón de fútbol le ha dejado en la cara, apenas si puede reaccionar.

-¡GO~L! ¡GO~L ¡GO~L! -exclama el nórdico, con una vehemencia que nadie le ha conocido hasta este momento. Entonces, se voltea hacia el humillado inglés con gesto victorioso. -¡GANÉ! ¡GANÉ! ¡ME VOY A CUARTOS, Y TU A TU CASA! ¡¿ESCUCHAS?! ¿ESCUCHAS?! -vocifera, fuera de sí, dejando a todos los que lo observan de una pieza. El único que reacciona es Gales que, estallando en gritos jubilosos, va a estrecharle la mano al islandés y a revolverle los cabellos. Luego, se voltea hacia su hermano menor y le lanza una mirada maliciosa. -¡Jajaja! ¡JAJAJA~! ¡YOU LOSE! ¿WHO IS THE LOSER NOW, EH?! -le echa en cara, tras lo cual estalla en una nueva y sonora carcajada.

-¡Danm you! ¡You are my brother! ¡Se supone que deberías condolerte de mí, no celebrar con el enemigo y, para colmo, hacerme escarnio~! -lloriquea Inglaterra.

-¡Me voy a la siguiente fase… y England... a llorar un poco m~ás… lalalala~! -canturrea Gales, ignorando por completo las palabras de su hermano.

-¡I HATE YOU~! -se desgarita el británico, tras lo cual rompe en llanto. El escandinavo, por su parte, sigue celebrando.

-¡Sí! ¡Me voy a cuartos! ¡Me voy a cuartos! Me voy a… ¿cuartos…?

De repente, una sombra azul surge a sus espaldas. Poco a poco, va tomando forma, hasta que se convierte en…

-F…F…¡¿Frakkland?! -exclama, al ver al francés detrás suyo, mientras empieza a temblar repentinamente.

-Oui… mon ami… te vas a cuartos… -le da la razón el rubio, como tomarle por los hombros. Y tú… ¿sabes lo que eso significa, verdad? -pregunta, con su tono de voz insinuante de siempre.

-S…s…¿significa…? -replica el islandés, tragando saliva.

-¡Oui! ¡Eso significa… que ahora te enfrentarás a mí…! Y… entonces… yo tendré la oportunidad de darte mucho… mucho… mu~cho… amour… ¡hon, hon, hon…! –le susurra al oído, mientras empieza a reír melosamente.

El nórdico, a punto de entrar en crisis nerviosa, siente que no puede más…

-N…N…¡NO~R…! -exclama, despavorido.

Tan igual como Francia ha aparecido detrás de Islandia, ahora Noruega aparece detrás del galo…

-Paris… 845… y 885, era común… -le susurra al oído con su voz fantasmal.

-Pa…Pa…¡París! ¡V…v…vikingo! ¡Asedio… vikingo…! ¡G…g…gya~h…! -chilla nada varonilmente el francés al dar cuenta de la presencia del noruego, mientras pequeñas lagrimas se le asoman por los ojos. Entonces, huye despavorido…

...

-¡Bua~h…! ¡El capitano… no tuvo compasión…! -lloriquea Veneciano, sentado junto al arco en posición fetal.

-¡Y todo… es tu culpa…! ¡Fallaste… el penal a propósito… ¿verdad…?! -le recrimina Romano, también hecho una Magdalena, como tomarle del cuello de la camiseta.

-¡Gya~h! ¡Fratello…! ¡Pero si el penal lo fallaste tú~! -se defiende el norteño, como sacudir la cabeza de acá para allá con desesperación.

-¡No me vengas con excusas, $&$%$! ¡Yo sé lo hiciste adrede… Y TODO PARA DEJAR QUE EL MACHO PATATAS GANE! ¡TI ODIO~! -vocifera el sureño, tras lo cual rompe a llorar como un bebé.

-¡F…F…Fratello~! -trata de consolarle Veneciano, pero Romano se rehúsa.

-¡No… me toques…! ¡No mereces tocarme…! ¡Pones los lazos… por encima de todo…! ¡NO HAS APRENDIDO NADA DE MÍ…! -continúa el sureño con su rabieta.

-De… ¿ti…?

¡! ¡A mí no importó darle una paliza al $%#$% de Spagna, $%$#$! -chilla Romano, como señalar al español que, con un chinchón en la cabeza y los ojos al estilo pokemón noqueado, yace inconsciente, a un par de metros. ¡Pero tú fuiste incapaz de ganarle al $&%#& #&$% come patatas de Germania…! ¡GYA~H!

-V…V…¡Ve~! ¡F…Fratello…!

-Galo pervertido… a la próxima que se atreva a intimidar a mi lillebror, le rompo la cara en dos… -juraba un rabioso noruego, mientras sale del lugar, con su traumatizado hermano a su costado.

-Y… y… ¿y quién dice que… que… que él había logrado intimidarme…? -pregunta el islandés, fingiendo gran molestia.

-Estás temblando…

¡No lo estoy!

-Sí lo estás…

-¡Que no!

-Que sí…

-¡QUE NO~!

...

-Y ahora… falta poco para llegar a la meta… -se da ánimos a sí mismo Alemania, parado al centro de su arco, balón en mano, como mirar al horizonte.

-¡Ah! ¡Eso crees, Kraut! ¡Pues lamento decirte que estás cantando victoria muy temprano! ¡Hoy, antes de que se ponga el sol, me voy a encargar de que quedes hecho puré de patata en Vélodrome! ¿Me has oído? -le desafía el francés, apareciendo sigilosamente por detrás de la portería. -Por cierto… Norvège ya no está por aquí, ¿verdad…? -pregunta, como mirar de un lado hacia el otro con temor mal disimulado.

-Ya veremos… -bufa el alemán, con el gesto más firme que posee en el rostro.

-¿Ah sí? -replica Francia, como ponérsele al frente, en ademán desafiante.

-Ja! ¡West y yo vamos a hacerte picadillo, torpe Napoleón! ¡Kesesese! -ríe Prusia, apareciendo de la nada.

-¡Métete conmigo, pero… insultar a Napoleón! ¡Eso sí que es insolente! -chilla el francés, absolutamente indignado.

-¡Por cierto, autora! ¿No te parece que estás haciendo este extra ya demasiado largo? ¡Podrías emplear este tiempo para avanzar con la historia principal! -le recrimina el prusiano a la chica, que, parada junto al arco, toma jugo de naranja.

-Al menos te hice aparecer, así que deja de quejarte… Por cierto, ¿cuándo se asoma el arquero? –pregunta ella, mirando de aquí para allá.

-¡¿Así que hiciste este extra con el único y egoísta fin de poder ver a Neue~r?! -pregunta el prusiano, indignado.

-No… cómo crees… ¡Rayos! ¡Ya me tengo que ir! ¡Ya empieza el partido…!


Shiro Honda OwO9: Me alegra que el capítulo te haya entretenido… pos sí… es que Inglaterra, cejudo, tsundere mal cocinero y todo está owowow… jajaja… mejor me calmo… gracias por tu apoyo constante y… pues hasta la próxima!

Maria Betsabe: Gracias por tu ánimo y por tu paciencia. Seguiré esforzándome. Muchos saludos!


Perdón por lo corto del capítulo. En primer lugar… ¡mi laptop se descompuso! Ahora tengo que escribir en la PC de mi hermana y, como se imaginan, no es lo mismo. En segundo lugar, una vez expresé la dificultad que tengo para escribir episodios tristes, y, este no es la excepción. Gracias, en verdad gracias por su paciencia. Y no me maten por incluir otra vez el tema del fútbol en el extra, pero, habiendo sido hace poco la Copa América y con la Eurocopa en plena emisión, pues no me pude resistir xD! (Que la derrota de Argentina y la victoria de Chile, la euforia del relator islandés cuando su selección le ganó a Inglaterra, y la derrota de Italia a manos de Alemania por penales... eran temas que no podían despreciarse... Por otro lado… traté de usar expresiones propias de cada país sudamericano, pero… si me equivoqué en algo… sus sugerencias y correcciones serán muy bien recibidas!…)

Please... no me maten por el giro que están dando los acontecimientos, pero...

-¡Eres cruel, peruana comepaloma~s! -chilla el chileno que, pañuelo en mano, aparece súbitamente junto a la autora, llorando a moco tendido.

Ella, empezando a emanar un aura al estilo ruso, saca una libreta y un lapicero...

-Ideas para el próximo fanfic... Que los países latinos hagan una excursión a los Andes... pero, está vez, Chile ocupará el lugar de Dinamarca...

-¡GYA~H! ¡ERES MAQUIAVÉLICA~!

...

Mientras tanto, en Alemania...

-Y al final... el extra resultó más largo que la historia principal... -balbucea Prusia, mientras lee incrédulo el capítulo del Hetafiction desde su laptop..

...

Jajaja...

Volviendo a la realidad...

Felicidades a Chile por ser el campeón! Y, pues que Francia y Portugal den lo mejor el domingo (aunque yo quería que pase Alemania…)

...

Pdta: Los peruanos no comemos palomas. Lo leí hace poco en una página de rol, y me pareció lo más hilarante que he escuchado hasta ahora… ¿Quién se le habrá inventado…? (Se pone meditabunda y empieza a investigar…)