Y pues... no fue después de una semana, pero aquí esta la continuación. Les debo una disculpa, pero les aseguro que se los recompensare...

Y, tenemos un capitulo mas y de una extención de casi 24 mil palabras (créanme que fue muy difícil para mi puesto que volví a la escuela), ademas de que tiene un formato nuevo. Traté que fueran momentos precisos que mostraran y representaran el titulo del capitulo en general. Habrá unos que estén conectados y otros que solo contaran un momento, mas sin embargo que carga con un elemento en especifico vital para la historia... Al final... Ustedes solo juzgaran si les gustó o no esta modalidad.

Y sobre el soundtrack... ammm... cada Drabble traerá su propia canción que es para dicho momento, para especificar algo, que la inspiró o que acompaña a la situación.

Sobre el titulo de la historia... El verdadero es Humano... Mas todo el capitulo en especial esta inspirado en la canción de Watch Over You, que tiene su momento en especifico, recomiendo escuchara hasta que esta aparezca, no antes.

Advertencias: Casi no las hacia, pero siento que es especifico hacerlas ahora. Habrá un lenguaje un poco fuerte (malas palabras y cosas así) y lo mas importante... Habrá mucho, pero mucho drama... Así que si no les gusta... pues pueden dejar esto...

Ya sin mas... les dejo el capitulo. :D


29. Watch over You / Humano

I. Libertad

Paulo Ramos – Destierro: watch?v=CL6GICETmP0

Aquella mirada tan penetrante seguía sobre él. Esos ojos verdes lo observaban con pena y lo torturaban.

Desvió su mirada, tratando de perder de vista aquellos ojos, más lo que siguió fue igual de terrible: el cuerpo de ella se encontraba destrozado, ensangrentado. No pudo evitar el retroceder unos pasos por el asombro, se llevó una mano al cabello para acomodarlo, un hábito que había adquirido con el tiempo, mas algo húmedo lo hizo detenerse. Bajó su mano y observó como esta se encontraba llena de sangre. Observó su otra mano y se encontró con una cuchilla larga y brillante, chorreando de sangre. Soltó el arma, aterrado. Él no podría, era imposible que él lo hubiera hecho, mas su mente le lanzaba cada imagen donde indicaba lo contrario. Él la había masacrado, él era el único culpable… Él era un monstruo.

El rostro de la mujer mostraba una mueca desagradable que no hacía más que provocarle aquel temblor que tanto odiaba. Se lo merecía, ¿cierto? Ella mismo se lo había buscado, ¿no es así? La figura de la mujer poco a poco se fue transformando, dejando atrás sus verdes ojos para volverse en unos de color chocolate, su rubia y ondulada cabellera se transformó en una castaña y lacia. El terror lo inundó cuando se percató de que realmente no era Amora la mujer atada en aquella pared, sino más bien que se trataba de Sophia, la mujer que había masacrado y torturado hasta dejarla en aquel estado, para luego extirparle la creatura que apenas se formaba en su vientre, la cual había devorado minutos antes.

Cayó de rodillas y, mirando al cielo rojizo sobre de él, soltó un potente grito de dolor. Había matado a la mujer que más amaba. ¿Qué otra prueba quería para darse cuenta de que realmente él era un monstruo?

Loki…

Aquella potente voz, junto a los pequeños golpes en el cristal lo despertaron de aquella pesadilla que lo había estado torturando por toda la noche.

Se alzó sobresaltado y fijó rápidamente su vista hacia su costado, en donde se encontró con el otro dios, el cual le sonreía de manera ridícula. Se restregó la cara con la mano, en un intento por espabilarse, y aprovechó para maldecir entre dientes. Había dormido, de nuevo se había quedado dormido. Después de haberlo estado postergando durante varios meses, al fin había cedido ante el cansancio, perdiendo todo aquel esfuerzo que había hecho para no hacerlo.

Había estado evitando el dormir para no encontrarse con aquellas imágenes tan aterradoras que su mente se empecinaba en mostrarle. No podía culpar a su guardián, puesto que él no se dedicaba a sus sueños, más si podía hacerlos a sus miedos, lo cual no lo dejaban vivir en paz dentro de aquella prisión a la que ahora llamaba hogar.

Aquellas imágenes se le habían estado presentando desde la noche aquella, después de la batalla con la hechicera, en la que intentó dormir, pues el cansancio era demasiado, mas no logró descansar, puesto que las pesadillas se habían enfocado en torturarlo. Y lo mismo había sido cada vez que intentaba dormir; y ya estaba harto de todo aquello.

Se estiró, intentado aparentar normalidad, mientras soltaba un bostezo falso. Analizó todo a su alrededor. Su almohada estaba húmeda, al igual que sus ropas y su cabello, se encontraban empapados en sudor, algo más que agradecerle a la maldita pesadilla. Se giró para dejar de ver a Thor, luego, arrugando el ceño, se tronó el cuello en un intento por liberar tensión de su cuerpo.

— ¿A que debo la visita de mi querido príncipe a mis aposentos? — preguntó mientras bajaba los pies de su cama y fijaba sus ojos al suelo. No tenía el humor suficiente para tratar con Thor, ni mucho menos de querer verlo.

— Loki — comenzó el rubio con un tono de voz un tanto nervioso. — He venido a traerte noticias…

— ¿Acaso el padre de todo ha decidido alargar mi estancia en este lugar? — preguntó con algo de enojo, aquello ya sería el colmo. No tenía ni idea de cuánto tiempo llevaba encerrado ahí, mas podía apostar que llevaba mucho más de lo que Odín había impuesto.

— No — respondió el mayor. — He venido a informarte que tu sentencia concluye el día de hoy.

— ¿Qué? — alzó con rapidez su rostro, con los ojos totalmente abiertos observando sorprendido a su interlocutor, el cual le mostraba una jovial sonrisa.

— Lo que oyes, hermano… Eres libre — y tras decir esto se dirigió a la puerta y, usando una llave mágica, la abrió, ante los expectantes ojos del menor.

Su corazón dio un vuelco mientras su mente intentaba procesar lo que acababa de ocurrir. En verdad era libre. Al fin era libre.

— Es hora de que vuelvas a Midgard.

Se puso de pie, con algo de torpeza, y comenzó a caminar a pasos agigantados, pero lentos. El otro dios lo esperaba en la salida, con una enorme sonrisa. Y una vez fuera de su prisión, su mente se enfocó en lo único que había ansiado en esos momentos: regresar con Sophia.

Más aun había algo que lo seguía torturando y tenía que saberlo de inmediato.

— ¿Cuánto tiempo ha pasado en la tierra? — su voz sonó seria y con un ligero desliz de preocupación.


II. La equivocación del encuentro.

Boyce Avenue – Every Breath: watch?v=Qv2kuldZLtc

— No puedo decirte nada de ella.

Aquella frase se repetía una y otra vez en su cabeza, y había comenzado a fastidiarlo.

Durante su encierro, el único con el que tenía contacto, y muy a largo plazo, era con el dios del trueno, el cual iba y venía siempre de la tierra, trayéndole noticias de todo lo que pasaba. Nunca le prestaba la verdadera atención a sus relatados las pocas veces que lo visitó, más cuando el rubio mencionaba a la mortal, siempre terminaba por escuchar todo lo que tenía que decirle, aunque esto fuera solo un poco. No entendía por qué la mujer le había pedido al inepto de Thor que no le revelara cosas sobre de ella. Claro que le decía que si había un ataque a la tierra ella siempre se encontraba a salvo, más no salía de eso. Nunca salía del "es todo lo que ella me permitió decirte, hermano". Había momentos en los que quería estrangularlo por obedecer al pie de la letra cada ridiculez que a la mujer se le ocurría. Ni siquiera había querido informarle el tiempo que había pasado en la tierra, haciéndolo creer que había sido el suficiente para no volver a ver a la mujer.

Mas ahora todo iba a ser diferente. Ahora se encontraba en Midgard, y ahora podría saber él mismo de todo lo que había pasado con su mujer.

Una vez que Thor lo había liberado de su prisión, el moreno fue escoltado hacia el salón del trono, en donde Odín lo esperaba. El mayor de los dioses le informó el término de su condena, mas luego le indicó que no podía permanecer en Asgard, puesto que en aquel lugar ya no era bienvenido, por lo que fue confinado a vivir en Midgard hasta el fin de sus días.

— De todos modos, no tenía pensado regresar — había respondido a dicha sentencia del rey, haciendo que este solo frunciera el ceño por el enfado.

Tras aquella audiencia, Thor se encargó de llevarlo hasta el puente, en donde Heimdall los esperaba, listo para llevarlos a Midgard. Materializó su preciada lanza —la cual había robado a Odín tiempo atrás, durante la pelea con la hechicera— y atravesó el portal junto al rubio, el cual les condujo hasta su destino.

Y ahora se encontraban ahí, en aquel punto de Nuevo México, en donde Thor había aterrizado por primera vez. El aire le parecía fresco y agradable. El menor giró su rostro hacia el hombre a su lado y, con un ligero gesto, avanzó unos pasos.

— No pienso ir a donde tú, así que creo que esta será nuestra despedía — soltó un tanto solemne mientras su semblante era serio.

— Ella no sabe de tu llegada… Esto podría ser un lindo momento… — le aconsejó el mayor mientras le sonreía con diversión, ignorando por completo su solemnidad. — Nos vemos luego, hermano.

Loki sonrió divertido, para luego posar su vista al cielo. Buscó la presencia de la mujer y, tras haberla localizado, viajó hasta donde estaba ella.

Apareció en una habitación oscura, la cual le sonaba familiar. Posó sus ojos sobre las personas que estaban reunidas en aquel lugar y se llevó una enorme sorpresa al darse cuenta de donde estaba.

— ¿Loki? — escuchó decir a una voz de mujer, que para nada le sonó al característico timbre de voz de Sophia. — ¡Haz regresado!

Había aparecido en una sala de operaciones, en donde en eso momentos se encontraba ocupada por un grupo de doctores, los cuales, al escuchar su nombre, posaron su vista en torno a él, sorprendidos y un tanto molestos.

La mujer se retiró la máscara de su rostro y descubrió que quien se encontraba en aquel lugar era Sage, la mejor amiga de Sophia.

— ¿Qué haces aquí? — le preguntó la mujer.

— ¿Dónde está Sophia? — indagó el en tono serio.

— Pues aquí no está, eso te lo puedo asegurar — dijo mientras se acercaba a él a paso ligero. — Te puedo apostar de que si la buscas en su casa, es más probable que la encuentres.

El moreno arrugó el ceño. Se había equivocado, algo muy raro en él, mas no le quiso tomar tanta importancia. Volvió a buscar la esencia de la mujer y, tras haber encontrado el hilillo que los unía, se transportó hacia dicho lugar.

Apareció en un prado, con pastos verdes y una gran arboleda. Frente a él se alzaba una enorme casa, con una vista hecha a puro ladrillo, adornada con una enorme cantidad de ventanas que daban una extraña imagen. El techo estaba adornado con un sinfín de tejas de color azul que hacían un excelente juego con el color del ladrillo. Alrededor de la casa, una gran hilera de árboles adornaba la vista haciendo ver el lugar tan alegre y vivo, la viva imagen de lo que representaba Sophia. La puerta hecha de madera tenía una vista sencilla, con un cristal en medio, simulando ser una flor. Como recibidor había una enorme fuente, con la imagen de un ángel que alzaba una enorme espada.

Todo el lugar le parecía realmente bello, con algunos toques hogareños, pero no le quitaba lo encantador.

Los ojos se posaron sobre la puerta. Avanzó hasta ella y, tras haberlo dudado, dio unos ligeros golpes a esta. Depuse de todo, lo que le había dicho Thor sobre lo de un lindo momento, no sonaba nada mal. Cambió su armadura y todo el cuero que portaba, por algo más semejante a la ropa de Midgard: un par de zapados negros, unos pantalones de color oscuro, una camisa de color gris, la cual se ceñía a su cuerpo, y una chaqueta de cuero que el recordaba como la que le había comprado Sophia durante el tiempo en que vivieron juntos.

La puerta se abrió tras unos minutos, dejando ver a una señora de edad avanzada, de cabellos castaños que eran adornados por muchos cabellos de color blanco, el cual llevaba recogido en un chongo sobre su cabeza. Su rostro era regordete y sus ojos de color avellana. Usaba una blusa de color pistache junto a unos mezclillas deslavados y, sobre todo a este conjunto, un blanco mandil el cual estaba manchado con lo que le pareció ser harina y restos de carne molida.

Por algún momento, la idea de que se pudiera tratar de Sophia atravesó su cabeza, haciéndolo sentir realmente incómodo. Mas la negativa por parte de su guardián le hizo soltar el aire que al parecer había contenido dentro de sí.

— ¿Se le ofrece algo? — preguntó con algo de solemnidad.

Loki dudó unos instantes en hablar, mas luego le dedicó una leve sonrisa a la mujer mayor.

— Busco a la señorita Sophia Lerman — respondió lo más sereno que pudo.

La mujer alzó una ceja mientras lo observaba de arriba abajo.

— Y, ¿usted es…?

— Soy un viejo amigo de ella — le respondió lo más cortés que pudo.

Los ojos de la mujer no se apartaban de su rostro, como si estuviera analizándolo muy detalladamente, y tras varios minutos de estar bajo aquel escáner, la mujer le sonrió con picardía.

— Por su puesto. Pase, por favor — le abrió la puerta mientras lo instaba a pasar con un ademan de la mano.

El moreno se adentró a la casa, observando con detenimiento todo a su alrededor. El lugar era realmente hermoso, era algo que no podía negar. Contaba con varios cuadros de pinturas que en verdad le parecían interesantes, había una silla de cada lado de la puerta, como también unas mesas en donde había unas lámparas que iluminaban la habitación junto a unos sillones, el suelo era de madera y se encontraba adornado con algunas alfombras que hacían juego con todo el lugar. Y en el centro, unas enormes escaleras, las cuales iban hasta encima de la puerta, en donde había un balcón que daba hacia la entrada principal.

— La señorita Lerman se encuentra haciendo unas pequeñas tareas, pero en este mismo instante iré a decirle de su llegada — le informó la mujer, mientras lo invitaba a sentarse. — Puede sentarse mientras espera.

— Gracias.

Loki siguió con la vista el rumbo que seguía la mujer mayor hasta desaparecer, mientras él comenzaba a caminar de un lado para otro, observando con detenimiento cada cosa que había en aquel lugar.

De repente, a su mente arribaron los recuerdos de una conversación que había tenido con Sophia mucho tiempo atrás. Recordaba cómo le había descrito aquel lugar con tanto esmero, deteniéndose a dar cada detalle de cada cosa, como si se tratara de un preciado tesoro.

Su andar comenzó a volverse más ansioso en la espera de la llegada de la mujer, a la par que su mente le comenzaba a asaltar preguntas para torturarlo: ¿Cuánto tiempo habrá pasado? —Era obvio que no lo suficiente, puesto que Sage aún seguía siendo joven, y por lo que sabía, ella era mucho más grande que Sophia—, ¿Cuántas cosas habrán ocurrido en su ausencia? Y, lo más importante, ¿seguiría sintiendo lo mismo por él?

El sonido de unos pasos lo sacaron de su creciente ansiedad, estos provenían del piso superior.

— Irene, ¿has visto mi pintura roja? No la encuentro por ningún lado — la inolvidable voz de aquella mujer lo deleitó, introduciéndose en lo más profundo de su ser mientras él se giraba para verla y poder apreciarla con más empeño.

Ahí estaba, vestida con unos pantalones cortos de aspecto viejo y acabado junto a una playera oscura, la acompañaba un largo mandil de color blanco, el cual estaba moteado con manchas de todos los colores. Su rostro, siempre tan dulce y perfecto, se encontraba también manchado con algunas marcas de color verde y azul; su cabello se encontraba recogido en un chongo alto, adornado con unos palillos de color azul los cuales parecían ser puestos solo para sostenerle el cabello y no para hacer juego. Más aun así, no dejaba de verse radiantemente hermosa, tal y como él la recordaba.

La mujer descendía las escaleras con mucha pereza, descalza, hasta que sus ojos se posaron sobre él. Su andar se detuvo en seco y sus ojos se abrieron grandemente. Soltó los pinceles que traía en la mano, mientras que sus ojos comenzaban a parpadear repetidas veces, como tratando de cerciorarse de que lo que veía era real.

Loki le dedicó una sonrisa e hizo un saludo ligero con la mano.

— Hey — dijo mientras intentaba serenarse, tratando de parecer lo más relajado posible, ya que su corazón no dejaba de latir a mil por hora desde que la había visto otra vez.

"Eres muy divertido" le susurró su guardián mientras unas ligeras risas flotaban por toda su mente.

El silencio invadió todo la sala, mientras ambos no dejaban de observarse detenidamente. Hasta que los pasos de Sophia, junto con su agitación rompieron con todo aquello.

— ¡Estas aquí! — exclamó mientras descendía a toda velocidad por las escalares para luego dirigirse hasta donde estaba él. — Loki.

Y al estar frente, ella se lanzó en un brinco para abrazarlo fuertemente, rodeándolo con sus pies y sus brazos. Loki casi perdía el equilibrio ante aquello, pero no pudo más que estrecharla entre sus brazos. Al parecer ella también lo extrañaba tanto como él a ella.

— Estas aquí… es real — le susurrada entre sollozos mientras no dejaba de acariciar su negra y larga cabellera, la cual no había sido tocada, ni siquiera por Thor, en todo ese tiempo. — Al fin… después de tanto…

El rostro de la mujer se había hundido en su cuello mientras él no dejaba de estrujarla con fuerza contra si, a la par que acariciaba su espalda y besaba su cabeza con ternura.

Estaba bien, ella estaba viva y sana. Completa, sin ningún rasguño visible ni nada. Ella era real, todo en ella estaba bien. La mujer levantó el rostro, saliendo de su cuello, posando sus ojos sobre los de él, dedicándole una enternecedora sonrisa, esas de las que solo ella podía brindarle y hacia que todo su mundo se volviera funcional, correcto. La detalló con sus propios ojos, guardando ese momento muy dentro de su mente, para después dedicarle una enorme sonrisa y plantarle un beso en los labios, tan profundo y tan necesitado.

El agradable sabor de ella lo deleitó como hace mucho tiempo lo hacía. Y no le importó nada más que ese momento, ni siquiera el hecho de que la mujer mayor los estuviera observando desde donde antes había desaparecido, con una sonrisa divertida.


III. El arte de condicionar.

System Of Down – Metro: watch?v=VY6Ao26Hw0c

— ¿Por qué no puedo ver a mi hijo? — preguntó entre confuso y molesto mientras veía fijamente a la mujer.

Sophia le regresaba la mirada de manera desafiante, sin ceder en ningún momento.

Siete años habían pasado tras todo lo ocurrido en Asgard y la mujer había cambiado en muchos aspectos. Podía apreciar cómo se mostraba más madura ante ciertas cosas, pero en otros seguía conservando su inocente encanto. Tenía treinta y dos años, el tiempo se le había escapado de las manos de manera cruel. Sabía que todo esos años ya no los recuperaría, como también sabía que lo que le quedaba a ella se le iría en un pestañear de él.

Tras haberle mostrado toda la casa de manera tan atenta, le había llamado la atención que durante todo su recorrido solo se hubiera topado con la servidumbre, no había ningún rastro de ningún niño, ni siquiera juguetes ni nada. Y a la primera oportunidad, sacó al aire el tema, más la castaña había cambiado por completo su alegre semblante por uno más serio, mostrándose a la defensiva, negándose a mostrarle a su hijo.

El ambiente se había tornado tenso, mas nadie parecía inmutarse por aquello.

— Hay algunas cosas que deberías de saber antes… — comenzó mientras ponía recta la espalda, haciéndose ver más alta.

Lo invitó a sentarse con una mano, mas este se negó mientras se cruzaba de brazos. Ella inhaló fuerte, apretando los puños, para luego ir a sentarse cruzándose de pierna, a pesar de su aspecto poco formal, podía denotar mucha elegancia en su porte.

— ¿Qué debo saber? — insistió molesto.

— No sabe que tú eres su padre. Nunca le dije que existías.

— ¿Qué? — soltó sorprendido mientras se acercaba a ella y alzaba la voz. — ¿Por qué demonios no lo hiciste? ¡¿Acaso estas estás loca?!

— Lo hice por su bien — respondió, tratando de mostrarse serena. — Y no, no estoy loca.

Aquello solo molestó más al dios.

— Pues no parece… ¿Cómo te atreviste a excluirme de la vida de MI hijo? — gritó mientras se señalaba con fuerza. — Y si piensas sacar el que yo te abandoné durante tu embarazo, tú más que nadie sabes por qué lo hice… — comenzó a dar círculos sobre el mismo lugar, como si fuera un león hambriento y enjaulado.

— Lo sé — pestañeó sin perder su seriedad.

El enojo del dios siguió en aumento. ¿Cómo era posible aquello? Se suponía que el hombre había hecho todo aquello por su hijo. Se había reformado, había aceptado todo lo que venía porque necesitaba tiempo para él, para pensar en todo, tiempo en el que se dedicó el aceptar su nueva paternidad. Tal y como había dicho Uróboros, era hijo de Sophia también, la cosa debía de haber salido hermosa, fuera lo que fuera.

Cabía la posibilidad de que la criatura hubiera sido un monstruo no humano y que la mujer lo había negado por vergüenza. O que si hubiera sido humano pero… Pero este no era su hijo.

Sin siquiera haberlo previsto, el mismo comenzó a sacar conclusiones, haciendo que su ira fuera creciendo.

— Oh, más bien lo hiciste por que no querías que supiera lo que realmente era su padre… Un monstruo… o tal vez ni siquiera soy su padre… Todo podría pasar — soltó con algo de veneno. — Te puedo apostar que incluso a tu primer bastardo le hubieras dicho de su padre aunque este te hubiera hecho aquello…

Ella se puso de pie exaltada.

— No tienes ningún derecho de hablar así de Meredith… — dijo con voz fuerte, su mirada había cambiado completamente, su seriedad había sido sustituida por un fuerte enojo. — Ella no tenía la culpa de nada de esto… Y ¿Cómo te atreves a siquiera a dudar de que tu niño, porque es varón, no es tuyo?

— ¡Es que no entiendo el porqué de haberle ocultado algo así al niño! — exclamó mientras alzaba las manos al aire.

— ¡Porque no sabía si ibas a volver! — reveló con exasperación al final.

La respiración de Loki se contuvo, procesando todo lo que había escuchado.

— ¿Dudabas de mí? — cuestionó, tras haber pasado un largo silencio, el cual utilizó para tranquilizarse.

La respiración agitada de ella se normalizó y su duro rostro comenzó a suavizarse.

— No… — negó mientras agachaba el rostro, ocultando sus ojos. — Pero tampoco estaba segura de cuando lo harías… — alzó lentamente la mirada — Y no podía hacerle ilusiones, que esperara a un padre que tal vez no volvería a tiempo…

El corazón del dios dio un vuelco. Nunca lo había visto desde ese punto de vista.

Observó con detenimiento el rostro de la mujer y se percató de que su labio temblaba, sus pupilas se movían de un lugar a otro, evitando su mirada, cristalina, a punto del llanto. La había lastimado. Como siempre, había dicho palabras hirientes sin siquiera haberlo meditado, pensando solo en él y en su beneficio.

Alzó la mano, intentando alcanzarla.

— Yo…

Ella le dedicó una débil sonrisa y sostuvo su mano antes de que esta la alcanzara. Entrelazó sus dedos y la acercó a sus labios, plantándole un ligero beso en el dorso.

— Creo entender cómo es que te sientes… pero debes de entenderme a mí… Yo no sé si Alberick sea inmortal o no, así que no podía arrastrarlo a la incertidumbre que yo he vivido durante estos siete años…

— Alberick — repitió comenzando a formar una sonrisa en sus labios. — El que tiene magia o el asesor de magia… Interesante concepto.

— Pensé que sería el más adecuado — se encogió de hombros.

Ella soltó su mano, aun evitando su mirada. Loki se acercó a ella y, sosteniéndole de la barbilla, levantó su cabeza haciendo que ella lo mirara.

— Lamento lo que dije…

Había pocas veces en las que el dios del caos se arrepintiera de algo que había dicho o hecho. Pero tras todo el tiempo en el que había convivido con ella y el tiempo que pasó en su encierro le hizo comprender que la única cosa que gana con tanto rencor y con tanto enojo era el autodestruirse desde adentro, consumiendo a todo el que lo rodeaba, incluyendo a Sophia. Claro que le había sido difícil el perdonar muchas cosas, como también el dejar de lado tanto odio, pero con algo debía de empezar.

Sophia negó con la cabeza, liberándose de su agarre. El moreno la vio detenidamente y se acercó hasta ella para besarle la frente de manera tierna y protectora, para luego plantarle otro beso en los labios.

— ¿Aun te interesa verlo? — preguntó ella entre susurros, aun cerca de sus labios. A Loki le causaba gracia como ella se lograba mantener de puntitas para lograr alcanzarlo, manteniendo el equilibrio de manera asombrosa. Debía felicitarla, mas solo lograba reír internamente por ello.

Él sonrió.

— ¿Y me presentaras como tu amante o como el señor del cable? — ella lo reprendió con la mirada, Loki solo se limitó a soltar unas ligeras sonrisas para luego suspirar. — Si me lo permites…

— Con una condición — indicó ella con una ligera seriedad.

— ¿Cuál? — preguntó el dios con curiosidad, mientras pegaba su frente con la de ella, encorvando la espalda, puesto que la mortal había vuelto a su altura.

— Que tú seas el que le diga quién eres en verdad…

— ¿Es todo?

La castaña asintió, rodeando su cintura con sus brazos, atrayéndolo más hacia ella.

— Estas en todo tu derecho de presentarte como el nuevo jardinero, como el destripador de Nueva York, como un escritor o un soldado de la guerra… Lo dejo a tu consideración… Es lo más acertado de mi parte…

— Hubiera sido más fácil si lo hubieras dicho desde el principio — puntualizó mientras la rodeaba con sus brazos y separaba sus frentes.

Observó con detenimiento los ojos de la mujer, siempre tan brillantes, tan hermosos y tan ella, denotando su pureza y su humanidad. Podía pasar horas enteras observándolos, pero eso era algo que él nunca aceptaría. Nunca lo haría.

— No me dejaste hacerlo… — afirmó como si fuera lo más obvio del mundo. Luego añadió: — Tú nunca me dejas decir nada…

En esos momentos, el dios comprendió lo importante de la comunicación en la vida humana, sobre todo en los problemas en el control de la ira y en la de los malos entendidos. De ahora en adelante lo tendría muy presente.


IV. Lazos de sangre

Boyce Avenue – Daylight: watch?v=D1Z3_pQEErs

Sus ojos no podían dejar de ver lo que estaba frente a él.

Había dado por hecho que, como se trataba de su hijo, este sería un monstruo, tal y como lo habían sido sus otros hijos. Solo que en esta ocasión la madre era una humana y no una gigante o un estúpido y rápido caballo.

El niño frente a él rompía con todo esquema. Era una excepción a su maldición con los monstruos.

Alberick, de seis años, era un niño con el cabello oscuro como la noche, con ondulaciones, el cual le llegaba por arriba de las cejas. Su piel era de color níveo y en su rostro se podían apreciar unas rosadas mejillas junto a unos ojos color esmeralda. Sus labios eran una fina línea, sin mostrar ninguna reacción. Tenía una nariz pequeña, parecida a la de su madre. Sus grandes ojos lo observaban con curiosidad, mientras que sus manos se movían ansiosas sobre su vientre.

Sophia estaba a su lado, dándole un abrazo de costado, mientras el pequeño intentaba esconderse entre sus brazos.

Loki en verdad no podía creer cuan parecido era a él mismo, aunque debía de aceptar que tenía plasmado en su rostro la misma inocencia que reconocía en Sophie. Se acercó a Alberick y, poniéndose a su altura, le ofreció una mano, en son de confianza. El niño lo observó con miedo por unos segundos y luego dirigió sus ojos a su madre, quien le sonrió para luego asentirle.

— Hola — saludó Loki lo más relajado que pudo. El pequeño seguía sin querer acercarse y sentía que si las cosas seguían así, era posible que su paciencia pronto desapareciera.

Aquellos ojos solo lo observaron, sin dar ninguna respuesta. El moreno suspiró.

— Soy Loki — comenzó tratando de buscar las palabras adecuadas.

Tras un largo tiempo en el que se había estado preparando, desde que Sophie le había dicho la verdad sobre su hijo, habían estado buscando las palabras más adecuadas para hablar con su hijo. Había preparado un discurso, uno que lograra convencer al niño, ya que después de todo él era bueno convenciendo. Más todo le resultó ser nulo una vez que estuvo enfrente de Alberick, toda preparación y cada palabra se habían ido por el caño y él se había quedado sin nada, en blanco.

Tragó saliva con pesadez, tratando de buscar sus siguientes palabras.

— Yo… — dudó por unos momentos. — A partir de hoy, voy a vivir con ustedes. Contigo y tu mamá… Yo… espero que puedas aceptarme, ya que soy tu… — las palabras se negaban a salir, nunca había sido capaz de decir algo como eso.

El niño soltó las piernas de su madre y se acercó a Loki. Sujetó sus cabellos y acarició una de sus mejillas, mientras decía en susurros su nombre, como tratando de asimilarlo. El dios sintió como todo su cuerpo se petrificaba ante aquellas débiles caricias por parte del niño. Tras unos momentos de observarlo y jugar con su cabello, Alberick sostuvo su rostro entre sus manos para luego abrazarlo por el cuello.

— Loki — repitió esta vez con alegría, como si al fin hubiera encontrado lo que había estado buscando. Su voz era melodiosa y aguda.

Aquel gesto tomó por sorpresa al moreno, mas luego de unos momentos le correspondió al abrazo, evitando ejercer fuerza, ya que estando tan cerca de él, entre sus brazos, podía sentirlo tan frágil, que con cualquier roce podría quebrarlo. Su corazón se había acelerado, su estómago se hizo un nudo, mas no podía dejar de sentirse inmensamente feliz, pero a la vez tan miserable.

¿Cómo un ser como él, había podido crear a una criatura como lo era Alberick, un niño que irradiaba paz y alegría, aun cuando se mostraba serio y temeroso?

Aspiró su fragancia: lavanda con un toque de jabón. Hasta en eso podía sentirlo puro y limpio. Lo estrechó más entre sus brazos, evitando romper aquel perfecto momento.

— Eres parte de mi — le susurró al oído mientras hundía el rostro en su pequeño cuello. — Y yo de ti, hijo…

Papi… — lo llamó mientras lo sujetaba con más fuerza del cuello.

En ese momento su corazón dio un vuelco. Y luchó con todas su fuerzas para evitar romperse. Era la primera vez que uno de sus hijos lo llamaba así, o que si quiera lo abrazara de esa forma, ya que todos sus otros hijos siempre eran apartados de él, generando solo odio hacia él. Pero este pequeño, a pesar del poco tiempo que lo conocía, lo aceptaba y lo abrazaba como si hace mucho tiempo no lo hubiera visto, como si lo conociera de toda su vida. Era posible que lo que decían era cierto: que sangre llama a sangre.

A su espalda, podía escuchar como la llorona de su mujer comenzaba a sollozar ante tan conmovedora escena, en donde el dios no derramó ninguna lagrima, puesto que no lo ameritaba.


V. "Tú y yo nos parecemos"

Hana Kimi OST - : watch?v=wAN4ZxyB3mM

Llevó una de sus manos hacia debajo de la barbilla y entrecerró los ojos esperando.

Alberick hizo lo mismo del otro lado de la mesa, observándolo con mucho esmero.

Sophia seguía pegada al teléfono, hablando sin cesar, ajena a la situación que se estaba presentando en su propia cocina.

Tras aquel emotivo encuentro, la pareja habían conducido al pequeño a su habitación, puesto que ya era de noche y tenían que acostarlo para que durmiera. Después, ellos fueron a su habitación, no precisamente a dormir. Platicaron una vez que su rencuentro había acabado, poniéndose al corriente de todo lo que se había perdido durante esos años, por toda la noche.

Al día siguiente al despertar, Loki se percató que la mujer se había ido de su lado. Se levantó, se puso lo primero que encontró y se encaminó a donde recordaba que era la cocina, hubiera llegado más tarde para el desayuno, si a medio camino no se hubiera encontrado con un somnoliento Alberick, el cual lo guío hasta la cocina, en donde Sophia junto a una mujer mayor, a la cual le presentaron como Jessy, se encontraban preparando los alimentos.

Una vez que todos habían terminado de desayunar, una llamada invadió el silencio de aquel lugar, a la cual Sophie atendió de manera muy animada. Mientras que Loki y Alberick se quedaban en la mesa, uno frente al otro, observándose detenidamente. Tras unos minutos de estar aburrido y de hacer varios movimientos, Loki se dio cuenta de que el pequeño lo había estado imitando en todo lo que hacía.

El moreno hizo una mueca con la boca, a lo que el pequeño repitió de manera graciosa. Arrugó el ceño molesto.

— Sophia… — llamó a la mujer, la cual parecía inmersa en el teléfono. El niño movió la boca, llamando también a la mujer. La paciencia del dios comenzó a menguar. — Sophia, ¿Cómo detengo al niño?

— ¿Cómo detengo al niño? — arremedó con su angelical voz, haciendo que Loki arrugara más el ceño.

El mayor soltó un potente bufido, para luego lanzarle una mirada amenazadora al menor.

— Ya basta… Detente — le ordenó molesto.

— Ya basta. Detente — imitó, arrugando el ceño.

— Es enserio, mocoso, detente ahora o veras de lo que puedo ser capaz… — su paciencia se hacía cada vez nula, al contrario de su enojo, el cual parecía no dejar de incrementar.

Alberick le sonrió con malicia, para luego cruzar sus manitas y observar con seriedad al moreno mayor.

— Loki — lo llamó por su nombre, su voz era dulce y denotaba contar con algo de seriedad, algo que tomó por sorpresa al dios. — ¿Conoces los espejos?

El Jotun pestañeó con extrañeza, mientras asentía levemente.

— Somos como los espejos, ya que tú y yo nos parecemos — decía mientras señalaba su propio cabello con una mano y apuntaba al cabello del dios. — Pero lo que quiero saber es que, ¿Quién es la persona y quien el reflejo?

Aquellas palabras lo hicieron soltar una ligera sonrisa. Por más que lo quisiera evitar, aquella situación le recordó mucho a su infancia y a su faceta de preguntas tan extrañas. Recordaba como Frigga había sido presa de esas incesantes preguntas, que en ocasiones eran tan profundas que ni la misma diosa había podido responderlas. Aquello solo le confirmaba más el parecido que había entre él y el pequeño de enfrente.

— De acuerdo… si… aquí los esperamos. Adiós — la voz de Sophia sonaba animada cuando terminó su llamada y colgó el teléfono, luego dirigió sus ojos a sus dos hombres y les dedicó una enorme sonrisa. — Dentro de unos días tendremos visitas.

El dios soltó un suspiró, desvió su mirada hacia su mujer y recargó de nuevo su codo en la mesa, sosteniendo su mentón con su mano. Por el rabillo del ojo, pudo ver como Alberick repetía el mismo gesto desenfadado. No pudo evitar el sentirse un poco irritado.

— Y, ¿Quiénes serán los afortunados en llegar a este lugar? — preguntó con una enorme pereza.

— Algunos de los vengadores — le anunció con una enorme sonrisa. Loki rodó los ojos. — Tal vez venga Tony y Pepper, posiblemente junto a Hank y Janet, y Thor y su familia…

El moreno alzó una ceja, prestando más atención a la conversación.

— ¿Vendrá Torunn? — soltó con entusiasmo el pequeño mientras dejaba de lado su juego, bajándose de su asiento.

— Así es… — ante esta afirmativa, el pequeño comenzó a saltar soltando grandes vivas.

Loki se acercó a la mujer.

— ¿Acaso Thor tiene una hija? — preguntó curioso. Nunca pensó que su propio hermano le hubiera ocultado algo tan grande como eso.

La mujer asintió, para luego explicarle que la niña era dos años menor que Alberick, más aun así, tenía el temperamento de Thor. El moreno sonrió de medio lado ante la noticia, preguntándose si el padre de todo sabría de este asunto.

— ¿Hay algún problema? — indagó la mujer ante la sonrisa del dios.

— Nada… Es solo que, ya no soy el segundo en todo. Tuve un hijo antes que él…

— Hijos — aclaró la mujer. — No olvides a los otros tres.

— Tenías que recordarlos — se cruzó de brazos y rodó los ojos.

— Tenías que recordarlos — arremedó el pequeño, tras haberse situado frente a él, se cruzó de brazos y movió la cabeza en un intento por que sus ojos se movieran.

— ¿Vez lo que hace? ¡Me está arremedando! — acusó el dios mientras señalaba con molestia al niño.

Sophia sonrió y se acercó a Alberick, abrazándolo por detrás.

— ¿Cómo puedes decir eso? ¡Es un niño inocente!

Rápidamente el niño cambio su rostro por uno de tristeza, su boca haciendo un gran puchero mientras que sus ojos comenzaban a volverse cristalinos. ¡El maldito mocoso había comenzado a lloriquear!

— Mira lo que hiciste — lo regañó Sophia mientras se agachaba a su altura y comenzaba a limpiarle las lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos. — Pobrecito, ya no llores.

— Es solo un drama — expuso Loki un tanto molesto, cruzándose de brazos.

Sophie tomó al pequeño entre sus brazos y lo cargó.

— El niño no está haciendo drama, solo estaba jugando y tú lo hiciste llorar. — besó la frente del menor y comenzó a caminar. — Ya mi niño, ya no llores.

Caminaron hacia la puerta, dejando atrás a Loki, quien observaba como se iban. Mientras Sophia lo acariciaba, el niño alzó los ojos hasta él y cambio su semblante triste por uno de completa burla, riéndose de él.

El niño ahora se burlaba del dios de las mentiras, debido a aquel drama que había montado. Loki no sabía si molestarse o alegrarse, pero aquello era una irrefutable seña de que Alberick era sangre de su sangre. Tal vez sería interesante convivir con él.


VI. Maestro.

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Esa mañana había despertado de nuevo solo. No era que le molestara, pero sentía que hubiera sido mejor el poder despertar y tener a su lado a la mujer que tanto adoraba, el poder acariciar sus rizos y sus suaves mejillas mientras ella aun dormía. El verla dormir le hacía sentir en un estado de paz que nunca antes había logrado alcanzar el mismo.

Se estiró en la cama para luego incorporarse. Se vistió con sus pantalones de noche y salió de la habitación. Buscó aquel hilillo que los unía, detectando la presencia de la mujer. Se transportó hacia aquel lugar, en verdad tenía pereza el caminar, además que eso le quitaría la grandiosa oportunidad de poder sorprender a la mujer.

Apareció enfrente de la castaña, la cual había lanzado un golpe en su dirección, el cual logró esquivar en los últimos segundos.

El rostro de ella mostró una completa sorpresa mientras que el del dios era de una completa consternación.

— ¿Qué demonios fue eso? — preguntó molesto mientras se mantenía en su lugar.

— Lo… lo lamento — se apuró a decir ella mientras bajaba el puño.

La mujer llevaba puesto un atuendo blanco, a excepción de su pantalón, el cual era holgado y de color negro, semejante a una falda larga. La camisa se cruzaba por el pecho y era ceñida por una cinta blanca, la cual estaba por debajo de la cinta negra que parecía sujetar su pantalón. Iba descalza y llevaba su pelo recogido en una coleta alta.

— Casi me pegas — continuó molesto, intentando comprender aquel atuendo tan raro por parte de la mujer.

— ¡Tu apareciste de la nada! — se defendió ella. — Yo estaba simplemente entrenando cuando tú apareciste. No es solo mi culpa.

— ¿Entrenando? ¿Tu? — soltó con sarcasmo mientras ella lo fulminaba con la mirada. — Y, ¿Qué es lo que entrenas?

Sophia retrocedió unos pasos, para luego dejarse caer sobre sus rodillas, dejando todo su peso sobre sus pantorrillas. Le indicó al dios que se sentara sobre la superficie sobre la que se encontraban. El piso parecía ser hecho de un material que amortiguaba las caídas, era acolchonado, mas no blando.

Observó a la mujer, la cual tenía los ojos cerrados y parecía respirar con tranquilidad.

— Me he dado cuenta que en todas las ocasiones en las que mi vida ha estado en peligro, nunca puedo hacer nada por mí misma, por lo tanto ya sea tú, Steve, Thor, Tony o cualquiera de los vengadores terminan siempre salvándome. Y eso en verdad me ha comenzado a molestar. Quiero hacer las cosas por mi cuenta, poder defenderme y dejar que los demás se preocupen por. Por eso he decidido entrenar aikido.

Loki enarcó una ceja, evitando soltar una carcajada.

— ¿Aikido? ¿Y qué es eso?

— A resumidas cuentas, es un arte marcial japonés en donde usas la energía de tu oponente en contra suya.

— ¿Y eso sirve de algo?

— Más de lo que te imaginas — le sonrió con entusiasmo.

— Muéstrame lo que sabes hacer — la incitó el dios.

Ella se puso de pie, caminó hasta donde terminaba el piso hecho de un material extraño y se colocó viendo hacia donde estaba Loki sentado, sonriéndole. Respiró profundamente y, dejando caer su cuerpo, rodó sobre el suelo, terminando de pie, para luego seguir rodando. Una vez estuvo en el otro extremo, hizo lo mismo pero esta vez rodando hacia atrás.

Loki pareció medianamente sorprendido. Le era interesante ver como la mujer había conseguido condición para lograr aquella maniobra tan útil para la hora de las caídas o para esquivar golpes, mas eso no era suficiente para el dios. Se puso de pie, mientras la mujer dejaba sus movimientos y lo observaba con detenimiento.

— Debo suponer que etas muy entrenada en este arte marcial — señaló mientras se acomodaba el pantalón que usaba y avanzaba hasta ella.

— Tercer kyu, para ser exactos — indicó mientras se cruzaba de brazos.

— Bien — se puso en posición de combate una vez estuvo frente a ella y la miró con seriedad, — muéstrame lo que puedes hacer, mortal.

— No me tienen permitido entrenar con alguien que no lo practique — abrió sus brazos y se encogió de hombros. — Solo en situaciones que lo amerite y mi vida corra peligro.

— Simulemos una situación real, entonces — sonrió Loki, para luego lanzarse sobre de ella.

El golpe fue lanzado sin fuerza, más si con rapidez humana. La mujer desvió el golpe, ante la mirada sorprendida de Loki, para luego someterlo y colocarlo hasta por debajo de sus rodillas y tumbarlo por completo al suelo, haciendo que el dios se quejara del dolor. Cuando Loki soltó el primer alarido, Sophie lo soltó y se puso de pie con rapidez. Mientras el moreno seguía sobre el suelo, aun sin entender que es lo que había ocurrido.

— ¿Estas bien? — preguntó con un leve tono de preocupación, mientras se acercaba a él.

El dios se incorporó de golpe y se sacudió el pantalón y el pecho, ignorando por completo a la mujer.

— Cosa de suerte — zanjó con molestia mientras volvía al lugar en donde había estado al iniciar, volviendo a su posición de combate. Unas risas se escucharon, haciendo que el dios se girara y se encontrara con su hijo, el cual estaba sentado en una silla fuera del área de entrenamiento. Gruñó arrugando la nariz. — Dejémonos de juegos, esta vez va en serio.

Sophia se acomodó frente a él, esperando su ataque de nuevo. Lo cual el dios lo tomó como una provocación. Se volvió a lanzar sobre de ella, teniendo como resultado su repetida derrota, mas esta vez, la mujer lo hizo caer con la cara sobre el suelo, provocando las carcajadas del menor.

Loki se volvió a levantar, molesto debido a las burlas y volvió a lanzarse sobre su mujer, la cual volvía a desviar su ataque, volviéndolo a lanzar hacia otro lado. La situación se presentó durante varias ocasiones, sin siquiera logar rozar el cuerpo de la mujer. La molestia de Loki fue en aumento, hasta que usó el máximo de su poder, su fuerza como dios. No volvería a ser humillado por una mujer de esa forma.

Cuando lanzó el golpe contra la mujer con todas sus fuerzas, esta lo esquivó a duras penas, teniendo que hacer uso de su propia magia para luego llevarlo hasta el suelo y sujetarlo de un brazo, dejándolo sin la capacidad de moverse.

— No se vale usar magia… — acusó el hombre mientras intentaba zafarse del agarre de Sophie, el cual parecía mucho más pesado que los anteriores.

— Pues no uses toda tu fuerza, tramposo — rebatió la mujer, dando un tirón el cual provocó un alarido del moreno, haciendo que lo soltara. — Suficiente. Ha sido todo por hoy.

Se puso de pie para luego comenzar a caminar hacia fuera del área de combate. Loki la siguió, tras haberse incorporado, con el cuerpo adolorido. Aquellas caídas le habían provocado algo de dolor, cosa con la que él no contaba.

— ¿Cómo te volviste tan fuerte? — lanzó el dios mientras trataba de alcanzarle el paso, ya que la mujer había caminado hacia donde estaba el menor, el cual parecía haber disfrutado de un buen espectáculo.

— No soy fuerte — corrigió ella mientras acariciaba los rulos del cabello de Alberick. — Utilicé tu fuerza en tu contra. Mientras más fuerza usabas en cada golpe, más dolor te provocaba.

— Es un estilo de pelea interesante…

— ¿Te gustaría aprenderlo? — preguntó el pequeño mientras se ponía de pie y se situaba frente a él. — Es muy fácil. Y después de estos golpes, te será más fácil adaptarte al resto…

— Solo con la condición de que esto no salga de aquí — aceptó el dios mientras observaba a su hijo, el cual hacia señas de que se mantendría callado.

Sophie suspiró, mientras negaba con la cabeza.

— Empezamos cuando tú quieras — Loki la observó a ella, indicando que ella también debía de prometer no contar nada. — Te juro que esto no saldrá de aquí — alzó las manos en señal de derrota.


VII. Consejo.

Hana Yori Dango - OST - Fresh Leaves: watch?v=cpxfEkURz94

— ¡No puedo creer que bambi haya sido derrotado por una simple mortal! — retomó Tony mientras señalaba a Loki, evitando soltar unas carcajadas. — ¡Sobre todo una mujer!

El dios se encontraba cruzado de brazos, recargado sobre la pared, mientras fulminaba al pequeño demonio que estaba situado en medio de aquel grupo de héroes, los cuales no dejaban de reírse. Alberick solo tenía una sonrisa traviesa en el rostro mientras lo veía con diversión y se encogía de brazos.

Thor soltó sus potentes carcajadas cuando Tony comenzó a hacer caras, intentando imitar la situación en la que había estado el dios durante su enfrentamiento con Sophie, mientras el enojo del moreno iba en aumento. En cuanto tuviera oportunidad, ese maldito mocoso se la pagaría. ¿Cómo se atrevía a difamarlo, aun cuando él se lo había prohibido?

Las risas cercanas de Sophia, seguido por el dulce agarre de su mano, lo hicieron girar bruscamente hasta encararla. Observó a su mujer, la cual sostenía un vaso con jugo de moras. Al parecer venia de limpiar la cocina, ya que tenía unas pequeñas manchas de jabón, el cual había salpicado a su rostro. Le sonrió, cerrando los ojos a la par que acariciaba su brazo con pequeños movimientos.

— ¿No es lindo verlos reír? — comentó ella con ligereza, pasando su mano por debajo del brazo del dios.

Loki arrugó el ceño y soltó un bufido.

— No cuando se están burlando de ti — aclaró con irritación, volviendo sus ojos a la escena. Tony, ahora secundado por Alberick, hacían la recreación de las supuestas caídas del dios, mientras que Hank, Janet, Jane y Thor no paraban de reír, apretó sus brazos. — Stark nunca olvidara esto y estará fastidiando por el resto de su vida, o hasta que yo haga algo.

— Loki — lo regañó ella mientras apretaba su brazo, haciendo que el sonriera de lado.

Las risas siguieron resonando, irritándolo, haciendo que el momento agradable que estaba viviendo al lado de su mujer se le escapara de sus manos.

— Deberías de enseñarle respeto y el saber guardar secretos a tu hijo… — mencionó, tamborileando sus dedos cobre su brazo.

— Nuestro hijo — corrigió ella. — Y no tengo que enseñarle algo que el ya conoce. Alberick es respetuoso y muy discreto, él sabe cuándo debe de hablar y cuando no.

— Pues no lo parece… — zanjó molesto. — Pasa mi autoridad por alto. Se supone que como su padre me debe respeto.

— El respeto se gana — indicó ella, fijando su vista al frente. Loki la miró de reojo, observando su semblante serio. — No estuviste durante estos seis años de su vida. ¿Cómo esperas que, tras haber pasado con él tan solo una semana, se acostumbre a ti y te respete?

Meditó sus palabras por un momento. Había aprendido durante toda su vida solo de un ejemplo de paternidad, el cual creía incorrecto, haciéndolo creer que lo que las cosas que nunca hizo Odín con él, eran las de ser un buen padre. Pero parecía ser que todo iba mucho más allá.

— ¿Qué propones? — preguntó con seriedad. — Ya que en estos días he estado haciendo de todo para que el niño me respete y lo único que consigo es que pase de largo mis órdenes, me arremede, se burle de mí y me gaste bromas.

Sophia soltó una ligera risa.

— ¿Te diste cuenta que acabas de describirte? — Loki parpadeó ante la revelación. — Alberick se parece mucho a ti, no solo en lo físico, sino también en tu aspecto travieso. Tiene algunas cosas mías, como mi optimismo y me terquedad, mi propio carácter; pero en lo demás, se parece mucho a ti, tiene tu temperamento.

» Si realmente quieres ganártelo — continuó tras el silencio del moreno, el cual no dejaba de observar al menor, quien seguía riendo, junto al grupo a su alrededor, la única que parecía ajena a todo eso era la pequeña Torunn, de cabellos rubios y ondulados como los de Thor, recostada sobre los brazos de su padre, — debes de comenzar a tratarlo como te gusta ser tratado. Acércate a él, convive, juega, gástale bromas no tan pesadas y hazlo ver que no vienes a imponerte, sino más bien a quererlo; a ser un verdadero padre, no un dictador.

Loki formó una ligera línea curva con su boca, tratando de sonreír. Qué bueno hubiera sido que alguien le hubiera dicho aquello a Odín, todo hubiera sido totalmente diferente y él no hubiera crecido con tanto resentimiento, tanto dolor. Por desgracia nadie se lo dijo, nadie lo aconsejó y él mismo afrontó las consecuencias de ello.

— ¿No quieres que nadie lastime a tu pequeño? ¿Por eso me dices eso?

— Quiero que tú convivas con él, que aprendas a quererlo por lo que es, no solo por el hecho de ser tu hijo.

Y con esas palabras lo terminó de zangolotear. Quererlo por lo que es… ¿Si quiera se había terminado de querer él mismo? Observó la escena de nuevo. Todos parecían estar felices, conviviendo de buena forma, divirtiéndose, mientras él solo se quedaba fuera del círculo, refunfuñando y odiando a todos por reírse de algo en lo que él había fallado… No, riéndose del momento y de la situación, no precisamente de él.

Loki suspiró. Como sea, debía de aceptar que aquello era un buen consejo.


VIII. Pesadilla.

U2 - Sometimes you can't make it on your own: watch?v=dznm5Chli3U

La sangre seguía ahí, en sus manos, chorreando, manchando todo a su paso. Y la imagen del cadáver destrozado de Sophia —o lo que quedaba de el— no dejaba de perseguirlo. A donde sea que volteara, aquella imagen lo perseguía, atormentándolo y haciéndolo vivir un maldito infierno.

La voces lo atormentaban, lo acusaban; aquellas manos a su alrededor, danzantes y encostradas, también lo señalaban, uniéndose a las voces las cual no dejaban de murmurar su nombre.

Un temblor le sobrevino, sintiéndose completamente perdido, desahuciado. Primero fue violento, para luego volverse poco a poco suave, hasta que el dulce aroma a lirios lo embriagó, junto al susurró de su nombre, lo hizo despertar sobresaltado.

Frente a él el rostro llenó de miedo de Sophie lo recibió. Su propia respiración era agitada, su cuerpo estaba completamente sudado y podía sentir como su nariz comenzaba a sentirse caliente.

— Loki — susurró con dulzura la mujer, sentándose sobre sus piernas y comenzando a limpiar el sudor con el lado de su sabana. Había vuelto a tener pesadillas. — Ya pasó, estoy aquí…

Los latidos del hombre eran potentes y agitados. Enfocó su vista en los castaños ojos de Sophie, tratando de secar aquella imagen tan aterradora de la mujer. No podía entender cómo es que podía amar tanto a una mujer en la realidad y matarla en sueños mientras duerme a su lado. Llevó sus manos a las mejillas de la castaña, buscando sentir su calor, que aquello era la realidad y que lo otro solo eran imágenes falsas, simples pesadillas. Acercó su frente a la de la mujer, buscando sus cercanía y su sustento. Ahora lo necesitaba más que nunca.

— Perdóname… — le susurró, impulsado por el deseo de redención por haberse atrevido a matar a su mujer, de nuevo, en sueños. — Lamento… no haber estado aquí antes…

Ella le sonrió, negando con su cabeza, para luego llevar una de sus manos a la mejilla del dios y la otra al pecho desnudo del mismo, sintiendo su corazón, el cual parecía relajarse, muy lentamente.

Loki se sintió seguro por unos instantes, protegido. Deseó con todo su ser permanecer de esa forma, evitando el volver a dormir. Pero todo se vino abajo cuando un potente grito llegó desde el pasillo.

Sophia se puso de pie con rapidez con Loki detrás de ella. Salieron en busca de dónde provenía el grito, recalando en la habitación del menor de la casa. La mujer encendió la luz de la habitación, iluminado todo el lugar y a Alberick sentado en su cama, aferrado a sus sabanas con mucho esmero, mientras su pequeño rostro se veía empapado por el llanto.

La castaña no reparó en acercarse y sentarse a su lado, limpiando su carita con sus pulgares. El niño se apresuró a lanzarse a los brazos de su madre, buscando refugio, igual que él unos minutos atrás.

— Ya mi niño…

— Loki… — lo llamó con su voz quebrada, haciendo que el corazón del aludido se encogiera. — Tengo miedo. Mami, dile a Loki que no me deje solo…

Sophia posó sus ojos sobre el dios y le dedicó una sonrisa, pidiéndole que se acercara. El moreno obedeció para luego situarse al otro lado de la cama. Aun no terminaba el hombre de sentarse, cuando los cortos brazos del niño ya lo habían rodeado en un abrazo, mientras rompía en llanto, dejando al dios completamente aturdido.

— No quiero que te vayas… — comenzó a susurrar mientras lloriqueaba. — No quiero que te pase nada…

Loki acercó sus brazos al pequeño cuerpo, dándole pequeñas palmaditas en la espalda.

— Nada puede pasarme… Soy demasiado fuerte — soltó con extrañeza mientras intentaba reprimir una risa nerviosa.

— No te mueras nunca, por favor — los ojos de Loki se abrieron grandemente mientras el niño le insistía a voz frágil. — Por favor, no mueras… No me dejes nunca…

Comenzó a respirar con profundidad, resintiendo cada palabra del pequeño, la cual se le clavaba en el pecho.

Por más bromas que este le hiciera, por más desobediente que este fuera, por más en ridículo que lo hubiera puesto enfrente de su hermano y sus amigos los pasados días, este lo quería y le pedía entre llanto que nunca lo abandonara, que nunca muriera. No sabía que pesadilla hubiera tenido, pero pudo entenderlo, a su manera.

— Soy inmortal, ¿lo olvidaste? — le besó en la cabeza mientras lo atraía más hacia él y Alberick hundía su rostro en su torso desnudo.

Sophia sonrió de medio lado, observando aquella escena. Una lágrima se escapó de sus ojos. Se veía tan hermosa, tan frágil, que el miedo a perderla lo abrumó. Estiró una mano, invitándola a formar parte de aquel emotivo abrazo.

— Quédense a dormir conmigo… por favor — pidió Alberick tras unos minutos de silencio, mientras todos estaban entrelazados.

— Por supuesto, mi niño.

— Y ¿pueden contarme cuentos? — preguntó con un tono de voz más relajado, mientras alzaba el rostro y observaba a Loki con aquellos ojos azules, adornados con rojo debido al llanto.

Sophie le sonrió a Loki, asintiéndole, haciendo que el hombre suspirara y rodara los ojos. Se fueron acomodando sobre la cama del menor, mientras Loki comenzaba a maquinar algo que pudiera ser del agrado del niño.

— ¿Conoces la historia de Yggdrasil y los nueve reinos?


IX. "Como… Un buen conocido con derechos".

Hana Yori Dango - OST - Too Sure: watch?v=10rp3ISexjQ

— Así que Amora envió a Thanos a la tierra… — concluyó para luego darle un sorbo a su bebida, la cual sostenía entre sus manos. — Supongo que el incidente de hielo también es de la hechicera, ¿cierto?

— Yo fui quien mató a todos — aseguró el dios observando hacia el vacío, con las manos cruzados y sus brazos recargados sobre la barra. — Pero fue ella los que mandó a fastidiarme. Obtuvieron su merecido, eso es todo.

Tony alzó una ceja, retrocediendo unos pasos.

— Recuérdame nunca hacerte enojar — Loki lo observó de reojo con fastidio para luego volver su mirada a la nada, a su lado se encontraba su vaso de cristal vacío, el dios había terminado con su bebida y ahora estaba en total seriedad, algo que Tony tomó a consideración. — Lo mismo va para ti JARVIS.

Lo tomaré en cuenta, señor.

Tras varios días de haber estado encerrado, Loki había comenzado a aburrirse en aquella enorme casa. Sophia había pasado los últimos días fuera de su casa, por lo que la opción de convivir con ella no era posible. Mientras que Alberick había vuelto a clases después de unas semanas de vacaciones, dejándolo completamente solo, a excepción de la servidumbre, mas como el dios que él representaba, no podía convivir con esa gente. Se decidió a visitar al billonario, a quien encontró en su taller, trabajando en sus ridículos trajes, por lo que pensó que debía fastidiarlo. Llegó en completo silencio, buscando asustarlo, mas este se le adelantó al invitarlo a beber algo y platicar.

Y era por eso que ahora estaban en el mini bar, discutiendo de trivialidades.

Tony dio un último sorbo a su bebida, tomó la botella y se rellenó su vaso, luego le ofreció a su acompañante, el cual se negó completamente.

— Sabes, bambi, durante tu estancia en la cárcel te perdiste de muchas cosas interesantes — agitó su vaso.

Loki fijó su vista hacia el hombre frente a él.

— ¿Qué cosas? — preguntó sin más. — ¿Acaso te estalló algo en la cara y por eso quedaste ciego por unos días o debido a tus experimentos te volviste impotente?

El mortal lo fulminó con la mirada.

— Espero y no seas vidente, maldito infeliz — amenazó mientras el otro soltaba unas ligeras risas. — Pero no, nada me estalló en la cara. Más bien desastres en la ciudad. En verdad, nunca pensé que alguien pudiera superar tu ataque a la ciudad, pero lo hicieron. Tuvimos la crisis de Ultrón, hubo unas cuantas invasiones alienígenas, estuvimos al borde de una guerra civil y… ahora que me doy cuenta, has sido el único villano que dejamos con vida y en total libertad.

Loki rodó los ojos.

— Supongo que eso no es justo, ¿no te parece? — continuó el billonario, tras darle un sorbo a su bebida. — Deberías de tener el mismo trato que todos, deberías ser encerrado como todos…

— Estás ebrio, Stark — señaló Loki con fastidio.

— ¡No es verdad! — se apresuró a decir mientras alzaba la mano con torpeza, ya llevaba varios tragos encima desde tiempo atrás, de hecho ya le había parecido extraño que aun estuviera en sus cinco sentidos. — No te saldrás con la tuya, cornamenta — lo señaló con el dedo. — Yo te reto.

— Esto es aburrido — se levantó de su asiento, ignorando completamente al hombre ebrio y caminó con rumbo a la puerta. Si había buscado algo de entretenimiento en la compañía de Stark, al parecer había cometido un enorme error.

— ¡No huyas! — gritó al moreno mientras se ponía de pie a duras penas. — ¿O es que acaso eres una gallina?

El dios se detuvo en seco cuando a la ofensa del otro hombre le siguió el sonido característico del animal antes mencionado. La vena de la frente de Loki comenzó a palpitar. Era cierto cuando decían que el galardonado Tony Stark podía sacar de sus casillas hasta al hombre más paciente. Lástima que para el mortal, no se trataba de él. El Jotun había perdido los estribos y había girado en un pestañear para situarse de forma amenazadora frente al filántropo.

Stark le sonreía, sin miedo y sosteniéndose de manera correcta, sin tambalearse.

— Vuelve a llamarme gallina y te juro que te agarrare de los huevos y te colgare de la punta más alta de tu edificio, para que seas la bandera del mismo, sabandija — al diablo con el lenguaje formal y con toda la etiqueta que le habían inculcado, había perdido la moderada paciencia que poseía y su pre frontal se había ido al caño. De hecho, en esos momentos, hacía uso del poco autocontrol que aún le quedaba.

Stark no dejaba de sonreír, haciendo más difícil la situación.

— Aunque tu amenaza sea algo muy extremista, debo objetar que si haces eso, es posible que tengas a una pelirroja molesta sobre ti y eso es algo que no te recomiendo — su voz sonaba tan relajada, como si la amenaza en verdad no le afectara, pero viniendo de Tony Stark, aquello no era nada fuera de lo común, ya que el hombre había demostrado que podía actuar de las formas más extrañas en todo tipo de situaciones. — Y ahora que tengo tu atención de nuevo… Que te parece si arreglamos esto en una partida de ajedrez.

El dios lo observó con confusión, para después comenzar a analizar cada facción del otro, dejando su coraje almacenado en un lado, listo para utilizarse en otro momento. ¿Hablaba en serio?

— Tú — lo señaló con el dedo y comenzó a darle pequeños golpecitos con este — me debes una reta de ajedrez. No creas que olvidé aquella paliza que me diste hace más de siete años en tu antigua celda. Necesito recuperar mi honor, bambi.

Si, el mortal hablaba muy enserio.

-.-

— ¡Eso es trampa! — gritó el genio mientras aventaba el control al suelo, en un gesto de completo berrinche. — Esta es la quinta vez que ganas. Y solo hemos jugado seis veces…

Loki sonreía en son de victoria mientras encogía los hombros divertido.

— Hay momentos en que debes de aceptar que eres el segundo, Stark.

El ceño de Tony se frunció, denotando sus pronunciadas arrugas, las cuales delataban el paso de los años en el hombre. Por un momento Loki se sintió con incertidumbre al ser consiente del tiempo transcurrido, pero al instante lo desechó. Suficiente tenía con ser consciente de la mortalidad de Sophia, como para seguir torturándose con el tiempo.

La habitación era un completo caos. Habían jugado todo tipo de juegos en los que pudieran ganar y salir como el mejor de todos: la baraja, un juego llamado uno, ajedrez, damas chinas y españolas, otros juegos de mesa cuyos nombres no recordaba del todo. Todos y cada uno de ellos ahora se habían vuelto parte del nuevo decorado de aquella habitación, estaban esparcidos en un completo desastre. Supuso que en cuanto la mujer del billonario viera aquello, obtendría una buena reprimiendo por parte de ella. Sonrió ante la posibilidad de poder ser espectador de ese divertido y humillante momento.

— Tony Stark nunca puede ser el segundo, ni siquiera ante un hombre de mayor edad que él — refunfuñó mientras reanudaba la partida con unos movimientos de las manos. La tecnología había avanzado demasiado en todo ese tiempo ausente del dios.

— Nadie debe de soportarte, ¿verdad Stark? — indagó mientras no apartaba el rostro de la pantalla mientras movía a gran velocidad los dedos sobre los botones.

— ¿Por qué lo dices? — se apresuró a decir, tratando de no perder la concentración del juego.

— Llevó más de cuatro horas aquí y, hasta ahorita, he sido el único que ha estado junto a ti, ¿acaso eso no es prueba suficiente?

— Debo de confesar que no soy la persona más amada de todas, pero siempre alguien me procura, cuernitos.

— ¿Y se podria saber quién? — su curiosidad había gobernado en esos precisos momentos.

Tony tardó en contestar, hizo unos movimientos ágiles con su control para luego soltar de repente.

— Tú — su sonrisa era ancha.

Aquello tomó por sorpresa al dios, haciendo que tuviera un desliz en los dedos. Pero para su fortuna, el genio ni lo notó.

— ¿Y a qué crees que se deba, genio? — insistió con sorna.

— A que te aprecio y que por ello llevamos una buena relación.

— ¿Qué clase de relación?

— Tú y yo, querido, tenemos una relación un tanto extraña, que no podria ser considerada de amigos… — confesó. — Tú eres como… como un buen conocido con derechos de un amigo.

Hubo otro desliz de sus dedos ante aquellas palabras, más en esta ocasión, Stark aprovechó aquello para tomar ventaja y así poder vencer al dios.

— ¡Sí! — exclamó con euforia mientras se ponía de pie y lanzaba lejos el control. — ¡En tu cara, perdedor!

Loki lo observó, mientras una débil sonrisa se le dibujaba en el rostro. Una vez le había dicho a Stark que ellos nunca podrían llegar a ser amigos, apostando que había herido el orgullo del hombre, mientras él se sentía con regocijo al haber destruido las ilusiones del hombre. Nunca nadie podía ser amigo del gran dios del Caos, mucho menos un mortal como Tony Stark. Pero ahora, que el genio decía aquellas palabras, un pequeño hormigueo en su interior lo hizo sentirse bien.

Era posible que aquel estresante humano pudiera llegar a ser algo más que un simple conocido para él, después de todo, fue uno de los primeros vengadores que le dio la mano cuando volvió a la tierra.


X. Paseo.

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— Puedes repetirme por qué estamos cuidando a la hija de Thor, mientras él está salvando al mundo — insistió por quinta vez mientras apretaba la mano de su mujer. — Digo, se supone que tiene su madre para estos casos.

— ¿Quieres dejar de hacer preguntas estúpidas y poner atención a lo que te estoy diciendo? — lo regañó molesta la castaña mientras lo pellizcaba en un costado, por debajo de la cazadora negra que usaba.

El hombre soltó un ligero alarido, mientras veía de reojo como la mujer hacia un puchero. Sophie tomó aire, buscando relajarse, guardó unos minutos de silencio, para después soltar todo el aire que había jalado.

Volvió a pasar sus manos sobre sus costados, con una lentitud que lo estaba volviendo loco, pero que ella parecía disfrutar. Depositó sus manos sobre las de él y comenzó a acariciarlas con ternura.

— Te lo repetiré otra vez y espero que esta vez me prestes atención — le susurró muy cerca del oído, sonando demandante y algo más relajada a como anteriormente estaba, el hombre asintió para luego posar sus ojos a las manos de su mujer. — En tu lado derecho está el clutch, el cual sirve para acelerar la moto.

» Sobre este — llevó sus manos hasta unas palancas situadas en el manubrio, — se encuentran los frenos. Tira de estas si quieres detenerte.

El hombre asintió.

— Y abajo, en tus pies, están los cambios… Creo haberte explicado bien cada uno de ellos, así que creo que eso sería todo lo importante — informó ella mientras le soltaba las manos y las ponía sobre el asiento que aún quedaba detrás de ella. — Y bien, ¿crees que ya estás listo para poder manejar una Honda CBR1000, tigre?

El dios rio ante el apodo. Se colocó el casco y encendió la moto.

El motor de esta rugió con fuerza. En verdad no era amante de ese tipo de cosas, pero aquel sonido sí que le había fascinado, al igual que el aparato sobre el que estaba montado. Era de un color negro, con algunos toques en verde y dorado, haciendo alusión a su tan preciado traje de batalla asgardiano, ni el mismo hubiera escogido algo mejor. Era oficial, Sophie sabía lo que a él le gustaba.

En un principio no había estado muy de acuerdo al que la mujer le hubiera comprado aquel dichosos aparato, puesto que veía ridículo el transportarse en una cosa tan estúpida si él podía transportarse de aquí y para allá usando su magia, pero la mujer había insistido tanto que no pudo decirle que no, pero tampoco le había dicho que sí.

Grande había sido su sorpresa cuando ese mismo día en la mañana, después de que dejaran a la hija de Thor en su casa, un camión de carga dejó frente a su puerta aquella motocicleta deportiva que la había cautivado desde que el momento en que la vio. Sophie había dicho que era un regalo de ella, "una bienvenida atrasada" habían sido sus exactas palabras.

No estimaron más en tiempo y la mujer lo jaló hasta aquel aparato para explicarle, de una vez por todas, el funcionamiento de dicho aparato.

Una vez que el comprendió, comenzó a jugar con la mujer, fingiendo demencia para que ella coqueteara con él con aquellos movimientos tan pegados a su cuerpo que ella hacía.

Y ahora se encontraba listo para probarla. Le entregó el segundo casco que había sobre la moto, para después ella rodearlo con sus brazos sobre la cintura. El hombre le sonrió.

— ¿Lista? — preguntó él, recibiendo un asentimiento por parte de ella. — ¿Segura?

— Nunca he estado más preocupada e insegura en toda mi vida… — confesó ella mientras se aferraba más a la cintura del hombre. — Pero, dale.

Loki fijó sus ojos al frente y agarró aire. Tampoco estaba seguro, pero era algo que nunca iba a confesar. Arrancó la moto y salieron a gran velocidad por el sendero. La castaña se aferró más a él, pegando su rostro sobre su cazadora. En un principio le costó mantener el equilibrio, pero una vez que se acostumbró a todos los mecanismos, no dudó en comenzar a subir la velocidad.

El aire chocaba contra su cuerpo, haciéndolo vivir una extraña sensación. Nunca antes había avanzado a esa velocidad. Estaba acostumbrado a ir de aquí para allá debido a su habilidad para la magia, pero aquella práctica tan mundana y extraña le parecía tan reconfortante y divertida.

La adrenalina en su cuerpo comenzó a presentarse. Aumentó la velocidad y se adentró al asfalto, rumbo a la estatal que conectaba la gran ciudad de Nueva York con aquellos terrenos que pertenecían a la familia Lerman. El sonido de los neumáticos al pasar sobre el pavimento le hizo disfrutar de todo aquello. Pero el hombre buscaba más.

— ¡No hay problema que dejemos a los mocosos solos por un momento, ¿verdad?! — preguntó en voz alta, tratando de sobresalir del sonido que hacia la moto.

— ¡¿Qué tienes pensado hacer?! — respondió ella con otra pregunta, con el mismo volumen de voz.

El dios sonrió, tomando eso como un sí y volvió a acelerar.

La llevó por todos los caminos que encontraba. Estaba deseoso de descubrir y de conocer los límites que tenía aquel aparato. Como era algo hecho por humanos, era normal que no hiciera la gran cosa, pero grande fue su sorpresa al ver que la moto lograba alcanzar grandes velocidades y podía andar casi por cualquier terreno.

Recorrieron grandes prados durante toda la tarde, mas tuvieron que regresar al anochecer ya que el tanque del vehículo se había comenzado a agotar y la mujer había comenzado a quejarse de que tenía hambre.

Cuando llegaron a la casa, ya eran más de las doce de la noche, estacionó la moto en el lugar que Sophie le indicó y ambos entraron a la casa entre risas. Debido a las altas horas, los niños ya estaban dormidos, al igual que la servidumbre. Cenaron y después se escabulleron, llenos de energía, hacia su cuarto. Sophia fue la primera en lanzarse sobre su cuello para comenzar a besarlo. Loki no tuvo más que responder a ello, cargándola, poniendo sus piernas alrededor de él, sujetándola de los muslos mientras la comenzaba a besar en los labios. Se deseaban y era algo evidente. Por un momento, Loki sintió como aquella mentalidad infantil de la mujer fue liberada para dejarse guiar por ella. De esta forma le recordaba a como era antes de que él se fuera a Asgard.

La noche se la pasaron unidos, haciendo y deshaciendo con sus cuerpos desnudos lo que ellos quisieran. Y fue entonces que el dios calló en la cuenta de algo: aquel aparato había sido más de su agrado de lo que esperaba.


XI. Perdón.

Zoe – Paul: watch?v=gGYfCpiN3KU (canción que toca Loki y tararea)

Tatu – Gomenasai: watch?v=P8lLGxqx8QI (canción que toca Sophie) – Intrumental

watch?v=596aZglgSbU – Original

Los últimos días habían sido un tanto ligeros y los había pasado en completa soledad. Tras la visita de la hija de Thor, las cosas en aquel lugar habían dejado de ser entretenidas.

Nadie visitaba a la castaña, ni siquiera sus amigos —Luke y Sage, cosa que le parecía completamente extraño—. La única que decía ir a visitarlos era su mujer, ya que salía con mucha frecuencia, excusándose con que tenía asuntos que resolver y tenía que hacerlos sola.

No es que el quisiera estar todo el día pegado a ella, pero si le interesaba saber que era lo que tenía tan entretenida a su mujer. Buscó en varias ocasiones el preguntárselo, mas esta siempre evadía toda respuesta.

Esa mañana no le sorprendió, siquiera, el despertar completamente solo en la enorme cama. A pesar de dormir todas las noches juntos, era extraño que para cuando él se despertara, la mujer ya no estuviera. Por más temprano que este lo hiciera, siempre encontraba solo el lugar donde antes había dormido.

Se talló la cara, en un intento por espabilarse, tomó una de las camisetas que había sobre la silla y salió del cuarto mientras se la ponía. Fue directo a la cocina, buscando algo de comer. Para su gracia y fortuna, sobre la mesa estaba un plato con comida sobre este: pan francés, su favorito. Soltó un suspiro de alivio, al parecer no tendría que tratar con aquella mujer de la cocina, tan molesta.

Devoró su desayuno, tomó el jugo, recogió su plato y lo dejó sobre el lavatrastos para luego ir hasta la estancia. A pesar de llevar casi tres meses en aquel lugar, aun no se acostumbraba. Cuando él regresó a la tierra, tenía en mente que volvería a aquel pequeño departamento en donde habían vivido juntos durante dos meses. Mas luego entendió que, según palabras de Sophia, aquel lugar era demasiado pequeño para criar a un niño muy inquieto como Alberick.

Ese día, no le apetecía leer, ni otra cosa, por lo que se tumbó sobre el sofá y se acomodó abrazando sus piernas, tratando de pensar en algo entretenido por hacer. El pasear en moto no era una opción, puesto que Sophia se había llevado las llaves después de haber desaparecido un día entero con ella, impulsado por un enorme aburrimiento.

Respiró profundamente por un momento, para luego fijar su vista hacia enfrente. La imagen de un enorme piano de cola de color negro inundó por completo su campo visual. Por unos segundos se vio tentado a ignorarlo, pero debido al gran aburrimiento no tuvo más que incorporarse y dirigirse hacia aquel instrumento, el cual tenía tiempo sin tocarlo.

Se sentó en el banquillo y colocó sus dedos sobre las teclas. Dudó unos segundos en tocarlas, mas impulsado por las palabras que una vez le había dicho… Frigga, sobre el tocar con lo mejor de uno, comenzó a tocar una a una las teclas.

A pesar de que llevaba tiempo sin tocar el instrumento, esa mañana se sentía inspirado y su melodía simulaba ser la de un buen aprendiz frente a un instrumento que dominaba bien. Una bella sensación lo comenzó a abrumar, mientras recordaba todas las cosas que había vivido con la castaña, todos aquellos momentos lindos, como aquellas peleas, como también todos esos días de angustia que vivió al no saber de ella. Inspirado por su propia vida al lado de Sophia, comenzó a tararear unas palabras, algo que no era muy común en él, puesto que siempre había estado seguro que él no era bueno cantando. Sus dedos fluyeron, seguido por su voz, inspirados y concentrados en una sola persona: Sophia.

— Cantas muy bien — le susurró una voz a su espalda haciéndolo reaccionar alarmado.

Se puso de pie, dejando de tocar de manera tosca. Giró para encontrase con una sonriente Sophia.

Por alguna extraña razón, la habitación se encontraba más oscura y su cabello ocultaba parte de su rostro. Lucia hermosa, irradiando una inocencia que él tanto adoraba.

— Yo no canto, nunca lo he sabido hacer — le dijo mientras acercaba su mano a la mejilla de ella, buscando su calidez.

El cuerpo de la castaña se tensó ante el roce, algo que tomó por sorpresa al dios.

— Tocaste muy bien — le dijo con voz melodiosa, sin dejar de sonreírle. — Creo que ahora si recuerdas como hacerlo.

Le sonrió de medio lado, para luego descubrirle el rostro, retirando los mechones y pasándolos detrás de su oreja. La sonrisa del dios desapareció cuando contempló por completo el rostro de aquella mujer.

— ¿Qué te pasó? — preguntó con preocupación mientras llevaba sus manos a los pequeños hematomas que se le habían formado en su pómulo derecho, tenía el labio reventado y su ceja tenía una pequeña cortada, heridas de las cuales emanaba sangre, la cual ya se había secado en algunas partes.

La sonrisa de la mujer no se desvaneció.

— Me caí cuando venía hacia aquí — soltó mientras se encogía de hombros. — Soy algo torpe, tú lo sabes.

Algo que Loki conocía bien eran las mentiras, podía identificar cualquier tipo de mentiras, por más buenas que estas fueran, ya que él era el mismísimo dios de las mentiras. Era por eso que sabía que la mujer estaba mintiendo, pero también sabía que si le insistía, ella no respondería con la verdad. Así que la única opción que tenía era esperar que la mujer se animara, por si misma, a contarle lo que realmente ocurrió.

Se acercó a ella y le besó la ceja herida y el labio partido. Después, la sentó sobre el banquillo del piano y, dirigiendo algo de energía a sus dedos, comenzó a curarle aquellas heridas. Tras unos segundos, las cortadas y el morete habían desaparecido, más la sangre seca aún seguía ahí, algo extraño, puesto que él había recordado el haberla limpiado con su magia.

No le tomó importancia y se dirigió a la cocina, tomó un pequeño trozo de papel y lo humedeció con algo de agua. Regresó a la otra habitación y se sorprendió de llegar y encontrar a la mujer tocando aquel instrumento que él antes estaba tocando. La melodía era armoniosa y melancólica, suave y tranquila. Parecía esmerarse en tocar cada tecla. Tras un instante, la voz de ella comenzó a hacerse presente. Su voz le parecía tan angelical, alcanzaba cada nota, estaba tan hermosa, perfecta. Parecía ser sacado de su propio corazón. Mas cuando Loki comenzó a acercarse, comenzó a percibir una cierta rareza en aquella dulce voz.

"Está triste" le reveló su guardián en su mente.

Perdóname — cantaba una y otra vez, al compás de la canción.

Loki se situó a su espalda y la rodeó con los brazos, sorprendiéndola.

— ¿De qué pides perdón, mujer? — le preguntó mientras besaba su nuca, para luego girarla y observar su bello rostro, el cual comenzaba a empaparse con unas ligeras lágrimas.

El hombre comenzó a limpiarle la sangre seca con el papel, a la par que eliminaba las lágrimas.

La mujer pareció ordenar todas sus ideas, puesto que desvió la mirada y a morderse el labio.

— De haber estado ausente… — respondió tras un rato la mujer. — Por mentir…

— No me molesta quedarme solo en casa, es algo muy reconfortante — interrumpió el hombre acariciando sus mejillas y poniéndose a su altura. — Detesto los gritos de Alberick y los tuyos mientras lo regañas.

Ella soltó una ligera risita mientras no abandonaba su semblante de tristeza.

— Y sobre las mentiras… Todos lo hacemos, yo más que nadie… No es para que te pongas así…

Sophie comenzó a sollozar de nuevo. Más los brazos del dios la rodearon y la atrajeron hacia él, con fuerza.

— Detesto verte llorar, lo sabes muy bien — le recordó con algo de hostilidad.

— Perdón — soltó la mujer mientras se aferraba al moreno.

— También detesto que pidas perdón por cualquier tontería…

— Lo siento…

Loki rodó los ojos y le plantó un beso en la frente.

— ¿Qué voy hacer contigo, mujer llorona?

— Quererme a pesar de todo.

— Lo que digas.


XII. Juegos.

David Bowie – Heores: watch?v=C2vYFjVj1Jw

— ¡¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?! — preguntó con fuerza el dios mientras se alejaba del árbol a pasos lentos, completamente desorientado.

Nadie le respondió. Se encontraba completamente solo en medio del prado, con solo unos cuantos arboles alrededor como compañía. Paseó su vista por sobre todo el lugar, mas no encontró ningún rastro de Alberick, ni mucho menos de Sophia.

Aun no terminaba de entender cómo es que había sido arrastrado hasta esa situación. Esa mañana había creído que su fin de semana seria de completo descanso, mas no había logrado su objetivo debido a cierto monstruo que simulaba ser un niño que lo invitó a jugar, y por más que él se hubiera negado, Sophia lo había llevado a rastras hacia aquel prado, en donde ahora se encontraba completamente solo.

No había entendido las reglas del juego, a excepción de que tenía que ir a buscarlos y encontrarlos primero, mas no sabía que más hacer. No había querido poner atención a la larga explicación del niño, puesto que le había parecido absurda y sin sentido.

Caminó por el prado, buscando por todos lados, tentado a invocar a Uróboros para lograr abarcar más campo, más el guardián se mostraba reacio a ayudarle. Recorrió parte del lugar durante unos minutos, sin tener indicios de los otros dos que se escondían. Se disponía a irse cuando el grito del menor junto a un fuerte abrazo por parte del mismo lo tambaleó, haciendo que cayera sobre el pasto, con el niño sobre de él.

— ¡Te atrapé! — soltó con voz animada. Sus mejillas rojas por el calor, su cabello pegado debido al sudor y su respiración eran agitadas, al parecer había estado corriendo durante todo ese tiempo. — Ganamos.

— De acuerdo, ganaron — soltó con algo de enfado el dios. — Ahora quítate de encima de mí.

El niño negó con la cabeza para después sentarse sobre de él y comenzar a pellizcarle los costados, a lo que Loki evitó el reírse a toda costa.

— ¡Vamos, ríete! Quiero que te retuerces — enunció molesto mientras no dejaba de pellizcar al dios.

Loki gruñó y se voltio para quitarse al menor de encima.

— No molestes, niño — regañó al de ojos azules, mientras este caía de lado.

— Eres un ogro gruñón, Loki — espetó el niño mientras se incorporaba y se cruzaba de brazos.

— Mas respeto, mocoso — le regresó mientras se sentaba y sacudía el pasto de su ropa.

Alberick le sacó la lengua en señal de rebeldía. Estuvo a punto de reprenderlo de nuevo, cuando la imagen de Sophia apareció, a pasos lentos. Se situó frente a ellos, con su rostro completamente enrojecido y empapado por el sudor. Su respiración era agitada y sus piernas le temblaban. De un momento a otro, sus rodillas se flexionaron y se dejó caer al suelo. Loki se apresuró hasta donde estaba ella, la hizo sentarse bien y comenzó a buscarle algún rastro de herida. Mientras que el menor comenzaba a mover sus manitas, agitándolas tratando de hacerle llegar aire al rostro.

— Estoy bien — protestó la mujer ante tanta atención por parte de sus dos hombres. — Solo estoy algo cansada. Ya estoy vieja para andar corriendo por lugares tan grandes.

— ¿Segura, mami? — le lanzó el niño mientras se subía a sus piernas y la agarraba de las mejillas.

— Por supuesto, mi niño — respondió mientras abrazaba al niño con fuerza y lo llenaba de besos.

Loki la observó por unos instantes. En verdad los años la habían afectado. Se habían llevado parte de su energía y fuerza, haciéndola cada vez más débil.

Observó sus manos, las cuales comenzaron a irradiar algo de magia. Al menos aún estaba la opción de retrasar que la mujer fuera creciendo, claro, si ella lo deseaba.

— ¡Wow! ¡Tus manos brillan! — exclamó el pequeño mientras abría grandemente los ojos y se lanzaba sobre el moreno, sujetándole de las manos. — ¿Cómo haces eso?

Loki lo observó curioso.

— Se llama magia…

— ¡Que genial! — gritó con potencia el niño jubiloso. — ¡Enséñame más!

El Jotun sonrió y asintió tras obtener la aprobación de su mujer.

Comenzó a formar una bola de energía con sus manos, una pequeña esfera. La moldeó con sus manos, mientras acumulaba toda la magia que podía. La sonrisa de Alberick no se hizo esperar, sus ojos centellaban por la emoción mientras la esfera comenzaba a crecer poco a poco.

Tras unos instantes, lanzó la esfera hacia uno de los árboles, haciendo que este se iluminaría con un hermoso color verde. El niño aplaudió con entusiasmo mientras que el árbol se iba consumiendo poco a poco con la energía verde. Tras unos instantes, el moreno tronó los dedos y aquella energía se transformó en cientos de mariposas de color verde.

Alberick sonrió complacido y se liberó del agarre de su madre para ir a perseguir a las mariposas.

Ante aquella escena, Loki no pudo evitar sonreír. Comenzó a respirar algo pesado y una gota de sudor se resbaló por su sien, recorriendo toda su mejilla. Era extraño. Tras un tipo de hechizo tan sencillo como ese, Loki nunca antes había experimentado algo de cansancio.

El dios no le tomó la mayor importancia y se giró hasta donde estaba la castaña, la cual le estaba sonriendo.

— Gracias — le susurró ella.

Se acercó y le plantó un beso en los labios. Aun no podía entender cómo es que aquella mortal lo había cautivado de aquella manera. Pero eso era algo que no le importaba, mientras estuviera a su lado, lo demás no importaba.


XIII. "Evita el estofado, es enserio".

Hana Kimi OST – Carnival: watch?v=N2QgBvwz0MY

— Esa cosa huele horrorosa — le confesó la mujer mientras se tapaba la nariz con la mano. — No pienso darle eso al niño.

Loki arrugó el ceño molesto.

— ¡Ni siquiera lo has probado! — exclamó con enojo, sujetando con fuerza el cucharon y señalando la enrome olla. — ¿Cómo puedes juzgarla solo por su aroma?

— ¡Fácil! Si huele feo, sabe peor — se cruzó de brazos mientras lo observaba con atención, el hombre solo gruñó con fastidio. — Lógica materna, ¡Edúcate!

— ¡Por favor, mujer! — soltó la cuchara sobre la formaica y alzó las manos con ansias. — Tú fuiste la que me rogó que cocinara en primer lugar.

— Si, pero eso fue antes de ver el resultado — se excusó, se cruzó de brazos y desvió su mirada hacia otro lado. — De ahora en adelante será Jessy la única que pueda preparar los alimentos.

Loki se quitó el mandil y lo aventó hacia el suelo. Se cruzó de brazos y observó ofendido a la mujer. Llevaba puesto un pantalón de mezclilla oscuro, una camisa blanca arremangada de los brazos hasta el codo, su cabello lo tenía recogido en una media coleta, puesto que Sophie lo había obligado a recogérselo ya que iba a trabajar con alimentos y no le gustaba la idea de que la comida tuviera algún cabello revuelto por ahí. Eso le recordó que su cabello necesitaba un buen corte, aunque, por el momento, se sentía bien con aquel largo.

— ¿Qué está pasando aquí? — preguntó la cocinera, Jessy, quien era una mujer con el cabello ondulado, corto en una melena, completamente plateado; de tés morena y cara rechoncha. Había entrado al lugar, supuso, debido a los gritos de ambos, los cuales parecían escucharse en toda la casa. El dios resopló molesto mientras volvía al lado de su olla con cucharon en mano.

— Nada, Jessy… — comenzó Sophia.

— ¡Vaya! — exclamó con fuerza la mujer mayor, interrumpiendo a la castaña. — Hasta que este parasito se dignó a hacer algo — Loki rodó los ojos ante el apodo. La mujer fue hasta él, pasando de lado a Sophie, situándose a su lado. — ¿Qué es lo que preparas, crio?

El Jotun hizo uso de todo su autocontrol, evitando lastimar a la mujer, ya que sabía lo que ella significaba para Sophie. Pero le era muy molesta la maldita actitud de aquella midgardiana hacia él. Se tomaba confianzas que él nunca le había permitido, usando nombres de animales completamente inútiles. Observó la olla frente a él, junto con todos los sartenes a su alrededor, para después continuar dando vueltas a la comida dentro de aquel objeto.

— Es estofado de pollo, con sopa de arroz y algo de caldo de lentejas — mencionó el dios con voz fría, tratando de serenarse.

— ¿Ya está listo? — preguntó mientras no dejaba de observarlo. Él asintió sin apartar la vista de la comida. — ¡Excelente! — dio un aplauso y su humor pareció cambiar por completo.

— Jessy no creo que…

— Bien, ¡Es hora de comer! — enunció con fuerza la mujer mayor.

-.-

La cara de Alberick era de completa confusión.

— ¿Me lo tengo que comer todo? — interrogó mientras jugaba con la cuchara y movía de un lado a otro la lenteja.

El rostro de Sophia se contrajo contrariado, encogiéndose de hombros.

— Es lo que hay para comer, mi niño…

— No necesariamente — le espetó la cocinera a su lado, interrumpiendo a la mujer. — Te recomiendo que evites el estofado… Tiene toda la pinta de estar hecho de lodo y tierra volcánica. Es enserio, puede hasta causarte agruras.

— Espero que Loki no prepare la comida en el cumpleaños de mi mami — le susurró el niño a la cocinera, provocando que la última soltara unas ligeras risas.

Sophie suspiró y se llevó una mano al rostro.

Loki observaba las caras de todos a su alrededor. Todos parecían estar viviendo una tortura al dar cada bocado de algunos de los platillos.

Una vez que la cocinera fuera y viera que todo estaba listo, invitó a toda la servidumbre a la mesa, para que todos se deleitaran con la comida que el nuevo señor de la casa había preparado. Todo parecía ir bien, hasta que todos dieron el primer bocado.

Nadie se atrevió a decir nada, conocían su explosivo carácter y ninguno de ellos se arriesgaría a decirle algo negativo referente a la comida, mas tampoco habían dicho algo positivo. Todos guardaban silencio, llevándose pequeñas cucharadas a la boca cada largo tiempo.

Observó el plato frente a él. ¿Qué tan malo pudiera estar? Si, era cierto que tenía un olor nada apetitoso, pero él estaba acostumbrado, puesto que en Asgard existían platillos de la misma forma y eran extremadamente deliciosos. Se suponía que también eso aplicaba aquí y más con dichos platillos; ya que, al fin y al cabo, él lo había cocinado.

Tomó una cucharada y se la llevó a la boca, en la espera de lo mejor. Evitó a toda costa arrugar el rostro una vez que la comida toco sus glándulas sensitivas del sabor. Sabia asqueroso. Supuso que era debido a que se trataba del primer bocado, tal vez y si daba el segundo, la comida le sabría más decente. Llegó el segundo y la cosa empeoró y no al revés.

Alzó el rostro, escudriñando el de todos a su alrededor. Sus gestos eran de completo asco, nadie quería seguir comiendo aquello, parecían sufrir. Mas, sin embargo, estaban ahí, simulando que dicho platillo les gustaba, o porque no había nada mejor que comer más que eso.

Su propio orgullo le impidió confesar que Sophia había acertado con aquella comida, pero al ver los rostros de todos los presentes, no pudo evitar suspirar.

Se puso de pie, empujando la silla hacia atrás. Su rostro serio.

— Voy a mandar a pedir unas pizzas — soltó con derrota. Sabía que ni él mismo podria soportar una cucharada más de aquella asquerosa comida que había preparado.

A su espalda, un potente grito de júbilo inundó la habitación.


XIV. Labores.

Remioromen – Konayuki: watch?v=hKXRZEfox0I

Tras dejar en su lugar las bolsas del mandado, Loki se apresuró hacia donde estaba la castaña.

— ¿Qué otra cosa hay que hacer? — preguntó con fastidio mientras veía como la mujer echaba ropa a lo que él conocía como lavadora.

Una vez que terminó, puso a andar el aparato, se volteó hacia él y tomó una tina en donde rebosaba la ropa humedecida de la tanda anterior.

— Vamos a tender esta ropa — le extendió la tina y le sonrió con dulzura.

Loki no tuvo más que rodar los ojos, tomar lo que le ofrecía y seguir a la mujer que había salido del cuarto de lavado.

De un tiempo para acá, la mortal había permanecido más tiempo en su casa y menos en el hospital o en los asuntos de la empresa de sus padres. Al principio le había parecido tan agradable, ya que ahora pasaba más al lado de su mujer, compartiendo cosas y momentos. Pero para su desgracia, Sophia había insistido en que durante sus tiempos libres le enseñaría todo el que hacer que se llevaba a cabo en aquella enorme mansión. Le había enseñado a cocinar y pedido que cocinara —mas, tras el incidente con el estofado, aquello había sido terreno prohibido para él—, que lavara trastes, que sacudiera el polvo de la casa, que barriera las hojas de la entrada, que le ayudara a bañar a la pequeña mascota —perro le había dicho Alberick— de su hijo, que ayudara con algunos labores pesados, entre otras cosas.

Sophia había usado la excusa de que cada habitante de aquella casa debía de contribuir a mantenerla limpia. Y eso lo había incluido a él.

Una vez que llegaron a la terraza, donde estaban los cables para colgar la ropa, Loki le comenzó a pasar las prendas mientras ella le explicaba como tenderlas.

— ¿Es necesario que yo ayude? — preguntó con fastidio, mientras sostenía en sus manos una camiseta del menor de la casa. — Hay mucha servidumbre que podía hacer las labores… Digo, entonces, ¿para que los tienes, si no hacen su trabajo?

— Hace siete años dijiste que querías comenzar a tomar responsabilidades y que por eso habías aceptado tu condena, ya que querías ser un buen padre para Alberick.

— Si lo sé, pero…

— Pero nada, solo estoy ayudándote a cumplir con eso que tú mismo dijiste — colgó otra prenda y fue hasta la tina para tomar otra.

El dios suspiró, sabía que aquella discusión no tenía otro final más que ese.

— Últimamente te la has pasado en casa — comenzó algo curioso mientras le ayudaba a colocar una prenda en uno de los cables altos. — ¿No hay problema con el hospital, digo, el que no vayas?

La mujer se quedó seria por unos momentos, quieta en su lugar, para luego seguir con su labor.

— No creo que les moleste que me tome mi tiempo — se encogió de hombros, sujetando una prenda entre sus manos. — Después de todo, ese lugar me pertenece.

— Vaya — los ojos de Loki se abrieron por la sorpresa. — Nunca pensé que pensaras así de algo que siempre disfrutaste hacer.

— Las personas cambian — soltó con seriedad.

— Bastante — afirmó el hombre. Posó sus ojos sobre de ella, quien ahora estaba acomodando los calcetines en un pequeño carrusel con ganchos. — Llevas tiempo sin salir de casa…

— ¿Ahora me lo reprochas? — cuestionó con molestia mientras dejaba su labor y se ponía las manos en jarras.

— No — contestó a secas. La mujer lo instó a continuar para luego cruzarse de brazos, atenta a él, suspiró. — Es solo que… ya no sales como antes.

— He crecido y madurado. Ahora mi familia es lo que debe de interesarme, lo demás está de más.

— ¿Y tus amigos?

Hizo un ligero gesto en su labio.

— Son los mismos que los tuyos — respondió tras un momento.

— Y ¿Sage? — sacó a flote su verdadera interrogante.

La mujer se mordió el labio y desvió la mirada.

— No lo sé, creo que está de vacaciones con Luke o algo así — respondió con rapidez mientras volvía a su labor con la ropa.

La última vez que había visto a aquella mujer había sido en las primeras semanas que él había llegado a la casa. Después de eso, la ausencia de la mujer comenzó a hacerse presente. No es que la extrañara, pero debido a la personalidad de la morena, sabía que esta no era de las que desaparecían porque sí.

Tenía el conocimiento de que Sophia era quien iba a visitarla, pero en los últimos días, la mujer había dejado de salir como antes, y cuando llegaba a hacerlo solo era por asuntos de su trabajo, no como convivencia social.

El hombre observó como la mujer comenzaba a tender la ropa con más rapidez, evitando a toda costa el confrontarlo.

— ¿Te vas a quedar viéndome o me vas a ayudar? — soltó con algo de molestia, en son de reclamo.

El hombre arrugó el ceño, chasqueando la lengua.

Sabía que si presionada lo suficiente, la mujer podía decirle todo, pero costándole el buen humor y lágrimas de la castaña. Eso era algo que no estaba dispuesto a pagar. Por eso decidió mejor esperar a que la misma mujer se lo rebelara, cuando se sintiera lista.

— ¡LOKI! — gritó con furia.

El aludido suspiró y se acercó hasta ella. Solo era cuestión de paciencia, algo que podía presumir no poseer.


XV. Un posible presente.

Hana Kimi OST - I am Lady: watch?v=7QseEvmHB98

Dentro de una semana es el cumpleaños de mi mami.

La vocecita de Alberick resonaba dentro de su mente, repitiéndose una y otra vez la misma frase, comenzándolo a poner ansioso.

Y de eso hace ya tres días.

El cumpleaños de Sophia iba a ser dentro de cuatro días y aun no sabía siquiera que regalarle. Podía crearle algo con su magia, más aun así no tenía bien en claro que podría hacerle.

Conocía bien a la mujer, lo suficiente para apostar a algo simple, como un lirio o algo de alhajas. Pero quería que aquello fuera algo realmente especial, cualquiera podía regalarle flores, collares, ropa o algo que a las chicas les gustaba, lo de él no podía ser cualquier cosa, debía de sobresalir del de todos.

Por boca de la misma criada, se había enterado que Tony, Darcy y Steve le estaban organizando una reunión en su propia casa para la fecha de su cumpleaños, por lo que debía de conseguir lo mejor para ella.

Y sabía a quién podía acudir para un consejo sobre lo mejor en este mundo.

Apareció con la imagen de la persona en su mente. La habitación estaba oscura y algunos murmullos inundaban el silencio. Viajó su vista por todo el lugar, encontrándose con una enorme cama, indicándole donde estaba con seguridad.

Observó el reloj de mano que usaba y dio un sonoro respingo. Eran las tres de la tarde y el hombre aún se encontraba en cama. En verdad, eso era colmo, incluso para el mismísimo Tony Stark.

Se acercó hasta la cama, viendo como el hombre se removía bajo las sabanas. Tomó de la esquina la colcha y la retiró con salvajismo.

— ¡Haber Stark, no es hora para que estés en tu cama, sabandija floja…! — exclamó con fuerza.

Nunca se imaginó con lo que iba a encontrase. Un grito potente por parte del genio, junto con el de la pelirroja a su lado, inundaron la silenciosa habitación. Las luces se encendieron y la escena fue más nítida para todos. Tony, ante el susto, calló de la cama, envuelto en una de sus sabanas mientras que Pepper se cubría con lo que tenía a la mano.

— ¡Mierda! — soltó con asombro el dios mientras se giraba, dando la espalda al lugar. — ¡Disculpen!

Señor, el señor Laufeyson está en la torre — anunció demasiado tarde la IA con su monótona voz.

— Demasiado tarde, JARVIS — regañó el genio mientas arrugaba el ceño, asomándose por el borde de la cama. — ¡Uno nunca puede tener privacidad en su propia recamara!

Loki soltó unas ligeras risas. Nunca se hubiera imaginado que el millonario aun tuviera fuerzas para ese tipo actividades físicas, pero por lo que acababa de ver, aquel hombre era insaciable.

-.-

— Disculpa lo de hace un momento — dijo mientras movía sus pies al aire, observando hacia el frente. — Sabes que... no lo lamento… Fue algo realmente divertido.

— ¡Cállate, reno! — lo pateó en el brazo mientras se sentaba a su lado y con cuidado en el borde del balcón de la torre.

El dios soltó unas ligeras risas mientras se sobaba el área golpeada. Tony solo llevaba unos pantalones deportivos. Su torso estaba completamente desnudo y sus pies libres de calcetines y zapatos. El moreno observó con más detenimiento a su acompañante y se dio cuenta de que este ya no tenía el reactor ark en su pecho, solo se encontraba la cicatriz en donde antes había estado.

— No puedo creer que Pepper me haya corrido a mí también del cuarto… — gruñó entre dientes mientras colocaba el mentón sobre los barandales que los protegían de una muerte segura. — ¡No tenía ni puta idea de que vendrías a vernos! Digo, ¿eres alguna clase de voyerista o algo por el estilo?

— ¿Qué no el reactor era lo que te mantenía con vida? — preguntó, ignorando al mortal mientras acercaba un dedo a la cicatriz del otro.

— ¿Me interrumpiste una sesión de sexo, solo para preguntarme sobre mi operación? — su voz se había elevado una octava y su ceja parecía no dejar de temblar mientras se alzaba. — Creo que mejor me voy…

Comenzó a ponerse de pie, cuando el Jotun habló.

— Necesito un favor…

Tony se detuvo en seco, observándolo con curiosidad.

— Okey, esto si es interesante — volvió a su sitio, cruzándose de brazos. — ¿Qué es lo que podria necesitar, oh gran dios de los renos, de un simple y hermoso mortal como yo?

Loki arrugó el entrecejo. Se había equivocado de palabras y ahora el mortal se burlaba de ello. Se tragó su orgullo y desvió la mirada hacia la enorme ciudad que se alzaba frente a él.

— Quiero algo para regalarle a Sophia…

— Vaya — soltó tras un momento de silencio. — Yo no soy el más indicado para eso, yo no he vivido con ella últimamente, cuernitos.

— Pero si has estado los pasados siete años — afirmó con voz ronca, reprochándose más por aquello. — No puedo negar que sigue siendo la misma niña que conocí, pero hay muchas cosas que ahora desconozco de ella…

— Y ahora no sabes sus gustos…

— ¡Si los sé!— se apuró a decir el moreno. — Pero no quiero darle cualquier cosa… quiero que sea lo mejor… Ella se lo merece, después de todo.

Tony se llevó una mano a la barbilla y guardó silencio. Meditó por un momento la situación para luego soltar una ligera sonrisa.

— Siempre que quiero darle algo único a Pepper — comenzó relatando con buen humor — le regalo un momento, no una cosa. Eso siempre la derrite y la vuelve loca. Le fascinan — Loki observó confundido, Tony rodó los ojos, suspiró y continuó.

» Las chicas como nuestras chicas prefieren pasar tiempo con nosotros a que les regalemos algo ostentoso. Podria darle una cena, un lindo paseo a la luz de la luna y las estrellas, una noche de pasión… O un simple día de campo.

— ¿Crees que eso sea suficiente? — preguntó sin ningún ánimo.

— Sophia no es de las personas que disfrutan con tener mucho… Solo con tener lo necesario…

En eso el hombre tenía razón. Toda su vida se había acostumbrado a darle los mejores regalos a las personas, creyendo que con eso sería suficiente, de hecho ya lo había intentado con Sophie hacía tiempo atrás, pero nunca se había dado el tiempo para pensar en lo bueno que sería un tiempo para ellos dos.

Rápidamente se le vino a la mente un lugar en específico. Podria utilizar aquel prado junto al lago para un momento entre ellos. Ahora las cosas se le mostraban más claras.

La llevaría al atardecer, para observar la puesta de sol. Después, le regalaría un bello lirio de color azul, como el que algún tiempo le había regalado, para después pedirle esperar, junto a él, la llegada del amanecer. Aquello sería algo de lo que ella nunca olvidaría. Solo era cuestión de agregarle algunos toques de magia y el momento seria único.

Satisfecho, se puso de pie y observó a Stark, el cual tenía la vista fija en el cielo sobre de ellos.

— Te agradezco por esta consejería, Stark — dijo en tono de voz serio. — Espero y sea la última vez que tenga que prescindir de tus servicios.

Tony alzó la palma de su mano y la agitó.

— Nunca pensé que tuvieras un lado cursi — le soltó, con un tono de voz jovial.

El dios arrugó el ceño molesto.

— Si alguien se entera de esto, te mato Stark — sentenció al mortal, su tono de voz era frio y despiadado y la mirada que posaba sobre de él era escalofriante.

— Soy una tumba.

Y tras esto, desapareció del balcón, dejando al billonario inmerso en sus pensamientos.


XVI. Regalo.

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El jardín de la casa estaba completamente iluminado con diferentes luces de colores y el lugar donde se suponía era la pista estaba llena de personas.

Loki apenas lograba a reconocer a algunas de ellas, pero todas estaban ahí por el cumpleaños de Sophia. Según palabras de la misma mujer, Stark solo iba a invitar a los más allegados a ella, pero parecía ser que el hombre se había excedido, como siempre.

Sophia sostenía la mano de Loki, con fuerza, mientras que el hombre la guiaba hacia el área de las mesas. Ella llevaba un vestido de fiesta blanco y corto, con un estampado con flores rojas y negras, un escote en forma de corazón que se ceñía en un cinturón rojo que hacia resaltar sus pechos. Llevaba unas zapatillas de color rojo, un collar y una pulsera de oro con una incrustación de piedras de color rojo, haciendo juego con todo lo que llevaba. Su cabello iba recogido en una coleta alta que iba de lado, y solo tenía un flequillo suelto.

El hombre iba encantado y se sentía el mejor de todos al llevar a tan hermosa dama a su lado. El solo llevaba un pantalón de vestir negro, una camisa blanca con corbata y un chaleco azul.

Una vez que llegaron a la mesa indicada, la invitó a sentarse y sirvió algo para beber. Él se sentó a su lado, para que luego se les uniera el más pequeño de la familia.

La música se detuvo y desde donde tocaba el grupo, apareció la figura del inventor, con una copa en la mano. Tomó el micrófono y comenzó por acallar a todos los presentes, los cuales habían comenzado a quejarse por la falta de música.

El billonario inició dando unas palabras, indicando porque estaban reunidos aquella tarde. Los invitados comenzaron a aplaudir cuando se mencionó el nombre de Sophia, mientras esta era iluminada por una de las luces que tenía el conjunto. Stark continuó con sus palabras mientras Loki podía sentir como el agarre sobre su mano se acentuaba más por la emoción de la mujer. Sonrió de medio lado.

Una vez que el discurso de Tony terminó, invitó a todos a disfrutar de la fiesta mientras la música volvía a sonar. Thor se acercó hasta ellos y pidió la mano de la castaña, le entregó una pequeña caja y le dijo unas palabras que el menor de los dioses no alcanzó a escuchar, teniendo como resultado que Sophie se lanzara para abrazar al rubio.

— ¿Qué te dijo Thor? — preguntó un tanto molesto una vez que la mujer volvió a su lugar.

Sophie le sonrió.

— Me dio las gracias por amarte como te amo — explicó sin más mientras le daba un beso en la mejilla y dejaba sobre la mesa la cajita, para levantar la tapita de esta. — Y me regaló una hermosa piedra Asgardiana que irradia luz. Es muy bonita.

Loki observó el contenido para luego soltar un bufido.

— Es un hechizo muy sencillo — usó un tono de voz altanero. — Solo se necesita saber lo más básico del lenguaje en runas para lograr hacerlo.

— Fue un bonito detalle — exteriorizo ella.

— Boberías.

— ¿Estas celoso? — preguntó con diversión.

— Nunca me pondría celoso por algo tan infantil… — se cruzó de brazos.

— ¡Oh, vamos! — la mujer lo tomó del brazo y haló de él con fuerza. — Deja tus berrinches y vamos a bailar.

Salieron con rumbo a la pista, donde fueron recibidos por la mayoría de los vengadores y sus chicas. En ese momento fue que se enteró que Steve y Darcy mantenían una relación amorosa y la relación de Clint y de Natasha al fin había salido a la luz, algo que todos ya sabían.

La música siguió animando a todos, hasta el momento en que llegó la hora de abrir los regalos. Sophia había preferido, al igual que él, que eso se hiciera una vez que la fiesta hubiera acabado, pero la curiosidad de uno de los organizadores era más grande que no podía esperar para ver el contenido.

Cada uno de los presentes le entregó el obsequio a la cumpleañera, la cual fue abriéndolos y dejando al aire el contenido de cada uno de ellos. Cuando llegó el momento de abrir el de Stark, Loki no se sorprendió por el contenido de este. Una prenda íntima de colores verde y negro, con algo de encaje y brillos por alguna parte de la prenda. El rostro de Sophie se sonrojó, casi comparándose con el cinturón que llevaba puesto. Ocultó el regalo en la bolsa, mientras las risas de algunos de los presentes no se hacían esperar. Por fortuna, la mujer del empresario lo golpeo con fuerza debido al atrevimiento de este. Luego él mismo se encargaría de agradecerle y golpearlo al mismo tiempo.

Una vez que los regalos se terminaron, algunos volvieron a la pista de baile en donde siguieron disfrutando de la música, mientras que otros fueron a sus asientos en donde comenzaron a servir la cena.

Loki tomó la mano de la castaña y la llevó a parte, lejos del concurrido lugar.

— ¿A dónde vamos? — preguntó entre risas la mujer mientras avanzaba a pasos seguros entre el pasto.

— Quiero que conozcas un lugar…

Ella se detuvo, haciendo que el hombre la imitara.

— No podemos irnos y dejar a los invitados.

— Solo será por un momento — la tranquilizó mientras se acercaba a ella y comenzaba a acariciar su mejilla.

Sophia se dejó hacer, para luego besar en los labios al Jotun, quien había comenzado a rodearla por la cintura. Cuando se separaron, la mujer llevó su dedo índice a los labios del hombre, quien parecía estar no muy conforme por aquella separación, y le dedicó una sonrisa grande.

— Entonces, dame un momento para encargarle a Jane el cuidado de Rick — anunció la mujer mientras lo miraba con aquellos ojos brillantes y suplicantes, a lo que no tuvo más que ceder.

La mujer le plantó un beso en la mejilla, para luego girarse y caminar hacían donde se suponía estaba la otra mortal. Loki estaba acostumbrado al uso corto del nombre de su hijo, Sophie lo había utilizado en varias ocasiones.

Todo parecía tan hermoso y perfecto, que ni él mismo podía terminar de creérselo, ni siquiera merecérselo. Supuso que lo mejor que pudiera haberle pasado en ese momento fuera el hecho de haber caído a Midgard en aquella noche, herido casi moribundo.

La dulce figura de la mujer se balanceaba al compás de la música. Loki sonrió. Por primera vez era feliz, inmensamente feliz.

Por un momento, pensó ver que Sophie se tambaleaba, mas luego se percató de como ella caía de lleno contar el suelo. Rápidamente, se aproximó hasta ella y la sostuvo entre sus brazos. Fue ahí que se dio cuenta de algo, su piel estaba pálida y estaba sudando.

Sophie estaba inconsciente y no tenía la menor idea del porqué.


XVII. Cuando todo se rompió.

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Harry Nillson - Without you: watch?v=FXQVRX1uM84

La lluvia caía sobre de él, empapándolo. Su vista estaba sobre el oscuro cielo nublado.

"Sophie tiene leucemia... Se está muriendo".

Aquellas palabras taladraban en lo más dentro de su ser, sofocando a su corazón.

Se está muriendo.

¿Cómo era posible eso? En aquellos meses a su lado la había visto tan llena de vida, tan sana, que ahora el hecho de que estuviera muriendo era tan irreal, tan ridículo. Pero era verdad. El mismo doctor se lo había confirmado horas después de haber llegado al hospital en donde había sido internada.

Aquellas horas habían transcurridos tan lento para él, que le parecían completamente ajenas, como sacadas de algún film que estaba acostumbrado a ver con Sophie en sus tardes libres. Una vez que ella cayó desmayada al suelo, él con rapidez se había lanzado hacia ella, sosteniéndola sobre sus brazos, buscando que reaccionara. Después, varios de los presentes se les habían unido. Tony reaccionó y mandó llamar a una ambulancia, mas Loki lo interrumpió, jalándolo del cuello de la camisa, exigiéndole el nombre y ubicación del mejor hospital de la ciudad. Una vez que el hombre le dio la información, se transportaron hasta aquel lugar, pidiendo a gritos que alguien los atendiera. Unas enfermeras fueron rápidamente a su encuentro, llevándose en una camilla a la mujer que estaba inconsciente. Loki quiso seguirla, más los médicos y enfermeras del lugar se lo impidieron. Tony lo tomó del brazo y lo guío hasta la sala de espera, para luego dejarlo solo e ir a encargarse de los asuntos monetarios. Después de un rato, se le unieron Steve, Darcy, Thor, Jane, Hank, Janet, Bruce y Carol. Loki había comenzado a desesperarse al no tener noticias de Sophie, pero como si de un hechizo se tratara, minutos después apareció el doctor, quien fue el portador de la mala noticia, que al parecer no tomó a nadie por sorpresa, exceptuando al dios del caos, ya que la mujer lo padecía desde tiempo atrás y era algo conocido por el resto.

— Thor… ¿Tu lo sabias? — preguntó casi al borde del llanto, pero conteniéndose lo más que podía, no quería darles el lujo de verlo frágil.

El rubio asintió con lentitud, agachando el rostro. Loki gritó con furia, lanzándose sobre el mayor de los dioses, tomándolo del cuello con toda su fuerza y estrellándolo contra la pared del hospital.

— ¡¿POR QUÉ NUNCA ME LO DIJISTE?! — gritó hecho una furia mientras lo sacudía con fuerza.

Thor guardó silencio, dejándose hacer por el menor, mientras el moreno parecía no caber en sí mismo por tanto enojo e impotencia. Soltó al rubio tras un momento, para luego girarse y encarar al resto de los vengadores.

— ¡Todos ustedes me pagaran por esta traición! — y al decir esto, una aura de color verde lo rodeó para luego desaparecer, dejando un hueco en el lugar donde había estado antes.

Regresó a su casa, tomó la moto y huyó de aquel lugar.

Ya iban a ser tres días desde aquello y el Jotun no se había dignado a regresar a donde estaba Sophie. Se sentía herido, traicionado y completamente abatido.

El agua de la lluvia era fría, a tal grado de poder llegar a calar hasta los huesos, pero debido a su naturaleza, esta no le afectaba, de hecho hasta le agradaba.

Las luces de su moto apuntaban hacia él, iluminando un pequeño espacio a su alrededor. La había dejado aparcada a la mitad del camino. Parecía ser que nadie recorría aquellas carreteras, mucho menos a tan altas horas de la noche, lo cual le beneficiaba y, en cierta parte, lo perjudicaba, ya que el tanque de la motocicleta se había quedado vacío y no había nada alrededor que pudiera ayudarle, pero al estar en aquel lugar, solo y bajo la lluvia lo ayudaba a pensar.

Si estaba llorando, las grandes gotas del cielo lo escondían muy bien. Sus verdes ojos estaban completamente opacos, sin ningún brillo que los hiciera resaltar, completamente perdidos de la realidad.

— ¡¿POR QUE?! — gritó con todas sus fuerzas una vez que logró externar toda su frustración, sus puños estaban apretados y su cuerpo completamente tensado, que tras liberar aquel potente rugido, cayó de rodillas al instante, frágil y desahuciado.

Estaba tan inmerso en su dolor que no se dio cuenta de que un coche se había aparcado a su lado. Una mujer salió del vehículo, acompañada de un paraguas, apurándose hasta su encuentro.

— ¡Por Dios, Loki! — exclamó una voz que le sonaba lejanamente familiar. La chica se colocó a su lado, cubriéndolo con el paraguas mientras se ponía a su altura, dejándole a la vista el rostro. — Todo el mundo te ha estado buscando, ¿Qué haces en medio de la nada?

Sage.

La morena lo sujetó y lo puso de pie, para luego llevarlo hasta donde estaba la puerta de su carro, lo metió en el asiento del copiloto y le colocó el cinturón de seguridad. Luego, fue hasta donde estaba la moto, apagó las luces y la puso en neutral, la movió hasta la parte de atrás de su coche, que por suerte era una camioneta, y la subió a duras penas. La inmovilizó con algunas cuerdas que llevaba y volvió hasta la puerta del conductor, entrando al auto, completamente empapada. Encendió la calefacción y se fueron de aquel lugar.

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— Toma esta ropa, te servirá para que no te resfríes — le explicó mientras le aventaba el cambio al hombre.

Loki atrapó la ropa en el aire, lo observó por un momento y, con completo desinterés, comenzó a desvestirse frente a la mujer, quien pareció no alarmarse ante aquello y optó por hacer lo mismo.

Seguía completamente absorto en sus pensamientos, aun sin entender el porqué de lo que estaba ocurriendo. Cuando terminó de vestirse, alzó la vista hacia donde estaba Sage, quien aún seguía cambiándose, se acercó hasta ella y le sostuvo de la cintura, para luego dejar caer su frente húmeda sobre sus hombros desnudos.

— Loki — lo llamó ella en voz baja, su tono era serio. — Esta no es la mejor forma de que te desahogues, sin contar que no es nada ético el meterme con el hombre de mi mejor amiga moribunda…

— ¿Por qué? — preguntó con voz quebrada.

— Porque yo estoy casada y tú tienes a una familia…

— No — la interrumpió. — ¿Por qué no me dijo nada?

Las manos del dios se aferraron más a la cintura de la mujer, la cual no pudo dar más que un suspiro.

— No quería herirte.

— Pero…

— No quería preocuparte… Quería disfrutar todo el tiempo que podía a tu lado, sin estar en un hospital — le contó mientras el hombre seguía posando su frente sobre el hombro de Sage.

— No sabes lo que me duele el que no me haya dicho — pronunció con dureza mientras cerraba con fuerza sus ojos, evitando a toda costa el llorar. — Podria haber estudiado lo suficiente sobre su mal para poder curarla, usar mi magia… Tú… Debes de hacer algo…

— Nunca estuve de acuerdo a que no te dijera — reveló la mujer, aun dándole la espalda. — Siempre le insistía en que debías de saber, que tú eras el único podía hacer algo… Yo ni siquiera me acerqué a curarla… Ni con la tecnología tan avanzada hemos logrado encontrar una cura para esto…

Loki alzó el rostro, encontrando una pequeña luz en medio de todo.

— Stark… — nombró al genio mientras soltaba la cintura de la mujer. — Stark debe de saber cómo curarla.

Sophie giró, encarándolo. Le sonrió de medio lado y lo tomó de la mejilla. Fue ahí que Loki se dio cuenta de los pequeños moretes de su rostro que parecían estar desapareciendo, muy similares a los que Sophia tuvo una vez, hace más de una semana atrás. La mujer pareció notar que los observaba y no pudo carraspear la garganta.

— Tuve una discusión con Sophia, en la cual terminamos pelando a golpes… — agachó el rostro. — Lo lamento por eso… Pero tu mujer me ha estado sacando de quicio... Es una terca que no acepta ayuda de nadie, ni siquiera de mí ni de Stark… Quien parece ser que ha estado moviendo cielo, mar y tierra para encontrar una cura para ella, pero sin tener resultado alguno.

» Ni siquiera nuestra "magia" ha podido hacer lo que hace la tuya… — miró con intensidad los ojos del dios, como buscando sacar algo de ellos. — Todos tenemos puesto nuestra esperanza en ti…

Loki se alejó del agarre de la mujer con brusquedad. Se tambaleó hacia atrás, tratando de buscar un soporte que lo ayudara a mantenerse en pie.

— No puedo — murmuró para sí mientras se sujetaba del sillón.

— Tu magia… Tu eres el único que puede salvarla…— prosiguió mientras se acercaba a él. — Loki…

— ¡NO PUEDO! — gritó con furia, apartándose completamente de ella, yendo hasta una de las paredes.

— ¿Por qué no? — preguntó ella con desespero mientras intentaba acercarse al hombre. — Si es porque no te dijo nada sobre lo que tenía, esto es un berrinche completamente estu-…

— ¡No puedo curarla porque no tengo magia! — le informó con voz fuerte. — A cada instante que ella decae, yo pierdo mi magia.

El rostro de la mujer se contrajo en un gesto entre sorpresa y terror. Fue ante eso que Loki fue consciente de sus propias palabras, dándose cuenta de la realidad. Su magia se iba desvaneciendo y él había sido consciente de ello.

El día que llegó y se transportó al lugar equivocado, el momento en que quiso crear una bola de energía con un bonito espectáculo al final y terminó agotado, el momento en que no logró curar por completo a Sophie de sus heridas, cuando no logró percibir por completo la mente de Tony y lo que hacía… Todo comenzaba a tener sentido, no eran deslices por su parte, el nunca cometería errores con hechizos tan sencillos; su magia había comenzado a perder fuerza y eso solo quería significar algo: estaba perdiendo su magia debido a que Sophie estaba muriendo.

Su mundo, en ese momento, comenzó a desmoronarse, sin lograr impedirlo.


XVIII. A tu lado.

The Police – Every Breath You Take: watch?v=cbn3j52jJn0

No sabía que decir, sus manos le temblaban y la puerta frente a él le parecía bastante alejada.

Una vez que le dijo a Sage aquello, la mujer no tuvo más opción de instarlo a llevarlo a dormir, para que descansara y recuperara tiempo de sueño. Loki le había explicado cómo es que a cada momento en que la mujer iba perdiendo la vida, su magia iba menguando poco a poco, sin poder evitarlo, se estaba volviendo humano a cada instante. Ambos entendieron que ya no había nada por hacer. Aun había la posibilidad de pedir ayuda a alguien más, pero era imposible ir hasta donde estaba Karnilla, debido a que debía de pasar por Asgard y era un lugar que tenía completamente prohibido.

Esa mañana se había levantado resignado, dispuesto a disfrutar el tiempo que le quedaba con su mujer. Sage lo llevó hasta el hospital de S.H.I.E.L.D. en donde Sophie se encontraba y lo guió hasta la habitación, en donde lo dejó, pidiéndole que la visitara, puesto que la mujer había estado muy preocupada al no saber nada de él.

Estuvo durante algunos largos minutos parado frente a la puerta, no sabiendo que hacer o que decir. En ese momento la lengua de plata se quedó seca, atada a todo. Dio un suspiro y comenzó a dar vueltas de lado a lado de la puerta, ansioso, tratando de buscar que hacer o cómo actuar. Nada se le ocurría. Aun no terminaba de creer aquella situación.

— ¡Hasta que por fin apareces, cuernitos! — lo saludó el genio, sacándolo de su ensimismamiento. Se acercó a él y le palmeó la espalda. — ¿En dónde te habías metido?

— No me toques, Stark, no estoy de humor — expresó con brusquedad mientras se apartaba del agarre del genio, quien fue dejando de lado su anterior aspecto jovial, para observarlo con seriedad.

— Loki…

— No empieces con tu discurso de lastima — interrumpió el aludido con voz gruesa, desviando la mirada. — Suficiente tengo con mi propia lastima para sentirme patético para que vengas tú y me di-…

— No es lastima — lo tomó del hombro y lo hizo verlo al rostro, su mirada parecía el vivo reflejo de la suya propia. — Loki, créeme cuando te digo que no hay nada, óyelo bien, nada que no haría por tratar de mantener con vida a Sophia. Ella es mi amiga y primero moriría antes de no hacer todo lo que esté en mis manos.

Loki parpadeó mientras observaba al hombre.

— Además — continuó tras el silencio que se había tomado el Jotun — es la mujer de mi mejor amigo, no puedo dejarla morir sin haber dado toda mi pelea. Lo mismo va para Bruce y Hank… Estamos vueltos locos en los laboratorios de S.H.I.E.L.D. y los de la torre.

— Yo… — balbuceó Loki.

— ¿Me permites verla antes para sacarle una muestra de sangre? — lo soltó del agarre mientras le preguntaba y mostraba un pequeño frasco y una aguja. — Tal vez con su muestra nos den el premio nobel a la medicina con nuestra cura a la Leucemia.

Loki asintió aturdido, para luego obtener la sonrisa del genio, quien después lo pasó de largo y entró al cuarto. Se quedó parado unos minutos más, para luego ver salir al genio, con una gran sonrisa y varios frascos en mano, llenos con la sangre de la mujer. Este le golpeó el hombro con la mano libre y le dijo "animo" sin emitir sonido, para luego desaparecer del lugar.

Tras unos segundos después, materializó un lirio de color azul y se animó a entrar, ya era suficiente el tiempo para meditar.

Una vez que estuvo adentro, fue recibido por una habitación blanca en su totalidad. Había unos sillones y una televisión en una de las esquinas del lugar. A su izquierda estaba una cama, en donde Sophia se encontraba recostada, observándolo, mientras que Alberick, quien estaba sentado al lado de la mujer, comenzaba a sonreírle sin mesura. A lado de la cama había una mesita de noche, en donde descansaba un ramo de rosas rojas, el cual estaban en un jarrón con agua.

— ¡Loki! — gritó con entusiasmo el pequeño mientras se lanzaba hacia donde estaba el moreno. Lo abrazó por las piernas, colgándosele de ellas. — Eres un hombre muy vago el cual parecer perderse con facilidad.

El Jotun sonrió ante eso y revolvió el cabello en la cabeza de su hijo.

— Aun no termino de conocer toda Nueva York — le informó en son de broma mientras los ojos azules de su hijo brillaban con intensidad.

Seguía observando al menor cuando unos brazos lo rodearon con fuerza. Loki, sabiendo de quien se trataba, le correspondió al agarre, atrayéndola más hacia él, respirando el dulce aroma que la mujer desprendía: lirios.

— Estas bien — susurró contra su pecho la mujer, parecía que estaba sollozando.

— Estoy aquí — le dijo mientras le plantaba un beso en la cabeza, revolviendo sus cabellos con la punta de su nariz.

— Nunca me dejes sola — suplicó ella, aferrándose más a él.

— Nunca… Siempre estaré a tu lado.

La mujer pareció lloriquear mientras el niño se apartaba de ellos, observando toda aquella escena, con una dulce sonrisa en el rostro.

Loki no le tomó importancia y tomó de la barbilla a la castaña y, haciéndola alzar el rostro, la besó en los labios con dulzura, grabando todo aquello en su mente, saboreándolo todo.

Una vez que se separaron, el hombre le entregó la flor, haciendo ella le sonriera con ternura.

— Si me dejas, nunca podre tener los lirios que más amo — su voz era aterciopelada, mientras acariciaba su mejilla. — Nadie entiende que detesto las rosas.

Loki soltó unas ligeras risas, Sophie soltó su mejilla y comenzó a acariciar los pétalos del lirio que sostenía entre sus manos.

— Todos son unas bestias — se burló el hombre.

Ella negó con la cabeza mientras no dejaba de sonreír.

— Ya estamos todos, — dijo Alberick llamando la atención de sus padres — ¿Cuándo volveremos a jugar?


XIX. Velar por ti (Watch over you)

Alter Bridge – Watch Over You: watch?v=nIqkpXceFbk

— Hola desconocido — lo saludó la mujer mientras atravesaba la puerta de la blanca habitación que él se había acostumbrado a ver, ya que había vivido los últimos días en aquel lugar y solo salía cuando era estrictamente necesario.

Le sonrió y depositó el Lirio sobre su regazo para luego inclinarse y depositarle un beso en los labios. Aquello se había hecho un ritual entre ellos. Cada vez que Loki salía, iba y le compraba un lirio para luego cambiarle el color a azul con la poca magia que aún le quedaba, entraba a su habitación, se lo entregaba y la besaba como si no la hubiera visto en mucho tiempo.

Se sentó a su lado en la cama, después de que ella le hubiera hecho espacio, para luego recostarse a su lado.

— ¿Qué planes tienes para hoy, querida? — le preguntó mientras la sujetaba de la mano y posaba sus ojos sobre los de ella.

Ella le sonrió y sus ojos se iluminaron de aquella forma que él tanto adoraba.

— Pues tengo programada una quimio, seguido de una transfusión de sangre — arrugó el ceño ella, — pero es muy molesto. No quisiera ir.

— Tienes que hacerlo — le regaño el dios.

— ¡Oh, vamos! Es algo muy fastidioso — hizo berrinche ella mientras se cruzaba de brazos. — Estudie medicina para tratar a los pacientes, no para que me trataran a mí…

— Sophie…

La mujer se giró y se acostó de lado mientras la observaba con una enorme sonrisa.

— ¿Qué tal si falto a un día de mi terapia? — preguntó con curiosidad la mujer mientras lo sujetaba del brazo, jalando de la chaqueta del hombre.

— Sophia, no.

— Por favor, lo podemos posponer para mañana… — insistió ella.

— Debes de cumplir con eso… Si te ponen una fecha, es porque es esa fecha.

— Loki… — volvió a insistir la mujer. — Como médico que soy lo entiendo, pero también sé que no pasa nada si pierdo un día…

» Hazlo por mí, como regalo de cumpleaños…

Loki giró, hasta encontrar la mirada de la castaña. Los ojos brillaban, como si estuvieran llenos de agua, tenía su boca hecha un puchero. No pudo evitar encontrar aquel gesto tan enternecedor.

— Detesto estar aquí, encerrada — terminó mientras se aferraba más a su brazo.

El hombre suspiró.

— Conozco un lugar que tal vez pueda gustarte… — ella le sonrió con diversión ante aquella afirmativa. — Pero quiero que cumplas un capricho mío.

— ¿Cuál?

— Que uses el vestido que yo escoja… No te llevaré con una bata de hospital.

Ella asintió para luego comenzar a incorporarse en la cama. Se quitó todo lo que tenía conectado al cuerpo con sumo cuidado, para después irse poniendo de pie poco a poco, con ayuda del moreno. Los aparatos comenzaron a emitir un fuerte pitido, provocando que ambos soltaran unas risitas.

— Deberíamos irnos antes de que medio mundo llegue a la habitación.

Loki asintió ante aquello y, concentrando toda la magia que pudo, se transportaron al prado que él tenía pensado para el día de su cumpleaños. Cuando llegaron ahí, la bata de la mujer fue sustituida por un vestido de manta blanco, adherido a su figura, con un estampado de lirios de color azul. Iba descalza y el pasto acariciaba su piel de una manera tan tierna.

Los ojos de ella se abrieron grande mente ante aquella vista, soltando una gran exclamación.

— Es… hermoso — susurró mientras abría los brazos, recibiendo la brisa del viento, la cual parecía jugar con sus cabellos y las ondulaciones de su vestido.

Loki llegó por su espalda y tomó sus brazos extendidos para luego abrazarla con estos y pegar sus labios a su oído.

— Feliz cumpleaños, querida mía — después de eso, le besó el cuello y la soltó del abrazo, situándose frente a ella.

Sophia le dedicó una enorme sonrisa, para luego acercarse hasta él y posar sus labios sobre su nariz.

— Te atrapé — le susurro, para luego salir corriendo lejos de él. — ¡Atrápame si puedes, tortuga! — gritó con potencia.

El moreno se sorprendió ante aquello y giró hacia la dirección a donde había ido la mujer, viéndola como danzaba al mover sus piernas con una gran agilidad. Por esos pequeños instantes, se prometió olvidar de todo, de todo ese dolor, de todo el pesar y pensar única y exclusivamente en la mujer que corría para que el la persiguiera. Solo estaba ella y él. Nada más.

Se apresuró hacia donde estaba ella, corriendo a grandes zancadas, no quería pasar ningún segundo sin estar al lado de aquella bella mujer que se había vuelto su adicción desde que la conoció, aun cuando ni él mismo se había dado cuenta de ello. Una vez que estuvo a escasos pasos de ella se lanzó hasta ella, sujetándola con sus fuertes brazos, rodeándola.

— ¡Te atrapé! — exclamó cuando la logró alcanzar, haciéndola perder el equilibrio, provocando que ambos cayeran sobre el pasto, rodando por la pequeña colina que situaba al frente de ellos.

Loki terminó sobre de ella mientras que ambos parecían reír con fuerza ante aquella situación. Los cabellos de ella estaban esparcidos por toda su cara, mientras sus ojos seguían cerrados y sus risas eran potentes. Se veía hermosa, tan perfecta, única. No pudo evitar el acercarse y besarla en los labios con pasión. Lo ansiaba, lo necesitaba y ella también. El beso se fue intensificando, haciendo surgir las ansias de cada uno, de sentirse, de complementarse. Sophia lo hizo girar, haciendo que el quedara por debajo de ella, mientras ella le rodeaba la cintura con sus piernas, mientras se sentaba sobre su entrepierna.

El hombre llevó sus manos a las piernas de ella y comenzó a subirlas hasta su cadera, por debajo del blanco vestido. Ella llevó sus manos hacia las de él y las condujo hasta su rostro, para luego ir apartándose de él poco a poco, terminando con aquel beso tan arrebatado, que les había privado del aire para respirar.

Sophie se incorporó y comenzó a caminar sobre el pasto, dejando al Jotun recostado sobre el suelo, atento a cada movimiento que hacía.

— Loki, — comenzó con un débil tono de voz, mientras comenzaba a pasear por el pasto. — ¿alguna vez ha sentido la muerte?

— Sophie… — la regañó el hombre mientras comenzaba sentarse. No podía ser que la mujer hubiera detenido aquel beso solo por aquella pregunta tan estúpida.

— Yo he estado al borde de la muerte en varias ocasiones, — continuó ella, haciendo caso omiso de su reprimenda — pero en ninguna estuve muerta oficialmente… — detuvo sus pasos y luego se giró hacia donde estaba el hombre y se encogió de hombros. — Así que no sé cómo se siente morir.

Loki rodó los ojos, para luego recargarse sobre sus codos y fijar su vista hacia su costado. Estaba molesto, pero si la mujer quería hablar de ello, iba a seguirle el rollo, tal vez obtenía algo que le ayudara.

— Toda mi vida estuve expuesto a la muerte, debido a las guerras en las que me enfrente, pero debido a lo que soy, nunca morí… — mencionó con voz seria y cortante, guardó silencio por un momento, para luego proseguir, mientras fijaba sus ojos en ella. — Solo una vez sentí que me moría, pero eso es algo muy diferente.

— ¿Cuándo fue? — pestañeó curiosa.

El hombre bufó molesto.

— Sophia, no quisiera hablar de esto… — se puso de pie y comenzó sacudirse el pasto que se le había adherido a la ropa. — No hablemos de muerte.

— ¿Por qué? — insistió ella mientras se acercaba a pasos lentos. — Todo ser vivo llega a un punto en el que debe de afrontarla… Incluso tu…

— Soy inmortal… — le aclaró una vez que ella estuvo frente a él, a una corta distancia.

— Pronto te volverás humano — expuso sin más. Loki la observó expectante ante aquella frase, estaría mintiendo si dijera que no le dolió aquello, más aun así, nunca lo mencionó. — Tú lo dijiste, hace tiempo.

Ella se encogió de hombros para luego cruzarse de brazos y girarse hacia otro lado.

Loki se relajó, destensó el cuerpo y la tomó de la barbilla con ternura.

— No quiero perderte… — le susurró de la forma más suave que pudo.

Se acercó, tratando de besar sus labios, buscando arreglar todo y dejar aquel tema por la paz. Pero la mujer apartó el rostro y se alejó de él con brusquedad.

— Tranquilo, estarás bien sin mí — soltó ella con brusquedad.

El moreno se quedó petrificado ante aquellas palabras. Herido y sorprendido por la dureza que había mostrado la mujer ante aquello. No lograba entender cómo es que pudiera responder así ante aquello tan delicado.

Sin saber cómo, fue dejando su corta paciencia de lado y todo lo que se había estado guardando, todo lo que se prometió olvidar, se liberó a presión dentro de él.

— ¿Por qué nunca me dijiste nada? — comenzó con voz dura y dolida, ya basta de delicadeza con ella. Si Sophia se mostraba dura e incomprensible con él, ¿Por qué debía de guardar la compostura él? — ¡Pude haberte curado, me pude haber preparado para sanarte y así evitarnos esto! — terminó elevando el tono de voz con fuerza, mientras comenzaba agitar los brazos con ansiedad.

La mujer lo enfrentó de frente, parecía estar molesta también.

— Tú más que nadie sabes cuanta magia necesitas para eso. — lo señaló con énfasis. — Como estaban las cosas, ¡pudiste haber perdido la vida!

— Si eso hubiera sido la única opción, la tomaría.

— ¿Cómo puedes pensar, en dejarte morir? — alegó la mujer mientras se apartaba y comenzaba caminar en círculos en su misma área. — Apenas vas conociendo a tu hijo y ya lo ibas a dejar huérfano de padre.

Pero qué demonios… ¿Cómo si quiera se atrevía decir aquello? Loki no lograba comprender como es que se pusiera a recriminarle algo que ella misma estaba haciendo. ¡Por Yggdrasil! La mujer había comenzado a perder la razón.

— ¡Pues es lo mismo que tú estás haciendo! — le recriminó él a ella.

— ¡No es lo mismo! — se defendió ella, encarándolo de nuevo. — ¡Yo viví todo lo que lleva de su vida, lo he disfrutado más! ¡Tú debes de convivir más con él, estás en tu derecho y obligación! — lo señaló mientras parecía muy agitada.

— ¡Al igual que tú! — la sujetó de un brazo y la atrajo hasta él, posando su dura mirada sobre la desafiante de ella. — ¡Yo podía salvarte, mujer!

La mujer se intentó liberar del fuerte agarre que se acentuaba sobre de ella, pero no lo logró. Tras un momento de forcejear volvió a posar su vista hacia un costado.

— ¡Entiende que nunca dejaría que dieras tu vida porque yo viviera! — terminó de estallar ella, sin siquiera poder encararlo, más el dios logró ver como unas lágrimas corrían por sus mejillas, su respiración parecía ser muy agitada. — ¡No es justo! — volvió a exclamar con fuerza para luego ir bajando el volumen e intensidad en la voz. — No podria vivir con ello…

El dios la observó detenidamente. Parecía tan frágil y tan confundida, al igual que él. No tenía sentido todo aquello, mas sin embargo él quería sacarlo, desahogarse. Ella debía de saber su sentir y entenderlo, como también ella debía de conocer y comprender el de él. Trató de serenarse, ya no había nada que dijera o hiciera para arreglar aquel momento tan hermoso que ellos mismos se habían encargado de acabarlo, de hacerlo trisas.

— Sophia… — la llamó mientras iba soltando su brazo y llevaba su mano a la mano de ella, buscando entrelazarla. — ¿Sabes que tu muerte me está destrozando?

— Lo único que quiero es que seas feliz con tu hijo… — comenzó más sus palabras comenzaron parecer arrastrase.

Ella giró hacia él e intentó acercarse, mas sus piernas se tambalearon haciendo que cayera sobre el pecho del dios, quien la sujetó con sus manos. Sophie buscó sustento en los brazos de él y se trató de poner firme.

— Te lo mereces… — continuó, alzando el rostro hacia él, para luego recargar su cabeza sobre el pecho del moreno. — Y, ya no hablemos más de esto, solo… solo abrásame.

Las piernas de la castaña comenzaron a perder fuerza y Loki tuvo que sostenerla para evitar que ella cayera de lleno en el suelo. La bajó lentamente, para luego recargarla sobre de él, mientras él estaba sentado en el suelo.

El tiempo en el prado siguió su camino y el atardecer comenzó a llegar. Loki alzó los ojos, viendo como el cielo comenzaba a tornarse rojizo, algo que le pareció tan bello. Comenzó a jugar con los cabellos de la mujer, la cual comenzaba a respirar con pesadez mientras se aferraba más a él, haciéndose un ovillo entre sus piernas.

— No quiero morir… — pareció susurrar tras un momento.

Loki bajó el rostro, notando como unas lágrimas rebeldes seguían cayendo por sus mejillas.

— ¿Disculpa? — preguntó mientras comenzaba a limpiarles el rostro.

— ¡No quiero morir! — exclamó la mujer mientras se giraba y escondía en el pecho del dios.

"El fin ya está cerca y ella ya lo ve venir" le dijo su guardián con voz seria.

El corazón de Loki comenzó a latir a mil por hora.

— ¡Aun hay cosas que quiero hacer, mucho que vivir! — continuó la mujer mientras se seguía aferrando al pecho del dios, con fuerza y desespero. Loki la rodeó con los brazos.

» ¡Quiero ver crecer a mi pequeño! ¡Verlo graduarse, que se case y tenga hijos! ¡Quiero envejecer a tu lado!

Loki la estrujó con fuerza, rompiendo en llanto, mientras la mujer hundía su rostro en el pecho del hombre, buscando todo el consuelo que había perdido. Cada palabra y reclamo que hacia la mujer le calaba en el alma, la impotencia y el enojo lo invadían. ¿Cómo es que, siendo el hechicero más fuerte, no podía salvar a la mujer que más amaba?

Solo en esos momentos, Loki se permitió llorar, amarrando a su mujer a su propia existencia.

El sol comenzaba a esconderse poco a poco, dándoles lo que quedaba de luz de lleno.

— Loki — la voz de ella comenzaba a apagarse poco a poco, el hombre podía sentir como el hilillo de magia que los unía se iba rompiendo poco a poco. — Nunca me has dicho que me amas… ¿Me amas?

La magia se le iba de las manos, al igual que la vida de la mujer. Lo que más quería en ese momento era tiempo… Tiempo para poder hacer algo, tiempo necesario para encontrar como curarla, tiempo para poder convivir más con ella… Tiempo para vivir a su lado y cuidar de ella.

La atrajo más a él, besando su cabeza con ternura, para luego tomarla de la barbilla y plantarle un profundo beso sobre los labios. Aquel roce fue con ternura y fervor, como buscando tatuarlo sobre sus labios y que nunca lo dejaran.

— Te amo — le susurró una vez que se apartó, posando sus ojos en los de ella, grabando en su memoria aquel brillo y color que él tanto amaba.

Ella le sonrió con mucho esfuerzo.

— Es lo más hermoso que pudieras haberme dado, Loki…

Y tras decir esto, sus ojos se cerraron y el abrazo de ella se fue debilitando. Poco a poco su pulso se fue perdiendo y su respiraron se fue extinguiendo.

El moreno la aferró más contra él, mientras comenzaba a darle pequeñas sacudidas intentándola hacerla reaccionar. Más la mujer no parecía despertar. Soltó un potente alarido, desgarrador y lleno de dolor, luego pensó en el único lugar en donde lo podrían ayudar, para luego transportarse ahí.

Apareció en medio de la sala de espera que daba al cuarto de Sophie, en donde todos los vengadores se hayan reunidos, al parecer vencidos al no encontrar a la mujer por ningún lado.

Al verlo llegar, los doctores se acercaron hasta donde estaba él, lo intentaron apartar de la mujer, mas este se negaba a toda costa.

Y tras unos minutos de revisión, se confirmó lo que él más se temía: Sophia había muerto.

En ese momento, sintió como todo su cuerpo dejaba de funcionar. Y fue ahí que comprendió lo que era estar muerto. Porque en el momento en que ella se fue, se llevó la vida de él.


XX. "Cuando despierte".

Evanescence – My immortal: watch?v=I0Q4qoJBGB0

Trinity Blood OST – Grief: watch?v=c3GNmU9UPQs (esta inspiró esta escena)

Thor, Tony, Steve y él mismo cargaron el ataúd fuera de la carroza fúnebre hacia el sitio en donde la enterrarían. Alberick estaba sujeto a la mano de Sage, llevaba un traje de color gris y en su otra manita sujetaba un lirio de color azul. Su rostro sin ninguna emoción.

Todos a su alrededor lloraban, llenos de tristeza. Pero él, ya no tenía nada más que llorar, había agotado sus lágrimas el día en que ella se murió en sus brazos. Sus paso eran firmes, su cuerpo reaccionaba como comúnmente lo hacía, pero su mente no estaba ahí, se había esfumado fuera de aquel lugar.

Llegaron al lugar designado, el cual estaba adornado con flores de miles de colores, grandes coronas adornaban el lugar y una foto de tamaño considerable estaba en medio de todos aquellos adornos. El sacerdote estaba situado al lado, esperando para dar inicio a los ritos que los mortales hacían en esos casos. Hubiera querido hacer algo a lo que él estaba más acostumbrado, un entierro asgardiano, pero él ya no pertenecía a Asgard, ya ni siquiera era inmortal. Ahora debía de acostumbrarse a sus ritos de humanos.

Colocaron el ataúd sobre las tablas que estaban situados en el suelo. Una vez todos volvieron a con sus respectivas familias, el sacerdote comenzó con los ritos.

La mano de Alberick se ceñía con fuerza sobre la suya, como buscando su atención. Loki enfocó sus ojos sobre el pequeño a su lado y vio como este miraba al frente, con seriedad y una leve curiosidad, podía apostar que el pequeño alcanzaba entender todo lo que estaba pasando, era un niño inteligente después de todo.

Una vez que todos guardaron silencio, Loki comenzó a sentir un enorme agujero en el corazón. Todos estaban contemplando el lugar donde yacía el cuerpo sin vida de Sophie, como si esperaran a que en cualquier momento ella fuera a levantarse para decirles alguna frase tan fuera de lugar, o decirles que fuera una broma.

Pero aquello era imposible.

Su puño se cerró con fuerza mientras contemplaba el lugar. Aun no lograba comprender porque la mujer había tomado aquella decisión. Él había podido haberla salvado, hubiera podido quitarle toda enfermedad. Pero en vez de eso, decidió dejarse morir, dejándolo a él y a su hijo solos. Lo que le llevaba a cuestionarse: ¿Qué demonios haría él con un niño? Nunca antes había cuidado de un niño, de hecho ninguno de sus otros hijos fue criado por él, no tenía ninguna experiencia como padre, no sabría qué era lo que tenía que hacer.

Sintió como un tirón de su pantalón lo sacaba de sus pensamientos y preocupaciones. Giró con lentitud, con movimientos torpes y pesados, no tenía ningún interés en nada de lo que le rodeaba. Los ojos azules de Alberick brillaban, observándolo con mucho detenimiento. Su rostro mostraba una media sonrisa.

— ¿Cuándo nos iremos? — preguntó con curiosidad.

— No lo sé — respondió por inercia, no sabía que vendría después de eso en realidad.

El niño volvió a insistir con su pantalón haciendo que Loki arrugara un poco el ceño en protesta.

— Es que quiero irme a jugar — confesó el niño con un frágil tono de voz, pero debido al silencio era audible para todos.

— No es el momento, niño.

— Lo se… — le sonrió mostrando sus diminutos dientes, era una sonrisa radiante, algo fuera de lugar con ese momento. — Lo será cuando despierte mamá… Ya que nos podremos ir… Loki, quiero jugar contigo y con mamá…

El corazón del moreno se contrajo ante aquellas palabras, las cual el menor recitaba como si no entendiera la gravedad de estas. Toso los presentes giraron el rostro hacia la ahora rota familia.

— Últimamente mami a esta mucho acostada… Supongo que estaba cansada… Pero cuando despierte estará más que repuesta y podremos jugar con ella, ¿No es verdad?

El corazón de Loki se hizo trizas y su fuerza de voluntad se quebrantó. No pudo soportarlo más y se dejó caer de rodillas y, sin importar quienes lo observaban o si sus lágrimas se habían agotado, se aferró a su hijo y se soltó a llorar con amargura.

El pequeño lo observó con sorpresa y le correspondió con dulzura, esa que solamente el niño podía darle, porque a pesar de que le hubiera gastado bromas, lo hubiera molestado en incontables ocasiones, Alberick siempre había estado ahí, a su lado, mostrándole cariño, diciéndole que lo quería o que le divertía estar con él. Y aunque solo una vez le hubiera llamado padre, Loki no podía olvidar que el pequeño era su hijo y era lo único que le quedaba.

— Tranquilo Loki, mami no tardara en despertar — le dijo con una enorme sonrisa en su rostro, haciendo que el corazón se le contrajera más, su llanto era silencioso, pero constante. — Y cuando lo haga, la podrás besar como siempre lo haces…

Y fue ahí que comprendió que estaba completamente vulnerable. No sabía que sería de su vida de ahora en adelante y no se creía capaz de siquiera de hacerse cargo de su hijo.

Sophia se había ido y se había llevado su poder, su inmortalidad y su vida con ella.

Ya nada tenía sentido para él, nada.


Ha terminado... Este es el capitulo final... No me maten por lo que hice, pero siempre tenia pensado así la historia... Esta y otra maldita canción de Alter Bridge me inspiraron para esta escena, yo solo fui agregando todo lo que restaba... Sophia murió y Loki quedó completamente solo con su hijo...

Déjenme decirles algo... mientras la historia avanzaba, quería llegar al final puesto que quería saber hasta donde podía llegar y como podía seguir con la historia original y gracias al cielo lo logré, hubieron algunos pequeños cambios pero todo siguió igual... Mas algo mas se agregó. Durante el tiempo que escribía esto, una idea descabellada surgió... que puede que sea algo exagerada, pero terminara explicando muchas cosas que aun quedaron inconclusas. Pero esto se lo dejo a su completa consideración.

No se que les parezca un epílogo... A mi si me gustaría seguir escribiendo sobre esto, mas solo puedo agregar un capitulo mas... Solo para concluir, con formalidad, todo esto. La idea de este epílogo surgió gracias a la otra canción que me inspiró a este fic, lo cual me pareció una buena idea... Espero a ustedes también les gusta esta idea ... Ya estoy empezando a escribirla, solo por capricho mio, para ver que tal queda con lo que quedó.. Pero bueno... Soy feliz porque al fin logre terminar algo... :D

Sobre Alberick... Esta imagen tenia en mente mientras lo describía y lo veía hacer las travesuras que hacia: imageshack. us/ a/ img442/ 6835/ hazza. jpg ...Ya saben, solo quitan los puntos y listo...

Quiero agradecerles a todas la personas que siguieron esta historia desde el principio y a las que se le fueron uniendo a través de todo este tiempo... Adoré ver todos los comentarios que dejaron mientras iba publicando... Gracias a los que solo leían... Espero que la hayan disfrutado tanto o mas que yo...

KariDz: Por donde empezar... El separarlos fue lo necesario. Ellos debían de estar lejos para que las cosas se dieran de esta forma. Para volver por ultima vez... Ahora Loki solo se quedó con su pequeño... Y aunque solo volvió 7 años después, solo logró convivir con ella 6 meses... Loki llega en Abril, aproximadamente y ella muere en Octubre, una semana después de su cumpleaños... Espero y no te de un infarto con este final... Y sobre el libro que mencionaste, me interesaría leerlo. Lo buscaré... Stark apareció en momentos claves ahora, hubo una escena que me divirtió mucho escribir y espero y disfrutes... Gracias por tu hermoso comentario...

nazareth: Wow... Que comentario tan largo... Muchas gracias! Como todo en la vida, tiene que llegar a un final... Es justo y necesario... Sobre Loki y Sophie, amé escribiendo esa escena, pero adore mas en escribir el final de este par en este capitulo... Sobre Amora, sip, la muy perra solo buscaba acabar con su vida, lastima que nuestro dios cayó en sus juegos. Si, Odín es un mal padre... Y de hecho no sabes todo lo malo que pudo a llegar a ser, aun hay cosas de él que me faltan explicar y que pienso poner en el epílogo, que si me gusta como queda y si ustedes quieren, lo puedo publicar xDDD... Frigga hace mucha falta, pero hay cositas que se encargó de hacer... Sobre tu pregunta... Odin si sabia de todo lo que Loki sufría, mas se hacia el de la vista gorda, le llegaban rumores, mas el nunca los verifico, hacia oídos sordos... Y gracias por tus felicitaciones, adoré cada una de tus palabras, hicieron que mi corazoncito de ogro latiera con fuerza *-*! Si, yo tmb amo el Thorki, de hecho tengo hartos a mis hermanos xDDD Y gracias por haberle tomado tanto cariño a Sophie... fue tan especial y tan complicado escribir sobre alguien mas al lado de Loki que no fuera thor que... No se, yo tmb la amé :D... Muchas gracias otra vez, por todo!

Katherine: Gracias por tu comentario... Jejeje.. nunca pensé que lo vieras de esa forma... Una película... No creo que seria bien tomada xDDD Es solo un drama mas, por esto lo escribo aquí xDDD... Si lo se, el capitulo anterior tuvo un poco de todo, por eso es uno de mis favoritos ... Me alegro que lo hayas disfrutado y pues aquí esta el capitulo ultimo... Gracias por acompañarme en esta historia :D!

Bueno eso seria todo... Sigo insistiendo, no me maten! Se los juro que aun hay puntos que aclarar, pero todo a su tiempo!

Me despido.. Nos leemos luego

Cambio Y Fuera ~