Dawn estaba en su despacho terminando los informes médicos de los heridos de Rumania. Esta era la parte que mas odiaba de ser medico: el papeleo. Daba igual lo que hiciera, parecía que no se acababa nunca. Ya se veía quedándose allí toda la noche porque la mayoría de los pacientes ya habían sido dados de alta y el ministerio de magia rumano necesitaba los informes. Al menos ya no tenía que sufrir por si Diana se quedaba mucho rato sola en casa. Era increíble los líos que podía llegar a crear esa simple niña, si se quedaba más de diez minutos sola. ¿No podía haber salido quieta, buena y pacifica? Ah si, cierto… Genes de merodeador.

Unos golpes en la puerta la distrajeron de sus pensamientos.

"Adelante" - dijo sin levantar la vista

"¿Doctora Caddel?" - pregunto una voz que no consiguió reconocer.

Dawn levanto la vista se encontró con un hombre rubio de ojos azul-grisáceo que le miraba con curiosidad.

"Soy yo" – respondió levantándose – "¿En que puedo ayudarle, señor...?"

"Vladimir Tepes, doctora"- dijo extendiendo la mano, que Dawn estrecho- "Pertenezco al Departamento de Control de Criaturas Mágicas del Ministerio de Magia Rumano."

"Siéntese, señor Tepes"- respondió Dawn – "¿Qué puedo hacer por usted? Supongo que esta relacionado con los pacientes que llegaron de la reserva de dragones."

"Así es"- asintió el hombre – "Quisiera saber que heridas presentaban los pacientes."

"Siguiendo el procedimiento habitual los informes estarán en su mesa en cuanto los termine"- Dawn miro la pila de informes haciendo un calculo – "Espero tenerlos todos mañana o pasado a mas tardar. Pero no creo que haya venido hasta aquí solo para eso..."

"Hay algo mas" - admitió- "Quisiera hablar, si no es inconveniente por supuesto, con la señorita Watters. Era la responsable del sector donde empezó el problema y necesitamos su versión de lo ocurrido"

"No veo ningún problema, siempre y cuando no la hacer esfuerzos muy grandes. Aun se esta recuperando y necesita descansar"

Tras ver que el hombre asentía Dawn se levanto, imitada por el hombre.

"Si me sigue le acompañare a su habitación"

O.o.O.o.O

Horas más tarde Dawn entro para ver como estaba Nataly. Nada mas verla se preocupo, estaba pálida y respiraba con dificultad. Con rapidez se acerco hasta su cama y la toco a ver si tenía fiebre.

"Nat ¿qué pasa?"

"Nada" - dijo respirando con dificultad.

Dawn busco entre los bolsillos de su túnica y saco una poción tranquilizante que dio a Nat. Una vez empezó a hacer efecto y vio que algo de color volvió a su cara se preparo para irse, pensando que su amiga necesitaba algo de tranquilidad.

"Dawn espera" - susurro Nat – "Quiero hablar contigo."

Dawn suspiro. No podía seguir aplazándolo más tiempo, era hora de que hablaran. Desde que Nat había llegado al hospital había estado evitando hacer cualquier tipo de mención a su pasado y sobretodo a Sirius. Pero no podían continuar omitiéndolo como si el tema no fuera con ellas, como si no tuvieran ningún tipo de relación con el preso fugado de la cárcel. Dando media vuelta se sentó en una silla al lado de su cama.

"¿Qué era eso?"- pregunto Nat para ganar tiempo

"Una poción tranquilizadora"- respondió encogiéndose de hombros Dawn – "Parecías necesitarla"

Nat alzo las cejas. Parecía que había cosas que no cambiaban. Dawn siempre había llevado millones de cosas en los bolsillos y en la mochila. Era increíble lo que podía entrar a pesar de que no tuvieran un hechizo agrandador.

"¿Qué te pasaba Nat?"- pregunto Dawn, cualquier tema era mejor que el que tenían pendiente.

"Me acaban de suspender de empleo y sueldo hasta que averigüen que ha pasado en la reserva. Ni siquiera puedo acercarme por allí."

"¿Y cuanto tiempo será?" - pregunto Dawn preocupada

"En teoría no mas de un mes, pero ya sabes como es la burocracia..."- suspiro Nat

"¿Y has pensado ya donde vas a quedarte?"

"Con mis padres supongo"- hizo una mueca – "Aunque cuando nos fuimos todos de casa creo que se mudaron a un piso mas pequeño...Bueno siempre puedo buscar sitio en el Caldero Chorreante"

"No seas tonta! Puedes venirte a mi casa. Hay sitio de sobra."

"¿De verdad?"- pregunto esperanzada Nat

"Pues claro, desde que Diana no está todo está demasiado silencioso y vacío. La compañía se va a agradecer." – sonrió Dawn.

"Gracias!" – exclamó Nat, sonriéndole de vuelta – "Me levantaría a abrazarte pero… Cierta doctora gruñona me lo tiene prohibido."

"Hay que ver los médicos de hoy en día" – le siguió Dawn la broma. Luego hizo una pausa antes de agregar – "Me alegra que estés de vuelta. No sabes cuanto te he echado de menos."

"Yo también a ti." – Nat hizo una pausa y la su expresión volvió a ser seria – "Aunque hayamos tenido que reencontrarnos en estas circunstancias…"

Dawn asintió y esperó unos instantes antes de preguntar : - "¿Qué pasó en Rumania con los dragones, Nat?"

"Fue esa misma mañana cuando me enteré de que Sir.." – hizo una pausa. Ni tan siquiera después de tantos años podía pronunciar su nombre – "que él se había escapado… Así que probablemente no estaba en lo que tenía que estar, me despisté y bueno… La cosa se descontroló y no pude evitar el caos…"

"Si es que te lo dije. Te dije que algún día esos bichos iban a freírte." – le dijo Dawn frunciendo el ceño, aunque no dejó de apretarle afectuosamente un brazo, para darle ánimos. Nat le agradeció enormemente que no insistiera en el tema de Sirius, y desde aquel momento quedó establecido el acuerdo tácito entre ambas de no mencionar para nada a los merodeadores y su pasado.

O.o.O.o.O

El barrio era muggle. Saltaba a la legua que Dawn no había podido desprenderse completamente de sus raíces. Seria bruja, como toda su familia, pero se había criado entre muggles. La casa estaba a mitad de la calle y se veía enseguida. De color amarillo claro, con las ventanas y la puerta azul destacaba entre el resto de casas de colores más típicos como azul o blanco.

A Remus no le había costado nada encontrar la dirección en el expediente de aquella curiosa niña que suponía era su hija. Nada comparado con lo que le estaba costando alzar la mano para llamar al timbre.

Sabía que si el carácter de Dawn no había cambiado (y dudaba mucho que lo hubiera echo) se exponía a ser descuartizado ahí mismo, pero necesitaba respuestas, explicaciones…

Pasaron un par de minutos más antes de que finalmente se decidiera a llamar. Casi al instante se oyeron como unos pasos se acercaban, y Remus, inconscientemente se tensó. Nunca unos segundos se les habían hecho tan largos. La puerta se abrió y se encontró cara a cara con una mujer que a pesar de no ser la que él esperaba, le era muy familiar.

"Hola Nat." – saludó con suavidad y con una inclinación de cabeza.

"Remus!" – exclamó ella sorprendida. Era la última persona que esperaba encontrarse del otro lado de la puerta. Estaba enterada por carta de cómo habían terminado las cosas entre él y Dawn, y de la existencia de Diana, y por eso su sorpresa era todavía mayor – "Como… ¿Cómo estás?"

"Bien… ¿Y tu¿Qué te ha pasado?" – preguntó viendo los muchos vendajes que cubrían todavía el cuerpo de la mujer.

"Problemas con los dragones. Gajes del oficio." – respondió ella intentando quitarle importancia – "¿Te puedo ayudar en algo?"

"Vengo a hablar con Dawn. ¿Está en casa?"

Pero antes de que la mujer pudiera contestar, se oyó una voz desde el interior. Una voz que el licántropo conocía muy bien.

"Si es el vendedor de aspiradoras otra vez le cierras la puerta en las narices y fuera problemas."

Nat miró con cara de circunstancias a Remus. No sabía que hacer. Sin embargo no tuvo tiempo para decidirse, pues Dawn se plantó en la entrada.

"¿Por qué tardas tanto? Eres demasiada buena con esta gent…" – las palabras murieron en su boca al ver quien aguardaba del otro lado. Remus vio como una mascara impasible y helada se colocaba sobre la expresión de sorpresa de Dawn. - ¿Remus?"

"Cuanto tiempo ¿verdad Dawn?"- preguntó Remus nervioso.

"¿Qué quieres?"- contestó secamente la mujer cruzándose de brazos.

"¿Me creerías si dijera que pasaba a ver como estabas?"

"No"- respondió Dawn con una voz tan helada como la mirada que le estaba lanzando- "¿A qué has venido?"

"Es… Es un poco complicado. ¿Puedo pasar?"

La puerta se cerró en sus propios morros antes de que pudiera oír ningún tipo de respuesta por parte de Dawn. Y ahí se quedó Remus, mirando la madera, y preguntándose mentalmente hasta que extremos podía llegar a cagarla.

"Vamos, no seas tan dura con él… Déjale hablar." – oyó la voz de Nat, que le llegaba a través de la madera.

"Y una mierda Nat! No quiero verle y mucho menos hablar con él!"

"Pues yo creo que tenéis una charla pendiente… Habla con él y descarga toda la frustración que llevas guardada desde hace tanto tiempo…"

No hubo otra respuesta. La puerta se volvió a abrir, descubriendo a Remus todavía en el mismo sitio.

"Tienes cinco minutos, así que vale más que hables deprisa." – le dijo con una seriedad escalofriante. Después detuvo a Nat, que se dirigía cojeando hacía su habitación – "Quédate Nat, seguro que no tiene que decirme nada que tu no puedas oír."

La mujer asintió levemente. No tenía ningún sentido contradecirla, y se veía claramente que no quería quedarse a solas con el hombre lobo. Así que siguió a Dawn y Remus hasta el salón, donde se acomodaron los tres.

"Verás… Este año he empezado como profesor en Hogwarts y…" – el licántropo se interrumpió, incapaz de continuar.

La expresión de Dawn cambió al instante. Ahora entendía lo que Remus hacía allí. Era por Diana. Aún así intentó desviar el tema de su hija, pues no tenía la más mínima intención de darle ninguna explicación al hombre.

"Vaya, así que Dumbledore ha sido lo bastante necio como para contratarte como profesor… Espero al menos que no te de por desaparecer de repente un día y dejar a tus alumnos sin el placer de tenerte cada día en clase." – dijo con una ironía mordaz.

Dawn recibió una mirada de reproche por parte de Nat. Si, sabía que no le estaba poniendo las cosas fáciles, pero desde su punto de vista el licántropo se lo merecía.

Remus, por su parte, se removió incomodo en el sofá. Se había quedado sin palabras. No sabía que decir a la mujer que tenía delante, que parecía estar furiosa. Para ganar algo de tiempo empezó a recorrer con su mirada el comedor donde se encontraban.

Encima de la mesa vio varias fotos mágicas. En la primera que vio salía Dawn, con un bebé en brazos, que reía mientras su madre le hacia cosquillas. Tenia el pelo castaño muy claro como el suyo y una marca en la mejilla igual a la que tenia el. Busco con la mirada otras fotos hasta toparse con una que debía ser actual. En ella se veía a Dawn y a la misma niña de once años que había visto en la ceremonia de selección. La niña miraba a su madre con una expresión en sus ojos azules que le resultaba familiar…Era la que el mismo tenía en las fotos de sus años de Hogwarts cuando aun era inocente.

Se volvió hacia Dawn quien le miraba con la cara completamente inexpresiva.

"¿Dawn¿Quién es…?"- preguntó con cara implorante, pero por alguna extraña razón no pudo terminar de formular la pregunta.

La mujer miró un instante a su amiga, quien ladeó la cabeza, dándole a entender que debía darle como mínimo, una explicación.

Dawn se acercó hasta la mesa y cogió el retrato antes de pasárselo a Remus.

"Esta foto es de este verano. Del día que cumplió once años."

Remus pasó los dedos por el marco de la fotografía. Dawn tenía una hija, una hija de once años. Remus abrió la boca.

"Como se te ocurra preguntarme quien es el padre te mato"-advirtio Dawn cruzándose de brazos- "Nació el 2 de Agosto de 1982 así que haz cálculos…"

Remus inspiro profundamente, no le hacia falta los cálculos, en la foto veía parte de el. Sabía que era su hija. De echo, lo había sabido desde que la había visto en el Gran Comedor el día de la selección, simplemente es que no tenía el valor de aceptarlo.

"¿Por qué no me lo dijiste?" – preguntó él al final – "Hubiera vuelto. Yo…"

"Desapareciste sin dejar rastro, maldita sea!" – explotó Dawn, dejando a un lado la tranquilidad helada de la que había estado haciendo gala hasta ese momento – "¡Desapareciste cuando más te necesitaba! Eres un maldito egoísta Remus, siempre lo fuiste y siempre lo serás. ¿Cómo se supone que tenía que decírtelo? Pusiste un jodido hechizo intrazable sobre ti para que nadie te encontrara! Y la verdad, poner un anuncio en el Profeta no me pareció lo más indicado."

"Pero también es mi hija…"

Dawn le lanzó una mirada furibunda que hizo que bajara la temperatura de la habitación unos cuantos grados.

"No es hija tuya"-siseó- "Me da igual que tenga tu sangre. No la has criado, no has estado con ella, no la conoces. Es MI hija, no tuya."

Remus trago saliva. Se sentía herido pero sabía que no podía hacer nada al respecto.

"Yo… Lo siento Dawn, de verdad. No sé que decir. Me comporté como un imbecil…"

"Demasiado tarde para pedir disculpas Remus." – le dijo ella seriamente, mirándolo con una expresión que helaba la sangre.

"Sé que no arreglaré lo que te he echo pasar estos doce años con un simple 'lo siento', pero es lo único que puedo ofrecerte…"

"Ahorrártelo, no quiero nada de ti." – Dawn se levantó del sofá que había estado ocupando hasta ese momento. - "Y ahora creo que ya sabes todo lo que quieres saber, así que te agradeceré que te vayas."

La mujer hizo ademán de abandonar el salón, sin tan siquiera querer acompañar a Remus a la puerta, pero se detuvo un momento para volverse y decirle :

"Diana sabe que tu eres su padre, pero no te tiene en muy buen concepto, así que te sugiero que vayas con cuidado… No te gustará verla enfadada. Ha heredado mi mal carácter." – hizo una pausa – "Adiós Remus."

Y cerró la puerta tras de si, sin esperar respuesta por parte del licántropo.

Remus se quedó donde estaba, tardando unos instantes en reaccionar. Después alzó la mirada para observar a Nat, que no se había movido de su sitio.

"Supongo que me lo merezco…" – suspiró

"Bueno, no esperarías un recibimiento con los brazos abiertos por parte de Dawn¿verdad?" – la mujer se encogió de hombros. Su voz tenía un ligero tono de reproche, pero Remus le agradeció enormemente que no le hablara con el rencor y el enfado con el que lo había echo Dawn. – "Cada uno hemos vivido estos doce años a nuestra manera y por separado, sufriendo en silencio… Dawn, además, ha tenido que cuidar de una niña, y ha tenido que lidiar con todo ella sola. No esperes que a la primera de cambio acepte tus disculpas."

"Pero… ¿Tu crees que me va a perdonar?"

"La Dawn de antes lo hubiera echo… Pero me temo que su carácter se ha oscurecido bastante como para hacerlo ahora..."

"Ya…" – Remus bajó la vista, abatido, y instantes después se levantó – "En fin, gracias por todo Nat… Cuídate."

"Tu también Remus… Y ánimos." – la mujer le dedicó una media sonrisa, que el licántropo correspondió con tristeza.

Cuando se oyó que la puerta de la calle se cerraba detrás del hombre, Dawn volvió al salón, y recibió una mirada crítica por parte de su amiga.

"¿Qué?" – preguntó todavía de mal humor.

"Nada, nada…" – suspiró Nat.

O.o.O.o.O

Hogsmeade seguía como siempre, como si apenas hubieran pasado un par de días desde la última vez que había estado allí.

A Sirius no le costó en absoluto ubicarse, y pronto estuvo establecido. Encontró una pequeña cueva en las afueras del pueblo donde podía dormir por las noches y recuperar su forma humana cuando permanecer más tiempo como perro se le hacía insoportable. Los vecinos del pueblo le conocían y le proporcionaba algo de comida a cambio de unas cuantas payasadas del enorme perro negro, al que encontraban la mar de gracioso.

Así pasaban los días, entre la cueva y los callejones del pueblo, esperando el momento idóneo para ir hasta Hogwarts y triturar a la rata asquerosa de Peter.

Ese era uno de tantos días en los que Sirius iba de camino a buscar algún vecino que le proporcionara el menú del día. Intentaba decidir si ir a llorarle a Rosmerta o si por el contrario era mejor ir con el dueño del restaurante más caro cuando la vio.

Allí estaba ella, hablando sonriente con Rosmerta, delante de las Tres Escobas… El corazón de Sirius dio un bote dentro del cuerpo perruno en el que se encontraba. ¡Era Nat!

Casi sin pensarlo, y aún a riesgo de ser descubierto por la mujer, que conocía a la perfección su forma de animago, se acercó un poco más. Necesitaba verla mejor.

La descubrió bastante más mayor de lo que recordaba, con el pelo más corto, la piel más bronceada… Tenía una leve cicatriz en la mejilla derecha y otra en el brazo. Pero a pesar de todos los cambios, seguía conservando esa sonrisa que le había conquistado.

Pronto estuvo lo suficientemente cerca como para escuchar la conversación entre las dos mujeres.

"Vaya si ha pasado tiempo¡a penas te he reconocido!" – decía Rosmerta.

"He estado en Rumania, en la reserva de dragones."

Sirius puso los ojos en blanco. Al final se había salido con la suya y se había ido a trabajar con esos bichos…

"¿Y que te trae de nuevo por aquí?"

"Bueno, Dawn tenía unos asuntos personales que atender en Hogwarts, y yo he aprovechado para venir a recordar viejos tiempos."

"Bien echo! Anda entra, que te voy a invitar a una cerveza de mantequilla y seguimos hablando."

Nat asintió y siguió a Rosmerta al interior del local, pero al girarse para cerrar la puerta de la calle, su mirada se cruzó con la del perro negro, que la seguía observando.

La mujer se quedó helada en el umbral, con una mano en el pomo de la puerta, con la vista fija en el animal. Sirius tampoco se movió, y la siguió observando seriamente. El tiempo parecía haberse detenido.

Un grupo de niños que pasó corriendo por la calle les sacó a ambos de sus ensoñaciones, y cuando hubieron pasado, el perro negro había desaparecido. Nat parpadeó un par de veces, intentando convencerse a si misma que todo había sido una mala jugada de su imaginación…

O.o.O.o.O

El despacho de Dumbledore no había cambiado ni un poco. Seguía siendo un caos de cacharros y artilugios de lo más raros.

"Bienvenida de nuevo a Hogwarts, señorita Caddel." – le sonrió el director con su habitual sonrisa – "Siempre tan puntual."

"Lo intento."

"Bien… Como bien sabe no acostumbramos a permitir las visitas los padres de nuestros alumnos… Pero con usted voy a hacer una excepción, dadas las circunstancias."

"Se lo agradezco mucho, profesor."

Dumbledore asintió : - "Espere aquí, voy a ir a buscar a su hija."

Cuando se quedó sola en el despacho no pudo evitar preguntarse si estaba haciendo bien… Pero consideraba que su hija debía saber los acontecimientos recientes que habían sucedido con su padre…

En ese momento, se abrió la puerta de golpe haciendo que diera un bote. Girándose se encontró con Severus Snape.

"¿Qué...?" -empezó a preguntar el hombre antes de ver quien era y poner una expresión de asco en su cara – "Claro Lupin sigue pensando que las reglas se aplican a todos menos a el, y que puede traer a sus noviecitas al colegio cuando le de la gana… ¿Qué haces aquí Caddel?"

"Mi presencia aquí no tiene nada que ver con Lupin." - respondió Dawn levantándose enfadada, ese hombre le sacaba de sus casillas – "Y el profesor Dumbledore me ha dado permiso para que vea a mi hija."

"Ah ya… Tu hija…" – sonrió Snape con cinismo.

Dawn se le acercó, con furia en los ojos : - "Mira Snape, yo no te gusto y tu no me gustas a mi. Pero mi hija no tiene la culpa de nuestras diferencias. Así que cuidado en como te portas con ella…"

"¿No te gusto? Vaya, no sé si podré soportarlo." – dijo el hombre con sorna.

"No es que no me gustes, es que me eres completamente indiferente Snape. Me da igual lo que hagas o dejes de hacer con tu vida. Solo teníamos una cosa en común y lleva muerta doce años."

El nombre de Alex quedo pendiendo entre los dos, nadie lo había mencionado, pero fue como si lo hubieran dicho en voz alta. Dawn vio como los ojos de Snape se entrecerraban de furia.

"Escúchame y hazlo atentamente porque no lo voy a repetir Snape" - siseó Dawn dándole golpecitos en el pecho – "Ella era mi amiga, mi hermana y todo eso que llamáis cursiladas Gryffindor así que si descubro que tuviste algo que ver en su muerte, te arrancare las pelotas y te las haré tragar. Y seguro que puedo hacer que te asfixies con ellas ¿Entendido?"

Severus levanto una ceja como diciendo ¿tu y cuantas mas?

"No me provoques" - le advirtió Dawn.- "Puede que sea una gryffindor pero crecí con una slytherin, te aseguro que no me quieres ver enfadada. Y la misma amenaza va por si le pasa algo a Harry. Alex era su madrina, habría querido que tu le protegieras."

Snape se giro y salió de la habitación sin mirar hacia atrás, sin siquiera darle una contestación a la mujer, que aún así, se dio por satisfecha.

En ese momento entró Dumbledore seguido de Diana.

"¡Mamá!" – exclamó la niña cuando la vio, y corrió a abrazarla.

"Hola cariño." – Dawn sonrió de verdad por primera vez en todo el día mientras acariciaba suavemente el pelo de su hija.

El director se fue del despacho, dejando a madre e hija solas.

Cuando la niña se separó de ella se dio cuenta que llevaba un pijama muy curioso, en el que, en la camiseta, un dragón pequeño movía las alas y lanzaba llamaradas.

"¿Y este pijama?"

"Me lo ha enviado tía Nat." – explicó la niña con una sonrisa – "¡Todos me envidan! Es el pijama más guay de todos!"

Dawn puso los ojos en blanco. Nat le había comentado que iba a mandarle una cosa a la niña… Pero de ahí a mandarle un pijama donde revoloteaba un dragón… Solo a ella se le ocurría algo así.

"Bueno Diana.. Vengo a decirte algo. Tu padre vino a verme el otro día."

"Ese señor no es mi padre, mamá, ya te lo dije."

"Lo sé, lo sé… Sólo que he creído conveniente decirte que él ya sabe que eres su hija, así que supongo que intentará hablar contigo…"

"Me da igual, voy a ignorarle." – la niña sacó la lengua en una divertida mueca, cosa que hizo reír a Dawn – "Además es un aburrido, sus clases son un rollo."

"Me alegro que te lo tomes así de bien, hija… Estaba preocupada por como iba a afectarte la presencia de Remus en el colegio."

"No te preocupes mami, yo sé como tratarle." – la niña se dio un golpecito en el pecho.

Dawn rió. A saber de donde sacaba su hija esas frases…

"Me dejas mucho más tranquila. Y ahora tengo que irme, que tu tía Nat me está esperando en Hogsmeade."

Tras despedirse, la niña dio un salto para bajar de las rodillas de su madre, donde había estado sentada, y casi sin mirar atrás salió del despacho para volver a la torre de Slytherin.

O.o.O.o.O

Bueno gente! Aquí tenéis otro. Hacía tanto tiempo que no escribía nada de este mundo, que ahora me apetece más y voy más deprisa jejeje. ¡Espero que os guste! Muchas gracias a todos por los reviews! Seguid dejandolos plis! Que con vuestras hipótesis y teorias sobre lo que va a pasar me dais ideas para continuar :P

Hay que decir que, de nuevo, mucho de este capítulo es mérito de Mereth. Yo solo me limito a juntar trozos y agregar cosas para que todo tenga una minima coherencia. Espero que quede bien!

Y… Nada más por ahora… Sólo que decir de nuevo que espero que os guste y sigais dejando reviews!

P.D : Entenc perfectament el català carleta, no hi ha problema