Epilogo

El Castillo de Edward
Un año más tarde

Se asomó a la ventana, mientras observaba como salía el sol. Era una vista de la cual nunca se cansaba, un milagro por el que nunca se sentiría lo suficientemente agradecido. Durante los primeros días después de haber recobrado su humanidad, había pasado largas horas gozando del calor del sol, sintiendo su calidez en su rostro mientras paseaba por los jardines, o se sentaba en el banco en el centro del laberinto, reflexionando sobre su pasado, esperando con ansia el futuro. Observó como el cielo se iluminaba por la luz del día, venciendo a la noche. El sol, tan brillante y bello. Su calor había desterrado las últimas oscuridades de su alma.

Habían cambiado muchas cosas durante el último año. La hermana de Bella, Alice, había dado a luz a gemelos. Black había decidido efectuar un viaje alrededor del mundo. Carlisle se había casado con la madre de Bella y se había mudado a su casa. Un suave arrullo distrajo a Edward de su observación del amanecer. Volviéndose de espaldas a la ventana, cruzó la habitación.

- Shh, pequeña. Tu mamá necesita dormir - Sonrió mientras levantaba de la cuna a su hija recién nacida – ¿Cómo amaneciste, mi bella Reneesme? ¿Has dormido bien?

Ella era otro milagro, pensó con su corazón rebosante de amor mientras estrechaba con suavidad al bebe entre sus brazos. Todavía no podía creer que fuese suya, que después de cuatrocientos años de oscuridad, hubiera podido engendrar una niña fuerte y saludable, con el pelo cobrizo y ojos chocolate, cuántos milagros en su vida, reflexionó. Ciertamente, su vida era el mayor milagro de todos. Se recordó yaciendo sobre el altar, ahogándose en la oscuridad, oyendo la voz de Bella llamándole de regreso desde el mismo borde de la eternidad, el sentir sus lágrimas como si fueran lluvia sobre su cuerpo.

El milagro de su amor. Todavía le asombraba que ella pudiera amar al hombre que había llegado a ser. No echaba de menos la oscuridad, pero algunas veces el haber perdido la habilidad de leer los pensamientos de Bella, el poder saber qué era lo que ella estaba pensando. Ahora era un misterio para él, como cada mujer era un misterio para el hombre que la amaba. Bella. Su amor era para él el mayor milagro de todos. Con una sonrisa, depositó a su hija dormida en su cuna, luego cogió el diario en el cual una vez había escrito sus oscuros pensamientos. Era hora de escribir una nueva entrada:

La redención
Los siglos de oscuridad
Habían cubierto mi alma como un manto
Había olvidado el calor
Y la belleza del sol;
En soledad
Vagué por la tierra
Esperando
Deseando
Soñando

La redención;
Yendo en busca de un solo fin
Mitigar el hambre
Sólo eso
Engullido por el dolor
Sóo eso
Atormentado;
Durante siglos
La noche fue mi día
El día fue mi noche
No había nada más
Ese era todo mi mundo;
Hasta que llegaste tú...
En tu sonrisa encontré esperanza
En tu amor
El perdón
Y ahora la luz
Que una vez me fue negada
Brilla para siempre
En tus ojos.

En el capítulo extra voy a poner otras de las reflexiones de Edward espero les guste...

gracias a tod por sus review mw gusta mucho que les haya agradado la historia espero y les agrade este epílogo...

suerte.