Capitulo 29
LA VIDA SIGUE
Natalie se fue a su querida escocia, su padre desafortunadamente no pudo ir personalmente por ella, pero en cuanto le llego la misiva de la chica, no dudo ni por un momento cumplir los deseos de su hija. El viaje que auguraba ser bastante largo y acababa de empezar.
Mientras en la mansión de los Andley, la anciana hacia todos los preparativos para que su sobrino asistiera a la nueva escuela, los días que faltaban para que el muchacho partiera se las había pasado en su habitación, deprimido, meditando en su Candy. Pero en una ocasión, subió al tercer piso a esa habitación, donde había llevado a Candy apenas un tiempo atrás.
querida Candy, que es lo que paso, después de lo que ocurrió entre nosotros, ¿Por qué ahora estamos lejos? ¿Por qué huiste después de esa noche maravillosa que pasamos en esta habitación? ¿y si estas embarazada? – se alarmo- Seria hermoso, si eso pasara estoy seguro que me lo dirías, aunque estés con Terry.
Pasaron unos días y ya no lloraba, pensó detenidamente si comunicar o no su decisión a sus primos, pero no quiso una despedida dolorosa, así que solo les dejo una carta.
Pasadas unas semanas, Natalie ya estaba instalada y acostumbrándose a su nuevo ritmo de vida, en el san Leonard era muy similar al san Pablo, pero en esta ocasión, no encontró a ninguna rubia que se convirtiera en su mejor amiga, se había encerrado en un silencio y solo hablaba lo necesario, pero las chicas del nuevo colegio eran sumamente amables y una de ellas era una amiga de la infancia.
-no sé qué es lo que te ocurrió Natalie pero tú no eres así, porque no tratas de salir de ese caparazón y te abres a las amistades – decía su antigua amiga, una chica de pelo rubio, lacio, de ojos azules, delgada y muy refinada.- vamos Natalie, si no quieres contarme que te ocurre, no hay problema, pero por favor no evites que te ayuden, las chicas y yo deseamos verte alegre, como cuando éramos niñas.
-discúlpame Margaret pero la verdad…. –se cristalizaron sus ojos- por favor ahora no,- se retiro del lugar a toda prisa
-pobre Natalie ¿Qué le abra ocurrido para que este tan triste? Amiga ¿Cómo te puedo ayudar? – se dijo Margaret mientras veía a su amiga alejarse.
Natalie fue a un jardín de rosas con que contaba el colegio, se sentó en una banca que adornaba el lugar, suspiro y bajo la mirada, de pronto observo una cara conocida, sintió que el corazón se le salía del pecho al notar de quien se trataba pero que está haciendo el aquí se preguntaba, su cuerpo reacciono antes que su mente y cuando ella se dio cuenta ya estaba frente a aquel chico.
Mientras tanto, aun en Inglaterra una pequeña pecosa, encontró a un trio de hermanitos que a escondidas de su padre, la dejaron dormir en el establo y compadeciéndose de ella le habían llevado alimento, estaba feliz por la bondad de sus amiguitos, pero de pronto el padre los encontró y furioso reclamo, pero en ese momento, la más pequeña de los hermanos, cayo desvanecida, en contra de la voluntad del padre, el hermano mayor y Candy salieron presurosos en busca de un médico, cuando lo encontraron y lo llevaron, este pudo estabilizar a la pequeña, y cuando se iba a retirar después de ver a su paciente fuera de peligro, en ese momento, las imágenes que veía la rubia comenzaron a dar vueltas, se sostuvo de una mesita que tenía a la mano y antes de que cayera, se sentó en el suelo, el galeno la vio y corrió en su auxilio, el padre de los muchachos, estaba agradecido con Candy y se preocupó de que casi se desmaya, la ayudo a incorporarse y le dijo que se recostara en la cama, a lo que ella obedeció de inmediato, una vez recostada, el doctor la inspecciono bien.
-y dime muchacha ¿es la primera vez que te ocurre esto o ya había pasado antes? –le decía mientras la examinaba.
-a decir verdad, no, ya me había ocurrido antes.
-¿Cuántas veces?
-muchas ¿porque doctor? ¡es grave! –se alarmo.
-niña, no sabría decirte si es grave o no, apenas estoy revisando, pero no es normal que una persona se maree muy seguido, recuerda que si hay algún dolor o algo extraño es que nuestro cuerpo, este nos grita que algo le ocurre, y hay que ponerle atención. ¿Por qué no habías acudido a un médico antes? – se preocupó el médico.
-la verdad es que… no tengo dinero para ello- dijo triste.
-te comprendo, has tenido algún otro síntoma.
-no.
-hija, estas muy pálida, ¿con que te has alimentado últimamente? ¿Has comido a tus horas y lo adecuado?
-la verdad no
- pues al parecer es solo debilidad por la falta de una alimentación adecuada – dijo cuando termino su revisión.
-¿está seguro? – pregunto pues ella tenía otra sospecha.
-¿hay alguna razón por la que pueda ser otra cosa? –pregunto suspicaz.
-bueno yo… -se avergonzó un poco.
-vamos niña, soy un doctor debes tenerme confianza ¿Por qué dudas de lo que yo te digo?
-bueno… es que… -miraba el piso- ¿Por qué otra razón es muy común que una mujer se maree?
-sospechas que puedes estar embarazada.
Ella solo siguió con la mirada en el suelo y asintió con la cabeza.
-lo dudo –rió- pero no está demás hacerte una pequeña revisión te hare unas preguntas.
Después de un interrogatorio muy personal y otra revisión, por fin el medico concluyo.
-no niña, no te preocupes, por ahora no serás mama afortunadamente, porque eres muy joven.
Candy sintió una mezcla de alivio y decepción, pues ya en su mente la idea de estar embarazada le rondaba, aunque eso la alegraba y asustaba, pero al oír que no lo estaba pues se entristeció.
-muchas gracias doctor –dijo con decepción.
Después de eso la pecosa se las ingenió con ayuda de un amigo, para poder llegar a América, y de polizón en un barco carguero, llego por fin a su patria.
Pero lejos de ahí, en Escocia, Natalie sentía una enorme emoción de ver al rubio que amaba, pues pensó que jamás lo tendría nuevamente frente de ella.
-¿Anthony? –sintió sus piernas doblarse.
-eh –volteo a ver – hola Natalie ¿Qué haces aquí? – se sorprendió
-lo mismo digo –ahora su semblante era de alegría, su corazón latía más rápido de lo normal- he venido a estudiar a este colegio, en mi patria. ¿y tú? Creí que seguías en el san pablo.
-no – bajo la mirada y entristeció.
-disculpa – le dijo al ver su reacción.
-no te preocupes Natalie, pero dime ¿por qué te cambiaste de escuela?
- bueno… -bajo la mirada-
-creo que no es un buen momento para hablar, ¿no es así? –sonrió con tristeza.
-creo que así es.
Después de ese día Natalie y Anthony, se habían hecho muy amigos, platicaban de sus vidas y Anthony cada vez que hablaba de Candy no podía evitar entristecerse, pues a pesar de que se hacia el fuerte la verdad era que le dolía, ambos habían omitido detalles del porque se habían cambiado a ese colegio.
Pasaron así meses, y Candy ya estaba decidida a estudiar enfermería con una amiga de la señorita Poni, por fin encontró su vocación, seguro sería una excelente enfermera, aunque se esmeraba en estudiar y trabajar día y noche para no pensar en Anthony, lo cierto es que aun dolía, y aun lo amaba, lo necesitaba y añoraba. Archí, Stear, Anne y Paty, junto con los hermanos legan, habían regresado a América y por supuesto que lo primero que hicieron fue buscar a Candy, se alegraron al verla menos triste de como partió, los chicos querían decirle sobre Anthony, pero no querían que se esfumara la poca dicha que Candy tenia, después de todo cuando ella se sintiera mas fuerte, se atrevería a preguntar por su primo, pues aunque se moría de ganas de preguntar, no se atrevía.
En cierta ocasión, Candy vio en un periódico la fotografía de Terry, empezando como un prometedor actor, donde decía que se presentaría en chicago, ciudad donde Candy vivía, a ella le dio mucha alegría, el sueño de Terry, se hacía realidad, no pudo evitar el salto de su corazón al saber nuevamente de el, fue a su presentación, pero para su mala suerte entre tanta admiradora el no pudo notar su presencia, además de que iba acompañado por su coestelar una atractiva dama de nombre Susana.
Como no pudo verlo y el mar de admiradoras la habían dejado maltrecha, se enteró del hotel en que se alojaba, se dirigió a este, pero Terry no estaba, en su lugar apareció la actriz, quien no le dio informes del joven inglés, quería saludarlo, saber cómo estaba, agradecerle lo que había hecho por ella, pero esa noche no iba a ser el encuentro con su amigo, decidió regresar al hospital donde vivía y ¡oh sorpresa! Ahí, esperándola, estaba aquel amigo incondicional, se alegró de sobremanera el verlo y corrió a sus brazos, mismos que Terry extendió para recibirla, se fundieron en tan memorable gesto de cariño, y cuando se terminó el abrazo, se miraron con alegría y por fin pronunciaron palabra.
-qué alegría me da verte Terry –decía emocionada.
-pero Candy ¿Qué es lo que haces aquí? Te hacía en el colegio – se sorprendió.
-yo… yo huí.
-pero ¿por qué hiciste eso? ¿Qué fue lo que te paso? –pregunto al ver su reacción.
-preferiría no hablar de eso – dijo triste.
-claro señorita pecas – nada opacaría la felicidad que sentía.
-estuviste maravilloso, veo que estas triunfando.
-muchas gracias, y veo que tu – miro el hospital- has decidido tomar las riendas de tu vida –le tomo la mano.
-así es, decidí ser enfermera.
-pobres pacientes –abrió los ojos grandes.
-Terry.- lo reprendió.
-jajaja no te enojes sabes que lo digo con cariño.
-que gracioso jum.
-sabes que me gusta mucho ese gesto que haces – se acercó a ella y le tomo la nariz. Candy se ruborizo.
-Terry, tu nunca cambias, y dime ¿cuánto tiempo estarás en la ciudad?
-mañana partimos de regreso a new york
-mañana –dijo con decepción.
-si por mi fuera me quedo en el hospital para que cierta enfermera, bueno aspirante de enfermera, me cuide –guiño el ojo.
-que gracioso – dijo con ironía- ¿A qué hora partes?
-temprano, aunque me gustaría quedarme mucho más.
Así platicaron un buen rato de cosas triviales, Candy dijo a Terry que era hora de que entrara porque si la descubrían tendría serios problemas, que procuraría ir a la estación de tren a despedirlo, estaba muy contenta de encontrar a Terry, y el mucho más de haber visto nuevamente a su pecosa.
Camino al hotel, Terry se puso a pensar en algo que por la emoción no se había cuestionado. Seria que Candy, estuviera acompañada en chicago y si fuera así, porque esa familia tan apegada al qué dirán, permitía que Candy, estudiara para ser una enfermera esta situación era muy extraña, se repetía ¿sería que el jardinero también estuviera en América?
Ya no quiso pensar en eso, estaba feliz por ver de nuevo a Candy, se veía hermosa, aunque era relativamente poco el tiempo que la dejo de ver, lo cierto es que estaba bellísima, aun con su vestido rasgado y sin un zapato.
Al otro día Candy pidió un permiso para poder ir a despedir a Terry a la estación, le había dicho que a las once de la mañana salía su tren y a esa hora la rubia llegaba, buscaba por todos lados, de pronto sintió unos brazos por su cintura y su primer instinto fue voltearse y pegar con su pequeña bolsa de mano.
-abusivo –le dio fuerte- como se atreve hacer eso.
-tranquila soy yo
-¿Terry?
-si – le decía sobándose la cabeza –que traes ¿piedras?
-disculpa, bueno no, no debiste espantarme así, la disculpa la merezco yo.
-¿Qué? Si fui yo quien recibió los golpes, ya olvidémoslo, te invito un café.
-pero que no te ibas a ir ¿a qué hora sale tu tren?
-salía a la diez cuarenta y cinco.
-¿Cómo? –se sorprendió- entonces ¿por qué me citaste a las once?
-ya te lo dije, vamos por un café, el próximo tren sale hasta las cinco de la tarde
-está bien.
Los jóvenes se dirigieron a una cafetería y ahí sí que estaba decidido Terry a investigar, en donde estaba el jardinero.
-Candy –tomo un sorbo de café- ¿por qué abandonaste el colegio?
-Terry, no quiero hablar de eso.
-discúlpame, pero necesito saber ¿y… dónde está tu jardinerito? –De momento se le cristalizaron los ojos a la rubia.- ¿Qué ocurrió Candy? – se alarmo Terry, era obvio que algo malo pasó
-El… se quedó en Inglaterra –dijo con la vista en la taza de café.
-¿qué? ¿Ocurrió algo malo entre ustedes?
Candy no pudo contenerse y por sus mejillas rodaban unas pequeñas lágrimas, cosa que desconcertó a Terry.
-él y yo nos separamos.
-lo siento pecosa, seguro fue por lo del establo-le tomo las manos.
-eso y más, Elisa les dijo que nos vio en repetidas ocasiones y dio a entender que yo tenía una relación contigo- suspiro- y el… el no me creyó cuando quise explicarle como eran realmente las cosas.
-Candy lo lamento, pero si lo tuviera enfrente le rompería la cara por dudar de ti –decía muy enojado.
-claro que no Terry, no te lo permitiría, así no se soluciona nada.
-pero Candy, no es posible que no crea en tu palabra, que desconfié de mi lo acepto, pero de ti, eso es imperdonable, veo que no te amaba como decía, -estaba furioso- si escucho más a Elisa.
-no es solo Elisa, es más complejo, pero ya no quiero hablar, aun me duele.
-Candy, no sabes cómo me duele que sufras, si estuviera en mis manos…-Candy le puso el dedo índice en sus labios para que ya no continuara.
-no tiene caso ya, no hay remedio.
-¿estas segura? –surgió una esperanza en él.
-si hubiera querido por lo menos una carta me hubiera escrito ¿no lo crees? Es obvio que ya no quiere nada conmigo.
-Candy- le volvió a tomar las manos- sé que no es el momento, pero, dame la oportunidad de demostrarte que conmigo puedes ser feliz, te lo ruego.
-Terry –se sorprendió Candy.
-por favor pecosa que puedes perder, ahora estas libre, ese imbécil no te supo valorar, yo sé que sientes algo por mí, lo sé, o me lo niegas.
-bueno yo te quiero mucho.
-no digas más, lograre que descubras que me amas- le beso las manos.
-no lo sé, en este momento no quiero pensar en nada de eso.
-dame una oportunidad.
Continuara…
Holaaaaaaaaaa q gusto que sigan leyendo, lamento desilusionarlas, pero no hubo ninguna consecuencia ahora viene otra etapa de la historia espero que sigan leyendo
Que pasara con mi wero del alma y q pasara con Candy, aceptara a Terry?
Eso lo sabran en el próximo
Saludos y prometo actualizar rápido ;)
