Como pudo si quiera soñar que podría tener una oportunidad de ser feliz de nuevo. Era tan idiota que creyó que lograría una oportunidad para redimirse y quizás recuperar lo que alguna vez tuvo.
Estaba sufriendo como una masoquista cerca al único hombre que amo alguna vez y que ahora la aborrecía.
Su destino estaba escrito, por amor propio debía alejarse. Debía volver a Inglaterra.
Buscó su teléfono para reservar un vuelo a primera hora pero recordo que au estupidez era tan grande que había dejado su teléfono en la oficina. Jasper debia estar volviéndose loco llamando.
- Eres tan idiota Swan. - se recriminó.
Se quitó el vestido de miles de dólares que estúpidamente se compro para la ocasión. Su vanidad quería reflotar con fuerza gracias al estímulo que era Edward pero ya no era esa chica que amaba las miradas sobre su cuerpo. Se colocó un jean y blusa, cómoda para sólo bajar rápidamente por su teléfono.
Pasó junto a la habitación de Edward ya que era inevitable. Con mucho dolor recordó que esa habitación al igual que las otras dos suites habían sido alquiladas con anticipación. Edward había planeado esa noche pero no era tan estupida como para creer que fue por ella.
Llegar a su oficina no fue difícil, paso por la conexión que había por el vestíbulo.
Al entrar encendió las luces y se dirigió al escritorio, estaba segura que lo dejó sobre este pero no lo encontró. Confundida abrió el primer cajón llevándose la sorpresa de encontrar una botella pequeña de whisky sin acabar. No quiso darle importancia así que rebuscó en los siguientes cajones encontrando en el último dos botellas de licor sin acabar. Ya preocupada por su hallazgo se acercó a otros muebles aledaños encontrando más botellas escondidas detras de los libros.
- Edward... - suspiró al encontrar envolturas de cigarros también.
Se reprochó no haber notado antes la existencia de estas botellas. Pero si realmente no hubiera estado buscando jamás las habría notado.
Su teléfono sonó.
Recordó entonces eso había ido a buscar, se encontraba debajo del escritorio quizás se habia caído debido a las vibraciones. Tomó su teléfono donde efectivamente habían llamadas perdidas de su hermano.
Jasper de nuevo.
Respiró hondo, su hermano no debía sospechar nada.
- Hey Jas.
- ¿No estabas dormida cierto?
- No, la fiesta aún continúa.
- Entonces fue un éxito. - concluyó orgulloso. - Supuse que por eso no contestabas.
- La verdad es que si. El hotel está abarrotado, creo que debo dejar la suite pronto.
- Ya cumpliste Bella. Vuelve a Inglaterra.
Su hermano siempre insistía y esa noche se sentía especialmente sensible.
- El recital de Haley será en dos semanas. Tienes que estar aquí.
- Claro que iré. Nunca me he perdido ninguno. - le aseguró, le vendría bien un abrazo de su sobrina en ese momento.
La puerta sonó en ese momento.
- Te llamaré después Jas, me estan buscando.
- Esta bien. Adiós.
- Adiós.
Era extraño que alguien la busque por lo que recelosa abrió la puerta.
- Ed... los... - la mesera la observó sorprendida al comienzo y pareció no reconocerla. - Seño... rita Swan.
Sus ojos fríos eran inconfundibles.
- Esta oficina es mía. El señor Masen aún no puede disponer de ella.- Le informo secamente. - ¿Necesita notificarme algo?
- Los... los barriles de cerveza necesitan ser sacados del almacén pero todos estamos ocupados por eso buscaba a... el señor Masen.
- El esta ocupado. - recordó donde se encontraba en esos momentos con dolor. - Enviaré a alguien de otra área del hotel por los barriles.
- Esta bien. Gracias. - la mesera salió rápidamente del lugar.
Bella buscó a la recepcionista para delegar a alguien al almacén. Las cosas estaban empezando a ponerse caóticas en el hotel y Edward no estaba en su puesto por cogerse a alguna modelo.
Decepcionada por quién era el ahora regreso a la oficina para mantenerse alerta a lo que necesiten sus empleados. Le tocaron la puerta más de una vez y buscó soluciones y delegó funciones. Así pasaron las horas hasta que sin poder evitarlo se quedó dormida sobre su escritorio.
Un sonido la despertó sobresaltandola.
Confusa observó el entorno hasta que dio con el culpable. Edward estaba parado junto a ella buscando en los cajones del escritorio.
- No quise despertarte. - susurró él con claros signos de embriaguez.
- ¿Estas ebrio? - le preguntó sorprendida.
- No. - sacó la botella que buscaba.
Ligeramente tambaleante camino hasta el sillón del despacho donde se sentó a abrir la botella.
- No deberías estar bebiendo a estas horas.
- Ya acabo mi turno. El local esta vacío, puedo hacer lo que quiera. - se sirvió un vaso del líquido.
Bella suspiró decepcionada por su manera de actuar.
- No me mires así Swan. - gruñó molesto.
- Yo no...
- Que me guste beber no significa que sea un mal gerente. Todo salió bien esta noche.
- Hiciste falta. Por eso estoy aquí.
- Eso no es verdad. - gruñó.
- Coordine muchas cosas con Carmen durante las últimas horas por eso sigo aquí.
- ¡Deja de mentir!
Su estado no lo dejaba pensar con lógica pero si motivaba su agresividad por lo que lanzó su vaso contra la pared de su costado.
Bella saltó asustada.
-¡ Sólo dices estas mentiras porque me cogi a otra! - gruñó él levantándose tambaleante del sillón. - Siempre has sido vengativa. - lo último lo susurró amargamente sobre su rostro.
- Ed... -suspiró cuando tuvo su rostro amenazante muy cerca al suyo. Sólo el escritorio los separaba.
No se resistió y lo besó.
Fue un tímido toque con sus labios que le permitió sentir el sabor a alcohol de ellos.
Edward reacciono algo tarde y aturdido se alejo.
- ¿Lo sentiste? - le preguntó ella. - El hormigueo por todo tu cuerpo...
Aún sin tener pleno control de su cuerpo Edward se alejó hasta el sofá donde cayó y buscó de nuevo la botella que bebía.
Ella se levantó en ese momento y con todo el coraje que pudo reunir se sentó junto a él.
- Mirame. - le susurró usando ese tono de voz que solía seducirlo. - ¿Lo sentiste? - tomó su barbilla obligándolo a mirarla. - Porque yo si.
Se concentro en mirarlo a los ojos y se fue acercando hasta que logró apoderarse de sus labios. El beso fue lento y suave, probó sus labios seduciéndolo acariciando y disfrutando su textura. Gimió audiblemente cuando él abrió la boca, este sonido pareció encenderlo porque en ese momento fue recostada en el sofá con el cobrizo sobre ella. Sus besos se trasladaron a su cuello para seguir hasta sus pechos, ella acarició sus cabellos mientras el se apoderaba de sus pezones sobre la ropa. Sin ceremonias Edward buscó quitarle rápido la blusa rompiéndole algunos botones. Ella por su parte tironeo de su camisa pero él mismo se la quitó en un movimiento fluido y fue ahí donde pudo ver los dibujos que adornaban su cuerpo.
Luego la observó mientras se desataba el pantalón. Su verga saltó lista para recibir atención.
Completamente desnudo Edward se acercó a ella. Tomó sus pechos fuera de las copas para luego tironear sus pezones con su boca. Se levantó del sofá para sin cuidado bajar su pantalón dejándola expuesta. Le quitó las bragas sin ceremonias. Estaba nerviosa, había tenido sexo durante sus años de universidad pero se sentía inexperta en esos momentos. Edward sacó un condon de su pantalón y se lo colocó mirándola todo el tiempo, quizás midiendo su reacción. Verlo colocárselo fue el gesto más erotico que Bella había visto en mucho tiempo.
Volvió a arremeter contra su cuello mientras ella tocaba su pecho que ahora contaba con tatuajes que no lograba ver del todo.
- ¿Tatuajes?
Edward no contestó a su susurró ya que su rostro se perdió entre sus piernas.
Ella olvidó todo en ese momento.
Edward acarició sus piernas subiendo con el fin de acariciar su centro que ya húmedo lo esperaba. Fue subiendo por su cuerpo dejando besos durante su trayecto hasta que pudo ubicar sus caderas entre sus piernas cómodamente y empezó a embestirla sin llegar a penetrarla.
Besaba sus pechos y sus labios, embistiendo en un ritmo constante.
- Ed... - gimió cuando estuvo muy cerca de entrar.
Edward notaba como se contraía contra él.
- ¿Estas nerviosa? - le preguntó acercándose otra vez a su centro. - ¿Acaso eres virgen? - se burló acariciando su centro con los dedos.
- Eso ya lo sabes. - le contestó gimiendo por sus roces.
Edward se acercó y la tomó por las caderas , antes de que ella pudiera decir algo fue volteada bruscamente y penetrada por él. Gritó por la sorpresa y la presión ejercida en su centro que era estirado bruscamente. El hombre la bombeo sin dudar en sus movimientos fluidos demostrando su experiencia sólo gruñendo cuando terminaba de entrar.
- No grites. - le ordenó abofeteando su nalga.
Sorprendida mordió sus labios.
Edward llevó su verga a su hendidura de nuevo pero estaba vez más lento.
Sintió claramente cada pulgada entrar en ella acompañado con un gruñido de satisfacción de parte de él. Cuando estuvo listo se retiró de nuevo para empezar su vaivén, sus caderas se movían seguras y su mano empujaba su cuerpo para ponerla en la altura necesaria para sentirse cómodo. Era inevitable que ella no se sintiera afectada por la contundencia de sus embistes logrando que su orgasmo llegara apretándolo en su interior. Edward apretó el rostro al sentirla y aceleró las embestidas hasta lograr su liberación que llegó poco después.
Agitado se derrumbó sobre ella. Levantó las caderas para salir de ella, aún agotado se quitó el condón usado.
No dijo nada antes de alejarse rumbo al baño.
Aun agitada se quedó sobre el sofá observando el techo, su centro palpitaba aún y podía sentir cierto dolor queriendo reptar por ahí.
Todo había pasado demasiado rápido. Había sido tan brusco y sin sentimientos, no sabía como sentirse por la nula resistencia que presento ante el evento. Pero tenía una sensación amarga por lo poco importante que se había sentido.
- Dios. - gimió tironeando de sus cabellos. La falta de control en toda la situación le provocaba ansiedad.
Se levantó para empezar a vestirse.
- Debo irme. - el cobrizo apareció segundos después saliendo del baño.
- Entiendo. - susurró sin poder evitar verlo.
Edward tomó su ropa del piso vistiéndose rápido.
Aún así ella pudo ver los tatuajes que adornaban su cuerpo. Eran tres. Era un trival que le adornaba el brazo, y luego tenia letras en ebreo justo encima aún se podía ver la "B" que Jacob colocó sobre su corazón. Cuando levanto el brazo izquierdo para colocarse su camisa pudo ver el tatuaje sobre sus costillas que también era una frase en ebreo.
- Me gustan. - susurró desde el sofá mirando su cuerpo. - ¿Qué significan?
- No lo recuerdo, estaba demasiado ebrio cuando los hice. - admitió secamente colocándose los zapatos.
- ¿No investigaste...? - preguntó asombrada.
- Me gusta como se ven y prefiero vivir en la ignorancia. - admitió y sacó un cigarro de su chaqueta.
Empezó a fumar en ese momento llenando el ambiente de humo.
- ¿También fumas? - susurró.
- Lo hago desde los dieciséis. - le contestó ya listo para irse.
Incómodo se detuvo sin saber que decir.
- Me quedaré aquí. - ella le susurró de nuevo.
- Bueno... - seguía incómodo. - Creo que debo una disculpa por no estar presente anoche. Yo...
- No importa. - concluyó ella, su decepción por lo que acababa de ocurrir era más difícil de tragar. - Hablaremos después.
- ¿Necesito pedir una cita para poder hablar contigo? - gruñó él.
Bella se encontraba irritada pero pelear con él no era algo que deseara para ese momento.
- Si. La verdad es que si Edward. - contestó sinceramente. - Soy tu jefa después de todo, no puedo atenderte siempre que lo desees. Tengo cosas pendientes que no realice ya que tuve que hacer tu trabajo, así que por favor búscame más tarde.
No volteó a verlo, no tenía ganas de enfrentarlo y ver su rostro molesto e indignado al recordarle su posición en el hotel. Pero él no iba a dejar que algo así sucediera.
- Hasta que sacas tu verdadero rostro. - añadió apretando su brazo casi dolorosamente.
- Edward no quiero disc...
- ¿Discutir? ¿Puedo discutir contigo? Eres mi jefa. Puedes echarme en cualquier momento, no soy nadie para discutir contigo.
- Basta... - tironeo su brazo queriendo alejarse.
- Vamos. - gruñó. - Despídeme por lo que hice y no alargues esto.
- Sabes que no lo haré. ¡Basta! - tiro de su brazo.
La soltó provocando que se tambalee.
- ¿Quién eres? - no pudo evitar llorar sujetando su brazo.
Edward tironeo de sus cabellos nervioso.
- Yo te lastime, mi madre también... pero tú no eras esta persona. - su llanto seguía mientras de apegaba a la pared. - Eres un irresponsable y abusas de tu poder.
Edward dio un puñetazo contra la pared lleno de rabia.
- No soy esta persona. - admitió rabioso. - Yo no me comporto así. Tú me enloqueces y sólo... - gruñó al no encontrar las palabras. - No soy así.
- Lo siento. - Edward no le devolvió la mirada. - Lamento todo lo que hice, pero te juro que todo lo que paso... me cambio. Ya no soy esa persona.
- Las personas no cambian.
- Tú lo hiciste. - reclamó ella.
- Basta Isabella. - ahora fue él quién quiso irse y ella quién lo retuvo.
- No. Entiendo que seguiste tu vida y que ya no eres el chico que una vez conocí. Aún así quiero ayudarte en todo lo que pueda.
- Ya lo estás haciendo.
- No. Puedo hacer más si me dejas, lleve terapia por años Edward... sé que algo te pasa y quiero ayudarte.
- ¿ De qué hablas?
Ella se acercó a los cajones y tomó las botellas.
- Encontré estas y sé que tienes más escondidas.
- Debes estar bromeando... ¿Qué demonios estas insinuando?
- No puedes negar lo evidente, entraste a esta oficina tambaleante.
- Que tú seas una drogadicta rehabilitada no te hace experta en adicciones.
Golpes bajos como siempre.
- Quizás aún no es una adicción pero puedo detectar que tienes comportamientos...
- Mira... no es tu problema. - concluyó él.
Ella suspiró tratando de tranquilizarse.
- No puedes estar a cargo de un club si tienes problemas con el alcohol.
El cobrizo tironeo de sus cabellos exasperándose.
- Estas buscando razones para echarme. - rió amargamente. - ¿Es por qué me he acosté con otra? ¿Tengo que coger a escondidas? Acabo de cogerte, ¿no estás satisfecha?
- No es por eso. - suspiró ella, no sabía como abordar el tema. - Mira...
- No. No dejaré que vuelvas a dejarme en la calle. - gruñó él volviendo a la pose agresiva. - No lo permitiré.
- Nunca lo hice y no lo haría.
- Este trabajo es todo lo que tengo. Y sólo porque crees que tengo algún problema con el alcohol no dejaré que me quites todo.
- No lo haré yo...
- Botame y me encargaré de que todos sepan que abortaste. Estoy seguro que en Inglaterra será un escándalo saber que fuiste una adolescente "rebelde".
Bella sintió una cuchillada por sus palabras. El recuerdo volvió de golpe. El episodio más traumático de su vida.
- ¿Tu hermano lo sabe? ¿Sabe lo que hiciste? ¿Le ocultas al mundo cómo jodias la vida de todos por capricho?
- Ya no soy esa persona. - susurró.
- No importa que haces ahora. Todo lo que hiciste fue demasiado. - le aseguró acercándose otra vez lleno de ira.
Bella respiró hondo recobrando la fuerza que le arrebataron sus palabras.
- Estaré en mi habitación. - esta vez tomó su teléfono antes de salir del lugar.
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Seguimos con los enfrentamientos, ¿qué les pareció? Leí comentarios y críticas a mis historias que me hicieron ver que quizás estoy repitiendo la trama. Un comentario resumió esta historia en eso y menosprecio mi esfuerzo de dos años en crearla. Quería decirles que es probable que tenga similitudes ya que las escribo a la vez pero agradecería que si consideran que mi trabajo es incompetente o mi historia una vil copia, dejen de seguir mis historias, ya que esas criticas nada constructivas sólo retrasan mi proceso creativo y otras personas que si desean leerme se ven afectadas.
Eso era todo gracias !
