Notas Importantes:
-La traducción del título de la historia al español es "Extraño Lenguaje", sin embargo, desde la presentación en el preview e incluso ya dentro del escrito, lo encontrarán en 3 idiomas diferentes: francés (título principal), ruso (antes de la frase que la inspiró) e inglés.
-Como Sesshomaru y algunos otros personajes son de complejo manejo, es posible que haya un poco de OoC.
-Los pensamientos se encontrarán en cursiva a lo largo de todo el texto.
-La historia contiene escenas eróticas, violencia y lenguaje adulto/vulgar.
-Está prohibido tomar mi fanfic sin mi previa autorización.
Disclaimer: Los personajes no son míos, pertenecen a Rumiko Takahashi.
Stranno Yazyk
"Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como a una ventana llena de sol".
Federico García Lorca
Strange Lenguage: Conexión
Kagome estaba soñando. Lo sabía con seguridad, una voz arraigada profundamente en su interior se lo susurraba con cada paso que daba en el interior de ese espeso escenario. Mientras que la oscura y purpúrea bruma a su alrededor se lo comprobaba. Pero ¿por qué era tan consciente de este sueño en particular?
No es que ésta fuera la primera vez que lo vivía porque ya con anterioridad había tenido esta misma clase de sueños donde su conciencia no se apagaba completamente y registraba cada acción del sueño con sorpresiva claridad, como si estuviera despierta y viviendo con plenitud cada escenario. De hecho, estaba segura de que casi todo el mundo había tenido en algún punto esa misma clase de sueños. Sin embargo, sabía que todos sus instintos en alerta trataban de mostrarle algo más, de hacerle ver que este sueño en particular significaba algo más profundo.
¿El qué? Esperaba poder averiguarlo pronto, porque estar sumida con tanta claridad en un sueño mientras su cuerpo yacía completamente indefenso en la realidad, no era la mejor de las opciones.
Lo triste es que era bastante consciente de que ni siquiera debería estar durmiendo. Poco después de que Sesshomaru tuviera un extraño presentimiento sobre la pequeña Rin, el demonio la había abandonado a su suerte en una lúgubre cueva, ordenándole que se mantuviera alerta hasta que volviera por ella. Kagome lo había intentando con todas sus fuerzas, de verdad, pero tantas emociones vividas en los últimos días y tener que lidiar con la recién descubierta bipolaridad de cierto daiyokai la tenían agotada.
Vacilante, continuó caminando a través de la espesura, admirando las tonalidades púrpuras y celestes fundiéndose entre sí a su alrededor, sintiendo sobre su sensible piel la extraña calidez desprendida de la misma, disfrutando de la seguridad que le proporcionaba. ¿Seguridad? ¿Era posible que se sintiera segura en mitad de un sueño sin sentido cuando también podía percibir la incertidumbre abriéndose paso en su interior?
Agudizando la vista, sus ojos percibieron al fondo de su largo camino una enorme silueta agazapada en el suelo. Parecía la forma de un gigantesco animal que estuviera acechando a su presa, listo para atacar y devorar. Sin embargo, y pese a que no se había detenido en ningún momento, no conseguía alcanzarlo, ni llegar a la suficiente distancia para apreciar con mayor claridad de lo que se trataba. En esos momentos sólo podía jugar a adivinar, ¿era un oso?, ¿un lobo? O quizás un…¿perro enorme?
De repente sus pies se detuvieron contra su voluntad. El pensamiento que corrió por su mente la congeló en su lugar aunque no era capaz de averiguar por qué de repente le había parecido tan importante, tan abrumador, tan…aterrador. Escuchó los latidos acelerados de su corazón y el miedo comenzar a bombear a través de sus venas, consumiéndolo todo.
—No me hagas daño. —graznó confundida.
La enorme silueta al final entonces se movió. Abandonó la postura de ataque que había mantenido hasta el momento y se alzó sobre lo que sospechaba eran sus patas traseras, mostrándole su verdadero tamaño. Era mucho más grande de lo que había pensando en un principio. Y no era un oso. Kagome jamás había visto a un oso sentarse sobre sus cuartos traseros, ni tener un tamaño como ese.
Confundida ante la corriente de sensaciones y sentimientos circulando por su sistema, la chica intentó retroceder pero sus miembros no respondieron. En cambio, la espesa bruma adquirió un tono todavía más púrpura mientras la rodeaba de manera más evidente, enviando una dosis de seguridad directamente al centro de su pecho.
Lentamente su corazón disminuyó el ritmo, su respiración se ralentizó y el miedo que la había congelado en su posición, retrocedió. Era una sensación rara pero extrañamente reconfortante, como si un par de cálidos brazos estuvieran rodeándola y una suave voz le susurrara tranquilizadoras palabras. Se sentía exactamente como volver a casa.
—Estás aquí. —retumbó una gutural voz que le erizó los vellos de todo el cuerpo.
Kagome respingó ante el sonido y una ráfaga de claridad golpeó su cráneo con dureza. Conocía esa voz. Ese extraño gruñido que por alguna extraña razón podía entender. Un sonido posesivo y dominante que parecía encajar perfectamente en el enorme cuerpo animal que podía apreciar al final de toda esa bruma. ¿Podría provenir realmente de eso?
—Te conozco. —reconoció con valentía.
La bruma púrpura y celeste seguía cerrándose en torno a ella, haciéndola sentir extrañamente drogada, como si su presencia proviniera de la criatura que le hablaba y su función fuera meramente tranquilizarla, protegerla.
—Nos hemos conocido. —respondió con un burlón gruñido.
Y el sonido fue directamente al centro de su cuerpo, causándole deliciosos escalofríos. No había amenaza alguna en su voz, sólo un tono juguetón y al mismo tiempo mortífero que le recordó a alguien. ¿Inuyasha? ¿Koga? No. Cuando pensaba en ellos no sentía nada parecido a lo que esta criatura le producía. Los recuerdos sobre ellos no hacían que mariposas revolotearan en su estómago o que su pulso se acelerara con la excitación.
La sacerdotisa en ella le susurró palabras que no pudo entender por más que lo intentó, como si le estuviera hablando en un idioma completamente desconocido para ella. Dio un paso hacia adelante. Su mente trabajaba a toda velocidad buscando la identidad tan familiar y al mismo tiempo tan desconocida de esa bestia. ¿Cómo era que le resultaba tan familiar cuando no era capaz de reconocerlo en su totalidad?
—¿Quién eres? —preguntó con suavidad.
La enorme criatura pareció desperezarse en su lugar antes de dar unos cuantos pasos en dirección a ella con un fluido y elegante movimiento. Su corazón volvió a acelerarse, pero esta vez, Kagome supo que el miedo no tenía nada que ver con ello. Un nudo se formó en su estómago conforme la bestia continuó avanzando hacia ella, moviéndose fluidamente y sin prisa. Cazándola.
—Ya lo sabes. —respondió burlón. —Di mi nombre.
Kagome lo volvió a intentar. Rebuscó lo más que pudo entre sus recuerdos sin poder alcanzar el que buscaba mientras la sacerdotisa en ella continuaba susurrándole cosas que no era capaz de descifrar tampoco. Quizás esa parte de ella conocía el nombre que buscaba e intentaba darle la respuesta pero había algo impidiendo su comunicación.
—Yo no-
—Llámame. —La interrumpió con ferocidad y una extraña urgencia rasgando en el interior de su voz.
Un brillo dorado atravesó la bruma muy por encima de su cabeza y un rayo de claridad la golpeó. La criatura ahora estaba mucho más cerca de ella y el hermoso dorado provenía de sus ojos, unos ojos que ya había visto con anterioridad en el mundo real. Ojos afilados y fríos, pero increíblemente hermosos.
Sesshomaru,
—No. —gruñó irritada la bestia. —Ve más allá. Llámame.
La chica del futuro siguió observándolo confundida. Estaba segura de que no había dicho el nombre del daiyokai en voz alta y sin embargo, el enorme animal parecía haberla escuchado.
Su enorme cuerpo hacía un estruendoso ruido al avanzar ahora que estaba mucho más cerca, como si cada paso de la criatura retumbara en toda la estancia e hiciera temblar los mismísimos cimientos de la tierra donde estaban. La voz de su sacerdotisa no se callaba y parecía hablar con mayor urgencia con cada segundo que pasaba. Le estaba advirtiendo algo. Podía sentirlo casi como si el tiempo se le estuviera escapando como granos de arena entre las manos.
—Eres hermosa, mujer. —gruñó con suavidad la criatura.
Algo en la cabeza de la chica hizo clic y un recuerdo se deslizó por su confundida mente. El daiyokai le había susurrado algo semejante justo después de soltarle una extraña palabra antes. ¿Cuál había sido? ¿Y por qué eso tendría relación con esta enorme criatura?
La urgencia de su lado de sacerdotisa alcanzó niveles que la distrajeron de sus pensamientos. Algo iba mal. La bestia se detuvo de repente, lo suficientemente cerca para sentirse intimidada por su inmenso tamaño pero no lo suficiente para apreciar su especie. Un tenso y protector gruñido escapó de su cuerpo y Kagome pudo observarlo volver a la posición de ataque en la que lo había encontrado al inicio del sueño.
—¿Qué sucede?
—Mía. —gruñó la bestia.
Algo en su interior rasgueó. La declaración le había parecido tan familiar como tantas otras cosas en la actitud de la criatura, que simplemente no pudo evitar sentirse atraída hacia ella. La bestia se tensó y el aire a su alrededor chisporroteó con una corriente de energía que nunca antes había sentido. ¿Iba a atacarla porque no era capaz de recordar su nombre?
La bruma a su alrededor comenzó a mutar. La sensación de seguridad que le había producido comenzó a desaparecer lentamente mientras los colores púrpuras y celestes empezaron a tornarse esmeraldas y rojizos. La voz que había estado escuchando en su interior gritó algo, su cuerpo se sintió golpeado por una fuerza sobrenatural que la envió lejos de la criatura y la tiró al suelo con dureza.
El gruñido de la bestia se intensificó y lo observó lanzarse en su dirección, su necesidad de llegar hasta ella abrumándola desde todos los ángulos. Los colores se desdibujaron cada vez más a su alrededor, consumiéndose por el verde y el rojo hasta que incluso la silueta de la criatura se difuminó. Y antes de que todo finalmente quedara en completo silencio, la suave voz que era idéntica a la de ella por fin cobró sentido y el nombre que había estado buscando destelló con claridad en su cabeza antes de que todo lo demás se apagara.
—Despierta, humana.
Los párpados de Kagome revolotearon y se abrieron, esperando encontrarse cara a cara con Sesshomaru de vuelta en la realidad pero no fue así. Seguía soñando. A su alrededor todo parecía estar casi igual que antes de que cerrara los ojos, excepto que los colores habían cambiado en su totalidad. Un verde esmeralda que la hacía sentir casi rodeada de toxicidad impregnaba la bruma con algunos toques de rojo también.
La calma y seguridad habían desaparecido pero no reemplazadas por el miedo o la ira, sino por una extraña sensación que pugnaba por asemejarse a la paz. Una paz forzada, sin embargo. La chica parpadeó un par de veces antes de ponerse de pie y mentalizarse para re-iniciar el mismo sueño, pero las cosas habían cambiado.
No había ninguna figura esperándola al final de la bruma porque ésta ya estaba casi frente a ella, o eso creía. Algo que se parecía sospechosamente a un enorme muro negro estaba casi al alcance de su mano, sin embargo, éste se movía. No en un sentido literal, pues no había avanzado, sino como si estuviera respirando acompasadamente en su lugar. Era todavía incluso más grande que la criatura tan familiar que había visto anteriormente y desprendía un aura poderosa y aterradora que la hacían dudar en acercarse más.
—No me temas. —le dijo con soltura.
La chica retrocedió ligeramente en un intento por apreciar el tipo de criatura con la que ahora estaba lidiando. No se parecía a nada que hubiera visto antes en persona. Mientras pensaba en ello, una gigantesca cola onduló en el aire antes de volver a asentarse contra el oscuro cuerpo y Kagome pudo apreciar el brillo tornasol de algo semejante a las escamas.
Algo simplemente magnífico.
La cola volvió a ondular ligeramente y esta vez también pudo ver moviéndose la punta de algo que se veía sospechosamente como un ala doblada desde donde destellaron los mismos colores en tornasol negros y rojizos que anteriormente había podido apreciar en la cola. Se quedó sin aliento. Tenía casi la certeza de saber de qué criatura se trataba aunque la idea le parecía simplemente absurda incluso para el Sengoku.
—Jamás te haría daño intencionalmente. —añadió con gravedad la criatura.
Kagome le creyó. La criatura que ahora podía apreciar con mayor claridad utilizando de molde la imagen preconcebida que tenía de su especie no le haría daño intencionalmente jamás. Pero la mataría y la devoraría si perdía el control. Podía leer la advertencia entre líneas.
—¿Quién eres?
—Un viejo amigo.
—También te conozco de alguna parte.
—Por supuesto.
A diferencia del sueño anterior, la bruma comenzó a disiparse ligeramente a su alrededor, permitiéndole apreciar con mayor claridad la gigantesca silueta frente a ella. Era impresionante. Aterradora y bellamente impresionante. Tanto que casi le daban ganas de tocarla.
—Adelante. —rió la criatura. —Puedes hacerlo.
Kagome buscó la cabeza en medio del infinito muro que parecía su oscuro cuerpo hasta dar con ella. Había pensado que la criatura le daba la espalda pero en realidad sólo había mantenido los ojos cerrados y su cabeza había permanecido mucho más alejada de su rango de visión debido a su descomunal tamaño. Cuando la criatura finalmente abrió un solo ojo para darle un perezoso vistazo a su interlocutora, la chica tuvo el primer golpe de claridad.
Pozos esmeraldas. Había visto ya esos ojos antes. En el pasado y en el futuro.
—Eres…
—Shhh. —la interrumpió con suavidad. —Todavía no es el momento, humana.
—No entiendo nada.
—No tienes que hacerlo. —respondió volviendo a cerrar el ojo. —Está en "Reposo". Conectarnos ahora no serviría de nada.
¿Conectarse? ¿Qué significaba eso? Había tantas preguntas revoloteando por la cabeza de la sacerdotisa que no podía decidir cuál expresar o siquiera si valdría la pena hacerlo. La criatura se veía todavía menos dispuesta que la anterior con la que se había topado a responder sus preguntas.
—Tú me llamaste. —le dijo insegura. No estaba ni siquiera segura de dónde provenía esa afirmación pero la sentía correcta.
—Quería conocerte. —respondió sin moverse. —Te he estado esperando durante mucho tiempo y otro poco más ya que te perdiste en el camino.
—¿Me perdí?
—Fuiste hacia el enlace equivocado. —volvió a responder perezoso, como si cada palabra le pesara demasiado. —Casi cometes un grave error allá.
—Te refieres a con… —¿Con quién? Estaba segura de haber recordado el nombre de la otra bestia pero ahora que intentaba llevarlo hasta su boca para pronunciarlo, simplemente desaparecía. Se borraba.
—Sí. —sonrió ligeramente la criatura y Kagome lo observó boquiabierta. Era demasiado extraño ver a uno de su especie sonriendo de esa manera, simplemente no encajaba, era aterrador. —No te aconsejo decir nunca su nombre. Las bestias como esa tienden a obsesionarse hasta la locura por quien sea que le muestre un poco de interés.
—¿Tú no?
—Muy pocas cosas me interesan. —respondió con simpleza. —Tú eres una de ellas en un nivel diferente.
—¿A qué te refieres?
La criatura bufó y una ligera humareda rojiza se alzó hacia la bruma, fundiéndose con el verde esmeralda que cada vez le parecía menos enfermizo y más bonito.
—Me intrigas. —continuó. —A Él lo desestabilizas, puedo sentirlo a través de nuestra unión y lo confundes. Te reconozco como mía pero al mismo tiempo te rechazo. Eres una humana muy compleja.
—No te pertenezco. —respondió con firmeza. La imagen de Sesshomaru destellando brevemente en su mente.
—No, aún no. —volvió a sonreír la criatura. —No del todo, por lo menos.
Los ojos de la nueva bestia se abrieron momentáneamente y Kagome se quedó sin aliento. Eran demasiado hermosos para observarlos por mucho tiempo. El verde esmeralda en ellos brillaba como el dorado en los de la otra bestia, y tenían además una ranura central que los hacía todavía más bellos, alargados como los de un felino.
—¿Te sientes atraída por mí, humana? —preguntó en un tono más bajo que envió escalofríos por todo el cuerpo de la sacerdotisa.
Sí. No. Tal vez. Había algo en la criatura que la llamaba y la atraía, como lo había habido también en la otra bestia. Su corazón latía acelerado pero no iba al galope como cuando escuchó el tono burlón de la otra criatura. ¿Qué las diferenciaba?
—No. —mintió y la criatura rió, el sonido retumbante atravesándola con una ola de algo que no pudo definir.
—Me agradas, humana. —expresó sin apartar la mirada de ella. —Creo que comienzo a entender la fascinación de tantos machos por ti. Eso es un gran problema.
—¿Por qué?
Por alguna razón, Kagome sintió que acababa de cometer un grandísimo error. Entonces la criatura dejó de sonreír por un instante, el brillo de sus ojos acentuándose todavía más sin apartarse de ella.
—Porque no te dejaré ir. —respondió con seriedad. —Nosotros tenemos grandes desacuerdos pero me importa poco lo que finalmente decida hacer el otro. Me gusta el lugar donde estoy y la presencia que tengo sobre la realidad. Tú representabas la única cosa que realmente interfería con nuestro equilibrio, como lo haces con el de los otros. Está obsesionado con una búsqueda infructuosa donde eres la clave.
—¿Qué?
—Pequeña humana tonta.
El desafío brilló en las profundidades esmeraldas y una sensación de malestar la invadió. Había una parte de la chica que se resistía a la idea de tener a una bestia semejante a esa persiguiéndola, cazándola. Y otra parte terriblemente enferma más que dispuesta a dejarse devorar.
—Dijiste algo de una búsqueda. Hablas del Ser.
—El tiempo se acabó.
La criatura volvió a cerrar los ojos y su cuerpo volvió a la inmovilidad total, solo dejando el tenue subir y bajar de su respiración. Instantes después de completo silencio, la chica sopesó la posibilidad de que se hubiera dormido pero pese a su perezosa posición, la criatura parecía estar completamente alerta.
—Por favor, dímelo.
—¿Te sientes atraída por mí, humana? —volvió a preguntar en su lugar.
—No.
—Mentirosa.
La bruma entonces volvió a empezar a mutar. Los colores comenzaron a difuminarse a un gris aburrido y la criatura comenzó a desvanecerse lentamente. El pánico total la invadió. No podía dejar que se fuera, no podía permitir que el único que tenía respuesta a todo el caos que estaba viviendo su mundo se alejara.
—Espera, no te vayas.
—Me intrigas, pequeña humana. No te dejes llevar por esa bestia sin razonamiento. Vendremos por ti pronto.
Kagome estiró su mano para alcanzar a la criatura, sus dedos sintieron brevemente el tacto rugoso de sus bellas escamas antes de que su mano lo atravesara y la figura se extinguiera. Fuertes voces comenzaron a llamarla desde algún lugar, gruñidos retumbaron con fuerza entre el panorama gris y su mundo se volvió de cabeza.
De repente, un dolor desgarrador que pocas veces había sentido la arrancó del sueño. Sus ojos se abrieron de sorpresa y un grito fue arrancado desde el fondo de su garganta. Estaba de vuelta en la realidad, su cuerpo entero temblaba y un dolor lacerante atenazaba uno de sus muslos.
La chica del futuro intentó incorporarse y sus ojos atraparon la visión de un Sesshomaru agazapado a sus pies. Los ojos inyectados en sangre le devolvieron la mirada mientras un río carmesí escapaba de entre sus dientes firmemente aferrados a la tersa piel de su muslo derecho. La estaba mordiendo.
—¿Q-qué?
Los largos incisivos de Sesshomaru se clavaron con mayor fuerza sobre su piel y otro grito escapó de los labios de la sacerdotisa, ayudándole a apartar el resto de la bruma del sueño. Entonces se quedó quieta, dejó su cuerpo caer laxo y poco después sintió a Sesshomaru apartarse de su piel y retroceder, los ojos rojos todavía transformando su rostro en una forma aterradora.
—¿Por qué?
El daiyokai no le respondió pero pudo sentir cómo una calma helada comenzaba a instalarse de vuelta en su cuerpo. Poco a poco, el rojo en su mirada fue atenuándose hasta volver al frío dorado de sus ojos. Los rastros de sangre cubriendo sus labios y la ira brillando en el fondo de su mirada como nunca antes.
—Vienen tras de mí. —gimió sintiéndose terriblemente adolorida.
No supo a ciencia por qué se lo dijo pero lo aún así lo hizo. Permitió que la declaración se asentara en la mente del Lord del Oeste y después cerró los ojos. Dudaba que pudiera volver a dormir con tranquilidad pero prefería intentarlo a enfrentarse a la dura mirada de su compañero de viaje.
Esa noche no volvieron a hablar.
Después de unos momentos, Sesshomaru la recogió entre sus brazos y sin más que decir, la sacó de la cueva hacia un rumbo desconocido. Y Kagome, aún si conocerlo de mucho tiempo, reconoció el oscuro estado de ánimo del daiyokai y se mantuvo en silencio. Mientras que en alguna recóndita parte de su ser sabía, sin tener que preguntar, que si el Lord había vuelto con prontitud, era probable que su protegida estuviera sana y salva, pese a que sus instintos seguían en alerta y eso no podía augurar nada bueno.
Confundida, intrigada y nerviosa por igual, no tardó en volver a sumirse en el mundo de los sueños, arropada entre los fuertes brazos y la suave estola de un daiyokai de ojos dorados, y pensando profusamente en aquella misteriosa…
…conexión.
¡Volví con un nuevo capítulo! ¿Qué dijeron? Ésta nos volvió a engañar y no subió ningún capítulo en jueves. ¡Pues no! Aunque en donde estoy falta poco menos de una hora para que empiece el viernes, aquí estoy cumpliéndoles.
Muchas gracias a todos por su paciencia y sus reviews. Recuerden que si no respondo personalmente a éstos en esta parte, les pido disculpas pero los agradecimientos van igualmente dirigidos a todos ustedes.
SaV21: ¡Cumplí mi palabra y aquí estoy en jueves! Muy buenas teorías las que has ido sacando, puede que alguna esté acertada pero no te lo confirmaré, así que tendrás que seguir leyendo muahaha. No odies a Ai, seguro que en el fondo puede llegar a ser ¿buena?. Gracias por seguir la historia pese al tiempo y espero que la sigas disfrutando.
Alexiz tutsi: ¡Gracias por leer!
Neffer: Muchas gracias por tu comentario. Yo espero en un futuro seguir escribiendo sobre estos dos.
Faby Sama: No quería decir esto frente a todos pero…¡eres una pervertida! (jajaja). No te creas, yo creo que la mayoría de lectores aquí esperan ansiosos otra interacción así morbosa, pero ya que se trata de ti, te adelanto algo en secreto: (se viene una escena bastante hot entre estos dos y los celos son el ingrediente principal). Muchas gracias por tus comentarios de siempre y por seguir al pendiente de la historia.
Chica Cuervo: Opinamos igual, ¿quién podría interactuar con un hombre como Sesshomaru TODO el día y no tener uno que otro sueño erótico con él? No te preocupes, con que dejes un pequeño review siempre que puedas o simplemente continúes siguiendo la historia, me doy por bien servida. Gracias por tu comentario.
Alex Mairez: Yako es simplemente irremplazable pero como habrás notado, aún cuando deje de estar al mando, seguirá haciendo de las suyas. Es un enorme cachorro incontrolable. Originalmente este capítulo tenía la intención de explicar lo de la "conexión" pero alguien nuevo terminó apareciendo, así que solo he dejado un par de pistas, ¿lo siento? Perdona al pobre de Jaken, le han encomendado una muy dura tarea al cuidar a Rin mientras se muere de la preocupación porque su Amo bonito anda por ahí jugueteando con una humana (jajaja).
Asia12: Muchas gracias por tu comentario, espero que sigas disfrutando de la historia.
Gabytp: ¡Hola! Nunca es un mal momento para empezar a comentar por aquí, así que me alegro que finalmente te hayas animado a hacerlo. Gracias por tu comentario. Dado que repetir las cosas no es mi fuerte y que eres otra fan de nuestro Sesshy perver, te recomiendo buscar la respuesta que le di a "Faby Sama" un poquito más arriba, quizá te lleves una sorpresa. Tus dudas respecto al Ser y la maldición se irán aclarando más adelante pero te doy la razón en algo: "…lo más peligroso siempre aparece donde menos lo esperas". Espero seguir leyendo más de tus teorías que me emociona mucho cuando alguien va atrapando por ahí el hilo de las cosas. ¡Saludos!
¡Hasta la próxima!
