Tanto los personajes como la idea de Zero no Tsukaima no son de mi propiedad, sino del autor de dicha obra, Yamaguchi Noboru (Que en paz descanse)
Sí… podría perderme si no ando con cuidado aquí.
Habíamos entrado ya al imponente castillo. Los lujos que la edificación poseía en su interior me sorprendieron de sobremanera.
Caminamos todos durante unos minutos hasta que llegamos a una enorme sala finamente decorada. Apenas entramos al cuarto, Siesta se dirigió inmediatamente a la zona de los sirvientes. Yo, por mi parte, me quedé con Louise por petición de ella, pues quería que la acompañara durante la cena.
Era medianoche, pero la madre de Louise estaba esperando igualmente a sus tres hijas para poder comer. Dicha mujer desprendía un aura de intimidación superior a la de su hija mayor. Mentiría si dijera que no me sentía algo afectado.
— Madre, ya hemos vuelto. — Dijo Eléonore.
La duquesa asintió. Después de ese gesto, las hijas se sentaron en la mesa. Por mi parte, me paré detrás de Louise, quien parecía estar tensa por la presencia de su madre.
Durante el tiempo en que estuve parado, pude percibir una incómoda atmósfera. El que nadie dijera ni una sola palabra era algo a resaltar. Sin embargo, pude encontrar cierta distracción al mirar los diferentes rincones del enorme cuarto. Cabe mencionar que fue bueno ocupar mi mente en otra cosa, pues la comida de la mesa se veía exquisita.
De repente, Louise rompió el silencio.
— M-madre.
No fue la duquesa quien respondió, sino Eléonore.
— ¡Madre! ¡Hable con Louise! ¡Esa niña tonta dice querer ir a la guerra!
Un golpe a la mesa fue la respuesta a eso. Un golpe hecho por Louise, quien se puso de pie.
— ¡¿Acaso soy una tonta por querer ayudar a las fuerzas de Su Majestad?!
— Eres una mujer. La guerra es un asunto de hombres.
— ¡Esa forma de pensar es muy anticuada! ¡En esta época las mujeres y los hombres están en igualdad de condiciones! ¡Si las posibilidades que ofrece la Academia sólo se las dieran a los hombres, entonces tú, hermana mayor, no te hubieras convertido en la investigadora en jefe!
Se pudo notar que Eléonore se sorprendió por las palabras de Louise.
— ¿Sabes qué clase de lugar es un campo de batalla? No es un sitio donde las mujeres y los niños como tú deberían estar.
— Pero Su Majestad confía en mí…
— ¿En ti? ¿En la Zero?
Louise mordió su labio.
Soy necesaria para la princesa. Soy la usuaria del Vacío. Sin embargo… no puedo contárselo a mi familia.
La discusión había llamado mi atención. De hecho, no culparía que le hubiera llamado la atención a cualquier otra persona. Me pareció que lo último que dijo Eléonore realmente había golpeado duro a Louise. Lo del familiar legendario era una cosa que no era tan necesario de ocultar, pero lo de ser una usuaria del Vació era algo que se había acordado mantener en secreto con Henrietta. Cabe mencionar que siempre me llamó la atención el cómo varias personas no relacionaban ambas cosas, incluso Louise que era una alumna aplicada no lo hizo al enterarse que yo era Gandalfr, cortesía de Wardes.
Eléonore intentó seguir con la discusión, pero cierta persona la interrumpió.
— Come, Eléonore. — Dijo la duquesa en un tono tajante.
— P-Pero madre…
— Hablaremos de esto mañana, cuando llegue su padre.
Nadie más dijo una sola palabra durante la cena.
…
¿Cómo debería sentirme ahora?
La habitación que me habían dado no era más que una bodega que había sido vaciada y en la cual habían puesto una cama. Al menos había una ventana, por lo que la luz proveniente de las dos lunas iluminada la habitación.
En ese momento estaba recostado sobre la dura y polvorienta cama. Me era difícil relajarme y pensar bien en un mueble tan incómodo. Cuando me eché en la cama por primera vez, lamenté el no haberme hecho pasar por un gato para así compartir la habitación de Louise.
Por un lado, Louise está molesta con esto, cosa que también me irrita de cierta forma. Por el otro, yo estaría feliz si no la dejan ir a la guerra.
Luego de ver la actitud de la madre de Louise, me di cuenta que existía una posibilidad real de que Louise no fuera a la guerra y no sólo una vaga esperanza mía de que cambiara de parecer. Eso terminó por confundirme. Estaba dudando sobre si en verdad podría apoyar la decisión que ella había tomado.
Realmente esto se siente mal.
Hace unos meses yo mismo era obligado a hacer cosas que no quería. No había forma en la que no pudiera comprender lo que Louise debía estar sintiendo. Sin embargo, no podía evitar sentir alivio de la situación actual. Me sentí mal por eso, como era de esperarse. No culparía a alguien que me llamara hipócrita.
Si es por su bien, ¿en verdad está tan mal que la obliguen a quedarse?
Pase mi mano por mi cabello, el cual ya había crecido considerablemente desde mi llegada a Tristain. Normalmente solía cortármelo, pues, además de que en los duelos podía llegar a ser molesto que mi flequillo se entrometiera en mi vista, era tedioso lavarlo si lo dejaba crecer mucho.
Sé la posición que debo tomar, pero…
Mis pensamientos fueron interrumpidos de pronto, cuando alguien tocó la puerta de mi habitación. Con un impulso me levanté y fui a averiguar quién era. Después de abrir la puerta, pude ver el tímido rostro de cierta sirvienta.
— ¿Siesta?
— Yo no podía dormir, así que vine aquí.
Luego de decir eso, ella simplemente entró a la habitación. Después de ello, Siesta se sentó en la cama, apoyó sus brazos sobre esta y comenzó a columpiar sus piernas.
Di un largo suspiro.
Obviamente, Siesta no me caía mal, pero en ese momento necesitaba aclarar mis ideas. Se supone que al día siguiente llegaría el padre de Louise y le darían una respuesta definitiva. Me acerqué a ella para pedirle que se fuera, pero apenas estuve a su alcance, ella agarró mi brazo y lo tiró para que me sentase a su lado. A continuación, Siesta apoyó su cabeza contra mi hombro.
— Es mi primera vez entrando a un castillo como este. — Dijo ella de repente. — Es tan grande que parece un laberinto.
Desde tan cerca, la tonalidad color rojo de su rostro era completamente distinguible. Tenía mis sospechas, así que le hice una pregunta.
— ¿Cuánto bebiste? — Pregunté de repente.
Siesta simplemente siguió hablando.
— Un amigo en la academia me dijo que la familia Valliere es una de las cinco familias más distinguidas de Tristain. Un enorme castillo, riqueza, bonitos vestidos… La señorita Valliere sólo puede ser envidiada.
Siesta hizo una pausa antes de continuar.
— Ella tiene una vida asegurada. Es alguien que puede obtener lo que desee, como a… — Me miró directamente — Aztor.
Me desprendí del agarre de Siesta y me levanté.
— Podré ser su familiar, pero no soy su propiedad. Creo que para este punto está claro que tengo voluntad propia.
— Puedo entender eso, pero… sientes algo por ella, ¿verdad? Uno no puede hacer más que notarlo. Es normal que eso pase, después de todo ella es rica, es una noble y es…
No llegó a importarme lo siguiente, pues lo primero que dijo Siesta llamó un poco mi atención. La razón de eso fue porque no era la primera vez que alguien había dicho eso. Siesta no lo dijo explícitamente como Henrietta, pero podía entenderse fácilmente a qué se refería.
¿Por qué alguien pensaría eso?
Al final, al igual que en el primer caso, terminé por no darle mayor importancia. Una vez que Siesta terminó de hablar, respondí.
— Lo que siento por ella es simple amistad, nada más y nada…
— No es eso a lo que…
— Sé que no te refieres a eso, pero mi respuesta sigue siendo la misma. No por nada estoy aquí, con la idea de quedarme atrás si ella va a una guerra donde podría morir.
Por algún motivo, decir esas palabras me dio un mal sabor de boca. Cosa rara, porque no había pasado antes cuando se las dije a Siesta en el carruaje. Unos segundos pasaron antes de que uno de los dos volviera a hablar.
— Como sea, vamos. Te llevaré a tu cuarto.
Ya era obvio que Siesta había estado bebiendo. Por ello, realmente dudaba sobre si sería capaz de llegar a su habitación por sí misma. Le extendí mi mano, pero Siesta terminó por rechazarla de inmediato.
— Hice la cena yo sola y nadie me dijo "Tuviste un largo viaje, gracias por todo, por favor tome un descanso". — Empezó a quejarse Siesta para después hipar.
Ah… el alcohol ya terminó de hacerle efecto. Quizás la pasó mal en este viaje.
De pronto, Siesta sacó una botella de vino del escote de su camisa. No perdió tiempo y la descorchó para empezar a beber de inmediato. Luego de dar un par de tragos, Siesta separó su boca del pico de la botella. Unos segundos de silencio pasaron, segundos luego de los cuales la sirvienta me miró.
— Tú también deberías beber.
No rechacé la sugerencia de inmediato.
Quizás no sea una mala idea.
Beber no haría que mis problemas desaparecieran. Sin embargo, podía hacer que parecieran un poco más controlables. Me di cuenta de eso durante las vacaciones. Di un largo suspiro para después coger la botella de la mano de Siesta.
Bueno, en momentos como este, supongo que es lo mejor que se puede hacer.
Llevé el pico de la botella a mi boca para empezar a beber. Grande fue mi sorpresa al saborear el vino.
Esta cosa es fuerte. De haberlo sabido no habría intentado tomarlo tan de repente.
— Y este vino lo sacaste de….
— Estaba en una mesa de la cocina.
— Ya veo.
Un nuevo intento de mi parte por beber tuvo más éxito. Pude dar algunos tragos antes de detenerme.
Quizás cogí algo de adicción luego de pasar tanto tiempo en diferentes bares.
Me encogí de hombros y di unos cuantos tragos más. Acto seguido, la alcancé la botella a Siesta para que también bebiera.
…
— Louise, pequeña Louise, tu cabello tan encantador tiene un hermoso color.
— Hermana, tú tienes el mismo cabello.
Louise se encontraba en el cuarto de Cattleya, el cual era una especie de combinación entre un jardín botánico y un zoológico. Había varias macetas esparcidas por la habitación, muchas aves de corral que estaban en cestas colgadas del techo y varios cachorros corriendo por el lugar. Louise estaba siendo peinada por su hermana mayor.
Cattleya se rio ligeramente por el comentario de Louise.
— Oh, bueno, tu pelo me gusta.
— El color de pelo de nuestra hermana Eléonore es el mismo rubio que el de nuestro padre, creo. — Murmuró Louise.
— Una vez le pregunté a nuestra hermana sobre es. Ella se ofendió.
— La verdad, no creo que a nuestra hermana le quede un color de cabello como el suyo.
— ¿Por qué?
— Ella es mala. A pesar de haber pasado tanto tiempo, ella sigue molestándome.
— Eso es porque tú, Louise, eres muy linda. Tan linda que haces que uno se preocupe por ti. Esa es su manera de mostrarte su afecto
— Eso no es cierto.
Cattleya abrazó a Louise por la espalda.
— Es cierto. Todos en esta casa te quieren, pequeña Louise.
— Diciendo una cosa así, hermana mayor…
Cattleya enterró su cara en el cabello de Louise y cerró sus ojos.
— Estoy feliz, Louise. Creí que estarías totalmente deprimida.
— ¿Por qué?
— El vizconde Wardes era un traidor, ¿cierto? Hace medio año, él era el líder de uno de los tres grupos de la guardia real. La mansión de Wardes está justamente al lado de nuestro territorio y lo conoces desde muy joven. Cuando él te traicionó, ¿no te dolió?
Louise sacudió su cabeza.
— No realmente. Ya no soy una niña. No confundas una admiración infantil por amor.
Cattleya sonrió al escuchar la respuesta tan firme de su hermana menor.
— Eres admirable. En verdad has crecido, Louise.
— Así es. — Murmuró Louise para sí misma. — Ya no soy una niña. Por eso quiero tomar decisiones por mí misma.
— Entonces, si padre se opone a tu petición, ¿irías a la guerra sin su permiso?
— Es posible, pero quiero llega a un acuerdo con él. Quiero que todos me entiendan.
— Debes saber que yo no siento admiración por la guerra.
— Nuestra Madre Patria está en crisis. Y la princesa… no, Su Majestad necesita de mis poderes. Por lo tanto…
— Es inútil que me digas eso a mí. No podré entenderlo, pues tu hermana mayor ha estado encerrada en este castillo desde siempre.
Cattleya acarició suavemente la cabeza de Louise. Entonces, la primera empezó a toser fuertemente.
— ¡Hermana! ¡¿Estás bien?!
El rostro de Louise denotaba preocupación. El cuerpo de Cattleya era débil, era por eso que nunca se había alejado demasiado de la mansión de la familia Valliere.
— ¿Llamaste a un médico?
Cattleya asintió.
— Llamaron al médico local. Lanzó poderosos hechizos de Agua muchas veces, pero fue inútil contra esta enfermedad. Nada parece ser efectivo para remediar este cuerpo.
La causa de la enfermedad de Cattleya era desconocida. Si se le trataba con medicina natural o magia, una parte de su cuerpo se curaba, pero otra comenzaba a degenerarse. Eventualmente, todos los médicos terminaban fracasando. Lo que podía lograrse, al menos, era disminuir sus síntomas mediante diversos medicamentos y magias.
A pesar de pasar por eso, Cattleya todavía sonreía. Louise sentía pena por su hermana mayor. Debido a su condición, Cattleya nunca pudo entrar a la Academia de magia, a pesar de poder usar magia. Además, tampoco podía casarse.
Muchos ya se habían dado por vencidos, pero Louise había obtenido una nueva esperanza hace unos meses atrás. Le mencioné que el hechizo de curación podía sanar cualquier mal siempre y cuando se tenga el suficiente poder, así que tenía la idea de que tal vez la magia rúnica podía sanar a su hermana. Ella misma habría querido aprender el hechizo de curación, pero al escuchar que Tabitha ya había empezado a practicarlo, decidió desistir. Según dije, Tabitha, además de tener una mayor afinidad con la magia rúnica, tenía una propia motivación para aprender ese hechizo lo más pronto posible. Louise tenía en mente pedirle su ayuda en el momento adecuado. Aunque claro, la misma Louise no quería dejar que alguien más hiciera todo el trabajo. Ya que un mago rúnico podía dar su poder a otro para fortalecer el hechizo de otro mago, ella quería mejorar lo más posible como maga rúnica hasta que llegue el día de pedirle ayuda a Tabitha. Ella mantendría eso en secreto, pues una falsa esperanza no es algo que quería dar luego de tantos fracasos.
Cattleya decidió cambiar el tema de la conversación.
— Mira, Louise, ese es el pájaro del que te hablé en el carruaje. Es el que recogí recientemente.
La hermana mayor de Louise señaló a una jaula donde se encontraba un pájaro que tenía un vendaje alrededor de un ala.
— L-Lindo.
— Cuando estaba paseando escuché el sonido de un pájaro herido. Hice que detuvieran el carruaje para poder bajar y recogerlo.
— Pero es sólo un pájaro.
— ¿No tienes un sentimiento parecido por tu familiar?
Cattleya sonrió.
— Me alegro de que hayas alcanzado la edad para poder enamorarte.
Todo el rostro de Louise se puso rojo.
— ¡¿De qué estás hablando?! ¡No estoy enamorada!
— Es inútil que intentes ocultarlo. Me he dado cuenta de todo.
— No me he enamorado, ¡de verdad!
Louise empezó a sacudir fuertemente su cabeza.
— No hagas tanto alboroto. Lo comprendo todo. En fin, ya es bastante tarde y ha pasado un buen tiempo desde que dormimos juntas, ¿no es así?
Todavía sonrojada, Louise asintió.
Ya con las dos en la cama, Cattleya empezó a abrazar a Louise. Esta última recostó su cabeza en el pecho de su hermana mayor y dio un profundo suspiro.
— ¿Qué te preocupa, Louise?
— No es nada.
— Dime.
Louise vaciló un poco antes de responder.
— Me gustaría que las mías crecieran tan grandes como las de mi hermana. — Murmuró ella.
Cattleya aguantó las ganas de reír. Entonces, empezó a tocar el pecho de Louise. La hermana menor dio un pequeño grito por la sorpresa.
— No te preocupes. Crecerán pronto.
— ¿En serio?
— Sí. Yo estaba como tú hace algunos años.
Louise trató de hacer memoria. Cattleya tenía veinticuatro años, así que cuando su hermana mayor tenía su edad, Louise tenía ocho años. Ella trataba de recordar el aspecto de Cattleya en ese tiempo, pero no podía hacerlo con claridad.
Ahora que lo pienso, hace años yo no conseguía dormir sola y siempre me quedaba dormida abrazando a mi hermana. Estar con ella siempre me calmaba.
Mientras era abrazada por Cattleya, los ojos de Louise comenzaron a cerrarse. Entonces, diversos pensamientos llegaron a su mente. Henrietta, la guerra contra Albion, volver a casa a pedir permiso para participar en una invasión que podía ocasionar su muerte y la carga sobre sus hombros. Mientras todo eso pasaba por su cabeza, ella, por alguna razón, empezó a pensar en su familiar. Apenas habíamos podido hablar desde que salimos de la academia. Con ello en su mente, Louise no conseguía dormirse. Inquieta, ella comenzó a retorcerse.
— ¿Qué pasa? ¿No puedes dormir?
— Sí.
— Así que no eres capaz de dormir a mi lado. ¿En quién estás pensando, pequeña?
— ¡E-En nadie! ¡De verdad!
— ¿Es el chico que trajiste contigo?
— ¡No! ¡Él es sólo un familiar! ¡Yo no lo amo!
— Yo nunca dije nada de amor.
Louise se escondió bajo las sábanas.
— Te odio, hermana mayor.
— Oh, ahora soy odiada. — Dijo Cattleya para después reír alegremente. — Pero está bien. Si una niña ya no es capaz de dormir junto a su hermana mayor, esta última debería estar avergonzada.
Louise hizo un débil gemido.
— Nos veremos después. El lugar donde debes estar es otro.
Louise, luego de salir de la habitación de su hermana y preguntarle a los sirvientes por mi ubicación, caminó en dirección a mi cuarto.
No es la gran cosa. Todo esto tal vez lo puso inquieto y debo ir a ver si está bien.
Esa era claramente una excusa de parte de Louise. No obstante, no faltaba razón en lo que pensó.
Una vez Louise llegó a su destino, dio un gran respiro. Acto seguido, ella abrió la puerta de la que era mi habitación. Lo primero que vio no le hizo feliz en lo más mínimo. Vio a Siesta recostada en la cama y le demoró un segundo en pasar de la sorpresa al enojo. Ella miró alrededor del cuarto para encontrarme. Sin embargo, yo no me encontraba ahí.
…
Nada… sigo sin decidirme.
En ese momento me encontraba afuera del castillo, sentado en el pasto. Como varias otras veces, había salido a caminar para pensar con tranquilidad.
Bostecé y después bebí algo más de vino. Me había llevado la botella conmigo, pues realmente le agarré un gusto a su sabor y la desperdiciaría si la hubiera dejado. Levanté una de mis manos e hice el conjuro Cañón de aire. El resultado fue que hice flotar la piedra que había colocado en mi mano. Las vacaciones habían sido productivas. Sin más que hacer, seguí practicando el hechizo mientras pensaba en la situación actual.
Louise quiere ir a la guerra y tengo deseos de estar con ella para ayudarla, pero no tengo la valentía. Sus padres le prohibieron ir, la trajeron aquí y parece que no dejarán que se marche. Estoy aliviado por eso, pero también irritado, pues sé que ella debe estar pasándola mal.
Apoyé mi espalda en la pared.
Hubiera aprovechado esa vez para desmotivar a Henrietta y así desista de invadir a Albion. Aunque según entiendo, ellos hubieran atacado Tristain de todos modos y la situación hubiera sido casi la misma.
Di un nuevo trago a la botella de vino.
Ya estaba teniendo un problema con el primer dilema y ahora debo lidiar también con el segundo. Debería conversar con ella de esto, pero…
— Me pregunto si Louise se enojara.
— ¿Enojarme de qué?
La súbita aparición de Louise hizo que diera un grito.
— ¡Maldición! ¡¿Qué te cuesta avisarme que estás aquí?!
— Te hablé desde lejos, pero no respondiste. — Respondió ella a la vez que se sentaba a mi lado.
Dejé la botella en el suelo y cubrí mi rostro con mi mano derecha.
— ¿Qué haces aquí? — Pregunté.
— ¿Qué haces tú aquí? Es bastante tarde.
Sin ánimos de empezar una discusión en torno a quién debía contestar primero, respondí.
— Tenía muchas cosas en mi cabeza, así que salí a caminar para pensar mejor, ¿y tú?
Ella se ruborizó ligeramente. Pasaron unos segundos para que Louise respondiera.
— También quería caminar para pensar en algo.
— Bien, entonces no te distraigo más.
Me levanté para irme lo más rápido posible.
— Espera un momento. Antes dijiste algo sobre hacerme enojar, ¿qué era eso?
Chasqueé la lengua. Lo que quería lograr al levantarme tan rápido era justamente evitar conversar de eso. Inhalé y exhalé antes de sentarme nuevamente.
— ¿Qué quieres hacer ahora mismo?
Louise me miró confundida.
— Te trajeron aquí para evitar que fueras a la guerra, ¿verdad? Me refiero a eso.
— Mi decisión no ha cambiado, todavía quiero ir a ayudar.
— Ya veo.
— ¿Por qué lo preguntas ahora?
— Por nada importante, sólo un problema de todos los días. Una amiga quiere ir a una guerra donde podría morir, su familia, de cierta forma, la raptó para evitarlo y yo estoy aquí, pensando que quizás eso no fue tan malo.
— ¡¿Eh?! Espera un…
— Sé que está mal que te obliguen a hacer algo que tú no quieres, sé bien cómo se siente después de todo.
Agarré la botella de vino y le di un trago.
— Pero si hay la posibilidad de que no vayas a la guerra, entonces veo normal que al menos pueda considerarla.
— No hay ninguna posibilidad de ello. Quiero llegar a un acuerdo con mis padres, pero iré de un modo u otro, no importa lo que ellos digan.
Yo no lo veía así. Por la forma en la que Louise actuó frente a su madre, realmente sentí que algo podía cambiar.
— Si tú lo dices…
Un nuevo trago a la botella de vino, la cual ya estaba prácticamente vacía, fue lo que le siguió a mis palabras.
Tal vez debería dejar de preocuparme por eso. Si dependiera de mí sería otra historia, pero solamente ella y su familia tienen voto en este tema. Di un pequeño bostezo. Sí, creo que eso será lo mejor.
Ninguno dijo ninguna palabra hasta unos segundos después.
— ¿Recuerdas el día que me invocaste?
— Sí, ¿por qué lo preguntas?
— No puedo recordarlo con total claridad, pero cuando accedí a ser tu familiar y protegerte pensé en algo como "Esta chica debe de estar loca si cree que en verdad lo haré."
Louise iba a responderme algo, pero no pudo hacerlo, pues seguí hablando.
— Si me hubieras pedido acompañarte a una guerra en ese entonces, me habría escapado en medio de la noche. Es bastante curioso que tan sólo unos meses después haya tenido que pensar seriamente en si debía seguirte.
Estiré mis brazos.
— Aunque por todo lo que hemos pasado juntos creo que es normal que suceda eso.
— La invasión no comenzará hasta dentro de un mes. ¿No es posible que termines cambiando de parecer en ese tiempo?
— No hay posibilidad de ello. — Respondí imitando el tono con el que Louise dijo esas mismas palabras un minuto atrás.
Ella se enojó por eso.
— Aunque… si vas a ir a la guerra, entonces al menos quiero acompañarte todo lo que pueda. No te molesta que sea yo quien te lleve hasta la flota, ¿verdad?
Louise sacudió su cabeza.
— De hecho me gustaría que lo hicieras.
— Entonces que sea así, pero no esperes nada más que eso.
Una vez más, hubo algunos segundos de silencio.
— Si las guerras son tan comunes aquí, entonces no sería raro que termine acompañándote a la siguiente.
Louise sonrió al escuchar esas palabras.
— Bueno, si no vuelvo antes a mi mundo, claro está.
— ¿Sabes? En verdad deberías guardarte comentarios como ese para no arruinar el momento.
— No es como que lo haga a propósito. ¿Y bien? Dijiste que también saliste a caminar para poder pensar en algo. ¿Qué es lo que era?
Louise elevó un poco su vista para ver a las dos lunas.
— No es nada por lo que preocuparse, al menos ya no lo es.
— Ya veo…
— Por cierto, ¿qué hacía la sirvienta en tu habitación?
Ya decía yo que era demasiada coincidencia encontrarnos. Fuiste a buscarme, ¿no es así?
— Estaba cansada por todo el viaje y vino a beber un poco. Al principio creí que era una buena bebedora, así que quizás exageré un poco.
El recuerdo de hacerla beber un tercio del contenido de la botella de una sola vez llegó a mi mente.
— Cuando se quedó dormida, me las arreglé para recostarla en la cama y vine aquí.
— ¿Y dónde vas a dormir entonces?
— En el mismo cuarto, o al menos eso intentaré, pues la cama en verdad es incómoda. ¿Sabes? Creo que me has acostumbrado demasiado a los lujos de la nobleza.
— No me importaría que duermas conmigo. — Murmuró Louise.
— Normalmente a mí tampoco me importaría, pero considerando que estamos en tu casa y tu familia es muy… estricta, no creo que deba correr el riesgo de que alguien nos vea dormir en la misma cama.
En la academia no tenía ningún problema en dormir junto con Louise. Sin embargo, la situación era diferente en ese entonces. Estaba en la mansión de una de las familias más poderosas de Tristain. Mi sentido común me decía que no era buena idea dormir en la misma cama que la hija de esa familia.
— Podrías transformarte.
Apenas tuve que considerar esa opción por un segundo.
— ¿Por qué no pensé en eso antes? Sí, es buena idea. En fin, creo que ya es bastante tarde, así que lo mejor es ir yendo.
Agarré la botella y me levanté. Después, comencé a llevar el pico de la botella nuevamente a mi boca con la intención de acabarme su contenido. Sin embargo, cierto pensamiento llegó a mi mente.
Sí, me he vuelto un alcohólico o al menos estoy cerca de… no, definitivamente me he convertido en uno.
Durante gran parte de las vacaciones asistía a los bares para así tratar de conseguir información. Con el transcurrir de las semanas, sin embargo, el ir a los bares dejó de ser un simple deber y empecé a frecuentarlos para satisfacer mi deseo.
Di un largo suspiro luego de haber tenido esa revelación sobre mí mismo.
Debo dejarlo o al menos moderarme más.
Le extendí la botella a Louise.
— Por hoy he bebido demasiado y no sería bueno que esto se desperdicie. Además, quizás te ayude a dormir.
Louise, quien también se había levantado ya, dudo por unos instantes sobre si debía o no coger la botella. Aunque al final, terminó aceptando mi ofrecimiento. Ella sujetó la botella de vino y llevó el pico hasta su boca para beber un poco.
— Cuidado, el vino es muy fuerte. — Advertí deliberadamente tarde.
Louise tosió fuertemente al saborear el vino. Al ver eso, me reí ligeramente. Acto seguido, comenzamos a caminar mientras Louise se quejaba por no haberle advertido antes. Mentiría si dijera que no consideré desearla buena suerte en su petición de ir a la guerra. Realmente lo pensé, pero al final decidí no hacerlo, pues sabía que estaría siendo deshonesto.
…
Di un largo bostezo.
Ya era de mañana. Al despertarme, noté como todavía estaba siendo sujetado por los brazos de Louise. Tal y como acordamos la noche anterior, yo me había transformado para que así pudiéramos dormir juntos. La verdad, no me arrepentí de hacerlo. La cama de su cuarto en la academia era muy cómoda. Sin embargo, la que estaba en la habitación de su hogar era mucho mejor. No era posible dormir encima de una nube, mas estaba seguro que la sensación de descansar en dicha cama era muy similar.
Intenté zafarme, pero el agarre la maga era mucho más fuerte que de costumbre. Sin darle más importancia al asunto, decidí intentar dormir nuevamente. No tenía nada que hacer de todos modos. No obstante, antes de poder conciliar el sueño, cierto pensamiento llegó a mi mente.
¿Por qué a esta hora? Teniendo en cuenta lo que bebí y la hora en la que me dormí, es raro que me despertara ahora.
El reloj interno que tenía me solía despertar a las horas que yo necesitaba. Sin embargo, a veces me despertaba también en momentos muy extraños y por razones que terminaba averiguando tarde o temprano. Sentí que estaba en uno de esos momentos.
Debe ser por algo, me preguntó que podrá ser.
Unos segundos después, alguien tocó la puerta de la habitación. Al no haber una inmediata respuesta, la fuerza del toqueteo aumentó. Louise, finalmente, se despertó, me soltó y se levantó para abrir la puerta. Desde mi posición, pude notar que era un sirviente el que estaba afuera de la habitación.
— El amo acaba de regresar y ha solicitado su presencia para el desayuno.
Esas fueron las únicas palabras que dijo el sirviente antes de hacer una reverencia e irse. Louise volteó a verme. No obstante, yo fingí que seguía dormido. Ella prefirió dejarme descansar y se cambió rápidamente. Finalmente, ella salió de su cuarto para dirigirse a desayunar.
Una vez ella cerró la puerta, me levanté y comencé a estirarme.
Me pregunto si debí ir con ella.
…
— ¡Maldito idiota con cerebro de pájaro!
El Duque de La Valliere se encontraba sentado en el asiento de honor de la enorme mesa que se preparó para el desayuno. Ahí también se encontraba su esposa, además de sus tres hijas que se sentaron de acuerdo a sus edades. Louise temblaba ligeramente, pues dentro de unos minutos tendría que pedirle permiso a su padre para que la deje ir a la invasión y este parecía estar de mal humor. Un insulto del duque hace el Cardenal de Tristain fue el inicio de un mar de quejas.
— ¿Cuál es el problema? — Preguntó la duquesa.
— Después de ir todo el camino hasta la capital, él me pidió que organizara el ejército. ¡¿Qué clase de broma es esa?! ¡Ya me he retirado del servicio militar! ¡¿Por qué no le hizo esa petición a la persona que tomó mi lugar y me deja estar con mi familia?! ¡Además, él sabe bien que estoy en contra de esta guerra!
— Lo que dices es verdad, pero, ¿estará bien? ¿No dio el Cardenal la noticia oficial que en este momento toda la patria debería unirse para derrotar a Albion? Si se propaga un rumor de que la familia Valliere se ha rehusado a prestar su ayuda, eso afectaría nuestra vida social también.
La duquesa se mantuvo estoica al pronunciar todas esas palabras.
— Y no deberías llamar idiota con cerebro de pájaro al cardenal. Idiota es más que suficiente. Pensar que él tomara una ventaja de este tipo de una joven reina…
Louise tosió y arrojó el pan que estaba comiendo. En respuesta, Eléonore miró fríamente a su hermana menor.
La conversación siguió adelante y durante toda su duración, Louise se mantuvo tranquila. Un par de minutos tuvieron que pasar para que ella abriera sus labios.
— Hay algo que me gustaría preguntarle, padre.
El duque miró intensamente a Louise.
— Por supuesto, pero antes de eso, ¿no le darás a tu padre, al cual no has visto en tanto tiempo, un pequeño beso, Louise?
Louise se levantó y se acercó a su padre. Una vez estuvo a su alcance, ella le dio un beso a su mejilla. Después, Louise lo miró directamente para hacerle una pregunta.
— ¿Por qué se opone mi padre a mi decisión de unirme a la invasión?
— Porque esa invasión es un tremendo error.
— Estamos en guerra contra Albion. Ellos nos invadieron en primer lugar, ¿qué hay de malo en querer emboscarlos a ellos?
— Yo no llamaría a esto una emboscada. Mira aquí.
El duque manipuló los alimentos de su plato para representar el estado de la guerra y así explicarle a Louise lo que él tenía en mente.
— Esto que llamas embocada no es más que ataque a gran escala con la intención de tener éxito al primer intento. El ejército enemigo es alrededor de cincuenta mil, mientras que las fuerzas combinadas de Tristain y Germania son de sesenta mil.
— ¿No tenemos una ventaja de diez mil hombres?
— Si el ejército atacante fuera al menos tres veces más grande que el defensor, entonces sería una victoria segura, pero ese no es nuestro caso. Además, debido a que las fuerzas aéreas enemigas se han organizado y poseen una buena posición, una ventaja de diez mil hombres no es algo muy relevante.
— Pero…
— Nuestra posición es excelente. Tan sólo necesitamos efectuar un bloqueo y esperar a que ese país se quede sin recursos. Si hacemos eso, entonces sólo sería cuestión de tiempo para que ellos pidan la paz. No hay mejor forma de acabar con una guerra como esta. Respóndeme, ¿qué sucederá si fracasa esa supuesta emboscada? La posibilidad de que eso suceda no es pequeña.
Louise se quedó en silencio, pues lo que había dicho su padre tenía completo sentido. De hecho, si a mí se me hubiera ocurrido eso, entonces me habría pasado toda la madrugada que estuve junto a Henrietta tratando de convencerla para seguir ese plan. De haberlo hecho y haber ella accedido, mis preocupaciones se hubieran disipado por completo.
— La victoria en Tarbes nos ha dado una confianza en exceso. Para empeorar las cosas, ¿tomar a los alumnos de la academia como oficiales? Eso es, simplemente, estúpido. ¿Qué pueden hacer esos niños? Esto es una guerra y no puedes basarte sólo en los números para afirmar que eres lo suficientemente fuerte. Con todo eso en consideración, no hay manera en que yo le permita a mi hija participar en esa guerra.
— Padre…
Entonces, el duque se puso de pie.
— Ahora bien, el desayuno se terminó. — El padre de Louise la miró. — Louise, de ahora en adelante estás bajo arresto domiciliario. Tienes prohibido salir de los límites de este castillo hasta que la guerra termine.
— ¡Espera!
— No hay nada más por decir. Como dije, la conversación ha terminado.
Louise apretó sus puños.
— Para la princesa… no, para Su Majestad yo soy necesaria.
— ¿A qué te refieres con que eres necesaria? Tu habilidad con la magia es…
— Ahora mismo no puedo decirlo, pero… yo…
Louise estaba en un dilema, pues ella no podía decirle a su familia que era una usuaria del Vacío. Ella había hecho la promesa de mantenerlo en secreto, después de todo.
— ¡Ya no soy la misma de antes!
— ¡Louise! ¿Qué tratas de decirle a padre? — Preguntó Eléonore con una intensa voz.
— ¡Hermana mayor, guarda silencio! ¡Estoy teniendo una conversación!
Todos los miembros de la familia fueron sorprendidos por la actitud de Louise, pues ella nunca le había replicado a su hermana de esa forma.
— Siempre he sido tratada como una idiota. Siempre me sentía inferior cuando me comparaban con mis hermanas. Siempre me decían que no tenía talento para la magia. Pero… pero ahora es diferente. Estoy completamente segura que Su Majestad me dijo que soy necesaria para ella.
La expresión en los ojos del duque cambió de repente. Él se volteó hacia Louise y se arrodilló para ponerse a la altura de su hija.
— ¿Encontraste finalmente el elemento que dominas?
Louise asintió.
— ¿Cuál de los cuatro?
Louise por pensó por unos instantes. Ella sabía que no podía responder que era el Vacío y por ello se preguntaba si era correcto mentirle a su padre. Al final, Louise abrió sus labios para hablar.
— Fuego.
— ¿Fuego?
Durante un momento, el duque miró a la cara de Louise para después asentir lentamente.
— Tiene el mismo elemento que tenía tu abuelo. Así que el fuego… es natural que te atraiga la guerra. El fuego es, ciertamente, un elemento pecaminoso. Un elemento cubierto de pecado.
— Padre…
— Si mal no recuerdo, dijiste que Su Majestad necesita tu poder, ¿verdad?
— Sí.
— Escucha, Louise, esto es muy importante. Quiero saber que no hay ningún error al respecto. Cuando no había nadie más alrededor, Su Majestad te dijo que tu poder era necesaria para ella, ¿verdad?
Louise, sin pensarlo ni un momento, respondió.
— Sí, Su Majestad me dijo que mi poder era necesario para ella.
El anciano duque sacudió su cabeza.
— Es algo honorable, algo terriblemente honorable. Tal como pensé, no hay forma en que pueda reconocer esto.
— ¡Padre!
— La gente puede cometer muchos errores a causa de esa cosa llamada lealtad. Voy a informarle a Su Majestad por mí mismo. ¡Jerome!
— Sí. — Contestó el mayordomo a la vez que se puso al lado del duque.
— Prepara papel y lápiz.
Después de esto, él se volvió hacia Louise.
— Tienes que elegir un yerno para mí.
— ¿Eh? ¿Por qué?
— Estoy seguro que tu deseo de participar en la guerra es sólo porque estás confundida. Dicho esto, estás confundida por lo que pasó con ese traidor de Wardes, ¿verdad? Es por eso que debes elegir un yerno para mí. Además, eso podrá calmar tu corazón, ¿no está eso bien? Esta es una orden y no permitiré ningún cambio.
— ¡Padre!
El duque miró al mayordomo.
— Jerome, no dejes que Louise salga del castillo, ¿entendiste?
— Por supuesto. — Respondió el mayordomo mientras asintió.
A continuación, el duque salió de la habitación. Por su parte, la duquesa y la hermana mayor de Louise se quedaron en el lugar para hablarle a ella.
— Tu padre ya no es tan joven como antes. No hagas que se preocupe de esa forma.
— Preocupaste demasiado a padre y por eso ahora debes elegir a alguien. — Declaró fríamente Eléonore.
— ¿Por qué tengo que hacer eso? Según la tradición, Eléonore debe ser la primera en casar…
Antes de que Louise pudiera terminar de hablar, Eléonore pellizcó su mejilla.
— Lo… lo siento… pero es que para mí un matrimonio es…
— ¿Por qué no quieres hacerlo? ¿Hay algún motivo? ¿Acaso tienes un amante?
Louise sacudió su cabeza rápidamente ante las preguntas de su madre.
— No, no lo tengo. No tengo ninguno.
La esposa del duque y Eléonore notaron algo raro en la expresión de Louise. Ambas intercambiaron miradas durante unos segundos.
— Pareces estar pensando en alguien.
— ¡Ya dije que no hay nadie!
— ¿Quién es? ¿De qué cada noble es?
— ¿Un conde? ¿Un barón?
— No será… no será un simple caballero, ¿verdad?
Louise desvió su mirada ante las incesantes preguntas.
— ¿Es un caballero? Oh no, esta chica… Pensar que se enamoró de un hombre de baja condición social.
Una amarga expresión se formó en el rostro de Eléonore. La madre de Louise, por otro lado, se frotaba las sienes.
— Esto debe ser porque nunca tomé el adecuado cuidado de esta chica…
— No estoy enamorada de ningún caballero. — Dijo Louise tajantemente.
Si Louise no siguiera reacia a admitir que lo que sentía era amor y estuviera dispuesta a hablar, entonces hubiera podido al menos decir que estaba enamorada de un mago. Un mago de otro mundo, pero un mago al fin y al cabo. Eso no sería ninguna mentira y calmaría un poco la presión que le estaban ejerciendo. Sin embargo, ese no era el caso.
Cattleya miraba a Louise con preocupación.
— No importa la edad que tenga esta chica, ella siempre está preocupándonos. No sólo quiere unirse a la guerra, sino que también se ha enamorado de un caballero…
— Ya dije que no…
La duquesa y Eléonore gritaron a la vez.
— ¡Silencio!
Era la usual actitud amenazante. Louise, quien había utilizado antes su valor para hablar con su padre, se quedó completamente abatida. Ella, sin poder aguantar más la presión, se fue corriendo.
— ¡Oye! ¡Espera!
Louise, a pesar de haber escuchado los gritos de su madre y su hermana mayor, no se detuvo.
…
Supongo que no era tan mala idea venir aquí en las vacaciones.
La tarde había llegado y yo me encontraba en la biblioteca de la mansión. Encontré el lugar por pura casualidad, mientras hacía algunos quehaceres que me habían dejado. Acabé mis tareas a toda velocidad para así tener tiempo de buscar algo que me sirviera para mi investigación. Cerré el libro que había estado leyendo y lo dejé en la estantería. Inmediatamente, comencé a buscar otro. Es cierto, el lugar no era la biblioteca de una prestigiosa academia, pero al menos era una biblioteca ubicada en la mansión de una poderosa familia.
A la vez que agarré un libro que llamó mi atención, escuché como la puerta de la biblioteca fue abierta. Volteé y vi a la hermana de Louise entrar. Le resté importancia a su presencia y comencé a leer el libro en mis manos.
— ¿Qué es lo que estás haciendo aquí?
— Tengo mi vista puesta en un libro abierto, ¿qué más podría estar haciendo?
A Eléonore obviamente no le agradó el tonó descortés de mi respuesta.
— Eres bastante irrespetuoso para ser un plebeyo. Tal parece que mi hermana menor no te ha educado como es debido.
— Lo intentó, pero hay cosas que simplemente no se pueden cambiar.
— Aún estoy esperando una adecuada respuesta a mi pregunta.
Igual de obstinada de Louise…
— Estoy leyendo, ¿ya estás feliz?
— Sigo pensando que no es la manera correcta de responderme.
Decidiendo que lo mejor era no seguir con ese círculo vicioso, volví a mi lectura. Eléonore, por su parte, no pudo con su curiosidad y se acercó para ver el libro que tenía en mis manos.
— Todavía me pregunto para qué quiere un plebeyo leer esa clase de libros.
— Para cierta investigación.
— Sigue sin tener sentido. Por más que aprendas todo lo que está ahí, no te servirá de nada.
— Te sorprenderías.
— Me respondiste del mismo modo cuando viajamos en el carruaje. ¿A qué te refieres con eso?
¿Acaso toda esta familia ha confabulado en secreto para no dejarme investigar en paz?
Dejé el libro en una mesa que estaba cerca de mí. En ese momento no tenía ganas de dar una larga explicación, así que decidí elegir la opción con la que podría acabar la conversación lo más rápido posible.
— No puedo contar los detalles, pero hacer este tipo de investigaciones es una necesidad que tengo.
Saqué un papel rúnico de mi zurrón y lo coloqué en el suelo. Había pasado un tiempo desde que le había mostrado la magia rúnica a alguien. La explicación que había acordado con Louise hace mucho seguía siendo la misma, así que no había realmente un motivo para tener que ocultarla.
— Obviamente no lo sabes, pero yo no soy de Halkeginia.
Activé el hechizo y empecé a levitar. Eléonore quedó boquiabierta. El que estuviera flotando no le era raro, sino el hecho de que lo había hecho sin usar una varita como los nobles de Halkeginia. Pasaron unos segundos para que finalmente desactivara el conjuro.
— Motivos para tener que estudiar su magia son muchos. Si quieres escuchar alguna razón romántica, entonces podría decirte sobre como la magia de ustedes los nobles me apasionó desde el primer momento en que la vi o algo así. Bueno, eso no se aleja mucho de la realidad, así que no estaría mal si te quedas con esa razón. Lo que creía saber sobre el mundo fue sólo la punta del iceberg y me interesa saber todo aquello que ignoraba.
Unos segundos pasaron en que ninguno de los dos hizo ningún movimiento. De pronto, Eléonore se acercó todavía más.
— ¿Cómo hiciste eso?
Por el tono de su pregunta pude deducir que quería una muy detallada explicación.
Quizás debí prever esto.
— Es una imitación de la magia de los nobles de Halkeginia que se creó en mi hogar en base a las cosas que oímos acerca de ustedes.
— ¿Quién la creo? No, dime primero cómo fue que la creo.
Esto sí no pude haberlo visto venir.
La historia que había acordado con Louise era bastante superficial. No imaginamos que alguien tendría tanto interés como para querer averiguar tanto sobre la magia rúnica.
— Se basaron en hechizos ya existentes para crear ciertas runas.
Eso fue lo primero que se me ocurrió responder y por ello fue una respuesta que no se alejaba mucho de la realidad. Sin embargo, eso no bastó para satisfacer a Eléonore.
— ¿Puedes ser más específico? Además, ¿hace cuánto tiempo fue que se creó?
— ¿Por qué tanto interés? ¿No eres tú la que dijo que no tenía sentido investigar algo que uno no podría poner en práctica?
Eléonore recobró su compostura. A continuación, tosió un poco para aclarar su garganta.
— Soy una investigadora. Algo así es normal en aquellos como yo, pero es raro que un simple plebeyo muestre tal interés en temas que no le conciernen.
En ese momento, recordé lo que mencionó Louise en la cena. Ella había dicho que Eléonore era la investigadora en jefe de la Academia.
— Además, dijiste que es una imitación de nuestra magia. ¿No sería normal que también pueda hacerla?
Ah… tiene un punto en eso. Quizás debería cambiar un poco la historia para evitar que alguien más tenga esa idea en un futuro.
De inmediato pensé en una excusa para ello.
— Al igual que un plebeyo no puede hacer magia, esta imitación fue hecha específicamente para no poder ser usada por los nobles.
— Bueno, eso no cambia nada. ¿Y bien? ¿Vas a responder a mis preguntas?
De saber que reaccionaría de esta forma, me hubiera guardado lo de la magia rúnica.
— Como puedes ver, estoy ocupado con mi propia investigación, así que esta charla deberá darse en otro momento.
Una clara expresión de disconformidad se pudo apreciar en el rostro de Eléonore.
— ¿Qué es lo que buscas?
— Necesito crear una mezcla entre dos metales. Ya tengo uno de ellos, pero debo buscar un complemento adecuado para reducir la… volatilidad del primero.
Dicho eso, volví a lo mío. Eléonore se quedó ahí, sentada en una silla, pues al parecer esperaba a que terminara para que así yo pudiera aclarar sus dudas. Su presencia me ponía algo inquieto, ya que era como si me estuviera presionando por acabar. Tratando de reducir esa incomodidad, busqué algo de lo que pudiera hablar.
— Por cierto, ¿cómo le fue a Louise? ¿Consiguió el permiso de sus padres?
La verdad es que no había visto a Louise desde esa mañana, así que no tenía ni idea de cuál fue el resultado de su petición.
— Como si le fueran dar su consentimiento a esa niña.
Eléonore había decidido ocultar el hecho de que Louise había salido corriendo luego del desayuno. De hecho, la razón por la que la hermana mayor de Louise estaba ahí era porque habían mandado a algunos sirvientes a buscar a Louise por los interiores del castillo y pensó que no era mala idea dar una vuelta mientras esperaba algún reporte.
— Ya veo.
— Suenas bastante satisfecho con la respuesta que di.
— De cierta forma, se podría decir que estoy de su lado. Es mejor quedarse aquí que ir a la guerra para correr peligro.
— Bueno, eres su familiar, por lo que es normal que pienses así. Es tu deber protegerla, así que seguramente prefieres eso para no arriesgarte en una batalla.
Aunque no es como que fuera a acompañarla.
— Sí, lo que dices es cierto. Sin embargo, también es cierto que la quiero a salvo por la misma razón que ustedes, estoy preocupado por lo que pueda pasarle.
Habían sido meses desde la última vez que vi a mi familia. Si no fuera por ese hecho, lo más probable hubiera sido que no me diera cuenta de esa preocupación que tenían hacia Louise. Era un poco más perceptivo en cuanto a eso sólo por el alejamiento hacia mis padres.
— Si tan sólo esa niña pudiera comprender eso.
— No puedo culparla, esa preocupación que le muestran es algo… ¿única?
La hermana mayor de Louise ignoró mi pasó mucho tiempo más para que Eléonore se terminara levantando. No sabía cuánto tiempo más tardaría yo, así que decidió dejar el asunto para otra ocasión.
— Por cierto, Los métales más relevantes en la alquimia de los últimos cien años. Necesitarás la tercera edición de ese libro.
Dicho eso, Eléonore se retiró de la habitación. Pensando que no había nada de malo con hacer el intento, comencé a buscar el título que me mencionó. Tarde apenas un minuto en realizar esa tarea, pues la forma en la que estaban organizados los libros en esa biblioteca fue de mucha ayuda. Abrí el libro y empecé a revisarlo. Basto que leyera las primeras páginas para saber que era exactamente lo que necesitaba.
Como se esperaba de una investigadora en jefe. Pensé bastante impresionado.
Le había dado tan sólo una pequeña cantidad de información respecto a lo que buscaba y ella terminó por pensar en una lectura adecuada.
Aunque si tanto quería que le hablara de la magia rúnica, ¿por qué no me mencionó el libro desde antes? Bueno, como sea….
De repente, un pensamiento apareció en mi cabeza.
Así que un investigador…
Ya había caído la noche. Había disfrutado de unas tranquilas horas en la que pude dedicarme de lleno al libro. Todo hasta que mi paz se vio interrumpida por algunas voces que pasaron por la puerta que habían dejado abierta.
— ¿La has encontrado?
— No, no está por ningún sitio.
Entonces, los dueños de esas voces entraron a la biblioteca y luego de dar un rápido vistazo, se fueron.
Extraño.
Sin darle más importancia al asunto, volví a mi lectura, en la cual pude sumergirme durante unos minutos más antes de que una nueva distracción apareciera.
— Disculpa. — Dijo alguien por detrás de mí.
Volteé para así ver a la persona que había hablado.
— Tú eres… Cattleya, ¿cierto?
— ¿Tienes algo de tiempo?
Sí, han confabulado contra mí. No hay duda de ello.
— Sí, no hay problema. — Respondí a la vez que cerré el libro luego de memorizar la página en la que me había quedado.
Ojalá esto no demore más que un par de minutos.
Ella desprendía un aire de madurez al que, sinceramente, no creía poder aspirar nunca. Al parecer una versión mucho mayor de Louise y al tenerla tan cerca, una pregunta no pudo evitar formarse en mi cabeza.
¿Será Louise así cuando sea mayor? Pensé con curiosidad.
— Cuando Louise crezca, ella no se parecerá a mí.
— ¿No te parecías a ella cuando eras más pequeña?
Ella simplemente sonrió.
— Louise definitivamente será mucho más encantadora cuando ella crezca, aunque antes de eso debe calmarse un poco. Cabe mencionar que ella no podrá ser pulida en un taller cualquiera.
Cattleya se sentó en una de las sillas de habitación.
— ¿Cuál es tu nombre?
— Aztor.
— Es un nombre encantador, ¿no te parece?
— La mayoría dice que es raro. O inusual cuando tratan de ser más amables.
— Yo no lo creo así. — Dijo ella para después hacer una pequeña pausa. — ¿Qué tipo de persona eres exactamente? No eres de Halkeginia, ¿verdad? Digo esto porque te sientes completamente diferente a los demás.
¿Quién se lo dijo? ¿Habrá sido Louise o Eléonore? No, no lo estaría preguntando si tan sólo se lo hubieran contado. Además, no parece ser del tipo de persona que finge.
— ¿Sorprendido? — Dijo Cattleya luego de reírse ligeramente. — Por tu cara puedo ver que te estás preguntando cómo lo sé. La verdad es que sólo soy inusualmente perspicaz.
Esto va un paso más allá de ser perspicaz.
— Sí, puedo notarlo. En fin, ¿necesitas algo de mí? No creo que vinieras sólo para preguntarme algo que ya sabías.
— Vine aquí para agradecerte.
— ¿Agradecerme?
— Por ayudar a Louise durante todo ese tiempo. No hay forma de que esa pequeña niña obtuviese el reconocimiento de Su Majestad por sí sola. Sin duda la ayudaste en el camino, ¿no es cierto?
— Pareces conocerla muy bien.
— No soy su hermana por nada. Ahora bien, pasando a otro asunto más lamentable, tengo algo que informarte.
La miré con curiosidad.
— Las cosas no resultaron bien cuando Louise hablo con nuestro padre. Él le dijo que tenía que encontrar a un yerno y luego de que la presionaran de más, ella escapó y se escondió en algún lugar.
Entonces esas personas que vinieron antes…
— Nuestro padre quiere que Louise se case. Esa chica sin duda está en un gran problema. No hace mucho se descubrió que su prometido era un traidor y ahora tiene que volver a comprometerse. Incluso cuando ella todavía es tan joven.
Tuve un mal sabor de boca.
— A ti no te gusta eso, ¿verdad? El hecho de que Louise se case. — Murmuró Cattleya con una sonrisa angelical.
— No he pasado tanto tiempo con ella como para que me de igual su vida. Obviamente me molesta que la obliguen a hacer algo que no quiere.
Cattleya se levantó justo después de mis palabras y se acercó a mí.
— Esa niña está en algún lugar del patio, deberías ir a buscarla. En el patio hay un estanque, en el estanque hay una pequeña barca, en la cual ella siempre se escondía de pequeña cuando le pasaba algo malo. Después de que recojas a Louise, dejen el castillo. En la carretera principal hay un carruaje esperando. La sirvienta que trajeron con ustedes los espera ahí.
…
Le di un nuevo trago a la botella de vino, la cual ya estaba prácticamente vacía.
Tal vez debería dejar de preocuparme por eso. Si dependiera de mí sería otra historia, pero solamente ella y su familia tienen voto en este tema.
…
Pensar que se llegaría a esto.
Había decidido dejar el tema de lado justamente por no tener influencia en el resultado, pero esa situación había cambiado en ese preciso instante.
Ocupados en nuestra conversación y yo, además, perdido en mis pensamientos, ninguno de los dos llegó a escuchar los apenas perceptibles pasos que se alejaron de la biblioteca sólo un segundo después de que Cattleya mencionó la barca.
— Iré por ella, eso tenlo por seguro, pero… ¿por qué ayudarla a escapar?
Cattleya me miró confundida.
— Ellos podrán estar equivocándose con lo del compromiso, pero tienen buenas razones para prohibirle ir a la guerra. Como su compañero, prefiero que esté aquí a salvo.
Guardé el libro en la estantería.
— A mí no me gusta la guerra. — Dijo Cattleya. — De hecho, la odio y honestamente no quiero dejar ir a Louise. Sin embargo, ella ha decidido que quiere ir y necesita estar junto a cierta persona para poder hacer eso. No somos nadie para decidir por ella.
— Pienso diferente. Si es por su seguridad, creo que es justificable.
— ¿No te enojarías si alguien te obligara a hacer algo y tuvieras que obedecer sin más?
Chasqueé mi lengua.
Sé de primera mano cómo se siente eso.
— Soy un hipócrita por lo que estoy haciendo y por ello siento algo de desprecio por mí mismo, pero sigo creyendo que es lo mejor. Pensar que podría ser la última vez que la veo…
— Ya te ha pasado antes, ¿verdad?
— ¿De qué hablas?
— Pasar por la experiencia de no poder ver a alguien que quieres nunca más.
Esa perspicacia puede resultar algo molesta.
— No importa que intente negarlo. ¿Y bien? ¿Qué tiene eso que ver?
— ¿No estás dejando que ese recuerdo te ciegue?
Mordí levemente mi labio. Me estaba leyendo como un libro abierto.
— Si por lograr algo que quieres tuvieras que arriesgarte y ella no te dejara tomar el riesgo, ¿cómo te sentirías? ¿No quisieras que ella te de libertad de elegir?
Callé antes sus preguntas.
— ¿Te parece bien actuar de ese modo y esperar una respuesta diferente de su parte?
— Por supuesto que no está bien.
— ¿Entonces por qué lo haces?
— Por lo mismo que mencionaste antes. Tengo miedo de volver a pasar por lo mismo.
— Yo también tengo miedo por lo que pueda pasarle, pero eso no significa que no respetaré sus decisiones.
Una vez más, me quedé en silencio.
— Sé que puedes entender a lo que me refiero. Además, también puedo ver que hay algo que te impulsa a estar a su lado.
Ella obviamente no se estaba refiriendo a la simple amistad que yo ya había dejado en claro teníamos Louise y yo. Una vez habrá sido una simple curiosidad. Dos veces fueron suficientes para llamar ligeramente mi atención. Sin embargo, tres veces ya era algo más. En especial porque en dicha tercera vez la insinuación vino de parte de alguien bastante perspicaz.
— ¿A qué te refieres con que hay algo?
Cattleya simplemente sonrió.
Para este punto es posible que ese algo exista y de ser así, ¿qué es exactamente ese algo que otros están viendo y yo no?
Le di la espalda a Cattleya. Por unos minutos estuve pensando en todo el asunto. La hermana de Louise pareció notar eso y no me dijo nada más. Al parecer quería dejarme pensar tranquilamente para que pudiera tomar una elección. Al final, pude tomar mi decisión.
— Iré a buscarla.
Luego de decir eso, empecé a caminar para salir de la habitación. En medio del camino, unas palabras me detuvieron.
— Dejo a mi linda hermana menor a tu cuidado.
Me quedé callado por unos segundos antes de hablar.
— Antes dijiste que ella necesitaba estar junto a alguien para poder ir, ¿verdad?
— Sí, pero por nuestra conversación no creo que sea necesario decirte su identidad.
— No, no es eso. Eres mucho más que perspicaz, pero estás equivocada en eso. Te puedo asegurar que Louise es perfectamente capaz de levantarse e ir por sí misma.
Empecé a caminar nuevamente y salí de la habitación.
Esa idiota, después de todo, ha crecido bastante.
…
Este lugar es estúpidamente grande, ¿cómo se supone que la encuentre?
Me había dirigido al jardín con la intención de buscarla. Sin embargo, había subestimado al hogar de Louise. No sería equivocado decir que me había perdido.
Debí pedirle indicaciones más preciosas. Lo peor de todo es que si vuelvo es obvio que ella ya no estará en la biblioteca.
Seguí corriendo por los alrededores para buscar el lugar donde, se supone, estaba Louise.
Decirme que está en un lugar del patio no es suficiente para encontrarla si este maldito patio es tan grande.
Mientras estaba quejándome en mis pensamientos, escuché como ciertas personas conversaban cerca de mi posición. Me oculté tras unos arbustos al darme cuenta que las voces se estaban acercando.
— En verdad es una suerte que la encontraran.
— Pensar que se ocultaría en esa barca. La verdad, me había olvidado que existía.
La habían hallado. No pude evitar preguntarme qué hubiera pasado si no hubiera gastado tantos minutos en decidir qué hacer. Todavía lamentándome por dentro, corrí en dirección al castillo.
Como si las cosas no fueran ya lo suficientemente malas.
Pensado eso, comencé a planear en cómo lidiaría con la situación.
…
Louise se encontraba llorando.
Después de haber escapado, ella se dirigió a la misma barca en la que solía esconderse hace años. Nunca la habían encontrado ahí y por ello tuvo la seguridad que sería así nuevamente. Su pequeña figura se ocultaba muy bien por los bordes de la barca. Además, había llevado consigo una manta para cubrirse. Louise tenía confianza en su escondite. El tiempo pasó y Louise, poco a poco, se fue calmando. Sin embargo, el avance había sido apenas significante y supo que a ese paso demoraría más que una sola noche para calmarse.
Ella se quedó sola por un tiempo bastante largo. Al menos fue así hasta que escuchó el ruido de varias personas acercándose. No pasó mucho más para que se diera cuenta que su escondite había sido descubierto. Intentó resistirse, pero luego de haber sido despojada de su varita, no había nada que pudiera hacer.
Louise, quien se había cubierto completamente con unas sábanas, hundió su cabeza en una almohada. Luego de haber sido capturada, su padre había ordenado que la encerraran en una torre. Unos cuantos guardias habían sido puestos a vigilar el lugar para que ninguna persona pudiera acercarse.
Como si las cosas no hubieran sido ya lo suficientemente malas.
Lamentándose en sus pensamientos, Louise no pudo evitar sobresaltarse al escuchar a cierta persona hablar de repente.
— ¿Te encuentras bien?
Louise reconoció mi voz de inmediato.
— ¿Aztor? — Preguntó Louise mientras se quitó la manta de encima. — ¿Cómo fue que…?
Imité el sonido del maullido de un gato. Ello fue suficiente para que ella entendiera.
— ¿Y qué estás haciendo aquí?
— En primer lugar, habla más bajo, podrían oírnos. En cuanto a tu pregunta, Cattleya preparó un transporte. Si lo deseas, te puedo llevar hasta este para que puedas escapar.
Louise guardó silencio por unos instantes.
— No voy a ir.
— Ya veo.
Dichas esas palabras, caminé hasta una de las paredes y me senté para recostarme.
— ¿Qué estás haciendo? Voy a ser clara contigo, si vas a tratar de convencerme…
— ¿Convencerte? Tú debes saber bien que no haré eso.
Louise desvió su mirada.
— El conflicto que tenía ayer era porque querías irte. Si ahora no tienes problema en quedarte, entonces está todo resuelto. Ahora mismo estoy aliviado por la decisión que tomaste.
— Si así, entonces, ¿por qué sigues aquí?
— Tu hermana me contó sobre la situación. Podré ser muchas cosas y varias de mis acciones son cuestionables, pero no soy tan cruel como para dejarte sola en un momento así, en especial cuando estás llorando.
Louise se estremeció y acto seguido, secó las lágrimas de su rostro.
— No estaba llorando.
— Pues no estaría mal que lo hicieras. En fin, quédate aquí el tiempo que necesites. Sólo te diré que si tienes algo que decir, estoy aquí para ti.
Ya sin nada más que decir, cerré mis ojos.
Salvo por los ocasionales ruidos que podían escucharse afuera de la habitación, los cuales bien podrían ser las pequeñas charlas entre los guardias, nada interrumpía el profundo silencio del lugar. Nos quedamos de ese modo durante algunos minutos hasta que alguien habló.
— ¿En verdad no planeas decirme nada?
— Yo estoy satisfecho con este resultado y no tengo necesidad alguna de cambiarlo, así que no iniciaré ni guiaré una conversación.
— Entiendo, entonces, ¿responderías a algunas preguntas?
— Dije que estoy aquí para ti, por lo que al menos en eso no tengo problema.
Louise inhaló y exhaló para calmarse un poco antes de hablar nuevamente.
— ¿Qué es lo que realmente quisieras que haga?
— Quedarte para así estar segura.
Fue una respuesta seca de mi parte. Louise empezó a pensar por unos instantes.
— ¿Qué harías si esto te pasara a ti?
— Aceptarlo para así no correr peligro.
Esas eran las respuestas que Louise quería escuchar, pero, lamentablemente, para ella no se sentía bien que yo se las dijera.
— Si decido escapar para ir a la guerra, ¿qué es lo que harías?
— La respuesta que te di anoche no ha cambiado. Te llevaré al lugar donde está el ejército, pero eso será todo. Una vez estemos ahí, me iré y estarás por tu cuenta.
A diferencia de la noche anterior, en mi respuesta no se podía apreciar una pizca de duda. Eso era algo en lo que me esforcé mucho. Acepté responder a sus preguntas para que así pudiera calmarse. Sin embargo, el hacer eso también traería el riesgo de que Louise se animara a escapar. Quería ser cuidadoso para no pasar la raya entre el confortarla y el animarla a ir a la guerra. Una cosa estaba increíblemente cerca de la otra, así que era una tarea difícil. Quizás, una parte de mí todavía quería creer que era posible que Louise podría quedarse en su hogar. Dicha respuesta de mi parte hizo que Louise vacilara un poco más. Lo de ese último día le había hecho dudar de si sería capaz de continuar por sí misma. Por unos segundos, ella se preguntó si a mí realmente me preocupaba la elección que tomaría y esa duda la llevó a hacer cierta pregunta.
— ¿De casualidad sabes lo que quiero?
Pasaron los segundos y ninguna respuesta vino de mi parte. Ella se frustró al ver mi indiferencia ante su interrogante.
— ¿Qué no planeas decir algo?
— No veo necesario hacerlo.
— ¿Eh?
— Tú ya sabes la respuesta a esa pregunta, por lo que no veo motivo por el cual deba contestarla. De hecho, se me ocurren algunas razones por las cuales no debería responderte.
Louise desvió su mirada. No había error en lo que había dicho.
— El día de ayer fuiste bastante clara y con lo terca que eres, dudo que algo te haya hecho cambiar de parecer.
Un pequeño suspiro se escuchó por parte de la maga.
— Quiero ayudar a la princesa. — Dijo ella de repente para contestar a su propia pregunta.
Louise hizo una larga pausa antes de hablar nuevamente.
— Quiero ayudarla, pero mi familia me ha prohibido hacerlo.
— Entonces no hay más que discutir.
Se había llegado a un callejón sin salida. Las primeras preguntas que hizo Louise tenían un propósito, pero no pudieron cumplirlo. Dándose cuenta ya de ello, la noble decidió atacar el problema de otro modo. Mientras pensaba en una forma adecuada, un viejo acuerdo llegó a la mente de Louise.
…
— Si alguna otra vez tienes algo más que decirme, estaré aquí para escuchar.
…
Ella no tenía problema alguno en hablar, pero antes de eso quería averiguar algo para saber que no llegaría a otro callejón sin salida.
— ¿Cómo crees que me siento ahora?
— ¿Qué acaso no sabes eso también?
— Quiero hablarte de algo, pero primero necesito saber si conoces la respuesta a esa pregunta.
— Es algo injusto que pongas una condición para hablarme de algo luego de lo que acordamos hace tiempo.
— ¿Qué no esta misma madrugada estabas dudando sobre si contarme tu posición respecto a la decisión de mis padres?
— Si vas a mencionar eso, entonces creo que debo recordarte lo que sucedió en las vacaciones.
Ambos nos miramos fijamente por unos segundos. Me di cuenta entonces que los ojos de Louise todavía seguían húmedos por el tiempo que había estado llorando.
Chasqueé la lengua.
Esa maldita mirada en verdad es injusta.
Di un largo suspiro antes de volver a hablar.
— Creo que debemos ser un poco más permisivos con ese acuerdo. En fin, esa pregunta que hiciste es algo más complicada. Dame un minuto para poder pensar en cómo contestarte.
Tal y como lo dije, me tomé un pequeño tiempo para pensar en una respuesta adecuada.
— Tengo una promesa que hice con alguien importante, pero mis padres no me dejan cumplirla. Quiero contarles sobre mi poder para que así entiendan y para que sepan que siempre estuvieron equivocados al no esperar nada de mí, pero no puedo hacerlo, pues dicho poder debe mantenerse en secreto. — Rasqué mi cabello antes de continuar. — Esta es mi respuesta, estaría enojado porque no me dejan hacer lo que deseo y por no poder decirles la toda la verdad sobre mí.
No estás tan lejos. Pensó Louise.
Satisfecha por saber que al menos podía comprenderla, decidió hablar libremente. Louise imagino que quizás yo tenía la respuesta que ella quería.
— No sólo enojada, sino triste y confundida también.
El silencio reinó por unos instantes.
— No importa lo que haga — Comenzó a decir Louise. — y no importa lo duro que trabaje, tal como dijiste, no puedo contarle sobre lo del Vacío a mi familia. A diferencia de las personas que no conozco, en verdad me importa mi familia y por tanto, me importa lo que piensen de mí. ¿Por qué debería seguir adelante cuando no hay nadie que reconozca mis esfuerzos?
La razón por la que Louise quería escuchar palabras que estuvieran en contra de sus deseos, era porque ella estaba en un conflicto. Louise estaba muy cerca de rendirse, pero una parte de ella todavía quería pelear. En consecuencia, pensó que si yo le decía que estaba bien dejar de esforzarse, entonces terminaría aceptándolo. Sin embargo, ese no fue el caso. Simplemente no se sintió cómoda al escuchar mis respuestas.
— No lo sé.
— Así que tampoco puedes contestar a esa pregunta. — Comentó Louise algo decepcionada.
— Sólo te llevo un par de años, no deberías esperar tanto de mí. La verdad, creo que me estás sobrestimando. Aunque como consejo, podría decirte que pienses en cómo podría cambiar todo dependiendo de la situación que escojas.
— Y pensar que dijiste que no tratarías de convencerme.
— Solamente te estoy diciendo cosas que ya sabes. He estado haciendo eso todo este tiempo y, de hecho, ahora mismo me estoy preguntando por qué me molesté en decir cosas tan obvias. ¿Honrar la promesa que le hiciste a la princesa para seguir intentándolo o dejar todo de lado por no poder mejorar la opinión que tiene tu familia hacia ti? Si tratara de convencerte, te diría que escojas lo primero.
— ¿Qué piensas que debería escoger?
— Yo ya te di mi opinión, no sé por qué estás tan deseosa de escucharla nuevamente. La diré una última vez para dejar esto en claro. Quiero que te quedes aquí y te olvides de ir a la guerra.
— A pesar de que quieres eso, me ayudarás a escapar si decido ir, ¿verdad?
— Ya conversé con tus dos hermanas y me quité las dudas que tenía respecto a eso. Quiero que te quedes aquí. Sin embargo, tú estás respetando mi decisión de no acompañarte, así que, aunque esté dependiendo enteramente de mí, te ayudaré a escapar si es tu elección.
La realidad, tarde o temprano Louise habría terminado tomando la decisión más obvia. La parte de ella que quería pelear por ser reconocida todavía existía y estaba recuperándose muy lentamente. El que haya ido con ella solamente había acelerado el proceso. Aunque a ninguno de nosotros se nos pasó eso por la cabeza.
Louise dejó de hablar y empezó a pensar las cosas apropiadamente al tener la cabeza más fría. Durante unos minutos, ella se estuvo haciendo preguntas a sí misma. Ella se imaginó las cosas que podrían suceder si tomaba una decisión u otra. Finalmente, ella se terminó por levantar.
— No quiero quedar como una mentirosa por no cumplir la promesa que le hice a la princesa. Además, también quiero ayudar a mi país tanto como me sea posible.
— Entonces tu decisión es…
— Iré.
— Nadie más en esta mansión estará feliz con que vayas a la guerra.
— Lo sé, pero igual iré.
— Tu familia no reconocerá tu valor.
— Quizás algún día eso cambié. Además, sé que la princesa me reconocerá y… conozco a alguien más que, sin duda, también lo hará.
Eso último lo dijo con un ligero rubor en sus mejillas.
— Podrías morir en el campo de batalla.
— Soy una noble, estoy preparada para algo así.
— Lo repetiré de nuevo. Lo único que haré es llevarte al lugar donde están las fuerzas de Tristain. No estaré a tu lado durante la guerra.
Louise calló por unos instantes. Ella lo había aceptado hace ya un tiempo. No obstante, todo lo que había pasado en los últimos días había hecho que dudara sobre su anterior respuesta. Aunque eso fue todo, sólo dudo, pues su respuesta siguió siendo la misma.
— Incluso sabiendo eso y muchas otras cosas más que podrías decirme, yo iré.
Me levanté yo también.
— Ya veo. Como dije antes, prefiero tenerte aquí a salvo, así que vámonos antes de que cambie de opinión.
Me estiré un poco, pues lo siguiente que estaba por hacer requeriría de un buen esfuerzo. Saqué un papel rúnico y lo coloqué en la pared.
— Por cierto, puede que tu casa se vea algo dañada. No te importa, ¿verdad?
— Adelante.
Louise no tenía idea de aquello a lo que acababa de acceder. Por unos instantes, no hice movimiento alguno.
— ¿Qué estás haciendo? ¿No vamos a escapar?
— Creo que no planeé bien esto. Puedo romper la pared, pero el problema es que voy a necesitar usar mucha fuerza.
— ¿Y cuál es el problema con eso?
— Estamos en una torre muy alta. Con el impulso que daré no creo poder detenerme a tiempo, por lo que...
Louise cubrió su rostro con la palma de su mano.
— Bien, perdón por ser humano y equivocarme a veces. Dame un minuto para pensar en algo.
Ella estaba, sin duda, frustrada. La atmósfera se había arruinado completamente debido a mi error. Yo tenía ya todo planeado, así que no podía permitirme gastar ni un papel rúnico más del que tenía pensado. Unos momentos después, hablé nuevamente.
— Lo tengo.
Sujeté a Louise de su antebrazo para que fuéramos detrás de la cama.
— ¿Qué estás haciendo?
— Si aplico demasiada energía rúnica a un papel, entonces este se prenderá en llamas. ¿Qué crees que sucede si uso incluso más energía?
La respuesta era obvia.
— Espera, si el papel está aquí dentro, entonces…
— Cúbrete.
Louise vio la señal de mano que hice y, de inmediato, siguió mis instrucciones. Un segundo después, una fuerte explosión hizo un hueco en la pared y dejó la habitación hecha un desastre. Sin perder más tiempo, corrí junto con Louise al agujero que había quedado. Luego de eso, me agaché frente a Louise
— Súbete y sujétate bien.
La puerta de la habitación fue abierta en un apuro. Lo único que pudieron ver las personas que acababan de entrar fue a dos jóvenes saltar por un hueco que se encontraba en la pared.
Unos metros antes de tocar el suelo, activé un papel rúnico que había dejado en el lugar del aterrizaje. El conjuro de vuelo evitó una brusca caída. Ya en el suelo, bajé a Louise para que empezáramos a correr.
— ¿A dónde estamos yendo? — Preguntó Louise de pronto.
— Seguro nos esperarán en la entrada principal, así que tomaremos un ligero desvío. Además, necesitamos recoger nuestras cosas.
Apenas terminé de decir eso, una copia mía salió de unos arbustos. En sus manos tenía a Derflinger, el cual había dejado en su cuidado, pues no podía llevarlo conmigo al transformarme y no quería arriesgarme a dejarlo solo. Una vez la espada me fue entregada, la copia desapareció. No sólo era yo el que podía sentir si una copia desaparecía, mis demás clones también podían. Por ello, el que esa copia en específico se desvaneciera era una señal.
Un gran estruendo se pudo escuchar a lo lejos.
— ¿Qué fue eso?
— Te pregunté si no te importaba que tu casa se vea algo dañada, ¿recuerdas?
— Acaso tú…
— Y es sólo el comienzo. Ahora vamos, debemos ir por tu varita.
Teníamos que andar con cuidado, pues el ruido que ocasionó la destrucción de una parte de las murallas atrajo a muchas personas. Afortunadamente, a medida que pasaban los minutos, la cantidad de personas que pasaban cerca de nosotros se reducía. Era obvio que todos se estaban concentrando en el lugar del estruendo. Ello no era más que una finta para despejar el camino. Finalmente, luego de un par de minutos más, avistamos a otra de mis copias, la cual le entregó a Louise su varita.
— Bien, ya tenemos todo.
— ¿Qué hay del resto de tus cosas?
— Unas copias dejarán todo en la entrada principal… tal vez.
Dicho eso, comencé a correr de nuevo. Louise no tardó ni un segundo en seguirme.
— ¿Tal vez?
— No son tan importantes y ya terminé de leer los libros que traje, así que da igual.
La copia que dejamos atrás desapareció. Unos momentos después, dos nuevos estruendos se pudieron escuchar en dos sitios completamente distintos.
— ¿Qué tanto planeas destruir mi casa?
— Dos copias para llevar las cosas, una para Derflinger y una para tu varita, así que…
Una explosión dentro del castillo me interrumpió de pronto.
— Son seis copias restantes que se encargarán de la distracción.
— ¡¿Acaso todo esto es necesario?! ¡Te recuerdo que mi familia vive aquí!
— Si no te gustan mis métodos, entonces…
No terminé de hablar.
— ¿Sucede algo?
— Dos de mis copias acaban de ser eliminadas.
— ¿Y cuál es el problema?
— Es demasiado pronto. Cada una tiene a su propio Derflinger y pueden permitirse usar dos hechizos de sus capas. Deberían durar mucho… ahí va otra.
Louise pareció preocupada por algo y no pude evitar notar eso.
— Tú sabes algo, ¿verdad?
— Mi padre, aunque ha envejecido, tenía una alta posición en el ejército y mi madre…
Una segunda explosión se escuchó a lo lejos.
— Bueno, subestimé a tu familia. Como sea, ya llegamos.
Estábamos al frente de las murallas.
— ¿Llegar a dónde?
Me paré frente a Louise para mostrarle mi espalda y, acto seguido, me agaché.
— Sube y sujétate. — Dije a la vez que dejé un papel rúnico en el suelo.
Ella, comprendiendo que no había tiempo que perder, siguió mis instrucciones. Desenfundé a Derflinger y activé el conjuro Aumento de fuerza para, de inmediato, dar un fuerte salto. Sin embargo, no empleé suficiente fuerza para llegar tan alto.
Maldición.
Sin poder darme el lujo de esperar a aterrizar y usar otro hechizo, activé un hechizo de la capa. Usando el conjuro de vuelo, pude eliminar la distancia que nos separaba de la cima de la muralla.
— ¿Cuál es el camino más corto a la entrada principal?
— Por ahí. — Dijo Louise a la vez que señaló la dirección.
Antes de empezar nuevamente a correr, un fuerte viento se atravesó en mi camino. Miré por donde había venido la ráfaga de aire y pude ver a la madre de Louise.
Esto es malo, ¿verdad?
Entonces, pude sentir como la joven maga en mi espalda empezó a temblar.
Sí, es malo.
Muchas otras personas más llegaron de inmediato al lugar.
— Cierra tus ojos.
Louise sabía muy bien lo que estaba por hacer y me hizo caso. Apenas lo hizo, una potente luz apareció por encima de mí y cegó a todos los presentes, salvo por Louise y por mí. Activé también un hechizo Aumento de fuerza de mi capa.
— ¡Por cierto, me llevaré el libro que me recomendaste antes! — Le grité a cierta persona que también estaba cegada temporalmente.
Dicho eso, me di un fuerte impulso para salir lo más rápido del lugar. En el trayecto nos encontramos con algunos guardias, pero nada que un gran salto por encima de ellos no pudiera arreglar. Una vez llegamos a la puerta principal, notamos que esta estaba cerrada. Sin embargo, ese no era ningún problema, pues nosotros nos encontrábamos por encima de ella.
Luego de coger un poco de distancia, corrí rápidamente para saltar desde la parte superior del muro lo más fuerte que me fue posible. Gracias a la altura desde la que di el salto no habría problema en recorrer la distancia del canal que rodeaba la muralla. El problema era la caída o al menos era un problema para el yo de hace unos meses.
Esta capa es lo mejor que pude haber inventado.
La libertad y velocidad con la que podía usar los conjuros me hacía sentir bastante orgulloso de mi creación. Tanto tiempo planeando la capa había valido la pena. Ya en el suelo, seguí corriendo por unos instantes.
— ¿Segura que esta es la carretera principal? — Pregunté a la vez que me detuve para mirar alrededor.
— Sí, estoy segura.
El libro que me había recomendado Eléonore y el resto de nuestras cosas se encontraban ahí, en el suelo. Sin embargo, no había nada más.
— ¿Y dónde está el transporte entonces?
— ¿Cómo rayos voy a saberlo? — Replicó Louise mientras se bajaba de mi espalda.
Se supone que Siesta también nos esperaría aquí, ¿verdad? Lo peor que pudo haber pasado es que la hayan capturado o algo. Por suerte pude guardar dos conjuros de mi capa, pero…
De repente, antes de que pudiera maldecir nuestra situación, un carruaje apareció y se detuvo justo delante de nosotros. El transporte no estaba siendo tirado por caballos, sino por un dragón. Además, la persona que estaba en el asiento del conductor era una sirvienta que tanto Louise como yo conocíamos.
— ¡¿Por qué demoraron tanto?! — Preguntó Siesta, quien estaba claramente aterrada. — ¡Suban rápido!
Louise entró rápidamente al carruaje. Yo, por mi parte, luego de colocar todas las cosas dentro del transporte y ponerme mi zurrón, me dirigí donde Siesta.
— Yo conduciré, entra al carruaje.
La sirvienta mostraba un claro miedo cada vez que miraba al dragón. Es cierto, yo apenas tenía una noción muy básica de cómo manejar a un dragón. Conocimiento que había obtenido viendo como Tabitha dirigía a Sylphid. Sin embargo, creía que eso era mejor que tener de conductor a alguien con miedo a los dragones. Siesta pareció notar mi disconformidad con eso último.
— No es necesario. Si estás aquí…
— Siesta, ha sido una noche demasiado larga y agotadora. Por ello, sólo quiero un viaje tranquilo y silencioso, así que, por favor, entra al carruaje.
Ella, luego de dar un suspiro de resignación y molestia, entró al carruaje. Sin perder más tiempo, puse a andar al dragón.
Bien, misión cumplida.
Metí mi mano en el zurrón para buscar algo. Como había acordado conmigo mismo, me daría una recompensa si las cosas terminaban bien. Saqué una botella de vino y la destapé.
Tal y como me prometí, sólo un trago cada noche. Pensé a la vez que llevé el pico de la botella a mi boca para beber su contenido. Aunque considerando lo mucho que me esforcé hoy…
Sin poder contenerme, di un trago extra.
Sí… esto va a ser más difícil de lo que pensé.
Guardé rápidamente la botella en el zurrón y fijé mi vista en el hogar de Louise que se hacía más pequeño a medida que nos alejábamos.
Y ahí van mis últimas copias. Ojalá nunca volvamos ahí. Luego de lo que hice, odiaría tener que ver a sus padres de frente.
Entonces… aquí hay un nuevo capítulo. Son más de trece mil palabras, así que ojalá la espera haya valido la pena.
Primero, agradecer a Shunk Kisaragi por otra review. Tengo un comentario que hacer en base a esa review, pero como es más que nada una curiosidad, lo dejaré como un punto en los comentarios finales.
Bien, aquí vamos.
1. Día sábado a las diez de la noche. Sólo faltaba agregar el final y terminar dos escenas. ¿Qué hice? Decidí reemplazar algo. Al principio era lo mismo que en la novela, Louise está en la barca, llega Aztor, tienen la misma conversación de este capítulo y saltan el muro para escapar. Entonces leí nuevamente el comentario de Shunk en el que dice "Aztor en la hogar de los Valliere... a ver que sucede..." y me pregunté si no estaba dejando todo demasiado simple. Creí que sería bueno que dejara un claro "Aztor estuvo aquí", además que me parece correcto al menos hacer que los eventos pequeños se distancien algo de la novela. Pues sí, a veces los comentarios que dejan terminan haciendo que cambie algo de un capítulo.
2. Estoy escribiendo ya los capítulos donde se supone que Aztor y Tabitha pasarán bastante tiempo juntos y… bueno, está difícil. Hacer que hablen es algo complicado, pero al menos así me pongo un nuevo reto. Además, mientras buscaba excusas para hacer eso se me ocurrieron un par de ideas más, así que, ¡bravo!
3. Tengo mucha flojera de escribir el otro capítulo. Es que prácticamente es escribir lo mismo que en la novela, pero con mis propias palabras y más resumido. A veces me gustaría saltarme esas cosas, tal y como lo hice en los primeros seis capítulos. Sin embargo… no, no sé el motivo por el que no me salto todo eso, pero siento que debo hacer una adaptación completa xD
4. Bueno, esta semana estoy hasta el tope con responsabilidades, así que no esperen un capítulo pronto. En especial por lo del punto anterior. No obstante, si este viernes termino con un buen humor, entonces no se sorprenden si revisan mi perfil el sábado y ven el capítulo 30 con sus diez mil palabras a espera de ser terminado y publicado.
5. En verdad no lo tenía planeado, simplemente pasó. Es que estaba ahí tranquilamente escribiendo y pensé: "¿Aztor no ha estado bebiendo demasiado últimamente?". Fue ahí cuando me di cuenta. Lo juro, es algo que escapó de mi control. xD
6. Por puro ocio escribí un capítulo no canon de esta historia en la que los personajes del fanfic se cruzan con los de la novela ligera y… pues, bueno… Si acabo eso y quedo satisfecho con el resultado, entonces lo publicaré como "Ideas descartadas 02". Sí… se conocerán las contrapartes y… pasarán cosas y eso.
7. Sí, sé que en un futuro Aztor tendrá que volver al hogar de Louise. Ahí especificaré el estado en el que quedó el castillo. Sólo diré que le va a costar y le golpearé en un lugar donde le dolerá mucho.
8. Escribí en un archivo aparte todo lo que tengo en la cabeza sobre el mundo de Aztor. En verdad estuvo divertido escribir eso. Realmente no creí que la vaga, pero concisa idea que tenía al inicio pudiera expandirse tanto.
9. Ya estoy planeando más cosas para mostrar los cruces que han tenido Halkeginia y el mundo de Aztor. De hecho, tengo ya en mente la consecuencia que dio el primer cruce entre ambos mundos. Cuando tenga tiempo avanzaré más con la novela para así saber qué decido.
10. Listo, la historia llegó a las doscientas mil palabras. Quería mencionar eso también. En fin, creo que eso sería todo por ahora.
Gracias por leer.
