¡Buenas! ¿Cómo están? Si, lo se, la semana pasada no actualice, pero la verdad, no podía avanzar en el relato y tampoco quería escribir cualquier tonteria, pero bueno ¡aquí esta! Espero que lo disfruten y no me manden muchas maldiciones imperdonables :P
-Severus!- la voz de Mione se oyó por encima del resto del ruido y los gritos de la habitación, él se agacho inmediatamente, aun observando a su esposa, que, sin dudar un segundo lanzo un avada a el hombre que se había acercado por la espalda a Snape. Aquí estábamos los cinco, luchando por nuestras vidas y la victoria en nombre de la Corona, tras invadir la guarida de un grupo de mortifagos. "Que bonito aniversario de bodas para los Snape" pensé con ironia. Observe por el rabillo del ojo a Lucius y Cissa luchar juntos, era interesante su método de ataque, similar al de los felinos, rodeando a su presa hasta acorralarla, para recién ahí, darle el golpe final. Pero la pareja que conformaban mi mejor amiga y Severus siempre seria mi favorita; juntos se volvían invencibles por una simple razón, el moriría por ella y ella por él, ella mataria por él, y él por ella, ambos exquisitamente temerarios, sabiendo que uno cuida la espalda del otro.
Muchas cosas cambiaron en este año que paso, pero aun sigo sintiéndome incompleta. Me hace muy feliz ver a mis amigos casados y felices, pero no puedo evitar sentirme sola, rodeada de parejas, y es en esas noches solitarias en las que la imagen de Remus me persigue, recordándome que no logré olvidarlo y que, probablemente, nunca lo haga. No lo he vuelto a ver desde el año pasado, no volvi a pisar Hogwarts desde que me gradué. Los chicos consiguieron el permiso de Dumbledore para vivir en la Mansion Snape, e ir a clases cada dia, mediante la red flu. Agradeci eso, porque me sentiría muy solitaria sin Hermione, habíamos creado un vinculo especial, ella me comprendía, y notaba si algo iba mal con solo mirarme.
Era peligroso ponerse melancolica en el campo de batalla, una maldición paso rozandome, y observe a un mortifago, que ya estaba conjurando otra, levante mi varita, pero antes de que pudiera hacer nada, una luz verde golpeo a mi agresor, y vi caer su cuerpo, sin vida, en el sucio suelo del lugar, observé a mi "salvador", otra figura encapuchada, pero cuando su maliciosamente calida mirada, como la de un niño que acaba de ser atrapado cometiendo una travesura, se unió a la mia, antes de guiñarme un ojo y perderse entre el resto de sus compañeros, lo reconoci: Rodolphus Lestrange, la razón por la que renuncie al apellido Black y decidi vivir en la Mansion Snape.
El pidió mi mano a mis padres, sin siquiera hablar conmigo una vez primero, luego nos conocimos y yo deposite toda mi frialdad en una sola frase antes de dejarlo plantado en el foyer de mi antiguo hogar, "yo no estoy en venta" le había dicho, y el se quedo allí, congelado por la sorpresa ante las únicas palabras que le dirigi. Siete años mayor que yo, Lestrange es un tipo experimentado, acostumbrado a tener éxito con las mujeres, lo note en su herida incredulidad ante cada negativa mia este año. El decía estar enamorado de mi, ¡pero si no nos conocíamos! Aunque yo admitia no ser del todo indiferente a sus encantos y sus dulces palabras, mi corazón se negaba a volver a sentir la agonia del amor.
Un gran revuelo a nuestro alrededor nos dejo a todos congelados en nuestros sitios, una nube negra se desplazo hasta el centro del campo de batalla improvisado y allí estaba el, Voldemort. Sus agraciados rasgos deformados por esa macabra expresión de crueldad me dieron escalofríos, sus ojos recorrieron, inquisidores, la estancia hasta detenerse en Hermione unos segundos, y luego pasar a Severus.
-Reduzcan a la sangre sucia- siseó, antes de soltar una burlona carcajada- no se preocupe, milady, no la mataré, al menos no sin antes brindarle un buen espectáculo- dicho esto, se giró con la varita en alto hacia Severus.
El aullido rabioso de Hermione se perdió en el estruendo de la batalla, mientras ella lanzaba hechizos a diestra y siniestra a los mortifagos que la rodeaban, mirando a cada instante hacia su esposo, que, con dificultad pero pericia, evadía los ataques del Señor Tenebroso.
El grito de Snape corto el aire cuando recibió de lleno un cruciatus en el pecho. Vi a Hermione meter su mano por debajo de su capa, y luego un estrepitoso sonido resonó por todo el lugar, el grito furioso de Voldemort se le unió, y un extraño aroma me hizo picar levemente la nariz. Observe con mas atención la escena, Severus había dejado de retorcerse, y ahora respiraba con dificultad, aun en el piso, Voldemort sostenía su mano ¿ensangrentada? Y su varita estaba en el piso, Hermione, que se había deshecho de los mortifagos mas cercanos a ella, sostenía uno de esas armas que aprendimos a usar durante este año, en el que no dejamos de entrenar para la dura tarea a la que decidimos dedicarnos.
-un arma muggle?- rugió furioso. Mientras Hermione se aparecia junto a su esposo y me miraba significativamente, haciendo uso de las capacidades otorgadas por el Circulus Ex Sanguis. Transmiti el mensaje a Lucius, que sujeto a Cissy por la cintura y desaparecieron, hice lo mismo, pero antes de encontrarme en la sala de estar de Snape Manor, mis ojos se cruzaron con una oscura y calida mirada, que parecía despedirse y lamentar mi partida. Asi, le sonreí levemente a Rodolphus Lestrange.
Oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo oooooooooooO
-bueno, una chica tiene que hacer lo que tiene que hacer, Tom- dijo mi esposa, inocentemente, antes de sonreir sadicamente, como él había hecho cuando llego aquí, aproveche el momento para tomar la varita de Voldemort del piso, y la parti en dos frente a su furica mirada. Nadie se atrevía a moverse, no mientras mi esposa apuntaba a "el Señor Tenebroso" que estaba desarmado- Hasta pronto, Riddle. La próxima vez que nos veamos, tu cabeza estará decorando mi chimenea- siseó, mientras tomaba mi mano y sacaba algo del bolsillo de su capa y lo devolvía a su tamaño normal. Era una maceta, todos miraron el objeto con expresión dudosa e incrédula, pero yo reconoci las hojas de inmediato. Vi la maceta que contenía una mandrágora adulta volar hacia la pared contraria, pero un segundo antes de que se estrellara liberando el llanto mortal de la horrenda planta, ya estábamos en nuestro dormitorio, y las calidas y bellas manos de mi esposa recorrían mi pecho, en busca de alguna herida grave.
-Estoy perfectamente, amor mio- le dije, mientras detenia su revisión nerviosa y unia nuestros labios en un beso que se volvió urgente y necesitado. Siempre era asi, tras cada enfrentamiento en el que sabíamos, teníamos posibilidades de morir, necesitábamos asegurarnos de que el otro era real, que estaba vivo y su corazón aun se aceleraba estrepitosamente con cada caricia.
-te amo- murmuro la bellísima castaña entre mis brazos- te amo demasiadamente mucho- deje escapar una pequeña risa ante la nueva palabra que acababa de inventar mi adorable esposa, y la observe con todo el amor que ella provocaba en mi, mucho mas del que se podría expresar en palabras, en sus ojos yo veía exactamente lo mismo que de seguro había en los mios.
-Como yo a ti, esposa mia- respondi, apartando uno de sus sedosos rizos de su rostro, antes de unir mis labios a los suyos, con suavidad, sellando una vez mas, como cada dia, nuestra eterna promesa- Feliz aniversario, señora Snape- ella sonrio, encantada, acariciando mi cabello con dulzura, mientras sus ojos brillaban como si miles de estrellas se encendieran en ellos.
-Feliz aniversario, mi Severus-.
Continuará…
Gracias por leer, espero encontrarlos en el próximo capitulo
Ah, y por cierto, no olviden que este es mi blog:
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Saludos!
R.G. Aimer
