Al mirar por la ventana y vislumbrar el aeropuerto de Konoha, comencé a inquietarme. Sé que todos los plazos se cumplen, pero mi caprichoso corazón, no lo quería para nada. Quería alargar un par de días más el congreso, aunque, luego de la exposición de Misaki, sentía un ambiente tenso entre Sasuke y yo. No sé si era por la enigmática mujer o por mi propia agonía al saber que se acababa el tiempo.
Las ruedas del avión chocaron de golpe hicieron que mi compañero de puesto soltara una exclamación de sorpresa y elevé la vista para observar a Sasuke que iba en el asiento de al frente dormido. Al parecer, todo lo que salía de esa mujer, lo agotaba y lo ponía de mal humor.
Llegamos… - murmuré con obviedad.
¡Arriba ese ánimo mujer! – soltó Kiba dándome una palmada sobre mi mano - …luces cansada ¿porqué no dormiste en el viaje? – preguntó.
No sé… quizás no tenía sueño… - respondí.
Era verdad. No había pegado un ojo en el viaje y la razón era muy obvia: estaba preocupada, y no era sólo por Sasuke, tenía mi remolino propio que era provocado por una mezcla de Itachi, Ino y lo que ocurriría con mi propia madre. Al tocar tierra firme mi corazón se aceleró de inmediato y comencé a sentir esa sensación de nerviosismo que te da cuando estás frente a una enorme audiencia para exponer algún tema o similar a la que sientes cuando estás a punto de entrar a un examen que te puede costar el maldito año.
Cuando fuimos a buscar las maletas, mi estado de preocupación se comenzó a transformar en caos. Busqué con la mirada a Sasuke y, al no encontrarlo, luego de despedirme del resto del grupo, salí rápidamente a la entrada en busca de algún taxi. Sabía que no podía esperar una despedida con abrazo y beso en medio de una muchedumbre que podía relacionarse con cualquiera de las aristas de nuestro problema.
Caminé con determinación y el taxi que tenía como objetivo, decidí cedérselo a un matrimonio de viejitos que me lo agradecieron dándome todas sus bendiciones… y sí que las necesitaba. Les ví subirse al taxi, tomando él, la mano de la anciana luego de abrirle la puerta y estúpidamente una sonrisa se dibujó en mis labios. Era estúpido, lo tenía claro, pero en el fondo, era lo que yo quería. Quería un felices por siempre. No me lo había planteado, creo, jamás, pero ahora que lo pensaba, sí quería toda la típica historia, o al menos, la parte fundamental. El papeleo nunca me ha importado demasiado, pero quería el trasfondo. Quería estar con él y sabía que no me iba a aburrir de sus caricias, ni su voz, ni su presencia. Volví a sonreír estúpidamente al ver a otra pareja entrar al aeropuerto, seguido de dos pequeños que reían y tarareaban canciones. Quizás no era tan absurdo pensar que yo sí podría ser una buena madre y luego de ver como Sasuke sostenía a Kenji en sus brazos, no cabía duda que sería también un buen padre. Claro, mi fantasía era absurda a corto plazo, pero no era algo que no quisiera hacer en algún momento de mi vida y la verdad, Sasuke parecía encajar perfecto en todo esto, esclareciendo, claro, toda la nebulosa de asuntos que aún no entendía sobre él.
¿Sakura? – escuché su ronca voz detrás de mí.
Me giré con torpeza y me encontré con sus oscuras pupilas y su cabello alborotado.
Era tan alto, tan varonil, tan hermoso…
Unas ganas inconscientes de tirarme sobre sus brazos y besarlo con pasión nacieron en mi interior, pero sus palabras me cortaron toda la inspiración, aunque el hecho de que estuviésemos en un lugar público, también le daba su toque realístico al asunto.
Vamos… - habló estirando su mano hacia mi bolso - … te llevaré a tu casa.
Mi fantasía se quebró de inmediato y sentí que la piel se me erizaba.
¿Mi… - lo miré preocupada - …mi casa?
Negó con la cabeza.
A la casa de Yamanaka… - corrigió.
A pesar de que la opción debía ser mejor, no lo era.
Hubiese deseado en aquel momento que ofreciera llevarme con él y de paso, cambiarnos de hospital, pero era otra fantasía algo absurda.
Su auto estaba en el mismo lugar donde lo había estacionado en el aeropuerto cuando nos habíamos ido. Negro e imponente, que parecía encajar perfectamente con su personalidad.
Me subí, algo dudosa, mientras trataba de ocultar que por dentro moría de nerviosismo, mientras Sasuke abría el capot e introducía nuestras maletas, para luego tomar lugar a mi lado y encender el motor, que rugía más que el pitido que tenía atormentando mis oídos en aquel momento.
Revisé mi cartera mientras tomábamos lugar en el tráfico de la ciudad, en busca de las llaves y mi celular para llamar a Ino. Al detenernos frente a un semáforo, Sasuke acarició mi mano y me robó un beso, rápido, pero no menos delicioso que los que había probado éstos días. Le respondí, con algo de torpeza y luego se separó de mi, para retomar el camino.
Pon algo de música… - me ordenó, mientras se hacía camino entre la gran cantidad de autos que se interponían delante de nosotros.
Encendí la radio, mientras con mi otra mano sostenía el teléfono, dudosa en aquel momento de marcar o no, después de todo, tenía las llaves y si tenía suficiente suerte, Ino se encontraría en el hospital y podría irme directo a mi habitación, para hacerme la dormida por un buen rato.
Un sonido bastante ensordecedor me hizo dar un respingo sobre el asiento y escuché una carcajada de parte de Sasuke.
Su sonrisa o su voz, podía ser más melodiosa que cualquiera de las estúpidas canciones que estuvieran tocando en la radio… entonces ¿porqué arruinarlo así? La respuesta era fácil, tenía que mostrar que aún podía conservar algo de dignidad respecto a lo que sentía por él. Decir te amo a éstas alturas, podría asustarlo o, peor, espantarlo.
No sabía que el rock pesado fuera tu música… - rió mientras conducía.
Me despavilé ante su comentario y cambié la estación de radio rápidamente.
No lo es… - comenzó a sonar Kings of Leon y me volví a preguntar si había alguien arriba que tenía centrada su lupa sobre mí - …deberías haberte dado cuenta.
¡Oh, si! ¡El concierto! – exclamó, aún con la vista en el frente –…te arrepientes de haber faltado ¿no? – me miró de reojo.
Suspiré y me crucé de brazos.
No… - contesté bajito - …lo habría disfrutado… eso no lo niego, pero estar contigo fue…
Tomó mi mano y la sostuvo sobre mis muslos.
Esa fue una buena respuesta… - pude ver como sonreía de medio lado.
Sentí en aquel momento una ambiente de relajación y confianza. Hubiese sido perfecto decirle con creces todo lo que sentía por él, pero mi boca y mi mente se calló al instante cuando doblamos la esquina y divisé el Pontiac de Itachi estacionado afuera. Mi estómago se revolvió de inmediato y apreté la mano de Sasuke con fuerza. Estaba muy nerviosa.
Mis últimas charlas con Itachi mientras estuve en el congreso habían sido todo menos acogedoras y más extrañas de lo que me gustaría admitir, pero esperaba tener al menos un par de días de gracia antes de enfrentarlo y poder hablar bien las cosas. Me había equivocado. Itachi debía saber que yo volvería éste día, pero claramente no se imaginaba que me traería Sasuke, el que tenía entendido era el novio de mi madre y la verdad, dudaba poder disimular tan descaradamente lo que sentía por él mientras me daba un saludo de bienvenida.
¡Espera! – grité a Sasuke.
Se detuvo, a un par de metros de la casa de Ino, para darme su atención con el rostro algo contrariado.
Necesito… - dudé al ver su ceño fruncido - …Itachi… ese es su…
Lo sé… - habló serio -…deberías dejarle en claro que…
¿Y tú hablarás de inmediato con mi madre? – pregunté, con bastante histeria.
Sasuke no habló de inmediato. Por un momento, pensé que mi pregunta le había ofendido, pero luego relajó el ceño y habló.
Habla con él… - suspiró - …pero deja de tratarlo como si fuera un crío, está bastante crecidito ¿sabes? Y no es como que se le vaya a acabar el mundo y bueno, a tu madre tampoco…
Necesito tiempo… - insistí - …no puedes decirle de inmediato a mi madre… tú no la conoces ella…
Su rostro volvió a tensarse y parecía algo cansado de mi actitud, pero ¡no sabía qué hacer! Me pasé gran parte del viaje recostada con él, disfrutando de sus caricias, sabiendo que la realidad llegaría, pero sin pensar en qué hacer para afrontarla.
- Sasuke… - lo miré con rostro de preocupación.
Se acercó a mi rostro y besó mis labios, como quien droga a un animal a punto de volverse violento.
Haz lo que tengas que hacer… veremos qué curso toman las cosas… - y sacó el seguro de la puerta para bajarse e ir por mi bolso.
Podía notar que al menos se esforzaba en no mandarme a la mierda y reconozco que en ese momento, estaba demasiado nerviosa como para reaccionar bien y tomar las riendas del asunto.
Me bajé, a éstas alturas, con las manos sudadas y la saliva bastante espesa, y fui a su encuentro en la parte trasera del auto, donde me esperaba con mi equipaje en uno de sus brazos.
Te veo mañana… - habló, entregándome el bolso.
Lo recibí con un intento de sonrisa y con mi mano libre tomé la suya. Aceptó el gesto de mala gana y luego se acercó a mi, para apretarme contra su cuerpo y besarme con ferocidad, terminando el contacto con sus dientes sobre mi labio inferior, para luego caminar en dirección hacia la puerta de su porsche.
Dejé que se fuera, prefiriendo no preguntar a donde se dirigía. Tensarme más, no me iba a ayudar en enfrentar a la persona que se encontraba detrás de la puerta a la cual caminaba con duda. Cuando me encontraba a unos metros del pórtico de Ino, divisé en la esquina su auto desaparecer entre un par de árboles.
Estaba sola de nuevo y tenía que comportarme como una mujer y no como una niña. Asumir mis acciones, soltar lo que ya no debía mantener como un objeto y tomar lo que deseaba con tanto apremio. Lo sabía, tenía que hacerlo, pero aún así, podía sentir como mi carótida prácticamente me saltaba del cuello y mis piernas flaqueaban frente a la puerta.
Finalmente, con tres largos pasos y la llave sobre mis dedos, abrí la puerta.
Caminé, con el corazón en la mano, a la espera de encontrarme con el iracundo rostro de Itachi o la reprobatoria mirada de Ino, pero no fue así. Mi súplica había sido escuchada en un 50%, pues Ino no se encontraba en casa.
Avancé hasta la salita y al dar la vuelta hacia la cocina, escuché como la puerta se abría, lo que provocó que soltara el bolso y diera un paso hacia atrás, con el rostro petrificado.
Era Itachi…
Contrario a lo que yo esperaba, no me miraba con ira, ni con molestia, ni siquiera reflejaba odio. Su rostro parecía algo sorprendido, pero a la vez, cansado.
Volviste… - murmuró finalmente.
Le miré, con las palabras en la boca, pero sin ser capaz de decir palabra alguna.
Al ver sus ojos, llenos de pesar, todo el peso de la conciencia cayó sobre mí. Me sentía como lo peor. Quería o, más bien, amaba a Sasuke, pero el chico que tenía frente a mí no se merecía que yo le hubiese sido infiel a tal grado. Debía haber esperado lo inesperado. Haber inesperado aquella extraña confesión de Sasuke en otras circunstancias, haber terminado mi relación con Itachi y luego haberme dejado llevar por la nube de amor en la que me había envuelto Sasuke, pero lo hecho… hecho estaba, y nada podía cambiarse y tendría que decirle todo, aunque me odiara de por vida y yo me sintiera como la peor de las traidoras, desilusionando a un hombre que prácticamente lo había dado todo por mí.
Vamos al living… ¿si? – me indicó, quitándome el bolso de mis manos, para encaminarse delante de mí - …hay algo que me gustaría conversar contigo…
Lo seguí, como una especie de zombie y me senté a su lado, esperando que sacara un machete y me golpeara hasta aturdirme, después de todo, me lo merecía.
Sé que notas que estoy extraño y que también debes preguntarte el porqué… - comenzó a decir - …aunque probablemente, es bastante obvio… - continuó.
Itachi… yo…
Déjame continuar… - me detuvo - … tú debes saber que te quiero y me preocupo por ti… por lo mismo, no apruebo el hecho que me hayas mentido todo éste tiempo…
¡Lo siento! – exclamé, apretando mis puños sobre mis pantalones - ...lo hice todo mal… ¡es mi culpa!... yo…
¿Por qué no me contaste desde un principio que te habías involucrado con el novio de tu madre? – interrumpió.
Mi corazón se aceleró aún más, si es que era posible y balbuceé.
Me daba vergüenza… - le miré dudosa - …contarte algo así… yo no…
¡Joder Sakura! – exclamó, hablando por primera vez con algo más de fuerza - …yo no soy un maldito puritano para juzgarte… y ahora entiendo tantas cosas y quiero ayudarte… quiero que…
Esperen un momento… ¿había dicho ayudarme?
¿Ayudarme? – le pregunté, algo dudosa.
Claro… - se echó el cabello hacia atrás con su mano - …por que ¿a quién le gusta andar involucrado con el tío de su vieja?
Me sentí avergonzada como nunca me había sentido en mi puta vida, y lo peor, me sentí también sucia. A mi peso de conciencia, por todo lo anterior, le cayó encima el hecho de que me jodía al tío que estaba con mi madre. Los por qué volvieron a mi mente y maldije estar tan enamorada de él y no poder hacer nada para revertir aquel proceso.
Itachi me miró, bastante contrariado y frunció el ceño.
Digo, no es que te guste ese tipo ¿no? – sostuvo su mirada sobre la mía.
No contesté de inmediato y me tomé un par de segundos para asentir con la cabeza.
¡Joder! – exclamó - … ¡doblemente joder! – y se tiró hacia atrás, sobre el sillón.
No quería decir nada, la maldita vergüenza seguía ahí y yo estaba tan aturdida como él. Pensé que sería presa del pánico y negaría todo, como solía hacerlo, pero no podía, ni quería.
La decepción y la tristeza en el rostro de Itachi, me hizo darme cuenta de daño que le estaba haciendo, pero tenía tal mezcolanza de sentimientos en mi corazón, que no sabía cual resolver primero, ni qué decir en esa situación. No quería hacerle daño ¡joder no! Itachi era bueno, y de sobra. Cualquier otro tío cometía femicidio y me estrangulaba frente a sus propias narices, después de todo no había ningún testigo para la matanza, pero el parecía estar lidiando con sus propias reflexiones, mientras yo permanecía como una tipa muda a la cual le tiritaba la mandíbula y le sudaban las manos.
Cuando Ino me lo dijo… yo creí que era algo del pasado o al menos, en vías de término, pero… - habló con seriedad, tratando de simular en algo su tristeza.
Itachi yo… - traté de decir, sin siquiera comprender yo misma a que me iba a referir.
¿Lo quieres? – preguntó.
Yo asentí.
Él… ¿sigue con tu madre?
Dudé que decir.
No lo sé… supongo que va a… - rió con ironía.
Es un playboy ¿no? – habló con molestia - …y tú Sakura… estás cayendo como una presa fácil… - suspiró.
Te equivocas… - salí a su defensa al instante - …me quiere Itachi, me lo ha dicho y…
¿Salen juntos a cenar o ordena a la habitación?
Fruncí el ceño con molestia y el torció el labio, a modo de darme a entender que había dado en el clavo.
Es fácil Sakura, donde trabajo, vivo viendo tipos como él… se sirve el plato doble y lo peor de todo es que lo hace tan bien que tú caes perfecto… - suspiró y me sentí ofendida.
¡Déjalo! – no quería herirlo, pero tampoco quería que él hiciera lo mismo conmigo - …no tienes idea y yo lo lamento ¿sí? – apreté el labio - …me comporté cómo lo peor y tú te mereces lo mejor, pero yo…
No lo hago como venganza ni nada… - me miró con atención - …no soy un crío, Sakura, y creo que eso te lo dije, pero te quiero y no quiero que jueguen contigo…
Le miré, tratando de disimular que de cierta forma, entendía a lo que se refería, pero tenía que mostrarme firme y hacerle entender que Sasuke no lo estaba haciendo ¿cierto?
Él no jugaba conmigo…
Se levantó del sillón y me paré frente a él.
Tomó mis manos rápido entre las suyas y besó mi frente.
Habría sido genial preciosa… - dijo ofreciéndome una sonrisa - …y yo lo habría intentado de nuevo, pero veo que ya es demasiado tarde para eso.
Se acercó rápido hacia mí y besó mi frente. Mi rostro se cubrió de amargura y lo miré, intentando volver a la escena en la que me arrodillaba y me disculpaba.
Espero que te trate bien… - acarició mi mejilla - …pero cuando esparza tus trozos en el suelo, al menos ten en cuenta que soy tu amigo ¿vale? – rió con ironía - …así al menos tendré una buena excusa para mostrarle mi puño mortal…
Me soltó, dejándome parada y muda, mirando el suelo. Mi mandíbula comenzó a tiritar y pestañeé seguidito para no soltar unas lágrimas.
No… - traté de decir - …no sé qué decir – reconocí, cabizbaja.
Con un adiós basta… - acarició mi mentón y salió por mi lado.
Estaba colapsada en aquel momento. Aturdida. Escuché sus pasos, encaminarse a través del pasillo hacia la puerta y, finalmente, sonó un leve portazo.
Me tendí sobre el sillón y dejé caer mi cuerpo con pesadumbre, mientras dejaba que unas lágrimas rodaran a través de mi piel, dándome a entender que se había terminado y que pese a que amaba a otra persona, no dejaba de sentirme mal por todo lo que había ocurrido, o más bien, como había ocurrido ¿habría alguna forma en la que en el mundo real yo pudiera tener una relación normal y feliz con Sasuke sin hacerle daño a las personas que me rodeaban?
Era un monstruo, malo y desconsiderado, pero que estaba cayendo de a poco…
Me sequé las lágrimas y tomé mi bolso, para ir directo hacia mi habitación y prácticamente lanzarme sobre la cama. Si Ino llegaría pronto, no quería encontrármela y tener que, más encima, responder sus preguntas.
Antes de cerrar los ojos y caer dormida, en lo que sería mi último día de tranquilidad, tomé mi celular y marqué a Sasuke, sin poder evitar sentir angustia mientras los tonos de la llamada sonaban sobre mi oído.
No hubo respuesta…
Mi corazón volvió a sentir una corriente eléctrica y se aceleró. La angustia me volvió a embargar y antes de volver a marcar, cerré el teléfono apresuradamente. Tenía que confiar en él. Sasuke era inteligente y haría lo correcto.
Si bien en un principio la idea de soltar toda la verdad de forma tan rápida y descabellada me parecía algo precipitado, luego de enfrentarme a Itachi, pese a toda la amargura que sentía en éste momento, me sentía al fin de cierta forma, con la conciencia un 10% más tranquila. El 90% restante, era una mezcla de haberlo engañado en el viaje y de saber que le estaba mintiendo prácticamente a todo el resto de las personas que me importaban.
Lo último que pensé, antes de dormir, fue en él… en el viaje… y en mi frágil burbuja…
Abrí los ojos y la habitación se encontraba a oscuras. Tenía la garganta seca y un sabor bastante amargo en la boca. Miré el reloj en mi teléfono celular y pude ver al lado de los números que indicaban que eran las 12:30, un sobrecito. Tenía un mensaje de texto.
Lo abrí apresuradamente y pude ver que era de Sasuke. Lo leí con ansiedad.
"Hablé con tu madre y las cosas no serán tan sencillas por su lado… tendré que tomarme un tiempo para hacerle caer en cuenta de que no va a funcionar y así no termino por arruinar aún más la poca relación que llevan…tenías razón… vamos a necesitar tiempo"
Apreté los labios, dejando el teléfono de lado y me recosté en posición fetal, sintiéndome frágil, sola y desprotegida. Sollocé, dejando salir mi frustración e incertidumbre y luego me levanté para ir al baño a remojarme el rostro y beber algo de agua.
¿Qué mierda iba a pasar ahora?
Itachi no podía estar en lo cierto. Sasuke me quería, me lo había dicho, lo había demostrado… entonces ¿por qué sus palabras me daban vuelta y me sentía en el aire respecto a lo que iba a ocurrir?
Al caminar por el pasillo, noté que la luz del primer piso estaba encendida. Me sentía tan agobiada en aquel momento, que lo único que quería era que Ino me acompañara un momento y me hiciera reír con alguna de sus frases mordaces o cualquier comentario sádico que tuviera.
Bajé las escaleras con algo de lentitud, pero me detuve de inmediato, al escuchar una voz masculina. Me iba a dar la vuelta, a la oscuridad de mi habitación, hasta que oí a Itachi hablar.
¿Qué hacía ahí?
Me senté en el escalón, espiando como una rata, la conversación que llevaban hacia la entrada de la casa.
Gracias por el café… - habló Itachi con voz de tristeza.
De nada… - contestó Ino, caminando detrás de él - …espero que nuestra conversación te haya subido algo los ánimos.
Itachi se paró frente a la puerta y se giró hacia ella. Agradecí en aquel momento la penumbra que me cubría, de lo contrario mi espionaje habría sido revelado de inmediato.
Suerte mañana y… - sonrió con ironía, abriendo sus ojos gatunos - …cuida de ella…
Aún la quieres… - soltó Ino, algo incrédula.
Si… - suspiró Itachi - …Sakura es… - negó con la cabeza, como deteniendo sus propias palabras - …pero bueno, es parte de la vida supongo y ella ya…
¡Me gustas! – exclamó Ino repentinamente, provocando que Itachi parpadeara y yo me tapara la boca para no soltar una exclamación.
Itachi cayó un par de segundos y yo observaba con el corazón en la mano la escena. Rogaba en mi interior que él la correspondiera de alguna forma y ese par de personas que yo quería tanto y que tenía frente a mí en aquel momento, pudieran tener su final feliz.
Eres una chica maravillosa… - habló sonriendo con ternura - …y te lo agradezco de corazón… - luego retrocedió y giró la puerta - …pero decir que te correspondo en éste momento, sería hacerte daño y la verdad, ilusionar en vano a una mujer no va conmigo… - se volvió hacia ella y la abrazó.
Pude ver en su rostro que tenía tanta tristeza, que hubiese deseado bajar y darle un abrazo, para confortarlo de cierta manera, pero mi presencia eran tan absurda como inadecuada. Yo era la culpable de las penas y amarguras del par de amigos que tenía allí abajo.
Discúlpame… - habló, apartándose de ella - …no volveré a involucrarte en mis estúpidos problemas…
Y salió por la puerta, cerrándola y dejando a Ino de espaldas hacia mí. Me levanté, entonces, para ir hacia ella y tratar de reconfortarla, pero cuando se giró, ví su rostro empapado en lágrimas y noté como apretaba los puños.
Mi voluntad se acobardó al instante y me giré, para volver a mi habitación.
Sé que estás ahí… - trató de hablar con firmeza - …espero estés conforme – y subió las escaleras a paso firme, pasando por mi lado, dejándome helada.
Comprendí entonces todo lo de Ino. Sus reacciones, sus consejos, la forma en la que se había negado a ir al concierto con él. Ella trataba de evitarlo, para no engancharse de él, y yo, sin siquiera analizarlo, la mandé sin considerar ni preguntarme por qué lo defendía fervientemente. Ino no solía ser el tipo de chica que defendía al sexo opuesto frente al sufrimiento… jamás. Para ella los hombres eran perros que se merecían ser la entretención del rato, pues había visto a tantas amigas sufrir por ellos, que se había convencido que no valía la pena. Me sentí fatal, porque después de todo lo que había luchado para no terminar como esos casos, su mejor amiga, le estaba provocando toda la angustia que no se merecía tener y lo peor de todo, es que no tenía como solucionarlo. Yo, mejor que nadie, tenía claro que al corazón no había como mandarlo ni borrarlo.
Era un monstruo… uno enamorado, pero al fin y al cabo, lo era…
Como saben, sigo escasa de tiempo para responder, pero actualizo en ésta página para que sepan que adoro sus comentarios y no me olvido de ustedes
Espero les guste!
