Capitulo XXIX

El grupo del Ôkami ya notaban que detrás de las montañas estaban las tierra de Sesshōmaru, por eso corrieron más veloces siguiendo al par de Inu Yôkai. Okamimaru volteó a ver a su vástago y lo cuestionó:

–¿Que sucede? ¿No eres acaso el más veloz de la manada? –Al ver que Kōga no dijo nada, insistió– Y lo que es más, ¿no quieres ver a InuYasha?

Kōga exhaló aire y sin dejar de correr, comentó.

–No quiero que...Me pidió algo y no lo hice; seguro se enojara.

El mayor trató con todas sus fuerzas de no reírse, pues su hijo era un arrogante lobezno y más que aguerrido que no permitía que sus opiniones no fuesen tomadas en cuenta o que dejara pasar un insulto sin más, sin embargo ahí se encontraba preocupado porque su pequeño prometido no se enojara con él. Okamimaru negó sonriendo...

–Seguro que no le importara, pues ha de estar muy emocionado por su sobrino.

–¿Tú crees? –preguntó esperanzado el menor.

–Si.

Kōga pareció tranquilizarse y su carrera se hizo mucho más veloz, incluso cuando pasó dejando detrás a los trasformados capitanes Inu, estos lo miraron con asombro.

Okamimaru negó al ver como su hijo ya no miraba detrás y los había dejado por mucho...

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InuYasha seguía mirando al dragón de dos cabezas Ah-Un, hasta que Naraku fue llamado por Sesshōmaru, pues el pequeño Yû lo buscaba.

–¿Puedes llevarlo a las caballerizas Inu?

–Si.

Asintió el de orejitas y viendo que los dos niños discutían; los dejó un momento y fue a entregar el regalo para que lo atendieran.

Al regresar, Shippō lo detuvo y se unió a él para seguir conociendo el palacio; notando que la niña no estaba InuYasha pregunto:

–¿Y tú prometida?

–... La perdí.

–No entiendo.

–Es que es muy ruda y siempre me grita. ¡Yo no quiero una prometida así!

InuYasha asintió comprendiendo al pequeño zorrito y volvió a cuestionar.

–¿Y entonces, por qué es tu prometida?

–Mi padre y tío lo decidieron.

–Oh... como Kōga es el mío porque aniki dijo.

–¿Y tampoco lo quieres cerca de ti?

InuYasha negó sonriendo.

–Oh no, bueno al principio sí, pero luego vino a verme y... pasaron muchas cosas y ahora somos muy unidos, es muy amable conmigo y me da muchos... –InuYasha miró al pequeño y dedujo que no debía decirle de los besitos, pues Shippō no era muy grande– Me quiere.

–¿Y tú lo quieres?

–Mmm... –InuYasha lo pensó un tiempo y comparando a Kōga con su familia y como estos lo trataban y como él los quería se dijo que… si el lobezno era muy apreciado por él– También.

Shippō se quedó callado y luego mencionó suspirando.

–Tal vez más adelanté… y Sōten algún día también sea amable conmigo.

–Yo creo que sí, los mayores saben lo que hacen y aniki dice que Kōga debe ser mi apoyo si él no está.

–Ya, por lo menos Sōten es fuerte y no le teme a los humanos...

El hanyō miró al pequeño yôkai y lo llevó fuera del palacio buscando estar lejos de la celebración para escuchar la vocecita de Shippō.

–¿Aun les temes?

–Si... la verdad es que con mi tío cerca, ellos no se atreven a ir a nuestro territorio, pero a veces tenemos que salir y he visto a algunos de esos cazadores y me dan miedo... aunque...

Shippō se quedó callado un instante y volteó a ver a InuYasha y a pesar de que este también era un cachorro era mayor que él y según recordaba muy fuerte.

–Pues... conocí a una humana y... ella fue amable conmigo.

–¡¿Si?!

–¡No se lo digas a nadie!

–Oh no, no lo haré, cuéntame mas de ella.

InuYasha no se resistió a saber más e incluso se acomodó mejor –sobre unas pacas de paja que los soldados usaban para descansar de su rondín– y puso toda su atención en el yôkai kitsune. Shippō inició con su relato...

Caminaba buscando hongos para hacer sus propias armas, –pues su padre le había mostrado como– cuando sintió que era observado. En ese momento notó con horror, que sin querer se había alejado mucho de su hogar y del territorio Kitsune por lo que cargó con lo que pudo de setas y corrió de regreso a casa, más una voz lo detuvo y a pesar del miedo lo hizo girar la vista...

Se te cayeron estos.

Una niña de cabello negro lo miraba, con una sonrisa plasmada en su boca y le mostraba dos hongos.

El zorrito castaño no supo cómo reaccionar y es que la niña no parecía temerle, mas tampoco se notaba como una amenaza y regresando con precaución sobre sus pasos arrebató los hongos y corrió veloz lejos de ahí.

¡Nos vemos amiguito!

Shippō interrumpió su relato al comentar:

–¡¿Lo puedes creer?! Siguió siendo amable, aunque yo no lo fui.

–¡Oh! ¿Y cómo dices que es esa niña?

–Ella es...

Shippō describió a la niña y el de orejitas asintió muy serio.

–Si… la conocí cuando fuimos por ti. –Confesó InuYasha– Mas no se mucho, solo que tiene una hermana...

–¡¿De verdad la conoces?! Bueno, pues... –El menor agregó– Esto es un secreto yo... sigo platicando con ella.

–Vaya...

–Ella se llama Kagome y dice que no cree que los yôkai seamos malos, bueno no todos. Y yo creo que ella tampoco es mala.

InuYasha no dijo nada, más la idea que tenía de conocer a esas niñas aumentó y le rondaba con más fuerza la cabeza, después de todo él no se había equivocado y ellas no eran malas.

–Shippō...

–¿Si?

–¿Me la puedes presentar?

–Yo... ¿estás seguro?

–Si.

–Es que...

–¿No puedes?

–No es eso, es que mi tío y padre a pesar de ser yôkai no son como...

–¿Quien?

–Tu hermano, él es muy serio, como si siempre estuviese enojado y no quiero meterme o meterte en problemas.

InuYasha comprendió al zorrito y no debía decirle que su aniki era muy bueno con él, pues Sesshōmaru era conocido y temido por su fuerza y arrogancia y de ese modo correspondía seguir.

–No lo harás, si yo le demuestro a aniki que hay humanos buenos, pues... a lo mejor ya no quiere desaparecerlos.

–¡¿Eso quiere?!

–No, simplemente no le gustan nadita.

Bromeó el de cabello plata y esperó la respuesta del kitsune que por fin dijo:

–Bien si vas de visita a mi casa, yo te llevare con Kagome.

InuYasha sonrió divertido al pensar que podía hacer esa visita si se portaba bien y en eso estaba cuando notó una característica polvareda acercarse...

–¡Kōga! –Exclamó InuYasha y llamó a Shippō– Ven, quiero que conozcas a mi prometido.

El zorrito se levantó y siguió al mayor que esperó en el camino. El lobezno detuvo derrapando su carrera y vio a su Inu esperándolo...

–¡InuYasha!

Kōga llegó a él, lo alzó en brazos y le dio vueltas, mas no hizo más, pues notó que había mucha gente en el palacio, con las puertas abiertas de par en par y con tantos guardias, debía comportarse y no besar a su hanyō, por si le iban con el chisme a Sesshōmaru.

Shippō vio con asombro como el lobezno sonreía feliz de ver al hanyō y como este correspondía con muestras de aceptación, hasta el momento si se diferenciaban mucho de Sōten y él. Y cuando Kōga sacó un gorro de piel de oso y se lo dio a su novio…

–¡¿Para mí?!

–Sí, un regalo.

–Si lo que estamos celebrando es que nació mi sobrino.

–¿Y eso qué? Tú eres mi prometido y te quiero.

Kōga consideraba que su novio no debía sentirse menos apreciado por toda la atención que el hijo de Sesshōmaru recibiría y por eso llevó un obsequio para este.

InuYasha se colocó el gorro y notó que era para calentar sus orejitas, por lo que sonrió agradecido hacia el lobo, que se explicó con las mejillas arreboladas:

–Invierno ya está cerca y lo cacé yo... –aseguró el lobo.

El hanyō sonrió y este, sin mirar nada más, besó la mejilla de Kōga.

–Eres un roñoso, pero... yo también te quiero.

Shippō se rió divertido, al saber que realmente no eran tan diferentes a Sōten y a él.

Kōga se percató de su presencia y lo miró con interés. InuYasha se quitó su gorro y lo guardó para luego presentar a Shippō.

–Él es Shippō del Ichizoku Kitsune, sobrino del Rīdā.

–Oh, no sabía que ese clan tenia pacto con ustedes –dijo hacía el hanyō.

–Oh no, no lo tenían; hoy se realizó y ¡¿Qué crees?!

–¿Que?

–¡Fue por mí!

–¿Si?

–Oh si...

InuYasha relató lo ocurrido y Kōga recordó.

–¿O sea que él y su padre son aquellos zorros?

–Si.

El lobezno vio al zorrito y le sonrió mostrando sus colmillos.

–Soy Kōga bochan del Ôkami y prometido de InuYasha.

–Mucho gusto, soy Shippō, bochan del Ichizoku kitsune.

–¡¿Lo eres?! –preguntó asombrado Kōga.

–Mi tío no tiene hijos varones.

–Ya veo –comentó Kōga, mientras InuYasha ya lo jalaba impaciente.

–¡Vamos para que conozcas a Yû!

–¿Así se llama?

–Sí y es muy guapo, como yo.

Kōga asintió muy seguro que su prometido no mentía. Los tres cachorros entraron al lugar y notaron que había más gente de la que habían visto los dos que ya estaban en lugar antes.

InuYasha se metió entre los yôkai para llegar hasta su hermano y Naraku. El Dai-Yôkai miró a su hermano y al lobezno –que para no variar jalaba– y se acercó…

–InuYasha te he buscado ¿dónde estabas?

El hanyō sonrió y dejando a su prometido se acercó a su aniki abrazándolo de la cintura…

–Eres un zalamero. –aseguro Sesshōmaru sin enojarse.

InuYasha no respondió, más el Lord lo alzó en brazos y lo miró.

–Tú eres el bochan del clan, debías estar conmigo y recibir a todos los invitados…

–¡Lo hice aniki!

–¿Si?

Preguntó dudoso el mayor, más el de orejitas puso su dedito en la barbilla y comenzó a enumerar.

–Platique con Shippō, conocí a Sōten y traje a Kōga.

Naraku se unió a la explicación y para los presentes que escuchaban a los dos hermanos, tradujo…

–Convivió con el bochan del Ichizoku Kitsune, y la heredera de los Raijū Kyōdai y trajo al bochan del Ôkami…

Los presentes sonrieron y entre murmullos apoyaron al pequeño. Sesshōmaru negó y bajó a su hermano llamando a Kōga.

–Bienvenido joven Kōga.

–El Ôkami le saluda y lo felicita por su heredero…. En realidad mi padre no tardará en llegar, solo que me adelante.

El Dai-Yôkai asintió comprendiendo la urgencia del joven Lord para ver a su otouto, quien ya besaba las mejillas de Yû que gorjeaba feliz.

Kōga se acercó a eso tres hanyōs y preguntó muy correcto al pelinegro…

–¿Puedo cargarlo?

Naraku asintió, más todos rieron al ver como InuYasha…

–Con cuidado Kōga, su cabecita Kōga, no así no, ve como lo hago yo…

El hanyō de cabello plata se sentía ya todo un conocedor y hasta daba concejos.

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El grupo de consejeros y Sesshōmaru notaron que el Ôkami entraba en el lugar y el de Luna en la frente se levantó de su asiento para llegar hasta Okamimaru, este al verlo lo saludó efusivamente y lo felicitó…

–Lo logró Sesshōmaru-sama y es un honor ser testigo de este acontecimiento.

El Ôkami conoció al recién nacido quien para ventura de su gestante era más que tranquilo y solo fruncía el caño al sentirse molesto.

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Para el atardecer, InuYasha se removió aburrido en su lugar y es que su entretención estaba dormido –Yû– por lo que Naraku suspiró y llamó a su lord discretamente…

–InuYasha ya se aburrió…

Sesshōmaru vio a su otouto que casi estaba encima de Mokomoko, acostado y acariciando las orejitas de este, dijo…

–InuYasha ve con los otros bochan.

–¿Si?

–Sí, ellos deben estar aburridos. Atiéndelos.

El hanyō asintió muy serio parándose y se metió entre al multitud llevando a Kōga y llamando a Shippō a quien se unió Sōten…

El grupo de jóvenes yôkai salieron corriendo felices por las puertas del palacio y discretamente, pero con velocidad varias escoltas emergieron en la misma dirección, no en vano ese grupo era el futuro de los clanes.

Por parte de los Inu, Kuro corrió detrás de los jóvenes y él fue seguido por Takeshi.

Naraku al ver a los jóvenes ser escoltados, se sentó más tranquilo y puso atención a la conversación de los Rīdā y consejeros.

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