Capítulo 28: Regreso

En la central de CCG un peliblanco con raíces negras abría pesadamente los ojos y sentía todo el cuerpo adormecido, recordando lo último que vivió aquel otro yo antes de volver dentro de su oscuridad.

-Kaneki, por favor vuelve-habló Lilith conversando con el peliblanco.

- ¿Por qué? Ya logré recuperar mi cuerpo-respondió con enojo.

-Pero Arima no estará bien si tú vuelves, además Haise aún tienes cosas pendientes por resolver. Sé que tú también, pero necesitas esperar, por favor-rogó la rubia con pena.

- ¿Por qué? ¿Por qué haces esto? -preguntó confundido Kaneki.

-Porque amo a Arima y no quiero que pierda a alguien tan preciado otra vez...-habló Lilith bajando la mirada que fue rápidamente ocultada por su flequillo.

- ¿Otra vez?...Acaso tú...-el peliblanco había hecho la conexión entre que era la única que podía detener al líder de un ojo y la pérdida que recibiría el dios de la muerte.

-Por favor, Kaneki-rogó otra vez con una voz quebrada y con pequeñas lágrimas asomadas en sus ojos.

-De acuerdo, pero Haise sufrirá y yo...también-susurró el peliblanco con tristeza.

-Por eso ustedes se deben apoyar, incluyendo a Arima-respondió la chica tomando el rostro del peliblanco y observándolo fijamente.

-De acuerdo, prométeme que al menos tratarás de sobrevivir a esa batalla-habló Kaneki con los ojos rojos de tristeza y aguantándose las lágrimas.

-Por supuesto, Kaneki Ken vuelve a tu lugar-dijo Lilith acercándose al rostro del chico, besando su frente y brindándole un cálido abrazo.

-Te extrañaré y te...-murmuró el chico peliblanco cayendo completamente dormido en los brazos de la rubia por la droga que le había ocultado en el último café que habían bebido juntos unos minutos antes.

-Li-Lilith-balbuceó el chico con una voz apenas audible.

Comenzó a observar su alrededor lleno de blanco y algunas máquinas a su alrededor que tomaban sus signos vitales, algunos tubos conectados a su brazo y algunos sensores en su pecho y rostro. Se intento mover, pero su cuerpo no respondía, su cabeza hecha un lío, pues por el tiempo estimado que había pasado la guerra estaba en su clímax, necesitaba llegar junto a Lilith.

Una enfermera se acerco al ver que despertó y solicitó al doctor, para que fuera rápidamente a ver al peliblanco con raíces negras, sus signos vitales estaban estables y su RC estaba dentro del rango normal para él, ya que después de todo seguía siendo un ghoul.

-Haise al fin despiertas ¿cómo te sientes? -preguntaba el doctor una vez dentro de la blanca habitación.

-Do-doc-tor-balbuceó el chico, pues su cuerpo aún estaba demasiado adormecido para el tiempo que llevaba despierto.

-Tranquilo, es normal que aún no te puedas mover. Esa chica Lilith te dio una droga que es adormece solo a los ghouls y tiene un efecto secundario paralizante, aún estudiamos los otros efectos que pueda provocar-informaba mientras con una linterna veía la reacción de los ojos y comprobaba la maquinaria a la cual el chico estaba conectada-Parece que estás bien, iré a informar y trata de despejar tu mente por el momento-se retiró del lugar junto a la enfermera.

Un par de horas más tarde el peliblanco se obligo a recuperar la movilidad lentamente, pues la espera era una cruel tortura y necesitaba saber cómo iba la batalla en el centro de la ciudad, no podía descansar, menos ahora. Torpemente salió de la cama, cayó al suelo, pues más de la mitad de su cuerpo seguía bajo efecto de la droga.

-Maldición-murmuró entre dientes el chico, se volvió a parar como pudo, se cambio de ropa y salió del área de salud como pudo, pues pronto la enfermera volvería y no lo encontraría, además sería muy fácil atraparlo en su estado, necesitaba saber donde estaba Arima y Lilith en estos instantes, de pronto aparecieron unos agentes que iban conversando sobre como Arima había desobedecido órdenes y fue a un lugar alejado del centro, pero al parecer cerca de ahí estaba el líder de Aogiri, esas frases fueron suficientes para que el chico saliera lo más rápido posible de la CCG.

No sabe cuánto tiempo estuvo caminando a paso excesivamente lento, pero el sol estaba punto de salir, poco a poco sus piernas volvían en sí y cuando finalmente logró llegar a la zona en donde se encontraba su mentor encontró con una escena desastrosa que quebró su mente y corazón, cayó sobre sus rodillas y cientos de lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Fue su culpa? Si sólo hubiera peleado, todos eran pensamientos que se cruzaron por su mente, pero ya no había nada que hacer, había llegado tarde.