Supuestamente este es el penúltimo capítulo. Si, leyeron bien. Era el penúltimo. Voy a hacer un último capítulo y luego el epílogo. No pude terminar en dos. Lo siento. Perdóoooooooooooooooooooooooooooooooonenme.
CAPITULO 29. NUESTRO SUEÑO.
-Temari, no estés triste. Es bueno que él conociera a su hijo y que estuviera aquí. El Señor Feudal es muy benevolente con Shikamaru.
-Lo sé, Yoshino san. El problema es que tengo un conflicto mente-corazón, mi mente sabe que está bien, pero mi corazón es egoísta y quiero retenerlo conmigo –Temari se detuvo al ver a Yoshino sonreir- ¿Qué?
-Es que me hace feliz saber que amas a mi hijo, es todo.
-Entonces debería carcajearse, porque es mucho el amor que le tengo –dijo Temari sonriendo también.
Shikaku entró a la habitación donde las mujeres tomaban el té y charlaban. Temari amamantaba a Shikeru y Shikaku se acercó para besarlo en la frente.
-¿Cómo está mi nieto querido? He venido a rescatarte de estas mujeres problemáticas.
Temari le sacó la lengua y Yoshino le golpeó el costado izquierdo.
-¡Kuso! Me has sacado el aire, Yoshino. No parece que hace tantos años que estás fuera de servicio.
-Eso es para recordarte que aún soy muy fuerte. Si sigues llamando problemática terminarás durmiendo en el sofá, ¿me has entendido?
Shikaku le regaló media sonrisa a la madre de su hijo y ella cayó, al igual que siempre, rendida ante él. Era estúpido luchar contra ello, ante esa sonrisa ella estaba completamente indefensa y el muy astuto lo sabía.
-Ni pienses que me vas a comprar esta vez.
Por respuesta recibió un corto beso en los labios por parte de su esposo –No digas cosas que no podrás cumplir jamás. Amenázame con lo que quieras, excepto eso.
Yoshino se ruborizó de pies a cabeza.
-¡Basta de mimitos delante mío! –sugirió Temari en tono burlón elevando al bebé hacia su abuelo.
-Por Kami, Shikeru, despierta que si sigues dormido será aún más problemático hacerte eructar -Ambas mujeres sonrieron y Shikaku tomó al niño de los brazos de su madre.
-Eres idéntico a tu padre –dijo esta vez con cierta tristeza en su voz, tristeza que no pudo ser capaz de ocultar.
Yoshiro sintió la misma necesidad de siempre cuando se mencionaba su nombre en casa. Llorar. Nunca lo hacía frente a Temari porque se suponía debía darle fuerzas, pero ya había soportado una hora de plática con ella acerca de su hijo y ahora su padre. Eso era mucho pedir para el corazón de una madre. Y sólo hacían tres meses, tres meses…
No pudo reprimir el llanto que sentía venir y que no tardaba. Ella se conocía más que nadie y los síntomas indicaban un desborde; un nudo en la garganta, la opresión en su estómago, el palpitar de sus sienes, la boca cerca y amarga.
Tranquila, camina y sal como si nada pasara…veinticinco pasos hasta tu habitación, eso es todo lo que necesitas, aguanta, tú eres fuerte, aguanta.
Cuando Yoshino salió de la habitación el silencio se hizo inmenso. Temari se dispuso a recoger la ropita y los juguetes del bebé.
-Temari, estuve pensando en que quizás haya algo en que ocupar nuestras mentes mientras esperamos que Shikamaru regrese.
-Yo pretendo volver a servir como ninja aquí en Konoha. Ya hablé con Tsunade, pero no quiero hacer misiones muy arriesgadas por el bebé. Ya es mucho con perder uno de sus padres, pero el estar aquí donde cada cosa me recuerda a él, es muy difícil, Shikaku san.
-Lo sé y por eso se me ha ocurrido una idea. Recuerdo una conversación que tuvimos donde rememorabas un sueño en conjunto que tuvieron mi hijo y tú, cuando estaban en las reuniones aquellas, ¿recuerdas?
-Sí, eso fue cuando nos volvimos… -se detuvo de repente. ¿En que estaba pensando? Decirle a su padre que era amantes, ¡Vaya forma, Temari!, pensó-…cuando comenzamos a salir juntos.
-Así es. Recuerdo que mencionaste algo sobre…
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Temari descansaba sobre una manta blanca bajo la protección de un sugi gigante que la protegía del sol sin necesidad de dejar de ver las nubes. A su lado descansaba un hermoso niño de pelo negro, ojos verdes y mirada seria y distante.
Era un niño grandioso, la combinación de inteligencia y personalidad de su padre mezclado a la rebeldía y sonrisa de su madre le había ganado el corazón de todos en Konoha. En estos últimos cuatro años de su corta vida, fue la mascota de todos los amigos de sus padres, el consentido de sus abuelos y tíos y el amor de su madre.
Se encontraba cansado de jugar con una mariposa que le había dejado Chouji antes de marcharse. La había examinado por horas desde dentro de su pequeña prisión. Al final la dejó ir.
-Se ve más linda cuando vuela,¿ ne? –dijo a su madre mientras le guiñaba un ojo.
-Dios mío…-exhaló Temari.
-Sí, lo sé, soy idéntico a mi papá, ¿ne?
-Sí hijo, es exactamente lo que iba yo a decir.
-Lo sé. Siempre pienso lo que los demás dirán o harán mucho antes de que lo hagan. El tío Sai me llamó perspicaz, el tío Kakashi en la academia me dijo que era inteligencia heredada de mis padres. Prefiero lo que dijo tío Kakashi, la palabra que dijo el tío Sai aún no lo busco en el libro que me regaló el abuelo. Es muy aburrido y sería problemático buscar esa palabra –dijo dando un sonoro bostezo.
-No pareces tener cuatro años. Tienes la madurez de un adolescente o quizás un adulto, Shikeru.
-Cuatro, casi cinco. Mamá, quiero pedirte algo. Quiero que hagamos la fiesta de mi cumpleaños cuando llegue mi papá.
-Encanto, papi llegará mucho antes, espero. ¿Qué tal si mejor dejemos que el planeé tu fiesta?
-¡Genial!
Shikeru recostó su cabeza sobre las piernas de su madre, de la misma forma en que su padre lo hacía para dormir. Acarició el pelo de su hijo con el amor propio de una madre. Sólo bastaron dos minutos para que Shikeru se durmiera profundamente.
Temari aprovechó el momento para sacar la carta que había recibido de manos de Chouji. Prefería leerlas a solas siempre. Ya no venían cargadas de la misma emotividad que un principio, más bien parecían desesperadas y tristes. Igual que las de ellas.
Muchas veces se sintió perdida, pero tenía demasiado a su favor. Su hijo, sus hermanos, sus padres, sus amigos. ¿Pero él qué tenía? Nada. Su soledad era aún peor y decidió entonces no sentirse miserable nunca más, no mientras él llevara la peor parte.
Aprovechó que su hijo dormía y quiso leer el documento que Chouji le había pasado. Sabía que era una carta de Shikamaru. En un principio recibía una cada vez posible, luego se hicieron cada vez menos y en cada Shikamaru denotaba una onda tristeza.
Finalmente, tendría unos meses que no sabía de él. Esta era la carta que confirmaba su regreso a su lado y más nada le importaba.
Temari,
He tratado de ocultar mis sentimientos desde el momento que me separé de ustedes, formando una coraza dura para todos, haciéndome más fuerte. Pero cuando me encuentro solo en mi habitación, me pierdo en mi mundo recordando en secreto los tiempos en que éramos felices.
¿Por qué tuve que ser tan estúpido? Destruí mi vida y mis sueños por un solo sentimiento que cargo conmigo y cuyo peso me está matando: Miedo, Temari.
Intento ocultar ese maldito miedo y no puedo, porque en cualquier momento me asalta con preguntas para las que ya no tengo respuestas. ¿Cómo se siente dormir en tu regazo? ¿Cómo te gustaba que te hiciera el amor? ¿Qué se siente al escuchar tu voz? Lo siento, pero incluso en mis sueños no puedo verte, ni escucharte. En mi memoria guardo voces distantes que me llaman, pero ya no estoy seguro de que sea la tuya
Quiero verte, muero por verte, pero no sé si tenga el coraje para hacerlo.
Tengo miedo
Shikamaru
No decía nada más. Ni siquiera cuando volvería, nada.
-Eres un tonto bebé llorón. Ya deja de jugar con mi corazón y regresa a mi. –Dijo llorando Temari mientras abrazaba a su hijo más cerca de ella y de su corazón.
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-Nara Shikamaru, acaba de llegar Señor Feudal.
-Gracias, Sakuno –contestó sobriamente- hazlo pasar.
-Con su permiso, Tezuka Sama.
-Shikamaru –dijo cariñosamente señalando el lugar donde debía pararse, justo frente a él- Hijo, has hecho un trabajo inigualable, lo completaste aún sabiendo que no podrías, lo hiciste. Esto demuestra tu lealtad y verdadera fortaleza. Te vas, pero me gustaría que siguieras sirviéndome como hasta ahora. Si aceptas, lo harías desde tu aldea. Sé lo mucho que deseas estar con los tuyos.
-Sería un verdadero honor, Tezuka Sama.
-No hay más que hablar. Le dejaré saber a Tsunade que te compartiremos. Supongo que no pondrá objeción –Shikamaru sabía que no, eso era un lazo a favor de la aldea- Bien, eres un hombre libre, puedes retirarte.
-Gracias, Tezuka Sama –Shikamaru hizo una inclinación de respeto y caminó hacia la puerta.
Libre.
-Shikamaru san –Era la voz del Señor Feudal. Shikamaru se paró en seco. ¿Era realmente libre?
-A sus órdenes -Se acercó indeciso, arrodillándose con respeto.
-Al salir se te entrega el pago correspondiente a los cinco años de servicio que me has prestado.
-Pero, Señor, yo… -Shikamaru estaba confundido sobre lo que acababa de escuchar. Eso no era posible, su condena fue muy clara.
-Esto no tiene nada que ver con lo que se te juzgó. Es mi manera personal de darte las gracias por todo lo que has hecho por mí y por el País del Fuego. En nombre de todos Gracias.
-No lo merezco, Señor…
-Nunca he aceptado un no por respuesta. Te acompañaran tres ninjas hasta tu aldea, no quiero perder tu cerebro. Sé feliz, hijo. Espero verte pronto.
Shikamaru se paró sin decir nada más. Miró al Señor Feudal a los ojos con respeto. En el tiempo que había laborado para él se había ganado la admiración propia de quien lucha por el bien.
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Las puertas de su aldea se alzaban majestuosas ante sus ojos.
-Has tardado, Shikamaru, ¿sigues igual de perezoso? –Un hombre corpulento, mucho más alto que él le habló. Le sonreía abiertamente. La sonrisa más dulce que Shikamaru conocía.
-Chouji, amigo…-no dijo más y le abrazó.
-No pierdas tiempo conmigo y ve a tu casa. Tenemos toda la vida para hablar. Yo me encargo de tus acompañantes con el alojamiento y la comida. Sai le avisó a la Hokage, así que no necesitas pasar allá por ahora tampoco. Corre, hombre. Vete y no me veas así.
Shikamaru no pudo hablar un segundo más y salió corriendo cuanto podía hasta su hogar. Dejó su mano derecha al aire en señal de saludo a todos aquellos quienes le hacían el gesto de bienvenida. En otro momento les hablaría y agradecería. Ahora sólo quería llegar a casa. Su casa.
A lo lejos divisó el símbolo del Clan Nara. Saltó la cerca sin detenerse y llegó hasta la puerta. El miedo le asaltó. No tocó, nunca lo había hecho ni empezaría ahora. el olor dulce del té recién hecho le dolió en las entrañas. Extrañaba ese olor y el amor de las manos que lo preparaban. Se acercó sigiloso a la cocina.
-Shikamaru, toma asiento, en un segundo te sirvo –dijo Yoshino sin siquiera mirarle.
Shikamaru no supo como su madre notó su presencia ni le importaba. Sólo sabía que estaba ahí y que era feliz. Antes de sentarse en la silla que le ofreció miró el temblor en los hombros de su madre. Estaba llorando. Shikamaru se acercó por detrás y la abrazó.
-Mamá…
-Lo siento, hijo, déjame servirte un poco de té –respondió nerviosa y llorando.
-No, mamá. Hazlo más tarde, ahora solo quiero abrazarte un minuto.
Yoshino se giró frente a frente a su hizo y le abrazó con fuerza y amor, llorando con rabia contenida y dolor silente.
-Tú padre, ve con él, descansa de su última misión, está arriba- habló Yoshino entrecortadamente cuando los sollozos le permitieron.
-Estoy aquí mujer –habló Shikaku con una sonrisa que no podía contener- escuché una voz varonil hablar y supuse de algún amante tuyo y bajé a matarlo.
Shikamaru sonrió. Yoshiro le soltó para que fuese con su padre. Y así lo hizo. Shikaku abrazó a su hijo y le acarició la cabeza, de la misma forma en que lo hacía cuando era pequeño.
-No me despeines –dijo bajo gemidos y sonrisas mezcladas- Es muy problemático hacerme la coleta nuevamente.
-Shikeru dice lo mismo.
La sola mención de ese nombre le paró el corazón a Shikamaru. Su padre tomó un jarrón con el símbolo de su Clan y extrajo una llave de ahí.
-Es el regalo de bienvenida de Temari, Shikeru, Yoshino y yo, tu familia.
Shikamaru no entendía a que se refería su padre. Tomó la llave frunciendo las cejas en señal de desconcierto. Shikaku sonrió y le sacó de dudas.
-Justo a nuestro lado está un portal con nuestro símbolo en él. Ahí los encontraras. Y no quiero más preguntas.
-¿Qué fiesta?-dijo obviando lo que le había dicho su padre.
-La de su cumpleaños número cinco. Dijo que la celebraríamos cuando volvieras. Ve con ellos. Nos vemos mañana en la fiesta de tu hijo.
Shikamaru no esperó más. Besó a sus padres varias veces y caminó hacia donde le había indicado su padre. Llegó al portal blanco otoñal con el símbolo del Clan Nara en él. Lo abrió despacio y todos sus miedos se agolparon en su corazón adueñándose de su mente. Los mismos miedos que se disiparon de golpe al ver convertir su sueño en realidad.
Ante él, estaba el sueño que una vez idealizó mientras dormía en brazos de la madre de su hijo
Frente a él una hilera de girasoles marcaba el camino para llegar a una hermosa casa con aire victoriano herméticamente pintada de blanco con grandes ventanales de cristal y madera que le daban un aire de embrujo. Caminó despacio tratando de grabar en su memoria cada paso dado.
Llegó hasta el portón de entrada e introdujo la llave en el cerrojo la cual cedió dispuesta a la mínima presión. La calidez de una paredes de un azul celeste casi blanco le recibió, miró a su derecha y encontró una mesita con una foto suya de niño, una niña rubia con cuatro coletas y un niño muy parecido a él, sólo que tenía enormes ojos verdes. "Igual que su madre", pensó, aunque no dudo un minuto al recapacitar y ver que esos mismos ojos verdes estaban tan soñolientos como los suyos.
Todo a su alrededor era blanco, tal y como lo había soñado aquella vez y se sintió dichoso. Tanto que dolía. Una chimenea de ladrillos ofrecía calor en invierno. Los recuerdos en papel de fotografías de sus padres, amigos, compañeros de equipo, los hermanos sabaku no, Asuma, estaban allí haciendo aún más cálido el lugar.
No escuchó ningún ruido e intuyó que su familia se encontraba en el segundo piso. Él no les había anunciado su llegada. Subió los escalones de tres en tres. Tres puertas; una a su izquierda, otra a su derecha y otra al final del pasillo.
-A la derecha, el niño, a la izquierda, la niña, al final nosotros –dijo para sí.
Acercó su oído hacia la puerta derecha. Nada. Luego hacia el final. Nada. Decidió abrir la alcoba matrimonial y sonrió. Una gran cama blanca le invitaba al descanso. El sonido de una risa infantil lo sacó de su ensueño y miró por la ventana que daba al patio lateral derecho.
Sobre una manta azul, una joven mujer rubia leía un libro para un pequeño niño moreno. Shikamaru lloró conmovido y agradeció mil veces el cielo el estar vivo. Pidió perdón por las veces en que se sintió perdido e intentó dejarse vencer.
Esta vez no sería igual. Ya no tendría más miedo. Estaba ahí para ellos. Corrió escaleras abajo con miedo a perder un minuto más de sus vidas.
El resonar de unos pasos apresurados la hizo girar para encontrarse con él corriendo hacia ellos. El libro cayó de sus manos e intentó decir su nombre en monosílabos ininteligibles ante la mirada de su hijo que la miraba expectante.
-¿Haha? –se acercó Shikeru colocando una mano en el mentón de su madre.
-Shikamaru… -El Nara la miró y se quedó sin aliento. Estaba ataviada con un yukata azul y el pelo recogido. Estaba preciosa.
Shikeru se volteó despacio y miró al hombre que se había detenido de súbito llorando hacia él sin verle.
-¿Chichi? –dijo el niño con una expresión entre sorpresa y preocupación.
Shikamaru cayó de rodillas. ¡Demonios! Siempre había sido tan débil, tan estúpidamente débil que en vez de abrazar a su mujer e hijo, estaba ahí llorando como un estúpido. El calor de una manita lo animó a limpiar sus lágrimas y mirarle.
-¿Estás bien, Chichi? Mamá y yo te hemos estado esperando muuuuuuuuuuuuuucho tiempo.-Dijo haciendo ademanes de un círculo gigante con sus dos manitas.
A Temari se le llenaron los ojos de lágrimas, sintiendo como el corazón le daba un vuelco, sin embargo sacó fuerzas desde dentro y le dedicó hizo que el corazón le palpitara a mil.
Shikamaru sintió que el corazón se le inflamaba. Todo iba a salir bien. Ya se las arreglaría. Tenía que hacerlo. No estaba dispuesto a volver a estropear las cosas entre ellos por segunda vez. Se decidió a abrir sus brazos hacia su mujer y sostener la manita que le brindó valor.
-¿Te volverás a ir papá?
-No, nunca más –contestó Shikamaru besándolo y mirándolo directamente a los ojos- Eso si ustedes me permiten vivir aquí. ¿Qué te parece Shikeru?
-Yeiiiii –Respondió el niño aplaudiendo feliz.
- Temari, ¿Me harías el honor de convertirte en mi esposa en verdad, Sabaku No Temari? ¿Quieres vivir conmigo aquí y dejarme ser el padre de Shikeru a jornada completa y que tengamos otros hijos? ¿Puedo?
-Sí –contestó Temari cerrando los ojos mareada por la emoción- sabes que sí, mi amor. ¿Ya no tienes miedo, verdad? Yo he estado preparado para este momento toda mi vida.
-Yo también –contestó sonriente- pero no me había dado cuenta. Gracias, Temari.
-¿Por qué? –dijo ella enderezándose.
Shikamaru cargó a su hijo en brazos y con su brazo libre la abrazó de nuevo.
-Por darme el tesoro más preciado que una mujer le puede dar a un hombre: su hijo.
Temari apoyó la cabeza en su pecho y lo abrazó de la cintura mientras ambos miraban a Shikeru.
-Debería ser yo la que te diera las gracias –dijo en voz baja- Shiekru es lo mejor de mi vida porque viene de ti.
Aquellas palabras dejaron a Shikamaru sin aliento. A pesar de todo el sufrimiento y la distancia, ella le amaba con la misma fuerza de siempre. Sintió que las piernas le flojeaban y se dio cuenta de que no sabía poner en palabras lo mucho que aquello significaba para él, así que besó a la madre de su hijo con todo el agradecimiento del mundo.
Shikeru miraba a su madre y luego a su padre sin entender los motivos ni sus reacciones. Era un niño feliz. Tenía muchos amigos, más tíos, abuelos, su mamá y ahora su papá.
-Haha, siempre me lees tú, ¿Puede hacerlo papá ahora?
-Claro cariño –Temari le tendió el libro a Shikamaru quien se recostó en la manta y colocó el libro ante sus ojos.
Comenzó a leer y se detuvo un segundo para bajar el libro y observar. Una nube en forma de humo de cigarro le hizo sonreír y saber que nunca más estaría solo.
ver Capítulo 11.
En el próximo capi, Lemon de vuelta a casa jejejeje y el cumpleaños de Shikeru, con el cual vendrán todos los amigos con Shika. XD
Luego el epílogo... De ese no les cuento nada.
Besos
PD: Lo siento por los seguidores del SHIKAINO, favor de ver la escena final de Naruto shippuuden 75, claramente, Kishimoto habló, SHIKATEMA JEJEJEJEJE
