MI VIDA ANTES DE TI
Los personajes del manga/ anime Inuyasha no me pertenecen; son creación de Rumiko Takahashi.
Advertencia: Como todo fic que escribo este contiene lemon.
Bla bla bla: pensamientos.
– Bla bla bla: Diálogos.
Flash Back: escena retrospectiva.
POV-: la escena narrada desde la perspectiva o punto de vista del personaje.
X.X.X.X: Cambio de escena
Capitulo 29
Por un segundo la mujer lo miró impresionada, pronto en su rostro se pudo apreciar una expresión terror. Intentó correr nuevamente pero ya era tarde, el hombre la había tomado bruscamente por el brazo.
– ¡Suéltame!. – gritó. Una que otra cabeza giró por un segundo en dirección a ellos, pero nadie intervino en lo que perecía una pelea de pareja.
– Pensaste que podrías escapar. – susurró el hombre antes de sonreír.
– Por favor Daiki, suéltame. – rogó la mujer.
– Lo siento Kagome pero no puedo hacer eso. – aseguró.
– ¿Por qué me haces esto?. – indagó desesperada cuando el hombre tiró de ella intentando hacerla caminar por el camino que antes había recorrido, aquel que llevaba al lugar del cual quería huir. – pensé que yo te gustaba. – musitó como última opción.
– Me gustas, pero lo que me dará Naraku me gusta aún más. – musitó. – no vales tanto como la inmortalidad. – agregó.
– Por favor, suéltame, me lastimas. – rogo en voz alta. – ¡ayúdenme por favor!. – gritó nuevamente; las personas fijaron levemente su atención en ellos pero pronto la ignoraron. – por favor. – susurró.
– Nadie te ayudará. – aseguró; los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas de impotencia, mientras era jalada con brusquedad.
– Suéltala. – se escuchó el feroz gruñido. El hombre giró la cabeza en su dirección y le sonrió.
– No te metas donde no te llaman, ¿o acaso estás dispuesto a pagar ante Naraku por tu osadía?. – indagó arrogante; mucha gente de esa zona conocía a Naraku y también le temían, por lo que el ojinegro estaba seguro que nadie intervendría.
– Te lo diré una última vez y luego no me hare responsable por los dientes que perderás. – musitó tétricamente. – ¡Suéltala!. – gruñó. Kagome giró la cabeza en dirección a la voz del hombre y una expresión de alivio cubrió su rostro, pero eso duró solo unos segundos al recordar las duras palabras que había proferido en su último encuentro aquel hombre a quien creía amigo
– Kouga. – susurró. El hombre la miró de arriba abajo sin disimulo y su expresión se endureció.
– No escuchaste cuando te dije para quien trabajo. – musitó Daiki fastidiado y al pronunciarlo todo gritó al sentir el "fuerte" golpe contra su mandíbula que como lo había predicho el atacante logró extraerle varios dientes.
– Parece que ambos somos malos escuchando, te pedí amablemente que la soltaras. – pronunció mientras se acercaba más y ponía una mano en la muñeca del hombre que sostenía el brazo de Kagome y lo presionaba arrancando un grito de dolor del pelinegro.
– Te arrepentirás por esto. – amenazó al soltar a la mujer y sentir que el hombre también lo soltaba, entonces comenzó a correr en dirección al bar.
– Gracias. – susurró la mujer cabizbaja, sin saber cómo actuar. Kouga la detalló nuevamente y la vio tan indefensa que tubo deseos de abrazarla, pero se contuvo.
– ¿Que sucedió?. – indagó.
– Yo…yo…ahora no puedo hablar. – susurró tartamudeando levemente y dio un paso intentando marcharse, debía llegar junto a Sesshomaru, recordaba la pelea que habían tenido, aun así iría a rogar por su ayuda, pero antes de poder alejarse, el hombre la sujetó por la muñeca.
– Se que estás enojada, pero te estuve buscando todo este tiempo para disculparme, en verdad lo siento, fui un estúpido, no te ayude cuando me necesitaste. – musitó.
– Todo quedó en el pasado, ahora necesito irme. – susurró.
– Tu compañero, ¿Por qué no está cuidando de ti?. – indagó curioso. – Si fueras mi compañera nunca dejaría que estuvieras así. – agregó. La furia de la mujer creció al escuchar eso.
– Nunca seré tu compañera y tampoco seré la compañera del enfermo de Naraku, yo solo quiero estar con Inuyasha. – gritó. – Así que déjame ir por favor. – rogó peleando con el agarre en su muñeca.
– ¿Estás bien?. – indagó sin soltarla, ya había olido el cambio en el aroma de la mujer. Eso logró que la mujer se quebrara.
– Yo…yo…lo abandoné en ese lugar, necesito ayudarlo, yo debo ir junto a Sesshomaru. – gimió. – Ese…ese hombre, mató a mi familia, no quiero que lastime a Inuyasha, así que déjame ir de una vez. – gimoteó desesperada. El hombre entendió la situación por lo que la abrazó, ella se removió entre sus brazos.
– ¿Lo amas Kagome?. – indagó en un susurro, entonces la mujer quedó quieta.
–Él cambio mi vida – murmuró después de un minuto de silencio.
– No pregunte eso, sé que la marca fue forzada, deberías odiarlo, pero ahora actúas como si lo amaras. – susurró intrigado. Kagome se soltó levemente del abrazo.
– Necesito irme. – murmuró evadiendo la pregunta. El hombre la soltó y con una expresión derrotista vio la espalda de la mujer hasta perderse entre el gentío.
– No necesitas decirlo en palabras, es suficiente para mí. – susurró y corrió siguiendo el aroma del hombre a quien había golpeado.
Daiki corrió hasta el bar e ingresó rápidamente.
– Naraku, Kagome escapo. – musitó en voz alta al ingresar en la oficina del hombre. No lo encontró en ese lugar; entonces corriendo se dirigió a la habitación secreta, tampoco lo encontró sentado en su silla frente a los monitores como lo hacía regularmente, pero si pudo captar en una de las pantallas la imagen del hombre a quien buscaba, este estaba completamente ensangrentado rendido a los pies de Inuyasha.– No puedes morir, al menos no antes de decirme como convertirme en un hanyou. – gruñó. Busco desesperado entre los objetos del lugar y al hallar lo que buscaba sonrió.
Inuyasha sangraba por las heridas recibidas al cubrir a Kagome, pero su contrincante estaba mucho peor, respiraba dificultosamente tendido en el suelo.
– Es triste verdad, ni el líquido negro de la vida pudo salvarte, después de todo si era una leyenda, no pudo sanar ese cuerpo contaminado por tu alma podrida. – comentó. Naraku sonrió levemente.
– Mátame. – gimió el ojivioleta. De su cuerpo salía un extraño líquido color violeta oscuro acompañado de extraños coágulos, despedía un olor nauseabundo y ya no podía mantenerse en pie; un ataque de Inuyasha lo había atravesado el abdomen, otro el pecho y millones de laceraciones cubrían su cuerpo. No podía luchar cuerpo a cuerpo con Inuyasha, necesitaba huir, pero no veía una salida, el hombre no dejaba de atacarlo.
– No necesito hacerlo, ese cuerpo ya no resistirá. – aseveró.
– Si no me matas te arrepentirás. – aseguró.
– Mátalo. – escuchó el gruñido en su cabeza. Por un segundo dudo y eso bastó para costarle la oportunidad, pronto soltó un grito agónico que fue acompañado por Naraku cuando tres bombas lacrimógenas fueron lanzadas en la habitación. Se arrojó al suelo gritando de dolor y sujetando su rostro.
– Lo siento, dijiste que lo usáramos como última alternativa. – susurró Daiki, mientras cargaba a Naraku sobre su hombro y corría huyendo del lugar.
Inuyasha quedó en el suelo completamente aturdido, su sensible olfato en ese momento era muy contraproducente; un fuerte viento dispersó el gas y pronto una risa burlona cubrió el lugar.
– Que sucede bestia, esto es suficiente para vencerte. – musitó cubriendo con un brazo su nariz.
Inuyasha tosió al sentir su garganta cerrándose, pero pronto se paró intentando enfocar sus llorosos ojos en la nueva presencia. Solo su sentido de audición no estaba aturdido, aun así reconoció esa socarrona voz.
– ¿Qué haces aquí lobo apestoso?. – indagó dificultosamente.
– Kagome me pidió que viniera, se abrazó a mí y me dijo "se que Inuyasha no podrá ganar, por favor salva a esa bestia buena para nada". – musitó. – y ya ves, no se equivocó. – agregó molestándolo.
– Keh. – refunfuñó poniéndose de pie. Caminó rumbo a la salida e intentó seguir a Naraku pero no podía su olfato no percibió nada. – Kuso. – maldijo. Pronto recordó a Kagome, ella era el objetivo de Naraku podría estar en peligro. – ¿Dónde está Kagome?. – indagó al hombre.
– Dijo que iría a casa de Sesshomaru, no se dé quien hablaba pero fue allí. – comentó. Inuyasha rápidamente abandonó ese lugar y emprendió una veloz carrera siendo seguido de cerca por el Youkai lobo.
Cuando llegó frente a la gran residencia de su hermano desesperó al no percibir el dulce aroma de Kagome. Ya se sentía mejor, el efecto finalmente había terminado.
– Llévame donde la viste por última vez. – ordenó y Kouga asintió, también estaba preocupado pronto llegaron al lugar e Inuyasha captó el olor y corrió desesperado siguiendo el camino que le indicaba su olfato.
Daiki llevó a Naraku a la habitación secreta y lo bajó sentándolo sobre la silla y luego se sacó la mascará antigás que traía puesta.
– Debemos irnos, él podrá seguir nuestro rastro. – musitó Naraku dificultosamente y luego tosió escupiendo sangre.
– ¿Estás bien?. – indagó Daiki. Él ojivioleta sonrió tenebrosamente pero no contestó. Daiki ayudó a Naraku a ponerse de pie y lo sujetó por el hombro dándole soporte, ambos caminaron en dirección a la salida de emergencia y pronto estaban en el exterior, pero habían salido hacia atrás. – ¿porque tu sangre es de ese color, al ser un hanyou no sanabas más rápido?. – indagó Daiki mientras ayudaba a caminar a Naraku siendo el centro de la mirada de los transeúntes, quienes temerosos los observaban.
– Debemos apresurarnos. – fue todo lo que Naraku agregó evadiendo las preguntas, el joven lo miró desconfiado aún así caminó más rápido.
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Kagome corría velozmente, intentaba llegar lo más rápido que su cansado cuerpo le permitía, pero simplemente ya no le quedaban fuerzas, se detuvo para tomar aire, miró frente a ella y tragó sus deseos de llorar aún le quedaban más de seis cuadras para llegar pero no encontraba las fuerzas; ni siquiera tenía dinero para tomar un taxi o al menos el bus y no tenía deseos de explicar a nadie su situación por lo que simplemente corría.
– Debo llegar, corre Kagome. – susurró, sus pies descalzos dolían, pero al recordar que Inuyasha estaba herido, pudo continuar su camino; al ver a lo lejos la enorme residencia de Sesshomaru sonrió ampliamente y al llegar frente a la reja de esta tocó desesperada el timbre.
–¿Quién es?. – se escuchó la gélida voz de Sesshomaru. Kagome había vivido en esa casa sabía que Sesshomaru podía verla por la cámara del intercomunicador, por lo que intuyó que aún estaba enojado por haber tratado mal a Rin.
– Sesshomaru, soy Kagome, por favor necesito tu ayuda. – gimió.
– ¿Por que debería ayudarte?. – la pregunta hecha con desdén lograron desesperarla.
– Por favor, Inuyasha está en peligro, está peleando contra Naraku solo, él, él…– gimió Sesshomaru bajó el teléfono sin terminar de escuchar la desesperada petición y pronto caminó en dirección a la sala donde dos de sus hijos lo miraban reprobatoriamente, mientras los demás se mantenían cabizbajos.
– Papá, porque eres malo con tía Kagome. – reclamó el niño que en apariencias tenía unos cinco años, pero en realidad ya tenía más de cinco décadas.
El timbre nuevamente sonó por lo que Sesshomaru no pudo contestar a su hijo, este se dirigió al intercomunicador y miró la imagen demacrada de la mujer en la pantalla a un lado del teléfono, pero esa vez no contestó simplemente hizo que dejara de sonar y volvió junto a sus hijos. Una tercera vez sonó y Sesshomaru gruñó y con deseos de desconectarlo caminó hasta este.
– Papá, deja entrar a tía, por favor. – pidió el otro niño, uno que aparentaba ocho años. Sesshomaru dio media vuelta, lo miró fijamente para amedrentarlo pero este no cedió.
– Esa mujer no volverá a entrar a esta casa, se atrevió a gritar a mi compañera. – gruñó. El timbre sonó una y otra vez.
– ¿Que sucede, quien toca tantas veces?. – indagó Rin preocupada desde lo alto de la escalera, si no tuvieran la audición desarrollada no la escucharían, pero los hombres desviaron la mirada hacia ese lugar. Sesshomaru desconectó el timbre rápidamente y caminó en dirección a la escalera subiendo grácilmente los peldaños.
– No era nadie, creo que el timbre se averió. – mintió manteniendo su voz neutral.
– Mamiiiiiiii, es tía Kagome, papi es malo y no la deja entrar. – gritó el niño de cinco años quien había saltado desde abajo y llegado a Rin antes que Sesshomaru subiera todos los escalones. El Dai Youkai gruñó por lo bajo pero ya no pudo hacer nada para evitarlo.
– Kagome. – susurró la mujer y dio varios pasos intentando bajar la escalera rápidamente pero tropezó por la prisa y fue sujeta por los fuertes brazos de su compañero antes de caer.
– Esa mujer ya no puede entrar a esta casa. – dispuso Sesshomaru. La mujer levantó su rostro que había quedado enterrado en el pecho del hombre y fijó su mirada decidida en el rostro de su esposo.
– Ya no te hablare, no sonreiré, y no volveré a comer si no dejas entrar a Kagome. – amenazó haciendo berrinche y removiéndose entre los brazos de hombre. Sesshomaru bufó, sabía lo terca que podía ser su compañera, ya había hecho la misma amenaza cientos de años antes pidiendo que reconociera a Inuyasha como su hermano y compartiera la herencia dejada por su padre, sabía lo temible que era su compañera cuando se ponía terca por lo que no le quedó de otra que ceder.
– Abran el portón. – ordenó a sus hijos. Los niños pronto hicieron caso a la orden.
Kagome desesperada presionaba el botón, pero ya nadie contestaba, se planteó la posibilidad de trepar esa altísima verja pero sabía que no podría por lo que simplemente la golpeaba mientras gritaba por ayuda y a la par presionaba el timbre.
Cuando la reja se abrió Kagome las vio como si fueran las puertas al cielo y corrió la distancia que faltaba hasta la puerta de la "casa" sintiendo fuerzas renovadas. Al llegar a la puerta vio a Rin y a Sesshomaru. Por un segundo se sintió avergonzada al recordar lo que había dicho por lo que se quedó unos pasos atrás. Fue Rin quien corrió en dirección a ella y la abrazó fuerte.
– Kagome, estaba tan preocupada. – susurró aferrada a la azabache.
– Yo…yo siento mucho lo que dije la otra vez. – susurró disculpándose. – estaba muy enojada y no pensé bien las cosas que decía. – agregó.
– Tranquila, ya estás aquí y estas bien, eso es lo que importa, la familia siempre debe permanecer unida. – musitó. El corazón de Kagome reaccionó ante esas palabras y lágrimas amenazaron con abandonar sus ojos.
– Kagome. – musitó Airi quien había seguido a Rin desde la habitación donde ambas estaban charlando. La azabache se apartó del abrazo y se acercó a Airi.
– El plan ha funcionado, Inuyasha fue a rescatarme, pero…pero. – susurró antes de llorar.
– ¿Que le pasó a Inuyasha?. – indagó Airi alterada.
– Él fue herido para protegerme, yo…yo lo dejé ahí. – susurró.
– ¿Aún está en el bar?. – indagó perturbada. – Iré a ayudarlo. – agregó.
– Airi, tranquilízate, es mejor que lo esperemos aquí, Inuyasha es fuerte. – musitó Rin.
– Iré, yo…yo no lo abandonaré como lo hizo su compañera. – musitó. Kagome agachó la cabeza avergonzada al escuchar las duras palabras.
– ¿Qué piensas lograr yendo, piensas que Inuyasha te amará por ir?. – indagó Rin irónicamente cosa que sorprendió a Kagome y logró una pequeña sonrisa en Sesshomaru. – que ilusa, no sabes lo fuerte que es la marca de un Inu Youkai. – agregó orgullosa. Rin era normalmente inocente y dulce pero también sabía ser irónica y ofensiva cuando debía defender a su familia.
– Ella no lo ama, no lo merece, solo lo pone en peligro y lo hace sufrir. – gritó la oji gris sorprendiendo a Kagome quien pensaba que la mujer había cambiado y se había olvidado de la idea de tener a Inuyasha.
– Aún no entiendes como solo las cosas, eres solo una niña. – musitó sardónica Rin ante las palabras de Airi y eso la enfureció pues saltó con deseos de atacarla pero Sesshomaru se interpuso y sujetó por el cuello a la mujer.
– Por favor Sesshomaru, suéltala, ella me ayudo, gracias a ella pude escapar. – rogó Kagome. Entonces Airi rió sonoramente.
– Nunca quise ayudarte, solo hice todo ese teatro para que sintieras esperanza, mi plan era dejarte en ese lugar esperando por Inuyasha hasta que terminara el polvo, quería que murieras en manos de Naraku, nunca imagine que Sesshomaru me encontraría. – confesó entretenida. La mano de Sesshomaru se presionó aún más.
– Pero…tú dijiste que tenías una deuda con Inuyasha, que querías proteger a su hijo. – susurró, no queriendo creer en las nuevas palabras de la mujer.
– Y como una tonta creíste todo, incluso me entregaste tu ropa. – comentó riendo. Los ojos de la mujer adquirieron un tono esmeralda mientras mirada a Sesshomaru
– Sesshomaru no la mires. – gritó Kagome pero ya era tarde.
– Suéltame. – ordenó. – también mata a Kagome y a Rin. – agregó. Sesshomaru sintió sus manos moverse en contra de su voluntad soltándola lentamente pero pronto retomó nuevamente un poco del control sorprendiendo a Airi quien ya no podía volver a usar su poder en él por varias horas. Nuevamente el agarre cedió un poco pero pronto la presión volvió.
– Nunca nadie pudo resistirse a mi poder. – pensó agobiada. Sesshomaru mordió sus labios intentando que su cuerpo responda y que sus manos despedazaran el cuello de esa mujer que se atrevía a ordenarle lastimar a Rin, eso nunca se lo perdonaría, nadie impediría que destrozara a esa mujer. Le frustraba no poder recuperar el control y cuando sus manos finalmente soltaron el blanquecino cuello liberando a Airi por primera vez sintió miedo.
Continua…
Hola hola, he vuelto XD, muchas gracias por los comentarios fui muy feliz al leerlos, me gusta saber sus opiniones; a veces no llego a narrar los hechos como quisiera y pido disculpas si me enredo con tantos cambios de escena, pero hay veces que simplemente las ideas me vienen de esa manera y si siguen fluyendo las ideas lo escribo así, simplemente no puedo evitarlo, lo intento XD
Nota: Las ilustraciones de Len son hermosas, les confieso que también espero la actualización y aun cuando la historia es mía y ya se como continúa, siempre me deja con ganas de saber más, es una gran artista.
Me siento feliz de tener nuevas lectoras gracias a su Doujinshi XD, en fin, espero que pasen un rato agradable de lectura. Las quiere Mizune - Mei
