Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Edward's Eternal, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Edward's Eternal, I just translate.
Gracias a Isa por revisar y corregir este capítulo.
Capítulo 29
Sonreí al ver a mis niños patinar por el hielo, estaban calentando para la siguiente parte del juego. Ahora que las vacaciones habían terminado, que ellos ya habían regresado a la escuela y el hockey se había reasumido, nuestra vida había caído en una rutina. Pasábamos juntos los fines de semana, usualmente en casa de Edward. Muchas veces cenábamos los cuatro en las noches entre semana, los niños hacían sus tareas, o si estábamos en casa de Edward, jugaban en el hielo, pero pasábamos la noche en nuestras propias casas. Extrañaba la calidez de Edward junto a mí, pero aceptamos que esta era la mejor manera, por ahora. Seguíamos jugando con el proyecto de las cocinas, tanto la suya como la mía, y me encantaba saber que un día el "suyo" sería "nuestro" y todas nuestras noches las pasaríamos juntos. Jake había estado más que entusiasmado cuando hablamos sobre mudarnos con Edward y Emmett. Su único problema era que no estaba pasando lo suficientemente rápido. Sus pensamientos hicieron eco de los de Emmett cuando nos sentamos los cuatro a discutirlo como familia. Pero ambos estaban emocionados y ansiaban el día en que todos estaríamos juntos en términos permanentes. Sonreí al pensar en la alegría que vi en sus rostros ese día.
—Isabella.
Aparté la vista de los niños en el hielo sorprendida.
—¿William?
Estaba de pie, mirándome con un ceño fruncido en su rostro, su postura recta e inflexible. Mi primer pensamiento fue lo fuera de lugar que parecía aquí, sus modales eran casi de snob al verme. Mi segundo pensamiento fue de pánico.
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Jake sabe que estás aquí? —Mis ojos se movieron al hielo donde Jake seguía haciendo sus ejercicios con Edward y los otros entrenadores antes de que la segunda mitad de juego comenzara.
—No. Se me ocurrió sorprenderlo.
—¿Por qué?
—¿Un hombre no puede venir a ver a su hijo jugar hockey, Isabella?
Le entrecerré los ojos.
—No es como si hubieras estado cerca de Jake, William. No puedes culparme por la sorpresa al verte. ¿Cómo supiste que estaba aquí?
Se encogió de hombros ignorando la primera parte de mi declaración.
—Un conocido en común mencionó que su hijo había jugado contra el equipo de Jacob. Busqué los horarios en internet.
Fruncí lo labios.
—Debiste llamar. No sé cómo se sentirá Jake de que estés aquí sin que él lo sepa.
—Estoy seguro de que Jacob estará bien, Isabella.
—Bella.
—¿Qué?
—Ahora prefiero Bella. —Pausé al darme cuenta de que siempre lo había preferido, pero él siempre insistió en llamarme Isabella. Sacudí la cabeza—. Y él prefiere Jake.
William agitó la mano para quitarle importancia al asunto.
—Detesto los apodos, Isabella. Lo sabes.
Sacudiendo la cabeza, regresé mi atención al hielo. No estaba segura de cómo iba a reaccionar Jake, pero no tenía nada que decirle a William que no fuera a terminar en una pelea, así que decidí ignorarlo, esperando que entendiera la indirecta y se fuera. Sentí la banca moverse debajo de mí y rodé los ojos al saber que se había sentado a mi lado. Lo miré sobre mi hombro.
—Hay muchas filas vacías —dije con intención, apartándome de él.
—Pensé que podríamos hablar.
Miré a mi alrededor preguntándome dónde estaba Alice; nunca se perdía los juegos. Había esperado que se presentara a pesar de que el juego ya estaba bastante avanzado. De todos los días, ¿tenía que ser hoy cuando no estuviera aquí? En cualquier otro juego siempre estaba a mi lado platicando y el día que mi ex aparece, ¿ella no está a la vista? Ahogué un gemido al girarme para ver a William.
—No creo que tengamos nada de qué hablar. Nuestros abogados lo dijeron todo por nosotros, William. Y tu silencio desde entonces le ha dicho todo a Jake. Ve a sentarte a otro lado.
—No.
Me paré.
—Entonces yo me iré.
Su mano salió volando y agarró mi brazo con fuerza.
—Isabella. Por favor. Quiero hablar contigo sobre Jake.
—Suéltame.
Soltó mi brazo y me dejé caer pesadamente.
—No me toques de nuevo.
Asintió ligeramente, sus ojos miraron más allá de mí hacia el hielo donde el juego ya había comenzado. Girándome, miré a Jake patinar, pensando en lo mucho que había mejorado sobre sus patines desde que Edward comenzó a entrenarlo.
Edward.
Mis ojos se movieron hacia la banca; encontré fácilmente su alta figura. Me pregunté cómo iba a reaccionar al encontrar a William aquí. Era muy protector conmigo y con Jake, y tenía la sensación de que esto no iba a ser muy complaciente. Con un suspiro, me giré de regreso a mi ex esposo.
—¿Qué hay de Jake, William?
—Me gustaría intentar reconstruir mi relación con él. Sé que he estado un poco… distante.
—¿Distante? No lo has contactado en meses, William. No lo has visto desde el día en que nos abandonaste. Y eso fue hace ya un año y medio. —Mi voz se hizo más sarcástica—. Fue muy amable de tu parte mandarle una tarjeta Navideña y un cheque. Fue un gesto tan considerado y amoroso de tu parte. —No le conté que Jake había visto el cheque, se había encogido de hombros y luego me había informado que no lo iba a meter al banco como instruía la tarjeta; en lugar de eso nos llevó a cenar a todos, de su parte, y luego él y Emmett habían elegido un vídeo juego nuevo con el resto del dinero. Yo simplemente se lo había permitido. Se suponía que el dinero era un regalo y, después de todo, era suyo para hacer con él lo que quisiera.
—He estado… ocupado, Isabella.
Sacudí la cabeza.
—Ocupado siendo egoísta.
—Esa es tu opinión. El punto es que quiero ver a mi hijo.
Respiré profundamente.
—Eso no sólo depende de ti.
—Me doy cuenta de que tienes custodia completa, Isabella. Estaré feliz de regresar a la corte y cambiar eso.
Abrí los ojos como platos al verlo, un repentino pánico inundó mi sistema. ¿Iba a intentar quitarme a Jake?
Ignoró mi mirada de horror, sus ojos estaban en el hielo al hablar tranquilamente.
—No quiero hacer eso. Pero quiero ver a mi hijo.
—¿Por qué? —Inhalé intentando controlar mi pánico. Mis manos se hicieron puño tan fuertemente en mis piernas que estaba segura que dejaría moretones.
—Es mi hijo.
Se escucharon gritos alrededor de nosotros y al mirar vi a Jake patinar furiosamente por el hielo intentando alcanzar al jugador que tenía en su control el disco. De repente, William se puso de pie y gritó ruidosamente.
—¡Túmbalo, Jacob! ¡Empújalo contra las barreras y gana el disco! ¡Golpéalo! —Miré en horror cómo las cabezas de Jake y Edward giraban de golpe en dirección a donde estaba William de pie. Otros padres se giraron para ver cuando estiré la mano y jalé de la manga de su chaqueta, avergonzada por sus acciones.
—¡Siéntate!
Vi a Edward patinar hacia Jake y hablar con él, puso una mano en el hombro hundido de Jake y lo guio hacia la banca. Podía sentir los ojos de Edward mirar hacia donde yo estaba en las gradas y supe que ahora ya estaba consciente de quién estaba a mi lado.
Él se sentó, murmurando su disgusto.
—¿En qué tipo de equipo lo metiste? Debió haber tirado a ese niño.
Lo miré boquiabierta.
—Es un niño, William. Está aquí para aprender a jugar el juego y divertirse; no para "tirar" a otros niños.
Me fulminó con la mirada.
—Necesitamos ponerlo en una liguilla diferente. Una que le enseñe la manera real de jugar hockey.
Ahora ya me estaba enojando.
—No. Nosotros no necesitamos hacer nada. Él es feliz aquí. Le gusta su equipo. Y sus entrenadores. Se va a quedar aquí.
Su tono fue de desdeño.
—Discutiremos esto después.
Cerré los ojos e inhalé profundamente. Girándome, le lancé dagas con la mirada a William.
—No. Nosotros no discutiremos esto después. No tienes opinión en esto… nunca. No puedes sólo regresar a su vida luego de meses de nada y cambiar las cosas de nuevo, William. Ahora yo tomo las decisiones concernientes a Jake. Él está feliz aquí y aquí es donde se queda. —Lo fulminé con la mirada—. Final… de la… discusión.
Bufó con enojo, pero se quedó callado por un minuto. Sonó la chicharra, haciéndome saber que sólo quedaban unos minutos.
Habló de repente.
—El acuerdo de custodia me da derechos de visita.
Suspiré cansada.
—Los cuales no has usado. Ni una sola vez. Te lo pregunto de nuevo, William. ¿Por qué?
—Extraño a mi familia.
Se me abrió la quijada a causa del shock,
—Ya no somos tu familia, William. Nos abandonaste.
—Podrían serlo de nuevo.
Lo miré incapaz de creer lo que acababa de decir. Se acercó más.
—Quiero a mi hijo de regreso… y a mi esposa.
No hubo palabras mientras lo veía boquiabierta. Miré a mí alrededor incapaz de creer que estuviéramos teniendo esta conversación en una pista de hockey mientras mi hijo y mi novio patinaban debajo de nosotros. Miré a William de cerca, dándome cuenta de que no se veía tan relajado como, al parecer, quería hacerme creer.
Lo miré entrecerrando los ojos.
—¿Dónde está Leah, William?
—Ya no estamos juntos. Yo, ah, lo terminé —murmuró, sus ojos nunca dejaron el hielo.
La furia pasó a través de mí.
—Mentiroso —siseé—. Eres todo un cabrón. Ella te dejó, ¿verdad? Se dio cuenta del imbécil presumido y de corazón frío que eres y te dejó. —Podía sentir que empezaba a temblar—. Así que pensaste en regresar y comenzar de nuevo con Jake y conmigo; ¿no es verdad? ¿Pensaste que yo sería la esposita que perdona que siempre fui y te aceptaría de regreso?
Sus ojos miraron en mi dirección y se removió.
—Éramos buenos juntos, Isabella.
La carcajada que salió de mi garganta sonó ahogada.
—No. Yo era buena para ti. No me di cuenta de lo malo que tú eras para mí hasta que ya no estabas en mi vida, William. El cómo me apartaste de la vida con todas tus reglas y rígidos estándares. Cómo tu actitud afectaba a nuestro hijo.
Me puse de pie, mis piernas temblaban y mi enojo me quemaba el estómago.
—No tienes moral, ¿verdad? ¿Tu noviecita te dejó así que pensaste en regresar y joder de nuevo la vida de Jake? ¿Y qué pasará con Jake cuando encuentres otra idiota que esté dispuesta a aceptarte? ¿Te irás de nuevo y volverás a romperle el corazón? —Sacudí la cabeza al agacharme—. No va a pasar, William. No te aceptaría de regreso ni por todo el dinero del mundo.
Me fulminó con la mirada.
—Aun así quiero ver a Jacob.
—Hablaré con mi hijo. Si él quiere verte, no lo detendré. Pero si dice que no, gastaré cada centavo que tengo para pelearte eso.
—Querrá verme. —Entrecerró los ojos—. A menos de que, por supuesto, hayas envenenado su mente contra mí.
—Tú mismo hiciste eso —espeté.
Girándome, bajé apresurada los escalones, aferrándome a la barandilla para evitar caerme. El juego ya se había terminado y sabía que necesitaba ir con Jake antes de que William lo encontrara. No quería verlo más molesto de lo que, ya sabía, esto iba a ponerlo.
Llegué al primer piso y vi a Edward correr por el vestíbulo, todavía usando su jersey. Sólo la visión de su preocupado rostro me trajo las lágrimas contra las que estaba luchando a la superficie y tropecé dentro de sus brazos extendidos; suspiré cuando se cerraron fuertemente a mí alrededor.
—Bella, ¿qué pasó?
—William… —susurré, luchando por recuperar el control—. Jake…
—Está en el vestidor, Bella. Confundido, pero está bien. Te tengo, Bella. —Presionó sus labios en mi cabeza—. ¿Te lastimó, cielo?
—No.
Se apartó, manteniendo sus manos en mis brazos, acariciándolos con pequeños círculos de consuelo.
—¿Por qué está aquí?
—Estoy aquí para ver a mi hijo.
Edward se giró para encarar a William, su brazo me rodeó protectoramente. La gente estaba viendo la escena desarrollándose, algunos abiertamente, mientras que otros seguían avanzando, llevándose silenciosamente a sus hijos a nuestro alrededor. William nos miró, sus ojos estaban tan llenos de enojo que nos lanzaba dagas con la mirada.
—Bueno, qué lindo. Tú y el entrenador de hockey.
—No le hable así. —La voz de Edward sonó fría.
William sonrió y avanzó un paso, estirando la mano.
—Creo que no hemos sido presentados. Soy el padre de Jacob. William Black.
Edward ignoró su mano extendida.
—Estoy consciente de quién es.
William sonrió de nuevo.
—Ah, veo que mi hijo ha estado hablando de mí.
Edward negó con la cabeza.
—No. Rara vez lo menciona.
El rostro de William se sonrojó.
—¿Dónde está?
—Estoy aquí.
Jadeando, me giré y vi a Jake de pie detrás de nosotros con Emmett a su lado.
William sonrió fríamente.
—Jacob. Qué bueno verte, hijo. Ven a darle un abrazo a tu padre.
Jake se quedó parado sin mover un músculo, sólo lo veía. Finalmente me vio, inseguro sobre qué hacer. Me aclaré la garganta e intenté sonreírle para infundirle ánimos.
—Tu papá, ah, vino a verte, Jake. Salúdalo.
Jake miró a William sin emoción.
—Hola.
William frunció el ceño.
—No es un gran saludo. ¿Es eso lo que te enseñan ahora en hockey sobre modales? Noté que los entrenadores no eran muy eficientes en el hielo. Aparentemente tampoco fuera de él.
Edward se tensó.
—Por sus gritos desde las gradas, ¿asumo que le gustaría ver más golpes, señor Black? ¿Más contacto físico?
—Les enseña más sobre la realidad del juego, sí.
—¿Así que quiere promover ese aspecto?
—Los endurecería.
Edward entrecerró los ojos y bajó la voz.
—¿Quiere exponer a su hijo a posibles heridas, señor Black? ¿Para, como usted dice, endurecerlo? ¿Es lo que quiere enseñarle a su hijo?
—Está sacando mis palabras de contexto. No tiene idea de lo que quiero enseñarle a mi hijo. —Su voz sonó retadora—. Quizá debería aplicar al comité para convertirme en entrenador aquí. Quizás un enfoque diferente mejoraría el equipo. —Miró a Jake—. ¿Qué te parece, Jacob? Vendré a entrenarte. Hacerte mejor.
Jake avanzó entre nosotros, poniéndose frente a Edward. El brazo de Edward se apretó alrededor de mí, su mano libre se levantó para posarse en el hombro de Jake. Jake agarró mi mano con fuerza y vi que deslizaba la otra debajo de la gran mano de Edward. Miré como sus dedos se flexionaban sobre los de Jake para ofrecerle un consuelo silencioso. Emmett se deslizó junto a mí y lo envolví con mi brazo libre. Los cuatro presentamos un frente unido al hombre que, frente a nosotros, nos fulminaba con la mirada.
La voz de Jake sonó fuerte al hablar.
—Me gusta mi equipo. No me importa si ganamos o perdemos. Sólo me gusta jugar.
William entrecerró los ojos al notar la postura protectora de Edward con nosotros dos.
—Tal vez pueda ayudarte a cambiar de actitud.
Edward habló:
—Sólo los padres y guardianes tienen permitido entrenar al equipo, señor Black.
—Qué conveniente. Soy el padre de Jacob —se burló.
Edward sacudió la cabeza.
—De acuerdo a las hojas de registro, Bella Black está enlistada como única madre y guardiana. Su nombre no está enlistado en ningún lado.
—Tiene que estarlo.
—No.
—¿Qué hay sobre las emergencias?
Hablé tranquilamente:
—Edward está enlistado como el contacto de emergencia, William.
Sus ojos me fulminaron. Se giró hacia Jacob.
—Vayamos a comer algo, Jacob. Sólo tú y yo. Podemos platicar.
Contuve el aliento. Jake me miró, sus ojos estaban llenos de confusión. Me obligué a hablar:
—Puedes ir si quieres, corazón. Está bien.
—Escuchaste a tu madre. Ve por tu abrigo. —Sentí a Edward moverse ligeramente, y luego Jake habló:
—Hoy no.
—¿Disculpa?
—Em y yo iremos a comer pizza con mamá y Edward.
William entrecerró los ojos.
—Jacob, ve por tu abrigo.
Avancé un paso, sacudiendo la cabeza.
—Dijo que no, William.
Me miró por un minuto.
—Hablaba en serio antes, Isabella.
Inhalé temblorosamente.
—Dijo que no. No lo obligaré a hacer algo que no quiere hacer.
—No quiero ir hoy. Quizá en otra ocasión. —La voz de Jake temblaba.
La voz de William sonó fría.
—Es hoy o nunca, Jacob.
Jadeé ante su amenaza. Junto a mí pude sentir que Jake agarraba con más fuerza la mano de Edward.
—Adiós entonces…
William se dio la vuelta y salió de la arena. Sentí a Edward jalarme y envolver sus brazos alrededor de mí y de Jake, quien se había girado hacia mí, envolviendo con fuerza sus brazos en mi cintura. Nos quedamos callados por un minuto, luego Edward se movió y dobló las piernas.
—¿Estás bien, Jake? —preguntó, su mano acariciaba gentilmente la cabeza de Jake.
—Sí.
Jake se apartó de mis brazos y miró a su alrededor, claramente estaba incómodo ante la escena que su padre había causado.
—Oye —Edward lo llamó suavemente.
Jake lo miró.
—No importa, ¿de acuerdo? Lo que otra gente piense… no importa.
Jake asintió y bufó un suspiro.
—Me avergonzó. Estaba siendo un idiota —murmuró con los ojos agachados para que no pudiera regañarlo por su lenguaje.
Emmett lanzó su brazo alrededor de sus hombros.
—Sí, amigo. Lo fue.
Intenté no sonreírle a los dos. Miré a Edward, que me guiñó y puso sus manos en los hombros de ellos.
—Suficiente, chicos. Vamos por pizza y luego podremos sentarnos a platicar, ¿de acuerdo?
Emmett sonrió.
—¿Ves Jake? Tu nuevo papá es más genial. ¿No estás contento porque lo compartí contigo?
Jake miró a Edward y sonrió.
—Sí. Mi nuevo papá es más genial. Gracias, Edward. —Lanzó sus brazos alrededor de Edward, que agachó la cabeza y habló con él en voz baja, y supe que le estaba diciendo cómo se sentía. Jake lo miró, sus ojos brillaban, y escuché su murmuro:
—También te quiero, Edward. Tú eres mi papá ahora.
La voz de Edward sonó gruesa.
—Lo que sea que necesites, Jake. Estoy aquí para ti; en cualquier momento. Tu madre y tú me pertenecen ahora. —Jaló a Jake a sus brazos y se quedaron de pie juntos, con Edward abrazándolo fuertemente. Podía ver la emoción en el rostro de Edward ante las palabras roncas pero sinceras de Jake. Envolví mi brazo alrededor de Emmett, mordiéndome el labio al ver a Edward sanar una vez más a mi hijo con su amor.
Edward me miró, sus ojos brillaban.
—Haré lo que sea por mi familia. Lo que sea.
Sabía que así sería.
Esta no será la última aparición de William, así que prepárense.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!
Nos leemos el viernes ;)
