Capítulo 29: Ataque en el Callejón Diagon (Editado)

—¿Esa no era...

—Sí —murmuró Hermione completando la frase de Tonks. Ambas habían reconocido a la mujer que ahora se mezclaba con la acumulación de gente que pululaba por el Callejón. La figura encapuchada se detuvo a unos metros y volvió el rostro para mirar otra vez a las dos chicas. De nuevo, Hermione leyó en sus ojos una llamada de ayuda y el asentimiento fugaz pero claro que la madre de Malfoy le envió, no le dejó duda de que quería algo de ella. Duró sólo un segundo porque pronto Narcissa se giró y siguió caminando a toda prisa, oculta en su capa, como si se escondiera de algo o alguien.

—¿Crees que quiere que la sigamos? —preguntó Tonks en un susurro. Hermione asintió y ambas chicas echaron a andar tras los pasos de Narcissa Black con disimulo. Era evidente que la mujer no quería contactar con ellas en público y debía tener una buena razón para hacerlo.

Hermione sospechaba que la mujer había descubierto que su hijo estaba con ella. No en vano había sido Andrómeda, la madre de Tonks, la que le había dado noticias de Draco y ahora encontraba a su sobrina junto a Hermione comprando la colonia que él usaba. Sin duda había atado cabos y quería preguntarles por Draco.

Tampoco olvidada que Malfoy le había dicho que su madre seguramente estaba vigilada por los mortífagos y, al pensarlo, Hermione sintió que se le revolvía el estomago. ¿Estarían allí? ¿En el Callejón Diagon? ¿Habría alguno observándolas en ese momento?

Tratando de ignorar el estremecimiento que recorrió su espalda, Hermione vio cómo Narcissa se adentraba en la tienda de túnicas de Madame Malkin, con el rostro bien oculto por su capucha. Tonks y Hermione intercambiaron una mirada y después de contar mentalmente aproximadamente un minuto, entraron en el establecimiento.

A primera vista, la reducida tienda parecía vacía a excepción de Madame Malkin que leía El profeta tras su mostrador. Todo hubiera parecido muy normal de no ser porque la mujer sujetaba el periódico del revés y lo apretaba con demasiada fuerza. Malkin dio un respingo cuando la campanilla de la puerta anunció la entrada de las dos chicas y sus movimientos torpes y apresurados, delataron su nerviosismo.

Tonks y Hermione intercambiaron una mirada cómplice mientras Madame Malkin se acercaba a ellas.

—Ho-hola... ¿puedo ayudaros en algo?

—Sí, verá, necesito un par de túnicas para ir a trabajar —explicó Tonks sosteniendo a la mujer por el codo con naturalidad y guiándola hacia unas horteras túnicas cubiertas de lentejuelas y plumas que depositaban en un rincón, colgadas de perchas.

Hermione aprovechó la distracción de Madame Malkin para echar un rápido vistazo a la tienda en busca de Narcissa. En un primer momento no vio rastro de ella, pero un resquicio de capa negra asomando por el borde de un biombo, reveló la ubicación de la madre de Malfoy.

Con rapidez, Hermione cogió la primera percha que encontró –de la que pendía una horrible túnica con volantes –y se adentró tras el biombo. Sintió una mano aferrándose con violencia su muñeca y se vio atraída hacia un rostro pálido y demacrado. El rostro de Narcissa Black.

—¿Te ha seguido alguien? —preguntó la mujer en un susurro rápido e imperioso.

—Creo que no —murmuró Hermione, incómoda. Toda la situación le resultaba muy extraña y Narcissa tenía algo que la cohibía. Sólo la había visto en dos ocasiones. Una en los mundiales, donde la mujer la había ignorado, y la otra hacía poco más de un año en ese mismo lugar, que había abandonado alegando que vendían a chusma –comentario que claramente iba por ella-. Podía decirse que no tenían precisamente una relación estrecha.

Narcissa soltó la muñeca de Hermione lentamente, y amparándose en la capucha negra de su túnica, echó un vistazo a la tienda a través de las tablillas del biombo. Pareció satisfecha porque Hermione percibió cómo relajaba la tensión de sus hombros mientras se volvía hacia ella.

—¿Tú sabes dónde está mi hijo, cierto? —preguntó la mujer clavando sus ojos claros e incisivos en ella. Hermione se sintió como si hubiera hecho alguna travesura y estuviera rindiéndole cuentas a su madre.

—Señora Malfoy...

—Las dos sabemos la respuesta, así que será mejor que no digas nada. Podría ser peligroso —la acortó la mujer con un elegante gesto de su mano pálida. Observándola con más atención, Hermione se dio cuenta de que su rostro estaba considerablemente más delgado y demacrado desde la última vez que la había visto. Su piel pálida tenía un tono insalubre y un cerco de oscuras ojeras se había asentado bajo sus ojos. De vez en cuando, echaba miradas furtivas a través del biombo como si esperara que alguien fuera a irrumpir en la tienda de un momento a otro y se notaba que estaba en tensión.

—Escúchame, muchacha —Hermione notó que las delicadas manos de la mujer temblaban cuando tomó las suyas. El simple gesto turbó mucho a Hermione, pues podría asegurar que la impecable Narcissa Black jamás había tocado a un "impuro" —quiero que le des un mensaje a mi hijo. Quiero que...dile que le quiero. Nunca se lo dije —repuso la mujer sin dramatismo. La frialdad de su tono parecía contradecir la carga emocional de sus palabras, pero el temblor de sus manos no dejó dudas a Hermione de que realmente sentía lo que decía. Es más, por su manera de hablar, parecía querer que le trasmitiera un mensaje de despedida a Draco, como si de algún modo pensara que no iba a volver a verle.

—Señora Malfoy, no...

—¿Se lo dirás? —preguntó en un tono tan serio e imponente que Hermione asintió en el acto —Bien. Y dile que pase lo que pase, no intente verme. Llevan semanas vigilándome. No dejes que intente verme, muchacha, bajo ninguna circunstancia.

—Lo haré —prometió Hermione rápidamente. Comenzaba a sentirse realmente mal y no sabía definir por qué. Por un lado, la situación le parecía inverosímil, pero por otro sentía un pesar en el pecho y un gusto amargo en la boca que le confirmaba que eso estaba sucediendo. Debía decirle a Malfoy que no podía ver a su madre, y a juzgar por las palabras de Narcissa, posiblemente nunca más. ¿Cómo reaccionaría Malfoy si le ocurriera algo a su madre? Hermione recordó cómo le encontró aquella tarde en el salón, llorando desconsoladamente ante los cadáveres de sus padres y sintió que su apetito se iba para siempre. Le destrozaría que algo le ocurriera a su madre.

Mientras Narcissa la contemplaba, sus manos no dejaban de temblar lo que hizo que Hermione sintiera el impulso de reconfortarla.

—No dejaré que le ocurra nada malo, se lo prometo —aseguró en un susurro.

Narcissa asintió y sus finas manos apretaron las de Hermione con algo parecido a agradecimiento a pesar de que su rostro permanecía impasible.

—Bien —dijo simplemente. Después soltó las manos de Hermione sin preámbulos y estiró la capucha para que le ocultara más el hermoso rostro —Ahora debo irme. Esperad cinco minutos antes de salir.

Y sin más, Narcissa se escurrió fuera del biombo con el leve sonido de la tela oscura de su capa cortando el aire. Unos segundos después Hermione escuchó las campanillas de la puerta agitándose y supo que la mujer había salido.

Se llevó una mano a la frente y se frotó el puente nasal. De repente le había subido un dolor terrible a la cabeza, posiblemente fruto de la tensión vivida. Escuchaba a Tonks parloteando con Madame Malkin y Hermione sintió la extraña sensación de que no podría volver a sonreír. Esa sensación de depresión que había sentido después de que los dementores asaltaran en el Expreso en tercer curso.

Tomó aire diciéndose que no eran más que bobadas y salió del biombo.

Justo entonces sucedió. Un rayo de color granate brillante atravesó el cristal de la puerta de la tienda, agitando las campanillas e impactando de lleno en la espalda de Madame Malkin.

Dos segundos después la mujer cayó al suelo, a los pies de una estupefacta Tonks. Hermione hubiera jurado que transcurrió sólo una milésima de segundo desde que Tonks y ella se miraron hasta que un segundo chorro, esta vez de color azul marino, impactó contra el techo de la tienda, provocando una nube de polvo y astillas de madera.

Hermione cayó al suelo como consecuencia de la onda expansiva del poderoso hechizo y comenzó a toser fuertemente por el polvo que flotaba en el ambiente. Durante unos segundos sólo pudo oír el sonido de su propia y profunda tos, pero pronto una voz llegó a sus sonidos.

—¡Hermione! ¿Estás bien?

—¡Sí! —gritó la chica hacia algún lugar indefinido de la tienda, donde había escuchado la voz de Tonks. Había tal polvareda que Hermione dudaba de poder ver su mano si la agitaba a unos centímetros de su nariz.

—¡Échate al suelo! —ordenó Tonks. Su voz sonaba más cerca. Hermione escuchó sus pasos y un crujido de madera.

—¿Qué está pasando? —preguntó tratando de coger aire con normalidad mientras se giraba para quedar bocabajo y poder deslizarse por el suelo.

—No estoy segura. Creo que hay mortífagos ahí fuera —explicó Tonks con tono eficiente y cuando el humo se disipó un poco, Hermione pudo verla asomándose con precaución a la cristalera del escaparate para echar un vistazo al exterior.

—¿Y Madame Malkin? ¿Está... —Hermione no fue capaz de acabar la frase al ver a la pobre mujer inconsciente en el suelo, exactamente en la misma postura en la que había caído.

—No creo —murmuró Tonks —pero no sé si le habrán dado a mi tía. Acababa de salir cuando el embrujó atravesó la puerta.

—Oh, Merlín —gimió Hermione arrastrándose penosamente por el suelo para tratar de llegar a Madame Malkin. Escuchó una nueva explosión no muy lejos de la tienda y se incorporó lo justo para ver la calle por encima del escaparate. Pudo contemplar a un puñado de gente aterrada corriendo en distintas direcciones, algunos chocaban y caían y los que seguían en pie les pasaban por encima. Constantes chorros de luz de diferentes colores salían disparados aquí y allá, devastando los escaparates de las tiendas o golpeando en personas inocentes. Se oían los gritos de las gentes mezclados con risas macabras, nombres de hechizos y explosiones. Cuando vio a una persona salir volando por los aires, Hermione se dejó caer al suelo, horrorizada. Por el rabillo del ojo vio cómo Tonks sacaba la varita del bolsillo trasero de sus vaqueros y un intenso miedo la sacudió —¿Qué vas a hacer? —preguntó con un hilo de voz.

—Escúchame, Hermione —Tonks se volvió hacia la chica con el rostro manchado de polvo y una expresión de seriedad y eficiencia que ella nunca le había visto —esto es lo que vas a hacer. Coge a Madame Malkin y llévala a San Mungo.

—¿No vienes conmigo? —preguntó Hermione llegando hasta la dependienta, aunque tenía una idea aproximada de lo que su amiga iba a responderle.

—Yo me quedo. Hay algunos de los míos ahí fuera. Por lo que he podido ver los mortífagos les superan en número. Debo ayudar.

—Pero...

—Es mi trabajo, Hermione —apuntó Tonks cortando en el acto la réplica de la chica —Date prisa —ordenó, y después salió de la tienda empujando la maltrecha puerta. Hermione sintió que lágrimas de angustia le acudían a los ojos y se obligó a dejarlas a un lado. Tomó el brazo de Madame Malkin y ambas se desaparecieron.


Cuando se apareció en el suelo de la sala de espera de San Mungo junto con el cuerpo inerte de Madame Malkin, el lugar estaba bastante tranquilo. Dentro de lo que podía considerarse tranquilidad en el hospital mágico de Londres. Había un hombre de mediana edad, sentado es una esquina con las orejas enormes y bastante activas a juzgar por el modo persistente en el que daban palmas frente a sus narices. Unos cuantos asientos más allá, una mujer con los brazos extremadamente largos trataba de desenredarlos soltando palabras mal sonantes a cada intento fallido.

Extrañamente normal.

—¡Oh, por Merlín! —murmuró una voz femenina, y mientras trataba de poner boca arriba a Malkin, Hermione pudo ver a una chica no mucho mayor que ella acercándose por el pasillo con expresión alarmada. Vestía una túnica de color verde lima por lo que Hermione dedujo que trabajaba en San Mungo a pesar de llevar un gorrito de lana encasquetado hasta la línea de las cejas ocultando su cabello negro.

—¿Qué ha pasado? –preguntó arrodillándose rápidamente junto a la mujer inconsciente.

—Mortífagos, en el Callejón Diagon –murmuró Hermione y percibió como todas las personas de la sala de espera se tensaban y después comenzaban a murmurar con rapidez. La joven sanadora le tomó el pulso a Madame Malkin y pareció tranquilizarse al cabo de unos segundos. Después echó un rápido vistazo a Hermione.

—¿Tú estás herida?

—No, estoy bien —murmuró ella un poco aturdida, observando cómo unos cuantos medimagos acudían y depositaban a la señora Malkin sobre una camilla que hicieron aparecer de la nada entre los murmullos agitados y nerviosos de la gente. El miedo se notaba en el aire, en cada rápido murmullo, en cada mirada. Hermione se puso en pie con ayuda de la joven y se planteó regresar al Callejón para tratar de ayudar, pero justo en ese momento se aparecieron un par de personas. Y tres más, y otra allá, y una familia con tres niños pequeños.

Todos parecían alterados, algunos estaban heridos y sangraban, otros tenían las túnicas llenas de suciedad. Hermione sólo necesitó echarles una mirada para darse cuenta de que venían del Callejón Diagon. De inmediato el bajo zumbido que suponían los murmullos de la gente se multiplicó y docenas de medimagos empezaron a llegar a la sala de espera y a llevarse a los recién aparecidos que a cada instante aumentaban en número. Hermione permaneció allí, sobrepasada por la situación y empujada constantemente por la gente, en una especie de semitrance hasta que la chica que había tomado el puso a Malkin la llevó aparte, fuera del flujo de gente.

—¿Estás segura de que estás bien? ¿Quieres una poción tranquilizante? —ofreció la muchacha. Hermione miró sus ojos marrones y sintió que volvía un poco en sí.

—Sí, estoy bien —murmuró sacudiendo la cabeza para despejarse —Ahora debo irme.

—Espera —la joven agarró a Hermione por el antebrazo como si sospechara sus intenciones —¿No pensarás volver allí, verdad?

—Pues...

—Todos los civiles están huyendo, estoy convencida de que la gente del ministerio ya ha controlado la situación pero no es seguro que regreses allí. Y menos con este brazo —la chica pasó una mano por el interior del antebrazo derecho de Hermione. Ella no sintió apenas nada, sólo un leve tacto —¿Cómo te llamas?

—Hermione Granger.

—Bien, Hermione, ahora vas a venir conmigo, te daré una poción tranquilizadora y después te irás a casa.

—No, de verdad, debo irme ya —dijo Hermione decidida liberándose de las manos de la medimaga. Antes de que ésta pudiera decir o hacer nada, Hermione ya se había aparecido.


Narcissa se escabulló por la estrecha callejuela a toda velocidad. Su capucha oscura había caído sobre sus hombros revelando su cabellera rubio ceniza, que se ondulaba con el viento a su paso. Aferraba con fuerza su varita, mientras el sonido de sus tacones golpeando la piedra parecía retumbar en sus oídos rítmicamente, fusionándose con los agitados latidos de su corazón.

Sabía que estaban siguiéndola y también sabía que la encontrarían. Sólo quería que fuera lejos del bullicio y de personas inocentes. No quería espectadores.

Cuando vislumbró el final de la callejuela, comprendió que el alto muro de hormigón gris cerraba cualquier salida y una extraña calma se apoderó de ella. Ni siquiera pensó en huir pues sabía que eso sólo retrasaría lo inevitable, y no tenía ninguna razón para hacerlo.

Ellos al fin se habían decidido a acabar con ella y lo harían, los conocía lo suficiente como para saberlo. Con paso tranquilo, caminó hasta el final del callejón y después se volvió para encarar de frente a sus perseguidores.

A decir verdad, no se sorprendió demasiado cuando distinguió una sola figura al fondo de la callejuela, acercándose a ella con parsimonia, sabiendo, como ella, que tenían todo el tiempo del mundo.

—Cissa —canturreó la figura con una voz terroríficamente suave. Narcissa no necesitó que se retirara la máscara de plata para saber que quien se ocultaba tras la túnica de un mortífago era Bellatrix Black. Su hermana.

—Hola, Bellatrix —respondió con calma.

—Te he pillado, como siempre —Bellatrix sonrió con gesto amargo mientras apuntaba a su hermana con su varita —Nunca fuiste demasiado buena escondiéndote.

—Nunca pretendí hacerlo —replicó fríamente.

—Ya veo —Bella inclinó la cabeza hacia un lado y entreabrió los finos labios, como si estuviera meditando algo —No tengo tiempo que perder, así que habla y no te haré daño —dijo al cabo — ¿Dónde está tu hijo?

—No lo sé —respondió la rubia y se arregló la manga de su capa con elegancia y gesto de hastío, como si esa conversación la aburriera tremendamente.

Bellatrix soltó una risilla amenazadora con un deje trastornado.

—No quiero hacerte daño, hermana, pero ten por seguro que no me temblará la mano si he de hacerlo.

—Lo sé muy bien. Para ti los lazos de sangre no son nada. No en vano mataste a Sirius...

—Sí —Bellatrix se pasó la lengua por los dientes, como si estuviera relamiendo el recuerdo.

—...y ahora piensas entregar a tu propio sobrino a una muerte segura —continuó Narcissa, sin ningún tipo de inflexión en la voz. Parecía estar hablando de perfectos extraños, no de ellas y su familia.

—No pretendas que sienta ninguna compasión por él —replicó Bella en un siseo —Draco cometió un error y huyó como un cobarde. No sirve para los propósitos del Señor Oscuro. Deshonra a nuestra familia con su cobardía.

—Sólo tiene diecisiete años, Bellatrix —repuso Narcissa y por un segundo pareció percibirse cierta emoción en su voz —y ni siquiera Él se atrevió a enfrentarse a Dumbledore. No puede culpar a mi hijo por...

—¿Qué insinúas? —la interrumpió la morena, enfadada —¿Qué el Lord Tenebroso temía a ese vejete chiflado? En lugar de dudar de él, deberías sentirte orgullosa de que encomendara una misión tan importante al endeble de tu hijo. No obstante, no fue por eso por lo que el Señor montó en cólera. Le dio otra oportunidad, le encargó una misión patéticamente sencilla para redimirse y el cobarde de Draco la rechazó. Ahora yo me encargaré de cumplirla. Cuestión de familia. No siento ninguna lastima por él, cavó su propia tumba.

Narcissa alzó una ceja rubia y miró a su hermana con frialdad.

—¿Y qué te pasará a ti si no encuentras a mi hijo? ¿Qué te ocurrirá si tú también fracasas?

—¡Eso no sucederá! —exclamó Bellatrix ofendida —Puedo ser muy persuasiva y lo sabes, Cissa.

—Pues adelante —repuso la rubia encogiéndose de hombros con elegancia —No te diré nada, Bellatrix.

Bellatriz entrecerró los ojos hasta que éstos fueron sólo dos ranuras oscuras y dio un par de pasos para acercarse a Narcissa. Se detuvo a menos de un metro y la miró a los ojos mientras realizaba un complicado movimiento con su varita. Narcissa pareció estar paralizada por unos segundos, después se pasó la mano derecha extendida por delante del pecho como si estuviera barriendo el aire y Bellatrix bajó su varita.

—Recuerda que nunca fuiste capaz de usar la Legeremancia conmigo, Bellatrix, ni siquiera cuando éramos pequeñas. Tendrás que emplear otros métodos.

Bellatrix arrugó los labios con rabia y alzó su varita de nuevo, apuntando directamente al pecho de Narcissa.

—No traiciones al Señor Oscuro, Narcissa —murmuró entre dientes con un tono cargado de amenaza.

—¿Traicionarle? —Narcissa echó la cabeza hacia atrás y soltó una breve y delicada carcajada. Cuando cesó, sus ojos azules estaban cargados de una desesperanza tal, que Bellatrix retrocedió un paso —Yo no le debo lealtad. ¿Qué ha hecho Él por mí? Por su culpa Regulus y Sirius están muertos, mi marido en la cárcel y mi hijo profugo. No me hables de ese nombre como si le debiera algo —finalizó con sequedad.

—Que decepcionante —pronunció Bellatrix con asco, mirando a su hermana como si la viera por primera vez —Soy la única en esta familia digna de llevar el apellido Black. Regulus un desertor, Sirius un amante de los impuros, Andrómeda casada con un sangre sucia, mi sobrino un intento frustrado de mortífago y tú...una traidora. Ninguno merecéis vivir y...

—Cállate de un vez —atajó Cissa con sequedad —No trates de justificar que te has vuelto contra tu familia por tu obsesión por Él. No necesito escuchar más ridiculeces. Si vas a matarme, hazlo de una vez, Bellatrix, porque no diré una palabra.

Bellatrix pareció enfurecerse por las palabras de su hermana, pero después arrugó los labios y asintió bruscamente.

—Muy bien, Cissa, tú lo has querido. Eres testigo de que no deseaba llegar a esto —agitó su varita y la apuntó hacia su hermana —¡Cruciatus!


Cuando Hermione se apareció en el hall de la mansión Black, su estado de aturdimiento había quedado atrás. Se sentía completamente despierta y activa, como si una energía incombustible la llenara. No podía dejar de preguntarse cómo estaría Tonks o si Narcissa habría sobrevivido al ataque de los mortífagos. No soportaba no saber nada y tener que limitarse a esperar.

Y temía la idea de tener que contarle lo ocurrido a Malfoy.

Una y otra vez se sentía culpable por haber huido como una cobarde dejando a Tonks allí, y una y otra vez su parte racional le recordaba que alguien tenía que llevar a Malkin al hospital y que además sería un estorbo con su brazo derecho inútil.

Frenética, decidió bajar a las cocinas y tratar de ponerse en contacto con la Señora Weasley antes de volverse completamente histérica, pero sus planes se fueron al traste cuando vio a Malfoy allí. Parecía rebuscar algún plato limpio entre el montón de ollas y cacharros que había ensuciado el día anterior y que Hermione se había negado a limpiar. Se detuvo con un tintineo de cacharros, como si hubiera sentido su presencia y sus ojos grises de abrieron de sorpresa al verla.

—¿Qué demonios te ha pasado? ¿Estás bien? —preguntó y se acercó a Hermione en el acto, sujetándole firmemente por los hombros como si temiera que fuera a desvanecerse de un momento a otro.

—Había mortífagos en el callejón, lanzaban embrujos por todas partes, la gente corría y Malkin estaba inconsciente —explicó a borbotones, gesticulando exageradamente con su mano buena —entonces Tonks sacó su varita y salió a la batalla. Pero yo tuve que llevarme a Malkin y...

—Chsst —susurró Draco de un modo casi sedante. Con delicadeza, guió a Hermione hasta una silla de madera que había contra la pared y la obligó a sentarse encima. Después se acuclilló frente a ella y tomó la mano izquierda de Hermione cuando ésta se la llevó a la boca para morderse las uñas y la apretó con suavidad, enviando una descarga casi eléctrica hasta el pecho de la chica.

—Malfoy...

—Por partes —dijo él en un tono tan sereno, que Hermione se calmó momentáneamente –Empieza por el principio. Tú y Tonks fuisteis al Callejón...

—Sí, fuimos a comprar tu colonia. Pero entonces vimos a tu madre y...

—¿Mi madre? —preguntó él bruscamente y estrujó la mano de Hermione con la suya, pero la chica no emitió ningún sonido. Casi agradecía el dolor que le producía porque extrañamente, la ayudaba a sentirse más en contacto con la realidad.

—Sí, se chocó conmigo. Llevaba una larga capa negra y al principio no la reconocí. Nos hizo gestos a Tonks y a mí para que la siguiéramos hasta la tienda de Madame Malkin. Cuando entramos Tonks se puso a entretener a la señora Malkin y yo busqué a tu madre. Estaba detrás de un biombo...

—¿Hablaste con ella? ¿Qué te dijo? ¿Se encontraba bien? ¿Qué...

—Sí —murmuró Hermione y se sintió infinitamente mal al ver la mezcla de esperanza y preocupación en los ojos de grises de Malfoy. Estaba completamente tenso y seguramente de seguir apretando tanto sus manos le trituraría los huesos, pero Hermione sólo percibía y sentía su miedo y su anhelo. Cerró los ojos unos instantes y deseó con todas sus fuerzas que la señora Malfoy estuviera bien —Me pidió que te diera un mensaje.

—¿Qué mensaje? —preguntó él con ansiedad. Cuando Hermione abrió los ojos, Draco pudo ver el brillo de las lagrimas llenándolos y lo asoló un presentimiento tan terrible que no fue capaz de moverse. Permaneció parado, con los músculos en dolorosa tensión como una estatua de mármol.

—Me pidió que te dijera que te quería y que pasara lo que pasara no intentaras verla. Dijo que la estaban vigilando y que sería peligroso.

—¿Pasara...lo que pasara? —repitió él con dificultad. Tenía las mandíbulas tan apretadas que le costaba articular las palabras y el corazón parecía habérsele subido a la cabeza y latirle en los oídos, aturdiéndolo.

—Sí. Después... salió de la tienda y... en cuestión de segundos un embrujo entró y golpeó a Malkin. Ella se desmayó y antes de que Tonks o yo pudiéramos hacer nada, un segundo hechizo dio contra el techo de la tienda y levantó una humareda terrible —Hermione siguió explicándole a Malfoy lo que había sucedido, aunque tenía la clara sensación de que él no la escuchaba. Parecía completamente perdido, como un niño pequeño a solas en un lugar extraño. No se había movido un ápice pero la expresión de su rostro era tan desolada que Hermione sintió el impulso de abrazarle para ofrecerle su consuelo. Se quedó el silencio y observó al chico durante unos segundos.

De pronto, Draco soltó su mano y se puso en pie con el cuerpo rígido.

—¿Está...muerta? —pronunció con una voz nasal y extraña. Hermione se puso en pie para mirarle a los ojos.

—No lo sé —murmuró —Tonks no vio su cuerpo cuando miró fuera de la tienda. Seguramente escapó del embrujo que después le dio a Malkin.

Draco asintió lentamente y después, comenzó a subir las escaleras de la cocina con aire decidido.

—¿A dónde vas? —preguntó Hermione siguiéndole rápidamente.

—A buscar a mi madre.

—¡No puedes! —Hermione sintió como el miedo volvía a apoderarse de ella. La sola idea de que Malfoy fuera al callejón Diagon la aterraba. No podía permitirlo.

—Tengo que saber si mi madre está bien —dijo él con voz desapasionada y atravesó el hall hacia la puerta.

—Escúchame —rogó ella alcanzándole y tomándole una mano, él ni siquiera pareció notarlo —entiendo cómo te sientes pero...

—¿Qué lo entiendes, Granger? —masculló él y sus ojos la miraron con la frialdad de antaño mientras se deshacía de su presa de malas maneras —¿Dónde están tus padres? Imagino que en algún lugar de Europa, a salvo. Mi padre está en la cárcel y mi madre posiblemente muerte. No digas que entiendes como me siento. Tú no tienes ni puta idea.

—¿Y crees que arreglarás algo yendo hacia una muerte más que probable? —le gritó ella, desesperada —Sé que estás preocupado, pero hay otros medios para averiguar si tu madre está bien...

—¿Cómo cuales?

—La Red Flu. Podemos hablar con la Señora Weasley, seguro que ella sabe algo. Su marido trabaja en el Ministerio —Draco no respondió, pero tampoco hizo ademán de moverse y Hermione se atrevió a tomar un poco de aire —Agotemos todas las vías alternativas antes de cometer ninguna locura.

Draco la miró de reojo, tratando de aclarar el caos de su mente. Sólo había un pensamiento que se imponía a los demás: encontrar a su madre.

—Por favor —rogó ella. Estaba completamente despeinada, con el rostro manchado de polvo y la sudadera y los vaqueros que llevaba cubiertos de suciedad. Sus ojos marrones brillaban por cargados de miedo y le tendía una mano como si fuera a derrumbarse si él no la tomaba. Mirándola, Draco sintió como su revuelo interior se desenredaba y languidecía, aplastado por un sentimiento irracional. Parecía tan vulnerable y preocupada, tan desesperada que Draco no fue capaz de intentar largarse como sabía que debía hacer. En lugar de eso, apretó los dientes y la miró con fingida impasibilidad, tratando de ocultar sus propios miedos.

—Date prisa —–farfulló entre dientes.


—¡Señora Weasley! —gritó Hermione, arrodillada frente al chimenea de las cocinas, con la cabeza dentro. Veía el salón de los Weasley al otro lado y el reloj mágico en la pared. Todas las agujas, incluida la de la Señora Weasley, apuntaban perfectamente alineadas a la opción "Peligro de Muerte". Hermione esperó unos segundos y justo cuando volvió a abrir la boca para llamar a la madre de Ron, la susodicha apareció corriendo hacia la chimenea.

—¡Hermione! ¿Estás bien? —preguntó agitada y a la chica no le quedó duda de que ya había oído algo de lo ocurrido en el Callejón.

—Sí, estoy bien. ¿Se sabe algo? ¿Tonks...

—Arthur me envió un telegrama urgente —explicó la Señora Weasley y Hermione se dio cuenta de que apretaba un rollo de pergamino entre las manos —Me explicó que se estaba librando una batalla en el callejón Diagon. El ministerio ha sido alertado y están enviando refuerzos. No se conocen cifras de muertos ni heridos todavía... —la voz de Molly pareció quebrarse y un par de lágrimas se escaparon de sus ojos —Precisamente ahora iba para San Mungo. No sabemos nada de Fred y George...

—Tonks también está allí —explicó Hermione, angustiada —Estábamos allí cuando comenzó el ataque. Madame Malkin resultó herida y tuve que llevarla a San Mungo. Mientras estuve allí no vi rastro de los gemelos —dijo, aunque no sabía si eso era bueno o malo.

—Tengo miedo de que salieran a ayudar a los aurores...Ellos no están tan bien preparados y si les hubiera pasada algo, yo... —se detuvo para enjuagarse las lágrimas con el borde del delantal.

—Seguro que están bien —murmuró Hermione sin demasiado convencimiento. Con todo lo sucedido, se había olvidado por completo de que los gemelos también estaban en el Callejón. Y Sortilegios Weasley no estaba muy lejos de la tienda de Madame Malkin...

—Voy a ir a San Mungo. En cuanto sepa algo te avisaré, ¿de acuerdo? —Molly se puso en pie y comenzó a desatarse el delantal con manos temblorosas.

—Señora Weasley, si viera a Narcissa Black en San Mungo, por favor, avísenos de inmediato —y ante la mirada interrogativa de la matriarca de los Weasley, Hermione añadió —–Estaba en el callejón cuando todo sucedió.

—Enviaré un telegrama urgente en cuanto sepa algo —aseguró la mujer. Hermione asintió y después de despedirse, se apartó de la chimenea. Las rodillas le dolían de estar tanto tiempo en contacto con el duro suelo de piedra, pero lo olvidó por completo al ver la expresión de Malfoy.

—No voy a esperar. Me voy a San Mungo —anunció y antes de que Hermione pudiera hacer nada, salió a toda prisa de la cocina. Asustada, la chica le siguió y le alcanzó de nuevo en el hall.

—¡Malfoy! —le llamó —¡Sé razonable! ¡Es muy peligroso!

—Me da igual.

—Malfoy, no llegarías con vida a San Mungo —dijo, sujetándolo por el antebrazo. Draco se volvió a medias hacia ella y arqueó una ceja.

—Un problema menos para ti —pronunció.

—¿Cómo puedes decir eso? —reclamó ella, dolida.

—Es la verdad —Draco se encogió de hombros, impasible —¿Por qué te iba a importar si me pasa algo o no? Tú y yo no somos nada —espetó destilando una refinada mezcla entre amargura y furia.

Hermione soltó el antebrazo del chico y su mano cayó pesadamente, como si se hubiera quedado sin fuerzas.

—No necesito ningún motivo para desear que alguien no muera.

—Pero yo no soy alguien, ¿verdad? Yo soy Draco Malfoy, y ahora ábreme la maldita puerta —Draco se volvió y se detuvo a unos pasos de la puerta, esperando que ella quitara el sello mágico que la cerraba.

—No voy a hacerlo. No voy a permitir que te vayas de aquí —aseguró ella con gesto decidido.

Draco dio un puñetazo rabioso a la puerta y después apoyó en la madera ambas manos y bajó la cabeza, provocando que su flequillo platino le cayera sobre la frente, ensombreciendo su rostro.

—Metete en tus jodidos asuntos, Granger, esto no es cosa tuya —masculló casi sin fuerzas.

—Sí lo es —Hermione dio un par de pasos hacia Malfoy y se detuvo a sus espaldas, a una distancia prudencial —Porque no pienso quedarme de brazos cruzados viendo como te lanzas a las manos de Voldemort o del Ministerio.

—¿A ti qué te importa? —siseó él de nuevo, con la voz amortiguada por su posición.

—Me importa —susurró ella y se acercó más a su espalda, hasta que sólo les separaron unos diez centímetros —Le prometí a tu madre que te cuidaría.

Él apenas alzó un ápice la cabeza y la orientó ligeramente hacia ella.

—¿Por qué?

Hermione no se resistió y se aferró a la camisa de Malfoy con la zurda –e hizo el intento con la derecha -. Después cerró los ojos con fuerza y apoyó la frente en la espalda de Malfoy, inhalando su aroma. Su seducción, su esencia, su vida.

—Porque no podría soportarlo si te pasara algo —susurró.

Draco la sintió temblar a su espalda, su mano asiéndose a la tela de su camisa como si la vida le fuera en ello mientras tiritaba de miedo. Notó el calor de sus manos y su frente contactando con su espalda, su olor a caramelo invadiéndole como una película invisible. Pero percibió algo abstracto pero tan fuerte que era casi sólido: su preocupación, su angustia. Su miedo. Por él.

Y permaneció inmóvil, peleándose consigo mismo y con la sensación de vértigo que se enredaba en su pecho y cosquilleaba por cada parte de su cuerpo al revivir sus palabras en su mente una y otra vez. Le importaba, estaba preocupada por él, tenía miedo de que le ocurriera algo.

Trató de luchar contra el remolino de sensaciones que se acumulaban y vibraban dentro de él, intentó por todos los medios recordarse que debía irse, que era vital para él hacerlo, pero cuando su cerebro envió la orden y su cuerpo no respondió, lo comprendió y se sintió débil y estúpido. Comprendió que no podía negarle nada.

Hermione esperó temblando, aferrada a él con desesperación durante tantos segundos que podrían formar tal vez minutos antes de comenzar a relajarse, comprendiendo que él no se iría. No pudo contenerse y rodeándole con sus brazos, le abrazó con fuerza, pegando una mejilla a su espalda.

—Gracias —murmuró con los ojos llenos de lágrimas. Draco apenas hizo un hosco asentimiento —Te prometo que te ayudaré a encontrar a tu madre, Malfoy. Pero lo haremos a mi manera.

Él no dijo nada, pero Hermione sintió una de sus grandes y frías manos cubrir las suyas y estrecharlas con fuerza.


Hola chicas!

En primer lugar, perdón por el retraso pero como ya os expliqué antes, no he tenido tiempo. Son casi las tres de la mañana y he acabado el capítulo ahora mismo. Lo he escrito todo esta noche porque no he tenido tiempo antes.

Yendo al capítulo, espero que os haya gustado. A mi me ha encantado escribirlo. Me encantó escribir la idea del ataque en el Callejón Diagon, que estaban los mortis muy tranquilos. Pero empezando por el principio, Narcissa y Hermione hablaron. Cissa prácticamente se despidió de su hijo por medio de ella porque se olía lo que pasaría y finalmente, Bellatrix la arrinconó en un callejón sin salida y en vista de que ella se negó a decirle donde estaba Draco, le lanzó una imperdonable. Prestad especial atención a la conversación entre las hermanas porque doy muchas pistas que serán importantes. Tanto Narcissa como Bellatrix tendrán un papel importante en la historia. La verdad es que se me han ocurrido muchas cosas para enredarlo todo xD a ver que sale. Por cierto, me ha encantado escribir sobre Tonks en plan auror. Siempre he pensado que es muy valiente. Debe tener poco más de 20 años y se ha hecho aurora. Yo si fuera maga me escondería debajo de la cama a esperar que pasara la guerra xD seguramente Ahora no sabemos que es de ella, ni de los gemelos, ni de Narcissa, ni de Malkin, ya puestos. ¿Y no es Malfoy absolutamente adorable?

En el próximo capítulo haré una cosa muy rara xD os aviso.

Por cierto, antes de que se me olvide. Os había comentado que había pensado hacer una especie de secuela de Lija&Terciopelo pero he cambiado de idea porque posiblemente sólo lograría estropear la historia, así que lo siento si os he ilusionado pero creo que lo dejaré así :(

En fin, me voy a dormir y dejo de molestar. Como siempre, mil gracias por vuestro apoyo! Dormiens no sería nada sin vosotrs

Mis agradecmientos especiales para las que dejaron review en el anterior:

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Con mucho cariño, Dry!

Pd: Click a "Go" para que Malfoy (o X) y tú os perdáis en una isla paradisiaca -hoy no se me ocurre nada mejor xD son las horas-