Lo prometido es deuda. Mientras preparo Project:Two (nombre en clave del próximo fic del acuerdo, para que quede más lustroso :P) voy a ir publicando one-shots en este fanfic, que llevaba desde febrero sin atender. Y como también dije, publicación libre de horas concretas, etc. que al fin y al cabo es lo que más llega a estresar como escritor, los plazos :P
Moon-9215: Sí, empecé los de "Boys" como algo simplón... y al final se me ocurrió una pequeña trama a desarrollar. En otras circunstancias lo hubiera puesto como un fanfic aparte.
Shadow Crusader: Lo habrá, lo habrá ;)
Alejito480: Me alegra que te haya gustado ^^
Shadow Crusader (bis): Tomo nota ;) A ver si me pongo.
Enfermería
Odd y Ulrich discutían en su dormitorio de Kadic.
—Deberías ir a la enfermería.
—¡No voy a ir por esta tontería!
—¿Tontería? ¿Llamas a "eso" tontería?
—Tontería… nimiedad… ¡llámalo como quieras!
—¡Ulrich, que te duelen los huevos!
—¡Hala! ¡Exagerado! Baja la voz...
—¡Pero si llevas desde el miércoles retorciéndote porque te molesta!
—Bueno...ya se quitará... —Ulrich empezaba a bajar el tono.
—Claro, milagrosamente, ¿no? —ironizó Odd—. ¿Tú eres tonto?
—Odd… no quiero ir por… "eso"
—¿Y prefieres medio morirte del dolor?
—¡No! Claro que no… ¿Pero como voy a ir por eso? ¡Qué vergüenza…!
—Ulrich, que Yolanda es enfermera, no le vas a enseñar nada nuevo. Bueno, lo tuyo si va a ser nuevo para ella, pero ya me entiendes —rió el rubio.
—Tienes razón... – aceptó Ulrich a regañadientes
—Pues venga. ¿Te acompaño como tu mami o puedes ir solito? —bromeó Odd.
—Puedo ir solo. Gracias – refunfuñó Ulrich.
Ulrich caminó nervioso hacia la enfermería. Casi prefería haberse roto una pierna que ir por una herida en la ingle. ¿Tan torpe era para depilarse ahí? Bueno, daba igual. Esperaba sobre todo que no hubiera nadie. Por favor, que estuviera la enfermería vacía, pensaba. Llegó a la puerta antes de lo que pensaba. Inspiró hondo y llamó a la puerta.
—Adelante.
Ulrich entró. Echó un vistazo y comprobó que efectivamente, sólo la enfermera Yolanda estaba allí. Perfecto. La miró. Y maldición, que sabía que estaba buena, y ahora le parecía que estaba mejor incluso.
—Ulrich, ¿qué ha ocurrido? ¿Alguna lesión con el fútbol?
—No. Verá, es que… ¿puedo cerrar la puerta?
Yolanda se extrañó del comportamiento del chico, pero asintió. Ulrich cerró para evitar que pudieran escucharle.
—Pues… es que el otro día me estaba depilando la… los… bueno, "ahí abajo" y me hice una herida.
Yolanda asintió.
—Y bueno, a ver si… podría echarle un vistazo y recomendarme algo… porque es muy incómodo…
—Bájate los pantalones.
—¿Perdón? —Ulrich la había oído perfectamente y se había puesto colorado.
—Que te bajes los pantalones, que voy a ver la herida —dijo ella tranquilamente.
Ulrich tragó saliva. Se desabrochó el pantalón, y no era consciente de lo lento que lo hacía. Dejó que la prenda cayera, y luego la recogió y la dejó en una silla.
—Quítate también el calzoncillo y ponte en la camilla, será más cómodo.
"Sí, para usted… yo no he estado más tenso en la vida", pensó Ulrich. Se quitó el bóxer, y maldijo para sus adentros. Se dio cuenta de que estaba con el pene a medio erguir.
—Qué bien dotado estás para tener nada más que 15 añitos… —comentó Yolanda con una risita, y Ulrich sintió que le ardía la cara.
Se tumbó en la camilla. Yolanda pregunto dónde estaba la herida y Ulrich le indicó que en lado derecho. La enfermera comenzó a rellenar la ficha y una vez que hubo terminado, se puso los guantes y se colocó en el lado derecho de la camilla.
—A ver… separa las piernas —le indicó.
Ulrich obedeció y miró hacia otro lado, aunque su miembro tembló cuando la mano de Yolanda examinaba la herida que se había hecho.
—Unos pequeños cortes y un poco de irritación… Te voy a mandar esta pomada para que te la apliques por la mañana y por la noche. Si notas de nuevo alguna molestia, vienes por aquí.
—Va-vale… —dijo Ulrich—. Gracias.
—Espera… —añadió la mujer— ¿Crees que voy a dejar... que te vayas así?
Y llevó su mano al miembro del chico, proporcionándole unas suaves y pequeñas caricias, empezando a estimularlo. Ulrich se puso colorado. No se creía lo que estaba pasando.
La enfermera envolvió la erección de Ulrich con la mano, masturbándole a un ritmo muy lento. Él estaba tenso, aunque poco a poco se relajaba. Se sentía fenomenal, aunque no se esperaba que la enfermera Yolanda… Cerró los ojos e inspiró y expiró lentamente. Tuvo un ligero escalofrío cuando sintió los dedos de la enfermera acariciando sus testículos. Le encantaban los "cuidados" que estaba recibiendo. De pronto tuvo una sensación de calor que le recorrió el cuerpo. Abrió los ojos, alarmado, y contempló cómo Yolanda estaba lamiendo y chupando su erección, como hasta ese momento, despacio. Ulrich se puso nervioso… ¿Y si alguien entraba? Tras pensarlo por unos momentos se dio cuenta de que el riesgo a ser pillados simplemente aumentaba su excitación.
Yolanda parecía impertérrita. ¿Lo habría hecho alguna otra vez?, se preguntó el alemán. Sintió entonces que se iba a correr. Intentó avisarla, pero parecía que estaba sin voz. Sólo alcanzó a dar un grito ahogado y sin poder evitarlo, culminó.
La enfermera no se detuvo hasta unos momentos después, cuando los "disparos" del chico cesaron.
—¿En serio aún no te has relajado? —preguntó Yolanda con calma. Ulrich supo que se refería a que aún tenía el pene en erección—. Voy a tener que ayudarte.
Empezó a desabrocharse la falda. Cuando la prenda cayó al suelo, y estaba a punto de bajarse las bragas negras, Ulrich encontró palabras por fin.
—Un momento…
—¿Pasa algo? —preguntó ella.
—¿Por… por qué?
—… ¿Y por qué no?
El chico no supo qué responder a aquello. Cualquier razón que le pudiera dar le sonaba absurda… y cuando vio perfectamente a Yolanda, desnuda de cintura para abajo, se dio cuenta de la gran oportunidad que se perdería en caso de que diera algún argumento en contra.
Ella se subió con facilidad a la camilla, y apoyó su sexo sobre el miembro de Ulrich.
—Dime… ¿alguna vez lo has hecho? —preguntó Yolanda.
Ulrich negó con la cabeza.
—¿Y… te apetece? —inquirió.
Esta vez asintió repetidamente. ¿Cómo podía decir que no? Ella sonrió, era una sonrisa divertida y pervertida al mismo tiempo. Se levantó un momento, lo justo para dirigir el miembro de Ulrich hacia su intimidad, y al bajar se lo introdujo lentamente. El chico gruñó de placer al sentir las cavidades vaginales de la enfermera presionando su erección. Contemplaba perfectamente cómo estaban "unidos" y sintió por segunda vez en cuestión de minutos que se ponía más colorado que en cualquier ocasión anterior.
La enfermera sonrió, se echó hacia adelante, y le dio un ligero beso, desde la mejilla, hasta sus labios.
—Tienes permiso para tocarme —le dijo.
Ulrich recorrió lentamente las piernas de la enfermera y se entretuvo acariciando sus nalgas. Ella le besó el cuello y luego empezó a moverse hacia arriba y abajo, provocando la penetración. Ulrich sentía espasmos de placer con cada movimiento. A la enfermera no se le escapaba que la mirada de Ulrich se desviaba contantemente hacia sus pechos. Se abrió bien la bata, y levantó su suéter, revelando que no llevaba sujetador.
—Insisto… en que puedes tocar —repitió ella, sin detener sus movimientos corporales.
Temeroso, él estiró las manos hacia las tetas de la enfermera, y empezó a manosearlos y masajearlos. Lo hacía torpemente, pero a ella no parecía importarle. Y se excitaba cuando los dedos del chico jugueteaban con sus pezones. Superior.
El chico no se creía lo que ocurría, y se sorprendió cuando él mismo empezaba a acompañar los movimientos de Yolanda. Ella se movió un poco más rápido. Ulrich volvió a poner las manos sobre su culo, y empezó a acelerar el ritmo. Estaba excitado, con ganas de correrse de nuevo. Yolanda empezaba a jadear y gemir. Aceleraron un poco más y Ulrich llegó de nuevo al orgasmo, seguido del que tuvo ella.
Agotado, se quedó tumbado mientras ella se apartaba. Notó algo frío sobre la ingle.
—Esta primera vez ya te vas a ir con la pomada puesta. Y si necesitas… cualquier cosa, estaré encantada de atenderte.
—Vale… vale…
—Ulrich… —oyó a lo lejos.
—Vale…
—¡Ulrich!
Abrió los ojos. Estaba tumbado bocarriba en su cama y Odd le miraba.
—¿Se puede saber con qué soñabas? —le preguntó—. No hacía más que ruidos raros…
—Nada… que me perseguía un león por la selva… —logró inventar rápidamente.
—¿Vas a ir a la enfermería cuando amanezca para que te miren la herida?
—Sí… —dijo Ulrich—. Creo que será una buena idea.
He perdido el ritmo en esto de las historias independientes, pero creo que bien en general, ¿no? Os sigo viendo por aquí durante agosto. Lemmon rules!
