¡¡¡Hola!!! En primer lugar, gracias por haber llegado hasta aquí Éste es el último capítulo de acción, el próximo será un especial
¡Espero que os guste¡Gracias a todos por las reviews!
Capítulo 27: regreso al pasado y vuelta al presente: el fin de todo.
Una enorme onda expansiva de luz arrasó con todo. Ninguno de ellos sabía que ocurría...
Takato se encontraba en frente de su casa.
"¿Qué demonios hago aquí?... Estábamos luchando contra Milleniunmon y cuando Alice estaba a punto de derrotarle... surgió esa enorme luz y... aparecí aquí... ¿Y si todo ha terminado?" – dirigió su mano hacia el picaporte de la puerta y lo accionó. Allí estaban sus padres, más jóvenes de lo que él los recordaba.
¡Hola! – saludó, mostrando su sonrisa. Nadie parecía poder verlo. Su madre entregaba las vueltas a una mujer joven de espeso pelo rojo - ¡Eo¡Mamá!
¿Eh? – contestó su madre, mirando hacia Takato. Éste sonrió, de nuevo, ampliamente – Me pareció oír una voz... pero no hay nadie.
¿Qué? – dijo Takato - ¿Cómo que no hay nadie?
Mami... – dijo una voz. Takato observó atentamente... junto a su madre se encontraba un niño pequeño de pelo castaño y ojos carmesí. Estaba en pijama y no tenía demasiado buen aspecto.
¡Takato! – exclamó su madre, observando al niño pequeño - ¡No debes levantarte¡Estás con treinta y nueve de fiebre! Sube inmediatamente.
Un... un digimon... – dijo el niño de nuevo. Tras unos segundos, se desmayó. La cabeza del Takato de dieciséis años volvió a dar vueltas. Ahora se encontraba en la habitación de un hospital. El pequeño Takato estaba delirando. Sus padres se encontraban junto a él. Un médico entró.
Ha sufrido una recaída, no debió haberse levantado.
No pudimos evitarlo, señor – contestó su madre, con una voz débil - ¿Se curará del sarampión?
Eso creo... aunque parece estar delirando mucho – contestó el médico.
La fiebre le ha subido demasiado... ahora está en cuarenta y medio... – suspiró el señor Matsuki.
Un... digimon... – decía el pequeño – Grande... como un dinosaurio... rojo...
¿Rojo? – dijo el Takato de dieciséis años – Ya lo recuerdo... de pequeño, cuando tenía ocho años, me puse muy enfermo... y vi un digimon... se parecía... ¡se parecía a Growlmon¿Y si no fue una ilusión?
Por eso estás aquí... y porque tú creaste a Guilmon... siempre estuvo contigo - dijo una voz de ultratumba. Todo se volvió oscuro.
¿Fue por eso?
Sí... ahora vuelve... y termina la batalla que todos habéis empezado... por tu familia, que tanto te apoyó
Takato asintió.
Kazu y Kenta, por su parte, habían llegado a un aula llena de gente, llena de niños de ocho años. Parecían estar en medio de clase.
¿Qué ocurre? – preguntó Kazu.
No lo sé... – contestó Kenta.
¡La osa! – exclamó un niño de pelo castaño, levantándose de su asiento - ¡Un digimon! – varios niños miraron hacia la ventana.
No hay nada – contestó uno.
Es verdad – dijo una chica.
¡Vaya un mentiroso! – añadió un último chaval.
¡Pues yo sí que lo veo! – dijo otro, de pelo verde y gafas, levantándose también - ¡Es enoooooorme! – exclamó. Una última niña, menuda y de pelo castaño, asintió.
¡Kitagawa, Shiota! – exclamó la profesora - ¡Os quedaréis después de clase!
Kazu y Kenta se miraron. No era un espejismo: se estaban viendo a ellos mismos de pequeños. Se marearon durante unos instantes... cuando recuperaron el conocimiento, vieron cómo sus pequeños dobles estaban en la pared, castigados.
Si Takato hubiese estado... – dijo el pequeño Kazu.
Sí, es una pena que esté con el sarampión.
Jen parecía que nos creía ¿no crees?
Sí...
Los adolescentes Kazu y Kenta se observaron.
Tal vez fue por eso por lo que acabamos siendo Tamers – comentó Kazu.
Sí... y Jen también.
¿Y Takato?
Él también debió de verlo... por cierto ¿no estábamos en medio de la batalla?
Igual nos hemos muerto...
... volved... dijo una voz.
¿Ein? – dijeron los dos chicos a la vez. Todo había desaparecido. Sólo una senda blanca se extendía ante sus pies. Comenzaron a caminar por ella.
Henry estaba en su habitación. No obstante, al contrario de lo que él recordaba, sólo había un ordenador.
He... he vuelto... ¿Terriermon? – llamó. No obtuvo respuesta – Qué extraño... no recuerdo haber venido aquí...
¡Y mañana irás a pedirle perdón al hospital! – exclamó una voz.
¿Mamá? – dijo Henry, instintivamente. La puerta se abrió y un niño entró, empujado por la que Henry había reconocido como su madre. El niño cayó al suelo y la mujer cerró la puerta fuertemente. Henry se fijó más aún... le resultaba familiar... tanto el momento como el niño...
¡Soy un idiota! – se quejó el niño, golpeando el suelo. Giró su cabeza hacia Henry, pero su mirada se perdió en el paisaje que podía observarse por la ventana. Lentamente, se levantó y se dirigió a ella. No parecía ver a Henry – Por mi culpa... ¡por mi culpa Yoshizuki está en el hospital¡Porque fui un egoísta y me peleé con él!
... soy... yo – dijo Henry, sin aliento. Lo recordaba. Aquel día se había peleado con un amigo suyo... le había hecho muchísimo daño... tanto que acabó con una pierna rota. "De pequeño era un bruto, un chulito y un machista... pero luego cambié mucho... muchísimo... hasta ser como soy ahora... desde ese día, me prometí a mí mismo no volver a pelear... no quería hacer daño"
... snif... ¿eh? – el pequeño Henry levantó su cabeza - ¡Un digimon¡Y bien grande! – el adolescente Henry también miró. Todo se volvió oscuro.
No fue una ilusión – sonrió Henry – Seguro que no.
... no lo fue... te eligieron como tamer por eso... conociste a Terriermon por eso...
Sí – asintió Henry. Volvió a cerrar sus ojos.
... todos te están esperando...
Rika también se encontraba en su propia habitación. Observaba todo, algo extrañada: la ropa que allí se encontraba, no era de su talla... era ropa de niña pequeña... no lo comprendía.
¡¡¡MALDITO CREÍDO!!! – oyó bramar. Escuchó como si varios objetos de porcelana cayesen al suelo.
¡Hija! – exclamó una voz de mujer. A los pocos segundos, una niña pequeña, de cabello pelirrojo recogido en una coleta, entró en la habitación como una exhalación y cerró la puerta corrediza con todas sus fuerzas. Vestía una camiseta de manga larga negra y una pantaloneta azul, además de una cazadora marrón y unas deportivas rojas. A pesar de ser una niña, nadie lo hubiera dicho si no hubiese visto su cara.
¡¡¡IDIOTA¡¡¡TODO LA SANTA FINAL SONRIENDO¿PARA QUÉ¡¡¡PARA HACERME FALLAR¡¡¡MALDITO RYO AKIYAMA!!! – estampó sus cartas contra el futón y se tiró sobre él. Escondió la cabeza entre sus brazos y comenzó a sollozar. Rika recordaba aquello perfectamente... era el día que había perdido contra Ryo. Tenía ocho años y el orgullo por las nubes. La pequeña Rika continuaba maldiciendo - ¡¡¡SI LO VEO LO MATO¡¡¡MANIPULADOR DE MIERDAAAAA!!! – gritó. La puerta corrediza se abrió y apareció una Miyuki Nonaka de veintisiete años.
Rika... no tienes que ponerte así.
¡¡¡DÉJAME!!! – bramó la niña - ¡¡¡ESE CERDO RASTRERO SÓLO QUERÍA LA VICTORIA¡¡¡ME HA HECHO FALLAR POR SU CULPA¡¡¡SE CREERÁ QUE ES EL MÁS GUAPO DEL MUNDO¡¡¡PUES NO¡¡¡ES UN FETO!!!
Rika... – dijo de nuevo su madre. Cerró la puerta y la niña se levantó del futón, aún con lágrimas en los ojos. Abrió la puerta que daba al exterior. Apretaba tanto sus puños que se hacía daño al hincar sus uñas en sus pequeñas palmas.
Cerdo... idiota... se creerá guapito y todo... mamón... ¡¡¡CÓMO ME GUSTARÍA TENER UN DIGIMON PARA CARGÁRMELO¡¡¡PARA ARRANCARLE ESOS DIENTES Y METÉRSELOS POR LA BRAGUETA¡¡¡PARA... OO – la pequeña abrió sus ojos como platos - ¡¡¡KYAAAA¡¡¡UN DIGIMON!!! – bajó las escaleras... pero el digimon había desaparecido. Tanto la joven Rika como la niña miraron un momento al horizonte – Quiero luchar junto a un digimon... – dijo la niña por última vez – luchar con él bajo la luz de la luna. Ganar. Quiero la victoria. ¡¡¡TE VENCERÉ, RYOOOOO!!!
La oscuridad cubrió todo.
"No quería admitirlo, era muy orgullosa – sonrió Rika – Pero Ryo me parecía muy guapo... y lo del digimon... quería que fuese mi amigo... ahora que lo pienso ¿y si conocí a Renamon, entre otras cosas, por eso?"
... la conociste... porque querías conocerla
"Sí – asintió Rika – Sería eso... ¿qué habrá sido de la batalla?"
... aún continúa... va a ser difícil, pero has de volver...
"Entonces volveré"
Jen estaba en un ambiente que, por desgracia, le resultaba muy familiar: la sala de espera de un hospital. Había intentado hablar con las enfermeras que entraban y salían, con la gente que esperaba... pero nadie parecía oírle.
"¿Qué demonios ocurre¿Qué hago aquí¿Le habrá pasado algo a alguno de los chicos mientras luchábamos?"
La puerta que comunicaba la sala de espera con uno de los pasillos se abrió. Un hombre alto, de unos cuarenta años, entró. Su pelo era castaño oscuro, su mirada era triste... a sus pies había una niña bajita, delgada, de pelo castaño rojizo por los hombros y ojos color avellana. Aquélla se aferraba con fuerza a la pierna de su padre. Jen observó más a la niña...
¡Soy yo! – exclamó, levantándose de su asiento.
¿Señor Katô? – dijo un médico, adentrándose en la sala. El hombre que acompañaba a la pequeña Jen dirigió su mirada con rapidez al médico y caminó hacia él, mientras que el doctor negaba con la cabeza y observaba el suelo. La Jen de dieciséis años decidió también entrar.
En el interior de la habitación no había casi luz. Sobre una camilla, cubierto por una sábana, se encontraba un cuerpo del que sólo se podía apreciar parte de su cabellera castaña rojiza. Parecía ser una mujer.
No ha podido soportarlo – sentenció el médico – El pequeño ha sobrevivido... pero su mujer no ha logrado superar el parto. Ha habido complicaciones, ha perdido demasiada sangre... lo siento mucho.
... – el padre de Jen calló durante unos instantes - ¿El niño está bien?
Sí – contestó el médico – Lo tenemos en la incubadora, pero está perfectamente. Pero su mujer... ya le digo...
... ha sido su destino – contestó el señor Katô. A la pequeña Jen se le inundaron los ojos de lágrimas.
¡No! – exclamó, en medio de un grito desgarrador. Salió corriendo de la habitación, llorando con gran fuerza. Los ojos de la Jen de dieciséis años también desprendieron alguna lágrima.
"Lo recuerdo perfectamente... Mi madre murió dando luz a Hideaki... le pusimos ése nombre porque a ella le encantaba. Desde aquel día, me quedé destrozada... aunque dejé de llorar al poco tiempo. Pero mi corazón estaba roto. Debajo de mi máscara de sosiego y alegría se escondían los sentimientos más afligidos que había concebido nunca. Dejé de creer en los milagros desde aquel día... – cerró sus ojos.
¡Es enooooooorme! – exclamó una voz de niño. Jen abrió sus ojos. Le dio tiempo a ver como su joven doble asentía. Jen sonrió.
"Pero eso sí que fue un milagro. Eso y todo lo que vino a continuación. Conocer a Takato y a Leomon... fue estupendo. Ahora soy feliz."
... ¿lista para regresar? ...
"¿A la batalla?"
Sí
"¡Claro!"
Alice se encontraba en frente de la puerta de su casa. Tras dudar unos instantes y preguntarse por qué estaría allí, accionó el picaporte y entró en la casa. El salón estaba desierto. Creía que no había nadie... cuando escuchó un llanto.
"¿De dónde vendrá?" se preguntó "Y, además¿de quién será?" Caminó unos pasos. No venía de la cocina, ni del baño ni de la habitación de sus padres... venía de su propia habitación. Entró en ella y se encontró a una niña de pelo rubio claro atado en dos coletas; arrodillada, con la cabeza apoyada en una silla. Vestía una camiseta a rayas horizontales de color azul marino y blanco y una pantaloneta vaquera.
Hermano... – murmuraba la pequeña.
"¿Hermano?" – se preguntó Alice. Fue a posar su mano sobre la cabeza de la niña, para tratar de consolarla... cuando la niña levantó su cabeza. A pesar de sus ojos llorosos, de su mueca de dolor... pudo reconocerse a sí misma hacía ocho años. Luego vio algo más... la niña abrazaba una foto... "Thomas...mi hermano..." – agachó la cabeza, con tristeza – "Se fue cuando tenía dieciocho años a estudiar al extranjero. La tarde de su partida, ni siquiera fui a despedirle porque me había enfadado mucho con él... pero lloré porque estaba arrepentida de haberlo hecho... un mes más tarde, supimos que había desaparecido... aquel día mis padres no me dijeron nada y se fueron a la policía para ver si lo habían encontrado... esta es la fecha en la que aún no lo han hecho... esa tarde si que lloré"
¿Eh? – volvió a decir la pequeña Alice, acercándose a la ventana – Un.. un monstruo... tal vez sea un digimon de los que habla tanto Henry... – dijo. Alice también observó la ventana.
"Ahora lo recuerdo... eso fue lo único que me alegró el día..."
Todo se cubrió de oscuridad.
"Yo sí que sé dónde está mi hermano... se fugó del internado y vive con unos amigos... no soportaba ni las normas ni las clases... me llamó a casa un día para decírmelo, al año siguiente. Dijo que estaba preocupado porque no había ido a despedirle... también dijo que no les dijese nada a mis padres, que les daría un shock... he mantenido mi promesa... Un tiempo después conocí a Dobermon... lo perdí y lo recuperé... creí que pasaría como con mi hermano, al que aún no he visto... pero no fue así".
¿Quieres volver?
"¿Volver¿A dónde?"
... a la batalla... aún tienes que terminarla...
"¡Claro!" exclamó Alice.
Ryo se encontraba en la habitación que solía usar en casa de su tía de Shinjuku. Tan sólo se había tumbado en la cama: estaba muy cansado. Por otra parte, no acababa de comprender qué había ocurrido. Simplemente había encendido un rudimentario radiocasete y había sintonizado con él una emisora en la que se escuchaban canciones de j-pop que, en su opinión, eran bastante antiguas.
El tiempo pasó.
"¿Dónde estará mi móvil?" – pensó Ryo – "Rayos... he debido perderlo... si sólo pudiese hablar con Rika... – se levantó de la cama - seguro que ella me aclararía lo que está ocurriendo... y a casa no ha llegado, según me ha dicho su madre... Se oía mucho ruido de fondo, ahora que lo pienso ¿qué estaría ocurriendo?"
La puerta de la habitación se abrió. Un niño de unos doce años entró en ella. Su cabello era castaño oscuro, reluciente, y sus ojos enormes, azules y muy expresivos. Llevaba un pequeño trofeo en su mano... pero no parecía contento.
¡Eh! – exclamó Ryo - ¿Quién eres tú¿Qué haces en mi habitación? – pasaron unos segundos... el niño no contestó. Sólo suspiró y se sentó en la silla que había frente a la mesa de estudio de Ryo - ¿No me oyes¡Chaval! – el chico comenzó a dar vueltas sobre sí mismo en la silla, de forma que acabó cara a cara con Ryo. El joven de veinte años se puso los ojos en blanco y dijo - ¡¡¡ONDIA¡Eres clavado a mí! – sonrió - ¿¡Quién eres!? – el niño se levantó de su silla y se dirigió a un calendario que había colocado en la pared.
En este día – comenzó, señalando un día en el calendario – he ganado el trofeo del torneo de cartas digimon, pero ¿para qué¿Para qué, si Rika me odia? – al escuchar aquellas palabras, Ryo se quedó pensativo analizando su significado "¿También conoce a Rika¿O es que es otra Rika¿Y de qué torneo habla?" – No debí haberle ganado, aunque tuviese ganas de hacerlo... se hubiese reído de mí, pero al menos no me odiaría. Y yo que creía que al mirarme mientras le sonreía le estaba gustando... – depositó el trofeo en la mesa y se dirigió a la ventana. Ryo le siguió con los ojos, mas luego desvió su mirada hacia el calendario.
... año ¿1999? Oô – no terminaba por comprender. Al rato, golpeó su frente con su mano derecha y exclamó - ¡No será que... soy yo... en el pasado!
¿Un digimon? – dijo el niño, abriendo la ventana de par en par. Un enorme digimon, como un dinosaurio rojo, estaba entre un grupo de edificios - ¡¡¡Halaaaaaaaa¡¡¡Yo también quiero uno!!! – volvió a decir. Ryo se sonrió.
Definitivamente, ese chaval soy yo... recuerdo a la perfección ese digimon. Poco más tarde, encontré a Cyberdramon y me embarqué en mi propia aventura... contra Milleniunmon... Pero ¿por qué estoy aquí¿Es que acaso he muerto, o algo de eso?
... no has muerto... de hecho aún sigues luchando...
¿Qué coño... – todo se volvió oscuro – pasa... aquí...
... vuelve a la batalla... cumple con tu destino...
¿Y cuál es mi destino?
... descúbrelo... vuelve...
De acuerdo. Volveré – Ryo cerró los ojos. Los volvió abrir: había regresado al campo de batalla... pero había algo extraño. Primeramente, observó sus palmas... eran mucho más pequeñas de lo que él recordaba. Luego observó a su alrededor... no estaba ninguno de sus amigos... sólo había niños pequeños, de unos cinco años de edad, no más... "¿Y si... hemos vuelto a ser pequeños?" – se preguntó Ryo. Notó sus pies mojados. Miró bajo él y resultó que había un charco. Un niño de unos nueve años de edad le devolvió la mirada - ¡¡¡MIERDA!!! – exclamó. Su voz sonaba mucho menos varonil de lo que solía hacerlo. Luego recordó algo - ¡Rika! – exclamó. Corrió hacia una niña pelirroja, cuyo cabello estaba atado con una coleta, y que iba vestida con una pantaloneta vaquera y una camiseta de tirantes roja. La pequeña abrió sus ojos y dijo:
¿Sí? – Ryo la observó unos momentos. Súbitamente, sonrió y exclamó, abrazándola.
¡¡¡¡¡¡QUÉ MONAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!
¡Ryo! –exclamó Rika - ¿Qué ha pasado? Estás... pequeño.
Pues tú también.
Es verdad – contestó Rika, observándose. Varias sombras más se levantaron. En seguida vieron que se trataba de Kazu, Kenta, Henry, Takato y Jen en sus versiones pequeñas.
Vaya – comenzó Jen – ya estamos aquí de nuevo.
Ajá – asintieron los pequeños Kazu y Kenta. Se miraron y gritaron - ¡¡¡NO LEVANTAS UN PALMOOOO!!!
No sois los únicos – respondió Takato – Jen, Rika, Ryo y Henry también están pequeñitos... me pregunto qué habrá pasado.
Creo saber de qué se trata – comenzó Ryo – ¿Recordáis lo que nos dijo Shibumi¿Lo de que cuando terminasen los cinco días el mundo digital comenzaría a degenerar? Pues bien, esos días deben de haber pasado y al volvernos pequeños, nosotros mismos debemos de estar degenerando: éste debe de ser el último día antes de la degeneración total del digimundo, de que todo vuelva a la nada – observó a todos: ninguno parecía haber comprendido.
¿Puedes explicarlo de una forma más... entendible? – pidió Rika.
Sí – suspiró Ryo – Que si no encontramos el Génesis antes de media noche, la cagaremos profundamente.
¡Ah! – exclamaron todos.
Me pregunto por qué este descerebrado – comenzó Rika, señalando a Ryo – puede comprenderlo y nosotros no.
Bueno, dentro de lo que cabe, yo soy más mayor que vosotros – sonrió Ryo.
¿¡Dónde está!? – exclamó Henry de repente - ¿¡Dónde está Alice!? – volvió a decir.
Hen... ry – musitó una voz bajo unas rocas.
¡Alice! – exclamó el pequeño Henry. Corrió hacia las rocas e intentó quitarlas de encima del cuerpo de la pequeña. Ryo corrió en su ayuda. Entre ambos, consiguieron su objetivo. Cuando habían recuperado a la pequeña Alice, Henry la estrechó contra su pecho e inquirió:
¿Estás bien?
Más o menos... – dijo la niña, débilmente – las rocas no me hicieron daño – Henry la cogió en brazos y la llevó junto a los demás, con Ryo a su lado por si Henry no pudiese con el peso de la niña.
¡Chicos! – exclamó una voz aguda. Provenía de detrás del jovencísimo grupo de tamers: eran sus digimons, que también habían vuelto a su estado más básico. Cada niño cogió a su digimon en brazos.
¡Qué mono! – exclamaba Jen. Todos apretaban a sus digimons con fuerza.
Ahora que lo pienso – comenzó Ryo un poco más tarde - ¿Qué habrá sido de Milleniunmon?
Es posible que él también haya degenerado – contestó Henry, mientras jugueteaba con las orejas de Gummymon.
Apoyo esa hipótesis – asintió Rika.
En ese caso, sólo hay que encontrar el Génesis y salir de aquí rápido – dijo Ryo.
¡Sí! – exclamaron todos sonrientes. De repente, hubo un gran estruendo. La tierra se movía. Cada uno se agarró a lo que más cerca tenía para no caer al suelo. El estruendo provenía de un gran grupo de rocas cercanas. De él, surgió una enorme figura.
¡¡¡MILLENIUNMON!!! – exclamaron, aterrorizados. Ahí estaba, su enemigo acérrimo, con toda su fuerza, sin haber degenerado absolutamente nada.
¿Creíais que os habíais librado de mí? – preguntó el enorme digimon.
No es posible... – murmuraba Ryo, con los ojos muy abiertos y el ceño fruncido.
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Nada... no se enciende – dijo Shibumi, observando el ordenador – El plazo de cinco días ha pasado... en el mundo digital ya han debido de comenzar los cambios... será cosa de tiempo que ocurra la fusión entre ambos mundos y que nos vayamos todos al garete.
O sea, que no lo han conseguido – dijo Shiuchon, temblando de arriba a abajo.
Shiuchon... – comenzó Makoto, observando a la niña de doce años. Ai también parecía tener miedo – Hermana... Mierda – el chico, sosteniendo su cabeza con ambas manos, comenzó a pensar "Todo va a terminar... no puedo dejar que ocurra... no quiero morir sin que ella no lo sepa" se levantó de su asiento y tomó a Shiuchon de la muñeca – Necesito hablar contigo, Shiuchon... ¿podemos ir afuera? – pidió a los adultos que allí estaban.
¡Es pel... – comenzó Yamaki.
Id – contestó Shibumi – Pero no os alejéis demasiado.
Gracias – sonrió Makoto. Shiuchon, algo extrañada, se levantó y siguió al joven al exterior. Antes de salir, no obstante, Makoto se volteó y guiñó un ojo a su hermana. Aquélla sonrió y murmuró "Buena suerte". Seguidamente, Makoto cerró la puerta. Él y Shiuchon caminaron hasta sentarse en las escaleras.
¿Ocurre algo, Makoto¿Estás bien?
Sí – asintió el joven – Lo único... que me hubiese gustado hacer esto en otras circunstancias y no con el mundo apunto de hacer "pof". Me hubiese gustado habértelo dicho en el parque, con el sol luciendo, los pájaros cantando... pero lo que no puedo hacer es acabar mis días sin confesártelo.
Eh... vale... pero ¿de qué se trata?
Shiuchon – comenzó Makoto, agachando la cabeza – tú me... no... yo te... ¡mierda! – exclamó. Levantó su cabeza y dijo, mirando fijamente a la chica - ¡Me gustas mucho! – exclamó al fin – Hala, ya lo he soltado. ¿Volvemos?
... – Shiuchon no decía nada. Súbitamente comenzó a reírse – me lo estaba imaginando – sonrió.
¿Qué?
Eso... lo que me has dicho...
Ah... y... ¿tienes algo que decir?
Sí – sonrió Shiuchon – Que tú también me gustas – dijo.
OO ... ¿¡EN SERIO!? - exclamó Makoto.
Ajá – asintió Shiuchon. Acercó sus labios a los de Makoto y los besó brevemente.
... guau – respondió Makoto, que seguía sin salir de su asombro.
¿También era el primero para ti? – preguntó Shiuchon. Makoto asintió con fuerza. Seguidamente le devolvió el beso a Shiuchon.
Ya me puedo morir tranquilo – sonrió Makoto – He conseguido gustar a alguien y besarle.
Makoto – comenzó Shiuchon - ¿Realmente crees que moriremos?
La cosa está chunga – admitió el chico.
Pues yo... aunque tengo miedo... ¡creo que debemos confiar en los demás!
¿De veras?
Sí – asintió la chica, sonriendo – Debemos confiar en ellos... – añadió – Prométeme una cosa, Makoto.
¿Cuál? – sonrió el chico.
Si salimos de ésta... ¡no nos separaremos nunca!
¿Te refieres a que... saldremos juntos? – preguntó el chico, con los ojos como platos.
Sí – asintió Shiuchon – Pero para siempre – añadió. Extendió su dedo meñique hacia Makoto - ¿de acuerdo, Mako-chan?
¡Sí! – exclamó Makoto, cogiendo con su meñique el de Shiuchon. Seguidamente se levantó y, alzando su cabeza hacia el techo, comenzó a exclamar - ¡¿Me oyes, maldito mundo¡Pues si lo haces, ni se te ocurra irte a la mierda¿entendido¡Shiuchon y yo tenemos que estar juntos¡¡¡Y NI TU DESTRUCCIÓN PODRÁ IMPEDIRLO PORQUE NO VAS A PETAAAAAAAAAR¡Ryo, chicos¡¡¡cargaos al imbécil que esté haciendo esto o tomaré cartas en el asunto!!!! – Shiuchon comenzó a reírse.
¡Qué gracioso! – exclamó. Makoto la observó y sonrió.
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¿Por qué no es posible, pequeño Ryo? – inquirió Milleniunmon.
¡Porque el Génesis no está¡Tú también deberías haber degenerado, como nosotros!
Es cierto que el Génesis no está... pero no tiene que ver con que yo siga igual. Todo lo que no está bajo la influencia de ese libro, degenera y viceversa... ¿comprendes¿O acaso tu mente de niño pequeño no posee suficientes neuronas? – Ryo se quedó quieto, tratando de pensar. De repente, exclamó:
¡Claro¡Ahora lo entiendo todo! El Génesis... ¡está dentro de su cuerpo! – todos observaron a Ryo, sorprendidos y luego observaron a Milleniunmon.
Así es... - comenzó el descomunal digimon – El Génesis está en mi cuerpo... y sólo lo recuperaréis si me destruís. Pero no podréis hacerlo: sois demasiado pequeños. De hecho, he de admitir que si no hubiesen pasado los cinco días y no hubieseis degenerado... habría sido vuestra victoria: Metaldobermon me tenía contra las cuerdas... ¡pero gracias a esto, el poder es mío!
... tiene razón – admitió Ryo – No hay nada que hacer – todos dirigieron su mirada hacia él, con rapidez.
¡No digas tonterías! – exclamó Rika – ¡Algo habrá que podamos hacer ¿no¡Seguro que hay algo!
Ya me dirás qué... no tenemos poderes... ni siquiera fuerza: somos demasiado pequeños – contestó Ryo. Tanto su porte como su voz eran los de una persona derrotada. Ninguno de los demás había visto así antes a Ryo. Rika se acercó a él y le miró con furia. Seguidamente...
¡¡Ay!!
Le había cruzado la cara de un tortazo
... Rika – dijo Ryo, mientras hacía un gesto de dolor.
¡Puede que no midamos ni un metro diez, pero seguimos teniendo fuerzas y valor¡Yo sigo siendo igual de fuerte¡Y si no te lo cargas tú, me lo cargo yo¡¿O es que acaso te has vuelto un blandengue?!
... gracias – murmuró Ryo, abrazando a Rika. A continuación, miró fijamente a Milleniunmon y dijo - No sé cómo... pero vamos a acabar contigo. Aún no es el final. ¿Y sabes por qué?
¿Por qué? – preguntó Milleniunmon en tono desafiante.
¡Porque yo me voy a casar con Rika y vamos a tener dos hijos preciosos¡Y símbolo de esa promesa es este anillo, que no ha degenerado¡Y si no hay mundo, no habrá boda y eso es algo que no pienso permitir! – sacó el anillo de su dedo y lo alzó - ¡Voy a luchar por esto! – con la otra mano cogió la muñeca de Rika y alzó su mano - ¡¡¡Y POR ELLA, QUE ES LO QUE MÁS AMO EN ESTE MUNDO¿ME ENTIENDES, SUCIO DIGIMON?!!!
¡Y yo – comenzó Rika – lucharé por él, porque yo también tengo un anillo! – lo alzó con la mano que tenía libre - ¡¡¡Y NO PODRÁS VENCERME, PORQUE TENGO FUERZAS DE SOBRA!!!
Milleniunmon – comenzó Henry – tú has hecho daño a Alice... ¡pero no vas a salirte con la tuya¡Voy a luchar por ella y por mis amigos!
¡¡¡TODOS TENEMOS ALGO POR LO QUÉ LUCHAR!!! – exclamó Takato – ¡NUESTRAS FAMILIAS, NUESTROS AMIGOS, NUESTROS DIGIMONS... LAS PERSONAS A LAS QUE AMAMOS!
¡Si queremos seguir con todos nuestros seres queridos– comenzó Jen – tenemos que salvar esta realidad... y vamos a hacerlo!
¡¡¡ESO MISMO!!! – exclamaron Kazu y Kenta.
Muy bien – comenzó Milleniunmon – y decidme ¿cómo vais a vencerme?
No lo sabemos – dijo Ryo - ¡Pero sabemos que lo conseguiremos! – soltó la mano de Rika y cogió su d-power - ¡Seguimos teniendo nuestro poder¡Todo nuestro poder está en estos dispositivos! – apuntó con su d-power a Milleniunmon - ¡Por Rika, por nuestro compromiso y para que no vuelvas a molestar a Cyberdramon!
¡Por Ryo, por mi madre, por mi abuela y por Renamon! – exclamó Rika, sacando también su dispositivo.
¡Por Jen, por mis padres y por Guilmon! – exclamó Takato.
¡Por Alice y por Terriermon! – exclamó Henry.
¡Por Henry y Dobermon! – exclamó Alice, casi sin fuerzas.
¡Por Takato, Leomon y por esta realidad! – exclamó Jen.
¡Por la Jenny y por Guardromon! – exclamó Kazu.
¡Por Aísha y por Marine Angemon! - finalizó Kenta. Todos habían alzado sus dispositivos... pero nada ocurría.
Muy bonito... pero no sirve de nada... – sonrió Milleniunmon.
¡Sí sirve! – exclamó Ryo - ¡Mientras tengamos algo por lo que luchar, algo que nos ilusione, algo que queramos... algo que de sentido a nuestras vidas... ¡¡¡TENDREMOS FUERZAS PARA CONSEGUIRLO¡Y NI TÚ NI NADIE PUEDE IMPEDIR ESO! – una luz surgió de cada d-power y se dirigió a Milleniunmon. Todo se iluminó. Milleniunmon, en medio de una carcajada, dijo:
¡No os sirve! – miró a los niños, sonriendo. Luego se miró a sí mismo - ¡No¡No es posible¡Estoy desapareciendo! – efectivamente: los datos de Milleniunmon se elevaban en el cielo y explotaban, para no volver jamás - ¡Malditos niños!
¡No has podido hacer nada con tu fuerza¡No te ha servido! - exclamó Ryo.
El equilibrio volverá al mundo digital tras esto... y yo no volveré jamás – dijo Milleniunmon – pero vosotros tendréis que hacer vuestro propio sacrificio – sólo quedaban los datos de su cabeza - ¡¡¡OS LO GARANTIZO!!! – los últimos datos se esfumaron totalmente: era el fin de Milleniunmon. Nada más haber desaparecido, algo brilló en el cielo: era el Génesis. Todos bajaron sus d-power y Ryo corrió a coger el libro antes de que cayese al suelo.
¡Lo hemos conseguido! – anunció - ¡Génesis, vuelve a donde te corresponde! – el Génesis desapareció de sus manos y echó a volar en dirección a la Biblioteca del digimundo - ¡Volvamos a casa!
Ryo... – comenzó Rika – Hay algo raro ¿no te das cuenta?
¿Qué?
Nada ha cambiado... seguimos siendo pequeños.
... es verdad.
Tamers Legendarios - dijo una voz de ultratumba: la misma que habían escuchado con anterioridad, mientras se veían a ellos mismo de pequeños.
¿Eh? – dijeron todos.
Soy el Guardián del Génesis. Ahora que éste ha vuelto a su lugar, todo volverá a la normalidad
¿Cuándo? – preguntó Ryo.
Como ya dijo Milleniunmon, deberéis hacer un sacrificio... para que el mundo vuelva a recomponerse
¿De qué se trata? – preguntó Takato.
Deberéis renunciar al poder de vuestra evolución
¡¿QUÉ?! – exclamaron todos.
El mundo digital ha gastado demasiada energía... sólo el poder que Calumon os dio puede recomponerlo. Además, no lo volveréis a necesitar nunca... puesto que ya no existe oscuridad en el mundo digital
Es... duro... – comenzó Ryo - ¿En qué nivel se quedarán los digimon?
No podrán ir más allá del nivel principiante
No está tan mal – dijo Rika.
Cyberdramon... – suspiró Ryo – No volveré a verlo...
Ni yo – suspiró la forma más básica de Renamon – Pero Ryo, él seguirá siendo el mismo de siempre...
Sí... supongo... ¿a ti te importa? – preguntó a su digimon.
No.
De acuerdo entonces... entreguemos el poder de la evolución.
Todos los d-power se alzaron en el aire. Paralelamente, en el mundo real, el d-power de Ai y Makoto y el de Shiuchon también se elevaron. Brillaron durante un medio minuto... y seguidamente volvieron a manos de sus poseedores.
A continuación, todo volvió a iluminarse de nuevo. En el mundo real, las conexiones se restablecían, en el digital, la oscuridad desaparecía totalmente para dejar paso al verdor de los campos, al esplendor de las montañas y al frescor de las aguas de los ríos. Los tamers fueron transportados a uno de esos campos... habían recuperado sus formas habituales: ya no eran niños. Una nueva luz se dispuso ante ellos... era...
¡Magnalumon! – exclamaron todos.
Exacto... yo soy el guardián del Génesis y la evolución de Calumon... yo hice que tuvieseis esos sueños, era para que recordaseis por qué teníais que luchar... pero ahora volveré a ser de nuevo el que era: el Calumon de siempre.
Ni siquiera me había dado cuenta de que te habías ido – admitió Jen.
No quise que te la dieses... en fin, antes de que mi poder se agote... gracias por todo – la luz se desvaneció... en su lugar apareció Calumon.
Calu... todo ha vuelto a la normalidad – sonrió.
Cyberdramon – seguía suspirando Ryo, observando a Monodramon – no volverás...
¡Ah, Ryo! – exclamó Calumon – De parte de Magnalumon, te envía su poder para que Monodramon pueda ser Cyberdramon.
¡¿QUÉ?! – sonrió Ryo - ¿En serio?
Sí – asintió – Toma – una luz se dirigió al d-power de Ryo. El chico, a continuación, apuntó con él a Monodramon que evolucionó a Cyberdramon.
¡Cyby! – exclamó Ryo. Renamon también sonrió – Un segundo... hey, pero esto no es justo... ¿y los demás?
En realidad, Calu, vuestro poder no se ha desvanecido, calu, calu... ¡sólo era una broma de Magnalumon¡Y Milleniunmon también creía que sería así!
¿Qué?
¡En realidad, simplemente no podréis fusionaros¡Pero sí evolucionar¡Magnalumon sólo os ha puesto a prueba! – exclamó Calumon. Todos se sonrieron.
¿Volvemos? – dijo Ryo, segundos más tarde. Todos asintieron.
Cuando volvieron al mundo real, fueron recibidos como héroes. En especial, Makoto parecía el más agradecido de todos y no paraba de exclamar "¡Juntos para siempre¡PARA SIEMPREEEE¡¡¡GRACIAS, TÍOOOOOS!!!"
No obstante, en seguida volvieron a sus casas donde les felicitaron, algunos entre lágrimas, como la madre de Rika; por su hazaña. Pero no se quedaron demasiado tiempo despiertos... tenían que recuperar todas sus fuerzas... o no podrían irse de juerga el día de nochevieja, es decir: la noche siguiente. Nada, ni siquiera el casi fin del mundo, había estropeado sus planes. Y al día siguiente todos estaban hasta arriba de energías para la gran juerga.
CONCLUIRÁ bwajaja!!!!!!!
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REVIEWS!!!!
