Autor: Hikari Nightroad Ryu
Fecha: 21 de febrero de 2010
Hora: 20.07 (realmente se me hizo complicado este capítulo)
Nota: Después de la primera división, escuchen la canción "Angelus" de Hitomi Shimatani.
CAPITULO FINAL
Todos se habían quedado en completo silencio, los ojos abiertos y la respiración detenida. Jamás, por su mente paso, que algo así terminaría por suceder.
Sesshoumaru corrió hacia su hermano y el pequeño Ian, Kagome logró reaccionar para correr y colocarse al lado de su cuñado, la mirada de todos se dirigió hacia el serio chico que apuntaba aún su arma hacia donde ahora yacía sin vida, el cuerpo de Naraku.
-¿Cómo diablos lo hiciste? – musitó admirado Bankotsu mientras se posaba a su lado y observaba la escena, todo había sido tan rápido que nadie creyó ver en él, semejante destreza. Eso solamente lo lograba una persona muy entrenada y que hubiera vivida situaciones semejantes; si lo analizaban, ese perfil no pegaba con el chico que habían conocido, tal parecía que él les debía muchas explicaciones.
-Es una larga historia – respondió con el rostro serio pero rápidamente lo cambio por uno alegre y sonriente, lo que sorprendió al chico a su lado, definitivamente era un tipo bastante raro.
-Señor, el joven Hakudoshin informó que se quedará con la chica herida, los médicos ya vienen en camino y el detective mencionó que en cuanto al reporte, sería mejor que lo hiciera usted ya que esto está fuera de lo que se habían imaginado – todos callaron sin comprender el por qué ese agente se refería a él con semejante respeto y con tanta información confidencial.
-Muy bien teniente, encárguese del resto – el chico asintió y comenzó a dar las instrucciones pertinentes. Sango se detuvo frente a él y lo encaro entre confundida y un tanto reticente, ahora se sentía traicionada y que había sido vilmente engañada.
-Creo que tenemos mucho tiempo para que nos cuentes – Miroku la observó y supo que no lo dejarían ir hasta que no les contará todo, aún a sabiendas de que saberlo les traería muchos problemas. Levó la mirada hacia su vieja amiga y sonrió al ver que ella también lo hacía. Tal vez, después de todo, ya era hora de tener amigos en quienes confiar como lo hacían ellos con él.
-Creo que por ahora lo importante es llevar a Inuyasha al hospital – en ese momento un grupo de hombres vestidos de blanco ingresaron a la zona, se quedaron en silencio al ver lo que había ocurrido, corrieron hasta el peliplateado que se hallaba sentado en el suelo, Ian aún se mantenía pegado a su torso y él no lo soltaba.
Aprovechando la situación, el cuerpo de paramédicos corrió hasta el chico y lo examinaron completamente, diagnosticando únicamente una herida en el brazo que fue donde la bala le pasó rozando, de ahí en más, estaba en perfectas condiciones pero para poder curarlo, debían de llevarlo a un área completamente limpia y libre de contraer alguna infección.
-Anda amor, suelta a tu padre – pedía Kagome mientras intentaba soltar al pequeño del chico, otro especialista le había indicado que debido a la manera en que Inuyasha lo había cubierto para protegerlo, él se encontraba en perfectas condiciones, que tal vez lo único que necesitaría serían unas charlas con el psicólogo para poder hacer que no lo traumara este episodio de su vida.
-Hijo, escúchame, ve con tu madre, ustedes vendrán de todas maneras conmigo al hospital – la chica alzó la vista al escuchar el tono de voz que había usado para dirigirse al infante, debía de aceptar que desde hacía casi siete meses había cambiado muchísimo, costaba reconocerlo del chico arrogante y orgulloso que había conocido.
-Pero…
-Tranquilo, verás todo, así estaremos todos juntos – el pequeño asintió ligeramente y soltó el agarre para dejar que su madre lo cargara, el chico se levantó y sacudió sus ropas sin evitar hacer una mueca de dolor, nunca antes su cuerpo se había resentido tanto por un dolor, podría ser porque no era únicamente por lo de su brazo sino porque mental y emocionalmente ya se había podido liberar.
-Miroku, te dejó el resto a ti – le pidió la joven Higurashi mientras acomodaba al pequeño entre sus brazos y se iba tras el menor de los Taisho y el cuerpo médico. El aludido sonrió y los observó alejarse, se giro para ver que más tenía que hacer antes de realmente decir que todo había terminado pero se topo con la mirada acusadora de todos. Se rió nerviosamente y desvió el rostro ligeramente para no verlos directamente, sabían cómo perturbarlo como nunca antes alguien lo había hecho, especialmente esa chica con los ojos castaños más hermosos que conocía.
-¡Bien! Les diré todo pero déjenme terminar con mi trabajo – pidió con resignación, era obvio que no se los quitaría de encima hasta que no les contará la historia completa y no es que le molestara hacerlo pero creía que existían cosas más importantes en ese momento. Por ejemplo, el sujeto que ahora yacía inmóvil a unos metros de ellos.
-Señor – posó la vista en el más joven de su equipo y adoptó nuevamente la imagen fría y seria que tuvo momentos antes.
-Llamen a la morgue para que venga por el cuerpo, en éste estado ya no se le puede juzgar por todo lo que hizo, así que esperaremos la confesión de la hermana y con eso cerraremos el caso – los hombres afirmaron antes las palabras de su líder y se retiraron, prontamente los policías forenses aparecieron, llevándose consigo el cuerpo.
-No esperaba que todo esto terminara así – comentó distraída Ayame mientras veía como las nubes se alejaban y dejaban el firmamento completamente despejado con la luna llena en su esplendor. La risa de Miroku atrajo nuevamente la atención de los que parecían estar perdidos ante todo lo acontecido.
-¿Y ahora cuál es el dichoso chiste? – musitó molesta por semejante interrupción, especialmente de él.
-No puedo creerlo que después de tantos años viviendo este tipo de cosas, aún te sorprendan los resultados – pero la risa volvió sin parar, se tuvo que sujetar el estómago, realmente esa chica podía decir las cosas más graciosas y fuera de lugar.
-Supongo que aún y a pesar de los años, espero que todo llegue a un final donde no hayan lastimados
-Sigues pidiendo mucho, especialmente en nuestro caso
-No está de más mantener la esperanza – y no lo era, sus pensamientos no estaban tan errados, tal vez por su corta estadía en ese puesto es que aún no veía todas las caras de esas situaciones pero sabía que con el tiempo y la dedicación suficiente, aprendería a hacerlo.
-Detective…
-Lo sé, no creí que así terminaría todo – comentó mientras veía como subían el cuerpo en el carro policial, parpadeo ligeramente para luego sacudir la cabeza y tomar nota. A su jefe realmente le gustaría saber que habían atrapado a semejante hombre.
-En cuanto al resto de las personas…
-Déjalo, él era nuestro único sospecho y lo atrapamos, así que todo quedo resuelto – el asistente lo observo sin comprender como es que todo ese asunto había terminado en cuestión de dos horas pero agradecía que el único muerto, hubiera sido el culpable de todo. Sonrió para sus adentros y apunto que tomaría un buen curso en el extranjero para especializarse, le caería muy bien a este pueblo tener gente como esa.
La cara de Inuyasha era digna de recordar, Sesshoumaru y Kagome evitaban el tener que reírse de cómo se encontraba el pobre chico y es que no era para menos. Ya al ingresar al hospital se le encontraron algunos otros golpes y raspones que una vieja y dedicada enfermera se apresuro en curar; sobraba decir que hasta las momias de Egipto podrían tenerle envidia.
-¡Maldita sea! ¡No se burlen!
-Oh hermanito, créeme que me encargaré que recuerdes este día
-Tú haces que recuerde cada día de mi maldita vida – bramó con rabia e intentando ver si de alguna manera, se deshacía de ese bendito vendaje y ver si aún sus pulmones recordaban como respirar.
-Lo sé y ahora lo haré más seguido – el chico bufó ante el comentario y optó por quedarse así, nada ganaba con pelear con él mismos ya que ni su "esposa" ni su adorado hermano le ayudarían con semejante trampa. Ambos rieron divertidos al ver semejante actitud por parte del joven Taisho.
-Creo que los dejare por ahora, iré a ver como siguió Rin – se despidió quedamente de antes y desapareció tras la puerta, Kagome se acercó a la ventana de la habitación y sonrió agradecida porque todo hubiera terminado para bien, esa situación le había enseñado a ser mucho más fuerte y valiente como nunca antes se hubiera imaginado. Tal vez todo había sido parte del designio para todos, ya que aunque algunos no estuvieran confirmados, muchos corazones se habían unido.
-¿En qué piensas? – le interrumpió el peliplateado que la veía curioso, ya que ella no era de las chicas pensativas sino más bien de las parlanchinas.
-Supongo que en lo mucho que cambiaron las cosas en los últimos ocho meses…
-¿Te arrepientes?
-Hasta cierto punto, porque no me hubiera gustado que Ian pasara por eso pero… creo que eso es parte del destino que todos teníamos que pasar – se sentó a su lado y le palmeó la mano con amor.
-Bueno, espero que ya pronto me saquen de aquí y así podamos recomenzar – la chica enarcó una ceja ante su comentario y lo miro expectante.
-¿Eso es alguna clase de declaración?
-No, lo que esperas que diga no será en un hospital y yo viéndome como el primo perdido de Tutankamon – bramó al darse cuenta nuevamente de la situación en la que se encontraba, odiaba verse de aquella manera y por más que había solicitado la ayuda de alguien, nadie se la había proveído, así que ya se había resignado.
-Por cierto… ¿Dónde está Ian? – inquirió el chico al ver a su pequeña replica caminando por la habitación como lo había estado, segundos antes. La chica abrió los ojos de la sorpresa y salió corriendo del cuarto como posesa, gritando el nombre de su hijo.
No muy lejos de ahí, Sesshoumaru iba con una enorme sonrisa en el rostro, muy raro de ver en él y es que minutos antes, había dejado a su sobrino en el área de cuidado para los niños de los pacientes del hospital. Sabía que tendría una gran pelea con su hermano cuando lo encontrarán pero es que no podía evitar, hacerlo sufrir, ya era parte de su relación y su personalidad.
-¿Y ahora?
-¿Por qué no se sientan en la sala y me dejan tomar agua tranquilamente? – preguntó Miroku, llegando casi al límite de su paciencia, miró letalmente a Ayame, quien brillaba por la ausencia de su ayuda. Ninguno se movió de su sitio y supo que tendría que tomarse le vaso en la sala para que lo dejarán respirar un poco más. Se sentó pesadamente en los sillones y observó el líquido en sus manos.
-Bien, pero júrenme que lo que les diga quedará entre nosotros, si alguien dice algo más, me aseguraré de callarlo para siempre – la mirada que les dedico a todos fue tan seria y fría que comprendieron que no podían abrir la boca, la amenaza iba en serio.
-Soy un agente encubierto de la DGSE, nací en Francia y debido al vínculo de mi padre con ellos, termine como uno más, estuve haciendo algunas misiones y resolviendo casos hasta que termine en Inglaterra hace como cinco años por un gran movimiento en un solo hombre…
-Ese hombre resulto ser Naraku – interrumpió Ayame, llamando la atención de todos, Kouga le hizo una mueca dubitativa pero por fin emitió la pregunta que deseaba.
-Soy una agente de la AISE – finalmente la duda estaba resulta pero no encontraban la conexión entre ambos si eran de diferentes entidades.
-Lo que nos mantiene unidos es que los actos que Naraku estaba cometiendo, no estaban afectado solo a Estados Unidos, también lo hacía con Europa, así que se designaron diferentes agentes para este caso de los países involucrados en el problema, por eso terminamos involucrándonos con el FBI y la CIA – depósito el vaso en la mesa y se levantó para recargarse en la pared y cruzarse de brazos, desde ahí, tenía mejor perspectiva de todos y sus reacciones.
-Le teníamos cargos serios que lo podrían haber llevado a cadena perpetua pero creo que es mejor como termino – la pelirroja se desperezó y nuevamente volvió a sonreír tal y como lo hubiera hecho días antes.
-Varios países le acusaron de narcotráfico de drogas, tráfico de armas militares, homicidios y venta ilegal de información a entidades peligrosas en diferentes naciones – él sonrió para sorpresa de todos y observó como el clima, a pesar de ser invierno, había mejorado bastante; ahora le daba el paso al verano.
-Supongo que si era mejor su muerte – comentó despreocupado Bankotsu, miró de reojo a Hakudoshin que se encontraba de lo más tranquilo leyendo el periódico.
-Y cambiando de tema… veo que te llevas bien con la hermana de Naraku – el albino regreso la vista hasta el pelinegro y mantuvo su misma postura seria y concentrada.
-Si es así o no, no es de tu incumbencia – volvió su mirada hasta el periódico y lo ignoró tan limpiamente que las carcajadas inundaron el lugar. Un comentario como ése, era el que hacía falta para que el lugar volviera a la calma y a la tranquilidad.
Todos sabían que a partir de ese momento las cosas cambiarían notablemente y para el bien de todos, ya suficiente sufrimiento habían tenido y estaban conscientes que años de muy buenos momentos vendrían ahora.
Tres meses después:
-¡Inuyasha! – el grito asustó a los pájaros que yacían tranquilamente en los árboles cercanos al rancho. El nombrado sintió un fuerte escalofríos por el cuerpo y optó por salir rápidamente de su cálido hogar para no ser parte de la furia implacable de su esposa.
-¿Qué habrá hecho esta vez? – preguntó curioso Shippou al anciano Tottosai que tallaba alguna imagen en el trozo de madera que tenía en la mano.
-Podría hacer una larga lista de las opciones pero mejor dejemos que sea la misma señora la que nos diga – sonrió para sus adentros y continuó con su entretenida labor, ahora que ya estaba viejo, todas sus labores se las había delegado una a una a su nuevo sucesor.
-¿Qué ocurre? – Kagura sorbió un poco de ese delicioso té frío y espero hasta que Kagome estuviera sentada, disfrutando del desayuno con ella. La observó de arriba abajo y sonrió abiertamente al ver como la pequeña había cambiando ligeramente en el último mes, se giró y notó como Ian jugaba entretenidamente con Souten y su hija Rin. La brisa fresca y reconfortante del verano.
-Ian, no corran lejos de aquí – se sentó en la silla y observó como corrían por entre las flores, tomó un sorbo de su limonada y descansó la espalda en la silla. Ambas rieron divertidas y se giraron al oír el bocinazo del carro de Sesshoumaru, Kagura alzó la mano a modo de saludo y le guiñó el ojo a su cuñada.
-Señora, le vino una carta – agradeció mudamente a Kaede y la abrió lentamente, leyó y no evito una estridente carcajada, llamando la atención de la mayor.
-¿Algo divertido que nos cuente Italia?
-Sí, al parecer, aún se está acostumbrando a vivir en una ciudad muy "civilizada" – soltó nuevamente una carcajada y depositó el papel sobre la mesa para que la otra chica pudiera tomarla y enterarse de la nueva vida que llevaban Ayame y Kouga. Todos habían estado de acuerdo en que lo mejor para los dos era estar en aquella ciudad y que de vez en cuando se visitaran para mantenerse al tanto de todo.
-Creo que al final, todos encontraron la felicidad, especialmente Sango
-Sí, nadie se hubiera imaginado que el chico que nos ayudo con la ubicación del secuestro fuera el hermano que creyó muerto – ambas sorbieron nuevamente y se quedaron algunos segundos en silencio hasta que finalmente rieron divertidas.
-Definitivamente todo en este mundo es un misterio… ¿Y has tenido alguna noticia de ellos?
-Uno que otro correo pero nada más, a lo que Sango cuenta, le va bien en su nuevo trabajo como directora de una escuela infantil y la relación bien, hasta que Miroku hace alguna que otra maña
-Creo que eso ya es parte de su encanto – nuevamente las risas hicieron acto de presencia y tuvieron que limpiarse las lágrimas. Todas estas nuevas situaciones les causaban gracia pero les alegraba enormemente el que todo hubiera terminado de aquella manera tan justa para los involucrados.
-A lo que escuche Hakudoshin viene de vez en cuando
-Sí, creo que encontró a su media naranja – le dio un mordiscó a su emparedado y no pudo evitar el gemir de alegría al saborearlo.
-¿Kanna? ¿Y por qué no le dice nada? – Kagome se levó de hombros y siguió comiendo tranquilamente.
-Él tiene más la forma de ser de los Taisho, un tanto meticuloso y cuidadoso pero también es impulsivo e imprudente… supongo que con ella quiere hacerlo bien
-Hablando de los Taisho, escuché que apenas en la mañana le gritabas – eso pareció traerle molestos recuerdos a la menor que ya apretaba los puños y cerraba los ojos intentando controlarse. No era bueno que tuviera ese tipo de sentimientos hacia el hombre que ahora era su esposo.
-Sí… el muy idiota me marco – Kagura levó la ceja y la miro curiosa, no comprendía realmente de donde venía la molestia que expresaba tan bien.
-No me importaría si hubiera sido pequeña pero… - se bajo el cuello de la blusa que llevaba y la chica abrió sorpresivamente los ojos, se tragó la risa y la observó fijamente; la marca en su cuello, más parecía una mordida pero eso no era lo peor de todo, ésta era ligeramente muy grande, demasiado para el gusto de la portadora y difícil de ocultar, salvo mantener el cuello de la blusa levantado.
-Si te soy sincera… no le veo el caso a que te molestes con él por eso
-¿A qué te refieres?
-Digamos que… esa es la marca de los Taisho
-¿Disculpa?
-Lo que quiero decir es que Inuyasha no es el único que lo hace y según me contó alguna vez Izayoi… Inu no también lo hacía – terminó su té y se acomodó mucho mejor en la silla, aprovechando la sombra que la sombrilla en la mesa les ofrecía a esas horas de la mañana.
-¡Ay no! Eso quiere decir que esto será siempre
-No seas tan dramática, porque no creo que no te haya gustado – la menor casi se atragantó ante el comentario de la chica y tosió ligeramente, tomó aire profundamente y jugó con el líquido. Hizo una mueca con el rostro y sus mejillas se sonrojaron.
-No puedo creer que Sesshoumaru haga eso
-Créeme, hay muchas cosas que no saben ni se imaginan de él
-¿Tan misterioso es?
-Bastante pero disfruto de ese misticismo en él – la chica parecía tan tranquila y relajada cuando hablaba de su esposo que realmente se comprendía el estado en el que se encontraba, su amor parecía desbordar su cuerpo.
-¿Y cuál es el motivo para que quiera vivir aquí nuevamente? – desde hacía unos días tenía la duda puesta en la punta de la lengua pero no había encontrado el momento propicio para hacerla, hasta ahora.
-Supongo que ahora que el rancho quedo solo porque mi cuñado esta contigo, quiere hacerse cargo, además, aunque no lo acepte en público, la vida aquí siempre le gustó; se hará cargo del rancho como su hermano y dejarán a sus padres descansar y disfrutar de la vida que aún les queda, sufrieron mucho para llegar a esto, se merecen lo que tienen – Kagome sabía muy bien de que hablaba, ahora que sus suegros vivían de un lado para otro en sus viajes, tenía que haber alguien estable, cuidando de lo que tanto tiempo los hizo sufrir pero que al mismo tiempo, les dio las cosas tan maravillosas que ahora tenían y no estaba hablando de lo material, sino del fuerte lazo entre él y su esposa.
-El embarazo te está sentando bien – comentó Kagome mientras pedía más bocadillos a Kaede que había llegado para llenar los vasos.
-No soy la única, a ti ni se te nota todavía
-Bueno, en cuatro meses no notas nada
-Tampoco en dos, así que no pidas mucho – se rieron divertidas y giraron a ver los a los niños que venían gritando por algo que yacía entre sus manitas. Se levantaron lentamente para bajar de la terraza hacia el jardín y así compartir un poco más de tiempo con ellos.
-Creo que al final, todo salió muy bien – comentó Myoga a la anciana que ahora veía por la ventana de la cocina como las mamás corrían tratando de hacer que sus hijos soltaran a las lagartijas.
-Sí, las pruebas más duras tienen las mejores recompensas
-Te levantaste bastante filosófica hoy – el sartenazo retumbó por toda la cocina.
-Sigue con tus chistecitos y comerás pasto con las vacas
-Pero que resentida mujer… - se sobó el brazo y observó tal y como lo hiciera Kaede momentos antes. Sonrió y levó la mirada al cielo, agradeciendo que todo hubiera terminado para el beneficio de todos. Ahora que el destino había actuado, ya solo era cuestión de que ellos, terminarán de hacer el trabajo por el resto de sus vidas. Al final, todos los deseos bien intencionados, tenían su recompensa, así como los corazones puros siempre obtenían los mejores frutos de la temporada.
-Supongo que éste es el mejor final – comentó Tottosai entrando en el lugar, ambos ancianos se rieron quedamente y finalmente Kaede negó para seguir preparando los bocadillos.
-Yo más bien diría que éste es solo el principio de un largo camino…
EL FIN
Finalmente y luego de cuatro largos años… esta historia ha llegado a su final… Ahhh que triste que me siento, le había estado dando vueltas al asunto para darles el final que merecían todos y creo que me ha quedado muy bien. Es el primer proyecto que termino desde que comencé a escribir en , no es mi primera historia pero no negaré que le tome mucho cariño y escribir la última frase fue realmente difícil.
Quiero agradecer a todos aquellos que estuvieron siempre al tanto de esta historia, ya sea desde el inicio y después. Les agradezco infinitamente su apoyo, sus comentarios y la paciencia que tuvieron para conmigo ya que no negaré que hubo temporadas en las que tarde una infinidad en actualizar. A mi prima, por estar siempre conmigo, a lo largo de todos estos años y dandome su apoyo incondicional. A mi novio, que al inicio de ésto fuera solo mi mejor amigo y ahora la mitad que me hacía fallta. Los amo a los dos. ¡Muchas gracias chicos!
Besos y abrazos para todos. Espero poder leerlos en mis otras historias. El haber visto tanto reviews me hizo sentir muy feliz porque es para ustedes, para su deleite imaginario que me dedico a hacer estas cosas y no hay mejor pago, que el haberlos hecho disfrutar por unos minutos.
Nos vemos en la siguiente historia que continue. Ja ne!!!!
