Capítulo 28

Juntos.

Después de media hora de preparaciones. Tsuna y Karissa salen para dirigirse a donde se realizaría la boda. Ya estaban más tranquilas, porque ya habían sido liberadas por las doncellas que se ocupaban de su apariencia física.

La muchacha de Reim tenía parte del pelo de ambos lados, atados en una trenza que se unía por atrás. Su pelo estaba más sedoso y brillante, además dicha trenza estaba adornada con pequeñas flores blancas. En cambio, la de Kouga tenía recogido el cabello en una cola de caballo bien alta. Esta estaba amarrada por un lazo del mismo color del vestido que formaba un gran moño muy largo. A un lado, en el que siempre tiene una trenza, tenía muchas más pequeñas. Ambas caminaron unos metros hasta encontrarse con la multitud. No solo había venido la realeza, si no los mismos ciudadanos de Balbadd. A quienes Alibaba apreciaba como su familia.

Habían varias sillas desplegadas en el jardín, luego, al frente de todo se encontraba el maestro de ceremonias. Vestido en ropas cremas y blancas, parado ante todos con un par de lentes y un pequeño libro marrón. Los invitados comenzaban a sentarse. En los primeros asientos estaban Aladdín, Sphintus y Zeth, entre ellos estaban dos asientos vacíos. Cuando ambos divisaron a las muchachas se les quedaron viendo. Y tardaron algo en reaccionar... cuando se recuperaron les dijeron que esos dos asientos eran para ellas. Estaba el magi, a su lado la maga, le seguía la muchacha y al lado el de Heliohapt.

― ¿Qué es eso? ―preguntó la de ojos turquesas señalando una pequeña caja.

El mago de la creación, quien tenía el cofre en su regazo, lo abrió.

―Los anillos ―dijo sonriendo.

―Impresionante ―dijo la de ojos verdes― pero... para ser para un rey y su esposa no son demasiado lujosos.

― ¿Tú qué sabes? ―acotó el pequeño fanalis.

―Lo importante no es los lujos que tengan, si no los sentimientos que pones en ellos.

Ella arqueó la ceja.

―Mira ―tomó uno de ellos y se lo tendió― lee lo que dice dentro...

"Te protegeré pase lo que pase, siempre estaré a tu lado."

La muchacha abrió sus ojos del asombro.

―Y-yo no sabía... dije una tontería, lo siento...

―No te preocupes ―la consoló sonriendo.

―Es muy tierno lo que dice ―comentó la de Kouga animada― ¿Quién fue a quien se le ocurrió? Apuesto que fueron los dos...

―Acertaste ―le respondió.

―Son más profundos de lo que pensaba ―agregó Sphintus sonriendo y cruzándose de brazos.

El de Alma Toran estaba por guardar el anillo cuando alguien pasa y choca su silla. El objeto que estaba por guardar se le resbaló de las manos. Pero, lo atrapó a tiempo...

―Mejor guárdalo ―le dijo su amigo― no vaya a ser que nos metemos en un buen lio.

Este se rio e hizo lo que le propuso. Hecho un suspiro de alivio y cerró la pequeña caja con fuerza. Al momento se oyeron campanas y Alibaba caminó hasta donde el ministro. Él estaba vertido con sus ropas reales. Una inmensa corona bordó y dorada en su cabeza. Ropajes de colores rojizos, negros, blancos y dorados u amarillos. En su mano llevaba el cetro real de Balbadd.

Se paró viendo a todos y se pudo ver el nerviosismo y ansiedad en su cara. El de ojos zafiro le hizo señas y caras graciosas para que se calmara. Esto llamó la atención de quienes estaban a su lado que se tentaban de igual manera a reírse. Aunque fueron interrumpidos cuando todos se pusieron de pie. Dos sirvientes tomaron el bastón de su alteza y se retiraron. Esto daba comienzo a la ceremonia.

Se escuchaba una suave música y Morgiana fue avanzando lentamente debido a sus nervios. Todos miraban y sonreían, llevaba su hermoso ramo en las manos y un velo cubriendo su rostro. A su lado estaba Masrur, quien la acompañaba al altar. Cuando llegó a destino, se paró al lado de su prometido y ambos vieron al anciano de lentes. Quien tosió un poco y abrió su libro, marcó la página con un lazo rojo y comenzó a relatar.

―Damas y caballeros, hoy reunidos en esta feliz ocasión ―hizo una pausa― presenciaremos el matrimonio de estos dos jóvenes, Alibaba y Morgiana...

Ahí comenzó la ceremonia y ambos se miraron sonriendo ligeramente cada tanto. El canto de los pájaros acompañaba el momento. El dulce aroma de las rosas cautivaba a los espectadores, quienes presenciaban la unión de esos dos jóvenes. Prácticamente eran el centro de la atención, mejor dicho, literalmente lo eran. Esto aterraba más al rey de Balbadd que a la fanalis ―aunque debería ser al revés―. Este sudaba a montones y las piernas le temblaban. En cambio, al observar a su novia, no parecía tener los mismos síntomas. Si no que tenía una cara de susto, que se reflejaba en sus ojos.

Por ello él se acercó un poco sin llamar la atención y sostuvo su mano fuertemente. Ella lo miró y este le sonrió y se calmó.

―Falta poco ―le susurró sin que el ministro lo notara.

Al rato es viejo hombre solicitó los anillos... entonces Aladdín se paró y se dirigió a donde ellos estaban. Los miró a ambos y les sonrió de oreja a oreja, feliz por el futuro matrimonio. Entonces cada uno tomó el anillo del otro, el joven de ojos zafiro cerró la caja y susurró:

―Suerte ―tomó asiento nuevamente.

Se podía ver que simples eran esas dos pequeñas joyas de oro, de apariencia delgada y frágil. Al tacto estaban frías, pero el calor de las manos de los amados revirtió aquello.

―Ponerse los anillos, por favor ―dijo el hombre cerrando los ojos.

Se miraron el muchacho le colocó el anillo mientras decía:

―Juro protegerte de quien quiera hacerte daño, nunca me alejaré de tu lado... eres la persona con la que quiero pasar el resto de mis días...

Luego la muchacha prosiguió a ponerle el anillo increíblemente sonrojada.

―Y-yo te seguiré a donde sea que vallas y te apoyaré sea cual sea tu decisión. Eres la persona que cambió mi vida completamente, la persona a la que llegué a amar y cuidar...

Ambos se sonrieron y el maestro de ceremonias continuó hablando:

―Rey Alibaba Saluja, promete amar y respetar a Morgiana. En la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad, en las buenas y en las malas... hasta que la muerte los separe...

―Acepto ―dijo con seguridad.

― ¿Y usted, Morgiana-sama?

―Acepto ―repitió.

El muchacho quitó el velo del rostro de la joven y la miró a los ojos.

―Ahora los declaro marido y mujer ―dijo en un suspiro― puede besar a la novia ―agregó reparando en el joven.

Apenas se oyeron esas palabras todo el mundo celebró. Lanzaron al aire pétalos de rosas, que bailaron en la brisa por unos preciosos momentos. Nuevamente el dulce aroma de estas flores inundó intensamente el lugar haciendo más bello ese momento. Además de eso, se oían instrumentos que tocaban al compás de la aclamación del público presente. Las palomas, en su mayoría blancas, revoloteaban por el lugar. Desprendiendo cada tanto sus plumas llenas de blancura.

Ambos observaron su alrededor desbordante de alegría, luego se miraron sonrojados y sonrieron. Tomados de las manos, se acercaron el uno al otro lentamente...

―Prometo estar a tu lado toda la vida ―le susurró él.

―Y yo te seguiré a donde sea ―respondió sonriendo levemente.

Y...

Se dieron un dulce y breve beso...

― ¡Al fin Alibaba, Morgiana! ―exclamaba Sharrkan.

Por ese mágico instante cerraron sus ojos y fueron las personas más felices del universo. Fue como si el tiempo se detuviera y fueran las únicas personas en el mundo.

Todos gritaban eufóricos, sonreían y silbaban observando a la feliz pareja. Cuando se separaron, se contemplaron unos instantes. Luego Mor alzó a Alibaba y este se sonrojó aún más que antes. Sus amigos rieron con aquella escena, se suponía que fuese a la inversa. Pero se trataba de ellos y no era una sorpresa, se les acercaron para felicitarlos. En eso, el muchacho se libera y toma a su esposa en sus brazos. Lo que a ella le causo inmenso asombro.

―Nunca lo habías hecho ―dijo sorprendida.

Su amigo más cercano, Aladdín, se acercó soltando una pequeña risa.

― ¡Felicidades Alibaba-kun, Mor-san! ¡Espero que estén juntos para toda la vida! ¡Miren! ―alzó su báculo.

De repente el rukh comenzó a hacerse visible ante las personas normales. La gente estaba maravillada del resplandor de estos que merodeaban por allí con felicidad.

―Miren lo alegre que está el rukh, estoy seguro de que ―sonrió― ¡Su matrimonio será maravilloso!

La feliz pareja agradeció aquello por parte de la persona más cercana a ellos.

―M-Morgiana... pe-pesas ―comentó.

―Qué raro, tú no pesas nada...

―Eso es porque eres muy fuerte Mor-san ―justificó el magi muy alegre.

―Pero estoy muy feliz ―le dijo ella sonriendo.

Entonces el joven rey puso su frente sobre la de ella y cerró sus ojos.

―Es un nuevo comienzo ―le dijo.

―Uno muy emocionante ―agregó la muchacha.

Después él se vio obligado a bajarla, la fanalis se colocó a su lado y saludaron a todos con la mano.

―Alibaba ―exclamó su maestro de Heliohapt― la pregunta de ahora es...

Lo miraron esperando que continuara.

―Ya que están casados... ¿cuándo vendrán los niños? ―preguntó pícaramente.

―MAESTRO ―le gritó.

―Vamos... ―puso su codo en el hombro del muchacho― quiero entrenar a tus pequeños, si sale alguno con la fuerza de tu esposa ―hizo una pausa― Masrur puede entrenarlo.

―No tengo problema ―acotó el fanalis sin mostrar expresión alguna en su rostro.

―BASTA ―gritó el rey sonrojado, al igual que su novia.

Todo era un maravilloso sueño, del que no querían despertar. Era un gran paso que daban en el camino de sus vidas.


N/A

¡Y AHORA SON MARIDO Y MUJER! Morgiana Saluja y Alibaba Saluja (oigan, suena bien eso 7u7)

¡Espero que hayan disfrutado al máximo este capítulo!

PD: Como sé su ansiedad por el cap, publiqué antes XD

¡Los veo la próxima!

Noami-chan