..^ ^..* .._ cras manae _..* *..^ ^..

El día despuntaba cuando logró dormirse. Había intentado descansar como les había recomendado Hanagata, pero había sido imposible.

Nunca antes se había sentido tan acorralado e indefenso como durante esa noche. La celda era deprimente, pequeña y agobiante. El camastro, porque eso no era una cama apenas si era un triste almohadón de paja sobre una superficie de cemento, era duro e incómodo.

Poco después de volver a estar encerrados de nuevo había empezado a sentir frío y esa sensación se había intensificado con el paso de las horas, dejándole agarrotado y sintiéndose casi enfermo.

Habían usado el morse para comunicarse de nuevo, pero qué podían decirse: un estás bien, un mantente alerta, un intenta descansar y finalmente un te quiero. Nada de lo que dijeran iba a ayudarles mucho en esa situación.

Había sentido el nerviosismo crecer en su interior sin tener modo de aplacarlo.

Se había sentido mil veces mejor en esa extraña casa de Anna al otro lado del planeta llena de los fieles guardaespaldas de uno de los jefes de la mafia Japonesa armados hasta los dientes que encerrado allí solo. Y sabía el motivo, allí había podido ver sus ojos cuando le había faltado el valor, había oído su voz, y en la habitación de la torre, cuando el infierno acabó desatándose en el piso de abajo, había podido tocarle, olerle. Pero esa noche le faltaba él, y por ello le faltaba todo.

Sabía que le amaba, siempre lo había sabido pero esa horrible noche había constatado con una fuerza cruel que se sentía perdido, inútil, indefenso, y su vida perdía sentido sin él. Un sentimiento poderoso y aterrador en partes iguales.

A pesar de tenerle en la celda de al lado, no saber cuando les iban a separar e intentar manipular o hasta qué punto agredir… le había mantenido al borde del colapso durante largas horas de angustia y frío, mucho frío.

Desde que supo a que tipo de locura se enfrentaban supo que a esos cabrones no les sería fácil doblegarles, pero no estaba seguro de cómo acabarían ellos al final. ¿Afectaría todo eso a su relación? Seguro que sí, pero ¿Cómo? Y ¿Lograrían superarlo? Eso sí le daba terror.

En Barcelona también había tenido miedo, pero por alguna estúpida razón saber que detrás de todo ese embrollo estaba Akira le había calmado. Se había enfadado consigo mismo porque eso ocurriera, porque evidentemente enfrentarse a la Yakuza era algo peligrosísimo y con lo que sabía de Akira no había muchas garantías de nada en sus promesas o planes. Pero aún así… esa rocambolesca operación había sido menos dura que esa horrible noche de espera, el no saber….

Sabía que solo con abrazarse a él todos esos temores disminuirían, pero estaba solo entre esas cuatro paredes y por más que intentaba recordar que él estaba al otro lado de esa fina pared, probablemente igual de asustado y alterado, no podía dejar de sentirse cada vez más solo.

Durante todo el rato habían llegado, aturdidos por el viento y la distancia, todo tipo de ruidos extraños. Pasos apresurados y gritos.

Los ruidos no habían empezado hasta que llevaban un rato en las celdas. Pero habían sido claros indicios que lo que había apartado a Sam de su mesa era algo importante. Y eso era otro motivo más para no poder dormir a pesar de las advertencias de que necesitarían las fuerzas durante el día siguiente.

De pronto los ruidos se habían incrementado, seguían llegando de lejos, no se acercaban a las celdas, pero cada vez había más hombres movilizados.

Cuando estaba a punto de preguntar en morse si él también lo había oído todo el alboroto había cesado. Y durante media hora o así todo se había sumido en un intenso silencio. No fue difícil identificarlo, era:

"La calma antes de la tormenta" habían dicho elocuentemente los ruidos en morse desde el otro lado de la pared. Él también lo había oído e identificado.

Hasta que de repente el silencio había sido roto de forma brutal por infinidad de disparos y más y peores gritos.

¿Estaban siendo atacados, los guardias de Samson estaban llevando a cabo un macabro simulacro o era todo parte del plan de Sam para desbaratar su sano juicio?

Era imposible de saber. Pero el retumbar de las armas de fuego unido a los gritos de hombres en tono de urgencia y ultimátum no habían ayudado nada a templar sus nervios.

Había sido imposible no pensar en ideas como el infierno desatándose en la tierra, o la batalla antes del juicio final, con esos sonidos atronadores llegando sin cesar. Todas las historias de batallas entre el cielo y la tierra, entre demonios y monstruos, entre seres mitológicos y hombres y todas las leyendas de guerras y batallas habían aparecido delante de sus ojos, como una película de serie b, llenando la terrible oscuridad de aún más terribles y aterradores pensamientos.

Luego de repente todo ruido había cesado repentinamente y por unos angustiosos instantes el silencio había sido más difícil de sobrellevar todavía que el ruido de una guerra extraña desencadenándose a unos metros de sus celdas.

Era imposible saber qué había sucedido. El guardia de sus puertas seguía en su sitio, podía ver su sombra por la rendija de luz de la puerta. Habían intentado preguntarle qué sucedía antes de los disparos, pero solo habían logrado una amenaza bastante aterradora que les había silenciado a ambos y les había ciertamente prevenido de volver a intentar preguntar nada. Pero por extraño que parezca la presencia inmutable del guardia era en cierta medida tranquilizadora.

Poco a poco se habían vuelto a sentir pasos a lo lejos, seguramente los hombres de Sam reagrupándose. Parecían contentos, pues una hora más tarde se habían oído algunos cánticos y entonces alguien más había llegado cerca de las celdas. No había hablado lo suficientemente alto como para saber que le había dicho al guardia, pero por el olor le había traído comida.

Los ruidos se habían ido apagando con el paso de la últimas horas de la noche y madrugada. Dando la apariencia que el nuevo día a punto de llegar no mostraría señal alguna del infierno desatado durante la noche entre esos campos de arroz.

Finalmente el día despuntaba cuando había logrado dormirse, agotado cayó en un pesado sueño intranquilo, y por eso tenía la sensación de que apenas se acababa de dormir cuando la puerta de su celda abriéndose de golpe le despertó.

La luz de fuera era intensa, por lo que era evidente que como mínimo hacía ya unas horas que era de día.

Se asustó, su mente estaba adormilada y cansada, no procesaba la información lo suficientemente rápido: la luz, las voces extrañas al otro lado de la puerta… pero entonces distinguió la de él entre todas las demás.

Antes de darse cuenta de nada más ya le tenía encima abrazándole como si hubiera estado a punto de perderle para siempre. Y así mismo, con ese sentimiento de no querer soltarle jamás, se agarró a él en respuesta.

¿Qué más daba que les vieran lo hombres de Samson así abrazados? Les iban a machacar igual les hubieran visto o no y él necesitaba tanto sentirle de nuevo a su lado.

-¿Estás bien? Por favor dime que estás bien, que no te hicieron nada… que…-fue el tono de su voz lo que despertó su cerebro de golpe.

Se apartó para poder verle a los ojos, esos enormes ojos avellana que tanto había añorado durante esa fría y oscura noche de terror, y susurró:

-No claro que no… estoy perfectamente Hanamichi. ¿Por qué? ¿Te han hecho algo a ti?- preguntó a su vez algo alarmado.

-No- dijo Hanamichi abrazándolo de nuevo, esta vez sin tanta angustia, solo con dulzura.

-Pero te he estado llamando, y no contestabas y…- susurró con voz grave y entrecortada en su espalda todavía sin soltarle, emocionado, todavía asustado.

-Solo dormía, me he pasado la noche despierto y supongo que me he dormido hace poco, lo siento- confesó medio avergonzado.

-Kitsune idiota- oyó en su espalda de nuevo, seguido de un suspiro de alivio que inexplicablemente fue como si a él también le quitara un gran peso de encima.

Poco después un carraspeo desde la puerta les recordaba que no estaban solos.

Tras un leve beso en los labios Hanamichi se separó de él, se levantó resuelto del camastro y le tenido la mano a Kaede para que se levantara también.

Así cogidos de la mano salieron a la luz, donde un grupo de hombres vestidos de militares les aplaudían mientras un hombre muy corpulento y algo fondón intentaba hacerles callar con la voz más grabe que nunca antes habían oído.

-Ya está. Ha terminado- dijo Hanagata desde su derecha con una inmensa sonrisa pintada en su rostro, por más que bajo sus ojos lucía unas profundas ojeras y todo su cuerpo daba señales de cansancio.

-Kaede, este es el capitán Fukuoka, a quien teníamos que ir a ver esta tarde- le dijo Hanamichi señalando al hombretón de imponente voz.

-¿Está usted bien, señor Rukawa?- preguntó con evidente preocupación el capitán.

Los aplausos habían cesado y ahora el grupo de hombres armados, presumiblemente agentes de policía, hablaban entre ellos animadamente, todos parecían cansados, como Hanagata, pero en sus rostros brillaban sonrisas de satisfacción.

-Siento muchísimo que se hayan visto envueltos en todo esto- continuó el capitán haciendo una gran reverencia, que por las caras de sorpresa de los agentes no era nada habitual en ese hombre.

-Bien está lo que bien acaba capitán- dijo Hanamichi incomodo por la situación. –Además- añadió –Sam dijo que hacía meses que nos seguía la pista, tarde o temprano habría ido a por mí de todos modos.

-Lo sabemos, pero contábamos en poder protegerles de él, como habíamos hecho hasta ahora. Pero les hemos fallado y lo lamento mucho.- Siguió diciendo el capitán.

Entonces Kaede y Hanamichi se dieron cuanta que todos les miraban seriamente.

-Fue nuestro error. En nombre del cuerpo de policía y de mis hombres les pido las mas sinceras disculpas- dijo de nuevo haciendo una reverencia, que esta vez fue secundada por la totalidad de los agentes, incluido Hanagata.

-Fue error mío. Debí estar más atento, si os hubiera visto en el aeropuerto antes de embarcar habría podido llamar al capitán antes de…

-Señores, por favor- dijo Hanamichi dando un paso al frente, pero sin soltar la mano de Kaede. –Creo que hablo en nombre de ambos- dijo mirando un instante a los ojos azules de su lado y sonriendo un poco –si digo que no les culpamos de nada. Ustedes nos han sacado de ésta, y han estado velando por nuestra seguridad antes incluso de nosotros saber que estábamos en peligro. Estamos en deuda con usted capitán y con sus hombres.

-Os dije que no os culparían- dijo una voz desde el fondo del grupo de hombres. Todos se giraron para ver quien había osado decir tal cosa en un momento así, y entonces les vieron a los dos.

-¿Jun?- exclamó Kaede, sintiendo un profundo sentimiento de deuda y de alivio al reconocerle entre esos hombres.

-¡Akira!- exclamó a su vez Hanamichi corriendo hacia ellos, todavía sin soltar la mano de Kaede, por lo que lo arrastró por entre el grupo de hombres que se apartaron apresurados abriendo paso para ellos.

-Hanamichi, Kaede, es bueno veros de nuevo- dijo Akira.

-Aki…- murmuró Kaede haciendo una leve reverencia haca su antiguo amigo mientras veía como Hanamichi expresivo como siempre le rodeaba con el brazo libre en un abrazo espontáneo y fraternal.

-Gracias por cumplir tu palabra- murmuró Hanamichi en el oído de Akira antes de separarse de él.

Entonces Hanagata que se había acercado por detrás de ellos dijo:

-Jun, el capitán quiere que acabemos con esto cuanto antes para poder empezar las interrogaciones de los que hemos pillado aquí. Vamos a tener unos días muy ajetreados, con todo esto y lo de…

Hanagata no terminó la frase, pero no hizo falta.

-Sí. Vamos- dijo Jun.

-Pero…- empezó a decir Rukawa

-Será rápido, lo prometo- le cortó Akira. -Un último favor. Por favor. Pero necesito que…

-Sendoh, por favor, cállese.- le dijeron ambos Hanagata y Jun.

Se hizo un incomodo silencio y ambos policías les indicaron a los tres que les siguieran. Pero Hanamichi y Kaede no dieron un paso y por eso Hanagatá dijo:

-De camino a la ciudad pararemos… tenemos que parar en el despacho de su abogado, será rápido, y luego podrán cambiarse, ducharse y aplazaremos sus declaraciones un par de días, para que descansen y…

-Está bien- dijo Hanamichi con tono cansado.

Y sin soltar la mano de Kaede ambos se pusieron a andar detrás de los policías. Fue entonces cuando se dieron cuanta de que Akira iba esposado a Jun.


Grissina: Shadir preciosa!!! Este va para ti!! No me había olvidado de ti lo prometo, pero como tu si me firmas los reviews y puedo respondertelos... anyway, this one's for you my dear!

Y los demàs... a què esperais para comentar? come on! no es tanto trabajo, y a esta autora le da un subidon de energia con cada review y la neurona se le activa, y la creatividad se le dispara y las ideas empiezan a asomar por todos lados y con suerte logra capturar algunas y transformarlas en algo como lo que estais leyendo! Ayudadme a mejorar esa transformación!! Provocad mi neurona!! Teneis el poder de iluminarme en vuestras manos!! Usadlo!! Please!! XD

PS: ¿No habeis notado lo feliz que puedo estar solo por haber visto la Aurora Boreal? ¡Imaginad como me pongo con vuestros reviews! (¡Y el efecto es el mismo tanto si acabo de subir el capitulo como si hace meses de ello!)