Disclaimer: Harry Potter, junto a todo el Potterverso, es propiedad de J.K.R.


Hugo prácticamente tuvo que empujar a su hermana dentro del comedor. La chica estaba petrificada en la entrada, con una expresión en su rostro, que daba a entender que, a otro lado del marco de la puerta, le esperaba sus padres, con una guillotina.

—Vamos, Rose, entra —gruñó Hugo, colocando sus manos sobre los hombros de la pelirroja, y conduciéndola dentro de la sala.

—¡Y-ya voy! —chilló Rose, con voz aguda. Sus padres levantaron la cabeza, sorprendidos por el chillido de su hija mayor.

—¿Te pasa algo, Rose? —preguntó Hermione Weasley a su hija.

—Nada, mamá —respondió Rose, sentándose en su sitio, e intentando permanecer indiferente. Fracasaba con creces.

Los padres de los dos hermanos, cambiaron miradas preocupadas, mas no dijeron nada.

La familia de los cuatro miembros empezó a cenar. Los padres comenzaron a interrogar a sus hijos sobre asuntos de la escuela, sobre los estudios, las amistades, los profesores, los deberes, los exámenes...

—Por cierto, Hugo —dijo Hermione, mirando a su hijo—. Tu tía Ginny me ha mencionado que las notas de Lily, respecto a Transformaciones, han subido bastante. Si sigue así, seguramente te daremos el permiso para las clases de animagia.

—¡Genial! —exclamó Hugo.

—Por cierto, hijo —dijo su padre, poniendo una extraña sonrisa—. Tu madre y yo nos hemos enterado que hay una chica especial en tu vida.

Hugo sintió que su rostro se calentaba a límites insospechados.

—Eh... sí —respondió Hugo—. Se llama Marina, y es mi novia.

—¿Y desde cuando estáis juntos? —preguntó su madre, poniendo la misma sonrisa traviesa que su padre.

—Desde octubre... —Rose intentaba no reírse—. ¡Rose también tiene novio!

—¡Hugo! —exclamó su hermana, abandonando la risa.

—¿Qué? —exclamaron los padres, Hermione con sorpresa y Ron con enfado.

—Yo esto... gracias, hermanito —susurró la pelirroja, con rabia.

—De nada —replicó Hugo, sonriendo con inocencia.

—¿Con quién estas saliendo? —gruñó el padre de Rose y Hugo.

—Con Scorpius Malfoy —susurró Rose, seguramente deseando no ser oído. No fue así.

Hugo, junto a su hermana y su madre, miraron a Ronald Weasley. El rostro del hombre se había tornado rojo, después blanco y por último azul, antes de regresar a su tonalidad normal.

—Es un chico agradable —gruñó entre dientes, antes de ponerse de pie—. Voy a mi despacho. No tengo hambre.

El padre de Hugo salió pisando fuerte el suelo.

—Pues no ha ido tan mal —comentó Hugo, viendo el rostro abatido de su hermana—. Si no contamos el infarto cerebral y la ulcera estomacal que le ha entrado simultáneamente, se podría decir que se lo ha tomado bastante bien.

—Hablaré después con tu padre, Rosie —le aseguró su madre, tomando la mano de su hija—. Sólo que tu padre tiene una gran rivalidad con el padre de Scorpius, y no le gusta ver cómo su hija sale con el hijo de un hombre que se lleva mal. Pero te aseguró que no tiene nada en contra de ti y Scorpius.

—Eso esperó, mamá —susurró Rose, compungida.


El bullicio se oía por las ajetreadas calles de la ciudad de Londres. Grupos de amigos, matrimonios con hijos y parejas, tanto mayores como jóvenes, paseaban por las esas calles, contemplando escaparates llenos de productos navideños.

James paseaba por esas calles, con su mano izquierda sujetando a la de una pelirroja de su misma edad. Marlene se cubrió la boca con la bufanda, apretando el agarre de su novio.

Si un año atrás le hubiesen dicho a James que se encontraría en una situación como esa, habría creído que era imposible. Le costaba creer que tan sólo un año atrás, el interés de James fuese Laure, y no Marlene.

Pero así era. Y James se alegraba. No es que no le hubiese gustado estar con Laure, que sí le había gustado. Pero ella no era Marlene. Con Marlene las cosas salían de forma más natural, cómo si llevasen toda la vida juntos, cómo sus abuelos. Eran considerados la pareja de oro en Hogwarts, ya que apenas discutían (un hecho asombroso si se recordaba las constantes peleas de los dos, ahora, novios). Las únicas peleas que ambos organizaban, era cuando James recibía correo de Laure, ya que ambos seguían en contacto. Aunque el chico admitía que si no molestase a su novia, burlándose de ella por estar celosa, no acabarían peleando.

Pero en definitiva, James estaba muy feliz con su relación con Marlene.

—¿Qué piensas? —le preguntó en un susurro Marlene, con su aliento acariciando la oreja de James.

—En nada —respondió James, también en un susurro.

—Lo suponía —replicó Marlene, con algo de burla. James la tomó por las manos, y la puso enfrente de él, de forma que los rostros de ambos quedaron cara a cara.

—De lo feliz que me haces —susurró James, rozando sus labios con los suyos.

Marlene se sonrojo, pero cerró las distancias entre ambos, besando con lentitud a su novio.


Ron contempló en silencio a su hija, que conversaba alegremente con sus primas, hablando de sólo temas que las mujeres conocerían. Nunca pensó que llegaría a vivir el momento en que sabría que su hija tuviese novio. Y para colmo, ese novio tenía que ser un Malfoy.

¿No podría su hija haberse enamorado de alguien que proviniese de una familia mejor? ¿Cómo de Frank Longbottom? ¿O de alguno de los gemelos Scamander? ¡Maldita sea! ¡Incluso hubiese preferido que su pequeña princesa se enamorase de alguno de sus primos!

Pero no, Rose tenía que enamorarse del hijo del hurón. Ron tuvo un escalofrío, imaginándose a unos niños pelirrojos y con pecas, con esa mirada de superioridad típica de los Malfoy.

Un llanto irrumpió los pensamientos del hombre. Dando un gemido, Ron levantó la cabeza, al tiempo que Dominique entraba en la sala de estar, acercándose a la cuna en la que estaba su pequeño retoño.

Dominique murmuró algo, que sonaba a una mezcla del italiano y el inglés, mientras sacudía suavemente a su hijo, que sollozaba e hipaba en sus brazos.

—¿Qué le pasa? —preguntó Ron.

—O se ha despertado de golpe, por algún motivo, o tiene hambre —respondió Dominique, sin abandonar la vista de su hijo.

—Creo que tiene hambre —comentó Ron, contemplando a su sobrino-nieto—. Rose lloraba de una manera similar cuando era pequeña.

—Esperaba que no fuese eso —dijo Dominique, sentándose en el sofá, y conjurando una manta que cubriese a ella y a su hijo—. Paolo come mucho... seguro que con Rose, la tía Hermione no tenía ese problema.

—No creas —dijo Ron, sacudiendo la cabeza—. Rose comía un montón cuando era pequeña... luego se relajó, y te aseguró que tu tía lo agradeció.

Ambos permanecieron en silencio un rato, únicamente escuchando los ruidos que hacía Paolo al alimentarse.

—¿Sabes, tío? —dijo la pelirroja, cuando su hijo termino de comer y empezó a darle golpecitos en la espalda para que eructase—. Creo que a Rose le importaría más que intentases aceptar la relación que tiene con Scorpius, que no te fuerces para aceptarla.

Ron no dijo nada. Sabía que a su sobrina razón no le faltaba. Pero le resultaba difícil. Si el chico se pareciese más a su madre en apariencia, pues no le resultaría tan difícil. Pero no, Scorpius Malfoy tenía ser tan jodidamente parecido a Draco Malfoy, cómo Albus lo era con Harry.

—Haré el esfuerzo —murmuró Ron, haciendo que Dominique sonriese.

Victoire entró en la sala, sujetando a dos niños, de unos tres años, que no paraban de preguntar cosas, sobre todo que a que hora comerían.

—Dentro de poco, Ariana, Arthur —dijo Victoire, sonriendo a sus primos más jóvenes—. Por qué no vais con vuestra madre, a ver si necesita vuestra ayuda.

—¡Sí! —exclamaron los mellizos, saliendo corriendo en dirección a la cocina, con sus cortas y regordetas piernas. Victoire los observó irse, con cariño.

—¿Te pasa algo, Vic? —preguntó Dominique, al ver la expresión de su hermana.

—Yo... —la rubia se mordió el labio, desviando la mirada que su hermana pequeña le lanzaba. Esta sonrió, como si supiese lo que le ocurría.

—¿Estás embarazada? —le preguntó, sonriendo con malicia. Ron miró a su sobrina, esperando respuesta por parte de ella.

Victoire, sonrojada al más puro estilo Weasley, asintió mientras se acariciaba el estómago.

—¡Vaya, felicidades! —exclamó Ron.

—¿De cuanto estás? —quiso saber Dominique, mirando a su hermana con ojo crítico.

—Desde hace poco más de un mes —explicó Victoire, con una pequeña sonrisa—. Ted y yo queríamos decirlo hoy, pero no sé como se lo tomará papá...

—Mal —aseguró Ron—. Pero con Fleur cerca, no habrá muchos problemas.

—Seguramente papá maldecirá a Ted en todos los idiomas que conozca, e intentar maldecirlo con alguna maldición egipcia antigua —dijo Dominique, como si nada—. Con Nathan lo intento...

—Gracias por el apoyo —dijo Victoire, con sarcasmo.


Los alumnos de cuatro curso del colegio Hogwarts esperaban impacientes a que la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, ya que ese día empezarían con los patronus.

Bueno, en realidad no todos estaban impacientes esperando la clase de patronus. Lily tenía el ceño fruncido, mientras contemplaba a Anne hablando con Kristen, varios metros de distancia. Lily odiaba ver como su amiga se sonrojaba cada vez que... que esa se acercaba a ella. Odiaba ver las tímidas sonrisas que le aparecían en su rostro, cuando la otra chica decía algo gracioso.

A Lily le había costado tiempo, pero finalmente había aceptado que sentía algo por Anne. No estaba segura de si le gustaba la chica Thomas, o qué. Pero el caso, es que Lily odiaba ver como ella prestaba atención a otras chicas y no a ella.

En ese momento, el profesor Macmillan abrió la puerta de su aula y los hizo pasar adentro.

Normalmente Lily se sentaría al lado de Hugo, pero desde que su primo salía con Marina, ambos se solían sentar juntos en todas las clases. Cómo sabía que Lisa y Theo se sentarían juntos, y lo mismo ocurría con las gemelas Thomas, Lily se dirigió al asiento vacío que había junto a su amigo Colin. Sin embargo, Selena fue mucho más rápida que su amiga.

—Lo siento, Lily —se disculpó Selena, con una sonrisa completamente falsa—. ¿Te importa sentarte con Anne? Es que Colin me pidió que me sentase con él.

—Yo no te pedí eso —replicó Colin. Selena le dio un pisotón por debajo de la mesa,

—Calladito estás más guapo —gruñó la chica.

Así que Lily se sentó junto a Anne, quién apartó su bolsa para dejarle espacio.

—¿Te ocurre algo? —preguntó Anne, al ver el ceño fruncido de su amiga.

—Nada —mintió Lily, obligándose a sonreír, aunque notaba su risa forzada, mientras sacaba el pergamino y la pluma de su bolsa, empezando a escuchar las instrucciones del profesor Macmillan respecto al encantamiento patronus—. ¿Cómo te va con Kristen?

—Bastante bien —susurró Anne, sonriendo—. Aunque creo que Kristen no es lesbiana...

—Genial —dejó escapar Lily. Anne la miró con una ceja encarada—. Quiero decir... que veía que a Kristen no le gustabas, y me preocupaba que te lo tomases demasiado enserio...

—Ya —dijo Anne, sonriendo misteriosamente.

Tras una tediosa hora, la clase termino. Lily empezó a guardar las cosas, cuando sintió que una suave mano le metía algo en el bolsillo interior de su túnica y, que al sacarla de allí, le acariciaba la parte interna del muslo.

Lily se metió la mano en el bolsillo y sacó un papel doblado, en el que sólo estaba escrito:

Te espero esta noche en la clase de Aritmancia, a los 23:30.

Te amo, Anne.


Hola gente,

vigésimo noveno capítulo con todos ustedes *se oyen vítores por toda la sala*

Bueno, en el siguiente capítulo veremos como va el encuentro entre Lily y Anne, los patronus de los chicos y el resto del capítulo será desde el punto de vista de Harry... ¿Qué sucederá? Tendréis que esperar para averiguarlo...

Espero que os haya gustado

Se despide,

Grytherin18-Friki.