Emma se encontraba sentada en una mesa que daba a una ventada desde la que podía ver perfectamente la entrada del edificio por la que debía de salir Regina. Eran las once y cuarto y aún no había aparecido. La rubia estaba perdiendo la esperanza de que la morena acudiese a su cita.
-¿Qué desea tomar?- Le preguntó la camarera.
-Una café solo y un algo con mucho chocolate.- contestó Emma amablemente.
-¡Oh, Dios!- Espetó eufórica la mujer.- Eres Emma Swan, la concertista.- Soltó muy feliz.- ¿Podría echarme una foto con usted?- Preguntó contenta.
-Claro que sí.- Contestó Emma que no se acababa de acostumbrar a la fama.
-La vi en la gala benéfica que hizo hace unos años, aquella en la que se interpretaba temas de películas.- Explicó está sacando su móvil.- Me encanto.- Aseguró.
-Muchas gracias.- Dijo Emma sacando su mejor sonrisa para la foto.
-¿Me firmaría un autógrafo?- Preguntó también contenta.
-Claro, traiga.- Emma cogió la libreta donde apuntaba los pedidos y le dedico unas palabras.
Emma se sentó de nuevo y espero a que la camarera le llevase lo que había pedido. La rubia miraba su móvil compulsivamente, esperaba la aparición de la morena con ansias pero esa no parecía tener la intención de aparecer.
Eran más de las once y media y Emma ya había perdido la esperanza de poder ver a Regina. Tras pagar la cuenta salió de la cafetería para quedarse mirando hacía el gran edificio en el que trabajaba Regina.
Emma no se caracterizaba por ser la mujer más lógica del mundo y en un impulso se adentró en el edificio. Necesitaba saber porque la morena no había acudido a esa cita. Necesitaba desengañarse y tal vez así conseguiría olvidarse de sus sentimientos.
-¿Qué desea?- Preguntó la secretaria siguiendo a la rubia que se dirigía directamente al despacho de la morena.
-Ver a Regina Mills.- Soltó cuando ya se encontraba en la puerta.
-La señora no le puede atender.- Espetó pero al terminar la frase la rubia abrió la puerta.
-¡Mills!- Gritó Emma muy cabreada y molesta.
Antes de volver a gritar escuchó sonidos extraños desde el baño, la rubia se lanzó directamente hacía allí. Se encontró a Regina sentada con la cabeza dirigida hacía el váter. Emma preocupada se lanzó al lado de ella, la rubia se arrodilló y le quitó el pelo de la cara a la morena que intentó alejarse pero sin mucho éxito pues Emma estaba muy preocupada.
-Llame a un médico.- Espetó mirando a la secretaria para que lo hiciese.
-No.- Casi gritó Regina que se encontraba mejor.
-Señora Mills, ¿Necesita algo?- Preguntó la mujer muy nerviosa por la situación.
-No, tranquila. Puede retirarse.- Dijo Regina lavándose un poco ante la atenta mirada de la rubia que no sabía que hacer o decir.
-¿Esta mejor?- Preguntó Emma siguiendo a la morena hasta la oficina.
-Sí, son cosas normales del embarazo.- Aseguró la morena.
-¿Por eso no acudiste a la cita?- Preguntó Emma con inseguridad.
-Sí, llevo más de una hora encontrándome mal.- Dijo Regina mirando a Emma a los ojos.
Emma recortó la distancia que había entre las dos, la rubia dejó a la morena acorralada entre su cuerpo y la pared que había en el fondo. Regina se quedó sin respiración durante unos segundos debido al ataque tan imprevisto de la rubia.
-Sólo te voy a hacer una pregunta.- Dijo Emma pasando sus manos por el pelo de la morena para que esta la mirase fijamente a los ojos. Regina simplemente asintió con la cabeza.- ¿Sientes algo por mí?- Preguntó la rubia directamente.
-Sí.- Murmuró la morena acercando sus labios a los de la rubia que se derritió con la confesión de la mujer.
Emma paso sus manos por las caderas de la morena y la acercó hacía ella con toda la pasión y el deseo que había tenido oculto durante todos esos años en los que ambas habían estado separadas. La rubia se dejó empujar hacía el sillón cayendo sobre él con la morena sobre ella.
-Regina…- Murmuraba Emma mientras que la morena le besaba el cuello apasionadamente. –Mills….- Susurró de nuevo intentando separarse de ella.
-¿Qué?- Pregunto Regina molesta al no ver a Emma entregada.
-Quiero hacer las cosas bien.- Espetó muy segura la rubia.
-¿Cómo?- Preguntó Regina levantándose y ajustándose de nuevo su vestido.
-Que esta vez quiero hacer las cosas bien, no quiero solo sexo, Regina, imagino que ya puedo tutearte, quiero algo más, mucho más.- Murmuró cogiendo las manos de la morena para que no esquivase sus miradas.
-¿De qué estás hablando?- Preguntó entonces Regina mirando a la rubia a los ojos.
-Habló de lo que siento y lo que pienso.- Soltó entonces Emma.- Quiero hacer esto bien, no quiero que solo nos acostemos y si te he visto no me acuerdo, quiero mucho más que todo eso.- Aseguró la rubia que no podía creer ni sus propias palabras.
-Guau, esto es… - Regina se había quedado sin palabras por la declaración de la rubia.
-Una total y completa locura pero es lo que hay.- Aseguró la rubia.- Quiero… dios…siento demasiadas cosas por ti…-Emma se acercó a ella y comenzó a acariciar la mejilla de la morena con cariño.
-Emma…- Susurró Regina al notar esa caricia.
-Suena tan bien mi nombre en tus labios.- La interrumpió la rubia.-Regina, me gustas, me gustas mucho y siento muchas cosas por ti. Aún no sé ponerle un calificativo o a ponerle un nombre pero tal vez en un tiempo…no sé… pueda ponérselo.- Intentaba explicarse Emma que se había girado para que Regina no sintiese su miedo.
-¿Qué quieres decir?- Preguntó Regina tomando una bocanada de aire.
-Regina… por dios… creó que me he explicado bien.- Soltó Emma que se sentía con miedo de seguir exponiendo sus sentimientos.
Regina no dijo nada, un ligero mareo se apoderó de ella y se tuvo que dejar caer en el sofá donde minutos antes había tumbado a la rubia. Emma preocupada se arrodillo a su lado y se quedó mirándola fijamente.
-¿Te encuentras bien?- Preguntó Emma acariciándole la espalda a la morena.
-sí, si… otro efecto secundario del embarazo.- Dijo entonces la morena.
-¿Necesitas algo?- Preguntó la rubia.
-Dame un chocolate, el azúcar siempre me sienta bien.- Contesto Regina y Emma salto para sacar los bombones que le había mandado esa mañana.
Regina se lo comió tranquilamente mientras que Emma se sentaba a su lado para comprobar que se encontraba en perfecto estado.
-¿Mejor?- Preguntó Emma unos minutos después.
-Sí, gracias.- Contesto Regina.-Emma… necesito que tengas algunas cosas en cuenta.-Dijo la morena tomando las riendas de la situación.
-¿Qué?- Preguntó Emma acomodándose a su lado.
-Yo estoy embarazada, en unos meses tendré un niño.-Dijo la morena.- Sí quieres seguir averiguando eso que sientes tienes que tener en cuenta que voy a ser madre.
-Creo que lo podré superar.- Aseguró la rubia con calma.-Es decir, es una gran novedad y me chocó mucho al principio pero sinceramente solo quiero poder saber todo lo que siento por ti y que no he sido capaz de olvidar en estos años.
-Emma, yo también siento muchas cosas pero yo quiero las cosas muy claras.- Sentenció la morena.
-Lo entiendo… primero tengo que hacerte una pregunta…- Regina no contestó simplemente asintió.- ¿De quién estas embarazada?- Preguntó Emma sintiendo su pulso acelerarse.
-Es una inseminación artificial.- Contestó Regina segura.- Siempre he deseado ser madre y hace unos meses tome la decisión de que tendría un hijo aunque fuese sola.- Le explico ella.
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