CAPÍTULO 27: ENEMIGOS

POV KATNISS


Las puertas se cerraron y los carros se detuvieron. Peeta se bajó primero.

-Sujétate de mí. –Me pidió. Me incliné un poco hacia él y me sujeté de su cuello, evitando tocar la capa encendida. Él me tomó de la cintura con mucho cuidado, como si me fuera a abrazar y me depositó en el suelo.

-Gracias. –Le dije. Sin embargo él no contestó. De hecho, ni siquiera me miró y su expresión se volvió seria. Rodeó mi cintura con uno de sus brazos protectoramente. -¿Qué sucede?

-No me gusta cómo nos están mirando. No los mires, Katniss. Solo ignóralos.

-¿De quienes hablas? –Le pregunté preocupada.

-Los distritos de profesionales. Y algunos otros, pero ellos solo nos miran hipnotizados o con envidia–Dijo, está vez mirándome a mí. –Vamos.

Nos alejamos un poco, Peeta me guió unos metros más allá y vimos a nuestros equipos acercarse. Nuestros Equipos de Preparación, nuestros estilistas, incluso Effie y Haymitch.

-¡Eso fue increíble! –Cinna llegó con una sonrisa enorme en su rostro.

-¡Estuvieron perfecto, chicos! –Aseguró Portia.

De todos ellos, nuestros estilistas eran los que hablaban más normal.

-¡Todos hablarán de ustedes! –Chilló Effie, casi partiendo mi oído.

-Gracias. –Dijo Peeta.

Nuestros Equipos de Preparación se pusieron a hablar, estaban excitados por todo lo que había pasado hoy. Me desconecté y nos presté atención a sus conversaciones sin sentido. Cinna y Portia se encargaron de quitarnos las capas con cuidado y extinguieron las llamas con una especie de atomizador, finalmente me quitaron el tocado de mi cabello y quedé libre de llamas, al igual que él. Ambos nos relajamos considerablemente. Su brazo siguió rodeando mi cintura tiernamente. A pesar del público, no me molestó. Me sentí aún más protegida de aquel modo.

-Que valientes. –Nos dijo Haymitch sonriendo y con su habitual ironía. También creí notarlo algo borracho.

-¿Seguro puedes acercarte tanto a las llamas? ¿Acaso no te quemarás?

Peeta abrió los ojos más, ante mi comentario. Y contuvo unas carcajadas, porque seguro recordó lo que yo insinué antes de que el desfile empezara.

-¿Llamas falsas? ¿Estás segura que…? –Empezó Haymitch siguiéndome la broma y mirándome de una forma que demostró lo poco que me soportaba. No terminó de hablar porque vio algo que estaba a nuestras espaldas. Entrecerró los ojos y se quedó pensativo. Giré levemente la cabeza y seguí el camino de su mirada. Un chico estaba mirando en nuestra dirección, también su compañera. Eran los tributos del Distrito Uno. Sus sonrisas eran amenazantes, crueles y despiadadas. Más allá, los tributos del Distrito Dos, nos miraban igual. Acabé por comprender cuales fueron las miradas que a Peeta no le agradaron. Ellos se convertirían en nuestros principales oponente en la arena, seguro ellos en su cabeza, ya estaban maquinando la manera de acabar con los dos. Nos odiaban porque les quitamos protagonismo en el Desfile de Tributos. Sólo que ellos seguramente no contaban con que Peeta y yo no éramos tan inexpertos con las armas. Peeta a mi lado, también los miró, sin demostrar ninguna emoción en su rostro. Normalmente eso ocurría cuando estaba muy molesto o pensativo.

-Hay que ir arriba. Descansarán un rato y luego hablaremos en la cena. –Nos dijo Haymitch en tono serio y precavido.

Peeta me dio un pequeño empujón para que avanzara y mantuvo sus manos en mi cintura durante todo el camino hasta los ascensores.

Nuestros Equipos de Preparación y nuestros estilistas desaparecieron de nuestra vista, diciendo que antes de subir tenían que ir a otro lado. Quedamos Effie, Haymitch, Peeta y yo, esperando para poder subir al ascensor. Cuando estuvimos dentro, otras tres personas más entraron. Dos estaban vestidos como arboles. Los reconocí como del Distrito Siete al instante, a su lado con un vestido verde brillante largo y el cabello recogido y teñido por partes de azul, su mentora. Johanna Mason.

Peeta y yo nos apoyamos contra la baranda de la pared de cristal del ascensor para darles espacio. Los dos tributos del Distrito Siete estaban nerviosos. Johanna los miró con aburrimiento y desvió la mirada a Effie y Haymitch y sonrió.

-Hola Haymitch… Effie.

Luego de devolverle el saludo formal, empezaron las quejas de la vencedora.

-¿No son horribles nuestros disfraces? Nuestros estilistas son los idiotas más grandes de todo el Capitolio. Nuestros tributos han sido arboles durante cuarenta años. Me gustaría haber pillado a los suyos, en mi momento. Se ven fantásticos. Muy originales fueron las llamas falsas.

Miré a Johanna y luego a sus tributos, que se alejaron de Johanna tanto como pudieron y se quedaron en un rincón del enorme ascensor mirando a la nada o hablando entre ellos. ¿Se sentían intimidados por su propia mentora? Pensé que era lo más probable.

-Este año hicieron un espectáculo interesante sus tributos. Opacaron hasta los distritos favoritos. No puedo decir que no me divertí viendo lo molestos y desanimados que estaban algunos tributos y sus equipos. –Johanna se rió. –Eso rompió los esquemas normales.

-Cinna y Portia hicieron un excelente trabajo. –Explicó Effie emocionada.

-Sin duda, creo que tendré que hablar con ellos, tal vez puedan renovarme el guardarropas, estoy harta de lo monótonos y aburridos que son los nuestros. ¿Qué tal el Distrito Doce?

-Nada interesante. –Contestó el aludido. -¿Y el Siete?

-Ha habido algunos incendios en el bosque, fuera de eso, normal como siempre. Sin embargo, no puedo de decir eso de tu distrito después de lo que pasó hace unos días.

Hasta el momento creí que nos ignoraría todo el camino hasta la planta siete. Pero cuando fijó su vista en nosotros y nos dedicó una sonrisa burlona, me empecé a incomodar.

-Los Tributos en Llamas. Sí que han dado de hablar ustedes dos. ¿Todo eso es cierto? –Nos miró examinando nuestras expresiones. Yo me ruboricé y Peeta tomó mi mano con cariño.

-¿Eso importa? –Pregunté de manera fría. No quise hablar con ella de mi relación con Peeta.

-Al Capitolio, si. A mí me da igual, Katniss. Pero supongo que la respuesta de todos modos es muy obvia. No suelo escuchar los chismes de aquí, la mayoría resultan ser mentiras, pero viéndolos desde que llegaron a la estación de tren, y ahora es obvio que ustedes dos tienen algo. –Dijo mirando nuestras manos unidas y los dedos entrelazados. –Supongo que te presentaste voluntario por ella ¿no, Peeta?

Dijo su nombre de forma tan intima, como si lo conociera de toda la vida, que me enfermó.

-Supones bien. –Contestó simplemente, sin dar detalles.

-Entonces Katniss es muy afortunada de tener un novio como tú.

-Yo soy afortunado de tenerla. –Contestó mi prometido. Mis mejillas enrojecieron aún más. Causando las risas de Johanna y Haymitch. Effie miraba con fascinación la escena, Peeta tenía la tendencia a decir lo primero que se venía a la mente, mientras a mí me costaba más hablar. Podía decirle todo lo quería en privado, pero me incomodaba tener que expresarlos abiertamente frente a personas que no conocía y en las que sobre todo, no confiaba.

-OWW. ¿No es adorable? Se sonroja. –Comentó Johanna clavando sus ojos marrones en mi rostro. –No creí que fueras tímida cuando te vi en televisión.

-¡No soy tímida! –Exploté.

-Oh, claro que no. –Me defendió Haymitch. –La Preciosa no es tímida. Si tan solo los hubieras escuchado a estos dos tortolos anoche, no dirías eso, Jo. Y esta mañana se demoraron más de la cuenta, quien sabe haciendo que.

-¿Qué? –Solté. Me empezó a faltar el aire por haber contenido la respiración. Nuestro mentor no podía estar diciendo eso. Miré a Peeta que no estaba tan diferente de mí.

-¿Acaso miento? –Nos preguntó.

-Eso es privado, Haymitch. –Se quejó Peeta entre furioso e incomodo.

-Oh, no. Dejen que siga contando esto se pone interesante. –Johanna sonrió como si fuera un niño al que le dan un juguete nuevo, solo que de forma más macabra.

-Si llegas a abrir la boca, Haymitch. Estarás primero en mi lista de personas para matar. –Le solté de forma dura y clavando mi mirada en la suya. –No hagas que siga sumando motivos para hacerlo, porque ya tengo algunos. –Pensé en el moretón de Peeta, disimulado por el maquillaje.

-Y yo la ayudaré. –Agregó Peeta en tono duro, también mirándolo. –Piénsalo bien antes de hablar.

Haymitch se empezó a reír. El odio creció cada vez más en mi interior.

-No creo que lo hagan. Me necesitan, si me matan nadie los ayudara en la arena.

-Eso lo dudo, Haymitch. De ser así, yo te puedo reemplazar para cerrar los tratos. Y a estas alturas debe haber decenas de posibles patrocinadores.

-¿Tú también estas de su parte? –Le preguntó.

-Sí. No deberías ir divulgando por ahí cosas que solo les conciernen a ellos. Es de muy mala educación y los incomodas.

-Por supuesto, Señorita Modales Perfectos. –Le gruñó.

-¡Cállate, Abernathy! –La expresión normalmente tranquila y sonriente de Effie, se volvió sombría y seria, sus ojos demostraron con toda claridad cuanto lo odiaba a Haymitch.

-Esto es mejor que una novela rosa del Capitolio. –Comentó Johanna riendo, todos la miramos, incluidos sus tributos. –Mis dos tributos son un manojo de nervios y me temen a mí; tenemos a los Trágicos Amantes del Distrito Doce aquí mismo, se aman, se avergüenzan cuando se habla de algo privado, pero tienen el valor suficiente para presentarse voluntarios por sus seres queridos y amenazar con matar a su propio mentor; y a dos personas que parecen un viejo matrimonio y se sacan chispas entre ellos, porque adoran pelear y ver quien tiene la razón desde que los conozco. Mejor que una novela. –Luego centró su atención a Effie y Haymitch –Ustedes dos, manden la invitación de su boda, cuando dejen negar lo que todo el mundo ve.

-Nosotros no… -Soltaron los dos casi al mismo tiempo.

-Lo que digan. –Contestó Johanna con su sonrisa sarcástica. Justo en ese momento las puertas del ascensor se abrieron. –Fue un placer pasar estos minutos con ustedes. Me divertí mucho. Hay que repetirlo alguna otra vez. Scarlett, Matt avancen. –Les dijo a sus tributos, que obedecieron con nerviosismo. Eran dos jóvenes aún más chicos que Peeta y yo. Al verlos, pensé que no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir al baño de sangre. Ellos eran unos de los más chicos después de Rue y los vi demasiado inocentes como para que fueran capaces de matar. –Adiós, Chica en Llamas. –La voz de ella me volvió a la realidad. –Adiós, guapo. –Dijo lo ultimo mirándolo cara a cara y guiñándole un ojo. La expresión de Peeta siguió siendo seria. Aún así una punzada de celos me recorrió, al escuchar las palabras de la vencedora.

-Adiós ¿Qué?

-Guapo… -Dijo como si nada. -¿Acaso eres ciega para no ver que tu chico es muy guapo y estas alturas debe tener miles de admiradoras?

-Se como es mi novio. –Dije remarcando las dos últimas palabras.

-Pues entonces, cuídalo no vaya a ser que alguna mujer te lo robe.

Me miró como burlándose de mí y dio la vuelta antes de que pudiera abalanzarme contra ella o algo. La puerta se cerró y Peeta me rodeó la cintura con sus brazos.

-No la escuches. –Susurró en mi oído. –Sabes que eso nunca pasará ¿verdad?

-¿Por qué?

-Mi corazón te pertenece a ti y a nadie más. –Me ruboricé y él me dio un beso corto en el cuello, calmándome por completo.

-Y el mío a ti. –Susurré.

-Lo sé. –Contestó. –Te amo.