Y... llegamos al clímax final de la historia con unas escenas de las que me siento particularmente orgullosa. Escribirlas fue muy épico, sobre todo gracias a la ayuda de la canción que me inspiró este drabble, una versión de My body is a cage, de Arcade Fire, interpretada por Peter Gabriel.
¡Gracias por vuestros reviews! Vuestras opiniones me animan a seguir con esta historia.
Recordad que podéis seguir mis fanfics también en Tumblr, además de encontrar propuestas para oneshots y drabbles, fanmixes y alguna sorpresa más. Los detalles, en mi perfil.
Disclaimer: Thor, sus personajes y ubicaciones no me pertenecen a mí, sino a Marvel y a Disney.
29. Infierno
Darcy no fue capaz de moverse hasta que hubo transcurrido un largo rato, o al menos a ella le pareció eterno. No había esperado que las palabras de Loki le afectasen tanto, y cuando dejó de llorar, se dio cuenta de que no fueron solo sus frases, sino la incertidumbre sobre la que siempre había pendido su destino lo que le provocaba un terror sin precedentes. La joven tenía el rostro surcado por los rastros de sus lágrimas, pero seguía completamente desnuda. Fue al incorporarse para coger su vestido cuando se dio cuenta de algo, uno de esos cambios casi insignificantes pero que ella, después de haber vivido en aquel dormitorio durante meses, captó de inmediato.
El aire era distinto, como si hubiese una diminuta corriente. Darcy se vistió a toda prisa y se tambaleó hacia la puerta. Apretó los labios, insegura sobre lo que iba a hacer, y rodeó el picaporte con los dedos. No era posible. Sencillamente, no lo creía, no después de lo que el rey le había dicho…
Y sin embargo, sucedió: el picaporte cedió y la puerta se abrió. La midgardiana retrocedió de un respingo, demasiado sorprendida como para aprovechar la ocasión de inmediato. Comenzó a hiperventilar, agobiada por aquella repentina sensación de libertad, y se dio cuenta de que no sabía qué hacer. ¿Había dejado Loki la puerta abierta a propósito o se trataba de una equivocación? Lo primero parecía harto improbable después de lo que le había dicho, pero, ¿desde cuando cometía errores el monarca de Asgard? A través de la puerta abierta, la joven veía el plácido corredor alfombrado que ya había recorrido con anterioridad. ¿Cuánto tiempo podía tardar en salir del palacio, en encontrar a alguien a quien explicarle lo que había pasado? Aunque se había planteado los riesgos y peligros de aquella decisión innumerables veces, Darcy cuadró los hombros, más decidida que nunca: iba a escapar de allí. Nada la retendría esta vez.
Hurgó en los cajones del tocador hasta dar con su copia de La ladrona de libros, que le pertenecía, y contempló los demás volúmenes con cierta nostalgia. Los había leído hasta aprendérselos de memoria, pero no podía llevarlos consigo. Les había cogido cariño, pero iba a necesitar viajar lo más ligera que pudiese para regresar a casa sana y salva, y además, si se llevaba aquellos libros, le recordarían siempre su cautiverio, y eso sí que no.
Borrón y cuenta nueva.
Apretando La ladrona de libros en su pecho, Darcy salió al pasillo y lo recorrió en el más absoluto silencio. Oyó gritos y entrechocar de metales en la lejanía, y lo reconoció como el ruido que hacían las armaduras de los guardias de palacio. No podían estar buscándola a ella, ¿verdad? Nadie la había visto aún. Parecía haber bastante revuelo, pero decidió que nada de eso la detendría, y correteó sin rumbo fijo por los pasillos. Acabó en la salida al jardín donde Loki y ella habían estado aquella única vez en que él le permitió abandonar el dormitorio, y el recuerdo le hizo trazar una estrategia. Era sencilla, pero pensó que funcionaría: tenía que cruzar todo el palacio en dirección opuesta al jardín, quizá así diera con la salida frontal. Dio media vuelta y corrió.
Fue un camino largo, pero acabó, tal y como había creído, en una de las calles de Asgard. Había mucha gente, todos vistiendo la clase de atuendos que le había visto a Loki durante meses, y parecían muy agitados, tanto que nadie reparó en ella. Aunque, bien mirado, reflexionó la joven mientras avanzaba por la inmensa avenida, tampoco había nada en ella que resultase demasiado llamativo, pues vestía de manera acorde a la moda asgardiana y ellos no eran físicamente distintos a la gente en la Tierra. El alivio hizo que Darcy se notase el pulso en la garganta, como si su alocado corazón, que latía con la rapidez del aleteo de un pájaro, hubiese abandonado su lugar en la caja torácica para trasladarse justo debajo de su nuez. Continuó caminando con paso vivo y la mirada baja, con el libro apretado en sus manos, como si temiera que alguien fuera a arrebatárselo. Mientras avanzaba, llegaron a sus oídos retazos de conversaciones:
-Loki ha enloquecido…
-Thor ha regresado…
-El Bifrost…
Darcy estuvo a punto de detenerse en seco al oír aquellas palabras, pero no tenía tiempo para eso: apretó el paso, dirigiéndose a la inconfundible entrada del Puente del Arco Iris. Si no había escuchado mal, Thor había vuelto a Asgard. Él la salvaría, la sacaría de aquella pesadilla. Pero, ¿por qué estaba tan lejos el Bifrost? ¿Por qué era tan desesperantemente grande aquella ciudad?
Corrió durante un trecho, pero el Puente parecía seguir estando muy lejano. Se preguntó qué estaba sucediendo entre Loki y Thor, qué sería del uno si vencía el otro. Había llegado a entender que Loki albergaba un profundo rencor hacia Thor, aunque no conociera los detalles a pesar de todo el tiempo que había pasado allí, pero sí estaba segura de una cosa: cuando los dos hermanos se reencontraran, Loki no se limitaría a retirarse, no sin luchar. Y temió que eso fuera lo que sucedía en aquellos instantes.
Oyó cascos de caballos a su espalda y se retiró para evitar ser arrollada, pero el radiante corcel negro se detuvo junto a ella. Dio un respingo, sobresaltada, al contemplar al majestuoso animal, y se quedó atónita al contemplar que tenía ocho patas. Alzó la mirada hacia su jinete, y aunque no le conocía, supo de inmediato que aquel robusto anciano revestido en una armadura dorada era Odín, el Padre de Todos, el rey al que Loki había sustituido. Retrocedió un paso, intimidada.
-Señor… -musitó, porque fue lo único que se le ocurrió.
-Así que eres tú –dijo él, y Darcy le miró con sorpresa al sentirse identificada-, la prisionera midgardiana de Loki.
Ella se quedó sin habla, pero logró preguntar:
-¿…Lo sabía?
-Aunque estaba sumido en el Sueño de Odín, percibía las cosas que sucedían a mi alrededor. De hecho, es durante el Sueño cuando mis sentidos más se agudizan, permitiéndome averiguar cosas que podrían haber pasado inadvertidas en mi tiempo de vigilia. Pero ahora debo pedirte que me acompañes. No permitiré que vagues sola por Asgard.
Darcy no tenía muy claro qué sentido tenía aquella última frase, pero obedeció de todas formas, y con ayuda de Odín subió a la grupa del caballo. A pesar del respeto que le transmitía el Padre de Todos, se agarró a la armadura cuando puso al caballo al galope en dirección al Puente. El viento silbaba en sus oídos, y apenas podía abrir los ojos, aunque en cuanto se hallaron sobre el mismo Bifrost, sintió que si no contemplaba el espacio abierto bajo su superficie multicolor, se arrepentiría eternamente. Entonces, el Puente entero tembló. Darcy ahogó un grito y chilló:
-¡Esto es el infierno! –Se sintió excesivamente dramática, pero no le importaba si Odín la juzgaba sólo por aquel comentario: Asgard era el infierno para ella. Era un reino de cuento de hadas, pero después de todo lo que había sucedido, de lo que no había terminado siquiera de suceder, era su infierno.
El Puente volvió a temblar, esta vez con más fuerza. A pesar del terror que sentía, Darcy se atrevió a mirar en dirección al extremo del Bifrost. El observatorio dorado que se encontraba allí se tambaleaba peligrosamente, como si fuera de juguete, y la joven pudo ver, estupefacta, cómo Thor aporreaba el Puente con su martillo. ¿Acaso se había vuelto loco?
El viento le llevó la voz de Loki, gritando, pero no entendió las palabras. El observatorio se desprendió del Puente, precipitándose al vacío. A medida que se acercaban, Darcy vio luchar a Loki contra Thor. Ya casi habían llegado. Pero entonces, los dos asgardianos se precipitaron por el borde astillado del Puente. Un chillido ahogado fracturó su garganta, y Odín se arrojó del caballo sin que se hubiera detenido del todo. A medida que lo hacía, Darcy le vio inclinar medio cuerpo sobre el extremo del Puente. Notó que volvía a respirar cuando Odín volvió a incorporarse, y que Thor ascendía hasta ponerse en pie junto a él. Padre e hijo intercambiaron una mirada cargada de pesar, y el labio inferior de la impotente joven comenzó a temblar incontrolablemente cuando se dio cuenta de que Loki no seguía a Thor. Éste reparó entonces en ella, y avanzó pesadamente hasta el caballo de ocho patas, que se hallaba a varios metros del destrozado final del Bifrost, incompleto sobre el abismo como un hueso roto. Al llegar a la altura de Darcy, Thor la agarró de la cintura y la bajó de la grupa del caballo. La midgardiana se sorprendió de que sus piernas la sostuvieran, pero no tuvo mucho tiempo para pensar en eso, pues el dios del trueno tomó el rostro de la joven con las manos y la miró a los ojos. Sonó íntimamente aliviado al pronunciar su nombre:
-Darcy –y a continuación añadió-. Estás bien.
El nudo en su garganta amenazó con quitarle el habla. "No. Llores", se ordenó. Tomó las muñecas de Thor en sus manos, y parpadeó en un pobre intento de retener las lágrimas.
-Estoy bien –confirmó.
Saboreó la mentira en su boca en cuanto hubo pronunciado aquellas palabras, pero el alivio en el rostro de Thor la conmovió, así que decidió dejarle creer lo que había dicho. El príncipe de Asgard besó la frente de Darcy antes de rodearle la cintura y conducirla de vuelta al corazón del Reino Eterno.
¿Os ha gustado u os ha parecido basura? ¡No olvidéis opinar! ¡Gracias!
