Saldando cuentas pendientes

-Eso es todo… (Finalizo Apolo) Tengo hambre… (Exclamo poniéndose de pie)

-Siéntate… (Ordeno Hera) solo quedan dos capítulos para terminar el primer libro… (Informo) luego almorzamos…

-Uff… bien... ¿Quién sigue? (Pidió con impaciencia)

-Yo quiero… (Pidió Will a su padre, quien rápidamente le mando el libro) Mmm bien… el título es… Saldando cuentas pendientes…

Es curioso cómo los humanos ajustan la mente a su versión de la realidad.

Quirón ya me lo había dicho hacía mucho. Como de costumbre, en su momento no aprecié su sabiduría.

Quirón sonrió suavemente a su estudiante favorita.

Según los noticiarios de Los Ángeles, la explosión en la playa de Santa Mónica había sido provocada por un secuestrador loco al disparar con una escopeta contra un coche de policía. Los disparos habían acertado a una tubería de gas rota durante el terremoto.

Los semidioses rodaron sus ojos y soltaron un bufido en perfecta sincronía, un poco asustando a los dioses ante su conexión entre sí.

El secuestrador (alias Ares) era el mismo hombre que nos había raptado a mí y a otros dos adolescentes en Nueva York y nos había arrastrado por todo el país en una aterradora odisea de diez días.

Después de todo, la pobrecita Persi Jackson no era una criminal internacional. Había causado un buen revuelo en el autobús Greyhound de Nueva Jersey al intentar escapar de su captor (a posteriori hubo testigos que aseguraron haber visto al hombre vestido de cuero en el autobús: «¿Por qué no lo recordé antes?»).

Los siete de la profecía bufaron y pequeños murmullos de burla se oyeron, tales como "¿Por qué no lo recordé antes?" o "Mortales idiotas"

El psicópata había provocado la explosión en el arco de San Luis; ninguna niña habría podido hacer algo así. Una camarera de Denver había visto al hombre amenazar a sus secuestrados delante de su restaurante, había pedido a un amigo que tomara una foto y lo había notificado a la policía.

Al final, la valiente Persi Jackson (empezaba a gustarme aquel hombre) se había hecho con un arma de su captor en Los Ángeles y se había enfrentado a él en la playa. La policía había llegado a tiempo. Pero en la espectacular explosión cinco coches de policía habían resultado destruidos y el secuestrador había huido. No había habido bajas. Persi Jackson y sus dos amigos estaban a salvo bajo custodia policial.

Fueron los periodistas quienes nos proporcionaron la historia. Nosotros nos limitamos a asentir, llorosos y cansados (lo cual no fue difícil), y representamos los papeles de víctimas ante las cámaras.

-Y todos sabemos lo bien que Persi y Annabeth quedan en cámara juntas… (Hablo Leo alegremente, recibiendo una mirada helada de Annabeth y un guiño divertido de Persi (M))

-Lo único que quiero (Dije tragándome las "lágrimas") es volver con mi querido padrastro. Cada vez que lo veía en la tele llamándome una delincuente juvenil, algo me decía que todo terminaría bien. Y sé que querrá recompensar a todas las personas de esta bonita ciudad de Los Ángeles con un electrodoméstico gratis de su tienda. Éste es su número de teléfono. (Ofrecí con una pequeña sonrisa, pero por dentro estaba muriéndome de la risa)

Los dioses y semidioses celebraron el ingenio de Persi, ninguno sintió lastima o pena por el asqueroso de Gabe Ugliano, que si estaba en las manos de las diosas estaría en los campos de castigo pronto.

La policía y los periodistas, conmovidos, recolectaron dinero para tres billetes en el siguiente vuelo a Nueva York. No tenía otra elección que volar, así que confié en que Zeus aflojara un poco, dadas las circunstancias. Pero aun así me costó subir al avión.

El despegue fue una pesadilla. Las turbulencias daban más miedo que los dioses griegos.

Los dioses la miraron en estado de shock he incredulidad.

-Ustedes no parecían tan malos… (Se encogió de hombros descuidadamente la azabache menor) además solo me había reunido con Hades y Ares… Y admitámoslo (Miro a los dioses mencionados) No dan tanto miedo. (Luego miro a las diosas) Por lo menos los hombres, ¿Ahora las mujeres? (Negó con la cabeza y se estremeció)

Los dioses la miraron indignados, pero no dijeron nada. Artemis solo miro a su futura esposa con una sonrisa. Mientras las otras diosas la miraban con aprobación.

No solté los reposabrazos hasta que aterrizamos sin problemas en La Guardia. La prensa local nos esperaba fuera, pero conseguimos evitarlos gracias a Annabeth, que los engañó gritándoles con la gorra de los Yankees puesta:

«¡Están allí, junto al helado de yogur! ¡Vamos!»

Y después volvió con nosotros a recogida de equipajes.

Nos separamos en la parada de taxis. Les dije que volvieran al Campamento Mestizo e informaran a Quirón de lo que había pasado.

-¿Qué? ¿Todo lo que pasaron y cuando llega la mejor parte los corres? (Exclamo indignada Reyna la pretor romana)

Las ojiverdes levantaron las manos en señal de rendición, pero no dijeron nada para justificarse, esperando que el libro lo hiciera por ellas.

Protestaron, y fue muy duro verlos marchar después de todo lo que habíamos pasado juntos, pero debía afrontar sola aquella última parte de la misión. Si las cosas iban mal, si los dioses no me creían… quería que Annabeth y Grover sobrevivieran para contarle la verdad a Quirón.

-HO! (Mascullo tímidamente la hija de Belona)

Las Persi´s le sonrieron haciéndola sonrojar.

Annabeth que sabía del enamorado que tenía la romana en su chica, frunció el ceño, Sophia que estaba sentada junto a su madre, tomo su mano y la apretó.

-Ella te eligió mamá… (Le susurro la semidiosa con una sonrisa, a la cual la rubia devolvió y asintió)

Subí a un taxi y me encaminé a Manhattan.

Treinta minutos más tarde entraba en el vestíbulo del edificio Empire State.

Debía de parecer una niña de la calle, vestida con prendas ajadas y con el rostro arañado. Hacía por lo menos veinticuatro horas que no dormía. Me acerqué al guardia del mostrador y le dije:

-Quiero ir al piso seiscientos. (Con voz clara)

-Él no te hará caso… (Murmuro Deméter ya imaginando lo que venía)

Persi (J) que la oyó asintió en acuerdo.

Leía un grueso libro con un mago en la portada. La fantasía no era lo mío, pero el libro debía de ser bueno, porque le costó lo suyo levantar la mirada.

-Harry Potter! (Exclamaron los semidioses divertidos)

Los dioses los miraron confundidos.

-Ya lo habíamos mencionado antes. (Explico Annabeth) es una ficción… Esperen… ¿Existió Merlín? Ya saben gran mago… o para el caso ¿Existen en realidad los magos y brujas que hacen magia con varita? (Inquirió la rubia habida por el conocimiento)

Los dioses compartieron una mirada pero parecían estar comunicándose entre sí, cosa que no extrañaba a los mestizos. Después de unos minutos todos asintieron en acuerdo. Atenea fue la de aclararse la garganta, llamando la atención de todos.

-Bien… para responder a tu primera pregunta… Sí… si existió Merlín… (Annabeth abrió la boca en un intento de vocalizar sus preguntas nuevas, pero su madre continuo hablando, callándola eficazmente) Existió, pero fue hace milenios… ahora ¿los magos y brujas que hacen magia con varita? (Suspiro) También existen… pero como nosotros están ocultos, como nosotros no quieren a los mortales o Mogguls como ellos los llaman, husmeando en su mundo, me parece raro que hayan permitido libros. (Pensó Atenea en voz alta)

-Wow (Exhalo Annabeth) ¿Creen que nos permitirían en su mundo? Me encantaría conocer Hogwarts… (Hablo la ojigris saltando en su asiento con entusiasmo)

Las diosas sonrieron y miraron a Zeus interrogantes, el rey de los dioses suspiro. –Por supuesto que pueden… Hablare con Dumbledore cuando terminemos los libros… el viejo me debe algunos favores…

Los semidioses celebraron alegremente, algunos "Coff coff Leo Coff Coff" bailaron el "Baile de la alegría"…

(Nota: La verdad estoy leyendo Ficcs de Harry Potter… Además de que estoy, como algunos deben saber, escribiendo uno sobre Harry/Lily… Me pareció divertido agregarlo en este Ficc y pienso, tal vez, escribir uno especial con la visita de nuestros semidioses a la escuela de Magos, no lo sé… por ahora quiero acabar con este…)

-Ese piso no existe, princesa. (Espeto en un tono demasiado parecido a Caronte)

Apreté los puños.

¿Ya mencione que odio que me llamen princesa?

-Necesito una audiencia con Zeus. (Espete no muy agradablemente y le di mi mejor mirada de muerte)

El hombre se estremeció, pero aun así, me dedicó una sonrisa vacía y negó con la cabeza. -¿Una audiencia con quién?

-Ya me ha oído. (Gruñí)

Estaba a punto de noquear a este hombre exasperante y buscar el piso por mi misma, cuando dijo:

-Sin cita no hay audiencia, princesa. El señor Zeus no ve a nadie que no se haya anunciado. (Hablo con condescendencia)

-Bueno… (Suspire con dramatismo) me parece que hará una excepción. (Me quité la mochila y la abrí)

El guardia miró dentro el cilindro de metal y, por un instante, no comprendió qué era.

Después palideció.

Los dioses y semidioses miraron a Hestia, pensando que la regañaría por ser grosera y asustar al hombre, pero la diosa solo se encogió de hombros. –Él se lo merecía… (Informo dándole poco importancia)

-¿Esa cosa no será…? (Inquirió con temor)

-Sí lo es, sí (Le dije con suficiencia) ¿Quiere que lo saque y…?

-¡No! ¡No! (Brincó de su asiento, buscó presuroso un pase detrás del mostrador y me tendió la tarjeta) Insértala en la ranura de seguridad. Asegúrate de que no haya nadie más contigo en el ascensor. (Advirtió)

Así lo hice.

En cuanto se cerraron las puertas del ascensor, metí la tarjeta en la ranura. En la consola se iluminó un botón rojo que ponía «600». Lo apreté y esperé, y esperé. Se oía música ambiental y al final «ding».

Las puertas se abrieron.

Salí y por poco me da un infarto.

Los dioses sonrieron, era bastante normal esa primera impresión.

-Y ahora tiene su propio palacio aquí. (Murmuro Luke. T con diversión a sus hermanos, los cuales rieron y asintieron)

Estaba de pie sobre una pequeña pasarela de piedra en medio del vacío.

Debajo tenía Manhattan, a altura de avión. Delante, unos escalones de mármol serpenteaban alrededor de una nube hasta el cielo. Mis ojos siguieron la escalera hasta el final, y entonces no di crédito a lo que vi.

«Vuelve a mirar», decía mi cerebro.

«Ya estamos mirando (Insistían mis ojos) Está ahí de verdad.»

-Genial… Ahora habla con su cerebro y ojos… (Dijo Jasón riendo con Leo)

Las Persi´s solo rodaron los ojos con diversión, no dijeron nada ya que les gustaba como relajado parecía su primo.

Desde lo alto de las nubes se alzaba el pico truncado de una montaña, con la cumbre cubierta de nieve. Colgados de una ladera de la montaña había docenas de palacios en varios niveles. Una ciudad de mansiones: todas con pórticos de columnas, terrazas doradas y braseros de bronce en los que ardían mil fuegos. Los caminos subían enroscándose hasta el pico, donde el palacio más grande de todos refulgía recortado contra la nieve. En los precarios jardines colgantes florecían olivos y rosales. Vislumbré un mercadillo al aire libre lleno de tenderetes de colores, un anfiteatro de piedra en una ladera de la montaña, un hipódromo y un coliseo en la otra. Era una antigua ciudad griega, pero no estaba en ruinas. Era nueva, limpia y llena de colorido, como debía de haber sido Atenas dos mil quinientos años atrás.

-Atenas era aún más hermosa… (Se jacto Atenea)

Poseidón bufó divertido.

«Este lugar no puede estar aquí», me dije. ¿La cumbre de una montaña colgada encima de Nueva York como un asteroide de mil millones de toneladas? ¿Cómo algo así podía estar anclado encima del Empire State, a la vista de millones de personas, y que nadie lo viera?

-Es la niebla amor… (Informo Artemis) Además como ya dijimos, los mortales tienden a ignorar lo que no pueden explicar… (Explico)

Las Persi´s asintieron, la ojiverde menor un poco sonrojada por la palabra "amor" que la diosa de la caza había dicho, desde que volvieron se encuentro robando miradas en su dirección y sintiendo una revolución de mariposas en el estómago, sabiendo ya lo que significa, porque es el mismo que siente cuando está cerca o piensa en Annabeth, se encontraba un poco nerviosa.

Pero allí estaba. Y allí estaba yo.

Mi viaje a través del Olimpo discurrió en una neblina. Pasé al lado de unas ninfas del bosque que se reían y me tiraron olivas desde su jardín.

-Coquetas… (Murmuraron Annabeth y Artemis al unísono)

Los vendedores del mercado me ofrecieron ambrosía, un nuevo escudo y una réplica genuina del Vellocino de Oro, en lana de purpurina, como anunciaba la Hefesto Televisión. Las nueve musas afinaban sus instrumentos para dar un concierto en el parque mientras se congregaba una pequeña multitud: sátiros, náyades y un puñado de adolescentes guapos que debían de ser dioses y diosas menores.

Nadie parecía preocupado por una guerra civil inminente. De hecho, todo el mundo parecía estar de fiesta. Varios se volvieron para verme pasar y susurraron algo que no pude oír.

-Es lo mejor… (Dijo Hera algo incomoda) Nunca dicen nada interesante… (Murmuro)

Subí por la calle principal, hacia el gran palacio de la cumbre. Era una copia inversa del palacio del inframundo. Allí todo era negro y de bronce; aquí, blanco y con destellos argentados.

Zeus y Hades parecieron de repente interesados en cualquier cosa menos los presentes en la sala, parecía que el momento iba a pasar y Will iba a continuar con su lectura pera Atenea hablo con cierta burla en su voz.

-Porque Zeus tiene ese lujo y yo vivo en un cuchitril… No Atenea hazme algo igual o mejor y no quiero ver blanco aquí… (Hablo la diosa intentando imitar la voz de su Tío, luego se aclaró la garganta y continúo) Nea esto es un ultraje, Hades es un copión… ¿Porque me haces esto? (Volvió a imitar pero esta vez la voz de su padre)

-Yo no hablo así… (Se quejaron los dioses mayores con un gruñido)

Los dioses y semidioses restantes se rieron y Will pensando que fue demasiada distracción continúo.

Hades debía de haber construido su palacio a imitación de éste. No era bienvenido en el Olimpo salvo durante el solsticio de invierno, así que se había construido su propio Olimpo bajo tierra. A pesar de mi mala experiencia con él, lo cierto es que el tipo me daba un poco de pena. Que te negaran la entrada a aquel sitio parecía de lo más injusto.

Amargaría a cualquiera.

Hades frunció el ceño, pero no dijo nada.

Unos escalones conducían a un patio central. Tras él, la sala del trono.

«Sala» no es exactamente la palabra adecuada. Aquel lugar hacía que la estación Grand Central de Nueva York pareciera un armario para escobas.

Atenea tenía esa expresión satisfecha y orgullosa que tantas veces los semidioses vieron en Annabeth.

Columnas descomunales se alzaban hasta un techo abovedado, en el que se desplazaban las constelaciones de oro. Doce tronos, construidos para seres del tamaño de Hades, estaban dispuestos en forma de U invertida, como las cabañas en el Campamento Mestizo. Una hoguera enorme ardía en el brasero central.

Todos los tronos estaban vacíos salvo dos: el trono principal a la derecha, y el contiguo a su izquierda. No hacía falta que me dijeran quiénes eran los dos dioses que estaban allí sentados, esperando que me acercara.

Avancé con piernas temblorosas.

Como había hecho Hades, los dioses se mostraban en su forma humana gigante, pero apenas podía mirarlos sin sentir un cosquilleo, como si mi cuerpo fuera a arder en cualquier momento.

Las diosas se miraron confundidas, luego pareció haber una realización en sus rostros y al unísono se volvieron para fulminar a Zeus con la mirada, este se encogió en su trono, como si quisiera desaparecer.

Zeus, el señor de los dioses, lucía un traje azul marino de raya diplomática. El suyo era un trono sencillo de platino.

Llevaba la barba bien recortada, gris, veteada de negro, como una nube de tormenta. Su rostro era orgulloso, hermoso y sombrío al mismo tiempo, y tenía los ojos de un gris lluvia. A medida que me acerqué a él, el aire crepitó y despidió olor a ozono.

Sin duda el dios sentado a su lado era su hermano, pero vestía de manera muy distinta. Me recordó a uno de esos playeros permanentes de Cayo Hueso.

Los presentes sonrieron al ver que al parecer el dios de los mares siempre fue así de sencillo.

Llevaba sandalias de cuero, pantalones cortos caqui y una camiseta de las Bahamas con estampado de cocos y loros. Estaba muy bronceado y sus manos se veían surcadas de cicatrices, como un viejo pescador. Tenía el pelo negro, como el mío. Su rostro poseía la misma mirada inquietante que siempre me había señalado como rebelde. Pero sus ojos, del verde del mar, también como los míos, estaban rodeados de arrugas provocadas por el sol, lo que sugería que solía reír.

Padre e hijos compartieron una sonrisa cómplice, que hizo a las mujeres presentes arrullar con cariño.

Su trono era una silla de pescador. Ya sabes, el típico asiento giratorio de cuero negro con una funda acoplada para afirmar la caña. En lugar de una caña, la funda sostenía un tridente de bronce, cuyas puntas despedían una luminiscencia verdosa. Los dioses no se movían ni hablaban, pero había tensión en el aire, como si acabaran de discutir.

-Es lo más probable… (Informo con desinterés Deméter)

Me acerqué al trono de pescador y me arrodillé a sus pies.

-Padre. (No me atreví a levantar la cabeza. El corazón me iba a cien por hora. Sentía la energía que emanaba de los dos dioses. Si decía lo incorrecto, me fulminarían en el acto)

Poseidón frunció el ceño. –Jamás te haría daño Persi… eres mi princesa… (Hablo el dios con dolor en su tono, al escuchar lo que su hija pensaba)

-Lo se papá… (Tranquilizo la azabache menor con dulzura)

A mi izquierda, habló Zeus:

-¿No deberías dirigirte primero al amo de la casa, princesa? (Espetó)

Apreté los puños por el apodo, pero mantuve la cabeza gacha y esperé.

-Paz, hermano (Dijo por fin Poseidón. Su voz removió mis recuerdos más lejanos: el brillo cálido que había sentido de bebé, su mano sobre mi frente) La niña respeta a su padre. Es lo correcto.

-¿Sigues reclamándola, pues? (Preguntó Zeus, amenazador) ¿Reclamas a este hija que engendraste contra nuestro sagrado juramento?

-He admitido haber obrado mal. Ahora quisiera oírlo hablar. (Espetó)

Las diosas y Sally se estremecieron a lo dicho por el dios. El dios no era mejor, se veía bastante cabizbajo por lo que dijo.

«Haber obrado mal…» Se me hizo un nudo en la garganta. ¿Eso es todo lo que yo era? ¿Una mala obra? ¿El resultado del error de un dios?

-No (Negó Sally rápidamente y se levantó a abrazar a sus bebes, Hera no muy lejos, las madres se abalanzaron y envolvieron a sus hijas, en sus cálidos brazos)

-Eso no es lo que quise decir… (Se disculpó el rey de los mares)

-Lo sabemos papá… (Admitieron las azabaches aun envueltas en el abrazo con sus madres)

-Ya le he perdonado la vida una vez (Rezongó Zeus) Atreverse a volar a través de mi reino… ¡Bueno! Debería haberla fulminado al instante por su insolencia.

-¿Y arriesgarte a destruir tu propio rayo maestro? (Replicó Poseidón con calma) Escuchémosla, hermano.

Zeus refunfuñó un poco más y decidió:

-Escucharé. Después me pensaré si lo arrojo del Olimpo o no.

-Persephone (Dijo Poseidón, me estremecí) Mírame. (Pidió)

Lo hice, y su rostro no me indicó nada. No había ninguna señal de amor o aprobación, nada que me animase. Era como mirar el océano: algunos días veías de qué humor estaba, aunque la mayoría resultaba ilegible y misterioso.

Hestia miraba desaprobatoriamente a su hermano. Sally y Hera se establecieron en abrazar a sus respectivas Persi´s, aunque Sally se veía un poco desgarrada por estar lejos de su otra hija.

Tuve la impresión de que Poseidón no sabía realmente qué pensar de mí. No sabía si estaba contento de tenerme como hija o no. Aunque resulte extraño, me alegré de que se mostrara tan distante. Si hubiese intentado disculparse, o decirme que me quería, o sonreír siquiera, habría parecido falso, como un padre humano que buscara alguna excusa para justificar su ausencia.

Poseidón se veía desgarrado. Los dioses y semidioses lo miraban con lastima, pero ninguno hizo un movimiento para hablar o acercarse a él, las Persi´s a pesar de sus esfuerzos no pudieron salir de las garras de sus madres y se resignaron con solo enviar una sonrisa de comodidad a su padre.

Podía vivir con aquello. Después de todo, tampoco yo estaba muy segura de él.

-Dirígete al señor Zeus, niña (Me ordenó Poseidón) Cuéntale tu historia.

-Sabes que solo estás haciendo todo peor ¿Verdad? (Inquirió Afrodita imitando el tono de sabelotodo de Atenea)

Poseidón desplomo sus hombros y suspiro.

Suspire ante su tono plano, pero igualmente conté todo lo ocurrido, con pelos y señales. Luego saqué el cilindro de metal, que empezó a chispear en presencia del dios del cielo, y lo dejé a sus pies.

Se produjo un largo silencio, sólo interrumpido por el crepitar de la hoguera.

Zeus abrió la palma de la mano. El rayo maestro voló hasta allí. Cuando cerró el puño, los extremos metálicos zumbaron por la electricidad hasta que sostuvo lo que parecía más un relámpago, una jabalina cargada de energía sonora que me erizó la nuca.

-Presiento que la chica dice la verdad (Murmuró Zeus) Pero que Ares haya hecho algo así… es impropio de él. (Pensó en voz alta)

Los dioses bufaron en voz alta con bastante incredulidad.

-Es orgulloso e impulsivo (Comentó Poseidón) Le viene de familia.

-¿Señor? (Tercié)

Ambos respondieron al unísono:

-¿Sí?

-Ares no actuó solo. La idea se le ocurrió a otro… (Me mordí la lengua para evitar soltar el nombre de Cronos)

Decidí que solo le daría las pistas que yo tuve para saber quién era y que ellos lo interpreten como quieran, así que describí mis sueños y aquella sensación experimentada en la playa, aquel fugaz aliento maligno que pareció detener el mundo y evitó que Ares me matara.

-En los sueños (Proseguí, ya que vi un aspecto de reconocimiento en Poseidón) la voz me decía que llevara el rayo al inframundo. Ares sugirió que él también había soñado. Creo que estaba siendo utilizado, como yo, para desatar una guerra.

-¿Acusas a Hades, después de todo? (Preguntó Zeus con incredulidad)

Quise golpear mi cabeza contra una pared, esto estaba resultando mucho más difícil.

En el salón del trono varios tenían el mismo impulso.

-No (Contesté rápidamente) Quiero decir, señor Zeus, que he estado en presencia de Hades. La sensación de la playa fue diferente. Fue lo mismo que sentí cuando me acerqué al foso. Es la entrada al Tártaro, ¿no? Algo poderoso y malvado se está desperezando allí abajo… algo más antiguo que los dioses.

"Vamos no pueden ser que gruesas… ¿Pueden? ¿Dónde está Atenea cundo la necesito? o cualquier diosa para el caso… seguro tienen más inteligencia que los Prats frente a mí" Pensé con sarcasmo.

Zeus y Poseidón parecieron ofendidos y el rey de los dioses pareció querer despotricar, pero una dura mirada de su esposa lo apaciguo rápidamente.

Poseidón y Zeus se miraron. Mantuvieron una discusión rápida e intensa en griego antiguo. Sólo capté una palabra:

«Padre.»

Mi mente hizo su famosa baile de la victoria y suspire internamente… esto era… por fin comenzaban a entender.

Poseidón hizo alguna sugerencia, pero Zeus cortó por lo sano. Poseidón intentó discutir. Molesto, Zeus levantó una mano.

"Idiota" Grite en mi mente.

-Asunto concluido (Dijo) Tengo que ir a purificar este relámpago en las aguas de Lemnos, para limpiar la mancha humana del metal. (Se levantó y me miró. Su expresión se suavizó ligeramente) Me has hecho un buen servicio, chica. Pocas heroínas habrían logrado tanto. (Informo solemne)

-Tuve ayuda, señor (Respondí) Grover Underwood y Annabeth Chase…

Me interrumpió. -Para mostrarte mi agradecimiento, te perdonaré la vida. No confío en ti, Persephone Jackson. No me gusta lo que tu llegada supone para el futuro del Olimpo, pero, por el bien de la paz en la familia, te dejaré vivir.

-Si solo por eso… (Murmuro Hermes con sarcasmo) No tiene nada que ver que Tío P lo hubiera mando al Tártaro, por tocarle un solo rizo.

Zeus fingió no oírlo y miro a Will con demasiado interés para ser real.

-Esto… gracias, señor. (Masculle)

-Ni se te ocurra volver a volar. (Advirtió) Que no te encuentre aquí cuando vuelva. De otro modo, probarás este rayo. Y será tu última sensación.

Pude ver a Poseidón poner los ojos con fastidio.

El trueno sacudió el palacio. Con un relámpago cegador, Zeus desapareció.

Me quedé sola en la sala del trono con mi padre.

Incomoda. Así me sentía, no sabía si esperar o marcharme, mi terea ya estaba hecha después de todo.

-Tu tío (Suspiró Poseidón) siempre ha tenido debilidad por las salidas dramáticas. Le habría ido bien como dios del teatro.

Un silencio, aún más incómodo.

-¿Señor? (Pregunté tentativamente) Usted sabe lo que había en el foso. ¿Verdad?

-Tú también lo sabes… ¿O me equivoco? (Inquirió con complicidad)

-¿Cronos? ¿El rey de los titanes? (Pregunte, pero sabía que estaba en lo cierto)

Incluso en la sala del trono del Olimpo, muy lejos del Tártaro, el nombre «Cronos» oscureció la estancia, haciendo que la hoguera a mi espalda no pareciera tan cálida.

Hestia se estremeció, al igual que lo demás dioses, los semidioses ya no temían al nombre ¿Para qué si ya lo habían vencido?

Poseidón agarró su tridente.

-En la primera guerra, Persi, Zeus cortó a nuestro padre Cronos en mil pedazos, justo como Cronos había hecho con su propio padre, Urano. Zeus arrojó los restos de Cronos al foso más oscuro del Tártaro. El ejército titán fue desmembrado, su fortaleza en el monte Etna destruida y sus monstruosos aliados desterrados a los lugares más remotos de la tierra. Aun así, los titanes no pueden morir, del mismo modo que tampoco podemos morir los dioses. Lo que queda de Cronos sigue vivo de alguna espantosa forma, sigue consciente de su dolor eterno, aún hambriento de poder.

Suspire entrecortadamente. -Se está curando (Dije con resignación) Está volviendo.

Poseidón negó con la cabeza. Lo mire incrédula.

-De vez en cuando, a lo largo de los eones, Cronos se despereza. Se introduce en las pesadillas de los hombres e inspira malos pensamientos. Despierta monstruos incansables de las profundidades. Pero sugerir que puede levantarse del foso es otro asunto. (Hablo con seguridad)

-Si claro… lo que luchamos fue solo una pesadilla… (Se burló Thalía en voz baja)

Nico rió y empujo a su prima con el hombro, haciendo una seña de silencio divertido. La pelinegra puso los ojos.

-Eso es lo que pretende, padre. Es lo que dijo. (Afirme con exasperación)

Poseidón guardó silencio durante un largo momento.

-Zeus ha cerrado la discusión sobre este asunto. No va a permitir que se hable de Cronos. Has completado tu misión, niña. Eso es todo lo que tenías que hacer. (Dijo con voz fría)

Sally miro a Poseidón como si quisiera incinerarlo. –Ni siquiera un "gracias por salvar mi divino trasero"… (Hablo con brusquedad, sorprendiendo a todos por su lenguaje) eres un… un… (Negó con la cabeza) ni siquiera voy a perder el tiempo contigo. (Informo y volvió a mirar a Will que continuo con la lectura rápidamente)

Poseidón se quedó allí con la mandíbula casi por el piso… las diosas y semidioses miraron a Sally con aprobación, los dioses le dedicaron una mirada de lastima al dios de los mares, por su suerte.

-Pero… (Me interrumpí. Discutir no iba a servir de nada. Él no iba a escucharme) Como… desee, padre. (Hable apretando los dientes)

Una débil sonrisa se dibujó en sus labios. Lo mire entrecerrando los ojos.

-La obediencia no te surge de manera natural, ¿verdad? (Inquirió divertido)

-No… señor… (Asentí rígidamente) a menos que seas mi madre… (Masculle por lo bajo)

La sala estallo en carcajadas, las Persi´s se sonrojaron y miraron a su madre tímidamente, articulando un "Lo siento". Ella negó con la cabeza y les sonrió con ternura.

-En parte es culpa mía, supongo. Al mar no le gusta que lo contengan. (Se irguió en toda su estatura y recogió su tridente. Entonces emitió un destello y adoptó el tamaño de un hombre normal) Debes marcharte, niña. (Me despidió sin más)

Alguno oyeron un "Aun no hay un gracias" de una exasperada Sally Jackson. El rey de los mares se encogió en su asiento, pera diversión de sus hijos.

-Pero primero tienes que saber que tu madre ha vuelto. (Informo con una sonrisa)

Impresionada, lo miré fijamente y pregunté: -¿Mi madre? (Inquirí con esperanza)

-La encontrarás en casa. Hades la envió de vuelta cuando recuperaste su yelmo. Incluso el Señor de los Muertos paga sus deudas. (Aseguro con orgullo)

El corazón me latía desbocado. No podía creérmelo. -¿Vas a… querrías…? (Tartamudee, pero me interrumpí yo misma. Quería preguntarle a Poseidón si le apetecía venir conmigo a verla, pero entonces reparé en que eso era ridículo. Me imaginé al dios del mar en un taxi camino del Upper East Side. Si hubiese querido ver a mi madre durante todos éstos años, lo habría hecho. Y también había que pensar en Gabe el Apestoso)

-He estado en taxis antes ¿Sabes? (Pregunto el dios de los mares un poco ofendido de que su hija lo pensara de esa manera)

-Bien padre… (Concedió Persi (M) con diversión) ¿Sabes padre? Debes dejar de tomar tan a pecho este libro… (Dijo con fingida gravedad)

Poseidón se sonrojo.

Los ojos de Poseidón adquirieron un tinte de tristeza.

-Cuando regreses a casa, Persi, deberás tomar una decisión importante. Encontrarás un paquete esperándote en tu habitación. (Informo con gravedad)

-¿Un paquete? (Cuestione curiosa)

-Lo entenderás cuando lo veas. Nadie puede elegir tu camino, Persi. Debes decidirlo tú. (Hablo en tono de sabiduría)

Asentí, aunque no sabía a qué se refería.

-¿Qué raro? (Se burló Annabeth)

Persi (J) le saco la lengua.

-Muy madura Jackson… (Dijo Annabeth poniendo los ojos)

-Me amas Annabeth… (Se jacto la ojiverde con suficiencia)

-Seguro… (Asintió Annabeth como fingida incredulidad)

Persi (J) le guiño un ojo y le dedico su sonrisa moja bragas, lo que la hizo sonrojar.

-Tu madre es una reina entre las mujeres (Declaró Poseidón con añoranza) No he conocido una mortal como ella en mil años. Aun así… lamento que nacieras, niña. Te he deparado un destino de heroína, y el destino de las heroínas nunca es feliz. Es trágico en todas las ocasiones. (Hablo con pesar)

Afrodita suspiro. –Eres una causa perdida… (Espeto con resignación)

Poseidón se volvió un profundo tono de oro.

Intenté no sentirme herida. Allí estaba mi propio padre, diciéndome que lamentaba que yo hubiese nacido.

-No es así… (Se quejó el dios como si fuera un niño)

Los dioses y semidioses pusieron los ojos ante el dramatismo del dios.

-No me importa, padre. (Hable tratando de no mostrar mi tristeza en la voz)

-Puede que aún no (Dijo) Aún no. Pero aquello fue un error imperdonable por mi parte.

-¿Por qué no te detienes? (Grito Sally) No te das cuenta de que la lastimas. (Espeto con frustración)

-Yo no… no… no se lo… Perdón… (Mascullo el dios con nerviosismo)

-Te dejo, pues. (Hice una reverencia incómoda) N… no te molestaré otra vez.

Me había alejado cinco pasos cuando me llamó.

-Persephone. (Me volví, con un estremecimiento. Había un fulgor en sus ojos, una especie de orgullo fiero) Lo has hecho muy bien, Persephone. No me malinterpretes. Hagas lo que hagas, debes saber que eres hija mía. Eres una auténtica hija del dios del mar. (El mismo orgullo era notable en sus palabras y aunque no lo quisiera esas palabras me llenaron de calidez, era mil veces mejor que esa caricia que recibí de niña)

Cuando regresé caminando por la ciudad de los dioses, las conversaciones se detuvieron. Las musas interrumpieron su concierto. Todos, personas, sátiros y náyades, se volvieron hacia mí con expresiones de respeto y gratitud, y cuando pasé junto a ellos se inclinaron como si yo fuera una heroína de verdad.

-Lo eres… (Aseguraron los semidioses)

Quince minutos más tarde, aún en trance, ya estaba de vuelta en las calles de Manhattan.

Fui en taxi hasta el apartamento de mi madre, llamé al timbre y allí estaba: mi preciosa madre, con aroma a menta y regaliz, cuyo cansancio y preocupación desaparecieron de su rostro al verme.

Sonreí. Por primera vez en días me sentí como si el peso del mundo se levantó de mis hombros.

-¡Persi! Oh, gracias al cielo. Oh, mi niña. (Me dio un fuerte abrazo y nos quedamos en el pasillo, mientras ella sollozaba y me acariciaba el pelo. Lo admitiré: también yo tenía los ojos llorosos. Temblaba de emoción, tan aliviada me sentía)

-Awa! (Arrullaron las mujeres de la sala, haciendo sonrojar a las ojiverdes quienes se escondieron tras sus hijos)

Me dijo que sencillamente había aparecido en el apartamento aquella mañana y Gabe casi se había desmayado del susto. No recordaba nada desde el Minotauro, y no podía creerse lo que le había contado Gabe: que yo era una criminal buscada, que había viajado por todo el país y había estropeado monumentos nacionales de incalculable valor. Se había vuelto loca de preocupación todo el día porque no había oído las noticias. Gabe la había obligado a ir a trabajar, puesto que tenía un sueldo que ganar.

Gruñidos y quejidos de molestia se oyeron por todos lados. Incluso el aura de algunos semidioses (Thalía, Nico, Jasón, Piper, Annabeth y Leo) comenzaban a expandirse por la rabia.

-Tranquilos el ya no puede molestarnos más… (Se apresuró a informar Sally para calmar a sus niños)

Después de un abrazo colectivo, todos se colmaron.

Me tragué la ira y le conté mi historia. Intenté suavizarla para que pareciera menos horrible de lo que en realidad había sido, pero no era tarea fácil. Estaba a punto de llegar a la pelea con Ares cuando la voz de Gabe me interrumpió desde el salón.

-¡Eh, Sally! ¿Ese pastel de carne está listo o qué?

Cerró los ojos.

-No va a alegrarse de verte, Persi. La tienda ha recibido hoy medio millón de llamadas desde Los Ángeles… Algo sobre unos electrodomésticos gratis. (Dijo confundida)

-Ah, sí. Sobre eso… (Hable tratando de ocultar mi diversión)

Annabeth, Persi (J) y Grover compartieron una sonrisa cómplice.

Consiguió lanzarme una sonrisita.

-No lo enfades más, ¿Sí? Venga, pasa. (Invito con alegría)

Durante mi ausencia el apartamento se había convertido en Tierra de Gabe. La basura llegaba a los tobillos en la alfombra. El sofá había sido re tapizado con latas de cerveza y de las pantallas de las lámparas colgaban calcetines sucios y ropa interior.

Las mujeres arrugaron la nariz con asco. Sally se estremeció recordando como tuvo que limpiar todo eso.

Gabe y tres de sus amigotes jugaban al póquer en la mesa.

-¿Es que acaso solo eso hace? (Inquirió Apolo con irritación)

Persi (M) bufó con sarcasmo. –Ni siquiera eso… el tipo perdía todo el tiempo… (Informo la ojiverde con alegría)

-Idiota… (Mascullo el dios del sol, negando con la cabeza divertido)

-Tú lo sabes… (Concedió Persi y le guiño un ojo a su cuñado, lo que lo hizo reír)

Cuando Gabe me vio, se le cayó el puro y la cara se le congestionó.

-Ho esto va a ser bueno… (Exclamo Leo rebotando en su asiento)

-¿Cómo… cómo tienes la desfachatez de aparecer aquí, pequeña sabandija? Creía que la policía… (Se apagó sin saber que más decir)

-No es un fugitivo (Intervino mi madre sonriendo con suficiencia, para mayor furia de Gabe) ¿No es maravilloso, Gabe? (Inquirió con voz dulce)

La mire con un nuevo respeto. Ella si sabe cómo meterse bajo su piel, quise chocar cinco con ella en ese mismo momento.

Lo mismo ocurría en la sala. Los semidioses la miraban como si fuera la mayor diosa que pudo haber existido, con tanto respeto y admiración, que hicieron sonrojar a la mortal, quien les dedico una sonrisa de amor y afecto.

Nos miró boquiabierto. Estaba claro que mi vuelta a casa no le parecía tan maravillosa.

-Ya es bastante malo que tuviera que devolver el dinero de tu seguro de vida, Sally (Gruñó y mis manos se apretaron en puños. "¿Él idiota prefería a mi hermosa madre muerta?" el mero pensamiento de aquello, me hizo hacer el agua de los jarrones y el líquido de sus bebidas en ebullición) Dame el teléfono. Voy a llamar a la policía. (Gritó sin notar como furiosa yo estaba)

-¡Gabe, no! (Chillo mi madre escandalizada y podía ver en sus ojos azules como preocupada estaba, eso me hacía odiar más al apestoso)

Él arqueó las cejas. -¿Dices que no? ¿Crees que voy a aguantar a este monstruo en ciernes en mi casa? Aún puedo presentar cargos contra él por destrozarme el Camaro. (Espetó con la cara purpura de tanta rabia)

-Pero… (Intento mi madre)

Él Levantó la mano y mi madre se estremeció.

La mire y entonces comprendí todo: Gabe le había pegado a mi madre. No sabía cuándo ni cómo, pero estaba segura de que lo había hecho. Quizá llevaba años haciéndolo sin que yo me enterase. La ira empezó a expandirse en mi pecho.

En la gran sala nuevamente comenzaron a expandirse las auras, por la rabia. Esta vez sin embargo eran todos, salvo Hércules y las Persi´s. Hércules porque no le veía nada de malo a la acción del mortal, según él a veces las mujeres necesitan una llamada de atención para mantenerlas en línea. Las ojiverdes porque ya sabían lo que venía y también estaban frente a sus hijos y madre para protegerlos de cualquier cosa que pueda venir a ellos.

-Bastardo! (Gritó Thalía con rabia, una nueve de tormenta con rallos crepitantes sobre su cabeza)

-¿Cómo… Como se atreve ese intento de Mortal a tocarla? (Espeto Nico, quien había convocado varios zombis a su alrededor)

Y así como ellos varios tenían sus poderes se activaron inconscientemente. Jasón no estaba lejos de su hermana y por eso su rabia alimento la tormenta de Thalía transformándola en un huracán. Piper, Annabeth y Drew tenía convocaron Palomas y búhos a quienes parecían estar ordenando joderle la vida a Gabe Ugliano. Hazel tenía pilas y pilas de joyas malditas a sus pies, las cuales luego metía en cajas que se destinaban al oloroso. Franck se estaba transformando, buscando el animal que le haría mayor daño al mortal. Claris estaba convocando todas las espadas cercanas y las iba entregando a quienes las quisieran. Travis, Connor y Chris fueron de los primeros en tomar espadas y ahora entrenaban. Katie hacia crecer vides y las utilizaban para entrenar sus espadas. Will había soltado el libro y había comenzado a disparar flechas a las dianas a que había hecho Leo, las cuales se mantenía siempre en movimiento. Pero no solo eso es lo que Leo había creado, si no que estaba tratando de hacer una réplica rápida del Argo para poder ir a buscar al mortal ahora mismo.

Esto era suficiente para Persi (M) quien ni siquiera se tomó la molestia de enumerar las destrezas que estaban haciendo los dioses, quienes tenían el poder de sus amigos multiplicados por 20 o 30, así que imagínense el desastre. La azabache como medida de seguridad envió a su familia, junto con su mini yo a su palacio. Luego se volvió y creció a su altura divina, utilizo su poder del tiempo y los congelo, pero les permitió ser conscientes, para que puedan oírla.

-Es suficiente… ¿Qué les sucede? ¿Se volvieron locos? Había niños presentes aquí, no sé si recuerdan… Artemis (Dijo mirando a la diosa, a la cual se le habían vuelto de oro las mejillas) Teseo se fue llorando, completamente aterrado, incluso Zoe no estaba lejos y mi niña es muy valiente… (Suspiro) entiendo su molestia y rabia, pero chicos les puedo asegurar que a Gabe le va a llegar su merecido… Ahora ¿Pueden ordenar la sala, para que pueda traer a mi familia de nuevo? (Inquirió con una ceja alzada)

Parpadearon en acuerdo y los descongelo. Zeus chasqueo los dedos y todo estaba como antes. Persi cerró los ojos y cuando los abrió su familia estaba de vuelta. Artemis corrió a sus bebes y por primera vez los abrazo adecuadamente. Annabeth hizo lo propio con los suyos. Se volvieron a sentar en sus asientos, las madres con sus hijos cerca.

Will se aclaró la garganta y continuó.

Me acerqué a Gabe, él me miro condescendientemente, como si estuviera seguro de que no podía hacerle daño.

Mi primer instinto vino tratando saca a contracorriente, pero aunque Gabe era un cerdo, eso no lo hacía un monstruo. Con mi mano en puño le di de lleno en la nariz, rompiéndosela con gran efectividad.

Semidioses y dioses vitorearon, felicitando a Persi por su acción. Hestia se debatía entre felicitarla o regañarla a pesar de saber todo lo que Gabe ha hecho, hacerlo no la hizo mejor que él, se decidió por quedarse en silencio. Por ahora. Hera y Sally solo sonrieron levemente.

-Maldita perra… (Gimió sosteniendo su nariz ensangrentada, hizo un movimiento de pegarme pero Eddie tomo su brazo)

-Vale ya, Gabe… (Trato de calmarlo) Es una niña… (Advirtió)

Gabe lo fulminó con la mirada e imitó con voz de falsete:

-Es una niña… (Bufó) Le perra rompió mi nariz… (Le recordó con rabia)

Sus otros colegas rieron como idiotas, aunque no estaba segura de que les divertía, que yo le haya roto la nariz o que se burlara de Eddie.

-Está bien. Seré amable. (Gabe me enseñó unos dientes manchados de tabaco y sangre) Tienes cinco minutos para recoger tus cosas y largarte. Si no, llamaré a la policía. (Amenazo)

-¡Gabe, por favor! (Suplicó mi madre, le hice un gesto de silenció no queriendo que se humille frente a este tipo, que no merecía ni siquiera respirar el mismo aire que ella)

-Prefirió huir de casa (Repuso él) Muy bien, pues que siga huida.

Me moría de ganas por golpearlo de nuevo, pero mi mano dolía de la última vez.

-Débil… (Se burló Heracles por lo bajo)

-Cállate idiota… (Le espeto un Perseo harto de escucharlo)

Hércules puso los ojos.

Mi madre me agarró del brazo.

-Por favor, Persi. Vamos. Iremos a tu cuarto. (Me pidió con urgencia)

Permití que me apartara. Las manos aún me temblaban de ira.

Mi habitación estaba abarrotada de la basura de Gabe: baterías de coche estropeadas, trastos y chismes de toda índole, e incluso un ramo de flores medio podridas que alguien le había enviado tras ver su entrevista con Bárbara Walters.

-Gabe sólo está un poco disgustado, cariño (Me dijo mi madre) Hablaré con él más tarde. Estoy segura de que funcionará.

Mi mandíbula se tensó, negué con la cabeza efusivamente. -Mamá, nunca funcionará. No mientras él siga aquí. (Dije con los dientes apretados)

Ella se frotó las manos, nerviosa. -Mira… te llevaré a mi trabajo el resto del verano. En otoño a lo mejor encontramos otro internado… (Se aventuró tratando de sonar alegre, pero sus ojos no me mentían)

Cerré los ojos, no soportando ver el dolor en los suyos. -Déjalo ya, mamá. (Pedí con impotencia)

Bajó la mirada. -Lo intento, Persi. Sólo… que necesito algo de tiempo. (Hablo con la voz quebrada, me acerque a abrazarla)

De pronto apareció un paquete en mi cama. Por lo menos, habría jurado que un instante antes no estaba allí. Era una caja de cartón del tamaño de una pelota de baloncesto. La dirección estaba escrita con mi caligrafía:

Los Dioses

Monte Olimpo

Planta 600

Edificio Empire State

Nueva York, NY

Con mis mejores deseos,

PERSI JACKSON.

Los semidioses comenzaron a rebotar en sus asientos con entusiasmo. Incluso Will parecía leer más rápido.

Encima, escrita con la letra clara de un hombre, leí la dirección de nuestro apartamento y las palabras:

«Devolver AL remitente.»

De repente comprendí lo que Poseidón me había dicho en el Olimpo: un paquete y una decisión.

«Hagas lo que hagas, debes saber que eres hija mía. Eres un auténtica hija del dios del mar.»

Miré a mi madre.

-Mamá, ¿quieres que desaparezca Gabe? (Inquirí con curiosidad sincera, esta no solo era mi decisión)

-Persi, no es tan fácil. Yo… (Suspiro, la interrumpí)

-Mamá, contesta. Ese cretino te ha pegado. ¿Quieres que desaparezca o no? (Pregunte con urgencia)

Vaciló, y después asintió levemente. -Sí, Persi. Quiero, e intento reunir todo mi valor para decírselo. Pero eso no puedes hacerlo tú por mí. No puedes resolver mis problemas. (Dijo en su tono "Esto es así y se acabó")

Miré la caja.

Sí podía resolverlos. Si la llevaba a la mesa de póquer y sacaba su contenido, podría empezar mi propio jardín de estatuas justo allí, en el salón.

-Hazlo… (Ínsito Claris)

Los semidioses asintieron en acuerdo. Incluso Franck estaba esperando que lo hiciera.

Eso es lo que una heroína griega habría hecho, pensé. Era lo que Gabe se merecía. Pero la historia de una heroína siempre acaba en tragedia, como había dicho Poseidón.

Recordé el inframundo. Pensé en el espíritu de Gabe vagando eternamente en los Campos de Asfódelos, o condenado a alguna tortura terrible tras la alambrada de espino de los Campos de Castigo: una partida de póquer eterna, sumergido hasta la cintura en aceite hirviendo y escuchando ópera. ¿Tenía yo derecho a enviar a alguien allí, incluso tratándose de alguien tan despreciable como Gabe?

-Por supuesto que sí… eres mi sobrina… (Asintió Hades con orgullo)

Hestia presiono sus labios juntos.

Un mes antes no lo habría dudado. Ahora…

Mire a mi madre a los ojos. -Puedo hacerlo (Le asegure) Una miradita dentro de esta caja y no volverá a molestarte. (Prometí)

Mi madre miró el paquete y lo comprendió.

-No, Persi (Dijo apartándose de mis brazos) No puedes.

Tome su mano. -Poseidón te llamó reina (Le dije) Me contó que no había conocido a una mujer como tú en mil años. (Confesé)

-Persi… (Musitó ruborizándose)

Ahueque su cara entre mis manos y la obligue a mirarme. -Mereces algo mejor que esto, mamá. Deberías ir a la universidad, obtener tu título. Podrías escribir tu novela, conocer a un buen hombre, vivir en una casa bonita. Ya no tienes que protegerme quedándote con Gabe. Deja que me deshaga de él. (Implore secando una lágrima de su mejilla y besando su frente)

-Hablas igual que tu padre (Dijo con una sonrisa) Una vez me ofreció detener la marea y construirme un palacio en el fondo del mar. Creía que podía resolver mis problemas con un simple ademán. (Se burló)

Poseidón se ruborizo. Zeus y Hades se burlaron de él, haciendo sonidos de besos.

-¿Y qué hay de malo en eso? (Pregunte confundida, aunque creía saber)

Sus ojos multicolores parecieron indagar en mi interior. -Creo que lo sabes, Persi. Te pareces lo bastante a mí para entenderlo. (Hablo en un susurro suave) Si mi vida tiene que significar algo, debo vivirla por mí misma. No puedo dejar que un dios o mi hija se ocupen de mí… Tengo que encontrar yo sola el sentido de mi existencia. Tu misión me lo ha recordado. (Confesó con voz enérgica)

Oímos el sonido de las fichas de póquer e improperios, y el canal deportivo ESPN en el televisor del salón.

Asentí en acuerdo. -Dejaré la caja aquí (Dije casualmente) Si él te amenaza…

Ella asintió con aire triste.

-Eres una gran persona… (Le susurro Artemis a Persi (M) y luego beso su mejilla)

Persi negó. –No… ella la es… (Dijo señalando a su madre) la más grande del mundo… (Aseguro con una sonrisa)

-¿Adónde piensas ir, Persi? (Cuestiono con tristeza, creo que ya sabía la respuesta)

-A la colina mestiza. (Informe)

-¿Para el verano… o para siempre? (Pregunto con miedo, la abrace con fuerza)

-Sally! (Llamo Gabe)

Mire la puerta y ella siguió mi mirada. -Supongo que eso depende. (Dije sin necesidad de aclaran más nada. Porque en ese momento nos miramos y tuve la sensación de que habíamos alcanzado un acuerdo)

Ya veríamos cómo estaban las cosas al final del verano.

Me besó en la frente.

-Serás una heroína, Persi. La mayor heroína de todas. (Aseguro con orgullo)

-Y no me equivoque… (Murmuro Sally con el mismo orgullo)

Volví a mirar mi habitación e intuí que ya no volvería a verla. Después fui con mi madre hasta la puerta principal.

-¿Te marchas tan pronto perra? (Me gritó Gabe por detrás) ¡Hasta nunca!

Tuve un último momento de duda. ¿Cómo podía desperdiciar la oportunidad de darle su merecido a aquel bruto?

Me iba sin salvar a mi madre.

-¡Sally! (Gritó él) ¿Qué pasa con ese pastel de carne?

Una mirada de ira refulgió en los ojos de mi madre y pensé que, después de todo, quizá sí estaba dejándola en buenas manos.

Las suyas propias.

Sally sonrió a sus hijas y asintió. Les articuló un "Las amo" a lo que las azabaches contestaron de igual manera.

-El pastel de carne llega en un minuto, cariño (Le contestó) Pastel de carne con sorpresa.

Me miró y me guiñó un ojo.

Lo último que vi cuando la puerta se cerraba fue a mi madre observando a Gabe, como si evaluara qué tal quedaría como estatua de jardín.

-Eso es todo. (Asintió Will)

-No podemos comer ahora… (Pidió Apolo)

-Solo un capítulo más Apolo… (Regaño Artemis a su hermano) como un poco de ambrosia si tienes tanta hambre… (Aconsejo)

El dios frunció el ceño, hizo aparecer la ambrosia y la miro como si fuera la culpable de que no tendría su comida.

-¿Quién va a leer el siguiente? (Pidió Hefesto con impaciencia, quería acabar con el libro, él también tenía hambre)

-Luke amigo ¿Podrías leerlo? (Pidió Persi (M) con amabilidad)

Luke pareció sorprendido por el pedido, pero igualmente asintió a regañadientes. –Si claro Persi… (Dijo con una sonrisa, tomó el libro ofrecido por Will y leyó) La profecía se cumple… (Leyó y trago con fuerza, esto no va a ser bueno para él)