Chicas aca estoy con una nueva acualización, disculpen la demora.

Si me dejan muchos comentarios en un rato subo otro capitulo más.


Capítulo 26: Dolorosos recuerdos.

''Capítulo Beteado por Beta FFTH Lupita''

Bella Pov

Esos días fueron demasiado difíciles. Anunciar la novedad al resto de la familia no fue lo más agradable que me había tocado hacer, pero gracias al cielo todos nos apoyaban y nos brindaban su cariño, eso era lo que necesitábamos en este momento.

Presenté la renuncia en las escuelas y el que más se sorprendió fue Billy, quien se quedó muy preocupado por la novedad.

De Jacob no se sabía nada, y la verdad es que yo interiormente necesitaba a mi amigo, necesitaba su ayuda.

El sábado era el cumpleaños de Edward. Y si no hubiera sido porque Esme me avisó dos días antes que nos esperan a cenar en su casa y que organizarían un festejo íntimo, se me hubiese pasado por completo. Eso, de alguna forma sólo me hacía sentir peor.

Después de tratar de evitarlo a toda costa, tuve que llamar a mis padres para informarles de la salud de mi pequeña. En el fondo, creo que pospuse esta llamada porque no quería aceptar esta realidad, pero necesitaba a mis padres cerca, ahora más que nunca. Tomé el teléfono una vez que los niños se acostaron a dormir la siesta. Después de un par de timbrazos, finalmente mi madre atendió

― Familia Swan.

― Hola, mami.

― Bella… cariño, ¿cómo estás?

― Mal, mamá ― dije, mientras sentía que comenzaban a caer las lágrimas por mis mejillas, ya había comenzado a odiarme por tanto llorar.

― ¿Qué pasa, hija? ― preguntó, alarmada.

― Es Mía, ella está muy enferma.

― ¿Qué es lo que tiene mi nieta? ― Yo tomé aire y traté de juntar fuerzas para pronunciar esas palabras que tanto me dolían.

― Mamá… Mía tiene leucemia.

Sólo se escuchaba el lamento en la línea. Ambas estábamos desconsoladas. Sabíamos todo lo que tuve que pasar para tener a mi princesa y ella siempre había sido como una segunda mamá para mi hija, por lo que entendía mi dolor mejor que nadie.

― ¡No! ¡NO! ¡No puede ser Bella! Debe haber algún error… ― habló, reaccionando al fin.

― No mamá. No hay ningún error… el lunes empieza con quimioterapia ― dije, aún consternada.

― Hija… cuanto antes tu padre y yo iremos a verlas, ¿tú cómo lo estas llevando? ¿El bebé?

― Lo sobrellevo como puedo. No sé que es lo que haría si no contara con Edward mamá, el está al pendiente de todo. Es mi sostén, y el bebé está bien.

― ¿Están juntos, tú y Edward?

― Si… volvimos hace un par de semanas. Ahora somos una familia, por fin tú nieta tiene un papá ― y una sonrisa se dibujó en mi rostro.

― Me alegro hija de que estén bien. Sé que él te ama, y ama a tu pequeña, me alegro de que cuentes con él.

― Yo también mamá. Estoy muy feliz de tenerlo en mi vida y creo que al fin encontré al hombre indicado: el que me apoya en todo momento, mi apoyo incondicional, mi otra mitad.

― Me alegro que así sea, mucho más en este momento.

Nos despedimos, y ella me prometió que vendrían pronto. Fue la primera vez que pude pensar con un poco de claridad, era afortunada pese a todo lo que me tocaba vivir, tenía a Edward a mi lado y una familia que me apoyaba en todo momento.

Durante el día intentaba estar bien, sacar fuerzas para estos pequeños solcitos que iluminaban mi vida. Necesitaba sentir que hacía felices a mis hijos, aunque fuera sólo consintiéndolos con golosinas. Nunca había sido partidaria de complacer todos sus caprichos, pero ahora mi visión de la vida estaba cambiando. Necesitaba escuchar sus risas, ver sus caritas felices, eso era lo que me daba fuerza para enfrentarlo todo.

Por las noches me dedicaba junto con Edward a buscar información que ayudara a Mía en su tratamiento. Él se concentraba en libros de medicina, ensayos de oncología infantil y no sé que otro montón de cosas que traía del hospital. Yo, en cambio, busca desesperadamente alguna forma para que mi hija llevara mejor el tratamiento.

Leí de la terapia de la risa, de acompañamientos psicológicos, y grupos de apoyo para familia de enfermos. Era mucha información pero poco a poco estaba aceptando esta realidad y quería darle a mi hija lo mejor, durante todo el tiempo que pudiera.

Pov Reneésme

Era un día de verano… me podía ver en un gran predio, hermoso, verde, el calor era sofocante. En mi mano sostenía una copa de vino, sabía delicioso, podía notar la sonrisa en mi rostro, mi cara completamente embobada mirando esos ojos azules que me hablaban, que me halagaban.

Caminamos alejándonos de aquella carpa grande donde era la exposición, él me tomaba por la cintura y me guiaba hacía una supuesta muestra privada, yo podía sentir el suave mareo por efecto del vino.

De pronto todo se volvió oscuro, casi negro. Recuerdo sus manos tocándome todo el cuerpo, al principio era suave, pero cuando le dije que no quería que pasara nada, me tomó por la fuerza. Sus manos dejaron de acariciar mi cuerpo para tocarlo brutalmente, me besaba con fuerza, hasta que mis labios sangraron, mi manos estaban inmovilizadas sobre mi cabeza con una de sus manos, mientras que la otra subía por mis muslos, levantando mi falda, arrancándome la ropa interior. Grite, lloré y pedía ayuda, pero lo único que logré fueron golpes y más brutales caricias. El pánico me invadió y no me dejó moverme, ni emitir sonido alguno cuando pude ver como sacaba su cinturón y lo sujetaba fuertemente a mis muñecas, luego desprendió su pantalón y se lo bajó junto con sus bóxer, lo único que recuerdo desde entonces fue el gran dolor que sentí.

Me sentí sucia, usada, indigna, cuando finalmente acabó me dejó allí tirada, alejada de todo... destrozada.

No sé como volví al hotel, me di una ducha que duró más de dos horas, frote cada centímetro de mi cuerpo enérgicamente con la esponja hasta que llegué a lastimarme, dormí varios días, no comía, tan sólo respiraba.

Sabia que debía volver a casa, pero no podía y no quería estar en mi casa, con mi familia luego de lo que paso, era indigna de su cariño: ya no valía nada.

Con enorme dolor, llegué al hotel, armé mi maleta y hablé con mi madrina Heidi, ella ya me estaba esperando en Volterra.

Los meses siguientes fueron los peores de mi vida. En lugar de alejar los recuerdos, estos crecían cada día dentro de mi mente, se apoderaban de mis sueños en horribles pesadillas reviviendo cada uno de esos largos minutos.

Mi cuerpo había cambiado. Mi psiquis no daba para más, esto era demasiado. Finalmente me desgarré y allí estuvo Heidi a mi lado, dándome fuerzas, ayudándome a expulsar mi dolor, mis lágrimas, mi ira, despidiendo mis fantasmas y marcando mi vida con un nuevo rumbo para siempre.

No puedo borrar ninguno de esos recuerdos, no puedo dejar de escuchar ese llanto lleno de vida, no puedo dejar de sentir tanto miedo, dolor, e incertidumbre.

A los pocos días tomé la decisión más difícil de mi vida, la que hasta el día de hoy me cuestionaba, volví a Londres con mi hermano, él me daba fuerzas, él era mi sol, con el podría quizás dejar de recordar ese rostro, esas manos, ese llanto, quizás así, con él a mi lado podría sacar a Anthony de mi mente.

Pero de nuevo me veía en Forks, con Mía, y detrás de ella estaba Anthony, que me miraba recriminándome mis decisiones... y de su boca salió un ¿Por qué lo hiciste?

¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

¡NOOOOOOOOOOOOO!

Me desperté sobresaltada, completamente sudada, y llorando. No podía estar pasándome esto. No entendía porque después de tanto tiempo, esas pesadillas volvían, porque esos fantasmas me atormentaban nuevamente.

Un golpe en la puerta me sobresaltó.

― Nessy, ¿estas bien, hija? ¿Puedo pasar?

― Pasa mamá ― dije, ahora si tenía a mi madre a mi lado.

― ¿Qué pasó, pequeña?

― Pesadillas, mami ― respondí, mientras la abrazaba y lloraba en su regazo como una niña pequeña.

― Te necesité, mami. Necesitaba tenerte a mi lado, sosteniendo mi mano, dándome fuerzas, te necesitaba conmigo.

― Lo sé mi niña, pero no sabía nada. Si tan solo me hubieses dicho Nessy, quizás así podría haberte acompañado todo este tiempo, podría haber estado a tu lado, podría haberte consolado con cada lágrima que derramabas, como ahora pequeña ― contestó, entre sollozos.

― No podía… no quería decirte todo, me sentía fatal. Me sentía tan sucia, indigna ― dije.

Me tomó suavemente el rostro y me miró, obligándome a regresarle la mirada.

― Nunca, escúchame bien: nunca debes sentirte así. Todo lo que pasó no fue tu culpa… te amo y sin importar lo que pueda pasar, nunca podrías ser indigna de mi amor por ti, el amor de una madre por sus hijos es incondicional.

Yo sólo regresé mi rostro a su regazo y seguí llorando. Las palabras de mi madre solo me hicieron sentir peor. Todos a mi alrededor me demostraron eso, que el amor de una madre es incondicional y eso era algo que solo reafirmaba que yo no merecía estar en esta familia.


¿Qué esconderá Nessy?