UN MOMENTO PARA SER VALIENTES
29. Cambio de planes
El camino se hace eterno. Son una fila enorme de alumnos. Hay empujones, gente que intenta adelantarse y llegar antes. Otros que intentan escabullirse para luchar.
A Sue solo le preocupa seguir sosteniendo la mano de Morag. Que no se le escape. Por lo menos hasta que estén bien lejos y a salvo de todo lo que se les viene encima.
—¡Paso! ¡Dejad paso! —exclama una voz a sus espaldas. Cuando se giran ven al profesor Slughorn, al que han abierto una hilera, pasar entre ellas.
Morag arruga el ceño.
—¿También él está huyendo?
Sue no lo duda. Tira de ella y se cuela por el pasillo que le han formado. Están más cerca, mucho más.
Slughorn es mucho más ágil de lo que parece a simple vista, con su protuberante barriga. En un abrir y cerrar de ojos estaba al frente de la fila que se había formado seis pisos y medio más abajo.
—¡Alto, alto! —chilla alargando sus brazos. Llevaba un ridículo batín y un gorro de dormir.
Los alumnos de Slytherin se detienen en el acto. Sue arruga el ceño, sorprendida. ¿Qué pensaba hacer?
—No podéis dejar que os hagan esto —dice clavando su varita en su mano extendida, para enfatizar—. No podéis ser los malos de la historia. Ahí fuera, ¡ahí fuera van a cambiar el futuro!
—¿Un puñado de críos contra mortífagos? —pregunta un chico, provocando un grupo de risas.
—El Señor Tenebroso es mucho más poderoso que Harry Potter. Y su ejército es más grande —apunta otro.
Slughorn resopla.
—¿Y si no es así? Harry Potter necesita nuestra ayuda. El colegio os necesita. Y, cómo siempre, los primeros en abandonar el barco son los de la casa de Salazar Slytherin.
ȃl no hubiera permitido que sus alumnos huyeran con el rabo entre las piernas.
Sue mira a Morag. No sabe por qué, pero la idea de que Rowena Ravenclaw se llevaría las manos a la cabeza si las viera huyendo hace que se sienta mucho peor. Slughorn tiene razón.
No pueden huir sin más. El colegio…
—¡Nos está pidiendo que luchemos contra nuestra familia!
Pansy Parkinson sale de entre el grupo, a empujones. Sue aprieta el agarre a Morag. No entiende como esa chica puede ser tan obtusa.
—Y nuestros ideales. Potter, y este colegio, siempre nos ha despreciado. Somos los malos de la historia, ¿no? ¡Pues que se las arreglen solos! Ahora no nos pueden pedir ayuda.
Parkinson se desinfla un poco y murmura unas últimas palabras inaudibles. La gente empieza a hacer mucho ruido y a empujar hacia delante, impaciente.
—¡Chicos, chicos! —intenta recuperar Slughorn el control.
—¡Hasta el profesor Snape se ha largado! —añade otro alumno.
—Nosotros nos quedamos, profesor.
Sue gira rápidamente la cabeza. Tanto que siente un pinchazo en la parte posterior de su cuello. Nott ha dado un paso al frente. Está pálido, como si no estuviera muy seguro de sus palabras. Detrás de él están Tracey Davies, Millicent Bulstrode y Daphne Greengrass. Los tres tienen un aspecto muy similar al de Nott.
—¡Merlín bendito! —Slughorn parece muy aliviado—. Venid, venid conmigo.
Sue observa como el profesor desaparece entre la multitud, seguido de cerca por Nott. Era imposible perderlo, demasiado alto.
Demasiado imposible.
—¡Sois unos traidores! —grita Parkinson.
—Yo también voy —susurra soltándose de Morag.
—No pienso dejarte ir sola —dice con resolución.
Sonríe.
Continuará.
