¡Feliz febrero!

No me puedo creer que haya pasado tanto tiempo desde mi última actualización. Supongo que debéis estar odiándome del mismo modo en el que yo odio a las autoras que tardan taaaanto tiempo en actualizar -es un odio cariñoso, que conste, pero sigue siendo odio-, pero por desgracia no puedo hacer nada más que pediros disculpas y agradeceros el seguir ahí, esperando pacientemente en vez de venir a pincharme con palos puntiagudos.

En fin, espero que todo os haya ido muy bien durante este tiempo de ausencia. Que conste que aunque no daba señales de vida he continuado leyendo cada uno de los comentarios y respondiendo a todos los MP's que me iban llegando. Y sigo agradeciéndoos que me animéis con vuestros reviews y me deis vuestra preciosísima opinión a cerca de la historia.

Venga, no voy a soltaros más rollo, que ya es hora de entregaros el capítulo que tanto me ha costado terminar. ¡Un abrazo enorme y espero que os guste!


Farba, Gaea y Oden llegaron bastante tarde de Summerhill -al parecer habían tenido más trabajo del esperado organizando las cajas-, lo cual retrasó la hora de la comida y provocó que los platos se consumieran con un hambre voraz. La madre de Loki los felicitó a él y a Thor por haber cocinado algo tan delicioso, pero los auténticos halagos llegaron junto al esperado poste.

En cuanto el rubio se retiró a la cocina con los platos sucios y llegó con el pastel, que había sido previamente colocado en una bandeja plateada, Gaea dejó escapar un silbido de sorpresa.

–Vaya, pues tiene muy buena pinta –reconoció contemplando el postre con mirada golosa.

Y lo cierto es que la tenía: el bizcocho había quedado grueso, suave y esponjoso, y la crema de chocolate se derramaba con textura espesa desde la cobertura superior saturando el aire con su dulce aroma. Además, Loki hizo un buen alarde de su habilidad a la hora de cortar la fruta: había convertido el plátano y las fresas en finas rodajas que luego había colocado de forma ordenada por todos los laterales, dándole así un aspecto más delicioso y profesional al postre. Sin duda, aquél pastel no tenía nada que envidiarle a los de los expertos en repostería, pero si había algo mejor que su apariencia era su sabor. El chocolate se fundía en la punta de la lengua y el bizcocho se deshacía en un baño azucarado que deleitaba a los sentidos. Además, la fruta aportaba un sabor fresco y ácido que combinaba perfectamente con la base de cacao.

–¡Hacéis muy buen equipo en la cocina! –elogió Farba–. A mi nunca me salen así los pasteles. ¡Podría comérmelo todo entero!

–Eso será si mi marido no se lo termina antes –repuso Gaea echándole un afilado vistazo a Oden mientras este se servía una nueva y generosa porción en su plato, ajeno a la conversación–. Pero es verdad, Thor: os habéis lucido... Aunque seguro que Loki ha tenido que controlarte para que no se te pasara en el horno.

Aquellas palabras provocaron que ambos jóvenes intercambiaran una discreta mirada de complicidad. En realidad, el pastel había estado a punto de quemarse, pero no por culpa de Thor, sino porque los dos habían demasiado ocupados besándose sobre la mesa como para prestarle atención al horno. Por suerte, al final habían sido capaces de regresar a sus tareas culinarias, si bien prometiéndose un furtivo encuentro aquella misma tarde.

Thor no había dejado de pensar en ello desde que Loki lo había mencionado; estaba ansioso por descubrir a qué escondite se refería el hijo de Farba cuando este le prometió que podrían estar juntos aún con sus padres rondando por la casa. ¿Sería algún lugar en el bosque, algún claro oculto entre la espesa arboleda o una cabaña apartada donde pudieran intimar sin temor a ser descubiertos? Temía estar dando rienda suelta a sus fantasías, pero conociendo a Loki no resultaba extraño tantear aquél tipo de posibilidades; seguro que tenía un montón de lugares secretos en las inmediaciones.

Pero además de la curiosidad y la expectación, Thor sentía algo más creciendo en la boca de su estómago, acelerando ligeramente sus pulsaciones cada vez que pensaba en ello: nervios. Sí, vale, tenía que confesarlo, estaba un poco nervioso. Ya había estado a solas con Loki muchísimas veces -incluso habían tenido una cita-, pero nunca habían acordado verse -y esconderse- para continuar con su sesión de besos apasionados. ¿Debía suponer que Loki pretendía ir un poco más lejos? Lo último que quería era interpretar de forma errónea sus movimientos, aunque el muchacho de ojos verdes no había dejado demasiado espacio para la duda. "Continuamos con esto más tarde", había dicho. Continuar con sus húmedos besos e indiscretas caricias. ¿Pero qué pasaría si se encontraban con la oportunidad de hacer aquello sin límite de tiempo, lejos de cualquier interrupción? ¿Y si se les iba de las manos? Es decir, no es que hubiera nada malo en ello, pero le costaba creer que Loki fuera tan directo. ¿Estaría -por fin- dispuesto a reconocer que entre ellos existía una fuerza imparable, una atracción tan intensa como la de la gravedad?

–Creo que a partir de ahora vosotros dos, jovencitos, seréis los cocineros de esta casa –bromeó Farba una vez los platos quedaron únicamente ocupados por algunas migas y rastros de chocolate.

–Después de una mañana de trabajo y una comida así, lo mejor es echarse una buena siesta –apuntó Oden, ganándose un burlón reproche de su mujer.

–Podéis ir a descansar si os apetece, mamá –dijo Loki sin embargo–. Nosotros nos encargamos de recoger esto.

–Oh, sí, por supuesto –secundó Thor, que no estaba dispuesto a despegarse de Loki ni un solo momento. No iba a permitir que, por el motivo que fuese, se arrepintiera de lo que le había prometido y se escabullera sin él.

–Pero qué responsables son estos chicos –Farba se la aproximó a Thor y le acarició el pelo con afecto, aunque tuvo que subir la mano dada la diferencia de altura que existía entre ambos–. Pues si os encargáis vosotros, creo que yo iré un rato al taller.

–Oh, ¿vas a desplegar tus dotes artísticos? –Gaea se acercó a su amiga y la tomó del brazo–. Esto no me lo pierdo. Oden, tú vete a algún rincón a dormir.

El padre de Thor resopló y abandonó la mesa para dirigirse al porche trasero de la casa, que en aquél momento ofrecía una sombra fresca y de lo más agradable (durante las tres horas siguientes, Oden permanecería dormido bajo ella). Farba y Gaea también abandonaron el salón para perderse entre los botes de pintura y los lienzos a medio pintar que reinaban en el taller de la madre de Loki, y así, este y el rubio se quedaron solos una vez más.

Recoger la mesa y organizar la cocina no era una tarea difícil, pero los muchachos consiguieron realizarla en tiempo récord, azuzados por el deseo de continuar con aquello que habían dejado a medias. A penas intercambiaron un par de palabras mientras Thor fregaba los platos y Loki pasaba un trapo sobre la encimera, y el silencio se prolongó después de que todo quedara perfectamente limpio.

El hijo de Farba dejó el trapo en su sitio y se sacudió las manos en los pantalones antes de aproximarse a la puerta de la cocina, aquella que se abría al jardín. Fingió mirar a través del cristal con aire distraído cuando lo único que quería era que Thor no se diera cuenta de que se estaba mordiendo el labio. Vale, sabía lo que tenía que hacer ahora: arrastrar al rubio hasta su escondite y continuar devorando sus maravillosos labios. Sin embargo -y aunque no le faltaban ganas-, una cosa era estar dispuesto a hacerlo en pleno calentón y otra muy distinta después de comer con los padres de ambos.

En cualquier caso, odiaba tener que darle tantas vueltas a todo. Seguro que Thor le gustaban las personas más lanzadas, seguro que lo que estaba esperando es a que lo agarrara por la camiseta y lo condujera hacia un lugar privado, a que tuviera más iniciativa. Al fin y al cabo debía estar acostumbrado a ese tipo de cosas, ¿no? Es decir, alguien como Thor... cualquiera estaría encantado de secuestrarlo un ratito. Pero él estaba allí, en pie frente a la puerta, quieto como el estúpido indeciso que era. Le costaba tanto dar un paso hacia delante...

Loki cerró los ojos, ofuscado consigo mismo, y frunció el ceño aún de cara al cristal. Fue entonces cuando sintió una caricia fría en los brazos y una presencia caliente a su espalda; Thor se había aproximado hasta ponerse justo detrás de él y había comenzado a deslizar los dedos desde sus muñecas hasta sus hombros. Tenía las manos frías y ligeramente húmedas después de haber estado fregando, pero no era desagradable en absoluto. De hecho, la caricia actuó como un bálsamo.

Los párpados de Loki volvieron a separarse, y el muchacho tuvo que concentrarse para contener un estremecimiento. Thor estaba tan cerca que sentía su pecho contra la espalda y su respiración en el cuello. De hecho, aquella sensación se fue incrementando a medida que los labios ajenos se aproximaban más y más a su piel para terminar dejando un par de besos justo bajo su oreja. Loki se mordió el labio de nuevo, aquella vez con más fuerza, y dejó que los actos de Thor provocaran mágicas y placenteras reacciones en su cuerpo.

Las manos del rubio se pasearon desde sus hombros a su pecho, acariciándolo sobre la ropa, dejando irregulares arrugas en el tejido. Bajaron hasta alcanzar su vientre, y Loki deseó que su camiseta no existiera para poder sentir el contacto de aquellos dedos directamente sobre la piel. El aliento de Thor se notaba ardiente contra su oreja, como si el rubio fuera un dragón que pretendiera prenderlo en llamas. Y resultaba evidente que terminaría cumpliendo su propósito si seguía por aquél camino.

–Loki... –Thor pronunció el nombre ajeno muy despacio, como si quisiera que cada letra se le fundiera en la punta de la lengua antes de emerger de entre sus labios. Luego terminó de rodear a Loki con los brazos y lo apretó contra él mientras dejaba escapar un largo suspiro–. Lo único que quiero es estar cerca de ti.

El moreno reaccionó a aquellas palabras con una pequeña sonrisa. Parecía que aquél estúpido siempre sabía qué tenía que decir para hacerle sentir mejor, para disipar sus dudas del mimo modo que la brisa aleja la niebla con su soplido. De hecho, Thor era precisamente eso: un suave y fresco soplo de brisa que había llegado a su vida para arrastrar muy lejos todas sus preocupaciones.

Sintiéndose más decidido y seguro de si mismo, Loki llevó las manos a aquellas que acariciaban su pecho y entrelazó los dedos con los ajenos. Luego giró la cabeza levemente, lo suficiente como para poder observar a Thor de reojo, y le dedicó una sonrisa suave pero teñida de picardía.

–Entonces busquemos un sitio para estar cerca –susurró.

Thor sintió un suave cosquilleo que nacía en la parte baja de su espalda y le incitaba a estrechar a Loki entre sus brazos, a apretarlo muy fuerte contra su pecho como si pudiera reclamarlo para si mismo de ese modo. Sin embargo supo contenerse y se limitó a apartarse de él suavemente para permitir que se diera la vuelta y sus miradas se cruzaran.

–Bien, tú mandas –dijo con desafiante diversión–. Llévame a tu rincón secreto.

Loki apretó los labios, pero asintió ya sin un atisbo de duda y comenzó a caminar hacia la salida de la cocina manteniendo una de sus manos agarrada a la de Thor. Luego emprendió una marcha rápida hacia el pasillo, le echó un prudente vistazo a la puerta del taller de su madre solo para asegurarse de que nadie pudiera verlos y correteó hasta las escaleras. El rubio se dejó arrastrar peldaños arriba y pasillo adelante como si no conociera el terreno que pisaba y todo le resultara tan desconocido como la primera vez que puso un pie en aquella casa.

Al final, Loki lo empujó hacia el interior de su habitación y cerró la puerta a su espalda. Thor dio un par de pasos por la estancia y sonrió al deslizar la mirada sobre la cama.

–Vaya, me traes directo a tu cama –dijo con fingida malicia para disimular los nervios que continuaban paseándose por su cuerpo–. No imaginaba que fueras un chico tan lanzado, Loki.

La verdad es que le resultaba divertido pensar que, hacía tan solo unos días, Loki le había prohibido entrar en su habitación; a aquellas alturas no solo tenía acceso libre, sino que ya había dormido en la cama del hijo de Farba y habían tenido sexo contra la pared.

–No te equivoques, Thor –respondió Loki–. Reservo mi cama para aquellos que la merecen.

Vale, Thor tenía que admitirlo: aquellas palabras le molestaron un poco. Estaba casi convencido de que Loki solo había dicho aquello para burlarse de él, pero aún así la idea de imaginarlo con alguna otra persona sobre aquellas sábanas hacía que la sangre le hirviera bajo la piel. El hijo de Farba supo ver como los celos nublaban el azul de sus ojos, así que no esperó más antes de acercarse a las puertas del armario y comenzar a abrirlas muy despacio.

–Por ahora tendrás que conformarte con mi armario... –susurró mientras continuaba empujando las hojas de madera.

Entonces Thor cayó en la cuenta: claro, el armario. El armario con escaleras secretas.

Tendría que haberlo imaginado.

Antes de que pudiera decir nada, Loki ya había desaparecido tras las puertas. Él, por supuesto, se apresuró a seguirlo hacia el interior del armario. Apartó suavemente el abrigo que le rozó la cara tras introducirse en el pequeño espacio, y luego giró para encontrarse con los peldaños que ascendían hacia el misterioso lugar que les serviría de refugio aquella tarde.

–Venga, Thor –lo animó el hijo de Farba, que lo esperaba ya en lo alto de la estrecha y breve escalinata con una burlona sonrisa en la cara–. Eres un poco lento, ¿no?

El rubio torció los labios y comenzó a trotar escaleras arriba. Se percató de que aquellos escalones estaban desgastados; la madera era tan antigua parecía combarse y crujir ligeramente bajo sus pies, pero aún así resultaba contradictoriamente firme.

–¿A quién llamas lento? –inquirió una vez alcanzó a Loki, aunque su atención no permaneció sobre él durante mucho tiempo, pues su curiosa mirada se vio inevitablemente atraída por la nueva estancia que lo rodeaba.

Allí, las paredes estaban cubiertas de láminas de madera sobre las que se dibujaban diversos tramados que parecían imitar nidos de hiedra. El techo se inclinaba en dos aguas, dándole un aspecto abuhardillado e íntimo al espacio, que pese a no ser precisamente grande tampoco se antojaba asfixiante. Los únicos muebles que presidían la estancia eran un par de estanterías que, al igual que las del cuarto de Loki, estaban llenas de libros y figuras. En el suelo se extendía una alfombra de colores terrosos que iba a morir justo al pie de una ventana circular bajo la que se habían colocado un puf y varios cojines.

–Eh... –susurró Thor entre pensativo y sorprendido al mismo tiempo que se aproximaba a la ventana. Apartó un poco las vaporosas cortinas que había recogidas a ambos lados del cristal y se asomó para comprobar que desde aquél lugar se apreciaba toda la parte frontal del jardín. Su cerebro le hizo viajar en el tiempo para trasladarlo hasta el día en el que llegó a aquella casa, al momento en el que sintió una furtiva mirada cerniéndose sobre él desde lo alto–. Loki –dijo de forma distraída sin apartar la mirada del jardín, como si estuviera pensando en voz alta–, ¿me estabas mirando desde aquí, verdad? Cuando llegué con mis padres.

El aludido no respondió a la pregunta, sino que se limitó a permanecer en silencio sin moverse de donde estaba y a observar a Thor mientras este continuaba asomado a la ventana. No obstante, al no recibir respuesta, el rubio se apartó del cristal y lo miró directamente.

–Sabía que estabas mirándome –le susurró–. Lo sentí.

Loki alzó una ceja y bajó la mirada hacia el suelo sintiéndose repentinamente avergonzado, como si lo hubieran pillado en alguna travesura. Thor esbozó una media sonrisa y dio un par de pasos en su dirección.

–Apuesto a que en ese momento ya me odiabas, ¿verdad? –bromeó–. Seguro que me hiciste la cruz en cuanto bajé del coche.

–¿Y qué esperabas? –respondió Loki en el mismo tono burlón–. No podía quedarme de brazos cruzados mientras un estúpido chico de ciudad invadía mi espacio.

Thor chasqueó la lengua y terminó de aproximarse a él. Se le plantó delante irguiéndose totalmente, haciendo alarde de sus anchos hombros y sus centímetros de altura extra.

–¿Aún crees que soy estúpido? –murmuró desafiante, buscando la mirada de Loki para hundirse en ella.

–Sí –respondió el otro al instante, sin vacilar, con una mueca de malicia bailando en sus labios.

El rubio se mordió el labio al descubrirse adorando la arrogancia de Loki. Incluso aquella parte de él se le antojaba irresistible. Continuó observándolo fijamente, guerreando con la mirada, y luego volvió a hablar:

–¿Y aún te molesta que invada tu espacio?

Loki inspiró disimuladamente, esforzándose por no romper el contacto visual que el otro había iniciado. Sentía el cuerpo tenso, como si se estuviera preparando para lo que sabía que vendría a continuación. Iba a comenzar una pelea, pero no una de golpes y gritos, sino de orgullo y resistencia.

–Quizás –respondió al fin, alzando la barbilla en un gesto altivo.

–Ya veo... –Thor frunció ligeramente el ceño, provocando que el azul de sus ojos se ensombreciera de forma casi hipnótica. Luego dio un paso hacia Loki, que retrocedió en respuesta–. ¿Estás seguro?

–Completamente –el hijo de Farba se mantuvo firme y dio otro paso hacia atrás cuando Thor intentó acercarse de nuevo.

–¿No te gusta que me acerque? –insistió.

Loki negó con la cabeza y contuvo una sonrisa. Se esforzó para mantenerse serio y seguir el juego de intimidación que el rubio había iniciado. Era casi como una partida de ajedrez: Thor realizaba un movimiento y él daba un paso para retroceder y no dejarse atrapar. Y con cada segundo que pasaba, su corazón latía más y más rápido.

–Eres un pequeño mentiroso, Loki –terminó acusando Thor. Sus ojos parecieron centellear con la fuerza de un relámpago antes de que alargara un brazo para intentar atrapar al hijo de Farba. No obstante, él fue más rápido y consiguió esquivarlo, al menos la primera vez.

Loki intentó escabullirse por un lateral, pero el reducido espacio de la estancia limitaba mucho sus movimientos. Al final, los brazos de Thor consiguieron rodear su cuerpo y atraparlo sin remedio.

–Te tengo –le susurró, acariciándole el lóbulo de la oreja con sus palabras.

–Has tenido suerte –replicó Loki, que no se sentía en absoluto disgustado por tener las manos de Thor en la cintura.

–Sí –reconoció el rubio acariciándole la espalda en sentido ascendente–. Tengo muchísima suerte.

Complacido, Loki apoyó la frente en el pecho ajeno. Respiró profundamente, sintiendo el aroma del champú que Thor había utilizado aquella mañana, y permitió que su cuerpo se relajara. Ahora que el juego había terminado, tal vez podía concederse un momento de debilidad; podía concederse el derretirse entre los brazos ajenos, el apartar las dudas e inseguridades de su cabeza aunque fuera únicamente durante el rato que compartiera con el otro. Por ello permitió que Thor lo arrastrara con él cuando se movió y se dejó caer en el puf.

Thor se removió ligeramente para acomodarse en el blando asiento, que se hundió ligeramente bajo el peso de ambos, y luego se aseguró de que Loki quedara bien sentado en su regazo, aún con la cabeza en su pecho. Subió una mano para acariciarle el pelo, deslizando la mano entre las hebras negras, y liberó un suspiro agradecido por poder disfrutar de aquél momento de intimidad junto al otro. El hijo de Farba cerró los ojos, increíblemente relajado, y se dejó acariciar. Adoraba la dulzura de Thor casi en la misma medida en la que la temía; por un lado le resultaba apaciblemente cálida, pero aquello también la volvía peligrosa, pues era capaz de abrirse paso entre las barreras de su mente... y quizás entre las de su corazón.

–¿Por qué tienes una habitación en el armario? –preguntó de pronto el rubio, interrumpiendo los atemorizados pensamientos de Loki.

–No ha sido cosa mía que estuviera así –respondió tras alzar la barbilla para poder mirar a Thor–. Cuando compramos la casa ni siquiera nos dijeron que existía este cuarto. Puede que los de la agencia tampoco lo supieran.

–Es un poco siniestro, ¿no crees? Suena como la habitación secreta de una historia de fantasmas.

Loki rió por lo bajo y negó con la cabeza.

–Pues yo no lo veo así –explicó en un murmullo–. Esta casa es bastante antigua, así que lo más probable era que usaran este cuarto como un estudio anexo, o quizás como...

Thor aguardó a que Loki terminara la frase, pero como no lo hizo insistió:

–¿Como qué?

–No lo sé –Loki se encogió de hombros e hizo un gesto con la mano para quitarle importancia–. Ya sabes lo que cuentan las novelas románticas: lugares ocultos para encuentros furtivos.

–Oh –Thor asintió, pensativo, y guardó silencio durante unos segundos–. Sería gracioso, ¿no? Que esto hubiera sido el nido de amor de alguna pareja hace cien años y ahora nosotros... bueno... estemos aquí.

Loki entornó los ojos y estudió a Thor con la mirada durante un largo instante. Luego sonrió, negó con la cabeza y revolvió la dorada melena del otro con una mano.

–Nada de cursiladas, Thor –le advirtió divertido.

–¿Ahora resulta que soy cursi? –gruñó haciéndose el ofendido–. Eres tú el que lee novelas románticas.

Como represalia a aquella burla, Loki atrapó la piel de su brazo en un rápido pellizco.

–¡Auch! –se quejó Thor, y decidió devolver el ataque en forma de una ración de cosquillas que fue directa a las costillas del otro.

–¡No, Thor! –Loki se retorció para librarse de aquella tortura, pero el hecho de estar sobre el regazo del otro no ayudaba– ¡Para, idiota, o...! –a penas podía intercalar amenazas, insultos y advertencias entre sus carcajadas entrecortadas–. ¡Para...!

Con las lágrimas a punto de saltarle, Loki llevó las manos al pecho de Thor y lo empujó con toda la fuerza que le proporcionó la desesperación del momento. El rubio se echó hacia atrás con el gesto y el puf sobre el que estaba sentado se amoldó a su cuerpo, volviéndose totalmente plano e inestable. El resultado podría haber sido predecible: ambos rodaron hasta caer al suelo, sobre la alfombra, rodeados de cojines. Por lo menos aquello sirvió para que Thor cesara su ataque y quedara inmovilizado bajo el cuerpo de Loki, que se incorporó jadeante.

–Eres... imbécil... –susurró con las mejillas enrojecidas, el pelo deshecho y la respiración entrecortada por el esfuerzo de la carcajadas.

Thor debería haberse sentido ofendido, pero la verdad es que ni siquiera escuchó el insulto. Estaba demasiado atrapado por la encantadora imagen que le ofrecía Loki en aquél estado, con la compostura hecha pedazos. Ni siquiera se molestó en intentar quitárselo de encima porque le gustaba sentir el peso de su cuerpo sobre la cadera.

Sin darse cuenta, Thor terminó levantando una mano del suelo para acariciar una de las mejillas sonrosadas de Loki, que parpadeó por el inesperado contacto. Los dedos de Thor se deslizaron siguiendo la línea de sus marcados pómulos, y el pulgar terminó posándose sobre sus labios entreabiertos. El hijo de Farba se sintió como si le acabaran de verter un par de litros de lava incandescente en el estómago. El calor se extendió desde allí por todas sus extremidades, y se volvió repentinamente consciente de que tenía la cadera de Thor justo contra la suya. De hecho también se volvió consciente de que tenía al otro debajo de él, con el pelo derramado sobre la alfombra como si fuera un charco de oro fundido. La diáfana luz que se colaba a través de la ventana acariciaba su piel ligeramente bronceada y dibujaba claroscuros que marcaban los músculos de sus brazos y su pecho.

Loki tragó saliva con algo de dificultad y apretó la cadera de Thor con los muslos sin darse cuenta. El rubio notó aquella deliciosa presión a los lados de su cuerpo y suspiró complacido.

Algo en el ambiente se tensó. El aire se volvió pesado. La excitación comenzaba a crear su propia atmósfera.

Se movieron casi a la vez, como si hubiera sido un acuerdo premeditado: Loki dibujó un círculo con la cadera echándola hacia delante y Thor despegó el trasero del suelo para acompañar el gesto. La fricción resultante fue lenta y deliciosa.

Incitante.

La mano que Thor había mantenido en el rostro de Loki se deslizó para viajar por su cuello, por su pecho y por su vientre. Loki apretó los labios; las ganas de sentir aquellas caricias directamente sobre su piel eran tan fuertes que casi le dolían. El rubio pareció notar su deseo, pues sus dedos alcanzaron el final de la camiseta y comenzaron a hundirse lentamente bajo la tela para palpar cuidadosamente la piel que se ocultaba bajo ella.

Loki reprimió un escalofrío y arqueó la espalda expresamente. Thor se tomó aquello como una invitación y terminó de hundir toda la mano bajo la camiseta. Cerró los ojos al sentir la piel ajena contra sus dedos. Ya la había visto antes, en el río, e incluso había soñado con tocarla aquella misma noche. Sin embargo, todo lo que hubiera podido esperar o imaginar al respecto no tenía ni punto de comparación con la realidad. La piel de Loki era puro terciopelo, seda suave y cálida que solo existía para ser acariciada y adorada.

Thor pasó los dedos por el vientre ajeno, que se contrajo encantadoramente bajo su toque. Usó el índice para dibujar el contorno de su ombligo y luego recorrió sus costados con las palmas, adaptándose a cada curva de su torso. Loki tenía una piel extremadamente sensible, tan delicada que se erizaba con solo mirarla. El rubio deseó poder conocer cada centímetro de aquél níveo lienzo; quería descubrir si era igual de suave en la espalda y en los muslos.

–Loki... –murmuró en un gemido ronco.

Como toda respuesta, el aludido se inclinó y buscó sus labios. Los acarició con su propia boca, jadeó sobre ellos y luego los humedeció con la lengua. Los tentó hasta que Thor gruñó por lo bajo exigiendo el beso que se retrasaba, y luego lo complació de forma lenta y candente. Sus bocas se encontraron de nuevo, recibiéndose en un ansiado abrazo en el que enredaron sus lenguas.

Loki acarició las mejillas de Thor; le gustaba sentir el áspero tacto de su barba contra la yema de los dedos mientras se besaban. También le gustaba notar los duros pectorales ajenos bajo su pecho y el bulto que había crecido entre las piernas ajenas haciendo presión contra su vientre. Le gustaba alimentarse de todas aquellas reacciones que desataba en Thor, sentir que era anhelado y deseado con la misma intensidad con la que él anhelaba y deseaba. No era la primera vez que estaba en una situación así con alguien, claro, pero con el rubio todo parecía ser diferente y nuevo. Sus manos lo tocaban como si estuvieran venerando su cuerpo, y sus ojos azules lo contemplaban como si fuera lo único que necesitaba para existir en aquél momento. Le hacía sentir realmente especial, distinto a todo.

Al contrario de lo que cabría esperar, los besos no se volvieron más bruscos con el paso de los minutos. Se volvieron más profundos, pero continuaron siendo tan suaves y lentos como el primero. Thor quería asegurarse de saborear a la perfección la boca de Loki; aquella vez no tenían prisa ni estaban en algún lugar donde pudieran verlos, tenían todo el tiempo del mundo para ellos dos. Además, adoraba los pequeños jadeos que el hijo de Farba ahogaba contra su boca cuando prolongaba demasiado el beso.

Mientras sus lenguas se batían en aquél delicioso e interminable duelo, el rubio continuó acariciando los costados de Loki, incapaz de cansarse del tacto de su piel. Al final, y necesitando descubrir un poco más del increíble cuerpo que tenía entre sus brazos, hizo subir la camiseta ajena para tener un acceso mayor. El hijo de Farba se tensó ligeramente, pero Thor atrapó sus labios en un beso antes de que intentara replicar. No obstante, cuando llevó las manos a su espalda y comenzó a acariciarle los omóplatos con suavidad, Loki se incorporó bruscamente y le dedicó una mirada cargada de reproche.

–Para –mustió con los labios brillantes y enrojecidos por los besos.

Thor apartó las manos de su cuerpo y las dejó en el suelo con las dos palmas hacia arriba en un gesto de rendición.

–¿Qué? –preguntó algo confuso–. ¿Qué pasa?

Loki no dijo nada, pero el hecho de que tirara de su camiseta hacia abajo para volver a ponérsela en el sitio fue un hecho bastante esclarecedor. A Thor le sentó como un balde de agua fría. ¿Es que había ido demasiado deprisa? Él no pretendía ir deprisa. De hecho no pretendía ir de ningún modo, solo quería continuar acariciando a Loki, sentirse más cerca de él. No tenía ningún tipo de pensamiento concreto en la cabeza, no quería hacer nada que el otro no deseara. Pero subirle la camiseta no era para tanto, ¿no? Es decir, habían hecho cosas que iban mucho mas allá... Aún así, Loki parecía ofendido, avergonzado, e incluso había algo de temor en su mirada. ¿Es que pensaba que iba a hacerle daño, que se estaba aprovechando de él?

Aquella posibilidad hizo que Thor sintiera el gran peso de la angustia oprimiéndole el pecho. Lo último que quería era herir los sentimientos del otro. Pero todo estaba yendo de maravilla, ¿qué es lo que había pasado tan de repente? Creía que Loki también quería estar con él, que estaba disfrutando de los besos y las caricias... a no ser que se hubiera arrepentido, claro. ¿Sería eso? ¿Y si se lo había pensado mejor? ¿Y si había decidido que estaban recorriendo un camino equivocado? ¿Y si continuaba creyendo que era un idiota?

–Loki, lo siento –espetó de pronto al mismo tiempo que usaba los codos para incorporarse y observaba al otro de forma afectada–. ¿He hecho algo que te molestara?

El aludido negó con la cabeza de forma tan suave que resultó casi imperceptible. No obstante, Thor no sintió alivio alguno al recibir aquella respuesta. A pesar de la negación, Loki se había apartado para quitarse de encima de él y quedar arrodillado a un lado, sobre la alfombra. Había interpuesto una distancia entre ambos.

–¿Entonces qué ocurre?

Loki inspiró profundamente y lo miró durante un segundo, como si estuviera dudando entre responder a la pregunta o guardar silencio.

–Es que... –comenzó, y volvió a callar odiándose a si mismo. Sabía que su reacción había sido exagerada, que no debería haberse apartado así de Thor. Lo único que había conseguido era preocuparle, y ahora todo sería más difícil de explicar.

–Oye –Thor alzó una mano para acariciarle el brazo y le dedicó una mirada conciliadora. No sabía qué acababa de pasar, pero lo que tenía claro es que no quería que Loki se sintiera incómodo–. Si quieres puedo irme a mi habitación, no pasa nada. ¿Quieres que te deje solo? No tenemos por qué estar juntos si no te apetece.

Loki se mordió el labio y volvió a negar con la cabeza, esta vez de forma más evidente. Tomó la mano con la que Thor le acariciaba el brazo para impedir que se moviera un solo centímetro y luego le miró a los ojos:

–No, Thor –respondió–. No es nada de eso, en serio. Es una tontería, pero...

El rubio alzó una ceja y le sostuvo la mirada, incitándole a continuar hablando.

–Es que... en mi espalda... –Loki suspiró resignado y sonrió con desgana para quitarle importancia al asunto–. Tengo unas cicatrices, ¿vale? Y no son agradables de ver.

Thor entornó los ojos sin dejar de mirarlo.

–Tampoco son agradables de tocar –continuó explicando Loki–. No quería que las notaras y te diera... bueno, ya sabes, asco o algo así.

El rubio apretó los labios hasta convertir su boca en una fina línea. Al verlo, Loki imaginó que debía estar pensando que era estúpido.

–Lo siento –terminó susurrando antes de bajar la mirada.

–Loki –Thor, sin embargo, volvió a reclamar la atención de sus ojos con una sonrisa–. Maldito enano, durante un momento has conseguido que me preocupara de verdad.

El hijo de Farba ni siquiera tuvo tiempo de ofenderse por el apelativo que Thor había usado con él antes de que este llevara las manos a sus hombros y tirara de su cuerpo para darle un abrazo.

–¿Crees que me importan unas cicatrices? –dijo mientras lo estrechaba contra su pecho. Había tanto cariño en aquél gesto que Loki se sintió como si lo estuvieran acunando, protegiéndolo de algún mal que acechara desde los rincones–. ¿Crees que hay algo en ti que pueda darme asco?

Conmovido, Loki solo pudo encogerse de hombros con cierta inocencia. Si tuviera que responder a aquella pregunta con total sinceridad diría que sí; por supuesto que había cosas en él que daban asco, y no solo sus cicatrices. También estaban sus arrebatos de socarronería, su inseguridad, su tendencia a la desconfianza absoluta y esa costumbre a cerrar las puertas de si mismo bajo tantos candados que incluso había perdido las llaves de algunos de ellos. Pese a todo, Thor lo miraba y lo trataba de una forma tan encantadora que algunas veces, al sentirse adorado por sus maravillosos ojos azules, llegaba a pensar que era realmente incapaz de ver algo malo en él.

O tal vez lo veía y no le importaba.

–Me gustas mucho, Loki –Thor apoyó la cabeza en su hombro–. Y si piensas que unas cicatrices van a asustarme es que aún no eres consciente de cuánto... –dijo en un suspiro, y cerró los ojos antes de continuar hablando de forma pausada, como si se hubiera relajado de repente–: Además todos tenemos cicatrices, ¿sabes? No solo en la piel, sino también por dentro. Esas son las que más me importan, Loki... –Thor aproximó la nariz a la piel ajena y se dejó embriagar una vez más por el dulce aroma que desprendía–. Sé que tu interior está lleno de cicatrices porque también puedo verlas en tus ojos. Y no necesito saber cómo ni cuándo te las hiciste, no quiero explicaciones, solo quiero... quiero curarlas, o por lo menos lograr que te olvides de ellas y te des cuenta de lo maravilloso y excepcional que eres.

Las manos de Thor dejaron de hacer presión alrededor del cuerpo del otro. El abrazó terminó, pero Loki se sintió más arropado que nunca. Las palabras ajenas, pronunciadas en aquél tono que no evidenciaba compasión, sino un cariño casi palpable, se habían filtrado a través de cada poro de su piel para hacerle revivir -casi plenamente- por dentro. Se sintió repentinamente conmovido, y no solo porque el rubio expresara tan abiertamente las ganas que tenía de ayudarle, sino por el hecho de que había sabido darse cuenta de que necesitaba ayuda. Había sido capaz de ver las cicatrices de su interior a través de sus ojos -tal y como él había dicho-, y aún así no las había ignorado para que todo funcionase de forma tan sencilla, sino que se había propuesto curarlas.

Sin darse cuenta, Loki subió los brazos hasta la espalda de Thor para rodearla y buscar un nuevo abrazo. Esta vez fue él quien necesitó aquél contacto. Apretó al rubio contra él aprovechando la postura que aún mantenía y cerró los ojos con fuerza. Quería impregnarse de su esencia, de su ternura y su empatía. Quería demostrarle que a él también le parecía una persona excepcional, que era como la primera luz del alba, aquella que despuntaba en el horizonte para alejar las sombras con su cegador destello. Quería confesarle que había comenzado a confiar en él sin darse cuenta, que lo apreciaba y lo deseaba.

Sus manos se movieron para buscar las de Thor, y luego las condujo hacia la parte baja de su propia camiseta, invitándole a continuar con lo que había dejado a medias por su culpa. El rubio sonrió contra su cuello y le regaló un par de besos suaves pero demasiado breves.

–No es necesario que lo hagas –le recordó temiendo que Loki aún pudiera sentirse inseguro.

–Sí lo es –replicó este sin embargo antes de esbozar una sonrisa–; porque necesito que me toques. Necesito sentirte, Thor.

Los besos en su cuello se repitieron, aunque esta vez el rubio fue compasivo y los prolongó durante un par de segundos. Luego trazó un húmedo camino con los labios que culminó en la oreja de Loki, donde las palabras susurradas parecieron estar acompañadas de un eco eterno:

–Entonces me aseguraré de que me sientas, Loki.

Los minutos siguientes trascurrieron como una exhalación, como esos pequeños jadeos que escapaban entre los labios de Loki mientras Thor usaba la boca para jugar con su blanco cuello, con la delicada piel de sus oreja y con su lampiña barbilla. Cada uno de sus actos era vigilado por una verde mirada que le pedía a gritos que volviera a reunirse con su boca y a apagar la sed que incrementaba con cada nuevo beso repartido premeditadamente cerca de sus labios.

Thor volvió a sumergir los dedos bajo la camiseta de Loki, aunque no lo hizo inmediatamente; sus manos recorrieron cada centímetro de la piel que se adivinaba bajo la prenda una vez más, ascendiendo tan despacio que los movimientos se antojaban casi infinitos. Cuando por fin alcanzó la mitad de la espalda sus labios se dedicaban a besar con devoción una de las mejillas ajenas. Y al subir un poco más, casi llegando a los marcados omóplatos de Loki, sintió que este se tensaba pese a no tener intención de apartarse.

–Loki... –la boca de Thor rozó los labios del otro al hablar. Sus ojos azules buscaron el verde de la mirada ajena y, solo cuando se hubo asegurado de que el hijo de Farba estaba totalmente relajado entre sus brazos, continuó ascendiendo las manos para terminar de abarcar la piel de su espalda.

En realidad, Thor no esperaba sentir nada distinto en la piel de Loki. Estaba casi seguro de que aquellas cicatrices no serían nada, que era más un complejo exagerado que un defecto real. Al fin y al cabo, él había tenido la oportunidad de ver a Loki mientras se bañaba desnudo en el río y no había visto ningún tipo de marcas en su espalda. No obstante, se dio cuenta de lo equivocado que estaba cuando las yemas de sus dedos alcanzaron una zona determinada en aquella piel de seda: sentía varias irregularidades, partes que eran más ásperas que el resto. La carne se había agrietado en recuerdo a alguna vieja y profunda herida que jamás desaparecería del todo.

Loki suspiró y bajó la mirada, pero Thor estampó un beso en su frente y sonrió:

–Forman parte de ti, y me gustan tanto como cualquier otro palmo de tu piel perfecta.

Las manos del rubio volvieron a recorrer su espalda, aunque esta vez de forma más intensa, como si quisiera modelara a base de tentadoras caricias. Loki sintió un escalofrío que le atravesaba la columna y subió la barbilla entreabriendo los labios. Thor asistió gustosamente su muda súplica y le besó en la boca una vez para no volver a detenerse.

Sus besos se continuaron en una cadena que no parecía tener fin; los más breves y necesitados se alternaban con otros más largos y profundos o con aquellos que eran sutiles pero ambiciosos. Las manos viajaban de un lugar a otro, errantes sobre los cuerpos ajenos, acariciando y tirando para buscar más contacto, siempre más contacto.

Finalmente, los dedos de Thor se enroscaron en la camiseta de Loki y estrecharon la tela para tirar de ella hacia arriba. El hijo de Farba ni siquiera necesitó pensar antes de levantar los brazos y permitir que el rubio le sacara la prenda con cuidado, dejándole el pecho al descubierto. Los ojos azules devoraron aquella nueva imagen con lentitud, regocijándose en cada nuevo detalle que le era mostrado: admiró la depresión del cuello de Loki, la marcada línea que dibujaba su clavícula, el rosa primaveral de sus pezones erizados y la infinita extensión de su plano vientre.

Si Loki sintió vergüenza al verse sometido a aquél análisis visual no lo demostró. Tampoco se resistió cuando Thor acarició todo su pecho; sentir aquellas manos amplias y cálidas recorriéndole el cuerpo con lasciva curiosidad era demasiado placentero como para negarse.

Pasado un instante, Loki se encontró a si mismo con la mirada fija en el techo. Thor lo había recostado suavemente sobre la alfombra, y el esponjoso tejido le hacía cosquillas en la nuca y en la espalda. No obstante, aquél cosquilleo no tenía nada que ver con el que le provocaban los pequeños besos que el rubio iba dejando sobre su vientre. El hijo de Farba se permitió cerrar los ojos para concentrarse mejor en ese contacto: la boca de Thor se sentía suave contra aquella piel tan delicada, tanto que no podía evitar estremecerse. Su cuerpo se arqueaba sobre el suelo como si buscara el otro por pura necesidad.

–Nunca he visto una piel como la tuya –susurró Thor, y su aliento le acarició el ombligo–. Tan blanca y suave...

Loki se removió en la alfombra y arrastró las manos sobre ella, acariciando de forma inconsciente las suaves fibras que la poblaban. Atrapó algunas entre sus dedos y tiró al sentir que la boca de Thor se acercaba descaradamente al borde de sus pantalones. Pudo sentir como sonreía sobre su piel, y aquello hizo que le ardieran las mejillas. En realidad, todo él estaba ardiendo. Se consumía en el interior de su propio cuerpo; soñaba con que Thor continuara, pero al mismo tiempo sentía cierto reparo, y sabía que tenía que deshacerse de él antes de poder dejarse llevar por completo.

La solución era sencilla, debía plantearse una única pregunta: ¿iba a dejar que el rubio terminara de deshacer sus barreras, de permitir que pasara sobre ellas para dar un paso más en todo aquello?

Y la respuesta que se dio a si mismo le resultó aún más fácil de formular.

Sí.

Sí, por supuesto.

–Thor... –murmuró sin darse cuenta, y sus manos se apartaron de la alfombra para volar hasta el cabello del rubio y hundirse ansiosamente en aquél suave océano de oro.


Sí, habrá lemmon en el próximo capítulo, aunque tendrá su fuffly también.

Y sí, voy a actualizar también Prisionero y Betwiching Hips en cuanto pueda.

Por cierto, muchas de vosotras me decís a veces que estáis escribiendo vuestro propio fanfic o que tenéis ideas para una thorkihistoria pero aún no os habéis puesto con ella. Mi respuesta siempre será la misma, pero por si alguna tiene ganas de escribir y aún no se ha atrevido lo voy a decir también por aquí: ¡ADELANTE! ¡Escribid! ¡Poneos frente al teclado y dadle una paliza de muerte! Os animo muchísimo con vuestros propios proyectos, crear una historia es algo genial, y también resulta de lo más liberador. Además, el thorki necesita mucho más fics en español, que hay muy pocos.

Ahora sí, me voy ya. ¡Thorkibesos y hasta la próxima!